La 105, una línea que hace paradas en historias de vidas sanadas

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Dayana, Esther, You, Fátima, Claudia, Othmane, Cleonice, Miguel y Sofian… son muchos más que unos nombres. Son personas. Personas con una historia, con una vida que, rota en muchos casos, han sido zurcidas, remendadas, acompañadas… gracia a la labor de otras personas, que más allá de lo profesional, se implican cada día con personas vulnerables, o que necesitan empezar de nuevo, o que de manera puntual usan recursos de la Iglesia para atravesar un mal momento.

La línea 105 Xtantos es un proyecto de la Conferencia Episcopal Española que pretende recorrer aquellos lugares donde el dinero que los contribuyentes destinan a la Iglesia católica a través de la casilla 105 de la declaración de la renta, o la 106 a otros fines sociales, cobran vida. Donde la X se hace humanidad, esperanza, futuro, sanación, acompañamiento. Son los rostros de personas que son ayudadas, pero también las de aquellas que sirven de cauce para que esa nueva oportunidad se haga posible.

El pasado 24 de abril arrancaba desde el Obispado la línea 105 en Jaén capital. Un grupo de 15 personas se unían a ese primer viaje. Personas de distintas edades, distintos orígenes y ocupaciones. Algunos seminaristas y otros jóvenes que por primera vez tienen que presentar la declaración de la renta. También, una influencer, el director general del Real Jaén, una periodista y algunos matrimonios que querían conocer de primera mano cómo la X en la casilla 105 de la declaración del IRPF se trasmutaba en ayuda.

El conductor del autobús, D. Juan Ignacio Damas, Vicario General y Director de la Oficina de Sostenimiento de la Diócesis de Jaén. Él fue el encargado de dar la bienvenida y guiar este autobús imaginario por las calles del casco antiguo de la capital.

La mañana comenzó de forma sencilla, casi cotidiana: un café compartido en el Obispado y una primera charla que sirvió para las presentaciones y situar el sentido de la Línea 105. Un inicio tranquilo que, sin embargo, pronto abrió paso a algo más profundo.

La primera parada, el programa de Mujer de Cáritas Jaén, en la calle Maestra. Allí, su coordinadora, Anabel, junto con varias mujeres que habían podido seguir avanzando en sus vidas gracias a las acciones de los distintos programas que ofrece Cáritas: La casa Besana, la Plataforma de Ayuda a la Mujer Embarazada, proyecto Candela. Mujeres valientes que quisieron compartir sus experiencias personales, todas ellas atravesadas por la dificultad, pero también por procesos de ayuda y de reconstrucción. No hizo falta forzar nada. Bastaron las palabras justas, la cercanía y la verdad de lo vivido para que el ambiente cambiara poco a poco. El grupo fue entrando en otra sintonía. Los rostros se volvieron más serios, los silencios más largos, y la emoción apareció de forma natural. En algún momento, las lágrimas brotaron sin poder contenerse, como respuesta a una realidad que ya no se podía mirar desde fuera.

Mujeres que habían tenido que migrar sin conocer el idioma. Embarazadas que no sabían qué futuro les aguardaban a ellas y a la criatura que crecía en sus entrañas.  Mujeres en contexto de prostitución que querían apostar por otro tipo de vida, porque se lo debían a ellas mismas… Testimonios potentes que dejaron a los “viajeros” de la línea 105 con el alma tocada por el dolor del otro. Por historias de superación, por manos comprometidas, que traspasan lo profesional para hacerlo personal.

Después, el grupo caminó por el centro histórico de Jaén. Las calles, con su vida habitual, contrastaban con lo que esas mujeres que se habían vaciado ante estos desconocidos les habían trasladado. Ese trayecto condujo hasta la parroquia de Santa María Magdalena, la más antigua de Jaén. Su párroco, y Vicario de Caridad, D. Juan Raya, los esperaba a la puerta junto al responsable de Cáritas, Antonio Gallardo. Allí pudieron conocer tanto la atención de Cáritas parroquial, quizá la más concurrida de la ciudad, con una atención sobre todo a personas migrantes, así como el cuidado del patrimonio. Un lugar donde la historia y la acción social conviven sin estridencias, como parte de una misma presencia que se mantiene en el tiempo.

El paseo continuó por algunas calles y rincones del centro histórico, lugares que no siempre se observan con detenimiento, pero que en ese momento parecían contar cosas diferentes. El ritmo era lento, casi mudos, como si todo lo que había vivido tuviera que asentarse adentro.

Uno de los momentos más intensos de la jornada llegó en el monasterio de las Clarisas. La oración compartida marcó el inicio de un tiempo distinto, difícil de explicar. No hacía falta mucho más. El silencio del lugar y la sencillez del encuentro dejaban entrever una vida entregada de forma discreta, sostenida en el amor infinito de su amado al que oran, por el que viven, al que reflejan.

En el locutorio, una limonada casera, sus dulces y una charla con las religiosas ayudó a comprender mejor esa forma de vida. Una existencia que pocas personas entienden, pero en las que ellas encuentran la dicha auténtica. Una vida desde la clausura pero que se siente cercana en su manera de estar unida a todo lo que ocurre fuera. La sensación era clara: nada les queda al margen.  Es ese “estar en el mundo sin ser del mundo” lo que las llevó a dedicar parte de su convento a las personas sin hogar. Y desde 2007 cuentan con un hogar para las personas sin hogar que quieren comenzar una nueva vida, y desde 2015 otra área del convento lo cedieron como Centro de Día para los que duermen en la calle para que puedan hallar en ese lugar un cobijo, un lugar de referencia, la posibilidad de ducha y ropa limpia. Lo básico para dejar de sentirse forastero en la calle. Mari Carmen Aparicio y Sonia Quirós al frente de sendos servicios trabajan de manera comprometida y con grandes dosis de humanidad y empatía con estas personas.

La última parada de este viaje por historias de vida concluyó en el Hogar Santa Clara, donde viven personas sin hogar. Allí el ambiente se volvió aún más cercano. La comida compartida y la conversación tranquila con los residentes pusieron rostro a historias concretas. Hubo tiempo para escuchar, para reír en algún momento, y también para dejar que el silencio dijera lo suyo. Todo en una normalidad que, precisamente por eso, resultaba especialmente significativa. Una casa de nuevos comienzos, de cariño, de voluntarios que dan lo mejor de sí a personas que necesitan el calor de un gesto de cariño. A personas que por circunstancias puntuales se vieron abocadas a vivir en la calles y que ahora, con apoyo, están aprendiendo a reconstruirse y ver su futuro en color verde esperanza, y no en negro asfalto.

La jornada fue avanzando sin prisa, pero dejando huella en cada uno de los pasajeros de la línea 105. Lo que comenzó con un café terminó siendo un recorrido interior tanto como exterior por vidas que bien podrían haber sido la de cada uno de los viajeros de ese autobús imaginario que los condujo a lo largo de todo el día por historias con nombres y apellidos, con rostro, con un presente que pronto cambiará su futuro. Y al final,  una sensación. La de marcar la X no es un gesto vacío. Se hace vida en las personas que sufren, se hace vida entre las comunidades religiosas, da vida al patrimonio religioso de la ciudad, rescata, ayuda, reconforta… en definitiva, tiene sentido y, sobre todo, vida.

Otra oportunidad
En la primera semana de junio habrá otro “viaje” de la línea 105. Si quieres participar, puedes hacerlo en inscribiéndote en este enlace: https://www.portantos.es/linea-portantos/

Galería fotográfica: “Línea 105- Jaén”

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