Homilía en la Eucaristía del III Domingo del Tiempo Ordinario, el 24 de enero de 2021.
San Francisco de Sales
San Francisco nació en el castillo de Sales, en Saboya, el 21 de agosto de 1567. Fue bautizado al día siguiente en la Iglesia parroquial de Thorens, con el nombre de Francisco Buenaventura. Durante toda su vida sería su patrono San Francisco de Asís. El cuarto donde él nació se llamaba «el cuarto de San Francisco», porque había en él una imagen del «Poverello» predicando a los pájaros y a los peces.
De niño Francisco fue muy delicado de salud ya que nació prematuro; pero gracias al cuidado que recibió, se pudo recuperar y fortalecerse con los años. Si bien no era robusto, su salud le permitió desplegar una enérgica actividad durante su vida.
La Madre de Francisco:
La Señora Francisca de Boisy era una mujer sumamente amable y trabajadora y profundamente piadosa. Santa Juana de Chantal dice que la gente la admiraba como a una de las damas más respetables de esa época.
Tenía que mandar y dirigirlo todo en un amplísimo castillo donde laboran cuarenta trabajadores, sirvientas, mensajeros, labradores, y encargados del ganado.
Es muy importante tener en cuenta las cualidades de la mamá de Francisco, porque éste, por el valle nublado frío y oscuro donde estaba su casa, podría haber sido un hombre retraído y más bien inclinado a la tristeza y el pesimismo. Y en cambio, por la maravillosa formación que Doña Francisca le va proporcionando y por la educación que le hace dar su padre, obtiene las bases para llegar a ser más tarde con la gracia de Dios y por sus grandes esfuerzos, un portento de amabilidad y del más exquisito trato social.
Doña Francisca era una mujer que vivía muy ocupada, pero sin afanes ni apresuramientos. Quizás de ella habrá aprendido el niño Francisco aquella virtud suya que le dará resultado toda su vida: trabajar mucho, trabajar siempre, pero sin perder la calma, sin inquietud, no dejando para mañana lo que se puede hacer hoy.
La religión dominaba la vida de doña Francisca, y la compartía con todos, de ahí que Francisco aprendiese todo esto y luego lo usase más tarde para el beneficio de muchas almas.
Infancia:
Era un niño lindo, rubio, rosado que se divertía jugando en el Castillo. Le gustaba ir al Templo y rezar mirando hacia el altar y también era muy dado a ayudar a los pobres. Sin duda había recibido del Espíritu Santo el don de la Magnificencia, que consiste en un gusto especial por dar, y dar con gran generosidad. Como niño vivo e inquieto, que le gustaba curiosear por aquel inmenso Castillo donde vivía; parecía que tenía cien pulgas debajo de la ropa que no le dejaban estar quieto, por lo que su madre y la nodriza tenían que estar constantemente viendo que estaba haciendo.
Su madre le enseñaba el catecismo y le narraba bellos ejemplos religiosos. Y cuando el pequeño Francisco se encontraba con otros niños por el camino o en el prado, les repetía las enseñanzas y narraciones que había escuchado de labios de su mamá. Se estaba entrenando para lo que sería su mas preciado trabajo: enseñar catecismo, pero enseñarlo bellamente a base de amenos ejemplos.
Hay un hecho en su infancia que denota mucho su celo por Dios pero también su inclinación a la ira, con la que luchará por 19 años de su vida hasta dominarla. Se cuenta que un día un Calvinista fue a visitar el Castillo, Francisco se enteró y como no podía meterse en la sala a protestar, tomó un palo en las manos, y lleno de indignación se fue al corral de las gallinas, arremetiendo contra ellas y gritando: «Fuera los herejes: No queremos herejes». Las pobres gallinas salieron corriendo y gritando ante su atacante, y a tiempo llegaron los sirvientes para salvarlas. Este que ahora atacaba a las gallinas, después llegará a tener un genio tan bondadoso y amable que no procederá con ira ni siquiera contra los más tremendos adversarios; ahora bien , esta bondad no nació con él sino que fue una conquista, poco a poco, con la ayuda de Dios.
Su padre, Don Francisco, tenía temor de que su hijo fuera a crecer flojo de voluntad porque la mamá lo quería muchísimo y podía hacerlo crecer algo consentido y mimado. Entonces le consiguió de profesor a un sacerdote muy rígido y muy exigente, el Padre Deage. Este será su preceptor durante toda su vida de estudiante. Era un hombre super exacto en todo, pero muy frecuentemente demasiado perfeccionista en sus exigencias. Este preceptor lo ayudará mucho en su formación pero le hará pasar muchos ratos amargos, por exigirle demasiado. Francisco no protestará nunca y en cambio le sabrá agradecer siempre, pero para su comportamiento futuro tomará la resolución de exigir menos detalles importunos y hacer más amables a quienes él tenga que dirigir.
A los 8 años entró en el Colegio de Annecy, y a los 10 años hizo su Primera Comunión junto con la Confirmación. Desde ese día se propuso no dejar pasar un día sin visitar a Jesús Sacramentado en el Templo o en la Capilla del colegio. El que más tarde será el gran promotor del culto solemne a la Eucaristía, fue preparado muy cuidadosamente por la madre y por su Sacerdote preceptor para recibir por primera vez a Jesús Sacramentado. Guiado por su madre se trazó unos buenos propósitos como recuerdo de su Primera Comunión:
1) Cada mañana y cada noche rezaré algunas oraciones.
2) Cuando pase por frente de una Iglesia entraré a visitar a Jesús Sacramentado, si no hay una razón grave que me lo impida.
3) Siempre y en toda ocasión que me sea posible ayudaré a las gentes más pobres y necesitadas.
4) Leeré libros buenos, especialmente Vidas de Santos.
Durante toda su vida procuró ser enteramente fiel a estos propósitos.
Un año más tarde en la misma Iglesia de Santo Domingo (actualmente San Mauricio), recibió la tonsura.
Francisco, estudiante:
Un gran deseo de consagrarse a Dios consumía al joven, que había cifrado en ello la realización de su ideal; pero su padre (que al casarse había tomado el nombre de Boisy) tenía destinado a su primogénito a una carrera secular, sin preocuparse de sus inclinaciones. A los 14 años, Francisco fue a estudiar a la Universidad de París que, con sus 54 colegios, era uno de los más grandes centros de enseñanza de la época.
Su padre le había enviado al colegio de Navarra, a donde iban los hijos de las familias de Saboya; pero Francisco, que temía por su vocación, consiguió que consintiera en dejarle ir al Colegio de Clermont, dirigido por los jesuitas y conocido por la piedad y el amor a la ciencia que reinaban en él. Acompañado por el Padre Déage, Francisco se instaló en el hotel de la Rosa Blanca de la calle St. Jacques, a unos pasos del Colegio de Clermont. Francisco se propuso un Plan de Vida durante su estadía en el colegio. Se propuso dedicarse a hacer lo que tenía que hacer: prepararse bien para el futuro.
Desde el principio, guiado, por su director, el Padre Déage, se trazó un programa de acción: Cada semana confesarse y comulgar. Cada día atender muy bien a las clases y preparar las tareas y lecciones para el día siguiente. Dos horas diarias de ejercicios de equitación, de esgrima, de baile .
La debida mezcla entre los ejercicios de piedad y las artes gimnásticas le fueron consiguiendo un aire de elegancia y respetabilidad. Era alto, gallardo y bien presentado. Enemigo de los lujos, pero siempre decorosamente presentado. En las reuniones de gente de refinada elegancia era el invitado preferido, porque a la vez de ser muy sencillo y sin rebuscamientos inútiles, era «la cultura personificada».
Más tarde, cuando sea Obispo, la gente exclamará: «en las reuniones sociales se porta con la santidad de un digno ministro de Dios, y en las ceremonias religiosas se porta con la elegancia del más exquisito de los caballeros». Y al preguntarle alguien el por que, respondió: «Cuando estoy en la alegría de una fiesta social me imagino estar revestido de ornamentos de Obispo, y me comporto con la dignidad que esto exige. Y cuando estoy celebrando una ceremonia religiosa me imagino estar en la más exquisita y refinada reunión, y trato de comportarme con la educación y urbanidad que en estos casos se exige».
Pronto se distinguió en retórica y en filosofía; después se entregó apasionadamente al estudio de la teología. Cada día estaba más decidido a consagrarse a Dios y acabó por hacer voto de castidad perpetua, poniéndose bajo la protección de la Santísima Virgen. Pero no por ello faltaron las pruebas.
La más terrible tentación de su juventud:
Vivir en gracia de Dios en aquellos ambientes no era nada fácil. Sin embargo, Francisco supo alejarse de toda ocasión peligrosa y de toda amistad que pudiera llevarle a ofender a Dios y logró conservar así el alma incontaminada y admirablemente pura. Francisco tenía 18 años.
Su carácter era muy inclinado a la ira, y muchas veces la sangre se le subía a la cara ante ciertas burlas y humillaciones, pero lograba contenerse de tal manera que muchos llegaban hasta imaginarse que a Francisco nunca le daba mal genio por nada. Pero entonces el enemigo del alma, al ver que con las pasiones más comunes no lograba derrotarlo, dispuso atacarlo por un nuevo medio más peligroso y desconocido.
Empezó a sentir en su cerebro el pensamiento constante y fastidioso de que se iba a condenar, que se tenía que ir al infierno para siempre. La herejía de la Predestinación, que predicaba Calvino y que él había leído, se le clavaba cada vez más en su mente y no lograba apartarla de allí. Perdió el apetito y ya no dormía. Estaba tan impresionantemente flaco y temía hasta enloquecer. Lo que más le atemorizaba no eran los demás sufrimientos del infierno, sino que allá no podría amar a Dios.
El Señor permitiéndole la tentación le da la salida. El primer remedio que encontró fue decirle al Señor: «Oh mi Dios, por tu infinita Justicia tengo que irme al infierno para siempre, concédeme que allá yo pueda seguirte amando. No me interesa que me mandes todos los suplicios que quieras, con tal de que me permitas seguirte amando siempre»; esta oración le devolvió gran parte de paz a su alma.
Pero el remedio definitivo, que le consiguió que esta tentación jamás volviese a molestarle fue al entrar a la Iglesia de San Esteban en París, y arrodillarse ante una imagen de la Santísima Virgen y rezarle la famosa oración de San Bernardo:
«Acuérdate Oh piadosísima Virgen María, que jamás oyó decir que hayas abandonado a ninguno de cuantos han acudido a tu amparo, implorando tu protección y reclamando tu auxilio. Animado con esta confianza, también yo acudo a ti, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados , me atrevo a comparecer ante tu soberana presencia. No desprecies mis súplicas, Madre del Verbo Divino, antes bien, óyelas y acógelas benignamente. Amén»
Al terminar de rezar esta oración, se le fueron como por milagro todos sus pensamientos de tristeza y de desesperación y en vez de los amargos convencimientos de que se iba a condenar, le vino la seguridad de que «Dios envió al mundo a su Hijo no para condenarlo, sino para que los pecadores se salven por medio de Él. Y el que cree no será condenado» (Juan 3:17).
Esta prueba le sirvió mucho para curarse de su orgullo y también para saber comprender a las personas en crisis y tratarlas con bondad.
Estudiante de universidad:
En el 1588, partió para la ciudad italiana de Padua; su padre le había dado la orden de estudiar abogacía, doctorarse en derecho. Francisco fue obedeciendo a su padre. Estudiaba derecho durante cuatro horas diarias para poder llegar a ser abogado. Otras cuatro horas estudiaba Teología, la ciencia de Dios, porque tenía un gran deseo: llegar a ser sacerdote.
Durante su estadía en Padua, dice el mismo Francisco, que lo que más le ayudó fue la amistad y dirección espiritual de ciertos sacerdotes jesuitas muy sabios y muy santos. Le ayudó mucho la lectura de un libro, que le acompañará durante su vida por 17 años, escrito por el Padre Scupoli llamado: «El Combate Espiritual». Lo leía todos los días y sacaba gran provecho de su lectura.
San Francisco hizo un detallado plan de vida para preservarse durante su estadía en Padua, y se propuso hacer lo siguiente:
1) Cada mañana hacer el Examen de previsión : que consistía en ver que trabajos, que personas o actividades iba a realizar en ese día, y planear como iba a comportarse ante ellos.
2) A mediodía visitar el Santísimo Sacramento y hacer el Examen Particular: examinando su defecto dominante y viendo si había actuado con la virtud contraria a él, (durante 19 años su examen particular será acerca del mal genio, de aquel defecto tan fuerte que era su inclinación a encolerizarse).
3) Ningún día sin Meditación: Aunque fuese por media hora, dedicarse a pensar en los favores recibidos por el Señor, en las grandezas de Dios , en las verdades de la Biblia o en los ejemplos de los santos.
4) Cada día rezar el Santo Rosario: no dejarlo de rezar ningún día de su vida, promesa que siempre cumplió.
5) En su trato con los demás ser amable pero moderado.
6) Durante el día pensar en la Presencia de Dios.
7) Cada noche antes de acostarse hacer el Examen del día : decía, «recordaré si empecé mi jornada encomendándome a Dios. Si durante mis ocupaciones me acordé muchas veces de Dios para ofrecerle mis acciones, pensamientos, palabras y sufrimientos. Si todo lo que hoy hice fue por amor al buen Dios. Si traté bien a las personas. Si no busqué en mis labores y palabras darle gusto a mi amor propio y a mi orgullo, sino agradar a Dios y hacer bien a mi prójimo. ¿Si supe hacer algún pequeño sacrificio?, ¿Si me esforcé por estar fervoroso en la oración? y pediré perdón al Señor por las ofensas de este día, haré propósito de portarme mejor en adelante; y suplicaré al cielo que me conceda fortaleza para ser siempre fiel a Dios; y rezando mis tres Avemarías me entregaré pacíficamente al sueño. Firmado: Francisco de Sales, Padua 1589.
Así Francisco, mantuvo protegido su corazón todo el tiempo en el que estuvo estudiando en Padua y a los 24 años obtuvo el doctorado en leyes, y fue a reunirse con su familia en el castillo de Thuille, a orillas del lago de Annecy. Ahí llevó durante 18 meses, por lo menos en apariencia, la vida ordinaria de un joven de la nobleza. El padre de Francisco tenía gran deseo de que su hijo se casara cuanto antes y había escogido para él a una encantadora muchacha, heredera de una de las familias del lugar. Sin embargo, el trato cortés, pero distante, de Francisco hicieron pronto comprender a la joven que este no estaba dispuesto a secundar los deseos de su padre.
El santo declinó, por la misma razón, la dignidad de miembro del senado que le había sido propuesta, a pesar de su juventud.
Hasta entonces Francisco sólo había confiado a su madre y a su primo Luis de Sales y a algunos amigos íntimos, su deseo de consagrarse al servicio de Dios. Pero había llegado el momento de hablar de ello con su padre. El Señor de Boisy lamentaba que su hijo se negara a aceptar el puesto en el senado y que no hubiese querido casarse, pero ello no le había hecho sospechar, ni por un momento, que Francisco pensara en hacerse sacerdote.
La muerte del deán del capítulo de Ginebra hizo pensar al canónigo Luis de Sales en la posibilidad de nombrar a Francisco para sustituirle, lo cual haría menos duro el golpe para el padre del santo. Con la ayuda de Claudio de Granier, obispo de Ginebra, pero sin consultar a ningún miembro de la familia, el canónigo explicó el asunto al Papa, quien debía hacer el nombramiento y, a vuelta de correo, llegó la respuesta del Sumo Pontífice que daba a Francisco el puesto. Este quedó muy sorprendido ante la dignidad con que le distinguía el Papa, pero se resignó a aceptar ese honor que no había buscado, con la esperanza de que su padre accedería así más fácilmente a su ordenación.
Pero el Señor de Boisy era un hombre muy decidido y pensaba que sus hijos le debían una obediencia absoluta. Francisco tuvo que recurrir a toda su respetuosa paciencia y su poder de persuasión para convencerle de que debía ceder.
Por fin vistió la sotana el día mismo en que obtuvo el consentimiento de su padre, y fue ordenado sacerdote 6 meses después, el 18 de diciembre de 1593. A partir de ese momento, se entregó al cumplimiento de sus nuevos deberes con un celo que nunca decayó. Ejercitaba los ministerios sacerdotales entre los pobres, con especial cariño; sus penitentes predilectos eran los de cuna humilde.
Su predicación no se limitó a Annecy únicamente, sino a otras muchas ciudades. Hablaba con palabras sencillas, que los oyentes le escuchaban encantados, pues no había en sus sermones todo ese ornato de citas griegas y latinas tan común en aquellos tiempos, a pesar de que Francisco era doctor. Pero Dios tenía destinado al santo emprender, en breve, un trabajo mucho más difícil.
A la conquista de los Calvinistas; La Misión de Chablais.
Las condiciones religiosas de los habitantes del Chablais, en la costa sur del lago de Ginebra, eran deplorables debido a los constantes ataques de los ejércitos protestantes, y el duque de Saboya rogó al Obispo Claudio de Granier que mandase algunos misioneros a evangelizar de nuevo la región. El Obispo envió a un sacerdote de Thonon, capital del Chablais; pero sus intentos fracasaron. El enviado tuvo que retirarse muy pronto. Entonces el Obispo presentó el asunto a la consideración de su capítulo, sin ocultar sus dificultades y peligros. De todos los presentes, Francisco fue quien mejor comprendió la gravedad del problema, y se ofreció a desempeñar ese duro trabajo, diciendo sencillamente: «Señor, si creéis que yo pueda ser útil en esa misión, dadme la orden de ir, que yo estoy pronto a obedecer y me consideraré dichoso de haber sido elegido para ella». El Obispo aceptó al punto, con gran alegría para Francisco.
Pero el Señor de Boisy veía las cosas de distinta manera y se dirigió a Annecy para impedir lo que él llamaba «una especie de locura». Según él, la misión equivalía a enviar a su hijo a la muerte. Arrodillándose, a los pies del Obispo le dijo: «Señor, yo permití que mi primogénito, la esperanza de mi casa, de mi avanzada edad y de mi vida, se consagrara al servicio de la Iglesia; pero yo quiero que sea un confesor y no un mártir». Cuando el Obispo, impresionado por el dolor y las súplicas de su amigo, se disponía a ceder, el mismo Francisco le rogó que se mantuviese firme: «¿Vais a hacerme indigno del Reino de los Cielos? -preguntó- Yo he puesto la mano en el arado, no me hagáis volver atrás».
El Obispo empleó todos los argumentos posibles para disuadir al Sr. de Boisy, pero éste se despidió con las siguientes palabras: «No quiero oponerme a la voluntad de Dios, pero tampoco quiero ser el asesino de mi hijo permitiendo su participación en esta empresa descabellada. …yo jamás autorizaré esta misión».
Francisco tuvo que emprender el viaje, sin la bendición de su padre, el 14 de Septiembre de 1594, día de La Santa Cruz. Partió a pie, acompañado solamente por su primo, el canónigo Luis de Sales, a la reconquista del Chablais.
El gobernador de la provincia se había hecho fuerte con un piquete de soldados en el castillo de Allinges, donde los dos misioneros se las ingeniaron para pasar las noches a fin de evitar sorpresas desagradables. En Thonon quedaban apenas unos 20 católicos, a quienes el miedo impedía profesar abiertamente sus creencias. Francisco entró en contacto con ellos y los exhortó a perseverar valientemente. Los misioneros predicaban todos los días en Thonon, y poco a poco, fueron extendiendo sus fuerzas a las regiones circundantes.
El camino al castillo de Allinges, que estaban obligados a recorrer, ofrecía muchas dificultades y, particularmente en invierno, resultaba peligroso. Una noche, Francisco fue atacado por los lobos y tuvo que trepar a un árbol y permanecer ahí en vela para escapar con vida. A la mañana siguiente, unos campesinos le encontraron en tan lastimoso estado que, de no haberle transportado a su casa para darle de comer y hacerle entrar en calor, el santo habría muerto seguramente. Los buenos campesinos eran calvinistas. Francisco les dio las gracias en términos tan llenos de caridad, que se hizo amigo de ellos y muy pronto los convirtió al catolicismo.
En el 1595, un grupo de asesinos se puso al asecho de Francisco en dos ocasiones, pero el cielo preservó la vida del santo en forma milagrosa.
El tiempo pasaba y el fruto del trabajo de los misioneros era muy escaso. Por otra parte, el Sr. de Boisy enviaba constantemente cartas a su hijo, rogándole y ordenándole que abandonase aquella misión desesperada. Francisco respondía siempre que si su Obispo no le daba una orden formal de volver, no abandonaría su puesto. El santo escribía a un amigo de Envían en estos términos: «Estamos apenas en los comienzos. Estoy decidido a seguir adelante con valor, y mi esperanza contra toda esperanza está puesta en Dios».
San Francisco hacía todos los intentos para tocar los corazones y las mentes del pueblo. Con ese objeto, empezó a escribir una serie de panfletos en los que exponía la doctrina de la Iglesia y refutaba la de los calvinistas. Aquellos escritos, redactados en plena batalla, que el santo hacía copiar a mano por los fieles, para distribuirlos, formarían más tarde el volumen de las «controversias». Los originales se conservan todavía en el convento de la Visitación de Annecy. Aquí empezó la carrera de escritor de San Francisco de Sales, que a este trabajo añadía el cuidado espiritual de los soldados de la guarnición del castillo de Allinges, que eran católicos de nombre y formaban una tropa ignorante y disoluta.
En el verano de 1595, cuando San Francisco se dirigía al monte Voiron a restaurar un oratorio a Nuestra Señora, destruido por los habitantes de Berna, una multitud se echó sobre él, después de insultarle, y le maltrató.
Poco a poco el auditorio de sus sermones en Thonon fue más numeroso, al tiempo que los panfletos hacían efecto en el pueblo. Por otra parte, aquellas gentes sencillas admiraban la paciencia del santo en las dificultades y persecuciones, y le otorgaban sus simpatías. El número de conversiones empezó a aumentar y llegó a formarse una corriente continua de apostatas que volvían a reconciliarse con la Iglesia.
Cuando el Obispo Granier fue a visitar la misión, 3 o 4 años más tarde, los frutos de la abnegación y celo de San Francisco de Sales eran visibles. Muchos católicos salieron a recibir al Obispo, quien pudo administrar una buena cantidad de confirmaciones, y aún presidir la adoración de las 40 horas, lo que había sido inconcebible unos años antes, en Thonon. San Francisco había restablecido la fe Católica en la provincia y merecía, en justicia, el título de «Apóstol del Chablais».
Mario Besson, un posterior obispo de Ginebra ha resumido la obra apostólica de su predecesor en una frase del mismo San Francisco de Sales a Santa Juana de Chantal: «Yo he repetido con frecuencia que la mejor manera de predicar contra los herejes es el amor, aun sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas». El mismo Obispo Mons. Besson, cita al Cardenal Du Perron: «Estoy convencido de que, con la ayuda divina, la ciencia que Dios me ha dado es suficiente para demostrar que los herejes están en el error; pero si lo que queréis es convertirles, llevadles al Obispo de Ginebra, porque Dios le ha dado la gracia de convertir a cuantos se le acercan».
Monseñor de Granier, quien siempre había visto en Francisco un posible coadjutor y sucesor, pensó que había llegado el momento de poner en obra sus proyectos. El santo se negó a aceptar, al principio, pero finalmente se rindió a las súplicas de su Obispo, sometiéndose a lo que consideraba como una manifestación de la voluntad de Dios. Al poco tiempo, le atacó una grave enfermedad que lo puso entre la vida y la muerte. Al restablecerse fue a Roma, donde el Papa Clemente VIII, que había oído muchas alabanzas sobre la virtud y las cualidades del joven sacerdote decano, pidió que se sometiese a un examen en su presencia. El día señalado se reunieron muchos teólogos y sabios.
El mismo Sumo Pontífice, así como Baronio, Bernardino, el cardenal Federico Borromeo (primo del santo) y otros, interrogaron al santo sobre 35 puntos difíciles de teología. San Francisco respondió con sencillez y modestia, pero sin ocultar su ciencia. El Papa confirmó su nombramiento de coadjutor de Ginebra, y Francisco volvió a su diócesis, a trabajar con mayor ahínco y energía que nunca.
En 1602 fue a París donde le invitaron a predicar en la capilla real, que pronto resultó pequeña para la tal multitud que acudía a oír la palabra del santo, tan sencilla, tan conmovedora y tan valiente. Enrique IV concibió una gran estima por el coadjutor de Ginebra y trató en vano de retenerle en Francia.
Años más tarde, cuando San Francisco de Sales fue de nuevo a París, el rey redobló sus instancias; pero el joven obispo se rehusó a cambiar su diócesis de la montaña, su «pobre esposa», como él la llamaba, por la importante diócesis -«la esposa rica»- que el rey le ofrecía. Enrique IV exclamó: «El Obispo de Ginebra tiene todas las virtudes, sin un solo defecto».
A la muerte de Claudio de Granier, acaecida en el otoño de 1602, Francisco le sucedió en el gobierno de la diócesis. Fijó su residencia en Annecy, donde organizó su casa con la más estricta economía, y se consagró a sus deberes pastorales con enorme generosidad y devoción. Además del trabajo administrativo, que llevaba hasta en los menores detalles del gobierno de su diócesis, el santo encontraba todavía tiempo para predicar y confesar con infatigable celo. Organizó la enseñanza del catecismo; él mismo se encargaba de la instrucción de Annecy, y lo hacía en forma tan interesante y fervorosa, que las gentes del lugar recordaban todavía, muchos años después de su muerte, «el catecismo del obispo».
La generosidad y caridad, la humildad y clemencia del santo eran inagotable. En su trato con las almas fue siempre bondadoso, sin caer en la debilidad; pero sabía emplear la firmeza cuando no bastaba la bondad.
San Francisco en su escritorioEn su maravilloso «Tratado del Amor de Dios» escribió: «La medida del amor es amar sin medida». Supo vivir lo que predicaba.
Con su abundante correspondencia alentó y guió a innumerables personas que necesitaban de su ayuda. Entre los que dirigía espiritualmente, Santa Juana de Chantal ocupa un lugar especial. San Francisco la conoció en 1604, cuando predicaba un sermón de cuaresma en Dijón. La fundación de la Congregación de la Visitación, en 1610, fue el resultado del encuentro de los dos santos.
El libro «Introducción a la Vida Devota» nació de las notas que el santo conservaba de las instrucciones y consejos enviados a su prima política, la Sra. de Chamoisy, que se había confiado a su dirección. San Francisco se decidió, en 1608, a publicar dichas notas, con algunas adiciones. El libro fue recibido como una de las obras maestras de la ascética, y pronto se tradujo en muchos idiomas.
En 1610, Francisco de Sales tuvo la pena de perder a su madre (su padre había muerto años antes). El santo escribió más tarde a Santa Juana de Chantal: «Mi corazón estaba desgarrado y lloré por mi buena madre como nunca había llorado desde que soy sacerdote». San Francisco habría de sobrevivir por nueve años a su madre, nueve años de inagotable trabajo.
Últimos meses y muerte del Santo:
En 1622, el duque de Saboya, que iba a ver a Luis XIII en Aviñón, invitó al santo a reunirse con el en aquella ciudad. Movido por el deseo de abogar por la parte francesa de su diócesis, el obispo aceptó al punto la invitación, aunque arriesgaba su débil salud un viaje tan largo, en pleno invierno.
Parece que el santo presentía que su fin se acercaba. Antes de partir de Annecy puso en orden todos sus asuntos y emprendió el viaje como si no tuviera esperanza de volver a ver a su grey. En Aviñón hizo todo lo posible por llevar su acostumbrada vida de austeridad; pero las multitudes se apiñaban para verle y todas las comunidades religiosas querían que el santo obispo les predicara.
En el viaje de regreso, San Francisco se detuvo en Lyon, hospedándose en la casita del jardinero del convento de la Visitación. Aunque estaba muy fatigado, pasó un mes entero atendiendo a las religiosas. Una de ellas le rogó que le dijese qué virtud debía practicar especialmente; el santo escribió en una hoja de papel, con grandes letras: «Humildad».
Durante el Adviento y la Navidad, bajo los rigores de un crudo invierno, prosiguió su viaje, predicando y administrando los sacramentos a todo el que se lo pidiera. El día de San Juan le sobrevino una parálisis; pero recuperó la palabra y el pleno conocimiento. Con admirable paciencia, soportó las penosas curaciones que se le administraron con la intención de prolongarle la vida, pero que no hicieron más que acortársela.
En su lecho repetía: «Puse toda mi esperanza en el Señor, y me oyó y escuchó mis súplicas y me sacó del foso de la miseria y del pantano de la iniquidad».
En el último momento, apretando la mano de uno de los que le asistían solícitamente murmuró: «Empieza a anochecer y el día se va alejando».
Su última palabra fue el nombre de «Jesús». Y mientras los circundantes recitaban de rodillas las Letanías de los agonizantes, San Francisco de Sales expiró dulcemente, a los 56 años de edad, el 28 de Diciembre de 1622, fiesta de los Santos Inocentes. Había sido obispo por 21 años.
Después de su muerte:
A la misma hora en que falleció San Francisco de Sales, en la ciudad de Grenoble estaba Santa Juana de Chantal orando por él, cuando oyó una voz que decía: » Ya no vive sobre la tierra», pero era poca inclinada a creer en favores extraordinarios, no creyó que fuese un aviso de la muerte del santo. Cuando le llegaron con la noticia, comprendió que aquella voz era cierta y durante todo el día y la noche no podía parar de llorar la muerte del Santo.
El día 29 de Diciembre la ciudad entera de Lyon fue desfilando por la humilde casita donde había muerto el querido santo. Y era tanto el deseo de la gente de besarle las manos y los pies, que los médicos no lograban llevarse el cadáver para hacerle la autopsia.
-La hiel: Dice monseñor Camus que al sacarle la hiel la encontraron convertida en 33 piedrecitas, señal de los esfuerzos tan heroicos que había tenido que hacer para vencer su temperamento tan inclinado a la cólera y al mal genio y llegar a ser el santo de la amabilidad.
-Reliquias: Todos en Lyon querían un recuerdo del santo: sus ropas fueron partidas en miles de pedacitos para darle a cada cual alguna reliquia.
-El corazón: dentro de un estuche de plata fue llevado el corazón del gran Obispo al convento de las Hermanas de la Visitación en Lyon, y guardado allí como un tesoro.
-Expuesto al público: Una vez embalsamado, el cuerpo de Monseñor Francisco de Sales fue vestido con sus ornamentos episcopales y trasladado en un ataúd para sus funerales en la iglesia de la Visitación. Estuvo expuesto para veneración de los fieles por dos días.
Cuando la noticia llegó a Annecy, tomó a todos por sorpresa y después de un silencio general, todos lloraban a su querido obispo.
Inmediatamente que llegó su cadáver a Annecy y fue sepultado, empezaron a ocurrir milagros por la intercesión del santo, lo que llevó a La Santa Sede a abrir su causa de Beatificación en 1626.
¿Que sucedió el día que abrieron su tumba?:
En 1632 se hizo la exhumación del cadáver de Francisco de Sales para saber cómo estaba. Abrieron su tumba los comisionados de la Santa Sede acompañados de las monjas de la Visitación. Cuando levantaron la lápida, apareció el santo igual que cuando vivía. Su hermoso rostro conservaba la expresión de un apacible sueño. Le tomaron la mano y el brazo estaba elástico (llevaba 10 años de enterrado). Del ataúd salía una extraordinaria y agradable fragancia.
Toda la ciudad desfiló ante su santo Obispo que apenas parecía dormido. Por la noche cuando todos los demás se hubieron ido, la Madre de Chantal volvió con sus religiosas a contemplar más de cerca y con más tranquilidad y detenimiento el cadáver de su venerado fundador. Más a causa de la prohibición de las autoridades no se atrevió a tocarle ni a besar sus hermosas manos pálidas.
Pero al día siguiente los enviados de la Santa Sede le dijeron que la prohibición para tocarlo no era para ella, y entonces se arrodilló junto al ataúd, se inclinó hacia el santo, le tomó la mano y se la puso sobre la cabeza como para pedirle una bendición. Todas las hermanas vieron como aquella mano parecía recobrar vida y moviendo los dedos, suavemente oprimió y acarició la humilde cabeza inclinada de su discípula preferida y santa.
Todavía hoy, en Annecy, las hermanas de la Visitación conservan el velo que aquel día llevaba en la cabeza la Madre Juana Francisca.
San Francisco fue beatificado por el Papa Alejandro VII en el 1661, y el mismo Papa lo canonizó en el 1665, a los 43 años de su muerte.
En el 1878 el Papa Pío IX, considerando que los tres libros famosos del santo: «Las controversias»(contra los protestantes); La Introducción a la Vida Devota» (o Filotea) y El Tratado del Amor de Dios (o Teótimo), tanto como la colección de sus sermones, son verdaderos tesoros de sabiduría, declaró a San Francisco de Sales «Doctor de la Iglesia» , siendo llamado «El Doctor de la amabilidad».
La tentación más frecuente
«La tentación más frecuente en las personas preocupadas por su progreso espiritual es que, bajo el pretexto de una influencia apostólica mas grande, el demonio les hace desear una ocupación distinta de la suya». -San Francisco de Sales Decía que las Visitantinas eran verdaderamente «La obra de los Corazones de Jesús y María»
La entrada San Francisco de Sales apareció primero en Diócesis de Córdoba. Fuente
Tercer domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo «B». 24 de enero de 2021

Nuevamente nos situamos, al igual que el domingo anterior, en esa escena en la que Jesús elige a los primeros discípulos. Se trata de galileos y trabajadores del mar, pescadores. Tenemos un grupo que se va formando no con lo mejor de la sociedad de aquel momento: ni se trata de personas que destaquen en lo religioso, la política, la cultura o lo militar. Son personas sencillas que vivían y mantenían a sus familias con su duro trabajo, que no tenían mayores perspectivas.
Jesús inicia su ministerio del reino de Dios y de anuncio del Evangelio por el lugar más complicado y más alejado de la fe, la Galilea, región donde los judíos se mezclaban con paganos y gentiles, con personas que adoraban a otros dioses y que estaban influenciados por la cultura de otros pueblos. Estamos ante un lugar y una población nada fácil para hacer llegar la novedad del Evangelio. Jesucristo comienza su trabajo por aquellos que necesitan un cambio en su vida y en su corazón. Ha comenzado por los pecadores y no por los piadosos y ortodoxos judíos que, prácticamente, se encontraban en la región de Judea y en la ciudad de Jerusalén. Cristo no busca el éxito y la buena acogida. Para él lo importante es la salvación de las personas, y por eso comienza por aquellas que más lo necesitan. Es lo que hoy tanto repite el Papa Francisco: las periferias de nuestra sociedad y de nuestro mundo.
Estos discípulos, que van a formar el grupo más íntimo y cercano a Jesús, que representan a los primeros miembros de la Iglesia y a los cristianos de todos los tiempos, hacen un cambio radical en sus vidas, el cual se inicia cuando conocen al Hijo de Dios y empiezan una vida junto a él para ser sus principales colaboradores.
Dejar las redes es dejar y aparcar a un lado tus deseos, tus sueños, tus proyectos, tus seguridades y tus ambiciones. Dejar las redes es comenzar una nueva vida sin mirar al pasado y poniendo siempre la mirada en un futuro y en aquél que te ofrece una vida distinta y mejor: el Nazareno. Esta vocación y seguimiento que todo bautizado hacemos junto al Señor requiere de nosotros la desinstalación, tener un espíritu itinerante y estar en un continuo desapego de lo material y de los afectos que nos roben la libertad y la disposición para hacer lo que Dios quiere de cada uno en cada momento.
El seguimiento implica cambiar las redes pero no el oficio, porque sigues siendo pescador, pero ahora lo eres de hombres, de personas… Y te conviertes en un pescador que trabajas dentro de una nueva empresa, el reino de Dios, siendo jornalero del mejor capataz, Jesucristo.
Ellos se sintieron privilegiados por este cambio y por ser los primeros. Tú también debes sentirte afortunado de haber recibido el bautismo, la fe y la llamada que te han permitido conocer al Resucitado y de poder unirte a su empresa. Este cambio y esta vocación no han sucedido por tus méritos ni por tu empeño, sino por la misericordia de Dios. Todo ha sucedido porque, Jesús, pasando por la orilla de tu vida y de tu mundo, te ha visitado, se ha parado y se ha fijado en ti: como sacerdote, consagrado, catequista, voluntario de la caridad, cofrade, visitador o cuidador de mayores y de enfermos…
Ahora bien, o tú sigues faenando en tu barca y con tus redes o te subes en la barca de la Iglesia, para desde ella, con redes nuevas (la fe, el amor, la paz, la fraternidad…) convertirte en un pescador de hombres. La respuesta siempre queda en ti a diario.
Emilio José Fernández, sacerdote
Manos Unidas de la diócesis de Guadix lanza su nueva campaña este domingo, a las 10´30 h., en la iglesia del Sagrario

Este domingo 24 de enero Manos Unidas de la diócesis de Guadix lanza su campaña 2021 con el propósito de seguir ayudando a los más necesitados y cumplir con la financiación de un proyecto de desarrollo en el tercer mundo. El lanzamiento será en la iglesia del Sagrario, a las 10´30 de la mañana, y contará con la presencia del obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, la presidenta-delegada de Manos Unidas en la diócesis de Guadix, Visitación Moya, y el consiliario, Sergio Villalba.
Lógicamente, es un acto abierto a todos, en especial a los voluntarios de Manos Unidas, respetando, eso sí, las medidas de distanciamiento que, en la iglesia del Sagrario, se pueden mantener con toda facilidad.
Comienza así una nueva campaña de recogida de fondos para el nuevo proyecto que se va a financiar desde Guadix, que será presentado en este acto y del que ya sabemos que será en un país africano. Durante el año habrá actividades para recoger fondos y, sobre todo, colectas como la del día de Manos Unidas que este año será el 4 de febrero. “Contagia solidaridad para acabar con el hambre” es el lema con el que se presenta la campaña de este año, tan marcada, sin duda, por la pandemia.
Antonio Gómez
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Domingo 24 de enero de 2021

DÍA 7: CRECER EN UNIDAD
«Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos» (Juan 15, 5a)
1 Corintios 1, 10-13; 3, 21-23. ¿Está dividido Cristo?
Pero tengo algo que pediros, hermanos, y lo hago en nombre de nuestro Señor Jesucristo: que haya concordia entre vosotros. Desterrad cuanto signifique división y recuperad la armonía pensando y sintiendo lo mismo. Digo esto, hermanos míos, porque los de Cloe me han informado de que hay divisiones entre vosotros. Me refiero a eso que anda diciendo cada uno de vosotros: «Yo pertenezco a Pablo», «yo a Apolo», «yo a Pedro», «yo a Cristo». Pero bueno, ¿es que Cristo está dividido? ¿Ha sido crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?
Que nadie, pues, ande presumiendo de los que no pasan de ser seres humanos. Todo os pertenece: Pablo, Apolo, Pedro, el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es vuestro. Pero vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios.
Jn 17, 20-23. Como tú y yo somos uno
Y no te ruego solo por ellos; te ruego también por todos los que han de creer en mí por medio de su mensaje. Te pido que todos vivan unidos. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado. Yo les he comunicado la gloria con que tú me has glorificado, de manera que sean uno, como lo somos nosotros. Como tú vives en mí, vivo yo en ellos para que alcancen la unión perfecta y así el mundo reconozca que tú me has enviado y que los amas a ellos como me amas a mí.
Meditación
En la víspera de su muerte, Jesús oró por la unidad de aquellos que el Padre le había entregado: «para que todos sean uno (…); para que el mundo crea». Unidos a él, como el sarmiento a la vid, compartimos su misma savia que circula en nosotros y nos revitaliza.
Cada tradición busca llevarnos al corazón de nuestra fe: la comunión con Dios, a través de Cristo, en el Espíritu. Cuanto más vivimos esta comunión, más nos unimos con otros cristianos y con toda la humanidad. Pablo denuncia una actitud que ya había amenazado la unidad de los primeros cristianos: absolutizar la propia tradición en detrimento de la unidad del cuerpo de Cristo. Las diferencias se convierten entonces en divisiones en lugar de enriquecernos mutuamente. Pablo tuvo una visión muy amplia: «Todos son tuyos, y tú eres de Cristo, y Cristo es de Dios» (1 Cor 3, 22-23).
La voluntad de Cristo nos compromete con un camino de unidad y reconciliación. También nos compromete a unir nuestra oración a la suya: «que todos sean uno (…); para que el mundo crea» (Jn 17, 21).
Nunca os resignéis al escándalo de la separación de los cristianos que con tanta facilidad profesan el amor al prójimo y, sin embargo, permanecen divididos. Haz de la unidad del cuerpo de Cristo tu incansable preocupación.
La regla de Taizé en francés e inglés (2012) p. 13
Oración
Espíritu Santo, fuego vivificador y aliento suave, ven y permanece en nosotros. Renueva en nosotros la pasión por la unidad, para que podamos vivir conscientes del vínculo que nos une a ti. Que todos los que nos hemos entregado a Cristo en el bautismo nos unamos y demos testimonio de la esperanza que nos sostiene.
John Alexander Melo Arévalo
Secretariado Diocesano de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso
LA VOZ de José Ignacio Postigo, seminarista

Encarni Llamas Fortes
Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.
Obispo de Málaga: «Sois necesarios, queridos cofrades»

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la apertura del centenario de la Agrupación de Cofradías de Pasión de Málaga, celebrada en la Catedral de Málaga el 24 de enero de 2021.
APERTURA DEL CENTENARIO DE LA AGRUPACIÓN
DE COFRADÍAS DE PASIÓN DE MÁLAGA
(Catedral, 24 enero 2021)
Lecturas: Jon 3,1-5; Sal 24,4-9; 1 Co 7,29-31; Mc 1,14-20.
(Domingo Ordinario III-B)
1.- El evangelio de hoy nos presenta a Jesús que marcha a Galilea a proclamar el evangelio de Dios, cuyo núcleo es la presencia del Reino, que ya está presente en su misma persona: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1,15).
Jesús recorría la Galilea «enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4,23).
Jesús predica de palabra y con obras que el Reino de Dios ha llegado y que el ser humano está llamado a vivir la felicidad que le proporciona la salvación divina.
Pero para seguir a Jesús es necesaria la conversión: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Seguirle implica cambiar y reorientar nuestra vida hacia Él, que él es el único Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6). Fuera de él no hay salvación; ninguna otra persona puede salvar (cf. Hch 4,12). Él es “la Verdad” respecto a tantas “opiniones” que hay en nuestra sociedad y que se presentan todas ellas con pretensión de verdad.
2.- Celebramos hoy la apertura del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, instituida el 21 de enero de 1921 por el entonces obispo Manuel González, como primicia en España de este género, cuya acta se firmó en la desaparecida iglesia de la Merced, destruida durante la persecución religiosa; y cuyo titular fue elegido el Cristo Resucitado.
Sus objetivos eran fomentar la piedad y la caridad cristiana, promover, coordinar y solemnizar las procesiones de la Semana Santa malagueña; y prestigiar la importante labor social que ya desarrollaban las cofradías, debido a las graves necesidades en aquel momento.
Inicialmente la formaron trece cofradías, incorporándose paulatinamente otras. La Hermandad de la Victoria, Patrona de la Diócesis, fue miembro de honor desde el principio.
3.- Con la implantación de la Segunda República las cofradías malagueñas, como bien sabéis, sufrieron una gran destrucción de su patrimonio y se dejó de procesionar hasta 1934; a partir del final de la contienda civil volvió a renacer la Semana Santa. En 1946 se procesionó una nueva imagen del Santísimo Cristo Resucitado y se iniciaron los primeros Pregones de Semana Santa.
Durante los años sesenta del siglo pasado se percibió la necesidad de mejorar la calidad artística de algunos tronos y varias cofradías comenzaron a incorporar “hombres de trono”, que fueron sustituyendo a los clásicos portadores asalariados. El obispado de Málaga cedió el edificio del antiguo hospital de San Julián para sede de la Agrupación.
En la década de los setenta la Agrupación obtuvo la “Medalla de Oro” de la ciudad; se pidió a las cofradías que renovaran sus estatutos, a raíz del Concilio Vaticano II; y aparecieron las llamadas “nuevas cofradías” con un espíritu renovador.
En los años ochenta y noventa se elaboraron nuevos estatutos de la Agrupación y se celebraron varias coronaciones canónicas de imágenes de la Virgen. La catedral malagueña abrió sus puertas para que las cofradías, cuyos tronos podrían entrar en su interior, realizaran su estación de penitencia; y se revitalizó una serie de actividades sociales y culturales.
Con motivo del Jubileo del 2000 la Agrupación de Cofradías organizó un “Vía Crucis”; y en la siguiente década se celebraron varias coronaciones canónicas de imágenes y se inauguró el Museo de la Semana Santa de Málaga.
En el año 2011 con motivo de la “Jornada Mundial de la Juventud” en Madrid, algunas imágenes participaron en el “Vía Crucis” con otras imágenes de diferentes localidades españolas; y varias cofradías crearon el economato social “Fundación Corinto”.
En esta última década la Agrupación organizó una serie de actos con motivo del Año de la Fe (2013) y del Año Jubilar de la Misericordia (2015-2016). Fueron coronadas canónicamente otras imágenes marianas y se adoptó un nuevo recorrido oficial para la Semana Santa de Málaga, que ha mejorado el anterior. Aún debe ser consolidado; pero la historia se hace poco a poco, paso a paso y centenario a centenario.
4.- Toda esta larga historia es motivo de acción de gracias a Dios, que nos ha permitido vivir la fe, dar testimonio público de la misma y celebrar diversos acontecimientos cofrades malagueños y eclesiales.
No cito, por brevedad de tiempo, muchas cosas (actividades, eventos, efemérides) que cada cofradía ha celebrado desde que se fundó. Cada cofradía y cada uno de vosotros, que las representáis, debe dar gracias a Dios por todo lo que Él nos ha regalado y porque nos ha permitido llegar hasta hoy para inaugurar este centenario. Debemos agradecer a todas las personas, que nos han precedido en la fe, en las cofradías y en la Agrupación, su generosidad, su tiempo, su ilusión y sus facultades al servicio de los demás.
Para que la historia, que podemos llamar profana, se convierta en “historia de salvación” es preciso que interactúen simultáneamente los dos protagonistas: Dios y el hombre. Dios siempre toma la iniciativa y ofrece su salvación generosa; la ha ofrecido en Jesucristo que es su Verbo, su Palabra, su Revelación personal. El hombre, con sus limitaciones, debilidades y pecados, solo debe corresponder a la bondad divina, al acercamiento de Dios hasta nosotros.
5.- La Agrupación ha realizado muchas cosas buenas en estos cien años de existencia; pero no han faltado problemas y momentos de crisis, que hemos de asumir y cicatrizar; si las heridas no cicatrizan, supuran y hacen daño. También ha habido egoísmos por los que hemos de pedir perdón.
Cuando los cofrades se alejan de Dios y de la Iglesia, la vivencia de la fe y de la caridad se desvanece; pero cuando los cofrades viven con fervor la fe y el amor a Dios y a los hermanos, su testimonio produce abundantes frutos (cf. Jn 15,4-5). Sucede como en la parábola de la vid y los sarmientos: si los sarmientos permanecen unidos a la vid, dan buen fruto; pero si se cortan, solo sirven para ser pisoteados y quemados (cf. Jn 15,1-6).
Hemos de aprender de la historia, queridos cofrades y fieles. Y hay una hermosa forma de considerarla y de hacer memoria agradecida, como hoy lo estamos haciendo: dando gracias a Dios y a los hermanos que nos precedieron.
En el inicio de este centenario debemos situarnos de dos modos: en primer lugar, vivir el presente como compromiso; hemos heredado unas cosas buenas (cofradías, instituciones, agrupación) y hemos de tomar el testigo y asumir hoy la tarea que el Señor nos confía. Y, en segundo lugar, hemos de contemplar el futuro con esperanza y con gozo. La sociedad de hoy vive con muchos motivos de desesperanza; y toca a los cristianos y cofrades poner la semilla, la luz, el fermento, la levadura para poner esperanza en nuestro mundo y en nuestra sociedad.
Sois necesarios, queridos cofrades. Málaga no sería la misma ni tendría la personalidad que tiene sin la existencia de las cofradías y de la Agrupación, que en estos cien años han ido configurando de alguna manera la ciudad, aparte de otras facetas propias de su historia. Hacemos memoria de lo que favorece la fidelidad a lo positivo del pasado, que enriquece y libera; y al mismo tiempo pone creatividad para el futuro.
Mi mejor deseo y mi plegaria, queridos cofrades, es que permanezcáis fieles a vuestra identidad católica, sin diluirse en modas o en ideologías que a veces denigran y menoscaban la dignidad del ser humano; que deis buen testimonio de la fe y que pongáis amor y esperanza en este mundo roto por el egoísmo y por la indiferencia hacia Dios.
6.- Hoy celebra toda la Iglesia el “Domingo de la Palabra de Dios”, instituido por el papa Francisco (2019), quien nos recuerda la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana, así como la relación entre Palabra de Dios y la liturgia; ambas son inseparables.
Os invito a conocer mejor, leer, meditar y profundizar la Palabra de Dios revelada. Todo cofrade debería leer y meditar habitualmente la Sagrada Escritura (la Biblia), como alimento espiritual y fuente de sabiduría. Como dice el papa Francisco: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana” (cf. Francisco, Evangelii gaudium, 174).
Voy a pediros dos gestos referentes a la Palabra de Dios: en primer lugar, que hoy en vuestras casas pongáis la Biblia (que supongo tenéis en casa y leéis de vez en cuando) en el mejor lugar o salón de la casa entronizándola y acompañándola de alguna flor o una vela encendida. El segundo gesto es referido al evangelio de san Marcos, que estamos leyendo en el ciclo litúrgico “B”; os invito a leer este evangelio desde su inicio hasta el final a partir de hoy. Normalmente solemos leer o escuchar textos sueltos en la eucaristía de los domingos; pero es bueno hacer una lectura continuada; y, además, resulta gozoso saber que todos estamos leyendo el mismo evangelio.
Pedimos la intercesión de la Santísima Virgen, bajo la advocación Santa María de la Victoria y también bajo las advocaciones de las diversas cofradías que componen la Agrupación, para que seamos agradecidos a Dios por los dones que nos ha regalado a lo largo de estos cien años; y para que seamos cada día mejores testigos de su Hijo Jesucristo, a cuyo Reino nos ha convocado, y que seamos en nuestra sociedad luz y fermento. Amén.
JESÚS CATALÁ: «Sois necesarios, queridos cofrades»

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la apertura del centenario de la Agrupación de Cofradías de Pasión de Málaga, celebrada en la Catedral de Málaga el 24 de enero de 2021.
APERTURA DEL CENTENARIO DE LA AGRUPACIÓN
DE COFRADÍAS DE PASIÓN DE MÁLAGA
(Catedral, 24 enero 2021)
Lecturas: Jon 3,1-5; Sal 24,4-9; 1 Co 7,29-31; Mc 1,14-20.
(Domingo Ordinario III-B)
1.- El evangelio de hoy nos presenta a Jesús que marcha a Galilea a proclamar el evangelio de Dios, cuyo núcleo es la presencia del Reino, que ya está presente en su misma persona: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1,15).
Jesús recorría la Galilea «enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4,23).
Jesús predica de palabra y con obras que el Reino de Dios ha llegado y que el ser humano está llamado a vivir la felicidad que le proporciona la salvación divina.
Pero para seguir a Jesús es necesaria la conversión: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Seguirle implica cambiar y reorientar nuestra vida hacia Él, que él es el único Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6). Fuera de él no hay salvación; ninguna otra persona puede salvar (cf. Hch 4,12). Él es “la Verdad” respecto a tantas “opiniones” que hay en nuestra sociedad y que se presentan todas ellas con pretensión de verdad.
2.- Celebramos hoy la apertura del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, instituida el 21 de enero de 1921 por el entonces obispo Manuel González, como primicia en España de este género, cuya acta se firmó en la desaparecida iglesia de la Merced, destruida durante la persecución religiosa; y cuyo titular fue elegido el Cristo Resucitado.
Sus objetivos eran fomentar la piedad y la caridad cristiana, promover, coordinar y solemnizar las procesiones de la Semana Santa malagueña; y prestigiar la importante labor social que ya desarrollaban las cofradías, debido a las graves necesidades en aquel momento.
Inicialmente la formaron trece cofradías, incorporándose paulatinamente otras. La Hermandad de la Victoria, Patrona de la Diócesis, fue miembro de honor desde el principio.
3.- Con la implantación de la Segunda República las cofradías malagueñas, como bien sabéis, sufrieron una gran destrucción de su patrimonio y se dejó de procesionar hasta 1934; a partir del final de la contienda civil volvió a renacer la Semana Santa. En 1946 se procesionó una nueva imagen del Santísimo Cristo Resucitado y se iniciaron los primeros Pregones de Semana Santa.
Durante los años sesenta del siglo pasado se percibió la necesidad de mejorar la calidad artística de algunos tronos y varias cofradías comenzaron a incorporar “hombres de trono”, que fueron sustituyendo a los clásicos portadores asalariados. El obispado de Málaga cedió el edificio del antiguo hospital de San Julián para sede de la Agrupación.
En la década de los setenta la Agrupación obtuvo la “Medalla de Oro” de la ciudad; se pidió a las cofradías que renovaran sus estatutos, a raíz del Concilio Vaticano II; y aparecieron las llamadas “nuevas cofradías” con un espíritu renovador.
En los años ochenta y noventa se elaboraron nuevos estatutos de la Agrupación y se celebraron varias coronaciones canónicas de imágenes de la Virgen. La catedral malagueña abrió sus puertas para que las cofradías, cuyos tronos podrían entrar en su interior, realizaran su estación de penitencia; y se revitalizó una serie de actividades sociales y culturales.
Con motivo del Jubileo del 2000 la Agrupación de Cofradías organizó un “Vía Crucis”; y en la siguiente década se celebraron varias coronaciones canónicas de imágenes y se inauguró el Museo de la Semana Santa de Málaga.
En el año 2011 con motivo de la “Jornada Mundial de la Juventud” en Madrid, algunas imágenes participaron en el “Vía Crucis” con otras imágenes de diferentes localidades españolas; y varias cofradías crearon el economato social “Fundación Corinto”.
En esta última década la Agrupación organizó una serie de actos con motivo del Año de la Fe (2013) y del Año Jubilar de la Misericordia (2015-2016). Fueron coronadas canónicamente otras imágenes marianas y se adoptó un nuevo recorrido oficial para la Semana Santa de Málaga, que ha mejorado el anterior. Aún debe ser consolidado; pero la historia se hace poco a poco, paso a paso y centenario a centenario.
4.- Toda esta larga historia es motivo de acción de gracias a Dios, que nos ha permitido vivir la fe, dar testimonio público de la misma y celebrar diversos acontecimientos cofrades malagueños y eclesiales.
No cito, por brevedad de tiempo, muchas cosas (actividades, eventos, efemérides) que cada cofradía ha celebrado desde que se fundó. Cada cofradía y cada uno de vosotros, que las representáis, debe dar gracias a Dios por todo lo que Él nos ha regalado y porque nos ha permitido llegar hasta hoy para inaugurar este centenario. Debemos agradecer a todas las personas, que nos han precedido en la fe, en las cofradías y en la Agrupación, su generosidad, su tiempo, su ilusión y sus facultades al servicio de los demás.
Para que la historia, que podemos llamar profana, se convierta en “historia de salvación” es preciso que interactúen simultáneamente los dos protagonistas: Dios y el hombre. Dios siempre toma la iniciativa y ofrece su salvación generosa; la ha ofrecido en Jesucristo que es su Verbo, su Palabra, su Revelación personal. El hombre, con sus limitaciones, debilidades y pecados, solo debe corresponder a la bondad divina, al acercamiento de Dios hasta nosotros.
5.- La Agrupación ha realizado muchas cosas buenas en estos cien años de existencia; pero no han faltado problemas y momentos de crisis, que hemos de asumir y cicatrizar; si las heridas no cicatrizan, supuran y hacen daño. También ha habido egoísmos por los que hemos de pedir perdón.
Cuando los cofrades se alejan de Dios y de la Iglesia, la vivencia de la fe y de la caridad se desvanece; pero cuando los cofrades viven con fervor la fe y el amor a Dios y a los hermanos, su testimonio produce abundantes frutos (cf. Jn 15,4-5). Sucede como en la parábola de la vid y los sarmientos: si los sarmientos permanecen unidos a la vid, dan buen fruto; pero si se cortan, solo sirven para ser pisoteados y quemados (cf. Jn 15,1-6).
Hemos de aprender de la historia, queridos cofrades y fieles. Y hay una hermosa forma de considerarla y de hacer memoria agradecida, como hoy lo estamos haciendo: dando gracias a Dios y a los hermanos que nos precedieron.
En el inicio de este centenario debemos situarnos de dos modos: en primer lugar, vivir el presente como compromiso; hemos heredado unas cosas buenas (cofradías, instituciones, agrupación) y hemos de tomar el testigo y asumir hoy la tarea que el Señor nos confía. Y, en segundo lugar, hemos de contemplar el futuro con esperanza y con gozo. La sociedad de hoy vive con muchos motivos de desesperanza; y toca a los cristianos y cofrades poner la semilla, la luz, el fermento, la levadura para poner esperanza en nuestro mundo y en nuestra sociedad.
Sois necesarios, queridos cofrades. Málaga no sería la misma ni tendría la personalidad que tiene sin la existencia de las cofradías y de la Agrupación, que en estos cien años han ido configurando de alguna manera la ciudad, aparte de otras facetas propias de su historia. Hacemos memoria de lo que favorece la fidelidad a lo positivo del pasado, que enriquece y libera; y al mismo tiempo pone creatividad para el futuro.
Mi mejor deseo y mi plegaria, queridos cofrades, es que permanezcáis fieles a vuestra identidad católica, sin diluirse en modas o en ideologías que a veces denigran y menoscaban la dignidad del ser humano; que deis buen testimonio de la fe y que pongáis amor y esperanza en este mundo roto por el egoísmo y por la indiferencia hacia Dios.
6.- Hoy celebra toda la Iglesia el “Domingo de la Palabra de Dios”, instituido por el papa Francisco (2019), quien nos recuerda la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana, así como la relación entre Palabra de Dios y la liturgia; ambas son inseparables.
Os invito a conocer mejor, leer, meditar y profundizar la Palabra de Dios revelada. Todo cofrade debería leer y meditar habitualmente la Sagrada Escritura (la Biblia), como alimento espiritual y fuente de sabiduría. Como dice el papa Francisco: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana” (cf. Francisco, Evangelii gaudium, 174).
Voy a pediros dos gestos referentes a la Palabra de Dios: en primer lugar, que hoy en vuestras casas pongáis la Biblia (que supongo tenéis en casa y leéis de vez en cuando) en el mejor lugar o salón de la casa entronizándola y acompañándola de alguna flor o una vela encendida. El segundo gesto es referido al evangelio de san Marcos, que estamos leyendo en el ciclo litúrgico “B”; os invito a leer este evangelio desde su inicio hasta el final a partir de hoy. Normalmente solemos leer o escuchar textos sueltos en la eucaristía de los domingos; pero es bueno hacer una lectura continuada; y, además, resulta gozoso saber que todos estamos leyendo el mismo evangelio.
Pedimos la intercesión de la Santísima Virgen, bajo la advocación Santa María de la Victoria y también bajo las advocaciones de las diversas cofradías que componen la Agrupación, para que seamos agradecidos a Dios por los dones que nos ha regalado a lo largo de estos cien años; y para que seamos cada día mejores testigos de su Hijo Jesucristo, a cuyo Reino nos ha convocado, y que seamos en nuestra sociedad luz y fermento. Amén.
DIRECTO. Misa por el Centenario de la Agrupación Cofradías

Hoy, domingo 24 de enero, a las 11.30 horas, Canal Sur Televisión conecta en directo desde la Catedral de Málaga para llevar a los hogares andaluces la Misa con la que se dará inicio a la celebración del Primer Centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga.
Enlace desde el que poder ver la Misa en directo
La Eucaristía estará presidida por el Obispo de la Diócesis de Málaga, D. Jesús Catalá, y contará también con la participación de la Coral de la Catedral.
Con esta Misa de apertura, darán comienzo los actos del centenario de la Agrupación, que se cumplió el 21 de enero.
Cien años de historia y servicio a la religiosidad popular y la caridad desde que las cofradías malagueñas se unieran en la desaparecida iglesia de la Merced.
La emisión de la Misa tendrá lugar el domingo 24 de enero, a las 11.30 horas, en Canal Sur Televisión. Este excepcional retraso de la hora de emisión de las misas de la televisión autonómica se produce en aras del convenio de colaboración firmado el pasado mes de diciembre entre las dos corporaciones.
COPE. «Dios se comunica usando nuestro lenguaje»

IGLESIA NOTICIA. COPE MÁLAGA
El 24 de enero se celebra el Domingo de la Palabra de Dios y la fiesta de Nuestra Señora de la Paz. Fueron algunos de los temas del programa Iglesia Noticia, emitido en COPE Málaga.
Aquí puedes escuchar el programa Iglesia Noticia del domingo 24 de enero
El sacerdote Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, invitó a los oyentes a profundizar en el Domingo de la Palabra de Dios, propuesto por el papa Francisco: «Celebrar el Domingo de la Palabra de Dios es recordar que Dios quiere comunicarse con nosotros. Quiere hacerlo sin apabullarnos, es decir, usando nuestro propio lenguaje», afirmó.
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero, fue otro de los temas de la mañana, desde la voz de diversos representantes de confesiones cristianas presentes en Málaga.
La campaña de las balconeras solidarias #NavidadMásQueNunca también tuvo un espacio en el programa, el director de Cáritas Diocesana, Francisco Sánchez, dio las gracias a todos los que han colaborado en ella, de una forma o de otra.
La sección MI CURA estuvo protagonizada por Ignacio Medina, y La Voz del Seminario por José Ignacio.
El minuto de comentario del evangelio corrió a cargo de Cristina Vera, presidenta de la Acción Católica General en Málaga.
Y el broche final del programa lo puso Damián Ramírez, párroco de Nuestra Señora de la Paz, en Málaga, con el que se celebró la fiesta de la titular de la parroquia.






