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La Parroquia Santa Cruz de Sevilla acoge una nueva Vigilia de Oración organizada por los Cursillos de Cristiandad

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La Parroquia Santa Cruz de Sevilla acoge una nueva Vigilia de Oración organizada por los Cursillos de Cristiandad

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad organiza una Vigilia de Oración ante la presencia de Jesús Sacramentado este jueves 18 de febrero en la Parroquia Santa Cruz de Sevilla de seis a siete de la tarde.

La jornada de oración tendrá como intención el fin de la pandemia e intervendrán distintos movimientos y asociaciones de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar. La adoración eucarística podrá visualizarse a través del canal de youtube: MCC Cursillos Cristiandad Sevilla.

En esta ocasión la Vigilia de Oración contará con la presencia de los Equipos de Nuestra Señora. “Comenzamos la Cuaresma. Dentro de unos 40 días celebraremos el Triduo Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el día más importante del año para un cristiano, un tiempo perfecto para hacer presente y renovar en nuestro interior ese encuentro que un día tuvimos con Él y que nos cambió la vida.  En este tiempo tan complicado que estamos viviendo comencemos la Cuaresma orando juntos por nuestra conversión”, ha reflexionado el vicepresidente del Movimiento Cursillos de Cristiandad, José Ignacio del Rey Guanter

Desde el Movimiento de Cursillo de Cristiandad se convocará un jueves al mes a participar de la Vigilia de Oración.

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La soledad de la cruz

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Nuestra generación está viviendo su propio Getsemaní, estamos doblegados, nuestros planes anulados, nuestros proyectos pospuestos y nuestra vida parece congelada. De un plumazo destronados, en nuestro orgullo triturados y nuestras esperanzas puestas en una vacuna… Si contemplamos nuestro entorno pastoral, muchos piensan que la vida de la Iglesia se ha interrumpido. Pero esto no es así, la celebración de los sacramentos se ha visto afectada, pero también vivimos nuestra fe en Cristo de diversas maneras, y así la llevamos a los demás con los medios que disponemos, con creatividad e ilusión. La pandemia nos debe ayudar a comprender mejor a nuestra sociedad y a discernir una nueva visión de la Iglesia, hacia adentro y también en su relación con el mundo.

Mientras tanto, muchos viven como ovejas sin pastor, en una soledad física o interior que espanta, la pandemia de la soledad no buscada, es también una gran pandemia que se ha visto agravada por las actuales circunstancias socio-sanitarias y económicas. Ante esta situación no podemos quedarnos igual, hay que reaccionar. Recientemente, el surcoreano Byung-Chul Han ha escrito en La sociedad del cansancio, que es necesario “el cortocircuito que suponen el pensamiento propio y la soledad”, algo que ya planteó Santa Teresa de Ávila con su “estar en soledad”. El filósofo sevillano Emilio Lledó, nos da otra perspectiva: “El pensamiento siempre es fruto de la soledad“. Por otro lado, filósofos de distinto signo han preferido la soledad a la vida social, Nietzsche, Kafka, Thoreau, entre otros, han escogido vidas esencialmente solitarias. El filósofo griego Platón creía que la soledad es deseable porque nos permite pensar sin distracciones. Y como símbolo de la soledad buscada, mientras vivía solo en su cabaña en el bosque, Henry David Thoreau escribió: “Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.”

Para nosotros la soledad de Jesús en la Cruz es nuestro modelo, no es una soledad estéril, vacía, ni una soledad egoísta, es una soledad que rompe en vida, que nos abre a todos a una nueva vida y que está preñada de esperanza. Jesús comparte su soledad en la cruz con su madre, que se abre a una maternidad que abarca a toda la humanidad, por eso, no podemos sentirnos nunca solos, ni desamparados. La soledad así entendida se transforma en luminosa vida, una vida que se parte y reparte para todos. Sin embargo, los datos de las personas que se sienten solas, nos interpelan, no nos pueden dejar indiferentes. Por ello, una sociedad que no cuida, que no protege, que no acompaña, que abandona, es una sociedad enferma. Una Iglesia que no sostiene, que no abraza, que no se hace cercana es una estructura vacía, hueca. Pero Jesús si responde, suple en tantos cirineos que nos llevan de su mano, nos dan su calor, su confianza y su amistad.  En Jesucristo, Dios ha compartido la soledad del mundo y del hombre, a quien ha creado justamente para ser su compañero. De este modo, ha unido su destino al nuestro.

El teólogo Olegario Gonzalez de Cardedal, nos recuerda en su obra, Jesucristo, soledad y compañía, qué en Jesucristo, Dios ha compartido la soledad de los pobres y de los marginados, de los descartados…. Pero al mismo tiempo en el mismo Jesucristo muchos se sienten cada día acompañados. Quienes seguimos a Jesús, entramos en relación, en comunión con muchos, en este espacio la soledad no tiene lugar, y si existe de alguna forma se puede reconocer y sanar. También Maurizio Chiodi, miembro de la Academia Pontificia para la Vida, nos dice que como enfermo con el Covid, ha experimentado “como Jesús en la Cruz, los que están enfermos están instruidos por el mal sufrido y el bien recibido“. Sin duda, es un misterio profundo que se nos escapa y nos plantea, al mismo tiempo, grandes preguntas.  Busquemos la amistad con Jesús, ésta si es verdadera se transforma en una amistad social que nunca nos hará sentirnos solos.

Antonio Machado recogió en un famoso poema una copla popular “¿Quién me presta una escalera?” e hizo una bella y subjetiva reflexión sobre el modo que los andaluces tenemos de vivir la religión. Machado parece que critica que nos fijamos en la Cruz con mayúsculas que refleja todos nuestros sufrimientos, que nos identificamos más con la soledad de Jesús en la Cruz, que con él Jesús de los milagros “que andaba en la mar”. Pero es él mismo Jesús, Él que caminaba por los caminos polvorientos, Él que daba de comer a multitudes, Él que guardaba silencio cuando le acusaban, Él que sudo sangre, Él que entregó su vida al Padre, Él que resucitó y nos da una vida nueva cada día. No podemos decir que estamos solos, Jesús nos acompaña siempre. Somos nosotros los que dejamos a muchos abandonados en los caminos de su existencia, en ocasiones a nosotros mismos. Jesús, el Eterno Acompañado, nos atrae de nuevo, en la soledad sonora de la Cruz, ahora que estamos iniciando la Cuaresma para decirnos mirándonos a los ojos que no estamos solos.

Enrique Belloso Perez

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“Que el Señor nos conceda vivir este tiempo con un corazón abierto”

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Homilía en la Misa de ceniza, el 17 de febrero de 2021, con la que iniciamos la Cuaresma.

DISPOSICIONES PARA LA CELEBRACIÓN DE LA CUARESMA Y SEMANA SANTA

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Queridos hermanos y hermanas, cofrades de Hermandades y cofradías y grupos parroquiales comprometidos con la organización de nuestra Semana Santa:

Sé bien con qué ilusión venís preparando la Semana Santa que un año más no va a poder celebrarse con el esplendor de nuestros desfiles procesionales, que prolongan en la calle las celebraciones litúrgicas en el interior de las iglesias. Por eso mismo os pido vuestra participación viva y comprometida con el amor que Cristo y su Santísima Madre acudiendo a las celebraciones de los misterios de nuestra fe en las comunidades parroquiales. En el Decreto mediante el cual suspendía los desfiles procesionales y los actos externos de piedad popular, ya orientaba lograr con fe una vivencia honda y verdaderamente comunitaria de la Semana Santa . Después de la publicación de este decreto, similar al que han publicado otros obispos de nuestra región, han celebrado su sesión anual por vía telemática en fechas recientes los delegados episcopales de nuestras diócesis de Andalucía, y convenimos en orientar a las hermandades y cofradías de forma en todo lo posible convergente.
Siendo fundamentalmente concordes lo que los delegados han concluido con lo que he establecido en el mencionado decreto episcopal para la diócesis de Almería, es importante reiterar cuanto dice dicho decreto y concretar algunas orientaciones más precisas sobre cuanto sigue:

I. LO QUE ESTABLECE EL DECRETO

1. Quedan suspendidos todos los actos de culto externo, tales como procesiones, viacrucis y cualquier otra manifestación devocional o de piedad exteriores a las iglesias que agrupe a los fieles en actos devocionales públicos.

2. Es preciso tener presente que la celebración de la Eucaristía con su identidad propia en cada una de los días de Semana Santa y los santos oficios litúrgicos de estos días constituyen el centro de la vida litúrgica de la fe cristiana, particularmente los tres días del Triduo pascual y, en consecuencia, habrán de celebrarse en las iglesias observando las normas sanitarias prescritas por la autoridad, particularmente los aforos permitidos y la distancia social entre los fieles.

3. La Vicaría episcopal para la Acción pastoral y el Clero con la colaboración de la Delegación episcopal para las Hermandades y Cofradías y Piedad popular, ofrecerá algunas orientaciones y subsidios que ayuden a la celebración de los actos devocionales y de piedad en el interior de las iglesias.

II. RETRANSMISIONES POR LAS DIVERSAS REDES DE LAS CELEBRACIONES Y ACTOS DEVOCIONALES

Sobre las celebraciones transmitidas vía telemática por diversas redes de comunicación

Sobre el punto 4 del Decreto relativo a la retransmisión vía telemática de las celebraciones sacramentales, particularmente la santa Misa, y actos devocionales o de piedad, como puede ser un triduo o quinario cuaresmal de carácter devocional ante una imagen expuesta al culto, el rezo del santo Rosario, el ejercicio del Viacrucis, la Hora santa del Jueves Santo, o bien otros actos del mismo carácter recomendados por la Iglesia y que sean retransmitidos desde el interior de una iglesia parroquial o conventual, cabe precisar lo siguiente:

1º. Con relación a la participación espiritual en las celebraciones de la Semana Santa, particularmente del Triduo Pascual, es preciso mantener el principio según el cual las retransmisiones de los actos religiosos ayudan a los fieles impedidos de participar presencialmente en las celebraciones a asociarse a los mismos, y tomar parte en dichos actos sacramentales y de piedad en comunión espiritual con los reunidos en la asamblea litúrgica presencial presididos por el Obispo y los sacerdotes.
2º. Téngase en cuenta que, para que esta participación espiritual por vía telemática tenga valor se requiere que sean transmisiones en vivo o directo, no en diferido. La diferencia está en que el visionado de un acto religioso que tuvo ya lugar, no pasa de ser mera información de lo sucedido. En esto insistió ya el año pasado la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, y así lo hice constar en su momento.
3º. Es una práctica censurable, que los responsables de las retransmisiones por las diversas redes deben evitar con decisión, sin admitir comentarios de las personas que siguen las celebraciones litúrgicas y los diversos actos de piedad popular, comentarios que aparecen en pantalla (TV, tabletas, móviles y otros dispositivos). Distraen a los que siguen telemáticamente dichos actos, que se convierten con facilidad en situaciones frívolas, faltas de respeto a la condición santa de los sacramentos y ofenden la piedad popular.
4º. Con lo dicho no nos referimos a los monitores de las celebraciones y actos de piedad que respetuosamente intervienen de viva voz, para guiar a los fieles y ayudarles a seguir dichas celebraciones y actos de piedad.
5º. Los párrocos y rectores de iglesias deben responsabilizarse de las transmisiones que se realizan desde la propia parroquia u oratorio, ayudando a que no se produzcan estas censurables situaciones. Quienes transmiten celebraciones y actos de piedad deben tener muy presente que no se trata de entrar en competencia con otros dispositivos, ni de exhibir lo que saben hacer con los propios y hacerse notar. Se trata de ayudar a las personas que no pueden participar presencialmente en las celebraciones de la fe.

III. DESFILES PROCESIONALES Y CULTO A LAS IMÁGENES

— Con relación a la suspensión de los desfiles procesionales y al culto a las imágenes devocionales en las iglesias o en el oratorio autorizado en las casas de hermandad

1º. Las juntas de gobierno de las hermandades y cofradías deben tener claridad sobre quién tiene la facultad de aprobar o denegar una procesión. No son las hermandades las que lo hacen, sino el obispo diocesano, al cual compete la facultad de regular las procesiones , como moderador legítimo conforme al derecho de la Iglesia de los actos de culto . Los delegados episcopales han insistido en que las hermandades deben atenerse a este principio y los comunicados a los medios han de hacerse ateniéndose al mismo.
2º. La suspensión de un desfile procesional de Semana Santa en este tiempo de pandemia no superada implica su supresión real, sin que pueda realizarse mediante el montaje de los pasos procesionales con el fin de realizar una procesión en el interior o presentarlos al culto interior de una iglesia. Es preciso tener en cuenta que tanto el montaje de las imágenes en sus tronos y el movimiento de los pasos para su ubicación o traslado, por corto que pueda ser, exige un conjunto de actuaciones de riesgo real para el contagio.

— Con relación al culto a las imágenes devocionales de Semana Santa

1º. Las imágenes que se hallan ubicadas en el interior de las iglesias y disponen de lugar idóneo para ser veneradas no deben moverse de su lugar, aunque pueden ornamentarse, evitando cualquier riesgo sanitario, y sin desplazamiento alguno.
2º. Algunas imágenes no expuestas al culto devocional en las iglesias podrán colocarse sobre algún pedestal para su exposición al culto, de modo tal que facilite la oración de los fieles y no distraiga la atención que se ha de prestarse a las celebraciones que se desarrollan en el presbiterio. No deberán colocarse las imágenes en el presbiterio ni se realizará montaje de tronos, retablos y doseles que requieren un esfuerzo mayor y conjunción de acciones de riesgo.
3º. Aunque las imágenes ubicadas en las iglesias de manera habitual no se muevan, con ánimo de facilitar la visita y veneración de las mismas durante los días en que se les tributa culto, se podrán ampliar los horarios de apertura de los templos y oratorios.
4º. Siguiendo las prescripciones sanitarias, no se debe besar las imágenes (ni parte de la escultura (manos, pies) ni tampoco vestidos o borlas de cinto o escapulario. Bastará hacer la inclinación respetuosa ante la imagen y santiguarse, al llegar delante de la sagrada imagen del Señor o de la Santísima Virgen.

Almería, a 17 de febrero de 2021
Miércoles de Ceniza

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Cf. CIC, can. 835 §1. Ver este artículo en la web de la diócesis

Boletín oficial de la Diócesis de Canarias septiembre-octubre 2020 (primer boletín de la diócesis en versión digital)

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BOLETÍN OFICIAL DE LA DIÓCESIS DE CANARIAS

Septiembre-octubre 2020

Este es el primer boletín que se publica en nuestra diócesis en formato digital.Boletin diocesis sept octubre 2020

 

Descargar:

– Boletín septiembre-octubre 2020

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¿Cómo acoger hoy?

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Vivimos tiempos donde el confinamiento, las distancias, el reducir el numero de personas para los encuentros… quizás también cobre el peligro de centrarnos en nosotros mismos, ciertamente por el bien personal y el de los demás, En este tiempo yo hecho mucho de menos  mis encuentros con las mujeres de la cárcel, los emigrantes… mis apostolados en el mundo de la exclusión… ¡Deseando poder volver!

Y ante este panorama siento que ahora también hay que vivir algo tan fundamental como la acogida, el encuentro, la escucha, que nos abre a la grandeza y al misterio del otro, son valores humanos y cristiano, donde se da a cambio de nada, y aunque  damos algo, recibimos mucho, ayudándonos a crecer en compromiso y generosidad. Nos invita a abrir nuestras fronteras interiores (los miedos, los  prejuicios), poniéndonos ante el otro en actitud de diálogo, de apertura, de escucha… Hoy tenemos muchos medios que la técnica nos ofrece para cercarnos al otro y hacer posible la cercanía y la cogida y  así situarnos junto a ellos, y por lo tanto cerca de sus preocupaciones y cerca de los problemas que puedan tener, o simplemente  saber que estamos, y lo que eso significa.

Qué bueno querer vivir la acogida como talante de vida en todo aquello que físicamente podamos hacer,  o vivirla desde nuestros sentimientos y deseos, y ahora, más que nunca, en nuestras  oraciones. Recuerdo las cuatro palabras del Papa Francisco: “acoger, proteger, promover e integrar “, eran referidas a los  refugiados, pero que vienen bien para todos, son cuatro verbos que  cambiarían el mundo en todos los ámbitos, desde el familiar, el del trabajo, los amigos…cualquier persona que se cruce en nuestro camino diario.

“El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. […] A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. Y cuando está a la mitad de su diálogo, ya lo interrumpimos y le queremos contestar cuando todavía no terminó de decir. No hay que perder la capacidad de escucha». San Francisco de Asís «escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. (FRATELLI TUTTI, nº 48)

Jesús nos habló de la acogida en múltiples ocasiones. “El que recibe a un niño en mi nombre a mí­ me recibe” Niño, alguien “pequeño” y  necesitado de los otros. Ahí está Dios, ahí está su rostro humano hoy día: los que nos necesitan. La Virgen María acogió la llamada de Dios y fue  la Madre de su Hijo. Nos acogió a todos como hijos cuando Jesús en la cruz se lo pidió “mujer he ahí a tu hijo”. Le pedimos a Ella que nos ayude a acoger la vida como nos viene y a hacerla acogedora para los demás.

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MENSAJE DEL SANTO PADRE SOBRE LA CUARESMA: UN TIEMPO PARA RENOVAR LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD

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Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo del comienzo del tiempo litúrgico de la Cuaresma que aquí puedes leer íntegramente:

Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).

Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

Francisco

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Encuentro virtual “Revivir el congreso para reavivar el proceso”

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Un año después de la celebración del Congreso de Laicos, la Comisión Episcopal de Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española organiza un Encuentro Virtual con el título ‘Revivir el Congreso para reavivar el proceso’, que tendrá lugar el próximo viernes, 19 de febrero, a las siete de la tarde.

En el encuentro participarán monseñor Luis Argüello, secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid; Isaac Martín, miembro de la comisión ejecutiva y de contenidos del Congreso de Laicos y del Consejo Asesor de Laicos; Pilar Rodríguez-Carretero, responsable Nacional de Jóvenes de Cursillos de Cristiandad y miembro de la comisión ejecutiva del Congreso de Laicos; David Roces, joven de Acción Católica General de Oviedo; e Isabel García, miembro de Vida Ascendente. Este encuentro, además, estará presentado y moderado por la periodista de TRECE TV Ana Medina.

Para participar es necesario inscribirse a través de este enlace indicando el grupo, la parroquia y la diócesis de origen.

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«Hoy es un día precioso para volver el rostro a Dios»

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XVII Jornadas Pedagógicas de la Fundación Don Bosco: 50 años al servicio de las personas más vulnerables

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A lo largo de estos años, la temática ha ido tratando aspectos relacionados con el mundo del trabajo digno, Familia y Juventud, el sentido de la dignidad humana, la intervención con menores con conductas desadaptadas, el modelo de éxito que supone el diseño de las Escuelas de Segunda Oportunidad, cómo educar en tiempos de crisis, claves para abordar la violencia de género, lo invisible en los proyectos de vida de los menores inmigrantes no acompañados…

Este año, en el marco de la celebración del Cincuentenario de la presencia salesiana en Jaén, queremos presentar la aportación pedagógica del Sistema Preventivo de Don Bosco en nuestra ciudad en los diferentes momentos, contextos y plataformas educativas en las que se ha desarrollado.

Uno se los últimos frutos de esta aportación pedagógica ha sido la Fundación Don Bosco, brazo preminente de los Salesianos para atender a los jóvenes que más lo necesitan. A continuación, parte de su historia.

Después de 50 años, ésta sigue siendo la preocupación principal de los salesianos en Jaén: seguir estando lo más cerca posible de los más pobres y necesitados, de los que están en peligro o que han llegado a ser peligrosos. Y es, junto a estos destinatarios, donde se quiere seguir estando y que los años no hagan olvidar ese sueño de Don Bosco.

Este sueño necesitaba una respuesta actualizada y significativa, una respuesta adaptada a las necesidades y demandas que presenta la sociedad actual.  Y de esta actualización y adaptación, nace la Fundación Don Bosco, una plataforma social de la Familia Salesiana para la educación y promoción de los más necesitados.

Esta atención, en la ciudad de Jaén, se realiza a través de dos proyectos concretos: Centro de orientación e inserción laboral y social (Coils) San Martin de Porres y Recursos residenciales de mayoría de edad.

Es el año 1999 cuando se abre en Jaén el Centro de Protección de menores “San Martín de Porres”, con el deseo de crear un hogar para menores en situación de desamparo, los más vulnerables, los primeros.

Hay que hacer notar que, este recurso, fue lo primero que se realizó en Jaén dentro del ambiente de obras y servicios para jóvenes en riesgo.

Empieza como una casa de acogida o centro de protección para atender a menores en situación de abandono o desprotección, promoviendo el desarrollo integral de las diversas dimensiones como personas, combinando la calidad técnica y la calidez humana.

Desde esos inicios hasta el día de hoy 130 menores han vivido en la Casa “San Martín de Porres”. El Proyecto ha ido creciendo y adaptándose a las circunstancias sociales, observando y constatando un cambio en el perfil de los y las menores atendidos/as, siendo diferentes con el paso de los años, las necesidades que de la intervención se derivan para darles una respuesta adecuada.

Se continúa con la finalidad educativa de trabajar y preparar a los y las menores para mejorar sus competencias tanto a nivel individual como comunitario en pro de una vida autónoma.

Con esa ilusión en 2016 el centro de protección se convierte en el Centro de Orientación e Inserción Social y Laboral(Coils), adaptando el recurso y la intervención para propiciar que los y las menores cumplen los 18 años con las mayores garantías.

Día a día, y con un equipo educativo comprometido con cada uno de los chicos y las chicas del hogar, seguimos construyendo ese sueño de Don Bosco, de ser una casa que acoge.

Entre los años 2007 y 2008, la Fundación Don Bosco en Jaén, fue testigo directo de cómo numerosos/as jóvenes que habían sido beneficiarios/as de los distintos proyectos que en ese momento desarrollaban en dicha localidad, se quedaban en situación de calle, tras alcanzar la mayoría de edad y tener que abandonar los centros de protección de menores donde se encontraban en situación de acogimiento residencial, mediante resolución de desamparo, resuelta por la Administración Pública.

Así, en el año 2009, se abrieron 2 pisos de 5 plazas cada uno, en los que se dio una respuesta a 10 chicos, que abandonaron la calle y donde se procuró dar una atención integral para que pudieran salir adelante.

En la actualidad, Buzzetti es el nombre del Programa de la Fundación Don Bosco Salesianos Social que procura generar las condiciones necesarias para que los y las jóvenes, en su mayoría extutelados, puedan desarrollar su proceso de emancipación en igualdad de oportunidades como otros jóvenes. En Jaén, son dos los proyectos que se realizan: el Piso de Autonomía “Antonio Moreno” y el Proyecto de Acompañamiento Educativo, que apoya a jóvenes inmigrantes en su proceso de emancipación.

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