Inicio Blog Página 2116

Homilía en la Epifanía del Señor

0

EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2024)

Lecturas: Is 60, 1-6; Sal 71, 1-2.7-8.10-13; Ef 3, 2-3.5-6; Mt 2, 1-12.

La humanidad se postra ante el Señor

1.- Los pueblos descubren la luz del Señor

En la fiesta litúrgica de la Epifanía celebramos la manifestación de Jesucristo a todos los pueblos, a los que ilumina con su luz.

El pueblo de Israel es llamado por el profeta Isaías a levantarse ante la luz que llega: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60, 1).

Las gentes de todas las épocas han vivido en la oscuridad, fruto del pecado y de la lejanía de Dios: «Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos» (Is 60, 2). Pero existe la gran esperanza de la presencia de Dios en medio de su pueblo: «Sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti» (Is 60, 2). De ese modo todos los pueblos y todas las gentes del mundo, incluidos nosotros, podemos caminar a la luz que nos llega del cielo (cf. Is 60, 3).

La fiesta de la Epifanía es la manifestación de Dios a toda la humanidad, a todas las razas, a todas las gentes y en todas las épocas. Es necesario recuperar el sentido de esta hermosa fiesta sin desplazarla de su propio centro. Los protagonistas de esta fiesta no son los Reyes Magos, sino la manifestación o Epifanía del Señor. La Luz que nació en Belén, Cristo, y que ilumina a todo hombre; esa Luz no podía quedar aprisionada ni siquiera en una religión nacional o en un grupo étnico; La Luz de Cristo tenía que brillar en el firmamento universal, para encender la esperanza de todos los hombres y alumbrar a los buscadores de la Verdad, como los Magos.

2.- La humanidad peregrina buscando a Dios

El profeta Isaías contempla la acción salvadora de Dios, visualizada en una gran peregrinación de los pueblos y de sus reyes dirigiéndose a Jerusalén, ciudad del gran Rey y Señor, que es nuestro Dios: «Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti» (Is 60, 4).

La visita de un rey siempre iba acompaña de la ofrenda de los dones propios del país de donde procedía: «Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor» (Is 60, 6).

Se trata de una imagen que significa la universalidad de la acción salvadora de Dios. Nuestra colaboración al proyecto de Dios debe tener dos características: generosidad y universalidad. El Señor espera que le ofrezcamos lo que Él nos ha regalado previamente: nuestras cualidades y facultades, nuestros buenos deseos y propósitos, nuestro testimonio de amor, nuestro tiempo, nuestras personas, incluidos nuestros pecados, para que Él los perdone y los transforme.

3.- Los pueblos adoran al Hijo de Dios

En el Evangelio hemos escuchado que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2, 2). Suponían que un rey tendría que nacer en un palacio real y se pusieron en camino para tener un encuentro personal con el Dios verdadero.

En Jesús, Dios se manifiesta como el Dios de toda la humanidad; y no solo de un pueblo, de una raza o de una religión. Los primeros cristianos provenientes del paganismo estaban agradecidos, porque se reconocían en los Magos.

Estos personajes se convierten en modelos de vida cristiana. Desde su actitud de búsqueda, oteando los cielos y buscando signos, abiertos a la Verdad, abandonan sus certezas y seguridades y se ponen en camino, para adorar al Dios que aún no conocen.

Peregrinos, itinerantes de la verdad y de la fe, preguntan, investigan y, finalmente, se postran ante el Rey de cielos y tierra, para adorarle y ofrecerle sus dones. Esa es la actitud que nos pide la fiesta de la Epifanía: Salir de nosotros mismos para buscar a Dios. Él nos espera antes de que empecemos a buscarle.

Los Magos nos muestran un estilo dinámico de vivir la fe: En camino, en sinodalidad, en comunidad, eclesialmente, buscando y rastreando la presencia de Dios, abiertos para escuchar y obedecer su palabra y ofrecerle, con libertad y alegría, lo que somos y tenemos.

4.- Dificultades en el camino

Pero los Magos encuentran muchas dificultades en su camino. Van al palacio del rey, porque suponen que un rey debe nacer en un palacio, como hemos dicho. Pero allí pierden de vista la estrella y sufren la tentación del engaño de Herodes, quien muestra interés por el niño; pero no para adorarlo, sino para eliminarlo; porque considera al recién Niño-Dios como un rival (cf. Francisco, Homilía en la Epifanía del Señor, Vaticano, 6.01.2015). Los Magos no encuentran a Dios en un palacio; y nosotros, ¿dónde lo buscamos?

Cuando retoman el camino los Magos, vuelve a aparecer la estrella; y se llenan de una «inmensa alegría» (Mt 2, 10). La estrella guía a los Magos hasta donde está el niño (cf. Mt 2, 9). Pero aquí aparece otra tentación: la de rechazar al Mesías por verlo tan pequeño y tan frágil. Esperaban adorar a un gran rey y se encuentran con un niño frágil, recién nacido en un establo.

A nosotros también nos cuesta encontrar la presencia de Dios en un niño en el seno materno y algunas madres se deshacen de su hijo no-nacido. Nos cuesta encontrar la presencia de Cristo en un niño pequeño, en un enfermo, en una persona débil y anciana, en una persona en estado terminal y como nos molesta la eliminamos. ¡No rechacemos a Cristo en las personas débiles y frágiles!

A los Magos les costó encontrar al Rey que buscaban y reconocerlo en el Niño-Jesús. Sin embargo, entran y cayendo de rodillas lo adoran y, «abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2, 11).

La fiesta de hoy, queridos hermanos, nos invita a ser testigos del Dios vivo, convirtiéndonos, a nivel personal y comunitario, en estrellas de paz que conduzcan a los hombres a Belén, donde se encuentra la Verdad, la Paz y el Amor. Hemos de ayudar a otros a que encuentren a Jesús, donde no parece que está.

Agradecemos a Dios su llamada a la fe, a la esperanza y al amor. Y pedimos a la Virgen María que nos acompañe en nuestra peregrinación en busca de Dios, para ser después testigos valientes en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Amén.

Homilía en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

0

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

(Catedral-Málaga, 1 enero 2024)

Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 2-8; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Agradecer a Dios sus dones

1.- En este primer día del año agradecemos a Dios las cosas buenas que nos ha regalado en el año que termina. Cada uno las guarda en su corazón; pueden ser he­chos sencillos, caricias afectuosas del Señor y regalos significativos de Dios, de los que hemos disfrutado, incluyendo la vida, la fe y el amor de Dios y de los demás.

Nuestro corazón quiere ser cora­zón agradecido, porque admira y valora desde la fe los acontecimientos. Y, sobre todo, damos gracias a Dios por las per­sonas, que han sido para un regalo de Dios para nosotros.

Pidamos al Señor que nos conceda un espíri­tu agradecido por las buenas cosas recibidas y con la espe­ranza de disfrutar de otros gestos futuros del amor de Dios.

Sepamos gozar del buen recuerdo del pasado, para vivir la esperanza de que Dios va a seguir visitándonos con su amor; que pue­de mantenernos firmes ante las dificultades de la vida.

Él siempre nos cuida con su providencia amorosa, mira con amor de Padre y nos escucha. ¡Que nadie piense que Dios nos castiga o que se olvida de nosotros! El profeta Isaías nos recuerda: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré» (Is 49, 15).

Hoy agradecemos a Dios el inmenso regalo de habernos enviado a su Hijo, para salvar al ser humano. Y para ello ha elegido a María como Madre de su Hijo. Celebremos este doble regalo: la Virgen Madre, que da a luz al Salvador. Los cristianos la aclamaron en Éfeso como Madre de Dios; hoy nosotros queremos aclamarla también y pedir su intercesión. Podemos repetir: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración).

2.- El Año nuevo nos evoca el paso del tiempo, al que estamos sometidos y que nos arrastra irremediablemente. Es un año de gracia, porque el tiempo es un don que Dios nos regala, lleno de su bondad, de su cercanía y de su llamada.

El paso del tiempo nos recuerda el misterio de la encarnación y la historicidad de nuestra fe, porque Jesús asumió nuestra naturaleza humana entrando en el tiempo, haciéndose hombre. Como nuestra vida, también la suya se encuentra sometida al curso del tiempo: nacer, crecer y morir.

Celebremos con gratitud el año que hoy comienza en el marco de las fiestas de Navidad. Para los cristianos es una invitación a vivir a lo largo de los próximos 365 días, como hijos de Dios y hermanos en Jesucristo, en quien se nos manifiesta el amor de Dios.

3.- Hoy celebra la Iglesia la divina maternidad de la Virgen María. Contemplando este misterio reconocemos que Dios ha «nacido de mujer», como nos ha dicho san Pablo: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4, 4). La plenitud del tiempo la trae el mismo Jesucristo.

El objetivo de la encarnación del Hijo de Dios ha sido «rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4, 5); es decir, hacernos hijos adoptivos de Dios: «Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!» (Gal 4, 6).

Por eso estamos invitados a vivir como tales, recibiendo la plenitud de nuestra humanidad. Ya no somos esclavos, sino hijos: «Y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Gal 4, 7).

Gracias al nacimiento del Hijo de Dios, hecho hombre, y a su anonadamiento hemos sido ensalzados y divinizados; gracias a su pequeñez hemos adquirido grandeza; gracias a su fragilidad, hemos tomado fuerza; gracias a hacerse siervo, hemos obtenido la libertad.

El Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha rebosado en nuestros corazones; y por ello hemos de ser agradecidos, de manera especial en esta fiesta de la maternidad de María, por medio de la cual nos ha llegado el Salvador. Repetimos la frase: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración).

4.- También celebramos en el mundo católico la Jornada mundial por la Paz. El papa Francisco nos ofrece una reflexión sobre el uso de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y su relación con la paz.

Y nos dice en su Mensaje que: “La dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como miembros de una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso, de modo que el progreso digital pueda realizarse en el respeto de la justicia y contribuir a la causa de la paz. Los desarrollos tecnológicos que no llevan a una mejora de la calidad de vida de toda la humanidad, sino que, por el contrario, agravan las desigualdades y los conflictos, no podrán ser considerados un verdadero progreso” (n. 2).

Es necesario conocer el “sentido del límite” de la tecnología; porque el ser humano es mortal y temporal y no puede perpetuarse ilimitadamente buscando una libertad absoluta; es una quimera querer vivir en este mundo de manera indefinida, porque somos limitados y vivimos en el tiempo; podremos seguir viviendo en la otra vida de modo diverso al que vivimos en este mundo. Los avances técnicos deben contribuir a una mayor fraternidad humana y en favor de la paz; y eso es responsabilidad de toda la familia humana.

5.- Queridos hermanos, en este inicio del año que Dios os bendiga, os guarde, vuelva su rostro sobre vosotros y os conceda su favor y su paz, todos los días de este nuevo año. Pido al Señor que os llene de amor y de alegría, para poder construir la paz día a día, en medio de las guerras que estamos viviendo.

Para vosotros y para los vuestros os deseo la bendición de Dios, con la protección de Santa María, la Madre de Jesús, la mujer bendita entre todas las mujeres. Que María, la Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.

A María confiamos en este nuevo año nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades y las del mundo entero. Y pedimos su intercesión para que vivamos con sed de justicia y de paz, invocándola como ¡Santa Madre de Dios! Repetimos: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración). Amén.

Homilía en el presbiterado de Eduardo A. Henríquez

0

Querida Comunidad. Especialmente os saludo a vosotras, la madre y las tías de Eduardo: Saira, Judit y Lilia, que venís desde Panamá a la ordenación de vuestro hijo y sobrino. Recibid mi enhorabuena, mi cariño y el de toda nuestra diócesis, sentiros en casa. Excelentísima Señora Embajadora de Panamá: Ithzel Patiño y su Esposo. Ilustrísimos Señores Alcaldes y miembros de las corporaciones de los municipios de las Alpujarras y Vélez Rubio.

Señor Rector y Seminaristas de Almería. Un recuerdo para el Rector, los formadores y seminaristas de Cartagena-Murcia, que no han podido venir, por estar en plena campaña vocacional, en estos días tan cercanos a san José. Comunidades parroquiales de Vélez Rubio y su párroco D. Javier, donde Eduardo hizo el año de pastoral. Comunidades parroquiales de Laujar de Andaráx, donde ha ejercido el diaconado desde el 2 de septiembre del año pasado y su párroco D. Manuel. Jóvenes, de todas estas comunidades parroquiales.

Queridos Vicario General y Vicario de Evangelización, Sr. Deán y Cabildo de esta casa madre, en la que celebramos el Año Santo, en sus 500 años. Sacerdotes, diáconos permanentes, religiosas y religiosos de la vida consagrada, hermanas y hermanos de esta iglesia apostólica que ha seguido, hasta nuestros días, la misión evangelizadora de San Indalecio y que hoy, especialmente, se siente orgullosa y esperanzada, aunque seguimos orando por las vocaciones.

Querido Eduardo que el Señor te ha elegido para entrar en el orden de los presbíteros, para entregarte a este pueblo y a esta tierra. Doy gracias a Dios por tu obediencia a la voluntad de Dios, y por el esfuerzo que has hecho durante estos años para discernir tu vocación, así como también doy gracias a los religiosos agustinos y a los sacerdotes que te han acompañado, tanto en el seminario como últimamente aquí en ésta tu diócesis. Lo muestran todas estas personas (y las que nos han podido venir) que sé que te quieren.

Como la primera y segunda lectura son las mismas que proclamamos en tu ordenación del diaconado y os hablé entonces ya de ellas, permíteme que me centre más en el evangelio. Los versículos anteriores al texto que hoy hemos proclamado y has elegido para tu ordenación al presbiterado, hablan de la vid y los sarmientos. Todos sabéis el texto de memoria, pero es esencial recordarlo para comprender el evangelio de hoy.

Jesús está viviendo la última noche con sus discípulos. Les ha lavado los pies, y les ha anunciado su partida inminente y el envío del Espíritu Santo, para que no tengan miedo. Es un momento de intimidad. Curiosamente, el evangelista san Juan, no narra la institución de la Eucaristía, pero Jesús les habla a sus discípulos de la viña y el vino en los mismos términos de la Alianza, que utiliza en la institución de la eucaristía en los otros evangelios. La imagen de la vid y los sarmientos sin querer nos retrotraen al profeta Isaías: “Voy a cantar un canto a mi amigo, el canto de amor a su viña” [Is 5,1] Estas son las palabras esenciales que nos regala: amigo, viña, amor, que encierran la belleza de la fe. Creer, Eduardo, es un regalo, un don, una Gracia. Entender esto significa entender muchas cosas: la fe, la vocación e incluso a uno mismo. El mandamiento del amor está arraigado en la unidad a la Vid verdadera, Cristo.

Está claro que Jesús, en este momento tan importante como es su discurso de despedida y por tanto de confidencias, no desea más que hablar de lo esencial. ¿Y qué es lo esencial? Sin duda la Alianza: “este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”. Fijaros que, con la imagen de la viña, no tiene necesidad de pronunciar la palabra Alianza, quizás porque no quería confundir a sus discípulos. Hablando de la viña está hablando de las condiciones de la nueva Alianza. ¿Un compromiso de amor que necesita? por encima de todo, una unidad íntima, como la rama al tronco y se precisa una condición: permanecer estrechamente unidos a Jesús, como lo están el sarmiento y la cepa. No hay frutos sin unidad a la cepa. ¡Permaneced en mí amor! es el grito de Jesús a los suyos, sobre todo porque sabía que le iban a abandonar esa misma noche.

Este deseo de unidad es también el fuerte deseo de Jesús hacia nosotros. Y este trabajo de unidad, de construir comunidad, es la tarea por la que te consagras hoy como sacerdote en medio del Pueblo de Dios. No es tu pueblo, tu eres el siervo (como Cristo) para reparar, sanar y construir su cuerpo, para reedificar y plantar, para hacer su voluntad. Como hemos escuchado al profeta Jeremías. Os he elegido yo para que vayáis y deis fruto.

Si lo miramos bien, todo el problema de la humanidad es desconfiar en Dios. Y todo nuestro problema es no considerar en lo profundo de nuestro corazón a Dios como Padre. “Padre, mientras el mundo no te ha conocido, yo te conozco”.

Cuando el pueblo de Israel era infiel a la Alianza, cuando caminaba por los caminos de los paganos, cuando seguía a falsos profetas, cuando se obcecaba en su propia voluntad: eso lo llamaban idolatría. Es decir, ¡No conocían a Dios! ¡Se hicieron falsas imágenes de él! Nosotros también podemos estar viviendo, sin darnos cuenta, en una actitud de idolatría, si no seguimos a Jesús (su estilo de vida, sus palabras, sus hechos), pues solo él es quien verdaderamente conoce a Dios como Padre. Un Padre que nos invita a estar fuertemente agarrados a su Hijo, para que demos frutos de amor y nuestros frutos duren.

Este mensaje estuvo fuertemente gravado en los primeros cristianos. La Palabra de Dios, también ahora, da la respuesta a las dificultades que se vivían y vivimos en las comunidades cristianas. En tiempo de San Juan ya habían dado comienzo las persecuciones que hacían tambalearse la fe de esa segunda generación de cristianos. Cuando se escribe este evangelio parece que la comunidad está pasando por persecuciones y penalidades. Por eso Jesús nos insiste que él es la vid a la que hemos de estar unidos los sarmientos, nosotros, para dar fruto. Y insiste en un verbo: “permanecer”.

El mensaje es bien sencillo, pero ¿por qué se insiste tanto en permanecer unidos al Señor? ¿Porque se daba una circunstancia muy parecida a la que estamos viviendo hoy nosotros? Los cristianos y también los sacerdotes, notamos el cansancio, vivimos muy dispersos, estamos como agotados, desorientados, desestructurados … Otras influencias ideológicas están haciendo mella en la esencia de nuestro corazón… ¡hemos perdido el amor primero! Recordad si no el himno de la primera carta a los corintios, donde nos habla del camino más excelente, ¿recordáis? Es un texto de alianza, de bodas: es paciente, no lleva cuentas del mal, no tiene envidia, no presume, no se irrita, no se alegra de la injusticia, goza con la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… el amor no pasa nunca.

La vieja cristiandad de Europa se resiente con el secularismo y el ateísmo o las idolatrías. Con frecuencia, a veces por desidia, no sabemos qué camino tomar para ser fieles a nuestra fe en Cristo. Ante este panorama se nos recuerda de una manera insistente que permanezcamos unidos a la “Vid verdadera”, porque separarse de ella es ir a la ruina, a la muerte. Y no hay otro camino: separados del Señor, actuando por nuestra cuenta y riesgo, seremos como los sarmientos secos que es imposible que produzcan nada, sólo sirven para ser cortados y echados al fuego. Necesitamos que nos vivifique la savia de Dios, que es su misericordia entrañable, su gran ternura, su perdón para todos nosotros.

“Permaneced en mí”, porque “sin mí no podéis hacer nada”. Querido hermano Eduardo, ¿cómo podremos comprender este gran misterio que hoy te envuelve y nos envuelve? Te pido por favor, que te fijes, nos fijemos todos en los grandes pastores de la Iglesia que han seguido a Cristo en su vida, que no pongas la mirada en cosa pasajeras. Que, ante las dificultades, que te encontrarás, grites con san Pablo: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”, el gran evangelizador de aquellos que no conocían a Cristo, y es el momento que comenzamos a vivir ahora. Podrás comprender a los ignorantes y extraviados (como nos ha dicho la carta a los hebreos) porque también nosotros estamos sujetos a debilidad. Como comunidad, como Iglesia, permanezcamos en Cristo.

Eduardo, estamos contigo, todos te necesitamos, todos nos necesitamos. Se muy feliz.

Sábado 16 de marzo, CATEDRAL de ALMERÍA, 10:30 horas

 

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

La cuestión nicomedita

0

Por la mañana, algunos días, salgo a andar por la orilla de la playa, y me cruzo con muchos y diversos caminantes, que por unas razones u otras tienen necesidad de esta práctica saludable. Hoy es fiesta, y mi camino está plagado de viandantes, de todas lenguas y razas, de todas las edades y tipologías, personas distraídas en sus conversaciones, músicas o emisoras de radios. Ir totalmente libre me ayuda a escuchar ráfagas de frases enredadas en mis pasos más lentos.

No dejo de dar vueltas a este artículo sobre presencia pública y compromiso en el mundo que me pide la Revista SIGNO de la Acción Católica General. Y no termino de plasmar una frase, que no sea un camino trillado, después de los diversos textos y reflexiones que he leído a lo largo del tiempo sobre este tema. Dos mujeres me adelantan y oigo decir a una de ellas, si escuchase otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva. No sé por qué, pero en ese momento encontré la esencia de este escrito.

Después de la proclamación las Bienaventuranzas, en el relato del capítulo cinco de san Mateo, el Señor nos da la clave de nuestra presencia en medio de nuestra sociedad. Vosotros sois la sal y la luz del mundo. Creo que me quedo con este orden de preferencia. Debíamos de profundizar más sobre lo colocado en primer lugar, la SAL, y luego sobre lo segundo, la LUZ. Cuando era joven se hablaba mucho en nuestras reuniones, de los equipos de educadores del Movimiento Junior, sobre la necesidad de ser fermento en la masa, de no dar órdenes en nuestros grupos, sino de ser ejemplo: ¡eh! ¿Me ayudáis a recoger la sala? Un ejemplo cala más que un mandato, un estilo de vida llega más lejos que mil predicaciones o una acusación.

Ahora que estamos bajo las redes deshumanizadoras de arrastre masivo, donde los insultos, las medias verdades (no hay mayor mentira), la necesidad de estar en el candelero y tener multitud de seguidores (me niego a poner otras palabras en inglés) han elevado a la altura de la fama a personas sin relato que tan solo viven del deslumbramiento de una noticia fugaz que ya se encargan ellos de revestirla de las características de una literatura apocalíptica. Son cronistas del mal agüero. No construyen, son reaccionarios impulsivos, cuando en la mayoría de ellos sus vidas no responden a la pureza ideológica que manifiestan. Esto no es ni presencia pública ni compromiso en el mundo. Lo siento por ellos, pues algunos se tienen como adalid de la presencia e incluso de la autoridad cristiana. Si tuviéramos un grupo para discernir, si viviésemos más en comunidad, si orásemos de verdad, no seríamos seguidores de los Hijos del Trueno, Señor, envíales fuego y arrásalos, seríamos mucho mejores, como Jesús, más misericordiosos, a pesar de que le tratasen mal.

Hace más de cuarenta años escribí, en la revista Junior en Marcha, un artículo sobre la necesidad del relato, de la narración, que diría ahora el filósofo coreano Byung-Chul Han. El texto estaba basado en una experiencia de vida con el grupo de preadolescentes que acompañaba. Necesitamos volver a la narración evangélica. El Señor nos acompaña con sus relatos y sus obras. No es cuestión ni de leyes ni de normativas, que tantas veces nos arrastran a un espíritu farisaico y en ocasiones talibán, sino de la sabiduría del corazón. La esencia del corazón de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo, es la misericordia empapada de paciencia y de ternura. Narraciones como la del padre bueno y los dos hijos (uno de ellos manirroto, el otro un soberbio cumplidor), del buen samaritano, la del buen pastor, del sembrador, del trigo y la cizaña… nos dan las claves de nuestra presencia en medio de esta nuestra sociedad.

Para ser testigos en medio del mundo se necesita una verdadera conversión del corazón, a base de mucha escucha personal y comunitaria, para ser sal y dar sabor. En muchos de los mensajes de la red, piensan que son salvadores, hay demasiados prejuicios, proselitismo, supremacismo moral, desconfianza, superioridad y descarte. Somos muy influenciables por distintas corrientes sociales, ideológicas, políticas, religiosas… corrientes que nos condicionan y limitan la vida, nos convierten en sectarios, y que por otra parte ya se vivían en tiempos de Jesús. Cada persona tiene su propia historia, no te metas con los que son distintos o piensan diferente a ti, eso no es evangelizar, es alimentar el fuego del odio. Nada nuevo bajo el sol. La mejor homilía es la de Pablo en el Aerópago.

En aquel tiempo, Jesús tenía seguidores ocultos, por no perder el prestigio y por el qué dirán. Yo soy muy admirador del relevante Nicodemo, un miembro del partido de los fariseos, discípulo de la noche. Me paso al capítulo tres de san Juan. Me interesa el comienzo del diálogo del fariseo con Jesús: sé que Dios te ha enviado para enseñarnos, nadie en efecto, puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él. Me cuestiona este nacer de nuevo, del agua y del Espíritu, con el que le responde Jesús. Si escuchara, otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva, decía la mujer que me adelantó. Parece ser que Nicodemo escuchaba, en ese diálogo de intimidad con el Señor. Ahí, en el silencio acogedor de la escucha, la sal mantiene su verdadero sabor y luego sazonará aquello que toque, o simplemente nos hará mantenernos vivos, con ese punto de gracia que todos tanto necesitamos para ser también luz. En cocina la sal potencia los sabores y antiguamente, conservaba la esencia de los alimentos y les impedía malograrse. Potenciar, mantener la esencia, impedir que se malogren son tres actitudes que nos ayudarán en nuestro testimonio.

Vale, bien, a Nicodemo le gustaba visitar a Jesús de noche y entrar en diálogo con él. Pero, ¿dónde está su presencia pública? ¿No se encontraba con Jesús de noche por miedo al qué dirán y a perder su honorabilidad? ¡como tantos nicodemitas hoy en día! Aquí viene mi admiración. En el momento del abandono, de la perdida de todo prestigio, en el momento de la humillación y el fracaso, cuando más podía ser criticado por su acción, Nicodemo (junto a José de Arimatea, ¡otro que tal!) se atreve a dar la cara por Jesús. Aquí no hay prestigio, no hay multitud de seguidores, no hay palabras de agradecimiento, no hay reconocimientos públicos, no hay discursos apocalípticos, hay un hombre transformado que abraza con ternura el cuerpo ya muerto de su maestro, un ajusticiado, para poder darle sepultura. Lo acoge, lo abraza en el descendimiento, ni una palabra, ni un reproche, caridad en grado sumo.

Hay un nexo de unión entre los diálogos nocturnos y la última escena. Jesús le dijo que sería levantado como la serpiente de bronce de Moisés en el desierto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Mientras acoge desde debajo de la cruz el cuerpo muerto de Jesús, Nicodemo es luz, para iluminar a todos. Así debe alumbrar vuestra luz ante los demás para que viendo vuestras buenas obras (no dice discursos, ni mensajes en red…) alaben a vuestro Padre del cielo.

Aun hay demasiados crucificados que bajar del madero. Escucha, no estés a la defensiva. El evangelio, Jesucristo, es la mejor propuesta, no una imposición. ¡Ánimo y adelante!

+Antonio, obispo de Almería

Coaching personalista: el arte de acompañar

0

Durante la mañana del pasado sábado 16 de marzo, tuvo lugar, en uno de los salones de la Parroquia San Miguel de la capital jiennense, una formación dirigida a las personas integrantes del Equipo Técnico del Centro De Orientación Familiar de Jaén, con el título: “Coaching personalista: el arte de acompañar”, y cuyo objetivo fue brindar los conocimientos, técnicas y herramientas que conforman la corriente más personalista e integradora del acompañamiento o “Coaching” familiar, y que de la forma más completa, innovadora, cristiana, humana y profesional, dio a conocer las bases y bondades de una forma de acompañar a toda persona que acude a nuestro Centro con una mirada de acogida integral y escucha activa, que tiene su origen en la Universidad Francisco de Vitoria y de entre cuyos impulsores se encontraba, nada más y nada menos, que San Juan Pablo II.

La formación fue diseñada e impartida por D. José Manuel Ureña Mena educador de vocación, miembro Orientador del Equipo Técnico del Centro de Orientación Familiar de Jaén y ferviente defensor de esta corriente personalista del coaching, que con una brillante exposición acercó a los asistentes la metodología de un acompañamiento centrado en la dignidad de la persona en sí misma, más allá de su circunstancia, problemática o carencias.

Fue una acción formativa impecable, y esperemos, la primera de un ciclo formativo relacionado con ese acompañamiento fresco y nuevo, que continúe arrojándonos luz y nuevas posibilidades de crecimiento personal y profesional, para así continuar ayudando a toda aquella persona que acuda al Centro de Orientación Familiar, Dios mediante.

Sole Gay Anguita
Miembro del Equipo Técnico del COF

The post Coaching personalista: el arte de acompañar first appeared on Diócesis de Jaén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Carta pastoral con motivo del Día del Seminario «Padre, envíanos pastores»

0

Queridos fieles diocesanos, queridos seminaristas:

Como cada año, la Iglesia celebra en torno a la fiesta de San José el Día del Seminario. Este año 2024 será entre los días 17 al 19 de marzo, con el lema «Padre, envíanos sacerdotes»Se trata de una ocasión propicia para que en todas las comunidades parroquiales intensifiquemos la oración por las vocaciones al sacerdocio, para que el Dueño de la mies envíe muchas y santas vocaciones que sean canales de la gracia y la misericordia del Señor para nuestra Diócesis. El Señor de la historia y de todos nosotros, escuchará nuestras súplicas, y nos ayudará a encontrar los caminos para mostrar a los jóvenes la belleza de una vida entregada a Cristo, para representarle y hacer visible su presencia en medio de la Iglesia.

El Seminario es misión de todos. Todos estamos llamados a promover la vocación específica al ministerio sacerdotal desde nuestra condición de bautizados. Para ello, hemos de crear un ambiente favorable de generosidad y entrega, de apertura y de respuesta fiel a la llamada que Dios hace. Las familias, los catequistas, los diferentes grupos parroquiales, las cofradías, los sacerdotes y el obispo como cabeza de la Iglesia diocesana deben promover esta respuesta generosa al Señor, animando y acompañando a niños, adolescentes, jóvenes y adultos a encontrarse con Él. Sólo desde ese encuentro personal suscitado en la comunidad, el hombre puede ser generoso y dar un sí definitivo de entrega a Cristo.

Somos conscientes de que, en occidente, nuestras Iglesias han sufrido en las ultimas décadas una fuerte crisis de vocaciones, tanto al ministerio sacerdotal como a la vida consagrada; motivada, en parte, por profundos cambios culturales y sociales, y en parte por situaciones internas a la propia Iglesia. Nosotros damos gracias a Dios porque en nuestro seminario diocesano contamos con 18 seminaristas que, con gozo y generosidad, responden cada día a la voz de Dios. En cualquiera de ellos, se cumplen las palabras de la carta a los Hebreos: «Tomado de entre los hombres y puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios» (Hb 5,1). Son, por tanto, hombres de nuestro tiempo. Pero, ¿qué les diferencia de otros jóvenes similares a ellos? Su disposición plena a realizar la vida como respuesta a la llamada de Cristo «para estar con él y ser enviados a predicar» (Mc 3,14), entregando lo que son, lo que tienen y lo que anhelan al servicio de Dios, de la Iglesia y de todos las personas. Como cualquier ser humano, en el recorrido de su vida han ido escuchando muchas voces que reclamaban su mente y su corazón para diseñar un futuro que colmara sus inquietudes: la voz del amor humano; la de una profesión o trabajo que garantice una vida segura y confortable; la voz, en ocasiones turbadora y tentadora, de buscar la satisfacción inmediata de los propios deseos e intereses.

Pero en medio del ruido de tantas voces más o menos legítimas, han escuchado una voz distinta y cautivadora: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). Es la voz de Cristo, el Señor. Y a la voz de su llamada, se han sentido colmados sus anhelos, respondidas sus búsquedas y relativizados sus proyectos personales. En definitiva, se han enamorado de Él, sienten pasión por Él y experimentan una energía interior que les llama a ser como Él. Son como cualquier otro chaval, con sus mismas debilidades y flaquezas, pero llamados por Dios a unirse a Cristo siendo sus testigos, que desean ser servidores del pueblo para llevarlo a Dios.

«Os daré pastores según mi corazón» (Jr 3,15). Con estas palabras del profeta Jeremías, Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen. Recemos por las vocaciones al ministerio sacerdotal y por nuestros seminaristas, para que crezcan cada día en santidad y en entrega a Dios. Una vocación sacerdotal es fruto de mucha siembra y oración. El testimonio y el ejemplo en el seguimiento de Jesús, sobre todo por parte de los sacerdotes, es el discurso más convincente y la palabra más elocuente para invitar a los jóvenes a vivir con Él, conocerlo y seguirlo «dejándolo todo» (Lc 5,11).

Finalmente, me dirijo al corazón de la Diócesis, queridos seminaristas: colocad a Dios en el centro de vuestras vidas y dejadle moldead vuestro corazón día a día. Como decía el Santo Padre a los seminaristas de Madrid, hace unos días: «Poned a Dios en el centro para dejar que sea Él el cimiento, el proyecto y el arquitecto, la piedra angular» (Papa Francisco, 3 de febrero de 2024). Sed exigentes con vosotros mismos en vuestra vocación, en el camino que habéis emprendido, conscientes de que toda elección libre conlleva renuncia a otros caminos legítimos. Perseverad, hacedlo desde una fe bien arraigada y estrechamente unidos a Él, sobre todo para los momentos de Cruz. Como podemos leer en Presbiterorum Ordinis: mostrad ya «La disposición de ánimo para estar siempre prontos para buscar no la propia voluntad, sino el cumplimiento de la voluntad de Aquel que nos ha enviado» (n. 15). Dejaos conducir siempre por el Señor, porque desde un corazón humilde y sencillo Dios logrará maravillas, como hizo en la Virgen María. Seguid poniendo vuestra confianza en Aquel que os llamó, porque os conducirá hasta ser portadores, un día, de la gracia de Jesucristo, Eterno Sacerdote y Buen Pastor, mediante el Sacramento del Orden Sagrado.

Os invito a todos, a movilizarnos con la fuerza de nuestra oración, con el testimonio de una vida cristiana gozosa y coherente, y con la generosidad de nuestra aportación económica en favor del Seminario. Así mostraremos nuestra gratitud a Dios, que es fiel a sus promesas; también nuestra corresponsabilidad y nuestro afecto por aquellos que un día van a servir a nuestra Diócesis con la entrega incondicional de sus vidas.

A todos os envío de corazón mi afecto y bendición,

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Feliz día de San José

0

Este diecinueve de marzo celebramos la Solemnidad de San José, esposo de la Santísima Virgen, patrono de la Iglesia y de los seminarios.

Actualmente, en nuestro seminario diocesano, se preparan para el ministerio sacerdotal 7 jóvenes en el seminario mayor y otros 3 chicos en el denominado “seminario menor en familia”. Asimismo, hay tres jóvenes cursando el bachiller, siendo acompañados, que participan en actividades del seminario menor.

Con motivo de esta celebración, el obispo ha escrito una carta que lleva por título el lema de la jornada: “Padre, envíanos pastores”. En la misiva el prelado recuerda que sin verdaderos cristianos no hay vocaciones al sacerdocio, ni seminaristas, ni sacerdotes. “Éstos no caen del cielo, sino que salen de los jóvenes de nuestras familias, de nuestras parroquias y de nuestros movimientos apostólicos. Por eso, es muy importante la formación cristiana de los niños y los jóvenes. La relación con Cristo y el acompañamiento cercano a los jóvenes, son la clave en el descubrimiento y desarrollo de la vocación. Si son verdaderos cristianos, pueden escuchar la llamada de Dios”.

Por otro lado, monseñor Álvarez invita a todos los diocesanos a dar gracias a Dios por nuestro Seminario. “Demos gracias al Señor por los seminaristas que allí se preparan, por todas las personas que con su dedicación y entrega generosa trabajan en la formación de los seminaristas, por las personas que colaboran con el Seminario con sus donativos y donaciones; y por todos los sacerdotes que se han formado allí y, una vez ordenados, han entregado su vida al servicio de los demás, es decir han sido y siguen siéndolo, “un regalo de Dios para la Iglesia y la sociedad”. Sin los sacerdotes no tendríamos la experiencia de Iglesia, ni recibiríamos a Cristo en la Eucaristía, ni su perdón”.

– CARTA DEL OBISPO

Ver este artículo en la web de la diócesis

Un retiro de Cuaresma para tener más presentes a nuestros hermanos migrantes

0

El pasado viernes, 15 de marzo, tuvo lugar en el Santuario de Ntra. Sra. De la Luz, en Tarifa, el habitual retiro de cuaresma de la Delegación Diocesana de Migraciones de Cádiz y Ceuta.

42 personas, entre trabajadores, voluntarios y personas cercanas a la Red de Atención a las Personas Migrantes, compuesta por la Delegación de Migraciones, la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn, se dieron cita en el bonito santuario.

Allí, impartió un charla, el P. Luis Olivos, que habló sobre la importancia de “creer sin ver”  basándose en el texto bíblico de Juan 20,19-31.

Posteriormente hubo unos momentos de reflexión y puesta en común. Al término del estudio de la sagrada escritura, el P. Luis se centró en la lectura de Lucas 10, 25-37, para explicar lo que para Jesús significaba el prójimo, y cómo la figura de la persona migrante se refleja en esta definición. Así, el sacerdote invitó a todos los asistentes a tener la misericordia del samaritano hacia nuestros hermanos que abandonan sus países de origen en busca de una vida mejor.

El acto terminó con una comida fraterna al aire libre, donde una cocinera de Tarifa preparó patatas con chocos y garbanzos para todos los asistentes.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Este mes rezamos con las Carmelitas de Beas y las Trinitarias de Alcalá la Real

0

El peregrinaje de la Oración que nos propone la Comisión diocesana para el Jubileo 2025 para este mes de marzo, nos llevará el próximo jueves hasta el Convento de carmelitas descalzas de Beas de Segura y el Monasterio de Trinitarias de Fuente del Rey, en Alcalá la Real. Los terceros jueves de cada mes, la Diócesis realizará una peregrinación espiritual hasta uno de los monasterios en los que permanentemente se encuentra encendida la lámpara de la Oración. 

Tanto a nivel comunitario como de forma individual podemos sumarnos a este peregrinaje mediante la Oración que se nos propone para este mes con el título: “Tú eres humildad.” “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe.”. Con esta propuesta, en el Convento de Carmelitas descalzas de San José del Salvador de Beas de Segura, este jueves a las 18:30 horas estará reunida la Comunidad junto con los fieles que deseen asistir en un encuentro con el Señor y en preparación para el año jubilar 2025.

En la misma jornada, y a las 19:00 se reunirá la Comunidad del Monasterio de Nuestra Señora de los Remedios, Madres Trinitarias de Fuente del Rey en Alcalá la Real. A esta Oración están invitadas todas aquellas personas que deseen peregrinar hasta los Santuarios que son nuestros conventos de clausura, ya sea de forma presencial o uniéndonos espiritualmente en esos momentos. 

La Oración que se propone para este mes de marzo se ha difundido a través de la Conferencia Episcopal Española y está inspirada por los cuadernos de Oración que se están publicando en este año preparatorio para la celebración jubilar. “Orar hoy, un desafío a superar” será la motivación para este peregrinaje que se propone en nuestra Diócesis de Jaén para abrir el corazón a las sugerencias del Espíritu. 

Oración comunitaria para el me de marzo 2024

The post Este mes rezamos con las Carmelitas de Beas y las Trinitarias de Alcalá la Real first appeared on Diócesis de Jaén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

San José, día de los seminarios y de las vocaciones al sacerdocio

0

San José, día de los seminarios y de las vocaciones al sacerdocio

El 19 de marzo es el día de San José, que es el Patrón de los seminaristas, de los seminarios. Por eso, en la Iglesia, este día se dedica a rezar por las vocaciones al sacerdocio y para que haya cada vez más jóvenes que quieran responder con un a su posible vocación. También es un día para tomar conciencia de la importancia de los seminarios en la vida de las diócesis y de la necesidad que tenemos de vocaciones, en toda la Iglesia y, también, en la diócesis de Guadix. Así se va a vivir este día del Seminario, que también es el “día del padre” y, por supuesto, el día de las vocaciones al sacerdocio.

 

En nuestra diócesis de Guadix, esta campaña en torno al Seminario y a las vocaciones se ha expresado, de manera particular, en unos vídeos en los que los seminaristas hablan de este día y de su vocación. También se ha celebrado una convivencia vocacional en Guadix, el sábado 16 de marzo, y en las parroquias se habla del Seminario y de las vocaciones, y se pide para ayudar económicamente a la formación de los seminaristas.

Este año, como el día de San José es martes, la celebración del Día del Seminario se adelantó al domingo 17 de marzo, aunque también se celebra este martes 19 de marzo, ya que, aunque es día laboral, en la Iglesia se mantiene como día de precepto y habrá celebraciones de la Misa en todas las parroquias.

“Padre, envíanos pastores”, lema de este año 2024

El lema del Día del Seminario de este año pone de manifiesto la necesidad que tiene la Iglesia, y en particular nuestra diócesis, de vocaciones al sacerdocio. “Envíanos pastores” es la petición que hace hoy la Iglesia al Señor, para que siga enviando pastores buenos a su Iglesia.

En todas las parroquias se hablará, en torno a las celebraciones del Día de San José, de las vocaciones y de la necesidad de rezar al Señor para que siga enviando obreros a su mies. Pero, también, se realizará una colecta para ayudar a la formación de los seminaristas. Ayudar al Seminario es una forma que tienen las parroquias de ayudarse a sí mismas, pues esos seminaristas serán los sacerdotes que las pastoreen el día de mañana.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Seminario día del Seminario cartel

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.