

A pesar de la distancia, monseñor Patricio Larrosa estuvo acompañado, en su consagración episcopal, por el presbiterio diocesano de Guadix, amigos y familiares
Patricio Larrosa, el “padre Patricio” como todos lo conocían hasta ahora, ha recibido ya la consagración episcopal como obispo de Danlí, en el departamento de El Paraíso, en Honduras. La celebración fue el sábado 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, en el campus de la Universidad Católica de Honduras, que se encuentra en aquella ciudad. Miles de hondureños, muchos de ellos jóvenes provenientes de los proyectos educativos emprendidos por el padre Patricio en Tegucigalpa, abarrotaban el recinto, que contó con la presencia de numerosos sacerdotes y obispos del país, entre los que estaban el arzobispo de Tegucigalpa, monseñor José Vicente Nácher, que presidió la celebración, y el emérito de Tegucigalpa, cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga.
También había representación de España en la misa de consagración. Estaban el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco; el obispo de Getafe, monseñor Ginés García, que fue compañero de estudios de Patricio; Manuel Millán, canciller, que también fue compañero de seminario; José Francisco Serrano, vicario general, que es paisano; Ramón Martínez, que fue compañero en la misión; y el párroco de Orce, José Antonio López, que está viviendo unos días en la misión de Honduras, ayudando. Y de su familia, viajaron hasta Honduras un hermano suyo y una sobrina.
La diócesis de Guadix, de la que ha salido monseñor Patricio, también estuvo muy presente durante la ceremonia. Y no solo en la ordenación, sino en todo su ministerio, pues el clero de la diócesis accitana le ha regalado a monseñor Patricio las insignias episcopales que portó en la celebración: el báculo, la mitra, el anillo de obispo y la cruz pectoral. Estas insignias identifican a un obispo, representando su autoridad y, sobre todo, su misión pastoral de servicio y de entrega a la diócesis.
Destaca la cruz pectoral, que lleva una reliquia de San Torcuato, el patrón de la diócesis accitana y el primer obispo de España. Así, un poquito de San Torcuato ya está en Honduras.
Consagración
En sus primeras palabras como obispo, monseñor Larrosa agradeció al papa la confianza depositada en él al encomendarle la tarea de pastorear la diócesis de Danlí. Quiere ser un obispo humilde, entregado, comprometido, vino a decir el nuevo prelado, y pidió a todos los asistentes que “recen por él para que sea un buen pastor”.
También se acordó de la vecina Nicaragua, cuyo presidente en el exilio de la Conferencia Episcopal nicaragüense se encontraba en la celebración: “Compartimos su dolor y oramos con esperanza por la libertad de nuestro querido pueblo vecino de Nicaragua”, dijo el nuevo obispo al tiempo que arrancaba un fuerte aplauso de todos los asistentes.
Y, por supuesto, tuvo palabras hacia su nueva diócesis, Danlí, que es joven en historia, que cuenta con mucha gente joven y en la que ahora inicia esta nueva etapa como pastor. Monseñor Patricio es el segundo obispo en la historia de esta diócesis, en la que ya ha comenzado a trabajar.
Desde Huéneja, su pueblo natal, sus paisanos siguieron la celebración en una pantalla grande puesta por el ayuntamiento. Sin duda, para Huéneja este también ha sido uno de sus días grandes y seguro que tuvieron muy presentes a su patrón, san Francisco Serrano, hijo del pueblo que también fue nombrado obispo.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

