En el 90 aniversario del martirio de los obispos D. Manuel Medina Olmos y D. Diego Ventaja
1.- El año 2026 se presenta para la Iglesia en España como un verdadero año sacerdotal. Lo es por una doble conmemoración que, providencialmente, converge: el centenario de la ordenación sacerdotal del Venerable José María García Lahiguera y el centenario de la ordenación sacerdotal del Venerable Ángel Riesco Carbajo.
Ambos hicieron del sacerdocio la forma y la razón de sus vidas, configurando su existencia en torno a Cristo, el Señor, y dejando que la gracia recibida en la ordenación se convirtiera en principio de unidad, de servicio y de misión. Ambos fueron obispos; ambos fundaron institutos de vida consagrada que prolongan hoy su carisma; ambos, en fin, fueron preservados por Dios durante la persecución religiosa del siglo XX en España, cuya trágica efeméride – el 90.º aniversario – también recordamos este año como parte de nuestra memoria eclesial. Los dos participaron en el Concilio Vaticano II, donde se reconocen sus voces convergentes en torno a una misma preocupación: el sacerdocio ministerial. Allí subrayaron la necesidad de una justa distribución del clero, la urgencia de una formación integral y permanente, y la importancia de que esta formación constituya un dinamismo continuo de renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral. Su aportación, discreta y firme, se inscribe en la gran corriente conciliar que quiso fortalecer la identidad sacerdotal y asegurar su fecundidad en la vida de la Iglesia.
Muchos otros, como ellos, salvaron sus vidas de un modo u otro. La Providencia tenía para ellos otros planes. Sin su fidelidad, no existirían hoy muchas instituciones eclesiales.
2.- A otros, sin embargo, el Señor les pidió la entrega de la propia vida en el martirio cruento. Una vida que habían ido entregando en la existencia cotidiana, día tras día, en ese otro martirio que es el cumplimiento fiel de los propios deberes, del afán de cada día como sacerdotes y obispos. Hagamos memoria de ellos, porque su memoria no hace daño a nadie: ¡fueron esos presbíteros y obispos que se empeñaron en ser creíbles y ejemplares! El martirio selló definitivamente esa ejemplaridad y esa credibilidad.
Efectivamente, la Iglesia en Almería fue, en este sentido, “premiada” con la entrega martirial de su obispo, D. Diego Ventaja Milán (1880-1936). El premio fue compartido también por la Iglesia en Guadix con el martirio de su padre y pastor, D. Manuel Medina Olmos (1869-1936), asesinado junto a D. Diego en la madrugada del 30 de agosto de 1936, en el barranco del Chisme (Vícar, Almería). Desde el 27 de julio les habían precedido atletas en la fe: sacerdotes de Almería murieron alabando y confesando a Jesucristo, y perdonando a sus verdugos.
El beato mártir Diego Ventaja es recordado por su comprometida labor con la enseñanza y el apostolado tanto en Almería como en su pueblo Ohanes. El beato, también mártir, Manuel Medina, considerado como el más admirable catequista español de la época, colaboró estrechamente en la abadía del Sacromonte en Granada con el Venerable P. Andrés Manjón, del que fue su confesor y sucesor como director de las Escuelas del Ave María. Una gran parte de los 23 años que D. Manuel estuvo en el Sacromonte la pasaron juntos, Diego Ventaja y él; ambos compartieron afanes, ideales y amistad espiritual.
(Continúa… pero puedes leer el artículo completo aquí)
María Victoria Hernández Rodríguez,
Postuladora de la Causa de canonización

