
El oficio litúrgico del Viernes Santo transcurrió con fervor y silencio meditativo en la Catedral de la Encarnación, que a las 16,30 acogía un buen número de fieles que tomaron parte en la Conmemoración de la Muerte del Señor. La liturgia de la Palabra incluía conforme a la tradición del Viernes santo la Lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan, que dramatizaron los tres diáconos que la leyeron alternando las intervenciones del narrador, del pueblo o sinagoga, y del propio Jesús. Un lectura que contiene una honda confesión de fe en el misterio de la persona de Jesús que con majestad y soberana decisión va a la pasión y a la cruz, en la cual será elevado entre el cielo y la tierra, para atraerlo todo a sí.