
Encarni Llamas Fortes
Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.
VII Jornada Mundial de los Pobres, 2023
Hace ya siete años, el Papa Francisco ha instituido la Jornada Mundial de los Pobres, a
celebrar en el tercer domingo de noviembre, cuando el año litúrgico está para concluir.
Con esta Jornada se pretende reflexionar acerca de esta realidad central del Evangelio,
la actitud de Cristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, y
la urgencia de salir al encuentro de nuestros hermanos los pobres con una actitud de
corazón pobre.
«Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La
llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en
la pobreza se silencian…Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por
algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces
intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida,
impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen
samaritano (cf. Lc 10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada
uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad
es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona»
(FRANCISCO, Mensaje para la VII Jornada Mundial de los pobres 2023, n.4).
Así lo enseña Tobit a su hijo Tobías, cuando le enseña la sabiduría de la vida (véase
Libro de Tobías). El hijo Tobías se abre a una vida nueva, en la que tiene que construir
su futuro, encontrar trabajo, elegir esposa, librarse de distintos peligros. Y para todo eso
recibe de su padre una consigna: “No apartes tu rostro del pobre”. El padre Tobit le
había dado ejemplo, socorriendo a los pobres, enterrando a los muertos, haciendo el
bien a su alrededor. Es la mejor manera de transmitir un estilo de vida, con el propio
ejemplo.
Para la Jornada de este año, este es el lema, tomado de Tobit. Nos recuerda el Papa que
la continua llamada al bienestar y al consumo sube cada vez más el volumen. Ahora que
se acercan las Navidades, todo el mundo piensa cuánto va a gastar para pasar bien las
fiestas. Apenas se piensa en tantas personas que, precisamente llegadas estas fiestas, nos
gritan sin palabras cómo es nuestra vida.
Las imágenes de los pobres nos conmueven, pero tenemos tanta prisa que no nos da
tiempo a detenernos para escuchar sus necesidades. Delegar en otros es fácil, dar una
limosna es un buen gesto, pero ante la realidad de los pobres, un cristiano tiene que
implicarse en primera persona, tiene que tocar la carne de la pobreza en directo.
Se trata en esta Jornada de poner a los pobres en el centro de la vida de la Iglesia, e
interrogarnos cada uno qué lugar ocupan los pobres en nuestra vida. Hasta qué punto
somos sensibles a sus necesidades, hasta qué punto nos dejamos interpelar por sus
carencias, invitándonos a nosotros al despojamiento de tantas cosas superfluas.
Sólo un corazón pobre puede acercarse a los pobres. En este sentido, los pobres nos
evangelizan, nos interpelan, nos invitan a cambiar de vida. Ellos nos resultan molestos,
pero nos hacen un gran favor, desinstalándonos de nuestras comodidades, al estilo de
Cristo.
Os invito a que en todas las parroquias y comunidades cristianas la Jornada Mundial de
los Pobres nos lleve a una reflexión profunda sobre cuál es nuestro trato con los pobres,
en todos los tipos de pobreza, material y espiritual. Y hasta qué punto el trato con ellos
nos va haciendo parecidos a Jesucristo, el buen samaritano.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2023
«No apartes tu rostro del pobre» (Tb 4,7)
1. La Jornada Mundial de los Pobres, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio. Cada día nos comprometemos a acoger a los pobres, pero esto no basta. Un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande hasta desbordarse; ese río parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez más fuerte. Por eso, el domingo anterior a la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, nos reunimos en torno a su Mesa para recibir de Él, una vez más, el don y el compromiso de vivir la pobreza y de servir a los pobres.
«No apartes tu rostro del pobre» (Tb 4,7). Esta Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. Detenernos en el Libro de Tobías, un texto poco conocido del Antiguo Testamento, fascinante y rico en sabiduría, nos permitirá adentrarnos mejor en lo que el autor sagrado desea transmitir. Ante nosotros se despliega una escena de la vida familiar: un padre, Tobit, despide a su hijo Tobías, que está a punto de emprender un largo viaje. El anciano teme no volver a ver a su hijo y por ello le deja su “testamento espiritual”. Tobit había sido deportado a Nínive y se había quedado ciego, por lo que era doblemente pobre, pero siempre había tenido una certeza, expresada en el nombre que lleva: “El Señor ha sido mi bien”. Este hombre, que siempre confió en el Señor, como buen padre no desea tanto dejarle a su hijo algún bien material, cuanto el testimonio del camino a seguir en la vida, por eso le dice: «Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia» (4,5).
2. Como se puede apreciar inmediatamente, lo que el anciano Tobit pide a su hijo que recuerde no se limita a un simple acto de memoria o a una oración dirigida a Dios. Se refiere a gestos concretos que consisten en hacer buenas obras y vivir con justicia. La exhortación se hace aún más específica: a todos los que practican la justicia, «da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana» (4,7).
Las palabras de este sabio anciano no dejan de sorprendernos. En efecto, no olvidemos que Tobit había perdido la vista precisamente después de realizar un acto de misericordia. Como él mismo cuenta, su vida desde joven estuvo dedicada a hacer obras de caridad: «Hice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive, en el país de los Asirios. […] Daba mi pan a los hambrientos, vestía a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive» (1,3.17).
Por su testimonio de caridad, el rey lo había privado de todos sus bienes, dejándolo completamente pobre. Pero el Señor aún lo necesitaba; habiendo recuperado su puesto como administrador, no tuvo miedo de continuar con su estilo de vida. Escuchemos su relato, que también nos habla hoy a nosotros: «En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: “Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas”» (2,1-2). Sería muy significativo si, en la Jornada de los Pobres, esta preocupación de Tobit fuera también la nuestra. Invitar a compartir el almuerzo dominical, después de haber compartido la Mesa eucarística. La Eucaristía celebrada sería realmente criterio de comunión. Por otra parte, si en torno al altar somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas, ¡cuánto más visible sería esta fraternidad compartiendo la comida festiva con quien carece de lo necesario!
Tobías hizo como le había dicho su padre, pero regresó con la noticia de que habían asesinado a un pobre y lo habían abandonado en medio de la plaza. Sin vacilar, el anciano Tobit se levantó de la mesa y fue a enterrar a aquel hombre. Al volver a su casa, cansado, se durmió en el patio; sobre los ojos le cayó estiércol de unos pájaros y se quedó ciego (cf. 2,1-10). Ironía de la suerte: haces un gesto de caridad y te sucede una desgracia. El hecho nos lleva a pensar así; pero la fe nos enseña a ir más en profundidad. La ceguera de Tobit será su fuerza para reconocer aún mejor las numerosas formas de pobreza que le rodeaban. Y el Señor se encargará a su tiempo de restituir al anciano padre la vista y la alegría de volver a ver a su hijo Tobías. Cuando llegó ese día, Tobit «lo abrazó llorando y le dijo: “¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”. Y añadió: “¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su gran Nombre! ¡Benditos sean todos sus santos ángeles! ¡Que su gran Nombre esté sobre nosotros! Benditos sean los ángeles por todos los siglos! Porque él me había herido, pero […] ahora veo a mi hijo Tobías”» (11,13-15).
3. Podemos preguntarnos: ¿de dónde le vienen a Tobit la valentía y la fuerza interior que le permiten servir a Dios en medio de un pueblo pagano y de amar al prójimo hasta el punto de poner en peligro su propia vida? Estamos frente a un ejemplo extraordinario: Tobit era un esposo fiel y un padre atento; fue deportado lejos de su tierra y sufría injustamente; fue perseguido por el rey y por sus vecinos. A pesar de tener un alma tan buena, fue puesto a prueba. Como a menudo nos enseña la Sagrada Escritura, Dios no les evita las pruebas a los que hacen el bien. ¿Cómo es posible? No lo hace para humillarnos, sino para afianzar nuestra fe en Él.
Tobit, en el momento de la prueba, descubre su propia pobreza, que lo hace capaz de reconocer a los pobres. Es fiel a la Ley de Dios y observa los mandamientos, pero esto no le es suficiente. La atención efectiva hacia los pobres le era posible porque había experimentado la pobreza en su propia carne. Por lo tanto, las palabras que dirige a su hijo Tobías son su auténtica herencia: «No apartes tu rostro de ningún pobre» (4,7). En definitiva, cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro del Señor Jesús. Y fijémonos bien en esa expresión «de ningún pobre». Cada uno de ellos es nuestro prójimo. No importa el color de la piel, la condición social, la procedencia. Si soy pobre, puedo reconocer quién es el hermano que realmente me necesita. Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.
4. Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones más jóvenes, que son las más frágiles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre paréntesis, mientras que las cualidades físicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez más fácilmente. Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona.
5. Agradecemos al Señor porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y sufrimiento. No son súper-hombres, sino “vecinos de casa” que encontramos cada día y que en el silencio se hacen pobres y con los pobres. No se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas, para dar consejos adecuados y referencias justas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona. El Reino de Dios se hace presente y visible en este servicio generoso y gratuito; es realmente como la semilla caída en la tierra buena de estas personas que da fruto (cf. Lc 8,4-15). La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oración para que su testimonio pueda ser fecundo.
6. En el 60 aniversario de la Encíclica Pacem in terris, es urgente retomar las palabras del santo Papa Juan XXIII cuando escribía: «Observamos que [el hombre] tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento» (n. 11).
Cuánto trabajo tenemos todavía por delante para que estas palabras se hagan realidad, también por medio de un serio y eficaz compromiso político y legislativo. Que pueda desarrollarse la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres, no obstante los límites y en ocasiones las deficiencias de la política en ver y servir al bien común. Se trata ciertamente de estimular y hacer presión para que las instituciones públicas cumplan bien su deber; pero no sirve permanecer pasivos en espera de recibir todo “desde lo alto”; quienes viven en condiciones de pobreza también han de ser implicados y acompañados en un proceso de cambio y de responsabilidad.
7. Lamentablemente, debemos constatar una vez más nuevas formas de pobreza que se suman a las que se han descrito anteriormente. Pienso de modo particular en las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los niños privados de un presente sereno y de un futuro digno. Nadie podrá acostumbrarse jamás a esta situación; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Señor Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el diálogo.
Tampoco puedo olvidar las especulaciones que, en diversos sectores, llevan a un dramático aumento de los costes que vuelven a muchísimas familias aún más indigentes. Los salarios se acaban rápidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana.
¿Cómo no llamar la atención, además, sobre el desorden ético que marca el mundo del trabajo? El trato deshumano que se reserva a tantos trabajadores y trabajadoras; la retribución que no corresponde al trabajo realizado; el flagelo de la precariedad; las excesivas víctimas de accidentes, provocadas a menudo por una mentalidad que prefiere el beneficio inmediato en detrimento de la seguridad. Vuelven a la mente las palabras de san Juan Pablo II: «El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo. […] El hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”» (Carta enc. Laborem exercens, 6).
8. Esta enumeración, ya de por sí dramática, describe sólo parcialmente las situaciones de pobreza que forman parte de nuestra cotidianidad. No puedo pasar por alto, en particular, un modo de sufrimiento que cada día es más evidente y que afecta al mundo juvenil. Cuántas vidas frustradas e incluso suicidios de jóvenes, engañados por una cultura que los lleva a sentirse “incompletos” y “fracasados”. Ayudémosles a reaccionar ante estas instigaciones nefastas, para que cada uno pueda encontrar el camino a seguir para adquirir una identidad fuerte y generosa.
Es fácil, hablando de los pobres, caer en la retórica. También es una tentación insidiosa la de quedarse en las estadísticas y en los números. Los pobres son personas, tienen rostros, historias, corazones y almas. Son hermanos y hermanas con sus cualidades y defectos, como todos, y es importante entrar en una relación personal con cada uno de ellos.
El Libro de Tobías nos enseña cómo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuestión de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos recíprocamente, para favorecer la armonía necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el interés por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, “no apartar el rostro del pobre” conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.
9. Nuestra atención hacia los pobres siempre está marcada por el realismo evangélico. Lo que se comparte debe responder a las necesidades concretas de los demás, no se trata de liberarse de lo superfluo. También en esto es necesario el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro corazón abierto al amor. No lo olvidemos: «Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198). La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella está presente Cristo: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).
10. Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús. En una página de su Historia de un alma escribió: «Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie» (Ms C, 12r°: Obras completas, Burgos 2006, 287-288).
En esta casa que es el mundo, todos tienen derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella. Que la perseverancia del amor de santa Teresita pueda inspirar nuestros corazones en esta Jornada Mundial, que nos ayude a “no apartar el rostro del pobre” y a mantener nuestra mirada siempre fija en la faz humana y divina de nuestro Señor Jesucristo.
Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2023, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.
Francisco
La entrada Mensaje del Papa Francisco con motivo de la VII Jornada Mundial de los Pobres se publicó primero en Diocesis de Jerez.

El lunes 20 de noviembre, el Catedrático en Filosofía Moral y Política, Agustín Domingo Moratalla, analizará en una conferencia los nuevos avances de la sociedad hiperconectada y expondrá posibles claves éticas para afrontar con coherencia y sentido común el futuro al que nos enfrentamos.
El próximo lunes 20 de noviembre, a las 20:00, el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado de Asidonia- Jerez recibe la visita del profesor Agustín Domingo Moratalla, Catedrático en Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia, dentro de una nueva conferencia organizada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) de Jerez.
La ponencia, titulada ‘El Reto de las Redes Sociales y la Inteligencia Artificial. Me desconecto luego existo’, busca poner sobre la mesa el futuro inmediato que tiene la sociedad antes los avances tecnológicos y la explosión, en todos los sentidos, de las redes sociales. El profesor Domingo Moratalla, que dirige un Máster en Ética y Democracia y es autor de numerosas publicaciones sobre la materia, se cuestiona si “debemos preguntarnos si somos conscientes de este enredo o hemos caído en él sin darnos cuenta. ¿Podemos salir de las redes? ¿Podemos desen-red-arnos?”.
La ponencia del profesor Domingo Moratalla se enmarca en el ciclo de conferencias que organiza el Centro de Jerez de la ACdP dentro de sus actividades de difusión de la doctrina social de la Iglesia y divulgación sobre temas de actualidad e interés social. Con este encuentro se propone reflexionar sobre el papel de las redes y la inteligencia artificial, analizar su impacto, especialmente en ámbito educativo, y proponer iniciativas de responsabilidad. “Ante dos actitudes extremas, Apocalípticos frente a Integrados, aclara Domingo Moratalla, “propondré una vía intermedia fundada en la ética de la responsabilidad”.
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Estos días se encuentra en Tenerife un numeroso grupo de alemanes, en su mayoría sacerdotes, realizando una visita a la diócesis. La Conferencia Episcopal Alemana tiene un departamento específico para atender pastoralmente a las colonias de alemanes que viven en el extranjero. Este departamento está compuesto por unas 100 personas entre sacerdotes, diáconos y agentes de pastoral.
Los miembros del citado departamento están repartidos por numerosos países en los que existe una significativa presencia de alemanes o en zonas de gran afluencia turística, como pueden ser los lugares de peregrinación.
En nuestra diócesis, el sacerdote Patrick Lindnes, que atiende a la comunidad alemana en el norte de Tenerife, pertenece a este departamento. Lindnes manifestó su alegría por el encuentro. “Estamos muy felices de que muchos hermanos hayan podido acudir a este encuentro en esta querida tierra. Además, nos acompaña el obispo auxiliar de la Conferencia Episcopal Alemana. Hemos podido celebrar juntos la Eucaristía en la Basílica de Candelaria, visitar al obispo Nivariense y, por supuesto, tenemos pensado recorrer la isla”.
Celebrado el miércoles 15 de noviembre en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Málaga, en ella participaron Juan Rodríguez Cruz y Concepción del Pilar Martín Vela como miembro y directora del Secretariado Diocesano de Migraciones de la Diócesis de Huelva respectivamente.
La dinámica del encuentro consiste en tener un espacio de “intercambio de experiencias entre las distintas organizaciones, compartir las líneas de trabajo, de experiencia, de reflexión, de lanzar mensajes comunes o ver cómo está el paso entre las fronteras. Ver cómo, como Iglesia, poder atender a estas personas que están de paso entre fronteras”, resalta la directora del secretariado diocesano onubense.



La red Migrantes con derechos está conformada por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz y los Departamentos de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.
La entrada El Secretariado de Migraciones participa, en Málaga, en la jornada “Frontera Sur” de la Red ‘Migrantes con derechos’ se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Esta celebración ha tenido lugar esta mañana en el Obispado de Asidonia-Jerez, estando presidido por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
En la jornada de hoy, la Casa de la Iglesia de Asidonia-Jerez vivía una cita especial. Hablamos de la toma de posesión del nuevo Vicario General de la Diócesis, el sacerdote diocesano, D. Roberto Romero. Tras hacerse público su nombramiento el pasado viernes 10 de noviembre, este jueves se llevaba a cabo el acto en el que se hace oficial su nueva tarea pastoral que le encomienda Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
Todo comenzaba, con las palabras de Monseñor José Rico Pavés, quien primeramente recordaba la gran importancia de este acto para la vida de nuestra Iglesia local. Asimismo, rememoraba también las circunstancias por las que se dan este relevo en esta tarea pastoral de la Iglesia Asidonense. Igualmente, ha dado las gracias al que será el nuevo Vicario General, y a sus padres, los cuales estaban presentes. Destacando el prelado, la importancia de la familia diocesana, la que formamos todos los que trabajamos juntos en nuestra Iglesia local en la misión a la que el Señor nos ha llamado cada uno.
Una vez finalizada las palabras del Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, era el turno del Secretario General-Canciller, D. Luis Salado, quien realizaba la lectura del nombramiento del Vicario General. Tras este momento se vivía el juramento y profesión de fe del sacerdote que toma posesión en su nueva labor pastoral, D. Roberto Romero.
LECTURA DEL NOMBRAMIENTO DEL VICARIO GENERAL
JURAMENTO DE DE FIDELIDAD Y PROFESIÓN DE FE DE D. ROBERTO ROMERO
El acto llegaba a su término, con las palabras del nuevo Vicario General de Asidonia-Jerez, quien agradecía a cada una de las personas su presencia y confianza desde el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, sacerdotes, Curia diocesana y su familia. Asimismo, ha destacado, las palabras de Monseñor José Rico Pavés, ya que. tenemos la tarea de seguir creciendo como familia diocesana, y así llevar a Cristo a todos las personas que no lo conocen.
PALABRAS DE D. ROBERTO ROMERO, VICARIO GENERAL DE ASIDONIA-JEREZ
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La parroquia de Nuestra Señora de las Viñas acogió esta Eucaristía, en la que además feligreses de la que será la nueva parroquia de Nuestra Señora del Rocío recibieron el Sacramento de la Confirmación.
En la jornada de ayer, la parroquia de Nuestra Señora de las Viñas acogió un día especial para la que será la nueva parroquia de Nuestra Señora del Rocío de Jerez de la Frontera. En primer lugar, algunos futuros feligreses recibieron el Sacramento de la Confirmación. Y en segundo lugar, la Agrupación parroquial de Ntro. Padre Jesús de la Humildad, bendecía a su nueva imagen titular mariana, la cual recibe la advocación del Rocío en sus Misterios Dolorosos. Toda esta celebración de la Eucaristía estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien quiso estar junto a estas dos comunidades parroquiales.
PINCHA AQUÍ PARA VER LA HOMILÍA
En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que en esta celebración nos encomendamos al Espíritu Santo, en primer lugar por los que recibirán el Sacramento de la Confirmación, y en segundo lugar por el nombre que recibe la advocación que ha sido bendecida, Rocío. Siendo nuestra madre María, puerta para que a través de ella lleguemos su Hijo y así llenarnos del Espíritu Santo. Asimismo, ha destacado la importancia del Sacramento de la Confirmación, ya que recibiendo el Espíritu Santo estaremos en plenitud en la vida cristiana, seremos discípulos de Cristo y así podremos llevar la alegría de creer a todos los lugares.
Por último, ha mencionado la bendición de la imagen titular mariana, que es significado de amar a María y así seguir su ejemplo, cumpliendo la voluntad del Señor y ser testimonio de Él. Asimismo, ha destacado otro de los significados de la bendición, que no es otro que convertir las imágenes en puertas del cielo. Igualmente, ha recordado, que debemos alimentar nuestra fe para así vivir todas las celebraciones captando lo que va más allá de nuestros sentidos.
PINCHA AQUÍ PARA VER LA BENDICIÓN DE NTRA. SRA. DEL ROCÍO EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS
La entrada Monseñor Rico Pavés preside la Eucaristía y bendición de la nueva imagen titular mariana de la Agrupación parroquial de Ntro. Padre Jesús de la Humildad se publicó primero en Diocesis de Jerez.
Reflexión sobre la presencia de la Pastoral Familiar en el salón de Belmoda.
Esta es la pregunta que empezó a rondarme por la cabeza cuando iba llegando el pasado Domingo 12 de noviembre al salón de Belmoda, sobretodo al ver entrar, salir y recorrer todo el recinto a un número considerable de parejas de novios. Allí había multitud de stand con las cosas más variopintas que se pueda uno imaginar, todas ellas, como es lógico relacionadas con las celebraciones de la boda.
En medio de todo, había un pequeño stand, al que yo me dirigía, puesto por la Pastoral Familiar de Granada, en el que siempre había un par de matrimonios y un sacerdote.
Resultaba llamativo que en todos los stands se ofrecían artículos, viajes…, para comprar, casi todos ellos con un precio elevado. Sin embargo en el nuestro no se vendía nada; simplemente se ofrecía información de lo que para nosotros es lo más valioso en el marco de las bodas: El Sacramento del Matrimonio, y todo lo que ello comporta, que es mucho más que una celebración en el marco de un templo: la verdad, la riqueza, la belleza y la exigencia del Amor Humano tal y como aparece en el Plan de Dios desde el momento mismo de la Creación.
Y aquí está la respuesta a la pregunta que da título a esta breve reflexión: poder ofrecer a todas las parejas que se plantean vivir un proyecto de vida en común ese Plan de Dios que sigue plenamente vigente en nuestra realidad del siglo XXI. Hacer visible en nuestro mundo, en muchos aspectos muy materialista, que también hoy la Iglesia tiene algo que ofrecer a las parejas de hoy que les puede dar un sentido nuevo a su matrimonio, y que eso puede hacerlos verdaderamente felices en la respuesta a su vocación al amor. Y ello no teorizando o dando bellos discursos, sino desde el testimonio vivo de tantos matrimonios cristianos que han pasado por allí en estos días.
Creo que, en este sentido, tiene profundo significado, y puede ser muy fecunda nuestra presencia en este salón de Belmoda.
Daniel García Miranda
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La Pastoral diocesana de la carretera invita a los fieles a sumarse este domingo 19 de noviembre.
El domingo día 19 es el Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico. Granada, a través de su Pastoral de la carretera, se une a esta Jornada e invita a todos los fieles y personas que deseen sumarse a tener en cuenta en sus oraciones a sus víctimas, así como a sus familias que sufren la pérdida.
“Quiero hacer llegar a vosotros esta necesidad de recordar a las víctimas de los accidentes de tráfico en vuestras oraciones, especialmente en la misa dominical el día 19 de noviembre de 2023. Una especial atención, sobre todo, por las familias que han perdido por causa de accidente de tráfico. No es, ni será fácil perder alguien muy querido/a y llevar su recuerdo para toda la vida, este momento de dolor y angustia. Por favor, os invito a ofrecer un momento de oración para los que han fallecido y también por las familias de las víctimas”, señala el Delegado de Pastoral de la carretera, D. Freddie Banua.
En concreto, esta Pastoral celebrará la Eucaristía con esta intención de oración en la parroquia de Santa María Magdalena, el domingo 19 de noviembre, a las 19 horas.
El Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico es promovido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) desde el año 2006, en el tercer domingo de noviembre, en esta ocasión, el día 19 de noviembre.
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