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Ceuta celebró la festividad de San Daniel, Patrón de la Ciudad

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El Obispo diocesano pasó el fin de semana en Ceuta para presidir los cultos en honor al Patrón de la Ciudad y además presentó el nuevo Plan Pastoral – Hacia una Iglesia Misionera – para la diócesis que cubrirá la programación hasta el año 2025.

El domingo 10 de octubre la Ciudad Autónoma celebró la festividad de San Daniel, Patrón de Ceuta, en la Catedral de la Asunción, en una Función Principal oficiada por el Obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza Boy, junto con el Vicario General, Francisco Fernández Alcedo y otros miembros del clero ceutí.

La Venerable cofradía de San Daniel y compañeros Mártires Patronos de Ceuta ha celebrado la Santa Misa que ha contado, además, con procesión claustral de la reliquia en la Santa Iglesia Catedral, Sede Canónica de la Hermandad, con motivo de la festividad del patrón de la ciudad. A esta cita asistió también el presidente de la Ciudad Juan Vivas y otras autoridades civiles y militares, y miembros del Consejo de Hermandades y Cofradías.

Tras la celebración de la Función Principal varios feligreses se reunieron en las puertas de la Catedral para la tradicional bendición de los animales, que siempre se ha realizado con motivo de la festividad de San Daniel y compañeros mártires.

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Diócesis del Sur 2021, del 22 al 24 de octubre en Ciudad Real (UDISUR ´21)

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La pastoral universitaria de la Diócesis de Ciudad Real acogerá el encuentro de universitarios de todas las diócesis del Sur los próximos días 22 al 24 de octubre en el Seminario Diocesano. Nuestro secretariado de Pastoral Universitaria se une al encuentro e invita a aquellos jóvenes universitarios que quieran venir a participar de estos días junto con otros muchos más jóvenes universitarios en unas jornadas llenas de convivencia, encuentro, oración, diversión, testimonios, viajes y concierto….

Si quieres participar rellena este formulario de inscripción antes del 16 de octubre: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSe4tbexs9KZsY_w77jMFzgcidDqXP-LeFc6q_QnNvrjclpG_Q/viewform

PROGRAMACIÓN UDISUR 2021

Alojamiento: Seminario Diocesano de Ciudad Real.

Participantes: previsión de entre 110 y 160.

22 de octubre:

Llegada indicada de los participantes. 19’00h.-20’00h. (previsión de que algunos lleguen más allá de las 20’00h.).

19’00h.-20’00h. Recepción de los participantes y acomodación: Lugar de acogida: Entrada del Seminario. Los voluntarios conducen a las habitaciones para indicar el lugar de pernoctación y dejar la maleta.

20’00h. Bienvenida general y dinámica de conocimiento.

21’00h. Cena (comedores del Seminario).

22’30h. Vigilia de oración. Lugar: Capilla Mayor.

00’00h. Descanso nocturno.

23 de octubre

8’30h. Oración. Capilla Mayor.

9’00h. Desayuno.

9’30h. Salida hacia la Universidad.

10’15h. Presentación del encuentro. Comunicación a cargo de Cristina Martín Acevedo.

12’00h. Testimonios. Distribución por aulas.

14’00h. Comida.

16’00h. Gymkhana por Ciudad Real, para conocer un poco sobre la ciudad y su historia.

18’30h. Eucaristía en la parroquia de Santiago.

19’30h. Salida hacia el Seminario.

20’30h. Testimonio de Grilex.

21’30h. Cena.

22’15h. Concierto de Grilex.

23’00h. Tiempo libre.

01’00h. Silencio nocturno.

24 de octubre

9’00h. Oración. Capilla Mayor.

9’30h. Desayuno.

11’00h. Eucaristía en la Catedral presidida por el obispo, don Gerardo.

12’00h.  Evaluación por pastorales del encuentro Udisur 2021.

12’45h. Presentación de las actividades de las diferentes pastorales universitarias. Conclusiones de la evaluación.

14’00h. Comida.

15’30h. Despedida.

 

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Apertura del Sínodo. Homilía del Santo Padre Francisco

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Una persona, un hombre rico, corrió hacia Jesús mientras Él «iba de camino» (Mc 10,17). Muchas veces los Evangelios nos presentan a Jesús “en camino”, acompañando al hombre en su marcha y escuchando las preguntas que pueblan e inquietan su corazón. De este modo, Él nos revela que Dios no habita en lugares asépticos, en lugares tranquilos, lejos de la realidad, sino que camina a nuestro lado y nos alcanza allí donde estemos, en las rutas a veces ásperas de la vida. Y hoy, al dar inicio al itinerario sinodal, todos —el Papa, los obispos, los sacerdotes, las religiosas y los religiosos, las hermanas y los hermanos laicos— comenzamos preguntándonos: nosotros, comunidad cristiana, ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del “no hace falta” o del “siempre se ha hecho así”?

Hacer sínodo significa caminar juntos en la misma dirección. Miremos a Jesús, que en primer lugar encontró en el camino al hombre rico, después escuchó sus preguntas y finalmente lo ayudó a discernir qué tenía que hacer para heredar la vida eterna. Encontrar, escuchar, discernir: tres verbos del Sínodo en los que quisiera detenerme.

Encontrar. El Evangelio comienza refiriendo un encuentro. Un hombre se encontró con Jesús y se arrodilló ante Él, haciéndole una pregunta decisiva: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» (v. 17). Una pregunta tan importante exige atención, tiempo, disponibilidad para encontrarse con el otro y dejarse interpelar por su inquietud. El Señor, en efecto, no se muestra distante, molesto o alterado, al contrario, se detiene con él. Está disponible para el encuentro. Nada lo deja indiferente, todo lo apasiona. Encontrar los rostros, cruzar las miradas, compartir la historia de cada uno; esta es la cercanía de Jesús. Él sabe que un encuentro puede cambiar la vida. Y en el Evangelio abundan encuentros con Cristo que reaniman y curan. Jesús no tenía prisa, no miraba el reloj para terminar rápido el encuentro. Siempre estaba al servicio de la persona que encontraba, para escucharla.

También nosotros, que comenzamos este camino, estamos llamados a ser expertos en el arte del encuentro. No en organizar eventos o en hacer una reflexión teórica de los problemas, sino, ante todo, en tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros. Un tiempo para dar espacio a la oración, a la adoración, esta oración que tanto descuidamos: adorar, dar espacio a la adoración, a lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia; para enfocarnos en el rostro y la palabra del otro, encontrarnos cara a cara, dejarnos alcanzar por las preguntas de las hermanas y los hermanos, ayudarnos para que la diversidad de los carismas, vocaciones y ministerios nos enriquezca. Todo encuentro —lo sabemos— requiere apertura, valentía, disponibilidad para dejarse interpelar por el rostro y la historia del otro. Mientras a menudo preferimos refugiarnos en relaciones formales o usar máscaras de circunstancia, el espíritu clerical y de corte, soy más monsieur l’abbé que padre, el encuentro nos cambia y con frecuencia nos sugiere nuevos caminos que no pensábamos recorrer. Hoy, después del Ángelus, recibiré a un grupo de personas de la calle, que simplemente se reunió porque hay un grupo de gente que va a escucharlos, solo para escucharlos. Y desde la escucha lograron empezar a caminar. Muchas veces es este justamente el modo en que Dios nos indica la vía a seguir, haciéndonos salir de nuestras rutinas desgastadas. Todo cambia cuando somos capaces de encuentros auténticos con Él y entre nosotros. Sin formalismos, sin falsedades, sin maquillajes.

Segundo verbo: escuchar. Un verdadero encuentro sólo nace de la escucha. Jesús, en efecto, se puso a escuchar la pregunta de aquel hombre y su inquietud religiosa y existencial. No dio una respuesta formal, no ofreció una solución prefabricada, no fingió responder con amabilidad sólo para librarse de él y continuar su camino. Simplemente lo escuchó. Todo el tiempo que fue necesario lo escuchó sin prisa.  Y la cosa más importante, Jesús no tiene miedo de escucharlo con el corazón y no sólo con los oídos. En efecto, su respuesta no se limitó a contestar la pregunta, sino que le permitió al hombre rico que contara su propia historia, que hablara de sí mismo con libertad. Cristo le recordó los mandamientos, y él comenzó a hablar de su infancia, a compartir su itinerario religioso, la manera en la que se había esforzado por buscar a Dios. Cuando escuchamos con el corazón sucede esto: el otro se siente acogido, no juzgado, libre para contar la propia experiencia de vida y el propio camino espiritual.

Preguntémonos, con sinceridad en este itinerario sinodal: ¿cómo estamos con la escucha? ¿Cómo va “el oído” de nuestro corazón? ¿Permitimos a las personas que se expresen, que caminen en la fe aun cuando tengan recorridos de vida difíciles, que contribuyan a la vida de la comunidad sin que se les pongan trabas, sin que sean rechazadas o juzgadas? Hacer sínodo es ponerse en el mismo camino del Verbo hecho hombre, es seguir sus huellas, escuchando su Palabra junto a las palabras de los demás. Es descubrir con asombro que el Espíritu Santo siempre sopla de modo sorprendente, sugiriendo recorridos y lenguajes nuevos. Es un ejercicio lento, quizá fatigoso, para aprender a escucharnos mutuamente —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, todos, todos los bautizados— evitando respuestas artificiales y superficiales, respuestas prêt-à-porter, no. El Espíritu nos pide que nos pongamos a la escucha de las preguntas, de los afanes, de las esperanzas de cada Iglesia, de cada pueblo y nación. Y también a la escucha del mundo, de los desafíos y los cambios que nos pone delante. No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas. Las certezas tantas veces nos cierran. Escuchémonos.

Por último, discernir. El encuentro y la escucha recíproca no son algo que acaba en sí mismo, que deja las cosas tal como están. Al contrario, cuando entramos en diálogo, iniciamos el debate y el camino, y al final no somos los mismos de antes, hemos cambiado. Hoy, el Evangelio nos lo muestra. Jesús intuye que el hombre que tiene delante es bueno, religioso y practica los mandamientos, pero quiere conducirlo más allá de la simple observancia de los preceptos. En el diálogo, lo ayuda a discernir. Le propone que mire su interior, a la luz del amor con el que Él mismo, mirándolo, lo ama (cf. v. 21), y que con esta luz discierna a qué está apegado verdaderamente su corazón. Para que luego descubra que su bien no es añadir otros actos religiosos sino, por el contrario, vaciarse de sí mismo, vender lo que ocupa su corazón para hacer espacio a Dios.

Es una indicación preciosa también para nosotros. El sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios. Y hoy la segunda lectura nos dice justamente que «la Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos: ella penetra hasta dividir alma y espíritu, articulaciones y médulas, y discierne las intenciones y pensamientos del corazón» (Hb 4,12). La Palabra nos abre al discernimiento y lo ilumina, orienta el Sínodo para que no sea una “convención” eclesial, una conferencia de estudios o un congreso político, para que no sea un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu. Jesús, como hizo con el hombre rico del Evangelio, nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen camino juntos! Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. No perdamos las ocasiones de gracia del encuentro, de la escucha recíproca, del discernimiento. Con la alegría de saber que, mientras buscamos al Señor, es Él quien viene primero a nuestro encuentro con su amor.

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El 17 de octubre se inicia la fase diocesana del Sínodo de los Obispos

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El mes de octubre trae este año el inicio de la fase participativa del Sínodo de los Obispos que en el próximo octubre de 2023 se celebrará en Roma con el título: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.

El Papa inaugurará el camino sinodal de forma oficial con la celebración de la Misa de Apertura la mañana del 10 de octubre, a las 10 de la mañana, en la Basílica de San Pedro, celebración que podrá seguirse a través de TRECETV.  El día anterior, sábado 9 de octubre, habrá un momento de reflexión en el Aula Nueva del Sínodo, incluyendo trabajos en grupos plenarios y lingüísticos, meditaciones y testimonios.

El obispo de Cádiz y Ceuta, Monseñor Rafael Zornoza, ha nombrado una Comisión Diocesana para el Sínodo de Obispos sobre Iglesia y Sinodalidad, coordinada por D. Rafael Guerrero Pinedo. Guerrero, Prior de los Servitas de la Parroquia de San Lorenzo de Cádiz, es participante del Congreso de Laicos de Madrid e impartió la ponencia Reflexiones para una diócesis en salida, en la Asamblea Diocesana del pasado año, después de las aportaciones de sacerdotes y diferentes grupos sobre la reflexión de la pastoral para impulsar una diócesis misionera.

Esta comisión se reunió por primera vez en el obispado, dando así los primeros pasos de la fase diocesana del Sínodo que arrancará el domingo 17 de octubre, con una Eucaristía de apertura que presidirá el obispo diocesano en la Catedral de Cádiz a las 12:00 horas.

Este equipo, representativo de la realidad eclesial, en coordinación con la Vicaría de Pastoral y Evangelización de la diócesis, ayudará a caminar en esta fase participativa que se celebrará en un primer momento en los grupos sinodales que se crearán en las parroquias y después en los arciprestazgos hasta llegar a la síntesis diocesana.

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La escritura literaria como cauce anchuroso para transmitir valores trascendentes

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Frannery O´Connor

Lo bueno llega de Nazaret [Cartas entre amigo]

Madrid, Rialp, 2020

He leído esta obra movido por los impulsos de curiosidad que generan las cartas confidenciales dirigidas a otras personas amigas y alentado por sus sugerentes orientaciones teóricas para la escritura literaria. Sí: he tenido la impresión de que gozaba del privilegio de dialogar con una importante escritora sobre los asuntos de sus trabajos y sobre los procedimientos que ella utiliza. Este libro es, efectivamente, una fuente de conocimientos teóricos y de procedimiento prácticos sobre la escritura literaria considerada como un cauce anchuroso para transmitir valores trascendentes.

Frannery O´Connor es una importante novelista estadounidense del siglo XX comparable, según los críticos especializados, a Hemingway o a Faulkner. En el fondo de sus novelas, de sus cuentos, de sus ensayos, de sus cartas y de sus tiras cómicas, además de la belleza de sus imágenes, late un modelo personal de vida humana alimentado por su amor a Jesús. Sus cartas se refieren con detalle a las destrezas de la lectura, de la escritura y de la creatividad, y ponen de manifiesto su calidad humana y su densidad cristiana: las virtudes sobrenaturales, la fe, la esperanza y el amor, y esa serie de valores humanos que nos orientan y nos estimulan el crecimiento humano y la armonía familiar y social.

Nos muestra y nos explica cómo los valores estéticos se apoyan -se han de apoyar- en unos sólidos cimientos éticos y brotan de unas raíces cristianas, en esos valores que confieren dignidad a la vida humana y que, en última instancia, constituyen los ingredientes indispensables del bienestar individual, familiar y social.

Por estas razones opino que, aunque sus personajes, el ambiente y los episodios están situados en el Sur de los Estado Unidos, sus mensajes trascienden esos límites y son aplicables a nuestra situación actual.

José Antonio Hernández Guerrero

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La ermita de San Roque de Alicún de Ortega vuelve a recuperar el culto

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La ermita de San Roque de Alicún de Ortega vuelve a recuperar el culto

La localidad de Alicún de Ortega ha recuperado el culto en la ermita de su Patrón, San Roque. El motivo no es otro que las obras que se están llevando a cabo en la iglesia parroquial de la Anunciación, en la que se está haciendo un retablo en el altar mayor y se está restaurando el camarín de la Patrona, Ntra. Sra. del Rosario de Fátima.

Ante la imposibilidad de celebrar la Misa en la iglesia por las obras, la comunidad parroquial y feligreses de Alicún acudieron a la ermita de San Roque el pasado domingo 10 de octubre, y allí celebraron la Eucaristía. Además, de allí salió el compromiso de celebrar una Eucaristía mensual en recuerdo de San Roque, pidiendo así su intercesión sobre los habitantes y campos del pueblo del que es protector.
La Santa Misa en la ermita se celebrará durante los próximos domingos a las 11 de la mañana, mientras duren las obras en la parroquia y los terceros martes de mes por la tarde.

Manuel Requena
Párroco de Alicún de Ortega

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Pedro Leiva Béjar es nombrado nuevo director del CESET San Pablo

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NoticiaCentro Superior Estudios Teológicos

Pedro Leiva Béjar

Publicado: 11/10/2021: 48

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El Prepósito General de los Jesuitas, como Gran Canciller de la Universidad Loyola, a la que pertenece la Facultad de Teología de Granada, ha nombrado a Pedro Leiva Béjar como Director del Centro Superior de Estudios Teológicos (CESET) San Pablo, agregado a la Facultad de Teología de Granada.

Pedro Leiva Béjar (Málaga 1965)  es doctor en Teología por la Facultad de Teología de Granada, casado y con dos hijos, también ejerce de profesor de Teología del CSET San Pablo en Málaga y ha sido subdirector del mismo los últimos tres años.  Leiva Béjar es feligrés de la Parroquia Santa María Goretti de Málaga.

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Santa Soledad Torres Acosta, el gozo de servir a los enfermos

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El 11 de octubre, la Iglesia celebra la fiesta de santa María Soledad Torres Acosta, madrileña nacida en 1826 y fundadora de la Congregación de Siervas de María Ministras de los Enfermos.

Su vocación de servicio gozoso a los enfermos la comenzó a ejercerla con 28 años junto a la comunidad que fundó el P. Miguel Martínez Sanz en el barrio de Chamberí; pero tras diversas vicisitudes se estableció de forma independiente como superiora de un pequeño grupo de hermanas que fue reconocida posteriormente por las autoridades diocesanas. Su papel heroico en la epidemia de cólera de 1865 hizo que se ganaran el afecto de todos los madrileños.

La congregación siguió creciendo y extendiéndose, no sin las dificultades propias de toda obra de Dios que tiene que ser probada, hasta después de su muerte, en 1887. «Abierta a Dios y a los hermanos –cuentan de ella sus hijas espirituales–, se convirtió en la mujer audaz que, captando las necesidades de su tiempo, supo dar una respuesta acertada a través del carisma, don precioso para la Iglesia, siendo ella misma, testimonio vivo, gozoso y creíble en su tiempo».

Desde calle Pintor Sorolla, irradiando gratuidad y alegría

La llegada de las Siervas de María a la diócesis de Málaga se remonta al año 1940,
el 19 de enero, siendo acogidas por las Madres Reparadoras. La ubicación fue “peregrina” hasta que en 1996 quedaron instaladas en la Avenida Pintor Sorolla, 9. Allí desplegaron su carisma misión de “asistencia a los enfermos preferentemente en sus domicilios y con mayor incidencia, de noche”. También han ejercido su misión en el Hospital Parque San Antonio y en el Centro Asistencial de las Hospitalarias. En 1997 dejaron la misión externa y dedicaron esta casa a enfermería provincial de Andalucía para sus hermanas mayores y enfermas. Y allí siguen hoy trabajando las 17 hermanas que componen la comunidad, como ellas mismas relatan, «desde el silencio, la gratuidad y la alegría de sentirnos samaritanas, respondiendo al mensaje evangélico “estuve enfermo y me visitaste”, con el cariño, esmero y valor corredentor de “María al pie de la Cruz de Jesús”».

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El Papa Francisco celebró ayer la Misa de apertura del Sínodo de los Obispos

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Ayer el Papa Francisco abrió oficialmente el Sínodo de los Obispo con una Eucaristía en la Basílica de San Pedro.

El Papa Francisco presidió ayer la Santa Misa de apertura del Sínodo de los Obispos, que lleva por título “Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión”. En esta Eucaristía el Santo Padre se detuvo en 3 verbos que considera necesarios para que los Obispos caminen en la misma dirección: Encontrar, escuchar y discernir.

Tras esta celebración el Papa Francisco nos invita a todas las Diócesis del mundo a unirnos el 17 de octubre con la apertura de la fase diocesana del Sínodo que nos llevara hasta su celebración en 2023. Por ello, siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, la Santa Iglesia Catedral acogerá el próximo 17 de octubre a las 17:30hrs una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés. En esta Santa Misa abriremos la fase diocesana del Sínodo, además del curso 2021-2022.

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Homilía del Domingo XXVIII del T. O

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Lecturas bíblicas: Sb 7,7-11; Sal 89,12-17 (R/. «Sácianos de tu misericordia…»); Hb 4,12-13; Aleluya: 1Ts 5,18 («En todo dad gracias…»); Mc 10,17-30.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de hoy presenta la escena del joven rico, muy conocida y siempre materia de permanente reflexión, ya que en este pasaje evangélico Jesús pone de manifiesto la dificultad que las riquezas acarrean a quien quiere hacer del seguimiento de Jesús razón y contenido de vida. Si nos acercamos al pasaje vemos que el comienzo del encuentro del joven con Jesús está marcado por el respeto y la admiración que la predicación de Jesús provoca en el joven, porque al acercarse al Señor no sólo le llama “Maestro bueno”, sino que se arrodilla ante él[1]. Los comentaristas resaltan este acercamiento respetuoso que manifiesta el reconocimiento por el joven de la autoridad de moral de Jesús, dando a entender que la santidad de vida dimana de la ley divina, de su cumplimiento. De hecho, así lo pone de manifiesto Jesús, pero matizando que aunque el cumplimiento de la ley es criterio de santidad de vida, al hombre no es transferible la santidad de Dios, el «sólo santo», y en consecuencia sólo él es bueno, por lo cual rechaza que el joven le llame “Maestro bueno”.

Jesús rechaza el calificativo de bueno en sentido absoluto, no porque él no lo sea, sino porque lo que tiene el Hijo viene del Padre, como encontramos en el evangelio de san Mateo: «Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre…» (Mt 11,27). La bondad de Jesús es connatural con su ser de Hijo engendrado en el seno del Padre, la santidad de Cristo Jesús dimana de su procedencia divina y no de la naturaleza humana, que es asumida por el Verbo de Dios y, sostenida por él, obra en unión con la voluntad divina, unión de voluntades divina y humana en la unidad de la persona divina del Verbo.

Jesús ha terminado el pasaje anterior diciendo que es preciso hacerse como un niño para entrar en el reino de los cielos, y el joven le plantea qué ha de hacer para heredar la vida eterna. La respuesta es el cumplimiento de la ley, acatar y cumplir los mandamientos, si bien la perfección que lleva a la vida eterna, el camino mejor es el abandonarse en las manos de Dios y romper así con los obstáculos que pueden impedirle el cumplimiento de la voluntad del Dios solo santo.   Este es el camino de los consejos evangélicos, del desprendimiento del mundo y de la opción por la existencia que se convierte para los demás en referencia permanente la vida futura. La afirmación desconcertante de Jesús invitando al desprendimiento como camino de vida eterna es ofrecida a sus interlocutores con la autoridad de Dios, porque Jesús no responde al joven rico como un maestro entre otros de la ley que la interpreta. Jesús remite al camino de los consejos evangélicos como revelación de Dios para quien le busca como bien supremo.

Al proponer este camino de perfección que relativiza la ley elevando sus exigencias a la entrega plena de la vida en manos de Dios, Jesús —ya lo veíamos en pasajes ya comentados del evangelio— rompe con la mentalidad judía que ve en la riqueza un signo de la bendición divina. Recordemos lo que decíamos al detenernos en las imprecaciones de Jesús contra los ricos que Jesús en contraste con las bienaventuranzas: «La hiperbólica afirmación del Señor, según la cual “es más fácil que un camello pase por el hondón de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos” (Mt 19,24), quiere afirmar, por contraste, hasta qué punto las riquezas comprometen la conversión a Dios y a su voluntad, en la cual reside nuestra salvación. Las riquezas son un obstáculo para la vida según el espíritu. Jesús da la vuelta a la creencia según la cual la riqueza es signo de predilección de Dios por el rico, al presentar al pobre como aquel que tiene a Dios por refugio y garantía de su vida: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,29). Porque es así, en definitiva: “Nadie puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6,24)»[2].

La hipérbole según la cual es más fácil que un camello pase por el hondón de la aguja que un rico entre en el Reino de los cielos debe interpretarse como ya el evangelio de san Mateo lo hace, al hablar de la “pobreza de espíritu” como pobreza meritoria de la bienaventuranza: «Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5,3). La pobreza sociológica no es por sí sola merecedora de bienaventuranza, si no acerca a Dios. Jesús pondera la pobreza como situación y como opción de vida que dispone para acoger la voluntad de Dios y a Dios mismo como bien supremo. Por eso, Jesús propone la riqueza que representan los estados en que acontece la feliz bienaventuranza de cuanto es virtud y mérito según el espíritu. De ahí que se ha de poner el corazón en “los bienes de arriba”. San Pablo exhorta a los cristianos la búsqueda de los bienes duraderos: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba y no a los de la tierra» (Col 3,1-2). El Apóstol sigue la sentencia de Jesús que da razón de la opción por los bienes del cielo: «Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6,21). Del mismo modo, los santos Padres advertían de la necesidad de estar alerta contra la mala comprensión de la pobreza como condición para recibir el reino de Dios. No basta ser pobre, sino que hay que aprender a serlo, pues «incluso nos podemos gloriar de ser pobres; tened cuidado con la soberbia, no sea que nos superen los ricos humildes. Cuidaos de la impiedad, no sea que nos superen los ricos piadosos…»[3].

La lectura del libro de la Sabiduría viene a orientarnos para llegar a la interpretación correcta del pasaje evangélico. El camino de perfección para el seguimiento es la voluntad de Dios, que revela al hombre la fecundidad de la sabiduría eterna; poseerla es haber encontrado el tesoro y la perla preciosa, por cuya adquisición merece venderlo todo para poder comprarla (cf. Mt 13,45). La perla es el Reino de los cielos por el cual todo dominio y posesión terrenos son realidades ilusorias y efímeras. Por ello, el sabio según la mente de Dios, refiriéndose a la sabiduría que viene de lo alto y es revelación de la voluntad divina de santidad para los hombres, confiesa su propia opción: «La prefería a los cetros y a los tronos y, en su comparación, tuve en nada la riqueza» (Sb 7,8). Entre las perlas, el Reino es la perla fina y única en el más alto valor, ante la cual palidecen las demás piedras preciosas, superior a la riqueza, a la salud y a la belleza, porque de ella dimana la luz que ilumina el camino hacia la vida eterna, suma de todos los bienes que pueden acallar la inquietud del corazón del hombre (cf. Sb 7,9-11).

Estas reflexiones a que da lugar el pasaje del joven rico ayudan a entender mejor la identidad y el alcance del seguimiento de Jesús y el discipulado. Al final del pasaje evangélico, Pedro toman, una vez más, la palabra y le pregunta a Jesús por la recompensa que les espera, ya que ellos, sus discípulos, lo han dejado todo por él. Jesús le contesta: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora en este tiempo, cien veces más —casas, hermanos y hermanas, y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura la vida eterna» (Mc 10,29-30).

La enseñanza de Jesús sobre los peligros de las riquezas desconcertó a los discípulos igual que al joven rico, ya que su mentalidad era la de la visión judía de la riqueza como bendición divina del justo. Sin embargo, Jesús les quiere hacer comprender que ganan cuanto pierden, mientras ganan definitivamente la vida optando por él y por el Evangelio (cf. Mc 8,35-36). El desprendimiento de sí mismos y de sus bienes les hace estar cercanos a todos, al romper el límite del parentesco, para abrirse a la amplia fraternidad de los semejantes, y en especial de los más desfavorecidos y marginados. Sin embargo, Jesús no les describe un horizonte sin dificultades, porque esta fraternidad no suprime el escándalo de la fe y la persecución de cuantos le rechazan.

Dejemos que la palabra de Dios, que según el autor de la carta a los Hebreos, que siguiendo a Isaías, describe «viva y eficaz, más cortante que espada de doble filo» (Hb 4,12→Is 49,2) nos penetre y nos alcance nuestro interior, «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu; coyunturas y tuétanos; y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12b-c). Dejemos que entre en nosotros la palabra que nos salva, sometiendo nuestra conciencia al juicio justo de Dios, provocando en nosotros la conversión a Dios. Si acogemos la palabra de Dios no dejará de producir su fruto en nosotros, porque nos veremos tal cual somos, ya que a Dios todo es patente. Sólo la palabra de Dios puede juzgarnos y llevarnos a un diálogo con el Creador y redentor de los seres humanos que nos haga ver cuál es nuestra situación ante él. Pidamos que la Eucaristía que ahora vamos a celebrar nos disponga a dar acogida a la palabra de Dios, que nos fortalecerá para recorrer la senda del seguimiento estrecho de Cristo, desprendidos de todo cuanto nos ata y se convierte en obstáculo para aceptar y cumplir la voluntad de Dios.

A. I. Catedral de la Encarnación
Almería, a 10 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II. Mc 8,27-16,20 (Salamanca 1986) 98-99.

[2] Homilía del Domingo XXVI del T. O.

[3] San Cesáreo de Arlés, Sermón 153, 2: CCL 104, 626 (cit. según La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 2. Evangelio según san Marcos (Madrid 2000) 204.

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