Homilía del Obispo de Almería, Mons. Adolfo González, en la Misa Crismal
El Obispo presidió la tarde de este Jueves Santo en la Sede Catedralicia de La Laguna la Misa ‘en la Cena del Señor’. Con la misma se inicó el llamado Triduo Pascual que culminará con la solemne Vigilia Pascual, la más importante celebración de la Iglesia Católica.
La propuesta artístico-religiosa que organiza el Ayuntamiento isorano expondrá en su IV edición en las calles del casco de Guía, el Jueves y Viernes Santo, 15 montajes escultóricos de arte floral.

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo del Viernes Santo en la Catedral de Málaga el 4 de abril de 2012.
VIERNES SANTO
(Catedral-Málaga, 6 abril 2012)
(Mons. Antonio Dorado)
Lecturas: Is 52, 13 – 53, 12; Sal 30; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1 – 19, 42.
1.- “El Viernes y el Sábado Santo la Iglesia permanece en la contemplación del rostro ensangrentado de Cristo en el cual se esconde la vida de Dios y se ofrece la salvación del mundo… La contemplación del rostro de Cristo en la hora de la Cruz… nos lleva a acercarnos al aspecto más paradójico de su misterio. Misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración” (Novo millennio ineunte, 28 y 25). Hasta aquí las palabras del Papa Juan Pablo II en su carta pastoral “Al comienzo del Nuevo Milenio”, en que nos invita a ser contemplativos del rostro de Cristo.
Muy queridos hermanos: Sr. Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, D. Fernando Sebastián, Arzobispo emérito de Pamplona, Hermanos canónigos de la Santa Iglesia Catedral y queridos hermanos y hermanas que participáis en esta solemne celebración litúrgica del Viernes Santo: Hoy, Viernes Santo, es un día para la adoración y para el silencio. Un día para dejar que el amor y la gratitud empapen profundamente nuestros corazones.
Queremos estar junto a la Cruz y dar tiempo al asombro, a la gratitud y al arrepentimiento al contemplar al Hijo de Dios, hecho hombre, maltratado y ajusticiado en el Cruz. “Nunca acabaremos de conocer la profundidad de este misterio” (NMI, 25).
2.- Es tiempo para considerar los sufrimientos externos y físicos del Señor: la agonía en el huerto de los olivos, su prendimiento, la humillación, los azotes, las espinas, el penoso caminar hacia el Calvario con la Cruz a cuestas, el dolor terrible de la crucifixión y el martirio de su lenta agonía. “Pero antes aún y mucho más que en el Cuerpo, su pasión es sufrimiento atroz del alma” (NMI, 26). Por eso hay que entrar más adentro.
Jesús, en la Cruz, aparentemente desesperado, da un grito de dolor:”¡Dios mío, Dios mío¡ ¿Por qué me has abandonado?” ¿Es posible imaginar un sufrimiento mayor, una oscuridad más densa?, se pregunta el Papa.
Este hombre, Jesús, cuyo mayor tesoro es Dios, su Padre, experimenta la mayor de las orfandades, la mayor de las soledades, la mayor de las tentaciones. Cuando todos le condenan, Dios, su Padre, no le saca la cara. Cuando todos le abandonan, Dios, se esconde y calla. Sólo quien ha experimentado la presencia del Padre en su vida puede comprender algo del vacío, de la oscuridad de la desolación que supone para Jesús la ausencia de Dios, el abandono de su padre. Es el máximo sufrimiento del Señor.
Os invito a adivinar los sentimientos de Jesús en el Cruz. Por muchos que sean los dolores, lo que nos redime no es el dolor físico, sino el amor y la piedad con que el Señor vive estos acontecimientos a través de su pasión y muerte.
Vista la pasión desde dentro, es un milagro de piedad, de mansedumbre, de fortaleza y de esperanza. Este es el camino interior por el que Jesús alcanza su propia consumación como sacerdote y salvador de la humanidad y del mundo. Éste es el camino secreto que Él nos ha dejado abierto para nuestra propia salvación.
En la Cruz y en la muerte de Cristo todo nos habla del amor. Amor de Cristo que obedece y mantiene su fidelidad por amor. Amor de Dios que permite el dolor y la muerte de su Hijo para que quede abierto ante nosotros un camino de salvación.
3.- Por eso, en la Cruz de Jesús se nos revela Dios de cuerpo entero. Si queremos saber quién es y cómo es el Dios Padre de Jesús, no tenemos mejor ángulo que la contemplación del Crucificado. Dios se nos revela en la Cruz de Jesús:
Como Aquel que quiere compartirlo todo. Es el único hombre absolutamente inocente; pero carga no sólo con nuestra debilidad; también con nuestros pecados. Dios en la cruz de Jesús asume nuestros pecados. No sabemos ni entenderlo, ni explicarlo. Pero es verdad. Dios quiere tratar a su Hijo como lo merece un pecador.
Dios se nos revela en la Cruz de Jesús como Aquel que no quiere usar, ni siquiera para defenderse, su poder, sino su amor. El amor de Dios se nos revela como un amor desarmado que no quiere responder a la violencia con la violencia, sino con la mansedumbre.
Dios se nos revela en la Cruz de Jesús como Aquel que salva “desde dentro” (haciéndose hombre) y “desde abajo” (bajando hasta la muerte en la Cruz). La muerte de su Hijo nos vivifica. Su debilidad nos fortifica, su fracaso nos da la victoria. Su hundimiento nos libera.
Por eso san Juan llama “exaltación” a la Crucifixión. La cruz de Jesús es “gloria de Dios” porque nos revela quién es Dios. La elevación de Cristo sobre ella es, sí, su máximo abatimiento, pero también una exaltación que quedará confirmada en la madrugada de la Resurrección.
4.- Ahora, cuando adoremos la Cruz de Cristo, le daremos gracias de todo corazón por haber ofrecido su vida por nosotros. Cada uno de nosotros podemos decir, como san Pablo: “Me amó y se entregó por mí”.
Por eso, Señor, ahora, te amamos y queremos poner nuestra vida en tus manos, vivir para ti, ser verdaderos discípulos tuyos y apóstoles de tu Evangelio.
“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Las Cofradías murcianas continúan “llamando” a las procesiones a través de los nazarenos que, con bandas de música recorren las calles de Murcia. Ayer por la mañana, la Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (conocidos como “los Coloraos”) visitó el Palacio Episcopal, minutos antes de que los sacerdotes partieran en procesión para celebrar la Misa Crismal. Esta mañana, han sido los miembros de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno los que han acudido al Obispado a anunciar su procesión.
Palabras de Mons. Jesús Catalá en el acto de liberación del preso indultado el Miércoles Santo.
Palabras del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, el Martes Santo.

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la Misa “In Coena Domini” del Jueves Santo en la Catedral de Málaga el 4 de abril de 2012.
MISA “IN COENA DOMINI” DEL JUEVES SANTO
(Catedral-Málaga, 5 abril 2012)
Mons. Fernando Sebastián
Arzobispo emérito de Pamplona
Lecturas: Ex 12,1-8.11-14; Sal 115; 1 Co 11,23-26; Jn 13,1-15.
La celebración litúrgica de esta tarde es honda y conmovedora. El Jueves Santo es para nosotros un día de intimidad y de profunda piedad. Las lecturas que acabamos de escuchar nos sitúan ante tres grandes estampas.
La Pascua salvadora de Dios;
La institución de la Eucaristía;
Y el lavatorio de los pies.
1.- Pascua quiere decir, paso, presencia, actuación. Los judíos celebraban cada año solemnemente el recuerdo de la PASCUA SALVADORA DE DIOS. Cuando el Señor los liberó de la cautividad de Egipto. El Dios de la Alianza quebró la resistencia del Faraón matando a los primogénitos de todo el país. Aquella fue una liberación social, política, terrena. Un anticipo de la gran liberación de Jesús, la liberación del perdón de los pecados, de la reconciliación con Dios y de la resurrección para la vida eterna.
2.- En este marco de la celebración de la Pascua salvadora de Dios, cuando celebraba esta fiesta con sus discípulos, instituyó Jesús el sacramento de su cuerpo y de su sangre, el sacramento de su muerte redentora y de nuestra salvación. La Pascua de Dios es una Pascua permanente, definitiva. Dios está siempre con nosotros para salvarnos de todo mal. En esta noche del Cenáculo, Jesús dio gracias al Padre por esta Pascua universal, vivió en su corazón su propia muerte, ya muy cercana, la aceptó, la ofreció como sacrificio de adoración y de alabanza, venciendo para siempre el poder del pecado en el mundo. La vive en su corazón como una oración de obediencia y de alabanza. Su muerte es la verdadera Pascua salvadora. La vivió y nos la entregó para que pudiéramos recubrirnos con ella, entrar en ella y vivir en nuestro corazón ese mismo sacrificio de adoración y fidelidad que nos libra del pecado y nos hace hijos y amigos de Dios para siempre. “Cada vez que coméis su carne y bebéis su sangre recordáis su muerte hasta que vuelva”. La Eucaristía nos hace contemporáneos de Jesús, nos permite participar en su oración de obediencia y de fidelidad, como si estuviéramos en el cenáculo con los Apóstoles, como si estuviéramos en el Calvario con María, con Juan y las mujeres devotas, discípulas de Jesús.
3.- En el evangelio de Juan no se nos cuenta la institución de la Eucaristía, pero el evangelista nos ha conservado esa escena increíble de Jesús lavando los pies de sus discípulos. Este gesto de Jesús es otra manera de expresar el significado y el contenido de su muerte. Lavar los pies es propio de los siervos, es un acto de humildad y de servicio. Jesús, con ese gesto, nos quiso dejar una lección definitiva. En la vida, lo importante, lo decisivo, es el amor. No cualquier amor, sino el amor humilde, el amor servicial y desinteresado, el amor discreto, sacrificado y fiel, como es el amor de Dios, como es su propio amor. Ese amor que él ha practicado durante toda su vida y que ahora llega a su punto más alto en el ofrecimiento del Calvario.
“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho, lo hagáis también vosotros”.
Nos cuesta mucho trabajo entenderlo. Queremos triunfar, queremos llegar muy arriba, que nuestros seres queridos triunfen en la vida. No acabamos nunca de convencernos de que el verdadero éxito en la vida es imitar en todo a Jesucristo entregándonos, por amor de Dios, al amor y al servicio humilde de los demás.
Dentro de pocos minutos, el Sr. Obispo lavará los pies de doce varones; ellos recuerdan a los doce apóstoles a quienes Jesús lavó los pies y representan también al pueblo de Dios y a la sociedad entera a quienes el Obispo tiene que atender y servir en el nombre de Jesús y con su mismo espíritu de amor y de servicio.
Todos los cristianos nos tenemos que amar y servir como hermanos, de manera que formemos una verdadera familia, unidos con el mismo amor de Jesús. Si tenemos el espíritu de Jesús tenemos que amarnos y servirnos unos a otros como el Señor Jesús nos ama a todos y dio la vida por todos.
La Iglesia entera, todos los cristianos, estemos donde estemos, tenemos que ser imitadores de Jesús en el amor, en el servicio, en la preocupación sincera por el bien de los demás. Cada familia cristiana, en su bloque, en su barrio, en el conjunto de la sociedad tiene que ser una presencia del amor de Dios que quiere el bien de todos, una presencia del amor acogedor de Jesús que dio la vida por todos. De este modo podemos ser todos misioneros de la fe y de la salvación de Dios en el terreno real y concreto de la vida cotidiana.
Que la Virgen María, imitadora fiel del amor de Jesús nos haga crecer a todos en el amor humilde y servicial y haga que los cristianos seamos en el mundo testigos y colaboradores del amor y de la misericordia del Dios de la salvación.
El Obispo de Guadix, Mons. Ginés García, celebró la Misa Crismal el pasado 3 de abril, Martes Santo, en la catedral accitana. La celebración tuvo lugar por al mañana, a las 12, y estuvo concelebrada por la práctica totalidad de los sacerdotes de la diócesis. También hubo un numeroso grupo de fieles, venidos de diferentes parroquias, que quisieron acompañar así a sus párrocos.
La televisión por Internet de la Diócesis de Córdoba, www.canaldiocesis.tv, ha superado durante estos tres días de Semana Santa las 8.000 visitas.