

José María Muñoz Urbano impartirá la conferencia en las Jornadas de Primavera este martes, 21 de abril, en el Círculo de la Amistad, a las 20:00 horas

La Asociación Presencia Cristiana ha escogido para sus jornadas de primavera el lema “Un Hogar para Todos”, para proponer una mirada conjunta en torno a la necesidad de tener un hogar, una casa, un lugar donde vivir dignamente que supera la idea de propiedad para reconocer las amenazas con las que hoy cuentan sobre todos los jóvenes, a los que el acceso a la vivienda se les presenta como un reto muy difícil de alcanzar que llega también a condicionar su vida, el matrimonio, incluso la natalidad. Estas Jornadas de Primavera han contado con la participación del Vicario Parroquial de Cristo Rey y profesor del Seminario San Pelagio, además de profesor en el Instituto de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez, José María Muñoz Urbano
Este presbítero de la diócesis de Córdoba ha hablado en las jornadas de primavera sobre jóvenes en busca de un hogar, nuevas realidades espirituales y eclesiales. Este nombre ya resume un propósito, ¿no?
Sí, bueno, yo parto en la charla de una gran diferencia, qué es casa y qué es hogar. La casa puede ser un lugar donde comparto un techo, una cama para dormir, un plato de comida, pero no puede ser hogar porque falta el trato humano, el cariño, los valores compartidos, la experiencia y el diálogo. Cuando presento la Iglesia como hogar, la presento como el lugar en el que tú te puedes sentir querido, acompañado, escuchado y aconsejado, que son los grandes valores que transmite el hogar.
¿Cuál es la principal amenaza hoy entre los jóvenes cuando hablamos de un hogar?
Puede que hoy nuestros jóvenes, estamos hablando de menores de edad, probablemente gran parte de ellos tienen una casa en la que viven pero no encuentren un hogar, sino un techo, es decir, hay un joven por un lado y la familia por otro. A veces porque las familias están desestructuradas o porque ni siquiera en el ámbito familiar se da la realidad del diálogo. A todo esto hay que sumarle que el joven que está en su casa puede estar viviendo bajo el mismo techo con sus hermanos y con sus padres pero pasando tantas horas delante de una pantalla que no haya un diálogo auténtico, un interés verdadero por la persona, un cariño y un afecto.
¿Qué necesidad espiritual presenta el joven que tiene una casa, pero no llega a tener un hogar?
La primera necesidad espiritual, que es el cariño, sentirte querido, acompañado, corregido y escuchado, es decir, sentir lo que el corazón humano necesita, que no sólo son bienes materiales, sino también bienes que nos hacen crecer en el alma y en el espíritu.
¿Cómo ha cambiado en los últimos años ese concepto de hogar?
El primer cambio viene de la realidad familiar, es decir, el hogar lo ha ofrecido siempre la familia. Cada vez la crisis familiar es más grande, por lo tanto, la palabra hogar va desapareciendo y se va convirtiendo en casa. Muchas veces encontramos chicos que ante una separación matrimonial van de casa en casa, a lo mejor incluso la casa se puede convertir en campo de batalla, no en hogar. Mira tu padre lo que dice o mira tu madre lo que hace, entonces el chico no encuentra donde ser escuchado, sino donde ser envenenado, o usado o comprado para ir contra el otro cónyuge. Desde la crisis familiar empieza a faltar muchas veces el hogar. Y si la familia no está desestructurada, la crisis humana en la que se trabaja tanto y nos volcamos tanto fuera que nos cuidamos a los de dentro.
¿Cómo manifiestan los jóvenes esa ausencia de hogar?
Cuando no se encuentra cariño dentro se busca fuera. Muchas veces, al final acaban buscando el hogar, por ejemplo, en dar una buena imagen en redes sociales, una buena imagen en el grupo de amigos, porque el grupo de amigos llega a sustituir muchas veces a la familia porque lo importante es ser querido o aceptado, cosas que a veces no encuentran en su propia casa. Muchas veces se pueden dar situaciones de bullying, en las que hay comportamientos que no son correctos pero tienen que ser aceptados porque no han encontrado una aceptación en casa. Otras veces encontramos comportamientos que hacen mal porque nunca han sido corregidos en el propio hogar porque los padres quieren quedar bien con el hijo, pero el hogar supone también corrección.
¿En qué medida hay un problema actual en la sociedad para el acceso a la vivienda y esto condiciona las decisiones del joven?
Pues yo siempre digo que las condiciones del joven, no sólo el acceso a la vivienda sino el acceso a poder tener una vida en común. Los jóvenes no se plantean el matrimonio hasta que no tengan posibilidad de pagar una vivienda, lo cual supone estar metido en casa hasta los treinta y tantos. Luego, también se tienen que plantear que para poder pagar la vivienda dos personas trabajando, a lo mejor una está en Sevilla, otra en Córdoba y de paso hay que pasar por Madrid. Entonces, cuándo convivimos juntos. Es muy difícil construir el hogar por la dificultad del acceso a la vivienda, por la dificultad de conciliar la vida familiar.
¿Hay personas que a pesar de todas estas dificultades, que en muchos casos son de índole económica, basadas en el trabajo, que están radicalmente tomando otra decisión?
Muy lentamente, pero sí, va habiendo “brotes verdes”, en el sentido de que hay personas que saben lo que quieren. Cuando se juntan unas personas y deciden formar una familia, que es un hogar, piensan que lo primero es la familia, lo cual supone, que tengo que, en vez de ser general, ser capitán, pues me quedaré de capitán. Cada vez va habiendo una minoría más convencida de lo que es lo primero y lo prioritario: la familia, el hogar, la casa.
Esos “brotes verdes” hablan de matrimonios muy jóvenes, ¿Se están empezando a producir?
Sí. Matrimonios jóvenes que saben lo que es lo prioritario. Esto lo vemos en realidades emergentes, como grupos de noviazgos cristianos, a raíz de proyectos como Amor Conyugal, grupos de jóvenes que piden acompañamiento durante el noviazgo, porque saben qué es lo prioritario, que no es lo económico, sino lo familiar. El hogar, el querer, el construir juntos, caminar juntos.
¿Tiene que ver también esto con el descenso de natalidad del que se habla siempre?
Totalmente. Yo que hablo mucho con matrimonios jóvenes, siempre se plantean tener un hijo cuando la situación económica y laboral lo permita. Aún recuerdo una chica con la que hablaba que me decía que por motivos laborales estaba trabajando en un país extranjero, en Perú, y me decía que hasta que no pudiera tener un ámbito seguro el hijo no venía, aunque lo deseaba hay que tener estabilidad humana, no sólo económica.
¿Puede convertirse este difícil acceso a tener un hogar en una pobreza nueva, estructural, que de alguna manera esté determinando el futuro de generaciones?
Sí, totalmente. Hoy el acceso a la vivienda cada vez está más complicado y esto nos va a dar nueva pobreza. Vamos a vivir en España de aquí a unos años lo que ya está ocurriendo en Asia, lo que son los dormitorios de una cama, un pequeño armario y una sala común con cuatro nidos como lo llaman, habitaciones nidos, que en el fondo lo que tienen es un nicho de la pared. Yo creo que vamos a llegar a esto o a viviendas compartidas donde efectivamente una vida de familia va a ser imposible al haber otra familia. Vamos a tener una realidad que ya se está viendo en Asia y, además un detalle, estas realidades que vemos en Asia están llevando a una cosa que no se habla hoy, al suicidio. Hay un alto índice de suicidio porque al no haber casa, no hay hogar, no hay un calor humano y el ser humano se suicida. Aquí lo vamos a tener de aquí a unos años, cuando no pueda acceder tengo que acceder a lo más económico que me da un techo pero no me da un calor humano.
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