

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS
MARTES: LA ZARZA ARDIENTE
Cuando Dios pronuncia tu nombre: Ex 3, 1-6
Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés dijo: —Voy a acercarme a mirar este espectáculo tan admirable: cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: —Moisés, Moisés.
Respondió él: —Aquí estoy.
Dijo Dios: —No te acerques. Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió: —Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de mirar a Dios.
Moisés ve fuego. Pero no cualquier fuego. Un fuego que no destruye.
Dios llama por el nombre: “Moisés, Moisés”. Y Moisés responde: “Aquí estoy”.
Toda vocación comienza igual: Dios llama. Tú respondes.
Cuando proclamamos la Palabra de Dios en la Misa, esas lecturas no son una información religiosa. Es una llamada personal. Cuando se proclama el Evangelio, Dios está hablando hoy. A ti.
Crear cultura vocacional es aprender a escuchar:
• Es tomarnos en serio la Palabra.
• Es dejar que nos incomode.
• Es permitir que nos envíe.
Dios no se revela para quedarse lejos. Se revela para entrar en relación. Para que podamos invocarlo.
Y lo más impresionante: el fuego de la zarza se cumple en la cruz. Amor que arde
y no se consume.
Preguntas que despiertan
• ¿Escucho la Palabra como si fuera para mí?
• ¿Preparo las lecturas antes de la Misa?
• ¿Comparto lo que Dios me dice con otros?
• Porque todos oramos por todos, pero también nos ayudamos todos.
Iluminación
• La zarza arde sin consumirse. Por tanto, el fuego de Dios no destruye, ilumina.
• En la Misa, en la Palabra, Dios sigue diciendo: “Tú. Sí, tú…”
• La cultura vocacional nace cuando aprendemos a escuchar.
Oración vocacional
Oh Dios, Padre bueno,
Señor y dueño de la mies,
escucha la oración de tu Iglesia,
«asamblea de llamados».
Concédenos abundantes y santas vocaciones
sacerdotales, consagradas y contemplativas,
al matrimonio y vida familiar,
misioneras, apostólicas y laicales,
garantía de vitalidad para el porvenir de tu Iglesia,
aquí y en cualquier parte del mundo.
Haz que vivamos «la vida como vocación»,
a la que Tú nos llamas.
Para que respondamos a tu llamada
en la variedad de vocaciones y carismas.
Danos sabiduría para anunciar
el Evangelio de la vocación;
discernimiento para acompañar a todos
en su camino vocacional;
y generosidad para servirte
en una renovada «pastoral de la llamada». Amén.

