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Granada reza por el descanso eterno de Benedicto XVI

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La Catedral durante la misa exequial por Benedicto XVI.

Misa exequial por el alma del Papa emérito, celebrada en la S.I Catedral el 3 de enero, presidida por ambos arzobispos.

El pueblo cristiano de Granada rezó por el alma de Benedicto XVI durante su participación en la misa exequial celebrada el 3 de enero en la S.I Catedral, presidida por los arzobispos D. Javier Martínez y coadjutor D. José María Gil Tamayo. El pueblo de Dios granadino se unía así a la Iglesia universal, que reza por el descanso eterno Benedicto XVI, y cuyo funeral en Roma tendrá lugar el 5 de enero y recibirá sepultura en la Gruta de la Basílica de San Pedro.

Junto a ellos concelebraron un grupo de sacerdotes diocesanos, entre ellos los miembros de los Cabildos catedralicio, Capilla Real y Abadía del Sacromonte. Precisamente, fue Benedicto XVI, siendo cardenal Josep Ratzinger Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, quien devolvió en junio del año 2000 los libros plúmbeos a la Abadía, donde hasta entonces habían estado depositados en Roma durante más de tres siglos.

UN MAGISTERIO QUE DESBORDA
En su homilía, el arzobispo D. Javier recordaba el gran y fecundo magisterio que ha dejado Benedicto XVI “que desborda su propio ministerio como Sucesor de Pedro”. En un recorrido por sus cuatro encíclicas, D. Javier compartía con los fieles las claves del ministerio de Benedicto XVI, así como de su etapa siendo cardenal Josep Ratzinger: el amor a Dios, la esperanza en Dios, y la belleza, “como camino para llegar a Dios”, puesto que –como recordaba D. Javier- además de Sumo Bien y Suma Verdad, Dios es Suma Belleza. (Homilía D. Javier Martínez, en la misa exequial por Benedicto XVI en Granada).

Nuestro arzobispo D. Javier subrayaba también que, para los cristianos, con el fallecimiento de una persona, en este caso Benedicto XVI, “no perdemos nada”, sino que están más cerca de nosotros guiándonos e intercediendo. “La muerte no rompe los lazos que unen a los miembros del Cuerpo de Cristo. La muerte no rompe los miembros del Cuerpo de Cristo. Y por lo tanto, en esa unión de la que participamos, por nuestro bautismo y desde nuestro bautismo, estamos todos y no nos falta nadie. Y ciertamente, no nos va a faltar la intercesión, la ayuda de Benedicto XVI”, señaló.

En este sentido, D. Javier expresaba su convicción de la santidad del Papa emérito, y que oficialmente sea “pronto” reconocida por la Iglesia, en línea de alguna manera con lo que el pueblo cristiano ha venido expresando de forma espontánea estos días de “santo súbito”, para Benedicto XVI. “No sé si será súbito, porque la Iglesia no quiere (y menos con los Papas) ahorrarse nada del trabajo que supone un proceso de beatificación. Pero, yo estoy convencido de que es santo. Y espero, muy pronto, de que le podamos, oficialmente, dar culto y pedir su intercesión. Y por la Iglesia, que, en este momento, tan turbulento del mundo necesita la luz de Dios, necesita la guía de nuestros pastores, necesitamos la guía de nuestros pastores. Que no nos faltarán, porque Dios da a la Iglesia siempre lo que más conviene”, explicó D. Javier Martínez.

La misa exequial en la Catedral se suma a los sufragios y oraciones que por el eterno descanso del Papa emérito se han venido celebrando en la Diócesis, tal y como pedían ambos arzobispos en la Nota difundida la misma mañana del fallecimiento de Benedicto, el pasado 3 de enero (Ver Nota). A ello se sumaron también la oración por el Papa emérito que los presbíteros incluyeron en la memoria de los difuntos de la plegaria eucarística en todas las misas desde entonces.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

 

 

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La familia, cuna de educación al amor

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Contemplando el misterio de la Navidad, aparece inmediatamente la realidad de la familia humana, en cuyo seno ha nacido y se ha criado el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo. En torno al Niño está su Madre, la que le ha traído a este mundo, dándole su carne y sangre. Y junto a los dos está José, padre no biológico, pero ciertamente padre en el pleno sentido de la palabra. Jesucristo ha santificado esta preciosa realidad de la familia humana, donde todos los vínculos de amor ayudan a nacer, crecer y madurar el amor como vocación y destino del hombre.

Ciertamente, en el seno de una familia todos hemos venido al mundo por el amor de nuestros padres, que nos han engendrado, nos han acogido con amor y han cuidado de nosotros para llevarnos a la madurez de la vida. Cuando un niño crece satisfecho afectivamente, su psicología se desenvuelve sana y aprende a amar, como algo connatural a su propio desarrollo. Cuando, por el contrario, los egoísmos de los padres se cruzan, quien sale perdiendo siempre es el hijo. Generar un nido de amor, que cada día va tejiendo las relaciones en tono de donación y de ofrenda, hace que ese hogar sea un lugar apropiado para el crecimiento humano en todas sus dimensiones.

En la familia se aprende a amar, se descubre el amor de Dios que está en el origen de todo, se aprende a conocer a Jesucristo que nos ha amado hasta el extremo, se descubre el cariño maternal de María, nuestra madre. En la familia uno aprende a servir por amor, a no estar pendiente solo de sí mismo, sino entregado a hacer la vida más agradable a los demás. En la familia uno descubre su vocación al amor en el ejercicio cotidiano del mismo y en el despertar de una vida entregada a Dios y a los demás en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio.

Damos gracias a Dios por nuestra familia, la familia de origen en la que hemos nacido y crecido, y la familia que hemos constituido, según la vocación a la que cada uno ha sido llamado. Y pongamos nuestras mejores energías al servicio de la familia, que sufre una fuerte erosión en la sociedad actual.

Se ha generalizado una mentalidad antinatalista y antivida, por la que los hijos en lugar de recibirlos como un don de Dios se convierten en un producto humano, regulable a capricho del consumidor. En las fecundaciones in vitro se fecundan y se eliminan embriones como un simple material genético, que no tiene en cuenta la persona que ha sido engendrada en cada uno de ellos. Se han generalizado los métodos anticonceptivos para usar y abusar de la sexualidad a capricho, eliminando su sentido procreativo responsable. En el final de la vida o cuando esa vida es dependiente, se tiende a eliminarla en lugar de mimarla con toda la ternura que merece. El egoísmo que consume lo que le apetece y descarta lo que le estorba ha llegado a traspasar la línea del respeto a la persona.

Fijemos nuestra mirada en la familia de Nazaret, la Sagrada Familia. El Hijo es amado por sí mismo, y esto le ayuda a crecer. El esposo y padre tiene la función de transmitir fortaleza, seguridad, cobertura y capacidad creativa. La esposa y madre tiene la función de envolver con su ternura a todos los de la casa, de enjugar las lágrimas, de aportar un calor que sólo puede ofrecer un regazo materno. La cultura contemporánea que llega a plasmarse en ley, pretende en aras de una igualdad destructiva borrar todas las diferencias enriquecedoras y complementarias que tiene una convivencia familiar, que responde al plan de Dios sobre el matrimonio, la familia y la vida. “Vio Dios lo que había hecho, y era muy bueno”, nos recuerdan las primeras páginas de la Biblia. No lo estropeemos con el pretexto de ampliar derechos. Alejarnos del plan de Dios va contra el hombre, convirtiéndole en un monstruo de la manipulación humana, que tiene a su servicio los avances de la tecnología y de la biomedicina.

El domingo 8 de enero, dado el calendario de este año, celebraremos la fiesta de la familia y de la vida, las bodas de plata y oro de tantos matrimonios, la acción de gracias a Dios por nuestras familias. Hagamos que nuestras familias sean lugar privilegiado para educar en el amor, fortalezcamos los lazos familiares, no dejemos que nos roben la familia.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

“El magisterio de Benedicto XVI desborda su propio ministerio como Sucesor de Pedro”

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Homilía de D Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la misa exequial por Benedicto XVI celebrada en la Archidiócesis, en la S.I Catedral, el 3 de enero de 2023.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, pueblo santo de Dios;

muy querido hermano José María, que has querido que en esta Eucaristía predicase yo a este pueblo al que tanto amo (si se me quiebra la voz, paciencia. No es más que una expresión de la intensidad que tiene el momento que el Señor nos da a vivir, que es precioso);

queridos sacerdotes concelebrantes;

religiosas, religiosos, fieles laicos;

todos los que formamos esta realidad bellísima –me habéis oído decir muchas veces: la más bella que hay en la tierra, pese a todos nuestros pecados, mezquindades y miserias: la Iglesia, Esposa y Cuerpo de Jesucristo-:

Lo primero que quiero decir es que no estamos haciendo un homenaje del tipo que se podría hacer en el mundo secular a una figura grande. No estamos haciendo un acto en memoria de un gran maestro, de una gran persona e incluso de una persona llena de virtudes como, ciertamente, podemos decir que es Benedicto XVI (que será para siempre Benedicto XVI). No. Estamos celebrando una Eucaristía. Y la Eucaristía si significa algo, significa que Cristo está vivo, y que en Cristo vivo, vivimos todos aquellos que formamos el Cuerpo de Cristo. Cuando teníamos los catecismos pequeños, el Cuerpo de Cristo tenía la Iglesia militante, la Iglesia purgante, la Iglesia triunfante… Pero la Iglesia no la rompe la muerte. Me dolía a mi estos días el oír en algunos medios “hemos perdido a un Papa magnífico”, “hemos perdido a un gran intelectual”. No hemos perdido nada. Los cristianos no perdemos nunca nada, ni a nadie. Y Benedicto XVI, al revés: podrá interceder, acompañar, guiar a la Iglesia mil veces mejor, junto al Señor, que la unión que podía tener aquí en la tierra. Y sabemos que esa unión ha sido grande. En los últimos años. Seguramente, estos años de oración y de lectura. Decía él que qué iba a hacer ahora cuando se retire. Y decía: “leer y rezar”. Y al final, que ya no podía leer, sólo rezar y ofrecer. La fecundidad de estos años puede, a los ojos de Dios, ser más grande que todas sus obras; que todo su magisterio. Y mira que ese magisterio es grande, hermoso, inmenso, y es verdad que permanece para nosotros, pero permanece él.

 

Porque, repito, y ésta es una verdad que todos los cristianos deberíamos recordar muchas veces, porque no vale sólo para Benedicto XVI: la muerte no rompe los lazos que unen a los miembros del Cuerpo de Cristo. La muerte no rompe los miembros del Cuerpo de Cristo. Y por lo tanto, en esa unión de la que participamos, por nuestro bautismo y desde nuestro bautismo, estamos todos y no nos falta nadie. Y ciertamente, no nos va a faltar la intercesión, la ayuda de Benedicto XVI. Eso no quiere decir que acudamos a sus obras en busca de enseñanza. “Permaneced –decía la Primera Lectura en el Evangelio- en la enseñanza que vuestros guías os han transmitido”. Claro que sí. Tenemos enseñanza para nuestra vida, para muchas décadas. Es verdad que es un maestro. Cuando oigo decir que es un gran intelectual, a veces pienso que decimos eso cuando queremos poner una etiqueta y ya no nos tenemos que preocupar de él, es decir, ya no tenemos ninguna necesidad de leer sus obras, porque es un gran intelectual. Pasa eso con muchas personas. Le ha pasado también a Juan Pablo II. Era un hombre con una gran formación filosófica. De hecho, lo hacemos con los santos. Bernanos, una de las figuras a quien Benedicto XVI tenía devoción, y a través de De Lubac, decía que hacemos con los santos lo que unos soldados italianos en la guerra civil hacían en la trinchera, y es que el capitán les decía “ánimo, adelante, al ataque”; y ellos se ponían a aplaudir al capitán y ninguno se movía de la trinchera. Decía: “A los santos, en lugar de seguirlos, los aplaudimos”. Pero, aplaudir a los santos, como declarar que Benedicto XVI es un gran intelectual,  es una excusa para no leerlo, es una excusa para no seguirles. No se trata de aplaudir a los santos. Se trata de seguirlos, pobremente. Cada uno desde nuestra pobreza. Yo conozco la mía. Y sé de la santidad de muchas personas en el Pueblo santo de Dios, que nunca saldrá en la prensa, que nunca será canonizada, oficialmente, y que, sin embargo, forman el Pueblo santo de Dios, el Cuerpo de Cristo, aquellos a través de los cuales uno toca a Cristo en su humanidad. O como dice el Papa Francisco, “el santo de la puerta de al lado”.

 

Mis queridos hermanos, es verdad que tenemos un magisterio inmenso. Voy a señalar unos poquitos puntos. Porque el magisterio de Benedicto XVI desborda su propio ministerio como Sucesor de Pedro. Él escribió la última Encíclica de Juan Pablo II, “Ecclesia de Eucharistia”. Rebosa por todas partes la enseñanza y el estilo de Joseph Ratzinger, todavía, en aquel 2003, cuando Juan Pablo II ya no estaba prácticamente en condiciones de escribir propiamente una encíclica. Y su última encíclica “La luz de la fe”, el Papa Francisco la ha firmado porque quería que esa encíclica saliera. Ya no la podía firmar Benedicto XVI, porque había renunciado a su ministerio. Pero el mismo Papa Francisco dice “esta encíclica yo no he hecho más que poner mi firma a un texto que tenía preparado prácticamente Benedicto XVI”. Por lo tanto, su magisterio desborda, por delante y por atrás.

 

“Ecclesia de Eucharistia”. Recuperar el sentido de la Eucaristía es recuperar la fe en Jesucristo como centro y corazón del credo cristiano. “La fe cristiana no es –decía él en su primera encíclica- una serie de creencias, no es una serie de principios morales. Es el encuentro con una Persona viva: Jesucristo, que vive hoy, que está vivo hoy, y con el cual nos encontramos y tiene el poder de transformar nuestra vida”. Tiene el poder de cambiarnos de ser meras criaturas, que pasan por este mundo y desaparecen, a ser hijos de Dios, herederos del Reino de Cristo, hijos de Nuestro Padre, hermanos de Jesucristo, de una pléyade de santos. Y uno puede sentir orgullo, muy diferente del orgullo que es pecado, el orgullo de ser hijo de la Iglesia. Orgullo de ser parte de este Pueblo, de ser parte de este Cuerpo, que es el Cuerpo de Cristo, la única esperanza del mundo. Descubrir la inmensidad de Dios, poner delante de nuestro ojos la inmensidad de Dios ha sido una de las tareas del Papa Benedicto; ayudarnos a que renunciemos a ideas recortadas de Dios, como si Dios fuera un ser que nos imaginamos fuera de la Creación, fuera del cosmos, fuera del mundo. Dios es más grande, siempre más grande.

 

Y Dios es el Sumo Bien, la Suma Verdad. Pero también la Suma Belleza. Y el Papa Benedicto ha insistido en esa dimensión de Dios que hemos perdido muchas veces los cristianos. Es curioso que cuando él renuncia al pontificado y se retira al monasterio, no le habían trasladado todavía su biblioteca y él era muy cuidadoso con su biblioteca, sabía muy bien dónde estaban los libros que él quería leer y sus preferidos, y él era muy ordenado en eso; y sólo se llevó un libro. Curiosamente, el libro que se llevó fue “La estética teológica”, de Von Balthasar, uno de sus maestros. Él ha sido el que ha insistido en el camino de la belleza como camino para Dios. Porque Dios es la Suma Belleza. Y haber perdido –eso era lo que decía Von Balthasar- “la tercera parte de Dios”… no se puede hablar de “partes de Dios”, pero si Dios es el Sumo Bien, la Suma Verdad y la Suma Belleza, prescindir de la belleza en la vida cristiana…, pero no sólo la belleza del arte, es la belleza de la vida humana tal como el Señor nos la da a vivir, es la belleza de las relaciones humanas cuando están construidas sobre Jesucristo. Es la belleza como algo que participa siempre de Dios. Haber perdido eso es haber perdido una de las potencias grandes que tiene el Evangelio de atraer el corazón del hombre, y por lo tanto, de evangelizar. Porque el hombre está hecho para la belleza; el corazón humano está hecho para la belleza. Y Dios es la Suma Belleza. Habernos recordado eso, recordarnos eso, tenemos necesidad de ello. Nuestra liturgia, nuestros cantos, nuestras relaciones humanas. Si son relaciones de comunión; si son relaciones en Cristo, serán relaciones bellas, serán relaciones de hermanos, pero de hermanos que se aman verdaderamente; de hermanos que buscan juntos encontrarse de un modo pleno en Dios.

 

Otro punto firme y grande del magisterio de Benedicto XVI: Dios no le quita nada al hombre. El Dios verdadero no es un adversario del hombre. De ahí la pobreza del ateísmo, que es muy difícil vivir en el ateísmo. La pobreza de quien piensa que Dios es una imagen recortada de Dios; de que Dios no tiene nada que ver con la vida humana, no tiene nada que decir en la vida humana. Eso no sólo empobrece a Dios. Empobrece al hombre. Nos empobrece a nosotros. Nos empequeñece a nosotros. Porque al acercarnos a Dios, Dios quiere nuestra grandeza. “Engrandece mi alma al Señor –decía la Virgen-, porque se ha fijado en la humildad, en la pequeñez de su esclava”. Cuando nos acercamos a Cristo, crecemos. Cuando nos alejamos de Cristo, cuando nos alejamos de Dios, nos volvemos más pequeños, más mezquinos, nuestra vida se empequeñece, la vida se hace insoportable, la esperanza se acaba. La esperanza se acaba. Y el amor se vuelve mezquino, calculador, torpe, hecho de intereses más que de verdadera gratuidad, como es el amor de Dios. Lo dijo en su primera homilía. No se me olvidará aquella primera homilía de inauguración de su ministerio, cuando él dijo, gritando casi (a pesar de que su voz y la humildad de su carácter y de su temperamento no era dada a los gritos, como lo era aquella potencia que tenía Juan Pablo II al principio de su ministerio): “Jesucristo no nos quita nada”. Darnos a Cristo es la posibilidad de ser plenamente humanos, de alcanzar la plenitud de nuestra humanidad. Nos da a nosotros mismos. Nos permite recuperarnos a nosotros mismos. Nos permite ser plenamente nosotros mismos.

 

No quiero dejar de señalar que sus cuatro encíclicas (dos de ellas dedicadas al amor) están destinadas a la novedad de la vida en Cristo. Es decir, cuando uno se encuentra con Cristo, ¿qué es lo que sucede en nuestra vida? Pues, sucede en nuestra vida que crece nuestra humanidad, crece nuestra razón, crece nuestra capacidad, no porque sepamos más cosas acerca del átomo, o acerca del ADN, o acerca de cosas de este mundo; pero crece nuestra inteligencia del mundo, de la vida, de nosotros mismos, de nuestro destino, de nuestra realidad. La fe no está en contraposición con la razón, sino todo lo contrario. La razón se desarrolla en plenitud cuando se abre al Misterio infinito de Dios, del Dios que es Amor. Crece nuestra humanidad en libertad. Porque Dios es el Sumo Bien. Y la plena libertad no consiste, como se nos vende en esta cultura del vacío, en hacer lo que a uno le dé la gana. La verdadera libertad es poder adherirse libremente al bien que reconocemos. Y el Bien Sumo es Dios. Por lo tanto, junto a Dios, somos más libres. Nuestra libertad resplandece. Ya quisiéramos tener algo de la libertad de los mártires, de la libertad de tantos santos que han gastado su vida atendiendo a los más necesitados o a los más pobres. Miles y miles de santos, públicos y no públicos, que han dado su vida en un gesto de amor. Ese amor es la verdadera libertad, es el cumplimiento de nuestra libertad humana, la plenitud de nuestra libertad, el poder darnos. Sólo quien es libre puede darse. Quien no es libre, no dispone de sí mismo para darse. Y al revés, será absorbido, será devorado por alguno de los ídolos de este mundo: el poder, el dinero, la lujuria. Pero los ídolos nos devoran. Sólo Dios, sólo Jesucristo nos hace libres. Por lo tanto, crecemos acercándonos a Dios. En Jesucristo, crecemos en libertad. Y crecemos en amor. Qué difícil es. Pensamos que el amor es un sentimiento, que es una cosa banal. Eso es el amor superficial. Llamamos amor a muchas cosas que no son amor. Dios es Amor. Y acercarse a Dios es acercarse a un amor sin límites. Y abrirse a Dios, abrirse a Jesucristo, es abrirse a un amor sin límites. Y la experiencia de ese amor es la que está destinada a transformar el mundo. Sólo el amor transforma el mundo. Sólo un amor que se parezca al de Dios. Y que, porque se parece al de Dios, corresponde profundamente al anhelo de nuestro corazón. Porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. No por nuestra inteligencia, sólo ni principalmente, sino porque somos capaces de amar, capaces de darnos. Y cuando acogemos el amor de Dios, esa capacidad florece y se desarrolla y se multiplica, y alcanza una plenitud y una alegría que no es capaz de vender este mundo, que no es capaz de darnos este mundo, porque este mundo no es capaz de producir una alegría verdadera. Y de esa alegría y de ese amor nace la esperanza.

 

Quisiera recordar esa encíclica, tal vez más olvidada que la de “Dios es Amor” o “El amor en la verdad”, de Benedicto XVI: “Salvados en la esperanza”. Estamos ya salvados, en una esperanza que no defrauda. La esperanza del consumo, la esperanza de los bienes de este mundo, la esperanza incluso del amor de este mundo si está cerrado en sí mismo, defrauda siempre, porque le pedimos a los seres humanos o a las cosas de este mundo algo que no nos puede dar más que Dios, que es un amor gratuito y sin límites. Pero la esperanza no defrauda cuando uno ha experimentado… el Santo Padre Benedicto citaba una frase de Péguy, que era otro de sus humildes maestros, que “para tener esperanza, es necesario haber sido objeto de una gran Gracia”, es necesario haber experimentado una gran Gracia. Y la gran Gracia de haber conocido a Jesucristo hace posible la esperanza. Y la esperanza es el bien más escaso de este mundo. Es lo único que no podemos comprar para regalar en Reyes. No. La esperanza es un don de Dios. La esperanza es una forma de la vida divina. El Hijo está lleno de esperanza. ¿Y sabéis por qué espera? Porque nos ama. Él conoce el amor infinito del Padre y conoce nuestra necesidad. Y nos ama y nos amará sin límites. Y por eso, su esperanza no decae jamás. Y la esperanza que participa de la esperanza de Cristo no decae jamás.

 

Que el Señor nos conceda en este mundo tan escaso de esperanza, tan lleno de falsificaciones de la esperanza, tan lleno de sucedáneos de la esperanza, nos conceda esa esperanza de 24 quilates que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. A ese Amor encomendamos la figura de Benedicto XVI. A ese Amor encomendamos al Papa Francisco. Y a ese Amor nos encomendamos nosotros. Y os aseguro que la esperanza no defrauda. No defrauda jamás, porque es de Dios. Y es una participación –la esperanza teologal- en la vida misma de Dios, que espera para nosotros lo mejor, justo porque nos ama.

 

Damos gracias por el Papa Benedicto. Pedimos que el Señor lo haya acogido entre los santos. Vosotros sabéis que la Congregación de los Santos no hace santos; lo que hace es declarar lo que el pueblo cristiano vive. Y es clarísimo que el pueblo cristiano, sólo con lo que hemos visto estos días, reconoce la santidad grande, la humildad, reconoce el magisterio, reconoce la grandeza del Papa Benedicto, como reconoció la de Juan Pablo II. Yo ya he oído decir muchas veces estos días lo de “santo súbito”. No sé si será súbito, porque la Iglesia no quiere (y menos con los Papas) ahorrarse nada del trabajo que supone un proceso de beatificación. Pero, yo estoy convencido de que es santo. Y espero, muy pronto, de que le podamos, oficialmente, dar culto y pedir su intercesión. Y por la Iglesia, que, en este momento, tan turbulento del mundo necesita la luz de Dios, necesita la guía de nuestros pastores, necesitamos la guía de nuestros pastores. Que no nos faltarán, porque Dios da a la Iglesia siempre lo que más conviene. Pero no dejemos de pedir, por nuestro Papa y por nuestra Iglesia, y por este mundo por el que Jesucristo ha derramado Su Sangre y ha dado Su vida.

Que así sea mis queridos hermanos.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

3 de enero de 2023
S.I Catedral de Granada

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Comunidades Neocatecumenales, 53 años de evangelización en Sevilla

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Comunidades Neocatecumenales, 53 años de evangelización en Sevilla

La apertura en Madrid de la fase diocesana de la causa de canonización de Carmen Hernández, iniciadora del Camino Neocatecumenal junto a Kiko Argüello, ha propiciado el recuerdo del comienzo del Camino en la Archidiócesis hispalense, algo que sucedió en 1969, siendo pastor de la Iglesia en Sevilla el cardenal José María Bueno Monreal.

Ulises Bidón, miembro de las Comunidades en Sevilla, destaca que fue la parroquia de la Sagrada Familia, con su párroco Manuel Camacho, la primera en acoger al Camino Neocatecumenal en la capital andaluza. Cinco años después le siguieron las parroquias de San Gil, San Roque, San Gonzalo, Concepción Inmaculada y San Juan de Ávila, abriéndose a esta realidad de la Iglesia, cuyos estatutos se aprobarían por la Santa Sede más tarde, concretamente en 2008.

Hoy, el Camino se concreta en más de 150 Comunidades en la Archidiócesis, presentes en 12 parroquias de la capital y 18 del resto de la provincia. “Por eso, damos gracias a Dios y a los que han dado su vida por el anuncio del Evangelio por este camino de renovación de nuestro bautismo, en etapas, para maduración de nuestra fe de forma comunitaria”, subraya Bidón, quien tiene también palabras de admiración hacia Carmen Hernández: “Una mujer vitalista, misionera, teóloga, defensora de la dignidad de la mujer como fuente de vida, enamorada de Jesucristo y de la Iglesia, por la que entregó su vida”.

La apertura de su causa de canonización se celebró el pasado 4 de diciembre, en un acto que presidió el cardenal Carlos Osoro en el polideportivo de la Universidad Francisco de Vitoria.

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Visita de los Reyes Magos a la Abadía del Sacromonte el 5 de enero

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Visita de los Reyes Magos a la Abadía del Sacromonte el 5 de enero

Será a las 17 horas, en la iglesia de la Abadía. Están invitadas todas las familias, niños y fieles de la diócesis que deseen participar.

En la tarde de mañana, 5 de enero, la iglesia de la Abadía del Sacromonte recibirá la visita de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente en la víspera a la Solemnidad de la Epifanía que se celebra el 6 de enero.

Está previsto que los Reyes Magos lleguen a la Abadía a las 17 horas y serán recibidos por los canónigos sacromontanos haciendo su entrada en la iglesia para adorar el Niño Jesús en el altar depositando allí sus regalos.

“Es el segundo año que se realiza en la iglesia de la Abadía esta visita de los Reyes y nuestra intención es vivir este momento de Epifanía con el verdadero sentido que tiene, más allá de un momento de entrega de regalos que vivamos el sentido cristiano, especialmente los más pequeños”, comenta D. Antonio Fernández-Siles, párroco de la Abadía.

De esta forma, se proclamará el Evangelio de San Mateo que narra la adoración de los Reyes y seguidamente los más pequeños podrán compartir un momento con los Reyes y recibir caramelos y un Niño Jesús de recuerdo.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

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Benedicto XVI: Un bello decálogo

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La muerte del Papa emérito nos lleva a recordar la vida del «mejor teólogo del siglo XX», según Antonio Gil

La muerte y los funerales por el papa emérito Benedicto XVI han empapado de amor y de dolor a la Iglesia universal, al orbe católico y a una gran multitud de personas de buena voluntad. La diócesis de Córdoba celebra tambien su funeral presidido por nuestro obispo, monseñor Demetrio Fernández, el dia 7 de enero. Este es un momento que nos invita al recuerdo de la vida del mejor teólogo del siglo XX, pero sobre todo, a la reflexión, llevada a la oración, de algunos de sus más bellos mensajes. Con formato de decálogo, seleccionamos algunos de los más emotivos y conmovedores.

Primero, tras el cónclave: “Los señores cardenales me han elegido a mi, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”. Segundo, en su primera Encíclica: “Se comienza a ser cristiano por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida”. Tercero, en su obra “Jesús de Nazaret”: “Jesucristo ha venido al mundo para  traernos a Dios”. Cuarto: “Nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable, sino que tiene un corazón de carne”. Quinto: “Dios cuida personalmente de ti, de nosotros, de la humanidad”. Sexto: “Dios me conoce, me quiere y se preocupa de mí”. Séptimo: “El hombre necesita a Dios”. Octavo: “Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha”. Noveno: “El que reza nunca está totalmente solo”. Décimo: «Dios está siempre con nosotros. Incluso en las noches oscuras de nuestra vida, no nos abandona. Incluso en la última noche, en la última soledad, en la noche de la muerte, la bondad de Dios está siempre con nosotros».

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El Obispo oficiará la clausura del Año Jubilar Nazareno en La Rambla

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Tendrá lugar el próximo 6 de enero, a las 18:00 horas, en el templo jubilar del Espíritu Santo

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Amargura de La Rambla comienza el año centrada en los preparativos de la clausura del IV Centenario de la Sagrada Imagen del Señor, así como del Año Jubilar concedido por la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede.

La finalización de este emblemático aniversario tendrá lugar el próximo 6 de enero, con la celebración de una Solemne Eucaristía de Clausura del Año Jubilar que estará presidida por el obispo de Córdoba, y en la que también se espera la participación del Vicario General de la Diócesis, Antonio Prieto, y del consiliario de la Hermandad y párroco de Ntra. Sra. de la Asunción, José Ángel Arévalo Erencia.

La celebración tendrá lugar en la iglesia del Espíritu Santo, templo jubilar y sede canónica de esta hermandad, a las 18:00 horas, y en ella se volverá a cantar el Himno de Nuestro Padre Jesús Nazareno interpretado por el Coro de la Catedral de Córdoba.

Así, esta hermandad finaliza el 400 aniversario de la llegada a La Rambla de la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno que ha contado con un amplio programa cultural, de cultos, pastoral y de caridad a lo largo del año 2022.

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El Cabildo Catedral elige a Joaquín Alberto Nieva como presidente de la institución

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El Cabildo Catedral elige a Joaquín Alberto Nieva como presidente de la institución

Como es preceptivo, el Obispo de Córdoba ha ratificado su nombramiento

El Cabildo Catedral de Córdoba, reunido en sesión extraordinaria, ha nombrado presidente de la institución a Joaquín Alberto Nieva García, párroco de San Francisco y San Eulogio y Canciller Secretario General del Obispado. La votación reglamentaria se ha llevado a cabo con el quorum exigible y ha sido confirmada por el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

Ordenación y primeros destinos

Nacido en Lucena, el 17 de agosto de 1969, fue ordenado diácono el 19 de septiembre de 1992 por monseñor José Antonio Infantes Florido, ejerciendo el ministerio diaconal en las parroquias de Conquista, Cardeña, Azuel y Venta del Charco, cargos que compaginó con el de profesor de Religión Católica en el Instituto de Bachillerato en Villanueva de Córdoba. Fue ordenado sacerdote por el Papa San Juan Pablo II, el 12 de junio de 1993. En septiembre de 1994 fue enviado a las parroquias de La Carlota y sus nueve aldeas, permaneciendo hasta 1998 como párroco, profesor de religión católica en el Instituto de Enseñanzas Medias y encargado diocesano del Secretariado de la Pastoral de la Carretera. En 1998 fue enviado a estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma. Terminada la licenciatura, continuó con el doctorado, defendiendo la tesis doctoral en Derecho matrimonial en febrero de 2003.

Labor en la diócesis de Córdoba

En el año 2004, monseñor Asenjo Pelegrina lo nombró juez del Tribunal Interdiocesano de Sevilla, Canciller Secretario General del Obispado de Córdoba, párroco de San Francisco y San Eulogio de la capital cordobesa y profesor del Seminario San Pelagio de Córdoba. En 2008 fue igualmente nombrado canónigo doctoral de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y, después, Vicario General de pastoral de la Diócesis. En 2013 fue nombrado Promotor de Justicia del Tribunal de la ROTA Matritense. Es miembro de todos los Consejos diocesanos en calidad de secretario, vocal del Patronato de la Fundación diocesana de Enseñanza Santos Mártires de Córdoba, Asesor religioso de la Asociación Pública de Fieles Hogar de Nazaret y profesor del ISCR Beata Victoria Díez.

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Las Asociaciones de María Auxiliadora del Zaidín y Alhambra celebran la festividad de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos

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Las Asociaciones de María Auxiliadora del Zaidín y Alhambra celebran la festividad de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos

El 2 de enero la Asociación de María Auxiliadora del Zaidín y la Archicofradía de María Auxiliadora de la Alhambra celebraron la festividad de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos con un besamanos seguido de la Eucaristía en la parroquia de los Santos Justo y Pastor.

La familia salesiana continúa de celebración por el 75º aniversario de la llegada del carisma de Don Bosco a nuestra diócesis de Granada primero estableciéndose en el centro de la ciudad para después desplazarse al Zaidín donde se ubica actualmente.

La jornada de celebración por la festividad de Nuestra Señora Auxilio de los cristianos comenzó desde por la mañana con la veneración y en besamanos, la primera imagen de la Virgen Auxiliadora de Don Bosco que llegó a la ciudad en 1909, al templo de los Santos Justo y Pastor donde aún permanece.

“Queremos agradecer especialmente a este templo la acogida de esta celebración y también a la Hermandad de los Estudiantes, al Rescate y a la Redención por cedernos parte de su patrimonio para poder conmemorar este día”, comentan desde ADMA Zaidín.

MARÍA AUXILIADORA

Seguidamente al besamanos, por la tarde tuvo lugar la celebración de la Misa con la presencia de los miembros de la Asociación de María Auxiliadora del Zaidín y la Archicofradía de María Auxiliadora de la Alhambra que recuperó hace unos años esta celebración tradicional dentro de la familia salesiana.

“Para nosotros este aniversario está siendo un motivo de gran alegría y nos sentimos orgullosos y agradecidos de todo lo que el carisma de Don Bosco ha realizado en estos años por la educación y los jóvenes de Granada, especialmente los más desfavorecidos”, destaca Javier Cano, Presidente de la Fundación Salesianos de Granada.

El besamanos y la Eucaristía estuvieron organizadas por la Asociación de María Auxiliadora del Zaidín (ADMA). En este contexto, también la Inspectoría salesiana de Andalucía reconoció a la ADMA Alhambra como continuadora de la primera Asociación de devotos en Granada que se fundó en 1914 en San Justo y Pastor.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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La Soledad de Santaella saldrá en procesión extraordinaria en febrero

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La corporación del Viernes Santo realizará numerosos actos con motivo del 75 aniversario de la fundación de la hermandad

La Hermandad de María Santísima de la Soledad de Santaella ha presentado los actos con motivo de la celebración del 75 aniversario de la fundación de la cofradía, que incluyen una procesión extraordinaria de la Virgen. Así lo ha adelantado el presidente de la corporación, Emilio Cabello, quien ha avanzado que la salida tendrá lugar el sábado, 25 de febrero, a las 18:00 horas, desde la iglesia de la Asunción tras la celebración de la santa misa.

El paso recorrerá el Barrio de la Villa y se dirigirá a la ermita del Santo Cristo, como homenaje a la cofradía de la Veracruz, hermandad decana de Santaella. En torno a las 21:00, la Soledad iniciará el itinerario de regreso hasta la Catedral de la Campiña, acompañada por la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas de Triana. La entrada en la parroquia de la Asunción está prevista para las 00:00 horas.

En la presentación de los actos que se van a desarrollar con motive del 75 aniversario, se present también el cartel que conmemora esta efeméride, una obra de Cristóbal Río, y el logotipo diseñado por Paco Palma.

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