
Después de la celebración de grandes solemnidades litúrgicas volvemos al tiempo ordinario retomando la lectura continuada del evangelio de san Mateo. El relato de este domingo undécimo nos recuerda la constitución completa del grupo de los doce discípulos y su posterior envío misionero (Mt 9,36 – 10.8). El relato, después de una breve introducción (vv. 36-38), presenta la llamada con los nombres de los doce y su posterior envío «para proclamar que el reino de los cielos está cerca» (10,1-8).
El texto en cuestión parte de una mirada del Maestro llena de «compasión» sobre la muchedumbre. La narración precisa que «se conmovió por ellos» porque «estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor». La actitud de Jesús conmueve por la valoración realista en la que se halla el pueblo. Esta situación de abandono y opresión, por desgracia, no es algo novedoso y siempre es una tentación aprovecharse de la gente para intereses particulares. La crítica a los malos pastores del judaísmo es un tema recurrente en el Antiguo Testamento (Ver como ejemplo Ezequiel 34 y Zacarías 10,2). También se propone la ejemplaridad del buen pastor que conoce, cuida y acompaña en el proceso de libertad y liberación del pueblo (Ver el salmo 22).
Desde esta realidad, Jesús trae a colación la imagen cierta de la mies abundante y la necesidad de obreros. San Mateo insiste en el carácter de urgencia del anuncio y de la misión para que el pueblo participe de la gracia y bendición de Dios. El “éxito” de la misión, aunque necesite jornaleros, éstos deben tener plena conciencia de que dependen del «dueño de la mies» para que «mande trabajadores», según su corazón. A nosotros nos compete orar y pedir para no entorpecer la acción liberadora de Dios.
La llamada, por consiguiente, parte de Jesús, que propone a aquellos hombres compartir su misión. Con el sí a la propuesta comienza un proceso catecumenal que se complementa con la instrucción. Este proceso de maduración es todo un manual sobre el modo de proceder misionero.
San Mateo, judío de nacimiento, interpreta la elección de los doce como el nacimiento del nuevo Israel. Hace coincidir el número de discípulos con el número de las tribus de Israel mostrando la continuidad de la revelación que alcanza su culminación en el Hijo de Dios.
La lista de elegidos para ser colaboradores de Jesús es ampliamente representativa del mundo de la época: diversos en origen, rango y oficio. La lista, con toda intencionalidad, la encabeza Pedro y la cierra Judas Iscariote. El punto de encuentro de este grupo diverso y plural es Jesucristo que envía a sus discípulos a evangelizar en su nombre con la advertencia: «Gratis habéis recibido, dad gratis».
Manuel Pozo Oller
Párroco de Montserrat

