
Casi un siglo después de la definición de la concepción inmaculada de María, definía Pío XII el dogma de la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma. En la Constitución apostólica «Munificentissimus Deus» (1950) se afirmaba este dogma de fe respaldado unanimemente por el Pueblo de Dios. María asociada a la obra de Cristo no quedaría asociada a su victoria completa sin la glorificación corporal. Eso es lo que en definitiva había intuido el pueblo cristiano en la liturgia con la fiesta de la dormición celebrada en Jerusalén desde el siglo VI y que en el siglo VII se establece en Roma con el nombre de Asunción de Santa María.




