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Misioneros de la fe

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Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá, Obispo de Málaga, en la ordenación de tres nuevos diáconos, Andrés Conde, Juan Pablo Jiménez y Maiquel Hernández.

Hoy en «Palabras para la Vida»: Discurso de la luna

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En esta mañana nos hemos acercado al discurso que Juan XXIII pronunció en la noche del 11 de octubre después de que le invitarán a mirar a través de las cortinas porque se había congregado más de cien mil personas llevando antorchas en la Plaza de San Pedro.

Para escuchar el programa de hoy pinchar aquí.

Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND). Celebración con comunidades neo-catecumenales (Loja-Granada)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND), en la celebración con comunidades neo-catecumenales (Loja-Granada) el 21 de octubre de 2012.

JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES (DOMUND)
Celebración con Comunidades Neo-Catecumenales
(Loja-Granada, 21 octubre 2012)
 

Lecturas: Is 53, 2-3.10-11; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45.

1.- Antes de iniciar la reflexión deseo informar que conozco el Camino Neo-Catecumenal desde 1973 en Valencia. Y desde que soy sacerdote he celebrado muchas veces con las comunidades. El Señor me llevó por sus caminos providentes hasta Roma, donde tuve la oportunidad de conocer y compartir directamente con Kiko Argüello en las Asambleas Sinodales de los Obispos. Aunque el Señor no me ha llamado por ahí y no he pertenecido al Camino Neo-catecumenal, he tenido siempre muy buena relación. Posteriormente, como Obispo, he presidido prácticamente con las Comunidades los distintos pasos del proceso.

            En estos días habéis rezado y reflexionado sobre la Palabra de Dios; ahora celebramos litúrgicamente la Palabra y el Sacramento.

El Siervo de Yahveh, presentado por el profeta Isaías, se refiere a Jesús de Nazaret como «despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable» (Is 53, 3). Lo más importante de este varón de dolores, hombre avezado en el sufrimiento, es que su vida tiene un sentido expiatorio. Miseria y sufrimiento hay mucha, y todos podemos haber sufrido. ¡Cuántos enfermos, cuántas desgracias y cuánto mal! Hay mucho sufrimiento; pero solo la muerte de Cristo es expiatoria.

            Nos contaba un profesor de Teología Fundamental que todo acontecimiento histórico (factum brutum) puede ser interpretado de muchas maneras. Hay mucha gente que ha dado su vida: por ideales, por política, por dinero, por la familia, por muchas cosas. Pero la muerte de esas personas no es significativa para la humanidad; esa muerte no redime ni salva a nadie.

Sin embargo, la muerte del “Varón de dolores”, la muerte de Cristo en la cruz, que actualizamos ahora en la Eucaristía, es una muerte redentora y única. No ha habido otra muerte redentora, ni siquiera la de la Virgen; Ella es corredentora análogamente.

            Por tanto, sí que es importante que actualicemos la muerte de Cristo en sentido redentor, en sentido expiatorio. Dios ha querido en Cristo cargar nuestros pecados y nuestras dolencias. Él soportó nuestros delitos, que nos tocaban a nosotros. Eso es motivo de acción de gracias.

Os animo a que cuando recibamos después el Cuerpo y la Sangre de Cristo le digamos: “Gracias Señor, porque Tú me has salvado; has cargado mis pecados y mis miserias; has expiado por mí. Nadie lo ha hecho y nadie lo hará”.

2.- El segundo punto es de la carta a los Hebreos, que habla del sacerdocio de Jesucristo y que es continuación de este tema. Dice Hebreos: «Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos» (Hb 4, 14). Y, ¿por qué puedo yo profesar la fe? Porque hay Alguien que me conduce, que es el iniciador de mi fe y el que completa mi fe. ¿Quién es? Cristo.

En este Año de la fe, que acabamos de iniciar, se nos pide celebrarla, rezarla, vivirla, profesarla, testimoniarla. Todo eso se nos pide a todos los cristianos. Y de un modo especial hoy os lo pido a vosotros, queridos miembros de Comunidades Neo-catecumenales. Pero eso sólo es posible en Jesucristo. Uno no es testigo de la fe porque quiera serlo. La fe nos la regala Dios; en la fe nos hace caminar y la fe nos la completa Él. Eso es muy importante. Cristo es quien inicia y completa nuestra fe. Es el único Pontífice, el único Sumo Sacerdote.

            Nuestro sacerdocio presbiteral o ministerial es una simple participación en su sacerdocio. Y vuestro sacerdocio común bautismal es la participación en su sacerdocio. Somos todos sacerdotes; es decir, “sacer- facere”: sacralizamos las cosas. Podemos sacralizar nuestra sociedad y nuestro mundo con nuestra fe y con nuestro amor, con nuestro testimonio. En el sentido de que quien sacraliza es Cristo, que me permite y me regala ser presencia suya en esta sociedad que no acaba de quererle.

3.- El tercer punto es sobre el Evangelio. Los Zebedeos se acercan al Señor (cf. Mc 10, 35) y le piden un deseo, un proyecto, un sueño. ¿Verdad que es difícil renunciar a los bienes materiales? Tenéis experiencia, porque os toca “rascaros el bolsillo”. Sobre este punto, cuando escucho críticas contra el Camino Neo-catecumenal suelo defenderos, diciendo: “Mirad, una prueba de que alguien está en camino de conversión es cuando se toca el bolsillo. Es signo claro de que Dios le ha tocado. Y las Comunidades, doy fe, se rascan el bolsillo”. A veces nos cuesta desprendernos de las cosas, que son bienes externos. Todos vosotros habéis pasado el primer “Paso” del desprendimiento y de la entrega; es decir, “arrebatarle al diablo el botín”. Un servidor he recibido parte de los “botines” de las comunidades.

¿Qué cuesta más: desprenderse de unos bienes materiales (un coche, una joya, una casa, dinero) o desprenderse de los propios sueños, proyectos y plantes? La Virgen no tuvo que desprenderse de mucho, porque tenía poco materialmente hablando. Pero tuvo que desprenderse de su plan de vida.

Y los Zebedeos aún no habían entendido al Señor. Su sueño era ser hombres importantes y con poder: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mc 10, 37). Ellos deseaban reinar y no querían perder ese sueño. Ante esto el Señor “le da la vuelta a la tortilla” y plantea otra cosa: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado» (Mc 10, 39-40). Es como si les respondiera que sus sueños no van a ninguna parte; y no se los iba a regalar.

Creo que el Señor nos pide muchas veces que le ofrezcamos nuestros sueños, nuestros planes; que es lo que más nos cuesta. Y que realmente nos pongamos en sus manos, porque después saldremos ganando.

4.- El Señor, como nos ama, nos exige. He vivido experiencias personales de resistencia a la voluntad del Señor, porque me costaba lo que me estaba pidiendo. Pero cuando le respondía que aceptaba su voluntad, encontraba una gran paz y desaparecían los temores. El Señor me pedía que aceptara; y muchas veces, al rendirme interiormente a su voluntad, Dios resolvía de otra manera las cosas y ya no era necesario realizar lo que él me pedía.

Cristo nos pide que nos ofrezcamos, al igual que él se ofreció en oblación a la voluntad del Padre; Cristo nos pide la oblación de nuestra vida, que más difícil que ofrecerle “cosas”. pero es lo que realmente nos pide y lo que tenemos que ofrecerle.

5.- Hoy celebramos la Jornada Mundial de la Propagación de la fe (DOMUN). El Sínodo de los Obispos, que se está celebrando en estas semanas, es una buena ocasión para tomar conciencia de la necesidad de llevar a cabo la hermosa tarea de evangelizar.

La misión “ad gentes” y la nueva evangelización a los no creyentes, debe ser realizada complementariamente con la re-evangelización a los cristianos que abandonaron la fe o descuidaron su praxis.

Así nos lo recuerda el papa Benedicto: “Este renovado dinamismo de evangelización produce un influjo beneficioso sobre las dos «ramas» específicas que se desarrollan a partir de ella, es decir, por una parte, la missio ad gentes, esto es el anuncio del Evangelio a aquellos que aún no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvación; y, por otra parte, la nueva evangelización, orientada principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana” (Homilía en la Apertura del Sínodo de los Obispos y proclamación de San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen “Doctores de la Iglesia”, Vaticano, 7.10.2012).

6.- El Año de la Fe es una gracia y una oportunidad, que se nos ofrece, para confirmar nuestra disponibilidad y nuestro servicio en la proclamación del Evangelio. Estamos llamados a ofrecernos al servicio de la Iglesia universal; a mejorar nuestra cooperación misionera; a orar para que Dios sea conocido en todo el mundo. La Iglesia existe para evangelizar; esa es su misión y su razón de existir. Siguiendo el mandato del Señor Jesucristo, sus discípulos fueron por el mundo entero para anunciar la Buena Noticia.

El Año de la fe, la celebración de la Asamblea del Sínodo de los Obispos y el Cincuenta Aniversario del Concilio son acontecimientos tan preciosos que nos exhortan a responder a la llamada del Señor para ser sus testigos. Nuestra misión se dirige tanto hacia los que no conocen a Cristo, como a los ya bautizados. Sigue habiendo en nuestro entorno gente que no ha escuchado el mensaje de Jesucristo. Y sigue habiendo otros que sí escucharon el mensaje y recibieron la fe, pero la abandonaron y ahora son ascuas apagadas.

Os pido a las Comunidades que este Año de la fe intensifiquéis la tarea misionera, el anuncio de la Buena Nueva. Nuestro mundo lo necesita.

Ya sabemos que somos pocos, pobres y con pocas posibilidades; pero eso no importa. El Espíritu hace fructificar, si somos instrumentos dóciles suyos. Él hace maravillas a través de nosotros

La Virgen María, que renunció a sus propios planes, nos anime, nos ayude y acompañe en este camino. Os invito a vivir con alegría de este nuevo Año de la fe. Amén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

El Sr. Obispo inaugura el Año de la Fe en Jaén

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El pasado jueves, 11 de octubre, D. Ramón del Hoyo López presidía una Solemne Eucaristía con motivo del inicio del Año de la Fe, que tendrá lugar hasta el 24 de noviembre de 2013.

Ha fallecido el diácono permanente Enrique Rodríguez Salas

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Mañana domingo día 21 de octubre tendrá lugar, a las 09:00 horas, el funeral que, por su eterno descanso, acogerá la parroquia de San Juan de Ávila.

Condecoración Pontificia a la sacristana de San Bernardo

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Al término de las Confirmaciones que presidirá el Arzobispo esta tarde en la parroquia de San Bernardo.

Dedicación del templo de la parroquia de la Inmaculada Concepción (Arroyo de la Miel)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la dedicación del templo de la parroquia de la Inmaculada Concepción celebrada en Arroyo de la Miel, el 20 de octubre de 2012.

DEDICACIÓN DEL TEMPLO

DE LA PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

(Arroyo de la Miel, 20 octubre 2012)

Lecturas: Re 8, 22-23.27-30; Sal 117, 15-16.19-23.27; 1 Pe 2, 4-9; Jn 2, 13-22.

1. Oración de Salomón

1.- Hoy, como se nos ha dicho en la monición de entrada, es un día grande para nosotros. Es grande además porque esta mañana hemos ordenado tres jóvenes como diáconos que esperamos que al final del curso pastoral poder ordenarlos de sacerdotes. En esta coincidencia, dedicamos este templo parroquial de la Inmaculada en el Arroyo de la Miel.

            Hemos escuchado en el primer libro de los Reyes una oración que ha hecho el Rey Salomón cuando construyó el famosísimo templo de Jerusalén, que iba a construir David, su padre, pero al final le correspondió al hijo realizarlo de una manera brillante, con materiales preciosos.

Salomón reconoce que Dios, el Todopoderoso, el Omnipotente, que no cabe en los cielos porque está presente en todo lugar, que no hay nadie como Él ni el cielo ni en la tierra, este Dios quiere habitar en un lugar concreto.

Pues este Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el mismo Jesús y el Espíritu, quieren habitar en ese templo en el que estamos hoy y en el que nos encontramos para dedicarlo.

2.- Se pregunta Salomón: «¿Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa que yo te he construido!» (1 Re 8, 27).

Pero Dios quiere estar presente entre los hombres. El Hijo de Dios se hizo hombre y esa fue la presencia más importante en toda la historia de la Humanidad. Ya no habrá otra presencia como esa. Él es el Pontífice entre Dios y los hombres, Él es el camino, la única vía de acceso a Dios. El hombre no puede llegar a Dios sino es el a través del único camino que es Jesucristo. No hay otro camino. Lo demás son apoyos, ayudas. Las demás religiones tienen “semillas verdaderas”, como dice el Concilio Vaticano II, pero es Cristo quien ha hablado en nombre del Padre. Es Cristo quien ha revelado el amor verdadero de Dios a los hombres. Es Cristo quien se ha hecho presente y hace presente a Dios entre los hombres.

Y termina Salomón con una petición. Después de las consideraciones sobre la grandeza de Dios y sobre la pequeñez del hombre dice: «Atiende a la plegaria de tu siervo y a su petición, Señor Dios mío, y escucha el clamor y la plegaria que tu siervo hace hoy en tu presencia. Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre este lugar del que dijiste: «En él estará mi Nombre»; escucha la oración que tu servidor te dirige en este lugar. Oye, pues, la plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde el cielo, escucha y perdona.» (1 Re 8, 28-30).

            Y esta es la oración que le dirigimos a Dios por Jesucristo: “Querido Padre Dios, escucha nuestra oración; ten misericordia de nosotros pecadores. Escucha cuando te invocamos en este lugar sacro que hoy te dedicamos”.

Pero hay que saberle pedir a Dios, porque a veces pedimos de manera muy egoísta algo que tal vez Él no piensa concedernos. Y a continuación le rezamos el Padrenuestro diciendo: “hágase tú voluntad en la tierra como en el cielo”. Si le pedimos que se haga su voluntad, no le pidamos al mismo tiempo que se haga la nuestra; sobre todo, si no concuerda con la suya. Pero nos sale el egoísmo sin darnos cuenta.

3.- Dios no es aquel que resuelve nuestros problemas. Los problemas lo hemos de resolver nosotros. Dios es mucho más grande. Dios nos ofrece muchísimo más, infinitamente más de lo que nosotros le pedimos. Es como el niño pequeño que le pide a su madre un capricho, que a lo mejor su madre no se lo da porque le puede dañar, pero lo que le ofrece su mamá es mucho más, es su vida, es el alimento, es el cariño, es el amor, es la entrega total a su hijo. Pero el hijo eso no sabe apreciarlo.

Tenéis experiencia, queridos padres, de lo que os estoy diciendo. Aplicad eso a nuestra relación con Dios. Seguramente purificaríamos mucho mejor nuestra oración. Haríamos una oración mucho más en consonancia con el Padrenuestro y con la voluntad de Dios, no con nuestros caprichos.

Y después, no nos enfademos si el Señor no nos concede esos caprichos que pedimos. Así que, pidámosle a Dios todo, porque Él se interesa por nosotros; pero sin exigirle que haga lo que nosotros queremos, sino más bien poniéndonos en sus manos y diciéndole: “hágase lo que tú quieras”. Como hizo Jesús en el Huerto de los olivos ante la pasión: “No me gusta el cáliz que voy a beber, pero hágase lo que tú deseas” (cf. Mt 26, 42).

2. Ser piedras vivas en la construcción de la Iglesia

4.- El apóstol Pedro en su primera carta nos describe una construcción, concretamente en la construcción de la Iglesia. Cristo es la piedra angular; Cristo es el basamento, lo más importante: «Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios» (1 Pe 2, 4). «Pues está en la Escritura: He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido» (1 Pe 2, 6).

Cristo es rechazado por los que no quieren saber nada de él; es una piedra que ciertos constructores la han rechazado. Pero para quien lo acepta en su vida es la piedra angular, es donde se asienta su vida (cf. 1 Pe 2, 7).

Recordad la parábola donde Jesús dice que tengamos cuidado dónde construimos la casa (cf. Mt 7, 24-27). Si construimos sobre tierra firme, aunque vengan lluvias y tormentas se mantiene en pie. Si la construimos en sitio de arena, sin sólido fundamente, el primer vendaval que venga la destruirá. Cuidado dónde construimos nosotros y cómo construimos nosotros.

            El fundamente es Jesús, Piedra viva. Y, ¿qué somos nosotros, según san Pedro? Somos piedras vivas, que entramos a formar parte de la construcción del único templo de Jesús: «También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (1 Pe 2, 5). Somos sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo santo, somos piedras vivas (cf. 1 Pe 2, 9).

            Cada uno debe ocupar su lugar, porque si no lo ocupa nadie lo va a hacer por él. Cada uno de nosotros tenemos una misión que Dios nos ha dado: vivir la fe y dar testimonio donde Él nos ha puesto. Unos como padres, madres e hijos, unos como catequistas, otros como misioneros, otros como sacerdotes o diáconos o ministros. Cada uno tiene su tarea y todos estamos llamados a realizar esa tarea para que funcione la Iglesia.

5.- Este templo parroquial ya lo conocía, porque vine a confirmar aquí hace un par de años. Contemplemos su significado. Al inicio de la celebración hemos escuchado que lo central es el altar, que después consagraremos.

El templo tiene como seis franjas en sus paredes y techo. Análogamente se refieren a los sacramentos de la Iglesia. El bautismo, la confirmación y la penitencia conducen a la Eucaristía, que es el sacramento central y más importante de la Iglesia. Hay, pues, seis franjas que representan a los sacramentos que culminan en el altar, en la Eucaristía. Ésta debe ser centro de la vida cristiana. La Eucaristía es el centro y el culmen hacia donde confluye la vida cristiana. Y los sacramentos de misión: el matrimonio y el orden sacerdotal toman su fuerza en la Eucaristía para misionar, para evangelizar, para ser testigos de nuestra fe.

6.- Deseo que al entrar en este templo os sintáis, no sólo miembros piedras vivas del templo de Cristo, sino también misioneros. Estamos celebrando el DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones. Cada piedra viva tiene su misión.

En estos días se está celebrando la Asamblea plenaria del Sínodo de los Obispos. Hemos iniciado el Año de la fe y conmemoramos el Cincuenta Aniversario del Concilio Vaticano II y el Vigésimo Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. En este ámbito de la nueva evangelización somos requeridos todos como agentes y misioneros de la fe, como dice el lema de este Domingo del DOMUND.

Hay dos grandes acciones: hay que dar a conocer la Buena Nueva a quienes aún no la conocen; esto sería la “missio ad gentes”, la misión hacia fuera, ad extra. Pero también hay que hablar de Cristo a los cristianos, que tal vez abandonaron y descuidaron la fe y dejaron de practicarla.

            Supongo que en el Arroyo de la Miel abundan más esos segundos que los primeros. En todos los sitios hay de todo. Pero nos toca a los cristianos de hoy hacer una nueva evangelización. Hablar de nuevo esa noticia buena que es Jesucristo. Presentad a nuestros contemporáneos quién es Jesús: la piedra viva que forma el edificio espiritual. El altar donde se ofrece en sacrificio. Rememoraremos el sacrificio de la cruz; no será un simple recuerdo; será una real y verdadera actualización. Aquí, en el altar hoy, Cristo volverá a entregarse a Dios Padre y volveremos a actualizar su resurrección. Este es el gran Misterio que celebramos.

3. El Templo de Dios y los templos del Espíritu Santo

7.- Jesús entra en el templo. El templo ha sido ocupado por los campistas y comerciantes que venden sus mercancías. Y Jesús expulsa a estos vendedores porque han convertido la casa de Dios más bien en un mercado, en una cueva.

Ojalá nosotros sepamos cuidar bien nuestros templos, concretamente éste. Ojalá sepamos utilizarlo como lugar sagrado donde la salvación nos llega a través de la celebración sacramental, de la liturgia, de la oración, del encuentro con la comunidad.

Cristo es el nuevo templo, dijo: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19). El templo de Cristo fue destruido, lo crucificaron, lo clavaron en la cruz y murió en la cruz. Pero al tercer día resucitó. Y esa es nuestra esperanza. Y esa es la esperanza que hemos de anunciar a los hombres de nuestro tiempo.

¿No es cierto que todos buscamos la felicidad? A ver, ¿quién no busca la felicidad? Lo que pasa es que algunos pueden estar buscándola equivocadamente, dónde no está, y otros la encuentran donde sí esta.

No se puede encontrar la felicidad fuera de Cristo, fuera del amor de Dios; en el egoísmo, en las tinieblas frías de la distancia, del odio. Ahí no está la felicidad.

¿Dónde sí está? Unidos a Cristo, viviendo el amor de hermanos, quedando iluminados por la luz de Jesucristo, quedando fortalecidos con la fuerza y el don del Espíritu Santo. Ahí sí que está la felicidad.

¿Por qué tantos contemporáneos nuestros no acaban de aceptar a Jesucristo? Tal vez piensan que es una carga; que tienen que cumplir unos mandamientos como si fueran losas. Los mandamientos, en cambio, son caminos de felicidad para uno mismo y para los demás. Y cuando no es así, somos un infierno para uno mismo y para los demás. Así lo dijo el filósofo ateo Sartre: “el infierno son los otros”.

            Una relación de fraternidad da felicidad y hace crecer. Una relación de manipulación del otro, una relación de abuso del otro, una relación de interés no da felicidad, produce distancia y enfriamiento.

8.- Deseo felicitar a toda la comunidad parroquial, porque la reforma hecha en el presbiterio ha ganado muchísimo. Ya sé que todos no están de acuerdo con todo. Cuando las cosas se hacen por bien y van a mejor nos hemos de felicitar. Esta tarde quiero felicitaros.

En este momento el altar y el presbiterio están en mejores condiciones para la celebración de la Eucaristía y los misterios de la liturgia, mejor que antes. Ya nos han explicado el sentido. Nos han explicado también el retablo, no hace falta que me detenga en ello.

Quiero felicitar a toda la comunidad cristiana de la Inmaculada Concepción de Arroyo de la Miel por esta reforma y por esta ocasión de poder dedicar hoy, consagrando este templo y este altar.

Pedimos a la Virgen Inmaculada, templo purísimo de Cristo, Sagrario y Arca de la Nueva alianza, que nos ayude a ser nosotros también templos del Espíritu Santo; templos limpios, iluminados, puros; a pesar de nuestro pecado porque Cristo nos lo perdona.

Que la Virgen Inmaculada nos ayude a celebrar siempre con alegría nuestra fe y a ser misioneros de esa misma, regalo del Señor. Amén.

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