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Capítulo General de las Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús

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Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en el Capítulo General de las Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús celebrado en el Colegio Madre Asunción el 16 de agosto de 2022

CAPÍTULO GENERAL DE LAS CARMELITAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

(Colegio Madre Asunción-Málaga, 16 agosto 2022)

Lecturas: Ez 28, 1-10; Sal: Dt 32, 26-36; Mt 19, 23-30.

1.- Tentación de poderío

El profeta Ezequiel recibe la palabra del Señor destinada al príncipe de Tiro: «Se enalteció tu corazón y dijiste: Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses» (Ez 28, 2). El príncipe se cree un dios por el poder que tiene, poniendo su trono entre los dioses; y eso le hace enorgullecer su corazón.

La tentación de poderío nos acecha a todos de muchas maneras, a veces muy sutiles, bajo apariencia de servicio, de estructura, de necesidad, de institución benéfica. A pesar de ser personas de especial consagración, que profesamos los votos de pobreza, castidad y obediencia, somos tentados por el falso dios del “poder”. A veces la gente nos critica esa faceta y tal vez no les falte razón. 

Es cierto que uno puede vivir desprendido, aunque la estructura en la que viva tenga muchos recursos. Siempre se puede vivir la santidad en medio de cualquier situación o circunstancia.

En el evangelio de hoy Jesús dice a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos» (Mt 19, 23). Puede referirse a una persona rica o alguien que, aun teniendo poco, vive para las riquezas.

El Capítulo general es una ocasión propicia para analizar nuestra actitud ante las riquezas y ante el dios “poder”. Imagino que os habéis planteado muchas veces el tema de la pobreza evangélica, no solo a nivel personal, sino también a nivel institucional.

2.- Asumir la condición humana 

El profeta Ezequiel recuerda al príncipe de Tiro: «Tú que eres hombre, y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios» (Ez 28, 2). 

Sin ser dios, el príncipe actúa como si lo fuera. Se enorgullece de su sabiduría (cf. Ez 28, 3); ha hecho una buena fortuna, acumulando tesoros (cf. Ez 28, 4); con su habilidad ha acrecentado sus bienes. Y todo ello le ha llenado presunción (cf. Ez 28, 5).

Parece que, a veces, nos cuesta aceptar y asumir nuestra condición humana. Pero somos criaturas respecto a nuestro Creador; somos mortales, respecto al Inmortal; somos caducos y temporales respecto al Eterno; somos limitados respecto al Infinito. 

Recordemos lo que decía vuestra Fundadora, Madre Asunción: “Hijas, reconozcamos que no somos nada”. Pero alguna hermana puede estar tentada de pensar que es alguien importante.

Es cierto que estamos llamados a la inmortalidad y a la eternidad, cuya semilla puso Dios en nuestra alma en el bautismo. Pero no olvidemos que, para alcanzar la eternidad, hemos de pasar por la muerte temporal, que a veces nos parece muy lejana y nadie sabe el momento. 

Un aforismo de los maestros espirituales invita a pensar los novísimos (muerte, juicio, infierno y cielo), que nos sucederá al final de nuestra vida: “Piensa en los novísimos y no pecarás”. 

Tened presente que somos criaturas limitadas; que debemos dejar este mundo; que el Señor nos llamará al final de nuestra vida temporal, y nos presentaremos ante Él para ser juzgados en el amor, como dice san Juan de la Cruz. Esto nos puede ayudar a ser más realistas y a saber proyectar mejor intentado discernir desde la palabra de Dios, qué quiere Él de nosotros.

3.- Vuestro carisma fundacional

Veamos vuestro carisma fundacional. Siendo obispo de Málaga D. Manuel González, hoy santo, hizo el Decreto de erección de vuestra Congregación de Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, que fue fundada en Málaga en 1924 por Madre Asunción Soler Gimeno, hoy Sierva de Dios nacida en Quart de Poblet (Valencia), cerca de mi pueblo natal (Vilamarxant).

Posteriormente fue agregada a la Orden del Carmen (1947) y reconocida por la Iglesia en 1955, recibiendo la Aprobación definitiva en 1964. La Congregación se ha extendido a varios países de África y América del Sur. Todo esto es obra de Dios; no es obra nuestra.

El carisma de vuestra Congregación os impulsa a vivir el Evangelio, configurándoos a Cristo en su misión de siervo de Dios y de los hombres; esto vale para todo cristiano. Os distinguís por la misión de dar gloria a Dios sirviendo a los más pobres, a través de diferentes actividades en el campo pastoral y social, principalmente en la educación, el cuidado de enfermos y ancianos y otras necesidades de las personas (cf. Congregación para la Vida consagrada, Decreto de lasConstituciones).

Vuestro carisma se expresa a través de “una actitud orante, de radical fe y confianza en Dios, buscando por encima de todo su gloria; con un estilo de vida pobre, humilde y sencillo; en fidelidad a la Iglesia y a su misión en el mundo; solidarizadas evangélicamente con los más pobres y comprometidas con su liberación y salvación” (Constituciones, Art. 3). Se trata de un programa de vida precioso, que os ha enardecido y llenado el corazón cuando el Señor os llamó a la vida de especial consagración.

Hemos de confiar plenamente en Dios. La pesca no es fruto de nuestras redes, sino de la acción divina: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5, 5). 

4.- Misión de presente y de futuro

Deseo agradecer la misión que realizáis aquí, al igual que damos gracias a Dios por los diversos servicios y tareas que vuestra Congregación lleva a cabo en tantos lugares del mundo. El Capítulo debe analizar con mirada de futuro la misión eclesial que el Señor os confía, siendo fieles al carisma fundacional. La Palabra de Dios y el carisma son las coordenadas en las que hay que situarse, para hacer buen discernimiento.

La presencia de vuestra comunidad en el Colegio “Madre Asunción” de Málaga, desde el inicio de vuestra fundación, es un instrumento de evangelización, para anunciar la Buena Nueva de Jesús de Nazaret. 

El campo educativo, como bien sabéis, es muy importante. Ofreciendo una educación integral desde los valores cristianos, sois una alternativa de calidad a la educación estatal, que muchas veces desatiende lo más importante del ser humano, es decir, su transcendencia y su destino de eternidad; ellos no educan para el destino último del hombre, que es vivir con Dios.

La calidad de enseñanza en nuestros centros cristianos no reside tanto en la preparación profesional de los educadores, sino en el anuncio de la luz del Evangelio y la oferta de la antropología cristiana. 

Os animo a implicaros con gozo en este hermoso campo de la educación, que me resulta muy conocido y cercano desde mi ordenación sacerdotal. Cada vez valoro más lo que significa ser educadores cristianos. ¡Buen ánimo! Pido por vosotras para que el Señor os ilumine, para que reflexionéis, recéis y programéis desde estas coordenadas. 

Pedimos a la Virgen del Carmen su intercesión maternal, para que os mantenga en fidelidad al carisma fundacional, os ilumine en este Capítulo general para proyectar un futuro responsable de la Congregación y os llene de la alegría del Espíritu Santo. Amén. 

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Gérgal cuenta con nueva “alcaldesa”

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Como dice su heráldica, la “hospitalaria” Villa de Gérgal recibía el pasado domingo 14, víspera de la Asunción de la Virgen, a Mons. D. Antonio Gómez Cantero, en su primera visita a este pueblo almeriense. El motivo era la celebración de sus fiestas patronales en honor a la Virgen del Carmen. A su llegada al templo parroquial, abarrotado de fieles, el prelado almeriense era recibido por su párroco D. Samuel Olvera y una representación de gergaleños junto a las autoridades locales.

En el transcurso de la solemne Misa Pontifical, el ayuntamiento de Gérgal otorgó el título de alcaldesa honoraria perpetua a la imagen de la Bienaventurada Virgen del Carmen, venerada en esta Villa desde inicios el siglo XVIII. A la cita se sumaron las distintas hermandades locales y de la comarca, que no quisieron perderse esta señalada efeméride. La ceremonia litúrgica concluyó con la procesión de alabanzas a la Santísima Virgen por las calles del pueblo.

Estos actos religiosos fueron precedidos los días previos por un triduo de preparación que contó con la prédica de varios sacerdotes diocesanos.

Un día señalado entorno a la Madre de Dios que sin duda ha quedado grabado en el corazón de todos los gergaleños.

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Los niños protagonistas en la Asunción de María en la Catedral

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Alrededor de 600 personas se han dado cita en la Catedral para celebrar la Asunción de la Madre de Dios  los cielos, a quien está dedicado el primer Templo de Jaén. Una celebración, que ha dado comienzo a las 12 del mediodía y que por primera vez ha estado presidida por el Obispo Don Sebastián Chico Martínez, acompañado por un numeroso grupo de canónigos.

Una decena de niños con centros de flores encabezan la procesión claustral, que con la Virgen de la Antigua y el Santo Rostro, ha recorrido el templo Catedral antes de dar comienzo la solemne Eucaristía y que ha finalizado en el presbiterio donde la Virgen de la Antigua y el Santo Rostro se han colocado en un altar efímero provisto para la celebración. Hasta el mismo se ha dirigido el Prelado jiennense para incensar ambas imágenes.

Miembros de la Cofradía de la Buena Muerte han participado en las lecturas. El canónigo guardián del Santo Rostro, D. José López Chica ha sido el encargado de proclamar el Evangelio de Lucas que narra el encuentro entre María y su prima Isabel y el canto del Magníficat de María.

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El Obispo de Jaén se ha dirigido a los fieles en esta celebración mariana tan arraigada al fervor popular desde el inicio de la cristiandad que es la creencia de que María no murió sino que concluida su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, y que fue proclamado dogma por Pío XII en 1950.

“Contemplar este misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo es descubrir desde Ella la grandeza y la profunda humanidad de nuestro Dios y de nuestro propio destino. En la Asunción de María se descubren definitivamente los planes de Dios. Podríamos decir que ese es el momento en el que por primera vez una pura creatura llega a la plenitud de su destino”, ha expresado Monseñor Chico Martínez.

A continuación, el Prelado del Santo Reino ha querido recordar el verdadero sentido de la existencia humana, que va mucho más allá de lo puramente terrenal: “La Virgen María, glorificada corporalmente en el cielo, nos dice que no hemos sido creados para este mundo, que nuestra patria verdadera es el Cielo, y es desde esta realidad desde donde debemos contemplar y apreciar la verdadera importancia de los acontecimientos de nuestra vida. La alegría y el dolor, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, valen lo que valen cuando son vistos y vividos desde la perspectiva de la vida eterna. María de Nazaret, asunta al cielo por los ángeles de Dios, nos manifiesta la verdad y el poder de la salvación de Jesucristo. Unida corporalmente al cuerpo de Cristo por su maternidad, la Virgen es la primicia de la resurrección universal: como el cuerpo resucitado de Cristo arrastró hasta la gloria el cuerpo de María, así arrastrará también nuestros cuerpos mortales hasta la gloria de la resurrección”.

Para concluir su predicación se ha pedido la intercesión de María asunta a los cielos para que “ilumine y fortalezca nuestra fe, que nos ayude a creer con firmeza en la vida eterna como centro de nuestra vida, que nos sostenga en el esfuerzo de vivir cada día en continuidad y al estilo de la vida gloriosa del Cielo, con piedad, con libertad espiritual, con fraternidad generosa”.

Al término de la homilía se ha producido uno de los momentos más entrañables de la jornada y que ya se está convirtiendo en una tradición: los niños presentes, algunos con pocos meses de vida, han subido al altar y han sido presentados ante la patrona del Cabildo, la Virgen de la Antigua para recibir la bendición.

Cuando ha concluido la celebración eucarística, he tenido lugar la secular bendición con el Santo Rostro por los balcones de la Catedral, un hecho que se repite tres veces en el año; el Viernes Santo, el 1 de noviembre y en esta solemnidad de María Asunta a los cielos y que es signo identitario de Jaén y su Catedral; el Obispo ha bendecido, con el Rostro de Cristo, desde los cuatro puntos cardinales a los jiennenses congregados en torno a la catedral y a los campos, con una ovación ha concluido la magna celebración del 15 de agosto.

 

Galería fotográfica: «Asunción de la Virgen 2022»

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«La Virgen se alegra hoy por este amor que le expresamos»

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Mucha alegría vivida ayer 14 de agosto en la Catedral de Cádiz, cuando el obispo diocesano Mons. Rafael Zornoza coronaba a la Virgen de las Penas, del Barrio de la Viña.

La Catedral acogía la Solemne ceremonia, muy esperada por todos sus hijos, pues desde 2006 se empezó a solicitar esta coronación y fue en 2017 cuando el obispo propuso a la parroquia realizar unas misiones. En 2019, con la ayuda de los padres paules y las Hijas de la Caridad se iniciaron esas misiones y el 16 de noviembre de aquel año fue cuando se abrió el expediente de la Coronación Canónica. Justo ahora, tras dos años de pandemia, se ha cumplido el acto.

Más de ochocientos invitados entre autoridades religiosas, civiles, además de representantes de hermandades y cofradías gaditanas y fieles y devotos de Cádiz y de otras localidades asistieron en la mañana del domingo a la Catedral para acompañar a la imagen de la Virgen viñera.

Durante la homilía, Mons. Zornoza expresaba que «La Virgen se alegra hoy por este amor que le expresamos. María invocada por nosotros como reina, la coronamos como Señora de todos nosotros, sus hijos, que la quiere y veneran en el Barrio de la Viña y de todo Cádiz».

El prelado se dirigió a los fieles para recordarles que «nunca debemos olvidar la verdadera corona de la Virgen, que sois vosotros mismos, y esas joyas que la adornan, son los frutos de la fe en la caridad. Más allá de este acto -continuaba el obispo- estamos hoy aquí manifestando un compromiso, hoy hacemos un pacto de amor con nuestra madre, confiando su protección pero manifestando que somos suyos, que queremos ser suyos».

«Virgen de las Penas, coronada desde ahora con nuestro amor y devoción, no nos abandones» concluía Mons. Zornoza.

Fotografías: José Mª Carreras Menaut

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Fiesta de Candelaria. «Confiemos en la Virgen María e imitemos sus virtudes»

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Tras dos años con restricciones y limitaciones de aforo debido a la Covid-19, la Villa Mariana de Candelaria celebró este 15 de agosto de 2022, de vuelta a la “normalidad”. El día grande en honor a la Patrona de Canarias volvió a ofrecer la estampa de cientos de peregrinos en torno a la Basílica. Asimismo, alrededor de 700 deportistas realizaron la tradicional ofrenda floral a la Virgen.

La jornada comenzó a las 11 horas, con la procesión cívica hasta la plaza de la Patrona de Canarias. Posteriormente, se realizó la parada militar y la recepción del representante de su Majestad el Rey, responsabilidad que este año recayó en la figura del presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos. Ya, a las 12:00 horas comenzaba la celebración de la Solemne Eucaristía presidida por monseñor Bernardo Álvarez.

En la Misa estuvieron presentes diversas autoridades públicas, entre ellas, el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres; el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana; el presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Pedro Manuel Martín; la alcaldesa de la villa mariana, María Concepción Brito; el Teniente General Jefe del Mando de Canarias, Carlos Palacios y el alcalde de Teror, municipio hermanado con la Villa de Candelaria, Sergio Nuez.

El obispo inició su homilía haciendo hincapié en que este día en el que celebramos la Asunción de la Virgen María, es un momento para estar alegres y entusiasmados. “¡Viva la Virgen María de la Candelaria, nuestra patrona!”, exclamó el prelado.

Seguidamente, monseñor Álvarez recordó que la Virgen María no es una imagen, sino una persona viva que pasó por este mundo como cualquiera de nosotros y que ahora vive eternamente junto a Dios, acompañándonos y cuidándonos con amor materno. En este sentido, indicó que lo importante es que creamos que ella es madre de Dios y madre nuestra, inmaculada, pura y santa.

Posteriormente, el obispo explicó cómo se venera a la Virgen. “Reconociendo lo que ella es, llamándola dichosa y bienaventurada, confiando en su papel en la obra de la salvación e imitando sus virtudes”. En este último punto se detuvo para enfatizar que “la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia para la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llevó y, tanto menos, por el ambiente socio-cultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida, Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios”.

En otro momento de su homilía, el prelado nivariense señaló que para acogernos a la protección de María es necesario llevar una vida de oración. “Orar con ella a Dios, orar por medio de ella a Dios (intercesión) y orar a María directamente”.

Por último, Álvarez recordó que en la fiesta de la Asunción se nos invita a considerar tres aspectos que tienen que ver con nuestra vida: “El poder de Dios, la voluntad de Dios de salvar al ser humano completo (cuerpo y alma) y el triunfo o victoria sobre el pecado y la muerte”.

Tras la Eucaristía, la imagen de la Virgen de Candelaria salió en procesión alrededor de la plaza de la Basílica. Un momento muy esperado tras estos dos últimos años y que fue celebrado con una lluvia de voladores y gritos de “Viva la Virgen de Candelaria”.

– GALERÍA DE FOTOS

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El arzobispo de Sevilla invita a “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes”

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El arzobispo de Sevilla invita a “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes”

Bajo un repique de campanas y con una puntualidad “fernandina”, el paso de tumbilla de la Virgen de los Reyes, la patrona de la ciudad de Sevilla y su Archidiócesis, se situó a las ocho de la mañana del lunes, 15 de agosto, bajo el dintel de la Puerta de Palos de la Catedral. De esta forma se cumplía la tradición, el protocolo de una fe de siglos que marca el encuentro de los sevillanos con “la Virgen de todos”.

Se recuperaba de esta manera una cita estival interrumpida a causa de la pandemia, y esperada por una multitud de fieles que, desde muy temprano, tomó sitio frente a la seo hispalense para presenciar un nuevo capítulo del ritual mariano por excelencia de Sevilla.

Al término de la procesión alrededor de la Catedral, el arzobispo, monseñor Saiz Meneses, que estos días ha presidido la novena de la patrona, hizo lo propio en la Eucaristía con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen. No fue la primera Misa que acogía la Catedral esta mañana, ya que desde las seis se han celebrado Eucaristías con la participación de los numerosos peregrinos que han llegado al templo metropolitano procedentes de distintas localidades cercanas a la capital.

“Hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio”

En su homilía, el arzobispo recogió el itinerario seguido durante la novena y recordó que “nosotros hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio a nuestros contemporáneos del siglo XXI”. “Por eso –añadió- también nos preocupa esta pertinaz sequía, las restricciones energéticas, la pandemia y sus secuelas, la cronificación de la pobreza en algunos de nuestros barrios o el paro juvenil; y en un nivel global nos preocupa el hambre en el mundo, la desigualdad, la contaminación, la guerra en Ucrania y los conflictos armados en todo el mundo, o la creciente rivalidad estratégica entre las grandes potencias, que al final acaba perjudicando siempre a los más débiles”.

A continuación, señaló que la evangelización es “el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada persona y a la humanidad entera en el momento presente, en el que conoce grandes conquistas técnicas y científicas, pero ha perdido el sentido último de la vida”. En esta línea afirmó que “sólo desde Cristo el ser humano puede comprenderse a sí mismo y encontrar el sentido de la existencia”. Consciente de que hay muchas personas para las que la fe no ocupa un lugar relevante, monseñor Saiz acudió a la patrona para pedir la ayuda necesaria para “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes, alejados o indiferentes”. Unos puntos de encuentro que, apuntó, “no están lejos de las aspiraciones profundas de nuestros contemporáneos, que coinciden en buena parte con las de los hombres y las mujeres de todas las épocas”. “El ser humano, a lo largo de la historia, ha buscado la verdad, el sentido de las cosas, y sobre todo el sentido de su vida. En todas las culturas encontramos las preguntas fundamentales sobre la propia identidad, sobre el origen y el final de la vida, sobre el mal y la muerte, sobre el más allá. Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente, y está muy próximo a Dios, que es la Verdad”, subrayó.

“La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios”

“El corazón humano tiende a una felicidad plena, y se entrega con ilusión a proyectos y actividades esperando saciar su sed de felicidad”. Dicho esto, el arzobispo advirtió del riesgo de “la insatisfacción y un vacío interior que los bienes materiales no pueden llenar”. “El hombre –afirmó- necesita razones para vivir, para entregarse, para dar lo mejor de sí mismo. Este ser humano que busca la felicidad, busca a Dios. La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios”.

Monseñor Saiz reiteró que “el Señor nos envía a ser sus testigos en medio del mundo, más aún, en medio de nuestro pequeño mundo, de nuestro entorno concreto”. Por tanto, “si vivimos la experiencia de encuentro con Él, nuestra palabra será portadora de fuerza, de alegría, de seguridad, de sinceridad, de esperanza; nuestra palabra estará al servicio de la Palabra y será transparencia de la Palabra”. “¡Hemos de ser ocasión de encuentro con Cristo para aquellas personas que se crucen en nuestro camino! La responsabilidad de la misión es grande, y nosotros somos pequeños y frágiles”.

 

 

 

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Homilía del arzobispo de Sevilla en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María (15-08-2022)

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Homilía del arzobispo de Sevilla en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María (15-08-2022)

Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses. Fiesta de la Virgen de los Reyes. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Catedral de Sevilla, 15-08-2022

Salutaciones

Celebramos la fiesta de Ntra. Sra. de los Reyes, patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Hoy contemplamos de manera especial la victoria de Cristo Jesús, el Señor Resucitado, y la victoria de la Virgen María, que es elevada en cuerpo y alma al cielo. También es nuestra victoria, porque del triunfo de Cristo y de su Madre participa la Iglesia, pueblo que peregrina hacia la patria celestial construyendo el Reino de Dios en la tierra.

Decíamos el primer día de la novena que sería como un camino que iríamos recorriendo de la mano de María, en la escuela de María. Hemos ido reflexionando sobre diferentes aspectos de la persona y la misión de nuestra santísima Madre. Hoy la contemplamos asunta al cielo: primicia de la Iglesia, glorificada, consuelo y esperanza de sus hijos, peregrinos en la tierra, en camino hacia la casa del Padre, llamados a vivir plenamente como hijos suyos, y enviados por el mundo a anunciar la Buena Nueva del Evangelio.

Jesús resucitado se apareció a los Apóstoles y les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, y les anunció que recibirían la fuerza del Espíritu Santo y que serían sus testigos hasta el confín de la tierra (cf. Hch 1,3-10). El apóstol es un testigo enviado que anuncia lo que ha visto y oído, lo que ha experimentado. Anunciar el evangelio no es comunicar ideas propias ni relatar meros acontecimientos. Es proclamar la salvación de Dios, que penetra de tal modo en el corazón, que acaba transformando la historia personal y la historia de la humanidad. Es anunciar el Reino de Dios, que hace nuevas todas las cosas.

Cada día comienza la Novena con el rezo del Santo Rosario, y en las letanías invocamos a María como Reina de los Apóstoles. Esta invocación nos ayuda a comprender que la Virgen santísima está presente en nuestra vida cotidiana. Su apostolado es único: ser la Madre de Dios. Ella engendró y dio a Cristo al mundo, y lo presentó a José, a los pastores y a los magos. María nos dio a Jesús. Los Apóstoles fueron elegidos para predicar al mundo el Evangelio, la divina palabra. María fue escogida para traer a la tierra la Palabra eterna del Padre.

Nosotros hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio a nuestros contemporáneos del siglo XXI. Vivimos íntimamente unidos y solidarios con la familia humana, compartimos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, tal como destacó con lucidez el Concilio Vaticano II[1]. Por eso también nos preocupa esta pertinaz sequía, las restricciones energéticas, la pandemia y sus secuelas, la cronificación de la pobreza en algunos de nuestros barrios, o el paro juvenil; y en un nivel global nos preocupa el hambre en el mundo, la desigualdad, la contaminación, la guerra en Ucrania y los conflictos armados en todo el mundo, o la creciente rivalidad estratégica entre las grandes potencias, que al final acaba perjudicando siempre a los más débiles.

La evangelización es el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada persona y a la humanidad entera en el momento presente, en el que conoce grandes conquistas técnicas y científicas, pero ha perdido el sentido último de la vida. Sólo desde Cristo el ser humano puede comprenderse a sí mismo y encontrar el sentido de la existencia. Somos conscientes de que en nuestros ambientes hay muchas personas que viven con intensidad su fe, y también encontramos cada vez más hombres y mujeres en cuyas existencias la fe no ocupa un lugar relevante, o no se plantean necesidad alguna de ser salvados. ¿Cómo evangelizar a quien se ha apartado de la vida de fe o no tiene inquietud religiosa alguna? Sin duda Nuestra Señora de los Reyes nos ayudará a descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes, alejados o indiferentes.

Estos puntos de encuentro no están lejos de las aspiraciones profundas de nuestros contemporáneos, que coinciden en buena parte con las de los hombres y las mujeres de todas las épocas. El ser humano, a lo largo de la historia, ha buscado la verdad, el sentido de las cosas, y sobre todo el sentido de su vida. En todas las culturas encontramos las preguntas fundamentales sobre la propia identidad, sobre el origen y el final de la vida, sobre el mal y la muerte, sobre el más allá. Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente, y está muy próximo a Dios, que es la Verdad; de la misma manera, quien busca el amor y el bien, está próximo a Dios, que es Amor. Esta es la experiencia de Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la Cruz[2].

También es evidente que el corazón humano tiende a una felicidad plena, y se entrega con ilusión a proyectos y actividades esperando saciar su sed de felicidad. Pero una vez y otra experimenta la insatisfacción y un vacío interior que los bienes materiales no pueden llenar. El hombre necesita razones para vivir, para entregarse, para dar lo mejor de sí mismo. Este ser humano que busca la felicidad, busca a Dios. La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios. Este deseo natural está inscrito en el corazón del hombre porque el hombre ha sido creado por Dios y para él. Por eso, sólo Dios puede saciar su sed de trascendencia, sólo en él puede encontrar la felicidad plena que anhela su corazón. Así lo descubrió san Agustín tras una larga búsqueda: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti»[3].

El Señor nos envía a ser sus testigos en medio del mundo, más aún, en medio de nuestro pequeño mundo, de nuestro entorno concreto. Si vivimos la experiencia de encuentro con Él, nuestra palabra será portadora de fuerza, de alegría, de seguridad, de sinceridad, de esperanza; nuestra palabra estará al servicio de la Palabra y será transparencia de la Palabra. ¡Hemos de ser ocasión de encuentro con Cristo para aquellas personas que se crucen en nuestro camino! La responsabilidad de la misión es grande, y nosotros somos pequeños y frágiles.

Pero no estamos solos: Nuestra Señora de los Reyes acompaña los trabajos apostólicos de sus hijos, de cada uno de nosotros. Si en la mañana de Pentecostés presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo, ella es la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia debe realizar, sobre todo en estos tiempos tan difíciles como llenos de esperanza[4]. María sigue intercediendo como Madre en favor de los hombres. Hoy intercede por tantos hijos suyos para que encuentren la fe, para que llenen de sentido sus vidas, para que descubran la auténtica felicidad; hoy intercede para que sigamos luchando, sin desfallecer, en la construcción de un mundo mejor, por la paz y el bien común, por la justicia y la verdad, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, comenzando por nuestra Sevilla y sus barrios, por nuestra provincia, que se acoge bajo su patrocinio, por el mundo entero.

La Virgen de los Reyes, asunta al cielo, es Madre de la esperanza. Ella nos ayuda a interpretar los acontecimientos del mundo y de la vida a la luz de la fe, bajo la luz de su Hijo Jesús. Vivimos una época tan difícil como apasionante. Tiempo para la misión, para proponer de nuevo a Jesucristo en el centro de la vida. Nuestra Señora de los Reyes congregó a los discípulos e hizo posible la irrupción misionera en Pentecostés. Ella nos enseña a ser profundamente contemplativos, y nos ayuda a entregarnos sin reservas en la misión evangelizadora, audaces para encontrar caminos nuevos en el anuncio de Cristo. Así sea.

[1] Cf. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes 1.
[2] Cf. EDITH STEIN, Ser Finito y Ser Eterno, México, 1996.
[3] SAN AGUSTÍN, Confesiones, I, 1.
[4] Cf. SAN PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi  n. 82.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla 

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Fiesta de Candelaria, en el Día de la Asunción de María

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Miles han sido los peregrinos que se han acercado a Candelaria para reencontrarse con su Virgen morenita después de dos años de restricciones debido a la pandemia, informa el Ayuntamiento. El goteo de peregrinos que se inició este viernes se vio incrementado en las primeras horas de este domingo, 14 de agosto, para luego descender paulatinamente hasta la llegada de la tarde cuando Candelaria se convirtió en el punto de encuentro de toda Canarias

Por la tarde, se celebró la tradicional Ceremonia Guanche en la Plaza de la Patrona de Canarias donde el Colectivo de los Guanches de Candelaria interpretaron el hallazgo de la Virgen, según la adaptación de la obra de Alonso de Espinosa con la narración del acto José Luis de Madariaga. Tras la representación tuvo lugar la Procesión Nocturna.

DÍA 15. 

En cuanto a los actos religiosos para el día de la Asunción, serán:

Basílica de Candelaria, Eucaristía a las 5.00, 6.00, 7.00, 8.00, 12.00 y 18.00 h. Santo Rosario a las 17.15 h.

👉12.00 h. Solemne Eucaristía presidida por el obispo Álvarez. Transmitida en directo por La 2 de TVE en Canarias, TV Canaria, Cope Canarias y Candelaria Radio.
A su término, procesión con la Imagen de la Virgen.

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Homilía de mons. José Ángel Saiz en el último día de la novena a la Virgen de los Reyes (14-08-2022)

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Homilía de mons. José Ángel Saiz en el último día de la novena a la Virgen de los Reyes (14-08-2022)

Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora.  María, Madre de la unidad

 Saludos. Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Señor Deán Presidente y miembros del Cabildo Catedral; sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada; Asociación Virgen de los Reyes y San Fernando; hermanos y hermanas presentes, y también un cordial saludo a quienes estáis participando en la Novena a través del canal youtube de la Catedral. Día noveno y último de nuestra Novena, en esta tarde en que celebramos ya la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.

Después de la Ascensión de Jesús al cielo, los apóstoles «perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos» (Hch 1,14). A la espera de Pentecostés, la Madre de Jesús está presente en los primeros pasos de la Iglesia. Ella recuerda a los discípulos el rostro de Jesús, es la memoria viva del Maestro, la Madre cercana y paciente que les explica las maravillas que Dios obró en ella, y que comparte el tesoro de tantos detalles y enseñanzas de Jesús, de tantos recuerdos. Desde el principio ejerce de Madre de la Iglesia ayudándoles a permanecer unidos y a prepararse para recibir el Espíritu Santo. Veinte siglos después, nos seguimos encomendando a ella para que nos ayude a llegar a la unidad plena. Así como la presencia de María mantenía unidos a los apóstoles, del mismo modo le encomendamos hoy la comunión plena entre los creyentes en Cristo.

Una de las características fundamentales del Concilio Vaticano II es la eclesiología de comunión. Al centrar la teología del misterio de la Iglesia en la noción de comunión, el Concilio ha reavivado un pensamiento perenne en la tradición cristiana. San Juan Pablo II recogió el legado del Concilio y del postconcilio, y al iniciar el tercer milenio, en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio[1].

La comunión se vive a través de una triple mirada: a la Trinidad Santísima, fuente y origen; a la Iglesia, familia de la que formamos parte; y, en tercer lugar, a sus personas, estructuras, y misión evangelizadora. El misterio de la Santísima Trinidad es el centro de nuestra fe. Es un misterio que sobrepasa las posibilidades humanas de comprensión, pero Dios mismo ha salido al encuentro del ser humano para revelarse, para darse a conocer a través de gestos y palabras como Padre, Hijo y Espíritu Santo, Unidad en la Trinidad, comunión eterna de amor y vida, inefable comunión de Personas.

Dios Padre es el Principio de todo, es el Eterno, la Vida, la Misericordia misma, el Santo; pero no encerrado en sí mismo, sino que se abre infinitamente a su Hijo eterno, que nos ha hecho partícipes de su condición de Amado del Padre. Esta realidad significa que el ser humano es divinizado, porque participa de la vida del Padre. La buena nueva del Evangelio consiste en que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, habita en nosotros como en un templo, y actúa en nuestra vida. Es la tercera Persona de la Santísima Trinidad.

La comunión se vive desde la conciencia de Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. La imagen del cuerpo expresa la solidaridad entre los miembros, la necesidad de que cada miembro cumpla su misión específica, la cooperación imprescindible dentro de la unidad del conjunto buscando el bien común. La espiritualidad de comunión comporta ofrecer al hermano una verdadera amistad, que será más fuerte desde la unión mutua en Cristo

Eso significa ver, acoger y valorar lo que hay de positivo en el otro, como un regalo de Dios para mí. Se trata de estar atentos los unos a los otros, de tomar conciencia de los demás, porque estamos llamados a vivir en fraternidad. Mirar a cada persona concreta como nos imaginamos que la mira Dios. La mirada de Jesús a Zaqueo reavivó su esperanza, y le llevó a la conversión del corazón. A Pedro fue una mirada dolorida, pero sobre todo compasiva, una llamada a levantarse. Para la mujer sorprendida en adulterio significó devolverle su dignidad. La mirada desde la cruz fue de entrega total, de amor y de perdón.

La comunión lleva a dar espacio al hermano, a llevar la carga de los otros y rechazar las tentaciones egoístas. Dar espacio al otro significa aceptarlo como es, situarse ante él con la palabra y la acción oportunas en cada momento. Comporta también respetar su forma de ser y apoyarle siempre; respetar su libertad y no intentar controlarle; escuchar y ponerse en su lugar para comprender y evitar juicios. Implica, además, no excluir a nadie en función de simpatías y antipatías, de filias y fobias. Es un camino que requiere espíritu de servicio y de sacrificio, y para ello hay que poner en práctica el diálogo y el discernimiento. Llevar mutuamente la carga significa construir el edifico de la caridad rechazando todo tipo de egoísmo, y ser muy conscientes de que quien mantiene todo el peso del edificio es Cristo.

La Archidiócesis, las parroquias, realidades eclesiales, movimientos, hermandades, comunidades religiosas, etc., todos estamos llamados a ser, en el seno de la Iglesia, casa y escuela de comunión, de santidad y de apostolado. Cada diocesano ha de vivir la comunión en su relación con los demás, y del mismo espíritu se han de impregnar todos los ámbitos y estructuras. Las estructuras de servicio y los ámbitos de comunión han de facilitar verdaderamente las relaciones personales en clima de comunión eclesial. Nos ayudarán en todo momento la oración, el diálogo y el discernimiento, desde una actitud de escucha por parte de todos.

Ahora bien, es preciso que tengamos la conciencia clara de que se trata de una gracia de Dios que hemos de pedir con humildad de corazón. No consiste en un proyecto o estrategia cuyo fruto dependa de nosotros; es, sobre todo, un don de Dios, al que hemos de aportar nuestra humilde colaboración. Llegar a esa conciencia sólo es posible desde una vida teologal, de fe, esperanza y caridad, que se sustenta en la oración, en la Palabra de Dios y en los Sacramentos, y en la humildad. También se necesita una clara y viva conciencia de pertenencia a la Iglesia. Amar a la Iglesia y defenderla en todo momento. Vivir una amistad profunda y verdadera, compartiendo alegrías y penas, ilusiones y necesidades, oración, formación y trabajos apostólicos. En definitiva, compartir la vida entera.

Familia diocesana de Sevilla: En el próximo curso comenzaremos un nuevo Plan Pastoral para los próximos cinco años. En Sevilla hay muchas energías espirituales, mucha gracia de Dios, mucho amor a Cristo y a María Santísima, mucha fuerza pastoral. Pero hemos de trabajar muy unidos. Si somos capaces de vivir en comunión con Dios, en comunión y sinodalidad eclesial, Dios hará grandes maravillas a pesar de nuestra pobreza y pequeñez. Es imprescindible que tomemos a María, Nuestra Señora de los Reyes, como Madre y Maestra de unidad. Ella mantuvo unánimes a los apóstoles en la Iglesia naciente y nos enseña a vivir en comunión con Dios y en comunión fraterna para dar un fruto abundante y duradero. Aquí y ahora se lo pedimos con fe: Virgen de los Reyes, Madre nuestra, nos encomendamos a ti y te pedimos que nos mantengas unidos para que nuestro trabajo pastoral tenga toda la eficacia que el Señor nos quiere conceder. Así sea.

[1] Cf. SAN JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, 43.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla 

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en Lengua de Signos Española

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en Lengua de Signos Española

Evangelio de Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María en Lengua de Signos Española (Lucas 1, 39-56).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

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