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“Los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra”

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Conferencia de la Fundación CARF.

El próximo sábado 17 de febrero D. Luis Alberto Rosales, director general de la Fundación CARF, presentará la conferencia titulada “Los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra” en la Iglesia del Sagrario. Tendrá lugar después de la celebración de la Santa Misa a las 20 horas en la misma iglesia.

Esta charla tiene el objetivo de arrojar una mirada alegre y esperanzada ante el futuro de la vocación de los sacerdotes. Actualmente la cantidad de vocaciones en el primer mundo ha disminuido notoriamente y en los medios de comunicación los sacerdotes tienen muy mala imagen, cuando la mayoría se deja la vida en su labor.

La conferencia pretende mostrar la importante tarea de los sacerdotes, motivar su apoyo y fomentar que haya vocaciones. Sin vocaciones no hay sacramentos, y se necesitan religiosos que sepan evangelizar y mostrar, entre otras cosas, la belleza del amor conyugal y la familia ante la gran cantidad de matrimonios civiles y la baja de nacimientos.

QUÉ ES LA FUNDACIÓN CARF

Fue fundada en 1989 por el beato Álvaro del Portillo por impulso de San Juan Pablo II. Se creó con los fines de: promover vocaciones sacerdotales y religiosas por el mundo; posibilitar que las personas del 2º y 3º mundo, religiosos y religiosas, estudiaran en Europa; y expandir por el mundo el bien que hacen los sacerdotes y la Iglesia.

Es una fundación española con presencia en 131 países. Su sede está en Madrid y posee muchos colaboradores por toda España que empujan su labor por distintas zonas.

 

 

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Nombramientos y decretos de Hermandes y Cofradías

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Durante los meses de enero y febrero, el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez ha ratificado y hecho públicos los siguientes nombramientos y decretos correspondientes a Hermandades y Cofradías de la Diócesis.

Decreto de erección canónica y aprobación de Estatutos

18 enero 2024

Santiago de Calatrava. Parroquia de Ntra. Sra. de la Estrella: Cofradía Virgen de la Cabeza

Decreto de constitución de una Comisión Gestora

8 febrero 2024

Villanueva del Arzobispo Parroquia de San Andrés Apóstol:

Dª Vanesa Martínez Beteta. Presidenta de la Comisión Gestora de la Cofradia de Cristo Resucitado.

Rvdo. Sr. D. Juan Carlos Córdoba Ramos, Presidente de la Comisión Gestora de la Cofradía del Prendimiento.

Presidentes / Hermanos Mayores:

18 enero 2024

Arjona. Parroquia de San Martín:

D. Manuel Ruiz Lozano. Unión Local de Cofradías de Arjona.

Martos. Parroquia de San Francisco de Asís:

D. Antonio Jesús Damas Anguita. Hermandad Sacramental y Seráfica de San Francisco de Asís y Cofradia de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Silencio y Nuestra Madre y Nuestra Señora del Mayor Dolor.

2 febrero 2024    

Alcaudete. Parroquia de San Pedro:

D. José Enrique Vallejo Centeno. Cofradía de Jesús en Jerusalén y Cristo Resucitado.

Baeza. Parroquia de El Salvador:

Dª. Inmaculada Muñoz-Reja Fernández. Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío.

Baeza. Parroquia de San Pablo:

Dª. María Dolores Viedma Jódar. Cofradía del Santísimo Cristo del Descendimiento (Las Tres Marías).

Úbeda. Parroquia de Santa María y San Pablo:

D. Antonio Barrionuevo Martínez. Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de Gracia.

9 febrero 2024

Torredelcampo. Parroquia de San Bartolomé:

D. Alberto Cañada Arroyo. Cofradía de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores “La Soledad”.

Villanueva del Arzobispo. Parroquia de San Andrés Apóstol:

D. Diego Soriano Moya. Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Amargura.

Úbeda. Parroquia de Santa María y San Pablo:

D. Antonio del Castillo Godoy. Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santísima Virgen de los Dolores.

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Continúa la formación del Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana

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Continúa la formación del Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana

La Delegación para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado continúa con la tarea formativa sobre el nuevo Directorio Diocesano para la Iniciación Cristiana, dirigidos a los catequistas de nuestra diócesis.

Durante estas semanas, parte del equipo de la delegación ha visitado por vez primera diferentes arciprestazgos, en los que gran cantidad de catequistas se han congregado para recibir el ejemplar del Directorio Diocesano para la Iniciación Cristiana.

Las formaciones sobre el nuevo Directorio han sido estructuradas en tres sesiones que se irán impartiendo en cada uno de los arciprestazgos. De este modo, se pretende dar a conocer las novedades que aporta este nuevo documento diocesano para que pueda ser asimilado por los diferentes agentes de catequesis, a los que se les dio un ejemplar para su consulta. Durante las próximas semanas se irán llevando a cabo las visitas a los demás arciprestazgos.

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La nueva Cátedra sobre Benedicto XVI será inaugurada el 16 de abril en la Facultad de Teología San Isidoro

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La nueva Cátedra sobre Benedicto XVI será inaugurada el 16 de abril en la Facultad de Teología San Isidoro

La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla y la Facultad de Teología de Italia Central (Florencia), fruto del convenio de colaboración firmado por ambas instituciones académicas, han dado vida a la Cátedra común Benedicto XVI, con el objetivo de promover en el ámbito académico y científico la aportación teológica y filosófica de Joseph Ratzinger a la Iglesia y a la cultura contemporánea, proponiendo cursos de formación e investigación estructurados en conferencias, seminarios y cursos de formación, además de jornadas y de otras iniciativas.

Su soporte documental estará respaldado por la creación de un fondo bibliográfico especializado, que incluirá también los resultados de las investigaciones científicas que se llevarán a cabo en el seno de la propia Cátedra, desde una perspectiva disciplinar e interdisciplinar.

La Cátedra será inaugurada oficialmente el 16 de abril de 2024.

 

 

 

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Lecturas del I Domingo de Cuaresma

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Primera lectura

Génesis 9, 8-15.

Pacto de Dios con Noé liberado del diluvio de las aguas.

Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganado y fieras con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra».

Y Dios añadió: «Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes».

Salmo

Sal 24, 4bc-5ab. 6-7bc. 8-9.

R./ Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.

– Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R./

– Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R./

– El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R./

Segunda Lectura

1 Pedro 3, 18-22.

El bautismo que actualmente os está salvando.

Queridos hermanos: Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero verificado en el Espíritu; en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a que se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua.

Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.

Evangelio

Evangelio según san Marcos 1, 12-15

Era tentado por Satanás, y los ángeles lo servían.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan, fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Comentario bíblico de Pablo Díez

Las lecturas de este domingo están marcadas por dos fuertes elementos de contraste: constante tentación humana vs. fidelidad y misericordia divina eternas — Espíritu vs. Satanás. En este sentido, el relato del diluvio resulta paradójico. El autor nos muestra a un Yahvé que constata una continua inclinación del hombre al mal y siente pesar por haberlo creado (Gn 6,5-6). Como si la moviera un sentimiento puramente humano, decide deshacer todo su proyecto creador, que ha pasado, de ser muy bueno, a estar viciado merced a la conducta del ser humano (Gn 6,13). Llega incluso a ejecutar su designio, aunque dejando un resto de la creación cobijado bajo un espacio sacro, el arca, y salvaguardado por un hombre que ha encontrado gracia a sus ojos, Noé.

Pero la gran paradoja viene con el final del diluvio. Dios no deja de constatar trazas del mal en el corazón del hombre, pero la consecuencia que saca es que no ha de repetir su intento de revertir la creación (Gn 9,21-22). La palabra creadora de Yahvé es irreversible, no puede desmentir su proyecto, ni aniquilar al que creó a su imagen y semejanza. Sella una alianza eterna de paz con las criaturas, simbolizada en la visión apacible en el cielo del arco con el que disparaba sus poderosas saetas durante el diluvio (Sal 29,3-10; 76,19-19).

A partir de aquí el propósito divino es restañar su imagen en el hombre, enseñando su camino los pecadores (Sal 24,8). Tal misión ha de cumplirla, viniendo a la tierra, la Palabra a cuya imagen fue creado el hombre. Esta, impulsada por el Espíritu, vencerá allí donde fracaso el primer Adán, en la tentación. Ese mismo Espíritu será el artífice de su resurrección, ápice de su labor redentora, tras haber dado su vida por los pecadores (1Pe 3,18), que lavados en el bautismo (1Pe 3,20-21) ven resplandecer la imagen divina que en ellos se había empañado y son custodiados en el nuevo “arca” de la Iglesia.

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Cuaresma 2024: tiempo de actuar, tiempo de detenerse

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Cuaresma 2024: tiempo de actuar, tiempo de detenerse

Hemos comenzado una nueva Cuaresma, la del año 2024. El papa Francisco nos dice en su mensaje que “es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse”. Detenerse significa hacer una parada en el camino, liberarse de las preocupaciones y agobios que nos hacen llevar un ritmo acelerado que dificulta la reflexión, el encuentro con Dios, consigo mismo y con el hermano; significa, en otros casos, sacudirse la rutina que adormece la fuerza de nuestra fe; significa un mayor compromiso en la oración, dedicar más tiempo a la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Esa parada nos facilita también el encuentro con el hermano herido al borde del camino, al que hemos de auxiliar y acoger en casa. La Iglesia nos invita a intensificar la vida de oración, de ayuno y solidaridad, recuperando y redescubriendo la dimensión contemplativa de la vida.

La Cuaresma es tiempo de liberación, en el que Dios nos lleva a la libertad a través del desierto. Es el tiempo de gracia en el que Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. También en nuestra vida hay ataduras que nos oprimen y que debemos abandonar. El pueblo de Israel, acosado por el hambre en el desierto, incluso después de haber visto las obras prodigiosas que Dios había obrado en su liberación, pide volver a la esclavitud de Egipto, y siente añoranza de los ajos y las cebollas que allí comían. No es extraño que nosotros añoremos de tanto en tanto nuestros propios “ajos y cebollas”, y que sintamos la tentación de apostar por las seguridades materiales, en lugar de poner nuestra confianza en Dios.

La Cuaresma es como un largo retiro espiritual durante el cual debemos volver a entrar en nosotros mismos y escuchar la voz de Dios para vencer las tentaciones del Maligno y encontrar la verdad de nuestro ser. Podríamos decir que es un tiempo de combate espiritual que hay que librar juntamente con Jesús, sin orgullo ni presunción, utilizando las armas de la fe, es decir, la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia. De este modo podremos llegar a celebrar verdaderamente la Pascua, dispuestos a renovar las promesas de nuestro Bautismo.

En Sevilla la Cuaresma es un tiempo de ritmo intenso y trepidante por la propia actividad cuaresmal y por los preparativos de todo tipo para la Semana Santa. Ahora bien, esas tareas, que son importantes, no deben impedir algo que es más importante todavía: revisar la propia vida y comprobar el lugar que ocupa Dios en nuestra escala de valores. Reflexionemos sobre las tentaciones que Jesús soporta y vence en el desierto, y luchemos para superar las tentaciones que se nos presentan en el camino. El objetivo de la tentación es conseguir que Dios no ocupe el centro de nuestra vida; que se organice el mundo sin Dios, o considerándolo como algo irrelevante; que nos fijemos excesivamente en las realidades prácticas y materiales. La tentación se nos presenta a menudo “so capa de bien”, es decir, no invitando directamente a hacer el mal, sino a ir abandonando lo intangible para centrarnos en lo “real de verdad”, que es lo importante. Y pasa a veces que el creyente al final acaba atrapado por las realizaciones materiales o las ansias de gloria y poder.

Tiempo de conversión, de poner a Dios en el centro de la vida, de ser realistas y concretos, de seguir a Jesús de modo que el Evangelio sea la luz de nuestros pasos; de reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios; de volver la mirada al hermano necesitado, que no es alguien externo ni extraño a mí, sino un hijo de Dios y un hermano con el que recorro el mismo camino, con el que formo una familia. ¡Santa Cuaresma!

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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Manuel Guillén Moreno jura su cargo como ecónomo diocesano

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Esta mañana, el sacerdote Manuel Guillén Moreno ha jurado su cargo como ecónomo de la Diócesis de Cartagena, en el acto que tenía lugar en la capilla privada del Palacio Episcopal. Ante el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, y en presencia de la canciller y secretaria general de la Diócesis, Encarna Jiménez Rodríguez, el nuevo ecónomo diocesano ha realizado la profesión de fe y el juramento de fidelidad a la Iglesia.

«Como ecónomo diocesano de la Diócesis de Cartagena en España, ejerceré tal oficio en comunión con el obispo diocesano, buscando siempre el bien de la Iglesia y el anuncio del Evangelio de Cristo, y cuidaré con esmero y diligencia el patrimonio de la Iglesia diocesana», afirmaba Guillén.

El obispo ha alentado al sacerdote en el nuevo cargo que le encomienda la Iglesia: «Que Dios te ilumine y dé fortaleza para cumplir tu servicio con un corazón de hermano, con dulzura de carácter, como diría san Pablo».

Mons. Lorca ha agradecido la labor que durante 10 años ha realizado José Carrasco Pellicer al frente de la economía diocesana.

En el acto estaban también presentes el arzobispo emérito de Burgos, el vicario general y los miembros del Consejo Episcopal, delegados episcopales, así como trabajadores laicos del Obispado.

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Celebrado el Adoremus de novios del Mes de la Familia

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Participaron un grupo de parejas de la Diócesis la tarde del jueves, 15 de febrero, en la parroquia de La Compañía

Continúan los actos organizados por la Delegación de Familia para celebrar el Mes de la Familia. La tarde del jueves, 15 de febrero, se dieron cita un grupo de parejas para participar en el Adoremus de novios, celebrado en la parroquia de La Compañía. Desde la Delegación de Familia y Vida se había también invitado a todas las parroquias de la Diócesis a celebrar la oración de las familias.

Rafael Romero, Delegado diocesano de Juventud, presidió la eucaristía previa al Adoremus, en la que participaron además los delegados de Familia y Vida, Darío Reina y Pilar Gálvez. Por su parte, Leopoldo Rivero, párroco de Ntra. Sra. de la Esperanza de Córdoba, fue el encargado de dar la bendición a los novios.










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Cuaresma 2024 en la Diócesis de Huelva

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Cuaresma 2024 en la Diócesis de Huelva

Con la celebración de la Misa de Imposición de Cenizas el pasado miércoles 14 de febrero, la Cuaresma del presente año llegó como un tiempo de preparación espiritual para la celebración de la Pascua, la fiesta más importante del año litúrgico cristiano. Durante cuarenta días, hasta el Jueves Santo, los fieles son invitados a vivir un camino de conversión, de penitencia y de caridad, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto.

La Diócesis de Huelva ofrece diversas actividades y recursos para vivir este tiempo con intensidad y fruto. Entre ellos, se encuentran las celebraciones penitenciales, las catequesis cuaresmales, las iniciativas solidarias, las estaciones de vía crucis y las procesiones de Semana Santa.

La Cuaresma es una oportunidad para renovar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y para acercarnos más a Dios y a los hermanos. Te animamos a participar en las propuestas de la Diócesis y a compartir la alegría del Evangelio.


PARA PROFUNDIZAR

NOTICIAS

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«A través del desierto Dios nos guía a la libertad»

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«A través del desierto Dios nos guía a la libertad»

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.

En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.

Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.

Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.

Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante1.

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de diciembre de 2023, I Domingo de Adviento.

FRANCISCO


  1. Cf. Ch. Péguy, El pórtico del misterio de la segunda virtud, Madrid 1991, 21-23. ↩

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