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La Archidiócesis de Sevilla inicia las obras de restauración integral en la Parroquia de San Pablo de Aznalcázar

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La Archidiócesis de Sevilla inicia las obras de restauración integral en la Parroquia de San Pablo de Aznalcázar

La Archidiócesis de Sevilla ha dado luz verde al comienzo de las obras de reparación estructural y acondicionamiento de la iglesia parroquial de San Pablo, en Aznalcázar, un edificio de alto valor patrimonial y exponente fundamental del mudéjar sevillano. Tras un proceso de licitación por invitación, la empresa Construalia Project será la encargada de ejecutar los trabajos en los próximos quince meses, con un presupuesto de adjudicación de 724.920,34 euros.

Intervención necesaria por seguridad y conservación

El templo, que presenta una planta basilical de tres naves y una destacada torre mudéjar exenta, se encuentra actualmente en una situación delicada. En el proyecto técnico, redactado por el arquitecto Francisco Polo, se advierte que no están garantizadas las condiciones mínimas de seguridad debido a la degradación de las armaduras de madera de la cubierta y a filtraciones que han afectado al interior.

La intervención contempla como ejes prioritarios la reparación estructural de cubiertas; la renovación de instalaciones eléctrica y de iluminación bajo criterios de eficiencia y respeto estético al monumento, eliminando riesgos de incendio; y la mejora de la habitabilidad.

Colaboración institucional y experiencia técnica

La obra cuenta con una importante dimensión colaborativa, destacando la aportación de 37.000 euros del Ayuntamiento de Aznalcázar, que se destinarán específicamente a la restauración del presbiterio, una zona de gran valor que conserva mosaicos del siglo XVI.

La elección de Construalia Project responde a su solvencia en el patrimonio sacro, avalada por intervenciones recientes en la ermita de San Gregorio de Alcalá del Río o las parroquias de la Asunción en Huévar y Lora del Río. El equipo técnico se completa con la asistencia de especialistas en restauración de bienes culturales y estructuras de madera para asegurar el principio de mínima intervención y máxima protección de los valores históricos del edificio.

 

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Hermandad de la Santa Cruz, Nuestro Padre Jesús de los Afligidos en su Sagrada Presentación al Pueblo y Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos. Puente Genil

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La tradición se mantuvo viva gracias a Antonio Martínez Cansino, cuya memoria inspiró a un grupo de jóvenes que impulsó la refundación de la hermandad el 2 de mayo de 1982. Desde entonces pasó a denominarse Muy Antigua Hermandad y Cofradía de la Santa Cruz

Es difícil precisar el momento exacto en que se establece la Hermandad de la Santa Cruz en la Ermita del Dulce Nombre de Puente Genil. No obstante, sus orígenes están vinculados a la antigua Cofradía de Jesús o del Dulce Nombre de Jesús, dentro de la cual formaba parte como una de las hermandades que participaban en la procesión de la noche del Viernes Santo.

Aunque existen referencias a la Cofradía del Duce Nombre de Jesús ya en el año 1565, no puede asegurarse que la Hermandad de la Santa Cruz naciera en esa fecha. El historiador José Antonio Laguna, basándose en fuentes bibliográficas del siglo XIX y manteniendo cierta cautela ante la ausencia de documentación directa, sitúa su fundación probablemente entre 1660 y 1697. Esta datación se fundamenta en los “Apuntes Históricos de la Villa de Puente Genil” de Aguilar y Cano y Pérez de Siles, donde se menciona que con el tiempo se añadieron a la procesión del Viernes Santo los pasos de San Juan Evangelista, la Cruz y Nuestra Señora de las Angustias. Dichos autores relacionan también este momento con la aparición de las primeras figuras bíblicas, documentadas ya en 1660. Por otro lado, en 1697 el cardenal Salazar escribió una carta pastoral destinada a revitalizar la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, lo que sirve como referencia temporal para situar la existencia de estas hermandades.

De ser correcta esta cronología, la actual Santa Cruz no sería la primera titular de la hermandad, ya que su estilo artístico corresponde al barroco tardío, acorde con la obra del tallista lucentino Pedro de Mena Gutiérrez, activo en Puente Genil durante el siglo XVIII.

A lo largo de su historia, la hermandad vivió épocas de esplendor y decadencia. Participaba en la procesión del Viernes Santo junto a los pasos del Santo Sepulcro, la Soledad, San Juan y las Angustias, e incluso pudo intervenir en la representación del Descendimiento en la parroquia de la Purificación. Su mayor auge se alcanzó en el siglo XIX, cuando se construyó en la ermita del Dulce Nombre una capilla propia para su culto, obra del maestro Francisco Carmona Carbajales de San Román. Miguel Romero, en 1911, señalaba que la hermandad había sido antiguamente muy numerosa.

Sin embargo, en los años veinte del siglo XX entró en decadencia y llegó a quedar prácticamente reducida a una sola persona: Antonio Reyes Jurado, conocido como “Margallo”, quien cuidaba de la imagen, su culto y su salida procesional. Para sufragar los gastos de la procesión, recorría los distintos cuarteles solicitando limosnas para contratar a los bastoneros que portaban el paso. En esta tarea le ayudaron algunos mananteros de la época, entre ellos su amigo “Parroncha” y posteriormente Antonio Martínez Cansino, quien continuó la tradición tras la muerte de Margallo.

La situación se agravó tras la gran riada del río Genil en febrero de 1963, que afectó gravemente a la ermita del Dulce Nombre y provocó la pérdida o deterioro de numerosos enseres, incluida la propia Santa Cruz y los angelitos pasionistas que la acompañaban. Como consecuencia, la imagen dejó de procesionarse y desapareció durante cerca de veinte años de la Semana Santa de Puente Genil.

La tradición se mantuvo viva gracias a Antonio Martínez Cansino, cuya memoria inspiró a un grupo de jóvenes que impulsó la refundación de la hermandad el 2 de mayo de 1982. Desde entonces pasó a denominarse Muy Antigua Hermandad y Cofradía de la Santa Cruz. En 1983 redactó unas primeras reglas “ad experimentum”, aprobadas definitivamente por el Obispado de Córdoba en 1987 y renovadas posteriormente en 1995 y 2020.

Tras la refundación, los hermanos se propusieron fortalecer la cofradía recuperando tradiciones y aportando innovaciones. Entre sus primeras decisiones estuvo devolver a los pasos la fuerza humana, eliminando las ruedas para que fueran portados por bastoneros. De este modo, el 1 de abril de 1983 la Santa Cruz volvió a procesionar en un paso construido por los propios hermanos. Asimismo, recuperaron la tradición de las estaciones del Jueves Santo a los monumentos.

En 1986 la hermandad trasladó su sede a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria e ingresó en la Fraternidad Franciscana Seglar, privilegio concedido en 1988. Un hecho destacado fue la integración plena de la mujer en la cofradía en 1987, siendo la primera hermandad de Puente Genil en hacerlo. Esta decisión provocó su sanción y la prohibición de procesionar en 1988, pero abrió el camino para la posterior incorporación de la mujer con igualdad de derechos en las corporaciones de la ciudad.

Ese mismo año se incorporó como cotitular la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, concluida en 1988 y procesionada desde 1990. Posteriormente, en 1995, se añadió Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos, que comenzó a procesionar en 2001.

En 1997 la Hermandad decide constituir una agrupación en su seno que llevará el nombre de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, ésta se consolida en 1999 y hoy en día es considerada una de las bandas de mayor calidad de Andalucía.

En el año 2020, con la intención de promover más la vida pastoral entre sus hermanos la Hermandad decide cambiar de nuevo de sede canónica a la Parroquia de San José a cuya feligresía pertenecen la mayoría de sus hermanos, que a día de hoy ascienden a unos 630.



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Archicofradía de la Santa Vera Cruz. Córdoba

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En 1985 la Hermandad se traslada a su actual sede canónica, la Parroquia de San José Y Espíritu Santo, en el barrio del Campo de la Verdad, lo que supone el impulso definitivo para su consolidación

La primitiva Cofradía de la Santa Vera Cruz de la ciudad de Córdoba tiene su origen hacia finales del siglo XV, surgiendo al amparo de la orden Franciscana en el antiguo convento de San Pedro el Real, hoy Parroquia de San Francisco. Fue una de las más pujantes hermandades de disciplinantes o sangre de la ciudad. Diversos avatares la llevaron a su desaparición en el siglo XIX.

La actual Hermandad tiene su origen en 1981 cuando un grupo de jóvenes cofrades imbuidos de las tradiciones religiosas heredadas de sus mayores y entregados a ejercer el apostolado en la Legión de María, se unieron en hermandad en torno a una imagen de Ntra. Señora Dolorosa que recibía culto en la iglesia conventual del Buen Pastor de las RR MM Filipenses. Fue en 1983 cuando el germen consolida y deciden refundar la antigua Hermandad de la Santa Vera Cruz a fin de impregnarse de toda la espiritualidad de amor y entrega a la Cruz de Cristo, señal de esperanza y único camino de salvación como nos enseñó nuestro seráfico Padre San Francisco.

En 1985 la Hermandad se traslada a su actual sede canónica, la Parroquia de San José Y Espíritu Santo, en el barrio del Campo de la Verdad, lo que supone el impulso definitivo para su consolidación.

La Hermandad rinde culto a la Santa Vera Cruz, que encabeza la Estación de Penitencia, Cruz de madera tallada y dorada en la que se enclava el Santo Cristo de las Maravillas, un Crucificado antiguo donado por una familia de la Hermandad; el Señor de los Reyes, nazareno que abraza la Cruz, tallado en 1987 por Antonio Dubé de Luque, quien en 1984 había tallado la Imagen de María Stma. del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos. Años más tarde, 1996, se incorpora la Imagen de la Divina Pastora de las Almas, obra de Miguel Ángel González Jurado, a fin de aglutinar en torno a ella a los más jóvenes de la Hermandad.

El Lunes Santo de 1991 realiza su primera Estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral con el paso procesional de Nuestro Señor de los Reyes, incorporándose el paso de palio de Mª Stma. del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos en el año 2000. En 2024 la Archicofradía traslada su anual Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral a la tarde del Domingo de Ramos.

En la actualidad La Archicofradía se encuentra plenamente integrada en la Parroquia de San José y Espíritu Santo, participando en todas las actividades de la Parroquia y especialmente en la caritas parroquial y en la formación tanto de niños para primera comunión como de adultos para su confirmación.

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Hermandad Servita y Cofradía de Nazarenas de María Santísima de los Dolores. Pozoblanco

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Tres características nos distinguen: estar compuestas exclusivamente por mujeres; la vinculación a la Orden Servita; procesionar dos veces en la Semana Santa: Martes Santo y Viernes Santo

Existe constancia de la devoción y cultos a la Virgen de los Dolores, al menos, desde el SXVIII, en actas testamentarias o prensa, recibiendo donaciones, acompañando a la extinta Cofradía de la Vera Cruz o anunciando la celebración de cultos … no en vano, el cementerio municipal lleva su nombre.

La primitiva imagen de la Santísima Virgen, que aún llevan las cofrades en su escapulario, de gran calidad artística, es atribuida según investigadores en arte al círculo de Montés de Oca. Esta desapareció en la Guerra Civil Española. La nueva Imagen estará en Pozoblanco para la Semana Santa de 1940.

Hasta la primera mitad del S. XX procesionaria el Viernes de Dolores, en la Madrugada del Viernes Santo y de nuevo por la tarde en el Santo Entierro. La presencia de la Hermandad en la madrugada es una clara reminiscencia de nuestras formas hasta 1945. Sin hábito, con el escapulario, recorriendo silenciosamente las calles de Pozoblanco.

En 1945 se institucionaliza, definiéndose un hábito para sus hermanas. Es por eso que esta fecha se toma como año fundacional, sin ser del todo precisa.

En 1957, abandona el Viernes de Dolores, parta ocupar el Martes Santo junto con la Hermandad de Jesús Nazareno. Años después, también dejarían de procesionar en el Santo Entierro.

27 de marzo de 2009, tras presentar la escasa documentación que conservamos al Consejo de la Orden de los Siervos de María en España, se nos concede la patente que nos reconoce como Grupo Laico Servita en atención a la vinculación, que podemos demostrar, con la Orden Servita.

Tres características nos distinguen: estar compuestas exclusivamente por mujeres; la vinculación a la Orden Servita; procesionar dos veces en la Semana Santa: Martes Santo y Viernes Santo (madrugada).

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Hermandad del Santísimo Sacramento. Belmez.

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La fiesta importante y especial de la hermandad es la Solemnidad del Corpus Christi, donde se celebra con un triduo y a continuación una solemne misa y una procesión

La Hermandad del Santísimo Sacramento es fundada en 1534. Existen documentos de la elección de hermano mayor, que constatan su existencia al menos desde 1566, los cuales están transcritos en el año. 1998.

En 1936 la Hermandad desaparece hasta que el 27 de mayo de 1937 es refundada, siendo párroco D. Juan Fernández Linares.

La imagen de Cristo Yacente, junto con su urna, llega a Belmez el 18 de marzo de 1944 como fruto de una donación de Dña. Dolores Arregui Pérez, viuda de Montero, haciéndose cargo de ella la Hermandad del Santísimo a petición del párroco.

La Hermandad del Santísimo Sacramento y Cristo Yacente tiene fin principal el culto al Santísimo expresado en la devoción eucaristía, fruto y actualización de la Pasión de Cristo, en nuestra semana santa manifestado en la preparación del monumento del Jueves Santo donde se realiza Vigilia de adoración.

La fiesta importante y especial de la hermandad es la Solemnidad del Corpus Christi, donde se celebra con un triduo y a continuación una solemne misa y una procesión por las calles adornadas del municipio y acompañado por costaleros y niños que en ese año realizan la primera comunión.

La imagen del Cristo Yacente procesiona el Viernes Santo, siendo portada a hombros desde 1998, siendo la primera hermandad en sacar a su titular con portadores; y acompañada de un trío de música de capilla, alternando momentos de silencio, sobre una alfombra de rosas rojas e iluminado con velas en tulipas.

En 2010 llega a la parroquia la imagen de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfan en Jerusalén “La Borriquita”, siendo portados por los niños, en 2018 se establece la cuadrilla de jóvenes y a petición del párroco don Jesús Moriana Elvira pasaron a ser parte de la hermandad.

La borriquita sale tras la misa del Domingo de Ramos en procesión por las calles de nuestro pueblo a costal por jóvenes del municipio, y las hermandades de pasión.

Actualmente la hermandad consta de 144 hermanos, un gran porcentaje en gente mayor o gente que reside en otras partes de España por lo que dificulta la organización y participación de todos los hermanos pero seguimos adelante para que no pierda la devoción a nuestras imágenes en especial la devoción al Santísimo Sacramento.

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Homilía en la Fiesta de San Juan de Ávila

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Parroquia del Sagrario de Sevilla.

7 de mayo de 2026.

Encuentro del Clero de la Archidiócesis de Sevilla.

Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: hermanos en el episcopado, presbíteros, diáconos, seminaristas, miembros de la vida consagrada y del laicado; muy especialmente, queridos hermanos que hoy dais gracias al Señor por vuestros cincuenta y veinticinco años de ordenación sacerdotal y diaconal, a los que saludo especialmente: Manuel Martínez Alaminos y José Tomás Martín de Agar Valverde, que cumplen 50 años de ordenación. Antonio José Guerra Martínez, Juan José Linares Mota, Marcelino Manzano Vilches, Francisco Javier Nadal Villacreces, José Miguel Verdugo Rasco, Miguel Ángel Bernal Rodríguez, Manuel María Roldán Roses, Leonardo Sánchez Acevedo, y Juan José Sauco Torres, 25 años de ordenación. Los diáconos Aurelio Álvarez Ruiz y Andrés Cebrino Cordobés, 25 años de ordenación diaconal. Y vuestro arzobispo, 25 años de ordenación episcopal.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos conduce al centro mismo de nuestra vocación. Contemplamos a Pablo y Bernabé anunciando con valentía la Palabra, en medio de la acogida y también de la contradicción. El Evangelio nos recuerda que el discípulo ha de ser sal de la tierra y luz del mundo. Y el salmo pone en nuestros labios una confesión que nos llena de paz y consuelo: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22,1). San Juan de Ávila leyó su propia vida a la luz de esta Palabra. Fue un hombre consumido por el celo apostólico, enteramente entregado al anuncio del Evangelio y al cuidado de las almas. En tiempos recios, fue sacerdote recio. En tiempos de confusión, fue sacerdote luminoso. En tiempos de necesidad de reforma, fue sacerdote santo.

La primera lectura nos presenta una escena muy expresiva. La predicación apostólica, que suscita adhesiones, pero también provoca rechazo. Y, sin embargo, los discípulos quedan “llenos de alegría y de Espíritu Santo” (Hch 13,52). He ahí una enseñanza decisiva para nosotros. El sacerdote no mide la fecundidad de su ministerio por el aplauso, ni por el éxito externo. La mide por la fidelidad. Nuestro santo patrón lo vivió perfectamente. Conoció la incomprensión, la sospecha, la cárcel y la prueba. Pero no se volvió amargo ni resentido, ni se replegó sobre sí mismo, y no dejó de predicar a Jesucristo.

También hoy se nos pide esa entereza sobrenatural. No vivimos tiempos fáciles. Son muchas las fatigas del ministerio: secularización creciente, indiferencia religiosa, soledad interior, cansancio apostólico, activismo, heridas personales y comunitarias. Precisamente por eso la fiesta de san Juan de Ávila nos llama a volver a lo esencial. Más que estrategias o métodos nuevos, por eficaces que sean, lo que necesitamos es, sobre todo, fuego interior, una mayor identificación con Jesucristo, reavivar la conciencia de la grandeza del don recibido. San Juan de Ávila contempló esa grandeza con palabras que siguen estremeciendo. Dice: “Muchas cosas se requieren para cumplir con la obligación del oficio de cura de almas; porque, si miramos a la dignidad sacerdotal que le es aneja, conviene tener ferviente y eficaz oración y también santidad… pues se llama padre de sus parroquianos” (SAN JUAN DE ÁVILA, Tratado del sacerdocio, 36).

Esta expresión es de enorme densidad. El sacerdote es padre. No es un mero gestor de lo sagrado, ni un funcionario del templo, ni un profesional de lo religioso. Es padre en el orden de la gracia, padre que engendra por el Bautismo, alimenta con la Eucaristía, reconcilia en la Penitencia, acompaña, corrige, consuela, enseña y guía. Y precisamente porque es padre, ha de tener alma de padre. El pueblo de Dios percibe enseguida si el sacerdote ama de verdad a sus fieles, si reza por ellos, si los lleva en el corazón, si sufre con sus sufrimientos y se alegra con sus gozos. El ministerio no se sostiene con la organización, se sostiene con la caridad pastoral.

El Evangelio nos ha recordado que somos sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14). Nos habla de identidad antes que de tarea. El sacerdote, configurado sacramentalmente con Cristo, está llamado a transparentar a Cristo. La sal no vive para sí misma, da sabor a lo que toca. La luz no se enciende para ocultarse, se pone en lo alto para que alumbre. También el sacerdote pierde su verdad cuando vive encerrado en sí mismo, cuando deja de transparentar a Cristo, cuando se acostumbra a una vida espiritual pobre o a una rutina sin alma. San Juan de Ávila diría hoy a los sacerdotes de Sevilla: no rebajéis el ideal, no pactéis con la mediocridad, no os dejéis robar el fervor de la primera entrega, no descuidéis la oración, no celebréis los sacramentos de cualquier manera, no os acostumbréis a la Palabra que predicáis, no os resignéis a una vida interior empobrecida.

Nos diría también: vivid centrados en Cristo, meditad la Pasión del Señor, mantened la vida de oración, no olvidéis el examen de conciencia, y la confesión frecuente. Mantened un trato filial con la Santísima Virgen. Porque el sacerdote se sostiene de rodillas o termina debilitándose por dentro. Y nos diría algo más: amad a la Iglesia concreta que se os ha confiado. Amad a Sevilla. Amad a sus parroquias, a sus barrios, a sus pueblos, a sus enfermos, a sus ancianos, a sus jóvenes, a sus pobres, a sus familias, a sus niños. Amad también a vuestros hermanos sacerdotes, cuidaos mutuamente. Él fue un hombre de comunión eclesial y de fecunda fraternidad sacerdotal.

En este punto resuenan con fuerza las palabras del papa León XIV, que nos pide ser constructores de unidad y de paz, hombres de comunión, que nos pide “un impulso en la fraternidad presbiteral, que hunde sus raíces en una vida espiritual sólida, en el encuentro con el Señor y en la escucha de su Palabra” (LEÓN XIV, Discurso al clero de la diócesis de Roma, 12 de junio de 2025). Son palabras muy oportunas para nosotros hoy. Sí, hermanos: hombre de comunión. Éste es uno de los grandes retos de nuestro tiempo. En una cultura marcada por la fragmentación, la autorreferencialidad y el aislamiento, el sacerdote no puede vivir solo para sí. Necesitamos cuidar de verdad la fraternidad sacerdotal. Necesitamos vernos, escucharnos, acompañarnos, sostenernos, corregirnos fraternalmente, rezar unos por otros. Un presbiterio dividido o frío debilita la evangelización; un presbiterio unido y fraterno se convierte en signo creíble del Resucitado.

Y aquí me dirijo con afecto especial a quienes celebráis hoy cincuenta y veinticinco años de ordenación. Queridos hermanos: Gracias por vuestra perseverancia, por vuestra entrega callada, por tantos años de altar, confesonario, catequesis, despacho, visita a enfermos, atención a los pobres, predicación, dirección espiritual, acompañamiento de familias, servicio humilde y fidelidad cotidiana. Habéis pasado por alegrías y cruces, por momentos de consuelo y por noches oscuras. Y aquí estáis, dando testimonio de que el Señor es fiel y vosotros correspondéis a su fidelidad. Vuestra vida sacerdotal es un don para la Iglesia de Sevilla, vuestra presencia hoy nos recuerda que vale la pena entregar la vida a Cristo. Vale la pena ser sacerdote.

Pidamos al Señor, por intercesión de san Juan de Ávila, que nos conceda una renovación profunda del corazón sacerdotal. Que nos haga hombres de Dios, hombres de oración, hombres de Eucaristía, hombres de comunión, hombres de misericordia, hombres de celo apostólico. Que no dejemos de ser sal. Que no ocultemos la luz. Y pongamos esta súplica en manos de la Santísima Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que llevó a Cristo en su seno, nos enseñe a llevarlo con pureza en el corazón y a entregarlo con fidelidad a los hombres. Que ella nos alcance la gracia de una vida sacerdotal humilde, santa, alegre y fecunda. San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, ruega por nosotros. Así sea.

Monseñor José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Jornada festiva sacerdotal en torno al Maestro Ávila

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El día 18, en el que un grupo de sacerdotes recibirán la felicitación por sus XXV y L aniversario de ordenación del Orden Sacerdotal.

El pasado día 10 se celebraba la fiesta litúrgica de san Juan de Ávila, patrón en España del clero diocesano. Ese día, en la Eucaristía que presidió en la Catedral, nuestro arzobispo D. José María nos invitaba a pedir por los sacerdotes, “para que sean fieles, a imagen del gran apóstol de Andalucía, del Maestro Ávila”. La invitación a orar por ellos se extiende también durante estos días ante la celebración el próximo lunes día 18 de su patrón, en el Seminario Mayor, en la convocatoria dirigida a los presbíteros de la Delegación episcopal para el clero.

Ese día, en el contexto de esta festividad, recibirán la felicitación de nuestro arzobispo, y en su nombre, de la diócesis y hermanos presbíteros, un grupo de sacerdotes diocesanos, que este año cumplen sus bodas de oro y plata de Orden Sacerdotal. Así, los presbíteros que recibirán la felicitación en sus 50 años de vida sacerdotal son: D. José Alba Zafra, D. Jun Gutiérrez Lorenzo, D. Juan Serna Bonillo y D. Francisco José Ramiro García.  Los sacerdotes que cumplen 25 años de Orden Sacerdotal son: D. Arcadio Barber Pont, padre Javier Evelio Díaz Rivera O.S.s.T., padre Juan Jesús Gea Carrasco C.M.F., D. José Carlos Isla Tejera, D. Manuel Mingorance Carmona, padre Antonio Ruiz García C.M., D. Tomás Sola Martínez y D. Héctor del Carmen Treminio Vega.

La Jornada sacerdotal, en torno a san Juan de Ávila, también estará dedicada al Anuncio, fase actual del Plan Pastoral Diocesano, con la ponencia que ofrecerá nuestro arzobispo, titulada “La predicación al servicio del Anuncio”, precedida de la liturgia de las horas con el rezo de la Hora Intermedia.

Además, del 17 al 19 las reliquias de san Juan de Ávila estarán en el seminario, “memoria viva de nuestro santo patrón”, señala la Delegación para el clero. La jornada sacerdotal festiva en torno al Maestro Ávila concluirá con la Eucaristía y posterior almuerzo fraterno.

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El arzobispo preside las Confirmaciones en la parroquia de San Sebastián

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El arzobispo preside las Confirmaciones en la parroquia de San Sebastián

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido la misa en la Parroquia de San Sebastián (Sevilla), en el curso de la cual se ha impartido el sacramento de la Confirmación. Han recibido el sacramento 42 jóvenes y adultos formados en la parroquia del barrio del Porvenir.

 

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Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y la Pobreza. Fernán Núñez

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Los nazarenos visten túnica, capucha, guantes y zapatos negros, ceñidos con cíngulo de soga, portando antorchas que constituyen uno de los rasgos más característicos del desfile procesional

La Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y la Pobreza fue fundada el 22 de abril de 1974, fruto de la iniciativa y la ilusión de un grupo de jóvenes de la villa de Fernán Núñez que deseaban ver procesionar por sus calles una imagen que, hasta entonces, permanecía en el interior del templo. Su primer hermano y también primer hermano mayor fue D. José Luna Jurado, quien encabezó este proyecto que, con el paso de los años, se ha consolidado como una de las expresiones más singulares de la Semana Santa local.

La venerada imagen titular de la hermandad fue donada a la Parroquia de la Vera Cruz por el Ilustre Sr. D. José Blanco Sancha, natural de Fernán Núñez y Deán de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Desde entonces, el Santísimo Cristo del Perdón y la Pobreza preside el altar mayor de dicha parroquia y, desde 1974, sale en procesión para bendecir las calles del pueblo.

La cofradía realiza su estación de penitencia con un único paso: el crucificado, portado directamente por ocho costaleros. La imagen procesiona en la madrugada del Viernes santo, siendo las 01:30h su hora de saluda y las 04:00 su hora de entrada al templo. Los nazarenos visten túnica, capucha, guantes y zapatos negros, ceñidos con cíngulo de soga, portando antorchas que constituyen uno de los rasgos más característicos del desfile procesional. Precisamente, la iluminación mediante antorchas y braseros ha dado lugar a que esta estación de penitencia sea conocida popularmente como “la procesión de las antorchas”.

La imagen del Cristo responde a una iconografía clásica de crucificado de cuatro clavos, tallada en madera de cedro por un autor desconocido, aunque datable a finales del siglo XVIII. Se trata de una talla bien proporcionada, acorde con los cánones artísticos de su época, con el cabello y la barba suavemente tallados y un paño de pureza realizado en tela enyesada, anudado al lado derecho. La policromía presenta tonos amarillentos y verdosos, destacando especialmente la herida de la lanzada, de la que mana abundante sangre. La cruz es plana, con cantoneras e INRI de metal plateado.
Junto al Cristo se conserva también una pequeña imagen de la Virgen Dolorosa, igualmente donada por el Deán José Blanco Sancha, que formaba parte de su oratorio personal. Esta imagen permanece tradicionalmente a los pies del Santísimo Cristo cuando se dispone para el culto.

Entre las señas de identidad de la hermandad destacan también sus dos estandartes. Uno de ellos muestra la heráldica de la cofradía: una cruz latina negra con una soga que pende entre sus brazos, tres clavos bajo ella y una corona de espinas en su color natural, flanqueada por dos antorchas. El otro, de terciopelo negro bordado en oro, presenta en su centro la imagen del Cristo.
En sus primeros años, los nazarenos realizaban el recorrido enlazados entre sí mediante una soga que se extendía a lo largo de la procesión, símbolo de penitencia y unión fraterna. Con el tiempo se eliminó este elemento, aunque se mantuvo el espíritu de recogimiento que caracteriza a la cofradía. Durante el desfile procesional se recrean las siete últimas palabras de Cristo en la cruz a modo de oración, creando un ambiente de silencio, reflexión y profunda espiritualidad.

Otra de las peculiaridades de la hermandad es su decisión, mantenida desde sus orígenes, de variar el recorrido cada año. Con ello se pretende acercar la procesión a distintos rincones del municipio, muchos de los cuales no forman parte habitual de los itinerarios de la Semana Santa. Gracias a esta iniciativa, el Cristo del Perdón y la Pobreza ha recorrido lugares emblemáticos de Fernán Núñez como la calleja de la Cárcel, el Encinar o la Ronda de las Erillas, e incluso en alguna ocasión ha llegado hasta espacios situados fuera del casco urbano, como la ermita del Calvario.
Actualmente, la cofradía continúa fiel a su esencia original: sencillez, oración y cercanía al pueblo. Su procesión, iluminada únicamente por el resplandor de las antorchas, sigue ofreciendo cada año una estampa única de silencio, fe y recogimiento que invita a todos a meditar sobre el mensaje de perdón y humildad que representa su titular.

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Cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia. Puente Genil

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En la actualidad, la Cofradía tiene su residencia canónica en la Iglesia del Hospital (antiguo Convento de la Asunción), donde la imagen preside el camarín central del retablo mayor barroco

Los orígenes de esta venerada institución se remontan al siglo XVI, según testimonios de historiadores, vinculados inicialmente a  la antigua Cofradía de  la Caridad en su desaparecida ermita frente al Ayuntamiento. No obstante, la corporación se constituyó formalmente como Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia en el año 1664, fecha en la que se redactaron sus primeros estatutos. En aquel entonces, la hermandad procesionaba una imagen de menor valor artístico, la cual fue sustituida por la actual en 1720.

La llegada de la imagen actual del Señor de la Humildad está rodeada de un relato singular: la talla proviene del Convento de San José de Sevilla. En 1706, la Reverenda Madre Gregoria Francisca de Santa Teresa, al trasladarse para fundar el Convento de las Carmelitas Descalzas en el Pontón de don Gonzalo, escuchó una voz que emanaba de la imagen diciendo “LLÉVAME”, procediendo de inmediato a su traslado. A lo largo de los siglos, la Cofradía ha vivido hitos significativos, como el traslado de su sede al Convento de la Asunción a finales del siglo XIX y la concesión del título de Pontificia por el Papa Pío XII en 1952.

En la actualidad, la Cofradía tiene su residencia canónica en la Iglesia del Hospital (antiguo Convento de la Asunción), donde la imagen preside el camarín central del retablo mayor barroco. La talla del Señor, de autoría anónima y atribuible al círculo de Pedro Roldán, fue restaurada meticulosamente entre los años 2000 y 2001 por Carlos Herrerías Gómez.

La situación patrimonial de la Cofradía se ha visto fortalecida recientemente. El paso procesional, de estilo barroco y realizado originalmente en 1959 por Rafael Valverde, fue completamente reformado y dorado durante el mandato del Cofrade Mayor Rafael Fernández Reina (2012-2019). Esta renovación culminó en 2020 con el estreno de cuatro candelabros arbóreos que sustituyeron a los antiguos faroles de plata.

Hoy en día, la hermandad mantiene una intensa vida espiritual y cultual, destacando el solemne besapié cada Lunes Santo, un acto que congrega a una multitud de devotos en su templo. Los hermanos visten túnica grana con cíngulo amarillo y capillo egipcio, manteniendo viva una tradición que, desde 1990, recuperó la forma de portar el paso a hombros. Bajo la dirección actual, la Cofradía sigue custodiando símbolos históricos como la campanita de la congregación de 1866.

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