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Nuevos catecúmenos adultos inician su camino de fe en la Diócesis de Huelva  

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Nuevos catecúmenos adultos inician su camino de fe en la Diócesis de Huelva  

Este acto constituye un hecho histórico, ya que es la primera vez que los catecúmenos adultos han realizado este rito de manera conjunta como un solo grupo en la Diócesis de Huelva. La celebración estuvo presidida por D. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, y tuvo lugar en la Catedral, donde el Pueblo de Dios fue testigo del deseo explícito de estas personas de iniciar su camino de fe y pertenecer a la Iglesia.

Durante la celebración, los catecúmenos manifestaron públicamente su intención de conocer más profundamente a Jesucristo y prepararse para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, acompañados por sus catequistas y por la comunidad cristiana. Como signo de este nuevo camino, se les hizo la entrega de La Biblia invitándolos a escuchar y acoger la Palabra de Dios como fundamento de su proceso de conversión y fe.

La Diócesis de Huelva acoge con alegría este paso significativo, que refleja el crecimiento del catecumenado de adultos y el compromiso misionero de la Iglesia en el anuncio del Evangelio.

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Expo-Carisma, una exposición sobre la Vida Consagrada en la diócesis de Guadix

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Expo-Carisma, una exposición sobre la Vida Consagrada en la diócesis de Guadix

Del 16 al 7 de marzo, el Hospital Real de Guadix acoge la I Expo-Carisma, que muestra los distintos carismas de las vocaciones de Vida Consagrada presentes en la diócesis accitana. Ya se puede visitar

 

Ya se puede visitar en el Hospital Real de la Caridad, de Guadix, una exposición sobre los carismas de Vida Consagrada presentes en la diócesis accitana. Es la I Expo- Carisma, que se presenta bajo el lema “Vida Consagrada, ¿para quién eres? ¿Para quién soy?». Esta exposición culminará con una jornada especial el próximo sábado 7 de marzo, en el Hospital Real de la Caridad.

Se trata de una exposición que tiene vocación de ser itinerante y que busca dar a conocer los diferentes carismas de las congregaciones religiosas presentes en la diócesis de Guadix. Y, mostrándolas, promover las vocaciones a la vida consagrada, tan necesarias en la Iglesia y en el mundo..

La exposición comenzó el 1 de febrero en la Catedral de Guadix, donde ha permanecido hasta el 15 de febrero. Ahora, del 16 de febrero al 7 de marzo, continuará su itinerancia en el Hospital Real de la Caridad, permitiendo que más personas puedan acercarse a conocer el testimonio y la misión de los religiosos y religiosas de la diócesis.

Jornada de clausura en el Hospital Real

El sábado 7 de marzo, el Hospital Real de la Caridad acogerá una intensa jornada vocacional con tres actividades programadas. Comenzará a las 11 de la mañana con una convivencia vocacional, que se prolongará hasta las 13:00 horas. Por la tarde, también en el Hospital Real, habrá un multimedia vocacional, de 16:00h a 17:30h. Después, en la parroquia del Sagrario de la Catedral, habrá una oración vocacional, de 17:30h a 18:30h.

Congregaciones participantes

La Expo-Carisma, organizada por CONFER, cuenta con la participación de las congregaciones religiosas presentes en la diócesis de Guadix, algunas aún poco conocidas pues llevan poco tiempo entre nosotros. Esta exposición y la jornada de convivencia ayudará a conocerlas mejor, seguro.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma

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Escuchar y ayunar.

La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».

El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».

En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

 

LEÓN XIV PP.

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La Pastoral Universitaria te invita a la Catequesis de Confirmación

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La Pastoral Universitaria pone en marcha un nuevo itinerario de Catequesis de Confirmación y Postconfirmación, dirigido especialmente a jóvenes universitarios que deseen completar su iniciación cristiana o continuar profundizando en su fe.

Se trata de un espacio sencillo y cercano, pensado para quienes quieren dedicar un tiempo semanal a la formación cristiana básica, al diálogo y al crecimiento personal y espiritual en comunidad. Una propuesta accesible, dinámica y adaptada al ritmo de la vida universitaria.

¿CUÁNDO?

Los encuentros tendrán lugar los jueves a las 18:00 horas, comenzando el jueves 12 de febrero.

¿DÓNDE?

En el Edificio del Estudiante,
2ª Planta · Local 81 (Betania).

¿DE QUÉ VA?

Cada sesión tendrá una duración aproximada de media hora, con contenidos de formación cristiana básica, planteados de forma clara y participativa. Una oportunidad para resolver dudas, redescubrir la fe y prepararse para recibir el sacramento de la Confirmación —o seguir creciendo tras haberlo recibido—.

¿QUIÉN LO ORGANIZA?

La Pastoral Universitaria, a través de su equipo de acompañamiento. Para más información o inscripciones, puedes contactar con:

Marisol
📞 660 33 56 93

La invitación está abierta a todos los universitarios que quieran dar un paso más en su camino de fe.

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Mensaje del Administrador Apostólico a las Hermandades y Cofradías en la Santa Cuaresma

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Queridas Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cádiz y Ceuta:

Con motivo de la próxima entrada en el tiempo litúrgico de la Cuaresma quiero expresaros mi reconocimiento y el agradecimiento de la Iglesia que peregrina en nuestra Diócesis en estos días que nos preparan al momento central de nuestra fe: la celebración del Triduo Pascual en el que los cristianos renovamos nuestra fe en Jesucristo, Señor de la Historia.

La Cuaresma es un tiempo precioso que nos invita a hacer memoria, modificar nuestras conductas y transformar la sociedad en la que vivimos mediante la fe en la Resurrección de Cristo. Sin ese acontecimiento redentor, sólo nos quedaríamos en el mero recuerdo humano, como los que tenemos en nuestras plazas a través de la nomenclatura de las calles o estatuas que, con el paso del tiempo, nadie recuerda.

La cuaresma invita a todos los católicos a prepararnos para vivir personal y comunitariamente la Semana Santa, en primer lugar, dejando un espacio para que, en el silencio de la oración, hable nuestra conciencia a la que, a veces acallamos con las prisas y con el ruido de fondo que parece que ayuda a “tapar” nuestros errores. Nada más lejos de la realidad porque, por más que quisiéramos ocultar nuestra miseria, ésta al final sale a la luz.

La cuaresma es un momento oportuno para ser valiente y ponernos de frente a lo que hemos hecho mal y abrir las puertas de nuestro corazón para que entre la luz amorosa de Cristo, siempre dispuesto al perdón y a la misericordia. Ya sabemos que las armas de la luz son el ayuno, la oración y la limosna… Hacer uso de estos instrumentos nos pone en la verdad de lo que somos y en la debilidad de nuestros egoísmos y orgullos.

Pero no basta, simplemente, con darnos cuenta de la realidad de lo que somos. El Señor invita a la pecadora sorprendida en flagrante adulterio, a la que perdona, que en adelante no peque más. La cuaresma así se convierte en un momento propicio para aprender y seguir al Señor, que va cambiando, poco a poco, el corazón de los discípulos para modificar sus conductas y transformar la realidad.

De este modo, la cuaresma es un tiempo para volver al seno de la Iglesia, a frecuentar los sacramentos, a ponernos a servir a los demás a través de obras de caridad, y también, para abandonar la frialdad de nuestra independencia y encontrarnos con los hermanos, en la parroquia o en la Casa de Hermandad.

No podemos decir que somos cristianos si desconocemos quien es Jesucristo, si no vivimos de Él a través de la participación en la Eucaristía, si no dejamos que Él perdone nuestros pecados y su amistad genere en nosotros otro modo de vivir el don de la vida. Me parece que, para vivir bien el estilo cofrade no es bueno encontrarnos sólo en el tiempo de cuaresma o en el momento de la salida procesional, pero sin duda la cuaresma invita a compartir el tiempo con los que están llamados a ser tus hermanos, y lo son, por la fe.

Especialmente importante, además de la vida cotidiana de la Iglesia y de la Hermandad, es la misma estación de penitencia. Quizá sea este uno de los servicios más importantes que ofrece la Hermandad: organizar para los hermanos un tiempo de penitencia personal. Un tiempo en el que el cristiano se reconoce pecador y pide luz (que lleva en sus manos) para que comience una nueva vida. Tomar en serio la estación de penitencia es un precioso camino de santidad. Acompañamos con nuestro dolor a Jesús, pero ese camino llega también a la alegría de la Pascua. La Pascua no supone el fin del camino cofrade, sino que le da sentido y verdadera esperanza.

Cuando uno ha tomado conciencia de su limitación, pide perdón y ayuda para tomar otro camino, la senda escogida siempre es más humana y conduce a la persona por sendas de vida eterna. Sin razón, muchas veces se reprocha a las Cofradías y Hermandades su pasividad ante la transformación del mundo; sin embargo, gracias al camino que están recorriendo, conscientes de la importancia que tienen en la vida social, se van haciendo presentes en necesidades que cubrieron antaño, cuando fueron fundadas como corporaciones gremiales o vecinales para ayudarse mutuamente.

También hoy pueden adquirir las Hermandades nuevos protagonismos en la vida social. Mientras que el individualismo de nuestro tiempo exige abandonar por el camino a quienes obstaculizan nuestro fin, la experiencia cristiana de las Hermandades y Cofradías debe mirar el origen de su fundación, y darse cuenta de que, si somos hermanos, es porque tenemos un mismo Padre. Comportarnos como hermanos supone dejar atrás nuestros proyectos, incluso nuestra forma de hacer las cosas, en favor del bien común a través del diálogo, la escucha y la caridad.

Queridos hermanos, os invito a una nueva cuaresma que llene de sentido nuestra vida cristiana, y que la expectación de una nueva Semana Santa sea acompañada por una vuelta al amor de Jesucristo. Deseo que la Virgen María, en sus infinitas advocaciones, os permita experimentar también la acogida de la Madre, en el seno de la Iglesia.

Vuestro, en Cristo,

+ Ramón Valdivia Jiménez

Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta

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La Renovación Carismática vive una nueva “fiesta del Espíritu” en la parroquia de Santa Teresa

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La Renovación Carismática vive una nueva “fiesta del Espíritu” en la parroquia de Santa Teresa

La parroquia de Santa Teresa acogió el pasado viernes el encuentro mensual de oración y alabanza de la Renovación Carismática Católica de Huelva, que se vivió como una auténtica fiesta del Espíritu. Fue un tiempo de gracia en el que la comunidad se reunió para alabar al Señor y abrir el corazón a su acción renovadora.

En esta ocasión, participaron cinco sacerdotes que acompañaron y sostuvieron espiritualmente el encuentro: el asesor, Padre Sebastián, junto a Hugo, José Antonio, Toni y Aurelio, que se incorporaba por primera vez a esta convocatoria. Su presencia fue signo elocuente de la unidad de la Iglesia y del cuidado pastoral hacia la Renovación Carismática. La cercanía y oración de los presbíteros fueron recibidas con gratitud por todos los asistentes.

También llenó de alegría la participación del ministerio de alabanza de Isla Cristina, que se sumó con entusiasmo y disponibilidad, fortaleciendo la fraternidad entre los distintos grupos y comunidades.

Desde los primeros cantos se percibía un ambiente de recogimiento y expectativa. La asamblea fue entrando progresivamente en una oración profunda, sencilla y confiada. Muchos testimonian haber experimentado el consuelo del Señor en medio de sus heridas, la renovación en el cansancio y una paz serena que devuelve la esperanza.

El momento de adoración fue especialmente intenso. En el silencio orante y en la alabanza, numerosos fieles pudieron experimentar la ternura de Dios Padre y la presencia viva de Jesucristo en medio de su pueblo. La fe se hizo experiencia y la comunión se hizo palpable en una asamblea unida por el mismo Espíritu.

Damos gracias al Señor por la obra que sigue realizando en nuestra diócesis y renovamos el deseo de continuar caminando en santidad, servicio y unidad.

Desde la Renovación Carismática se invita a todos los fieles a participar en estos encuentros mensuales, abiertos a quienes deseen vivir un tiempo de oración viva y encuentro personal con el Señor.

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Amor, fe y complicidad en el Hospital Real de la Caridad de Guadix

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Amor, fe y complicidad en el Hospital Real de la Caridad de Guadix

El pasado 10 de febrero, el Hospital Real de la Caridad se llenó de alegría con la celebración de «El Gran Juego del Matrimonio». En esta ocasión tan especial, las parejas contaron con la guía espiritual y el apoyo del sacerdote Alfonso García, quien se sumó a esta iniciativa pensada para celebrar y fortalecer la vida en pareja.

A través de un tablero gigante proyectado, los matrimonios se convirtieron en los protagonistas de un recorrido lleno de retos de mímica y dibujo (Pictionary), así como de preguntas diseñadas para profundizar en su conocimiento mutuo, desde sus sueños hasta sus recuerdos más felices. La jornada, marcada por un ambiente de sana competencia y muchas risas, permitió a los participantes «sacarle jugo» a la relación, resaltando la importancia de la comunicación y la complicidad.

Los esposos superaron pruebas físicas y «tiraron con esperanza», avanzando hacia una meta común: recordar que la clave de un matrimonio sólido está en valorar al otro y caminar siempre juntos. Fue, sin duda, una experiencia inolvidable de crecimiento y unidad en nuestra comunidad.

Jesús e Inma

Delegados diocesanos de Familia y Vida. Guadix

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El amor se cocina «a fuego lento» en la diócesis de Guadix

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En el marco de la Semana del Matrimonio 2024, la delegación de Familia y Vida de la diócesis de Guadix celebró el pasado jueves, 12 de febrero, una jornada de reflexión y convivencia bajo el lema “Amor a fuego lento”. El encuentro, desarrollado en el Hospital Real de la Caridad de Guadix, propuso a los asistentes una original catequesis sobre la importancia de cuidar la espiritualidad matrimonial en el día a día.

Una dinámica de fe y vida cotidiana

La actividad central consistió en una original analogía entre la elaboración de un bizcocho de chocolate y la construcción del proyecto de vida matrimonial. Mientras un matrimonio se encargaba de cocinar la receta en directo, el sacerdote Antonio Fajardo dirigía las meditaciones, guiando a los presentes en un recorrido espiritual donde cada paso de la elaboración servía para ilustrar la importancia de «cocinar» el amor con paciencia y dedicación.

Este formato permitió a los matrimonios participantes visualizar cómo la cotidianidad de un hogar cristiano se transforma en un espacio de fe y testimonio. Antonio Fajardo, en su labor de acompañamiento, actuó como testigo del amor conyugal, motivando a los esposos a ver en su relación un signo del amor de Dios.

Durante el desarrollo de las meditaciones, se profundizó en diversos textos de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco. A través de las palabras del sacerdote y el ejemplo del matrimonio en la cocina, se abordaron temas fundamentales como la necesidad de un diálogo fecundo, la importancia de la oración en familia y la vivencia de una espiritualidad basada en gestos reales y concretos.

La jornada subrayó que el matrimonio es un proceso dinámico y un bien para toda la comunidad eclesial. Se invitó a los esposos a dedicar un tiempo de diálogo íntimo in situ, reflexionando sobre cómo mejorar su comunicación y cómo ser «chispa de alegría» en sus hogares.

Tras la elaboración y cocción del bizcocho, los asistentes compartieron un ágape fraterno comiendo juntos el dulce resultado, simbolizando que el amor sacramental es un don que debe ser compartido con la comunidad y la Iglesia.

El encuentro concluyó con la Oración a la Sagrada Familia, pidiendo que cada hogar de la diócesis sea un «lugar de comunión y cenáculo de oración», así como una auténtica «escuela del Evangelio». Esta iniciativa forma parte de las actividades preparadas por la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española. 

Jesús e Inma

Delegados diocesanos de Familia y Vida. Guadix

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«Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión»

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«Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión»

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».1

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».2 El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».3 En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».4

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.

  1. Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9. ↩
  2. S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1. ↩
  3. Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011). ↩
  4. S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978). ↩

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La Diócesis de Huelva celebra la Jornada Mundial del Enfermo en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes

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La Diócesis de Huelva celebra la Jornada Mundial del Enfermo en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes

El pasado 11 de febrero, festividad litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia celebró la Jornada Mundial del Enfermo. En nuestra diócesis, la conmemoración tuvo lugar en la Parroquia de la Beata Eusebia Palomino, en la capital onubense, en una celebración organizada por el Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud.

La Eucaristía contó con la participación de numerosas parroquias y agentes de Pastoral de la Salud, así como de distintas entidades implicadas en el acompañamiento a las personas enfermas y sus familias, entre ellas la Casa de los Milagros de Cáritas Diocesana de Huelva, el Centro de la Escucha San Camilo, la Hospitalidad de Lourdes de Huelva y los capellanes hospitalarios.

La imagen de la Virgen de Lourdes, portada por la Hospitalidad, fue trasladada en procesión desde la parroquia de la Sagrada Familia, donde tiene su sede. Acompañada por el rezo del Santo Rosario, esta fue su primera salida procesional tras haber sido bendecida por el Sr. Obispo el pasado mes de mayo, lo que añadió un significado especial a la celebración.

La Santa Misa fue presidida por don Juan Manuel Arija, coordinador de los capellanes hospitalarios, quien centró su homilía en el lema propuesto este año por la Conferencia Episcopal Española, inspirado en la parábola del Buen Samaritano: “Lo montó en su cabalgadura, lo llevó a la posada y cuidó de él. Amar llevando el dolor del otro”. En su reflexión subrayó la llamada a “no pasar de largo” ante el sufrimiento, haciendo del cuidado y la cercanía una expresión concreta del amor cristiano.

Durante la celebración se administró el sacramento de la Unción de los Enfermos a numerosos fieles, signo visible de la gracia y el consuelo del Señor en medio de la fragilidad. La participación de las Siervas del Hogar de la Madre, que animaron el canto litúrgico, contribuyó a crear un clima de recogimiento y esperanza.

En un gesto cargado de simbolismo, una silla vacía fue colocada ante la imagen de la Virgen de Lourdes, en recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, especialmente tras los recientes y dolorosos acontecimientos vividos en nuestra tierra. Como se explicó durante la celebración, aunque no podamos verlos, permanecen presentes en la comunión de los santos y en la memoria agradecida de la Iglesia.

La Jornada concluyó con un renovado compromiso de seguir acompañando a los enfermos, a sus familias y a cuantos sufren, haciendo vida el mandato evangélico de no pasar de largo y de cuidar con ternura y entrega a los más vulnerables.

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