Inicio Blog Página 7942

Misa de acción de gracias por la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II

0

La celebración tendrá lugar en la Catedral el próximo 3 de junio, el mismo día del patrón diocesano, San Juan Grande, a las 20 horas.

Vida Ascendente y una profesión de las clarisas abrirán y cerrarán la semana

0

Monseñor José Mazuelos, el obispo de Asidonia-Jerez, tiene una intensa agenda de celebraciones con las que continuar proponiendo a los fieles citas sacramentales en plena Pascua.

Iglesia Noticia: Pascua del Enfermo en la Archidiócesis de Granada

0

Programa informativo que realiza el Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Granada, emitido el VI Domingo de Pascua, 25 de mayo, en COPE Granada.

Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de Gracia (Málaga)

0

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de Gracia en Málaga el 25 de mayo de 2014.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA

(Málaga, 25 mayo 2014)

Lecturas: Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1-7.16.20; 1 Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21.

(Domingo Pascua VI – A)

1.- Estamos celebrando esta Eucaristía en tiempo pascual, que es un tiempo especial que la Iglesia nos concede para que disfrutemos de la resurrección del Señor, para que gocemos largamente de este tiempo de alegría, de gozo, de luz.

San Agustín comentando los dos tiempos, el que precede a la Pasión del Señor y el que después de la resurrección continúa, lo compara en la liturgia al tiempo de Cuaresma en la que nosotros hacemos penitencia, pedimos perdón, nos esforzamos, lo mismo que el Señor antes de su Pasión tuvo que padecer. Y después, el tiempo de Pascua, San Agustín lo describe como el tiempo de la contemplación, del gozo, de la alegría, de la luz. No hay ayunos, ni abstinencias, es más bien gozar. Es como la fiesta. Cuando hacéis una fiesta en casa, ¿el periodo anterior preparatorio por qué se caracteriza? Por el trabajo, por el ansia, por hacerlo bien, por, a veces, hasta dormir poco. Después llega la fiesta y, ¿qué es lo que se pretende? Gozar de la fiesta, estar con los otros, compartir. Eso es un poco lo que la Iglesia nos ofrece. Que sepamos compartir, celebrar la Eucaristía juntos, darle gracias a Dios por todos los beneficios, todas las gracias que a través de su Hijo Jesús nos ha regalado.

2.- En tiempos de los Apóstoles los que habían tenido la experiencia de la alegría y de la luz de la resurrección fueron anunciándolo a los demás. En el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos leído encontramos al Apóstol Felipe que bajo a la ciudad de Samaría y predica la resurrección del Señor (cf. Hch 8, 5).

                Este hecho de predicar lo que él había vivido produce dos efectos en los oyentes. En primer lugar, lo que los escuchan van transformándose interiormente. La luz de Cristo y de la resurrección les va llenando, la alegría pascual le va desbordando interiormente. De tal manera, que toca no solamente la parte espiritual sino la parte física.

El gentío escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: «de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban» (Hch 8, 7). Eran efectos visibles de esta presencia de Cristo resucitado.

3.- Otra consecuencia u otro efecto de esta predicación y de la vivencia de los Apóstoles era la alegría: «La ciudad se llenó de alegría» (Hch 8, 8).

Los que escuchan la Buena Nueva del Señor se alegran. Los discípulos cuando vieron a Jesús resucitado quedaban alegres por el encuentro.

Estos dos efectos, uno, el llenarse de luz y quedar transformados; e incluso, curados de ciertas heridas puede ocurrir también hoy cuando alguien anuncia el Evangelio. Anuncia que Cristo ha resucitado, que ha vencido a la muerte, que tiene sentido el dolor con Él. A mucha gente esto puede ayudarle a cicatrizar heridas y, sino a sanar del todo físicamente, sí a tener la fuerza para afrontar una enfermedad, ¿o es que eso no es sanar? ¿No es una forma de sanar el saber cicatrizar una herida, el saber aceptar con serenidad, con paz interior? ¿Cuántas veces hemos ido a visitar un enfermo pensando que íbamos a consolarte, a estar con él un rato y quien ha salido fortificado, más sereno y gozoso hemos sido los visitantes? ¿Por qué? Porque ese enfermo con fe, con amor ha sido capaz de transmitir lo que vive interiormente, a pesar de estar enfermo. Si vivimos la Pascua como el Señor desea, probablemente transmitiríamos más gozo y más alegría. Seríamos más capaces de encajar las cosas y de superarlas.

Por tanto, si anunciamos lo que creemos podemos también tener los efectos en nosotros: ser curados, ser sanados, ser perdonados de los pecados y para eso está la confesión. El Señor no sana y nos cura de las enfermedades, porque las enfermedades físicas son consecuencias del pecado; si nos sana del pecado nos sana también de las enfermedades físicas incluso. Y el otro efecto: nos llena de alegría.

4.- El apóstol Felipe, además de predicar, actúa. Felipe celebró fundamentalmente dos sacramentos: primero el bautismo. Los que creían en el nombre de Jesucristo, se bautizaban (cf. Hch 8, 12). El Apóstol bautiza con agua.

Nosotros al inicio de la Eucaristía hemos realizado el gesto del asperge, con agua bendecida nos hemos asperjado porque esa agua bendita es signo de nuestro bautismo, en el que hemos sido regenerados por Dios, se nos ha regalado ser de nuevo una criatura distinta, una criatura hija de Dios, una criatura iluminada. El Bautismo nos transforma. Lo que hemos hecho con el agua bendita, por tanto, ha sido recordar el bautismo que es una transformación, el Señor nos hace hijos adoptivos.

Felipe bautizaba, la Iglesia sigue bautizado hoy y regenerando, el bautismo regenera, da nueva vida.

5.- También el apóstol Felipe imponía las manos orando sobre los ya bautizados y les otorgaba el Espíritu Santo (cf. Hch 8, 15-17); esta donación del Espíritu es lo que llamamos sacramento de la confirmación. Los dos sacramentos que inician en la vida cristiana: el bautismo y la confirmación.

Suelo decir que no debería de haber ningún bautizado adulto sin confirmar. No tiene sentido porque si no lo hace no ha terminado aún la iniciación cristiana. Bautismo y confirmación son dos sacramentos que van muy unidos, íntimamente unidos. La confirmación refuerza, profundiza la gracia bautismal, el compromiso. Es una donación del Espíritu para que el bautizado pueda vivir con alegría, con gozo, con nivel la vida de fe y ser un auténtico creyente y un testigo de la fe. Pues eso lo hacía Felipe y nosotros también lo hacemos.

Os invito a que todos los bautizados, al menos, los bautizados en la infancia y llegados al uso de razón puedan recibir la confirmación. Los adultos, por supuesto.

El tercer sacramento de la iniciación cristiana es la Eucaristía, que estamos celebrando. Pero la Eucaristía es el culmen, el centro de la vida cristiana, el no va más. Eso lo celebramos todos los domingos o diariamente o en las festividades. Es el sacramento del encuentro con el Señor, de la comida, el banquete eucarístico.

Os invito, en esta Eucaristía de la visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, a que vivamos como comunidad estos sacramentos de fe, a celebrarlos con alegría y con gozo.

6.- El apóstol Pedro nos ha invitado y exhortado a dar razón de nuestra fe. Nos dice: «Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3, 15).

Os voy a realizar una pregunta: si al salir hoy, en el encuentro con algunos de la familia, con amigos, en cualquier momento del día alguien os preguntara, ¿tú por qué crees? ¿Qué le responderíais? ¿Daríais razones o diríamos simplemente: «porque sí»?

San Pedro nos exhorta a que seamos cristianos que razonan nuestra fe, que saben contestar por qué creen, por la experiencia que tenemos, por lo que nos supone creer, por lo que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo. El Apóstol nos anima «a dar razón de nuestra esperanza al que nos la pida» (cf. 1 Pe 3, 15).

Para saber dar razón de nuestra fe, —además de la experiencia, lógicamente sino no podemos dar razón, si no tenemos experiencia no podemos hablar de esa experiencia—, es necesario formarse, profundizar en la fe, conocer la doctrina de la Iglesia, el catecismo. Es una invitación que os hago para que todos nos comprometamos a profundizar cada día un poco más en lo que significa nuestra fe, en qué es la Iglesia.

7.- Sabéis que mucha gente ataca a la Iglesia, sobre todo, porque no la conoce. Suelo decir que a veces se atacan fantasmas: «es que la Iglesia… —la critican algunos—. Esa Iglesia que critican no existe, eso no es la Iglesia, eso es lo que la gente se inventa y está en la imaginación de algunas personas.

Pongo el ejemplo de Don Quijote, que atacaba a molinos de viento creyendo que eran gigantes desconocidos, pues estaban en su imaginación. Lo que destrozaba eran las velas del molino de viento, pues los gigantes estaban en su imaginación. ¡Cuántos ataques a los cristianos y a la Iglesia porque no conocen la verdad!

Y, ¿a quién les toca explicar esto? A los cristianos, a nosotros, cuál es nuestra fe, quién es Dios, quién es Jesucristo, quién es la Iglesia, que son los sacramento, que son los mandamientos, y explicarlo, dar razón de esa fe.

8.- Vamos a pedirle al Señor que nos envíe el Espíritu Santo. El domingo que viene celebraremos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. La Iglesia nos prepara ahora para rezar para que el Espíritu venga a nosotros, rezar para que Jesucristo nos envíe su Espíritu. Tenemos ahora una semana para pedirle que nos regale su Espíritu. Y con ese Espíritu ser capaces de vivir con mayor autenticidad y testimonio la fe cristiana.

Que el Señor nos envíe el Espíritu y que la Virgen, Nuestra Señora de Gracia, que supo acoger al Espíritu de tal manera que llevó al Hijo de Dios en su seno, nos ayude a acoger al Espíritu y a Jesucristo como Ella supo acogerlo. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Visita pastoral a la parroquia de “Corpus Christi” (Málaga)

0

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la Visita pastoral a la parroquia de “Corpus Christi” en Málaga el 24 de mayo de 2014.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE “CORPUS CHRISTI”

(Málaga, 24 mayo 2014)

Lecturas: Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1-7.16.20; 1 Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21. (Domingo Pascua VI – A)

1.- En este Domingo VI del tiempo pascual, del ciclo A, que estamos celebrando, proseguimos con la lectura de los Hechos de los Apóstoles, que hoy nos hablan de las actividades propias de aquella primera comunidad. Lectura que puede ayudarnos a vivir como cristianos, en esta comunidad de la Parroquia del Corpus, en pleno siglo XXI.

El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta al Apóstol Felipe que baja a Samaria y predica a Cristo (cf. Hch 8, 5). Predicación, en la que aparecen como dos signos, frutos de la propia predicación o evangelización.

Primer signo: «El gentío escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: “de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban”» (Hch 8, 7). El anuncio del Evangelio, a quien lo recibe, tiene una fuerza capaz de transformarle interior y exteriormente.

La Palabra de Dios que es viva y eficaz ilumina al ser humano, ilumina su condición humana. Y la luz de Cristo penetrando en el corazón de los fieles puede transformarnos, si nos dejamos.

Su luz ilumina especialmente las situaciones difíciles. Situaciones que a veces no entendemos, no sabemos por qué pasa esto en nuestra vida, ignoramos el sentido del dolor, de la enfermedad, de la muerte de los seres queridos, de tantas cosas. Cosas que pueden ser fruto del pecado, y que a veces pensamos que son castigo de Dios, cuando no es así; son fruto de la fragilidad humana.

Pero la Palabra de Dios, Cristo, hecho hombre por nosotros, persona divina y humana, ilumina la existencia del hombre; Cristo transforma nuestra vida y cicatriza las heridas con su amor. Con su amor, porque el amor de Dios es capaz de trasformar al hombre, como a veces el amor de una persona a otra, también la transforma. El amor es capaz de redimir, de elevar al otro, de ayudarle a transformarse. Y este es uno de los primeros signos de la predicación de Felipe.

2.- ¿Cuál es el segundo signo o consecuencia de su predicación? «La ciudad se llenó de alegría» (Hch 8, 8). Si estas dos cosas se cumplieran también hoy, cuando vosotros anunciáis a los demás la Buena Nueva, los oyentes podrían ser capaces de quedar transformado interiormente y de vivir la alegría pascual, de vivir el gozo de la Pascua, el gozo de la resurrección. Porque Cristo ha vencido a la muerte, Cristo ha vencido el pecado, Cristo ha vencido la enfermedad y el dolor, pasando por ellos no de forma gratuita, ha pasado y los ha vencido.

Entonces, si vosotros, queridos cristianos de estas comunidades del Corpus Christi y de NªSª de Gracia, si esto lo predicáramos, si anunciáramos la verdad del Evangelio, ¡qué transformación se haría en nuestra sociedad! La cicatrización de muchas heridas, la curación de muchos males físicos y espirituales. Y si no alcanzáramos la curación plena, como decía un santo: “si no quieres curarme dame la fuerza para aceptar la situación”, que esa es otra forma de quedar sanado, de que no sucumbamos ante las dificultades de la vida. Y después la alegría, la alegría de recibir a Cristo, de quedar iluminados por la luz del Evangelio.

3.- Felipe, además de anunciar este Evangelio con estas dos consecuencias, celebra los sacramentos de iniciación. Felipe bautiza (cf. Hch 8, 12) e impone las manos para que recibieran el Espíritu (cf. 8, 15-17); una cosa a continuación de la otra. Cristo envía a sus discípulos a anunciar el Evangelio y a bautizarles en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

A un no creyente, a un no bautizado después de anunciarle la Buena Nueva, al final de ese proceso, lo lógico es que reciba el bautismo y que reciba el Espíritu en la confirmación y que participe en la Eucaristía. Fijaros, este mismísimo esquema de los tiempos apostólicos, es el que hoy nos propone la Iglesia.

4.- Esta comunidad cristiana tiene la tarea de caminar, de ir madurando, de ir acercándose a la Patria Celeste, que es la verdadera y definitiva Patria. Pero una comunidad cristiana también engendra nuevos hijos a través del bautismo, les confiere el don del Espíritu en la confirmación y les ayuda a participar de la Eucaristía. Esa es la tarea primordial que tenéis, queridos fieles, en este comunidad cristiana del Corpus.

Esta es la tarea inicial, hablamos de tarea principal y primordial, después vienen otras tareas. Después viene, lógicamente, la atención a los más necesitados, viene confortar a los enfermos, viene ayudar a crecer a los niños en la fe, hacerles madurar, acompañar a los jóvenes, cuidar de la familia y de los que quieren prepararse para formar una nueva familia. Es todo un proceso de fe y de vida.

Esto es, en primer lugar, por lo que os felicito porque ya lo estáis haciendo y a lo que os animo para hacerlo mejor todavía.

5.- La carta de Pedro nos da un toque que a mí siempre me ha gustado, y además que tiene una regla nemotécnica que ahora os la diré. Pedro dice: «Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3, 15).

                Pedro nos dice que tenemos que estar dispuestos a dar razón de aquello en lo que creemos. Y para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza cristiana hace falta estar formados, conocer la fe, vivirla y, entonces, es cuando somos capaces de explicarla.

                Si lanzara ahora la siguiente pregunta: ¿Por qué crees? Explícame, ¿por qué crees? Explícame y da razón de tu fe y de tu esperanza cristiana. Esta es la pregunta que puede haceros cualquier paisano, cualquier contemporáneo. Y, tú, ¿por qué vas a Misa? Y tú, ¿por qué crees en Dios? Y tú, ¿por qué crees en la otra vida? Y hemos de estar preparados y dispuestos para responder a estas cuestiones.

                La regla nemotécnica que suelo decir a los jóvenes, y os lo digo para que no se os olvide, es el valor de la letra griega “π”. A ver, los matemáticos, ¿cuál es el valor de “π”? (3,14 responden algunos feligreses). Pues, “π” es la primera carta de Pedro, capítulo 3, versículos 14 al 16, concretamente versículo 15. Para más inri, ¿en qué texto nos pide Pedro que demos razón de nuestra esperanza? (Primera carta de Pedro, capítulo 3, versículo 15 –responden los feligreses). Debéis llevar a cabo lo que Pedro nos exhorta en esta carta del valor de “π”. ¿De acuerdo?

                Pues esto es lo que el Obispo os pide: estad preparados, formaros de tal manera, vivid de tal manera que seáis capaces de dar razón de vuestra fe a los no creyentes, o a los agnósticos, o a los que dudan, o a los que están menos formados. Pero para eso hace falta formarse, hace falta conocer la fe, conocer qué es la Iglesia, qué son los sacramentos.

6.- El Señor en el Evangelio de hoy ha dicho una frase que a veces olvidamos: «Si me amáis –condicional, si no me amáis, no–, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15). Guardar los mandamientos no es una obligación impuesta, dura, incapaz de llevarla a cabo. Guardar los mandamientos, cumplirlos, es una consecuencia del amor a Dios. Consecuencia que nos lleva a amar a los esposos, a las esposas, a los padres, a los hijos; sí, en el matrimonio tenéis muchas obligaciones y muchas renuncias que hacer, ¿las hacéis simplemente por una obligación y un deber que hay que hacer? O, ¿las hacéis como expresión del amor al otro? Lo más hermoso es hacerlo por amor.

Cumplir los mandamientos que son palabras de vida, palabras para vivir, no son prohibiciones taxativas que nos impiden crecer o no nos hacen felices, al contrario. Cuando un padre de familia o una madre dedica su tiempo y su vida por los hijos o por la esposa o el esposo, lo hace aunque le cueste, pero lo hace de buena gana, porque lo hace por amor, para expresarle su amor, para que el otro crezca y viva más feliz. Ese es el objetivo.

El Señor nos anima a guardar y cumplir los mandamientos, para que seamos más felices, no para fastidiarnos. El no creyente piensa que vivir así es coartarle la libertad, pero no es eso. El Señor no pretende coartarnos la libertad, lo que quiere es que vivamos con mayor felicidad, que vivamos de su amor y que correspondamos a ese amor. De esta forma las cosas se ven de otra manera.

7.- El Señor Jesús nos envía el Espíritu Santo, estamos en tiempo pascual preparándonos para esa recepción del Espíritu Santo, aunque ya lo hemos recibido en los sacramentos: bautismo y confirmación; y que en cada liturgia y Pascua celebramos; y que, litúrgicamente, también celebraremos muy pronto.

En este tiempo pascual conviene acentuar el protagonismo del Espíritu en la vida de la Iglesia. La Iglesia es mucho más que una simple organización social, pues quien lleva la Iglesia es el Espíritu, no la llevamos nosotros. El protagonista y el timonel de la barca de la Iglesia es el Espíritu, por eso, hay que fiarse de Él. Hemos de dejar que interiormente nos ilumine, nos transforme, nos de su fuerza, nos de sus dones para que la barca lleve el rumbo que Él quiere, no el que nosotros queramos imponer.

Permitamos, pues, al Espíritu, que es el don de Cristo Resucitado, que nos reconforte, nos anime y transforme como comunidad parroquial e Iglesia.

8.- Con esta Visita Pastoral queremos, como hemos recordado esta mañana, que su objetivo es conocernos más, amarnos mejor, ayudarnos mutuamente a vivir la fe, revisar cómo llevamos nuestra vida de fe individual y comunitaria. Esto es lo que pretendemos en este broche de oro que es el acto más importante de la Visita Pastoral, la celebración Eucarística. Le pedimos, pues, al Señor que nos siga iluminando y transformando, para que vivamos la alegría de la Pascua y dejemos que el Espíritu nos transforme.

                Os felicito porque sois una comunidad viva, hay muchas actividades, pero no para perdernos en las actividades, por ello hemos de ir a lo esencial. Lógicamente hemos de trabajar con niños, con adolescente, jóvenes, adultos, matrimonios, ancianos, enfermos, alejados… Mas hay un denominador común: la vivencia de la fe y la celebración del misterio pascual. Eso es lo que nos aúna y lo que nos centra en la vida. La Eucaristía es el centro y el culmen de la vida cristiana, como decía en el encuentro anterior.

                Y después de felicitaros, animaros para que seáis una comunidad que viva y celebre la fe hacia dentro, al tiempo que sea una comunidad evangelizadora, que llegue a los demás.

                Que así sea y que la Virgen nos ayude a llevarlo a cabo. Amén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Exposición sobre Juan Pablo II y Sevilla

0

La Hermandad de la Estrella de Sevilla organiza, en la sede del Círculo Mercantil e Industrial (c/ Sierpes, 65), la exposición titulada ‘Santo Padre: La huella del Pescador en Sevilla’, con la que pretende resaltar la especial vinculación de San Juan Pablo II con la Virgen María y su reflejo en las cofradías y hermandades sevillanas.

Sevilla acoge una edición extraordinaria del Congreso Mariológico Internacional

0

Del 27 al 30 de mayo, tendrá lugar en Sevilla el Congreso Mariológico Internacional, bajo el lema ‘Llamados a «una esperanza viva»‘. El congreso, que se celebrará en el Seminario Metropolitano, se realiza con carácter especial y por petición de la Hermandad de la Macarena en colaboración con la Sociedad Mariológica Española, con motivo del 50º Aniversario de la Coronación Canónica de María Santísima de la Esperanza Macarena.

Semanario Fiesta: La imagen original de la Inmaculada Niña saldrá en la procesión del Corpus Christi

0

En el último número del Semanario Fiesta, todo lo referente a la novedad de la procesión del Corpus Christi en Granada este año: la salida delante de la Custodia de la imagen original de la Inmaculada Niña procedente de México.

El Obispo de Almería inaugurará el Pabellón de Usos Múltiples del Colegio Diocesano

0

El 3 de octubre de 2004, el Obispo de Almería, Mons. Adolfo González Montes, puso la primera piedra del actual Colegio Diocesano San Ildefonso. Desde entonces hasta el día de hoy, este complejo educativo ha ido experimentando una serie de mejoras y ampliaciones, en favor de la educación católica de la infancia y la juventud, dotándole de las instalaciones y los medios adecuados para una enseñanza de calidad.

La Virgen de la Esperanza regresa a su santuario el 1 de junio

0

El templo parroquial de San Pedro Apóstol de Calasparra acoge, desde hoy, el novenario en honor a Nuestra Señora de la Esperanza. Mañana, sábado, se celebrará la Eucaristía por los enfermos a las 18:00 horas, y a las 20:00 horas se dedicará la Santa Misa a los difuntos de la Fundación Santuario de Ntra. Sra. de la Esperanza. Del domingo al viernes, los diferentes barrios de Calasparra realizarán ofrendas florales a su patrona en la Misa de 20:00 horas.

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.