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¡Detengamos este naufragio de civilización!

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Gracias por sus palabras. Le agradezco, señora Presidenta, por su presencia y sus palabras. Hermanas, hermanos, estoy nuevamente aquí para encontrarme con ustedes; estoy aquí para decirles que estoy cerca de ustedes de corazón; estoy aquí para ver sus rostros, para mirarlos a los ojos: ojos cargados de miedo y de esperanza, ojos que han visto la violencia y la pobreza, ojos surcados por demasiadas lágrimas. Hace cinco años, el Patriarca Ecuménico y querido hermano Bartolomé dijo en esta isla algo que me impactó: «El que les tiene miedo no los ha mirado a los ojos. El que les tiene miedo no ha visto sus rostros. El que les tiene miedo no ve a sus hijos. Olvida que la dignidad y la libertad trascienden el miedo y la división. Olvida que la migración no es un problema del Oriente Medio y del África septentrional, de Europa y de Grecia. Es un problema del mundo» (Discurso, 16 abril 2016).

Sí, es un problema del mundo, una crisis humanitaria que concierne a todos. La pandemia nos ha afectado globalmente, nos ha hecho sentir a todos en la misma barca, nos ha hecho experimentar lo que significa tener los mismos miedos. Hemos comprendido que las grandes cuestiones se afrontan juntos, porque en el mundo de hoy las soluciones fragmentadas son inadecuadas. Pero mientras se llevan adelante las vacunaciones a nivel planetario y —aun en medio de muchos retrasos e incertezas— algo parece que se está moviendo en la lucha contra el cambio climático, todo parece terriblemente opaco en lo que se refiere a las migraciones. Y, sin embargo, están en juego personas, vidas humanas. Está en juego el futuro de todos, que sólo será sereno si está integrado. El futuro sólo será próspero si se reconcilia con los más débiles. Porque cuando se rechaza a los pobres, se rechaza la paz. Cierres y nacionalismos —nos enseña la historia— llevan a consecuencias desastrosas. En efecto, como ha recordado el Concilio Vaticano II, «es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz» (Const. past. Gaudium et spes, 78). Es una ilusión pensar que basta con salvaguardarnos a nosotros mismos, defendiéndonos de los más débiles que llaman a la puerta. El futuro nos pondrá cada vez más en contacto unos con otros; para orientarlo hacia el bien no sirven acciones unilaterales, sino políticas más amplias. La historia, repito, nos enseña, pero todavía no hemos aprendido. Que no se vuelvan las espaldas a la realidad, que termine el continuo rebote de responsabilidades, que no se delegue siempre a los otros la cuestión migratoria, como si a ninguno le importara y fuese sólo una carga inútil que alguno se ve obligado a soportar.

Hermanas, hermanos, sus rostros, sus ojos nos piden que no miremos a otra parte, que no reneguemos de la humanidad que nos une, que hagamos nuestras sus historias y no olvidemos sus dramas. Elie Wiesel, testigo de la tragedia más grande del siglo pasado, escribió: «Me acerco a los hombres, mis hermanos, porque recuerdo nuestro origen común, porque me niego a olvidar que su futuro es tan importante como el mío» (From the Kingdom of Memory, Reminiscenses, Nueva York, 1990, 10). En este domingo, ruego a Dios que nos despierte del olvido de quien sufre, que nos sacuda del individualismo que excluye, que despierte los corazones sordos a las necesidades del prójimo. Y ruego también al hombre, a cada hombre: superemos la parálisis del miedo, la indiferencia que mata, el cínico desinterés que con guantes de seda condena a muerte a quienes están en los márgenes. Afrontemos desde su raíz al pensamiento dominante, que gira en torno al propio yo, a los propios egoísmos personales y nacionales, que se convierten en medida y criterio de todo.

Han pasado cinco años desde la visita que realicé con los queridos hermanos Bartolomé y Ieronymos. Después de todo este tiempo constatamos que poco ha cambiado sobre la cuestión migratoria. Ciertamente, muchos se han comprometido en la acogida y en la integración, y quisiera agradecer a los numerosos voluntarios y a cuantos, a todo nivel —institucional, social, caritativo, político—, han asumido grandes esfuerzos, haciéndose cargo de las personas y de la cuestión migratoria. Reconozco el compromiso en la financiación y construcción de dignas estructuras de acogida y agradezco de corazón a la población local por todo el bien que ha hecho y los numerosos sacrificios que han aceptado. Asimismo, quisiera agradecer a las autoridades locales, que reciben, custodian y ayudan a salir adelante a esta gente que viene a nosotros. Gracias por lo que hacen. Pero debemos admitir amargamente que este país, como otros, está atravesando actualmente una situación difícil y que en Europa sigue habiendo personas que persisten en tratar el problema como un asunto que no les incumbe. Esto es trágico. Recuerdo sus últimas palabras [dirigiéndose a la Presidenta]: “Que Europa haga lo mismo”. Y, ¡cuántas condiciones indignas del hombre! ¡Cuántos puntos críticos donde los migrantes y refugiados viven en situaciones límite, sin vislumbrar soluciones en el horizonte! Y, sin embargo, el respeto a las personas y a los derechos humanos —especialmente en el continente que no cesa de promoverlos en el mundo— debería ser salvaguardado siempre, y la dignidad de cada uno debería ser antepuesta a todo. Es triste escuchar que el uso de fondos comunes se propone como solución para construir muros, para construir alambres de púas. Estamos en la época de los muros y de los alambres de púas. Ciertamente, los temores y las inseguridades, las dificultades y los peligros son comprensibles. El cansancio y la frustración, agudizados por la crisis económica y pandémica, se perciben, pero no es levantando barreras como se resuelven los problemas y se mejora la convivencia, sino uniendo fuerzas para hacerse cargo de los demás según las posibilidades reales de cada uno y en el respeto de la legalidad, poniendo siempre en primer lugar el valor irrenunciable de la vida de todo hombre, de toda mujer, de toda persona. Cito una vez más a Elie Wiesel: «Cuando las vidas humanas están en peligro, cuando la dignidad humana está en peligro, los límites nacionales se vuelven irrelevantes» (Discurso de aceptación del Premio Nobel de la paz, 10 diciembre 1986).

En varias sociedades los conceptos de seguridad y solidaridad, local y universal, tradición y apertura se están oponiendo de modo ideológico. Más que sostener unas ideas, puede ayudar partir de la realidad, detenerse, ampliar la mirada, sumergirse en los problemas de la mayoría de la humanidad, de tantas poblaciones víctimas de emergencias humanitarias que no han provocado sino sólo padecido, a menudo después de largas historias de explotación todavía en curso. Es fácil arrastrar a la opinión pública, fomentando el miedo al otro; ¿por qué, en cambio, con el mismo tono, no se habla de la explotación de los pobres, o de las guerras olvidadas y a menudo generosamente financiadas, o de los acuerdos económicos que se hacen a costa de la gente, o de las maniobras ocultas para traficar armas y hacer que prolifere su comercio? ¿Por qué no se habla de esto? Hay que enfrentar las causas remotas, no a las pobres personas que pagan las consecuencias de ello, siendo además usadas como propaganda política. Para remover las causas profundas no se puede sólo resolver las emergencias. Se necesitan acciones concertadas. Es necesario acercarse a los cambios históricos con amplitud de miras. Porque no hay respuestas fáciles para problemas complejos; existe más bien la necesidad de acompañar los procesos desde dentro, para superar los guetos y favorecer una lenta e indispensable integración, para acoger las culturas y las tradiciones de los otros de una manera fraterna y responsable.

Sobre todo, si queremos recomenzar, miremos el rostro de los niños. Hallemos la valentía de avergonzarnos ante ellos, que son inocentes y son el futuro. Interpelan nuestras conciencias y nos preguntan: “¿Qué mundo nos quieren dar?”. No escapemos rápidamente de las crudas imágenes de sus pequeños cuerpos sin vida en las playas. El Mediterráneo, que durante milenios ha unido pueblos diversos y tierras distantes, se está convirtiendo en un frío cementerio sin lápidas. Esta gran cuenca de agua, cuna de tantas civilizaciones, ahora parece un espejo de muerte. ¡No dejemos que el mare nostrum se convierta en un desolador mare mortuum, ni que este lugar de encuentro se vuelva un escenario de conflictos! No permitamos que este “mar de los recuerdos” se transforme en el “mar del olvido”. Hermanos y hermanas, les suplico: ¡detengamos este naufragio de civilización!

Dios se hizo hombre en las orillas de este mar. Su Palabra ha resonado llevando consigo el anuncio de Dios, que es «Padre y guía de los hombres» (S. Gregorio Nacianceno, Sermón 7, en honor de su hermano Cesario, 24). Él nos ama como hijos y quiere que seamos hermanos. Y, en cambio, ofendemos a Dios, despreciando al hombre creado a su imagen, dejándolo a merced de las olas, en la marea de la indiferencia, a veces justificada incluso en nombre de presuntos valores cristianos. La fe nos pide compasión y misericordia —no nos olvidemos que este es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura—. La fe exhorta a la hospitalidad, a aquella filoxenia que impregnó la cultura clásica, encontrando luego en Jesús su propia manifestación definitiva, especialmente en la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,29-37) y en las palabras del capítulo 25 del Evangelio de Mateo (cf. vv. 31-46). No es ideología religiosa, son raíces cristianas concretas. Jesús afirma solemnemente que está allí, en el forastero, en el refugiado, en el que está desnudo y hambriento; y el programa cristiano es estar donde está Jesús. Sí, porque el programa cristiano, escribió el Papa Benedicto, «es un corazón que ve» (Carta enc. Deus caritas est, 31).

Y no quisiera terminar este mensaje sin agradecer al pueblo griego por el recibimiento, pues tantas veces la acogida se convierte en un problema porque no encuentra camino de salida para la gente, para desplazarse a otro lado. Gracias, hermanos y hermanas griegos, gracias por esta generosidad. Y ahora pidamos a la Virgen María que nos abra los ojos ante los sufrimientos de los hermanos. Ella se puso en camino rápidamente al encuentro de su prima Isabel, que estaba encinta. ¡Cuántas madres embarazadas encontraron la muerte rápidamente, estando de viaje, mientras llevaban la vida en su vientre! Que la Madre de Dios nos ayude a tener una mirada materna, que ve en los hombres hijos de Dios, hermanas y hermanos que acoger, proteger, promover e integrar; y a amar con ternura. Que María Santísima nos enseñe a anteponer la realidad del hombre a las ideas e ideologías, y a dar pasos ágiles al encuentro del que sufre.

Ahora recemos a la Virgen todos juntos.

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Soy una madre normal

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Irene Alonso comparte una charla entre amigas sobre el día a día de una madre

Compartir es lo nuestro, lo de las madres normales. Nos encanta compartir historias, trucos y anécdotas sobre nuestro día a día, nuestra familia, nuestra vida. Este libro no pretende ser más que eso, una charla entre amigas, en la que su autora, Irene Alonso, cuenta todo aquello que llena sui día a día. “Mi matrimonio, mis hijos, mi trabajo, mi fe, mis valores… Desde las rutinas diarias de estudio o sueño, pasando por la alimentación a cómo afrontamos las vacaciones de verano o cómo celebramos la Navidad. Cada día hablo con muchas de vosotras sobre todas estas cosas, y no me puede hacer más ilusión convertir esas pequeñas conversaciones de la bandeja de «mensajes privados», en una charla abierta en la que todas tenemos algo que aportar. Mi ánimo al escribir este libro está lejos de querer enseñar, adoctrinar, ni imponer de ningún modo nuestra manera de vivir y relacionarnos. Solo contaros lo que hago y me funciona; y también lo que sigo sin conseguir que funcione después de casi dos décadas. La vida de las madres normales, con sus luces y sus sombras. Con que a una sola de vosotras le ayude en la más mínima cosa, habrá merecido la pena el esfuerzo”, afirma en la presentación del libre Alonso.

La entrada Soy una madre normal apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Primera misa en la Catedral presidida por D. Antonio como obispo diocesano

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 El pasado domingo II de Adviento tenía lugar en la Catedral de la Encarnación la primera misa presidida por D. Antonio Gómez Cantero como obispo diocesano.

Fue una celebración sencilla en la que participó un buen número de feligreses que quisieron acompañarlo en estos primeros pasos de su episcopado. Miembros de hermandades y cofradías, acción católica, y un grupo de jóvenes se sumaron a la celebración eucarística que concluyó con la bendición del Belén situado en el trascoro del templo catedralicio.

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Termina este lunes el Cursillo de Cristiandad nº 158 con una clausura a la que están invitados todos los cursillistas de la diócesis

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Termina este lunes el Cursillo de Cristiandad nº 158 con una clausura a la que están invitados todos los cursillistas de la diócesis

El acto de clausura será a las 7 de la tarde, en el Centro Diocesano de Espiritualidad

Este lunes 5 de diciembre termina el Cursillo de Cristiandad nº 158 en Guadix. Y terminará, como es habitual en los cursillos, con un acto de clausura al que están invitados todos los cursillistas de la diócesis, aunque hayan hecho los cursillos años atrás, quizá muchos años atrás. Será a las 7 de la tarde, en el Centro Diocesano de Espiritualidad y no hace falta invitación expresa.

Con ese acto de clausura se termina un Cursillo de Cristiandad que ha superado todas las expectativas, ya que se rebasó el número inicial de plazas ofertadas y se ha llegado al número de 35 cursillistas, muchos de ellos jóvenes. Para su realización, se ha contado con la ayuda del equipo cursillos de la diócesis de Córdoba.

Se trata de un cursillo que quiere marcar una nueva etapa, tras la renovación el equipo directivo de los Cursillos de Cristiandad en la diócesis de Guadix: un equipo joven que, a buen seguro, animará a otros jóvenes a hacer los cursillos, como ya ha ocurrido en este cursillo que termina hoy y como ocurre en otras diócesis españolas.

Ya se prepara un nuevo Cursillo de Cristiandad para la primavera de 2022. Habrá que ir animándose.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Terminó la Visita Pastoral del obispo a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda

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Terminó la Visita Pastoral del obispo a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda

En Huélago ha terminado la Visita Pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda, que ha durado del jueves 2 al sábado 4 de diciembre: tras jornadas intensas que han servido para que el obispo conozca estas parroquias y sus feligreses le conozcan a él de cerca.
Terminó la Visita Pastoral a estos pueblos con la Misa Estacional en Huélago, el sábado por la tarde. Una Misa en la que se cantaron las canciones propias de las Misas de Aguinaldos, que se cantan antes de Navidad en la parroquia. También hubo confirmaciones y la institución de una ministra extraordinaria de la comunión

Antes, el obispo visitó la parroquia de Belerda, ese mismo sábado por la tarde. Comenzó su visita en el cementerio, donde rezó por todos los difuntos y visitó el lugar, muy característico pues muchas de las tumbas se encuentran en cuevas horadadas en la ladera. Después, en la iglesia parroquial, Mons. Orozco dialogó con los feligreses de Belerda, que le hablaron, sobre todo, de cómo, en 2009, tuvieron que reconstruir su iglesia, después de que una parte del cerro se viniese sobre ella. Finalizó su visita a Belerda con la Misa Estacional, como es habitual en todas las parroquias y que supone uno de los momentos más importantes, sino el que más, en la Vista Pastoral de un obispo.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Círculo del silencio centrado en el Día internacional de la abolición de la esclavitud

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El pasado 1 de diciembre, la plaza de Juan Casinello de la capital acogía un mes más la iniciativa “Círculo del Silencio”, un tiempo de encuentro, denuncia e interpelación a la sociedad ante diferentes injusticias sociales.

Organizado en esta ocasión por la Acción católica General un buen grupo de activistas sociales pertenecientes a los distintos colectivos que agrupa “Almería unida contra la pobreza” pudieron reflexionar sobre las nuevas esclavitudes existentes hoy en nuestra sociedad, leyendo una serie de textos alusivos a ellos de la Encíclica Fratelli Tutti:

“Reconozcamos igualmente que, «a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. […] Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite que pueda ser tratada como un objeto”…

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Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

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Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

Emitido el domingo 5 de noviembre de 2021, a las 09:45 horas.

Granada se viste de fiesta en el día de la Inmaculada. En el programa Iglesia Noticia de primeros de diciembre hablamos sobre esta solemnidad, de larga tradición devocional en la diócesis.

Otra fiesta mariana por venir será la de la Virgen de Guadalupe, como Emperatriz de las Américas, que también celebra la archidiócesis como un momento de encuentro entre todos los pueblos hispanoamericanos.

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Un cuestionario online ayuda a responder las preguntas del Sínodo y a enviar las respuestas en la diócesis de Guadix

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Un cuestionario online ayuda a responder las preguntas del Sínodo y a enviar las respuestas en la diócesis de Guadix

El formulario online ya está disponible en la web de la diócesis y facilita mucho el acceso a las preguntas y el envío de las respuestas

 

La delegación de Apostolado Seglar acaba de lanzar un formulario online para responder a las preguntas que se plantean en el Sínodo de la Iglesia 2021-23, para que se escuche nuestra voz y entre todos podamos hacer una Iglesia mejor. Se recogen solo algunas preguntas, de las muchas que cabría hacerse y que se pueden hacer, enviando las respuestas de forma manual, a través de los canales establecidos. Pero, en el formulario online se recogen solo algunas preguntas, que podemos contestar en grupo -es lo ideal- y cuyas respuestas podemos anotar en el formulario y enviar, para que sean tomadas en cuenta.

No es solo una oportunidad de hacer oír nuestra voz, sino que es una petición que nos hace la Iglesia para que, desde ya, caminemos juntos, en sinodalidad, que de esto trata el Sínodo y en esto se quiere avanzar.

La Iglesia de Dios ha sido convocada en Sínodo, que ha comenzado ya en su fase diocesana y que culminará en 2023, en el Vaticano. Con esta convocatoria, el papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre la sinodalidad: un tema decisivo para la vida y la misión de la Iglesia. Y es que “caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión” (documento preparatorio del Sínodo”.

Ya son muchos los grupos y parroquias que han comenzado a reunirse, en la diócesis de Guadix, para trabajar las preguntas que la Iglesia nos hace sobre cómo caminar en sinodalidad, juntos, como Iglesia, en la misma misión. En la web de la diócesis de Guadix se pueden encontrar los materiales necesarios para comprender el Sínodo, el documento preparatorio del Sínodo y las preguntas. También se puede acceder al formulario online, donde se recogen solo algunas preguntas, las más importantes, y desde donde se pueden enviar las respuestas.

El Sínodo ya ha comenzado y nos convoca, quiere oír nuestra voz.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Visita Pastoral a la parroquia de la Purísima Concepción (Málaga)

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Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada durante la Visita Pastoral a la parroquia de la Purísima Concepción (Málaga)

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN

(Málaga, 5 diciembre 2021)

Lecturas: Bar 5, 1-9; Sal 125, 1-6; Flp 1, 4-6.8-11; Lc 3, 1-6.

(Domingo Adviento II -C)

1.- La figura de Juan Bautista

En este segundo domingo de Adviento las lecturas bíblicas nos animan a la conversión. El texto de Baruc que habla del regreso del destierro hacia Jerusalén y de los elementos de la naturaleza que se trasforman al paso del Pueblo que regresa.

El evangelio nos ha presentado a Juan Bautista, que vivió en un contexto socio-político concreto, en el que el poder político en Israel y la religión judía no eran capaces de dar respuesta a los anhelos verdaderos y profundos del pueblo pobre y humilde. Fue un momento concreto de la historia marcado por estos dos poderes en tiempos del emperador Tiberio y del sacerdote Caifás, que sustituye a su suegro Anás, que había sido destituido, Dios envía su mensaje a Juan, hijo de Zacarías.

Dice el evangelista Lucas: «Vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados» (Lc 3, 2-3).

2.- Bautismo de conversión del Bautista

El bautismo de Juan era un bautismo de agua, de perdón de pecados, de conversión. En este domingo la figura de Juan Bautista es, después de la Virgen, otra de las figuras de Adviento que nos anima a cada uno de nosotros, igual que nos animaba Isaías, a regresar, a volver, a convertirnos, ¿de qué? Del alejamiento de Dios.

Juan vive en el desierto, cuyo sentido bíblico tiene una connotación de desprendimiento, de silencio, de soledad, de austeridad. En la ciudad hay una vida más pletórica, más halagüeña, más sensible.

Fijaros que Juan Bautista no empieza en Jerusalén, sino en el desierto de Judá. Y, ¿a qué nos invita su figura en el desierto? A que nosotros salgamos de la vida de molicie, de la vida regalada, de la vida en la que vamos detrás de todo lo que nos produce placer, para regresar al Señor.

El tiempo de Adviento es tiempo de espera por la llegada de Jesús que nos invita a salir de nosotros mismos, de la comodidad, de muchas cosas, a desprendernos y a encontrarnos con el Señor.

3.- La voz en medio del desierto.

Juan Bautista es la voz en medio del desierto. Juan es la “voz” y Cristo es la “Palabra”. San Agustín comentando este pasaje dice que Cristo es la Palabra que tiene contenido, que revela, que expresa el amor de Dios; y Juan Bautista es la voz, al igual que nosotros también debemos poner nuestra voz para proclamar la Palabra.

«Como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos» (Lc 3, 4). El objetivo no es quedarse con la voz, sino escuchar la palabra que viene detrás; es decir: Cristo.

«Los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano» (Lc 3, 5). Eso es lo que hace transformar la Palabra.

El profeta Baruc nos ha dicho que Dios ha mandado rebajarse a las colinas y a los montes elevados y rellenarse a los barrancos para que su pueblo Israel camine seguro, guiado por la gloria de Dios (cf. Bar 5, 7).

4.- Necesidad de escuchar a Cristo

Cristo, Verbo o Palabra de Dios, nos ofrece su mensaje de salvación; viene a sacaros de una vida vacía y a llenarla de sentido (cf. Lc 3, 6).

Parece que hoy se quisiera silenciar la Palabra divina, Cristo. No se habla de Cristo en nuestra sociedad, en general, en los medios, en público.

El tiempo de Adviento es tiempo de la Palabra, tiempo de escucha, cono dice Juan Bautista. La voz transmite y cuando ya lo ha transmitido, –dice san Agustín–, la voz desaparece, se pierde; pero queda en el oyente la Palabra, queda en su inteligencia y en su corazón; y esa Palabra va transformando por dentro.

Vivimos en un mundo de mucha comunicación e información, más que nunca, pero cada vez escuchamos menos y tenemos menos posibilidades de comunicarnos. En el mundo de las comunicaciones nos falta la relación personal. Hay muchos ejemplos: grupo de jóvenes que se sientan juntos, pero que no entablan relación, porque cada uno está con su móvil. Nos puede pasar también a nosotros. Podemos quedar aislados y ser menos capaces de entablar relaciones de amor auténtico y de amistad.

5.- Ser transmisores de la Palabra

Se nos invita a escuchar la Palabra, Cristo, para que nos transforme por dentro. No importa qué voz nos lo comunique. La voz puede ser del esposo, la esposa, el hijo, el padre, el amigo, el sacerdote, el creyente, un miembro de una comunidad neocatecumenal, un miembro de cualquier asociación. La voz solamente sirve para transmitir el mensaje.

¡Transmitid el mensaje, sed voz, voces en nuestra sociedad! No para decir vuestras cosas, no para enviar vuestro mensaje, vuestro contenido, eso es muy pobre. Sed voces para que la Palabra resuene entre nosotros, resuene en nuestra sociedad, se escuche y, como esa lluvia suave que va penetrando la tierra, fecunde nuestros corazones.

6.- Crecer en el amor de Dios

San Pablo en su carta a los Filipenses les felicita porque se han tomado en serio la fe y que están trabajando por el Reino. También un servidor, como obispo vuestro, me alegro de que vosotros os hayáis tomado en serio la fe y estéis trabajando por el Reino; cada uno desde la manera concreta en la que vive, en su ambiente y desde la realidad eclesial a la que pertenezca dentro de la parroquia y dentro de la Diócesis.

Dice Pablo: «Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús» (Flp 1, 8). Pues yo quiero repetir esa frase a vosotros: Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero; y queriéndoos, os animo a que asumáis la misión que Dios os confía.

Pablo dice: «Ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables» (Flp 1, 9-10).

Esa es también mi oración, queridos feligreses de la parroquia de la Purísima: que vuestro amor siga creciendo más y más para que Cristo se haga presente en vuestros corazones, en vuestros grupos eclesiales, en la parroquia, en la Diócesis y en nuestra sociedad.

7.- Visita pastoral

Como veis tenemos varias tareas: ser voz, pero antes hemos de haber escuchado la Palabra para transmitirla; ser testigos, dejando que el Señor nos convierta y nos transforme; y, después, que vuestros grupos parroquiales, comunidades, etc., sean realmente lugares donde se viva la comunión, aunque haya opiniones distintas, y se viva la fraternidad, se viva el perdón y la comprensión, para todos juntos esperar con gozo la venida del Señor a los corazones.

La Visita pastoral pretende que revisemos cómo estamos viviendo la fe, cómo somos testigos de ella transmitiéndola y cómo la transmitimos: ¿Somos verdadera voz de la Palabra? ¿La fe que hemos recibido de nuestros antepasados, de nuestros padres, de la Iglesia, cómo la estamos comunicando hoy? ¿Cómo vivimos la relación entre los distintos grupos parroquiales? ¿Cómo vivimos la comunión de la fe dentro de la Iglesia? Pues hay más diócesis y, además, está el Papa que nos preside a todos en la comunión.

Debemos revisar la marcha de la parroquia. La celebración de la Visita pastoral termina hoy, pero nuestra tarea no termina hoy. Con los sacerdotes de la parroquia y con los del Arciprestazgo, –agradecemos la presencia del arcipreste D. Manuel Márquez–, debéis hablar posteriormente a la celebración de la Visita, dialogar, proyectar juntos cómo vivir la fe, cómo ser mejores testigos hoy.

Estamos a las puertas de la fiesta de la Virgen de la Inmaculada, la Purísima Concepción, vuestra Titular. Pedimos a Ella, que escuchó la Palabra y la encarnó en su corazón primeramente y después en su vientre, que nosotros también podamos acoger la Palabra divina. Que la Virgen nos acompañe e interceda por nosotros con su maternal intercesión. Que así sea.

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D. Antonio consagra el nuevo altar de la Parroquia de Bayárcal

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La fiesta de San Francisco Javier, patrón de Bayarcal se ha revestido este año 2021 de una gran solemnidad. Además de la celebración propia del patronazgo de la localidad, el obispo consagraba el nuevo altar y bendecía la restauración del altar mayor de finales del S. XVII. D. Antonio pudo visitar por vez primera esta parroquia alpujarreña y saludar a las autoridades y a todos los feligreses presentes para esta gran celebración que preparó con esmero su párroco, D. Federico Parra.

Al finalizar la celebración se le hizo entrega de una imagen del santo patrón con una placa conmemorativa de su visita.

Una iglesia con gran valor histórico

El monumento fundamental y más relevante del municipio es la Iglesia Mudéjar, que alberga un retablo del siglo XVI, de gran valor. Su torre, situada a la izquierda de la nave, conserva en los arcos de las campanas mosaicos y azulejos de la época morisca hoy dañados por los disparos de arcabuz por parte de los moriscos a los cristianos refugiados aquí durante la guerra de La Alpujarra. Aunque su más preciado tesoro lo guarda en el interior ya que esconde, bajo una cubierta mudéjar, bellas tallas barrocas de los siglos XV y XVI de las escuela Granadina de Alonso Cano, como la del patrón de la localidad: San Francisco Javier y la Inmaculada Concepción.

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