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Primera reunión de la Delegación de Enseñanza con los Directores y Titulares de los centros concertados y privados de ideario católico

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Celebrado el pasado 24 de noviembre, en la Casa Diocesana de la familia.

El pasado jueves 24 de noviembre, tuvo lugar la primera reunión del Delegado Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa, D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso, con los Directores y Titulares de los centros concertados y privados de ideario católico de nuestra Archidiócesis de Granada, en el salón de actos de la Casa diocesana de la familia.

En primer lugar, nuestro Delegado, presentó los rasgos fundamentales que nuestro Arzobispo D. José María Gil Tamayo desea para el mundo educativo católico de nuestra diócesis. La importancia de mostrarnos plenamente en comunión para que así resalten más las preciosas diferencias y riquezas de carismas, instituciones, y personas que conforman la escuela concertada en nuestra tierra.

Acto seguido, el Delegado les relató el pasaje evangélico de Mt 23, 1-12, donde dice: ”Que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor”. Subrayando su disposición a escucharlos, servirlos, y aprender también de ellos. Les agradeció el servicio maravilloso que hacen a los niños y jóvenes de Granada y su deseo de visitarlos personalmente en sus centros en próximas fechas.

Por último, el Delegado les emplazó para después de Navidad, para la presentación del Plan Pastoral 2024-2028 para que cada institución y toda la familia educativa desde la Delegación podamos empezar a trabajarlo lo antes posible.

Pedimos a Dios Padre a las puertas del Adviento, que este primer encuentro sea el inicio de una relación cada vez más fructífera y cercana.

Delegación de Educación Católica y Enseñanza Religiosa

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Carta pastoral de Adviento: «Con esperanza, caminamos hacia Belén»

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Queridos fieles diocesanos:

En Adviento ponemos nuestros ojos en la noche santa de la Navidad y emprendemos, con esperanza, el camino hacia Belén. Son semanas de preparación para celebrar la incomparable alegría de la presencia del Dios-con-nosotros, pues «tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

En Adviento hacemos memoria de las dos grandes venidas del Señor: la Encarnación y la Parusía. Vivimos, por tanto, en estas semanas, un tiempo propicio para reavivar en nuestro corazón el deseo y la espera del que viene a nosotros, y que va a venir (cf Ap 1,18). Cierto es que el Niño Dios ya nació en Belén hace veinte siglos, pero vendrá al final del tiempo para «juzgar a vivos y muertos», como recitamos en el Credo. Por eso, el verdadero creyente está siempre vigilante, animado por su íntima esperanza de encontrarse con el Señor.

«A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!» (Mt 25,6). Este tiempo nos urge a estar vigilantes, atentos. Nos llama a preguntarnos qué será de cada uno de nosotros en la venida del Señor, cuál será nuestra respuesta a su palabra que me pide velar, estar dispuesto, actuando como si Él estuviera a la puerta: porque, de hecho, ¡Él ya está a la puerta!: «Mira que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20).Adviento es una nueva llamada del Señor. Llama a las puertas de la Iglesia, como fue llamando a las puertas de Belén. Llama a las puertas de tu corazón, como llamó a las puertas de María; quiere nacer de nuevo en ti, en los creyentes, en cada comunidad, en el corazón del mundo.

Porque hay una venida del Señor en el hoy de nuestras vidas; es el Señor que viene con su gracia en cada momento, con su fuerza en cada instante, viene en ayuda nuestra; o, sencillamente, a pedir, a buscar fruto en nuestras vidas. San Bernardo llamaba a este Adviento «la venida intermedia». Dios viene hacia el hombre, pero para poder encontrarlo hay que buscarlo, y, sobre todo, desearlo. «Te encuentra el que te busca», decimos en la liturgia (Plegaria Eucarística IV). Nosotros siempre vamos de camino, y Dios siempre está viniendo a nuestro encuentro. Dios es adviento y nosotros éxodo, pero ambos estamos llamados a encontrarnos.

Adviento es esforzarnos en reconocer que Dios es ciudadano del mundo, que mora en mi interior y camina a mi lado, que cada día se cruza con nosotros, aunque no nos demos cuenta. Adviento es contemplar y acercarnos desde esa intimidad, tan nuestra, al misterio insondable del amor divino y verlo, así, reflejado en tantos rostros de hermanos con cruces muy pesadas, para hacer de cirineos y de samaritanos con los que se encuentran al borde del camino. Adviento es abajarnos, como Dios lo hizo, al hacerse hombre en las entrañas de una Virgen; para nacer donde viven los que no tienen posada o donde reclinar la cabeza. Él bajó a nuestro mundo desde el más alto pedestal y se dignó nacer en una gruta, porque no había sitio para él en la posada (cf Lc 2,7).Sólo, por estos caminos encontramos a Jesús, como un día lo descubrieron y adoraron los Magos, después de largas caminatas, porque buscaron con fe y empeño una nueva luz para su existencia.

En esta época contemplamos la belleza de las calles inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la gloria del Padre. Con los villancicos descubrimos la expresión popular de esa alegría desbordante, que brota del misterio de la Navidad, del Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan con ofrendas, de los Magos que llegan trayendo regalos. Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior.

En medio de una sociedad que, en ocasiones vive desorientada y confusa, envuelta en la mentira y el engaño, necesitamos agua fresca de verdades, de sentimientos profundos, de ganas de ser de otra manera. Nosotros lo tenemos a nuestro alcance, pues Dios se hizo carne para habitar con nosotros, para iluminar nuestras oscuridades, aunque más de una vez, preferimos mirar para otro lado y apoyarnos en otros “diocesillos”, en vez de intimar con ese Dios que se hace pequeño para engrandecer al hombre. Aún sin saberlo, Jesucristo es el gran esperado por el corazón de todo hombre que viene a este mundo, porque sólo Él puede darle lo que el corazón humano desea y ansía.

En este tiempo, en el que nuestra Diócesis está inmersa en una profunda transformación que nos acerca a los orígenes, y en el que, de modo particular este curso reflexionamos como Iglesia diocesana sobre el «Primer Anuncio», seamos Navidad para nuestro mundo. Somos conscientes de las necesidades de la gente de nuestra tierra. Y queremos serlo más aún. Nos sentimos llamados, cada vez más, a «pasar a la otra orilla» para hacer nuestros los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1)[….] Estamos convencidos de que nuestro Señor Jesucristo puede, en su misericordia, sanar todos los corazones y calmar la sed que se esconde en cada entraña humana. Y también de que es él el que nos urge a ser sus testigos y, como a los primeros discípulos, nos envía por delante a los lugares y a los pueblos a donde él quiere ir (ver Lc 10,1). Es Jesús el que salva; es él el que cura los corazones desgarrados y el que, con su esperanza, dibuja una sonrisa en los rostros entristecidos; pero el encargo que nos hizo es que le abramos camino, que posibilitemos su llegada. (Plan de Pastoral 2023 «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5))

Adviento, especialmente, es tiempo de María, tiempo para aprender de su esperanza. Nadie como la Virgen María ha buscado y ha abierto las puertas de su ser a Dios. Ella nos enseña a ser de Dios y a esperar siempre en Él. «La Virgen es ella misma el camino real por el cual ha venido a nosotros el Salvador. Debemos buscar ir hacia nuestro Salvador por el mismo camino por el cual Él ha venido hasta nosotros» (San Bernardo, Sermón de Adviento, 5). Desde la necesidad que tenemos de Jesús y de su salvación, vayamos a Él por medio de ella.

Que María nos obtenga la gracia de un tiempo de Adviento en el que quitemos obstáculos a la venida del Señor a nuestra vida y le demos a Él la llave de nuestra entrega. Vayamos, pues, al encuentro del Señor, sabiendo que viene, y, por ello, viviendo despiertos y preparados, tengamos bien encendida la luz de la esperanza cristiana, y así, seamos capaces de poner su luz en medio de tanta oscuridad.

Con nuestra Madre del cielo, caminamos hacia Belén y le decimos:

«Virgen y Madre María,

tú que, movida por el Espíritu,

acogiste al Verbo de la vida

en la profundidad de tu humilde fe,

totalmente entregada al Eterno,

ayúdanos a decir nuestro «sí»

ante la urgencia, más imperiosa que nunca

de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús»

(Evangelii Gaudium 288).

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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Encuentro de Directores y Titulares de las Fundaciones y colegios diocesanos de toda España

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Con la participación de la Delegación Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa.

Del 27 al 29 de noviembre, han estado reunidos los Directores y titulares de las Fundaciones y de los colegios diocesanos de toda España. Contó también con la presencia de nuestro Delegado Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa, D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso como presidente Delegado de la Fundación San Juan de Ávila que aglutina nuestros colegios diocesanos.

El IV encuentro de colegios diocesanos ha tenido lugar en la Diócesis de Málaga. En estos tres días, además de poder compartir experiencias y aprender unos de otros, la temática que ha centrado el encuentro ha sido los criterios de selección del personal de nuestros centros. El énfasis principal sobre el profesorado, y el personal de administración y servicios, ha sido recordar el carácter netamente evangelizador de los colegios diocesanos y la importancia del acompañamiento para todos ellos.

La Eucaristía del martes en la catedral de Málaga, fue presidida por nuestro Arzobispo emérito, D. Javier Martínez, en sustitución de D. Jesús Catalá, Obispo de Málaga, y de D. Alfonso Carrasco, Obispo de Lugo y presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Conferencia Episcopal Española, que estaban reunidos con el Papa Francisco en Roma.

Por último, todos los presentes, incidieron en la importancia de aunar fuerzas para defender los intereses de los colegios diocesanos en el mundo educativo como marca propia de calidad e identidad católicas.

El quinto encuentro tendrá lugar, si Dios quiere, los días 6, 7 y 8 de mayo en Lugo.

Delegación de Educación Católica y Enseñanza Religiosa

 

 

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📖 Reseña literaria: ‘José y María. Nuestra historia de amor’ de Andrea Mardegan

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📖 Reseña literaria: ‘José y María. Nuestra historia de amor’ de Andrea Mardegan

Andrea Mardegan se asoma con esta novela a la privacidad de la relación entre María y José para descubrir las pruebas que hubieron de afrontar en su vida y la ternura con la que, con toda seguridad, trataron de superarlas. A través de estas páginas, José y María se ceden recíprocamente la palabra para contar de primera mano las expectativas, esperanzas, miedos, alegrías, pruebas y el amor que marcaron sus vidas junto a Jesús. Siguiendo los Evangelios de la infancia, y con total fidelidad a los datos bíblicos, el autor da paso a la introspección espiritual y psicológica de los personajes, que se hacen totalmente cercanos a nosotros. Al leer esta novela que imagina lo que el Evangelio no relata, la familia de hoy puede reflejarse en la normalidad, en las dificultades cotidianas y también en la belleza de la familia de Nazaret.

Fuente: Editorial San Pablo

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¡Viene el Señor, alegraos!

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Comenzamos este domingo un nuevo Año litúrgico, comenzamos con el domingo
primero de adviento. El cristiano vive lanzado al futuro, pero no lanzado al vacío de un
futuro desconocido, sino en la espera gozosa de la venida del Señor. El futuro para el
cristiano es una Persona, que ha anunciado su venida y no fallará en su promesa:
“Vengo pronto. Maranatha (ven, Señor)!” (Ap 22,20).
El primer sentido del adviento es prepararnos para esa venida última y definitiva del
Señor. Vendrá glorioso para llevarnos consigo y hacernos partícipes de su gloria para
siempre. Él vendrá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos, y su reino no
tendrá fin. Pero en el caso de cada uno, él viene a por nosotros cuando acaba nuestra
etapa en la tierra, cuando nos llega la muerte. El tiempo de adviento nos prepara para
ese encuentro personal con Cristo, de cada uno, cuando él nos lleve consigo y glorifique
nuestras almas, hasta la venida final en que esa gloria sea comunicada también a
nuestros cuerpos, que resucitarán en el último día.
La comunidad cristiana, desde el comienzo hace dos mil años hasta el final de la
historia, ha vivido, vive y vivirá en esa continua invocación: Ven, Señor Jesús
(Maranatha), porque vive volcada hacia la unión plena con su Esposo y Señor
Jesucristo. El tiempo de adviento aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro de
Cristo, que viene. Y deseamos salir a su encuentro, acompañados por las buenas obras.
Se trata de un encuentro esponsal, alimentado a lo largo de la vida personal de cada uno
en la comunidad eclesial, y que en la Eucaristía tiene su anticipo, su alimento y su
estímulo. Deseamos encontrarnos con Jesucristo cara a cara, sentir su abrazo eterno que
nos llenará de gozo y nos purificará definitivamente de nuestras impurezas, y pasar de la
esperanza a la plena posesión. Este es el primer sentido del adviento.
Y además, el adviento nos prepara de manera inmediata a las fiestas de Navidad, en las
que celebramos año tras año el nacimiento en la carne del Hijo de Dios hecho hombre
de las entrañas virginales de María, madre y virgen. El adviento es un tiempo de alegría
y de gozo, que estimula la espera y el ansia del encuentro. La Navidad es la llegada de
ese Hijo esperado, que por los sacramentos viene hasta nosotros realmente.
Las calles están inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la
gloria del Padre, es la lámpara que ilumina la ciudad santa. Con él ya no habrá más
noche, todo será más resplandeciente que la luz del mediodía. Los villancicos son
expresión popular de esa alegría contagiosa, que brota del misterio de la Navidad, del
Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan, de los Magos que llegan trayendo
regalos.
Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior. En una
sociedad de consumo como la nuestra, mucho de todo eso es agitado para estimular el
gasto, incluso el derroche. Hemos de aplicar nuestro sano juicio para mantener la
templanza, puesto que sólo en el silencio interior podremos captar y saborear los
misterios que celebramos. Sólo en el desprendimiento podremos salir al encuentro de
todos los que sufren por cualquier motivo, y para los cuales también es Navidad. Más
aún, el Hijo de Dios en su primera venida ha venido en pobreza y desnudez, en
humildad y desprecio. No podremos conectar con él si nos instalamos en la

extroversión, en el consumo y en el bullicio. No podremos sentir las necesidades de
nuestros hermanos más necesitados, si sólo buscamos satisfacer nuestros sentidos.
La Navidad es una fuerte llamada a la solidaridad, porque el Hijo de Dios por su
encarnación se ha unido solidariamente con cada hombre, cargando con sus penalidades
y dándoles su salvación. Qué admirable intercambio.
El tiempo de adviento nos abre un panorama esperanzador. Entremos en este tiempo
santo con deseo y esperanza de recibir abundantemente para repartir a raudales. Viene el
Señor y trae para todos la gracia generosa de su salvación.

Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

Palabra de Vida de la 1º semana de diciembre de 2023

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“Te busco Señor para encontrarte, te encuentro para seguir buscándote”. Estas palabras de san Agustín expresan de forma maravillosa el dinamismo de la vida cristiana y la riqueza del encuentro con el Señor. “Crecer” en cristiano significa buscar; buscar implica desear; y desear es posible para quien descubre que ha sido encontrado. Jesús, que me conoce y me ama, pone en mí –aunque yo no siempre lo reconozca- el deseo de salir a su encuentro. Lo hace cuando mi entendimiento busca la verdad, cuando mi voluntad anhela el bien, cuando mis afectos reclaman la ternura de la belleza, cuando mi libertad aspira a la comunión. Comenzar un Año litúrgico es estrenar una nueva oportunidad de seguir buscando a quien ya he encontrado. Con el primer Domingo de Adviento se inaugura un nuevo ciclo de celebraciones que me permitirán acompañar a Cristo en los misterios de su vida, para que yo pueda caer en la cuenta de que, en realidad, es Cristo mismo quien se ha hecho mi compañero en el camino de la vida. Quien encuentra al Señor descubre con asombro que Él le encontró primero.

En este primer Domingo del nuevo año litúrgico la Iglesia pone en nuestros labios una sorprendente petición: “aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras”. Sabemos que la oración de la Iglesia, realizada en nombre de Jesucristo, es eficaz. El Señor nos mueve a pedir aquello que nos quiere conceder, a fin de que nuestro corazón se disponga a recibir el don. En las lecturas de este primer domingo de Adviento tenemos la orientación que nos lleva a recibir un aumento del deseo confiado, es decir, un aumento de la esperanza. Escuchando aprendemos y aprendiendo nos preparamos. Cristo viene -nos recuerda la Liturgia- y el encuentro con Él no puede ser improvisado. El tiempo de Adviento es ocasión propicia para preparar el encuentro con Cristo y aprender a estar con Él.

Jesucristo nos recuerda en el pasaje evangélico del primer Domingo de Adviento que su venida acontecerá cuando menos lo esperemos. Sus palabras son invitación a la vigilancia. La esperanza nos hace vigilantes: porque sabemos que Cristo nos espera, preparamos ahora el encuentro definitivo con Él reconociendo su presencia velada y saliendo a su encuentro para permanecer en Él. Cristo viene. Salgamos a su encuentro. El mismo que nos espera, aumenta en nosotros el deseo de encontrarnos con Él.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

«No tengáis miedo», Carta pastoral de Monseñor Saiz Meneses a los jóvenes

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Comenzamos un nuevo año litúrgico con el primer domingo de Adviento. Tiempo de esperanza en un mundo complejo y lleno de tensiones a causa de acontecimientos diarios en el presente y por la incertidumbre ante el futuro. Los cristianos, que formamos parte de este mundo, participamos también de la tensión, de la inquietud y de las ansiedades ante el futuro del hombre y del mundo; pero, por encima de todo, el cristiano es el hombre de la esperanza. Adviento significa venida, la venida del Señor. Venir es hacerse presente. Se hizo presente en la tierra con la Encarnación, naciendo de la Virgen, viviendo entre los hombres como uno de tantos; se hace presente ahora por medio de la gracia; se nos hará presente en visión después de nuestra muerte cristiana.

Todos estamos invitados a hacer nuestro personal proyecto de Adviento, que ha de ser sobre todo un propósito de acogida del Señor que viene y de reavivar nuestra confianza en Él. La confianza que nace de la seguridad de la persona que se siente amada. La palabra de Isaías, que escuchamos en este domingo, se concreta en una plegaria confiada: “Tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla y Tú el alfarero”. El Adviento es también un tiempo propicio para revisar nuestros deseos y confianzas, nuestras esperanzas y nuestros compromisos en nuestra vida personal y en la de nuestras comunidades cristianas. El Adviento nos invita a estar vigilantes y a revisar si somos suficientemente generosos y activos en la edificación del Reino de Dios.

La reciente Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa nos ha situado frente a la realidad de los jóvenes, de su presente y de su futuro. Es preciso que los sepamos escuchar, tanto sus deseos y aspiraciones como sus críticas y lamentos, que estemos atentos, sobre todo, a sus necesidades. La finalidad de la Pastoral con Jóvenes es propiciar en ellos un encuentro con Cristo que transforme su vida, que les cambie el corazón, porque ese encuentro con Cristo los llevará a una experiencia de Iglesia, de pertenencia a una gran familia, y también a vivir su compromiso cristiano en medio del mundo. Debemos confiar en los jóvenes, ayudarles a sentirse miembros de la Iglesia, protagonistas de la misión evangelizadora, artífices de la renovación de la sociedad.

Por eso, al comenzar un nuevo año litúrgico, quiero ofrecer esta carta pastoral a los jóvenes, que, a primera vista, tienen una percepción de la Iglesia con sentimientos encontrados. Unos la ven como algo propio de personas mayores; otros la ven como una fuente de prohibiciones, alejada de sus problemas y de la forma de pensar mayoritaria en la sociedad; pero también hay jóvenes que descubren una Iglesia que está a su lado, que da sentido a sus vidas y que realiza un esfuerzo generoso y desinteresado por los más pobres y excluidos de la sociedad; por eso muchos jóvenes se implican en las actividades que la Iglesia organiza.

Si en algo ha insistido el papa Francisco a los jóvenes ha sido en que no tengan miedo, continuando un camino iniciado por San Juan Pablo II en el comienzo de su pontificado, que siguió también el papa Benedicto en múltiples ocasiones; por eso finalizó la homilía de la Santa Misa del envío de la JMJ de Lisboa con estas palabras: «A ustedes, jóvenes, que quieren cambiar el mundo, y está bien que quieran cambiar el mundo y que quieran luchar por la justicia y la paz; a ustedes, jóvenes, que le ponen ganas y creatividad a la vida, pero que les parece que no es suficiente; a ustedes, jóvenes, que la Iglesia y el mundo necesitan como la tierra, necesita la lluvia; a ustedes, jóvenes, que son el presente y el futuro; sí, precisamente a ustedes, jóvenes, Jesús hoy les dice: “No tengan miedo”. “No tengan miedo”».

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Escuchar la Palabra. I Domingo de Adviento

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Comentario bíblico al Evangelio del 3 de diciembre de 2023.

Inauguramos este tiempo de Adviento que es el tiempo de la esperanza, el tiempo de la vigilancia, el tiempo del deseo del encuentro. A lo largo de él, somos invitados a vivir una espera comprometida con la realidad con los ojos puestos en el cielo que se rasga para regalarnos al Salvador.

La liturgia de la Palabra de este primer domingo presenta un breve itinerario para adentrarnos en este tiempo tan especial. Tres expresiones nos conducen desde el deseo de que Dios venga al compromiso en este tiempo de espera: vuélvete, muéstranos, velad.

VUÉLVETE

La primera lectura tomada del libro de Isaías es un clamor. El pueblo de Israel en el exilio ora a Dios. Experimenta la lejanía de Dios en medio del sinsentido y el dolor, lejanía de la tierra que Dios había regalado, lejanía de los parientes que quedaron atrás, lejanía del Templo: lugar donde Dios habitaba en medio de su pueblo. El exilio aleja de Dios, pero, paradójicamente, la lejanía despierta la memoria. Dios ha actuado siempre en favor de su pueblo. Brota la esperanza. Es el pariente que salva, Padre y Redentor. No nos abandones, rasga los cielos y desciende. Vuélvete es la primera suplica de este domingo y expresa el deseo de que Dios se vuelva a nosotros, nos devuelva la mirada. Vuélvete es la petición que nace del deseo de reencontrarnos con el Padre y el Redentor regresando a la tierra que él regala.

MUÉSTRANOS

El salmo 79 está lleno de peticiones a Dios: escucha, manifiéstate, mira, visita, … Todas ellas quedan resumidas en el estribillo: Muéstranos tu favor y sálvanos. Pedir a Dios que nos muestre su favor es pedirle que vuelva, desear experimentar su salvación. Pedimos a Dios que nos mire porque su mirar nos permite reencontranos con su salvación: Miranos para que te miremos.

VELAD

El texto del evangelio que leemos nos recuerda a la parábola de los talentos (Mt 25, 14- 30; Lc 19,11-27). A diferencia del resto de sinópticos, el evangelista Marcos pone el acento en el cómo se vive la espera del señor que llega y no en la productividad de las tareas encomendadas (talentos). Saber esperar es velar y estar alerta.

La vela es una actitud dinámica, un estado de alerta permanente que no hemos de confundir con la ansiedad o con la preocupación, sino que es comparable, como indica el texto, a la actitud de un portero que, cumpliendo sus tareas, vive su presente y, al mismo tiempo, espera a que llegue su señor. Velar es vivir despiertos, atentos a la realidad que contemplamos con los ojos abiertos; velar es generar dinámicas que nos permiten estar disponibles para acoger al Señor que viene. Por el contrario, dormir es la imagen que indica un estado de parálisis. El sueño evoca la idea del límite. Dormimos porque lo necesitamos. Dormir nos evade, nos incapacita para percibir la realidad. Cuando dormimos estamos ajenos a todo y a todos.

Al celebrar este primer domingo de adviento dejémonos interpelar por esta invitación a permanecer en vela como el portero, en espera gozosa y comprometida con la realidad del día a día. Que durante esta semana resuenen en nosotros las palabras del Apóstol Pablo “… y Dios es fiel” (1Cor 1,9).

Ignacio Rojas Gálvez, osst.

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El sacerdote Gil Sáez investido doctor por la Universidad de Murcia

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El pasado lunes, en el acto que tuvo lugar en el salón de actos de la Facultad de Empresa de la Universidad de Murcia (UM), en el campus de Espinardo, tuvo lugar el acto de investidura de los nuevos doctores. José Luján, rector de la UM, felicitó durante su discurso a los investigadores que durante el curso pasado habían alcanzado el grado de doctor, resaltando que las ramas de Ciencias de la Salud y Ciencias Sociales y Jurídicas fueron las que contaron con el mayor número de doctorados.

Entre los doctores de esta última se encontraba el sacerdote Gil Sáez. La respuesta del Derecho Canónico ante los abusos sexuales a menores cometidos por clérigos en España. Propuestas de cooperación procesal entre el ordenamiento estatal y el ordenamiento canónico. Este es el título de la tesis doctoral de Gil José Sáez Martínez, vicario Judicial y delegado de Protección del menor y de los adultos vulnerables de la Diócesis de Cartagena, que defendió el pasado 24 de enero en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia.

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Lecturas del I Domingo de Adviento (Ciclo B)

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Lecturas del I Domingo de Adviento (Ciclo B)

Lecturas del domingo, 3 de diciembre

Primera lectura

Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7

¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador». ¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces
nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! En tu presencia se estremecerían las montañas. «Descendiste, y las montañas se estremecieron». Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él. Sales al encuentro de quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti. He aquí que tu estabas airado y nosotros hemos pecado. Pero en los caminos de antiguo seremos salvados. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Salmo

Sal 79

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

– Pastor de Israel, escucha; tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.
– Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó, y al hijo del hombre que tú has fortalecido.
– Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Segunda lectura

1 Corintios 1, 3-9

Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo

Hermanos: A vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de
nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá fi rmes hasta el fi nal, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Evangelio

Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Las lecturas de este inicio de Adviento aluden a la venida final del Señor. Isaías presenta parte de una conmovedora confesión de Israel a la vuelta del destierro (63,7-64,11). Después de rememorar el amor de Dios en tiempos pasados, el pueblo le suplica que vuelva a actuar en medio de la calamidad presente. Le recuerdan que Él es su padre, los ha modelado como hace el alfarero con la arcilla, y es su redentor. Confiesan su pecado y le suplican que rasgue el cielo y baje. Esta misma petición proclama el Salmo: “mira desde el cielo…, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve… despierta tu poder y ven a salvarnos”.

Esta llegada del Salvador aconteció con la venida-adviento de Jesucristo, y será consumada con su venida-adviento al final de los tiempos, en la parusía del Hijo del Hombre (13,25; cf. Dn 7,13), revestido del poder y la gloria de la resurrección. En el evangelio, perteneciente al llamado discurso escatológico, Jesús afirma que no se conoce este “momento”, por eso exhorta, por tres veces, a la vigilancia. Pone la comparación del hombre que sale de viaje y deja a los criados al cuidado de su casa, encargando al portero que vigile. Mirar al futuro implica mantenerse activos en el presente, en la tarea que el amo ha asignado a cada uno.

Pablo, saludando a los corintios, también les recuerda que esperan la manifestación del Señor Jesús y que será Dios quien los mantenga firmes hasta el final con los dones que les ha dado. Así, no habrá motivo de acusación en el día de su venida. Dios nos ha llamado a participar en la vida de su Hijo y será fiel. De este modo, hace una fuerte invitación a no desaprovechar el tiempo presente, viviendo desde el amor (1Co 13), hasta su consumación final.

Orar con la Palabra

  1. Recordando las manifestaciones del amor de Dios a lo largo de tu vida, ¿qué suplica levantarías al Señor en este momento?
  2. ¿Vives tu fe teniendo en cuenta el encuentro final con el Señor? ¿Cómo repercute esto en tu vivir diario?
  3. ¿Qué tarea te ha asignado el Señor? ¿La llevas a cabo con responsabilidad?

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