
El Viernes Santo comenzó, en la Catedral, con el rezo solemne de Laudes. Antes de entrar al Templo, el Obispo de Jaén, se detenía unos minutos, en la Estación de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, “el Abuelo”, a su paso por la Plaza de Santa María. A las puertas del Obispado, Don Amadeo hizo una “levantá”, en la que además de animar a los costaleros en su tarea de portar a Cristo, les dijo que, igual que se puede rezar con el corazón, también se puede orar con los hombros, como lo hacen los costaleros.




















