Tercer domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo «B». 24 de enero de 2021

Diócesis de Guadixhttps://www.diocesisdeguadix.es/
La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

Nuevamente nos situamos, al igual que el domingo anterior, en esa escena en la que Jesús elige a los primeros discípulos. Se trata de galileos y trabajadores del mar, pescadores. Tenemos un grupo que se va formando no con lo mejor de la sociedad de aquel momento: ni se trata de personas que destaquen en lo religioso, la política, la cultura o lo militar. Son personas sencillas que vivían y mantenían a sus familias con su duro trabajo, que no tenían mayores perspectivas.

Jesús inicia su ministerio del reino de Dios y de anuncio del Evangelio por el lugar más complicado y más alejado de la fe, la Galilea, región donde los judíos se mezclaban con paganos y gentiles, con personas que adoraban a otros dioses y que estaban influenciados por la cultura de otros pueblos. Estamos ante un lugar y una población nada fácil para hacer llegar la novedad del Evangelio. Jesucristo comienza su trabajo por aquellos que necesitan un cambio en su vida y en su corazón. Ha comenzado por los pecadores y no por los piadosos y ortodoxos judíos que, prácticamente, se encontraban en la región de Judea y en la ciudad de Jerusalén. Cristo no busca el éxito y la buena acogida. Para él lo importante es la salvación de las personas, y por eso comienza por aquellas que más lo necesitan. Es lo que hoy tanto repite el Papa Francisco: las periferias de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Estos discípulos, que van a formar el grupo más íntimo y cercano a Jesús, que representan a los primeros miembros de la Iglesia y a los cristianos de todos los tiempos, hacen un cambio radical en sus vidas, el cual se inicia cuando conocen al Hijo de Dios y empiezan una vida junto a él para ser sus principales colaboradores.

Dejar las redes es dejar y aparcar a un lado tus deseos, tus sueños, tus proyectos, tus seguridades y tus ambiciones. Dejar las redes es comenzar una nueva vida sin mirar al pasado y poniendo siempre la mirada en un futuro y en aquél que te ofrece una vida distinta y mejor: el Nazareno. Esta vocación y seguimiento que todo bautizado hacemos junto al Señor requiere de nosotros la desinstalación, tener un espíritu itinerante y estar en un continuo desapego de lo material y de los afectos que nos roben la libertad y la disposición para hacer lo que Dios quiere de cada uno en cada momento.

El seguimiento implica cambiar las redes pero no el oficio, porque sigues siendo pescador, pero ahora lo eres de hombres, de personas… Y te conviertes en un pescador que trabajas dentro de una nueva empresa, el reino de Dios, siendo jornalero del mejor capataz, Jesucristo.

Ellos se sintieron privilegiados por este cambio y por ser los primeros. Tú también debes sentirte afortunado de haber recibido el bautismo, la fe y la llamada que te han permitido conocer al Resucitado y de poder unirte a su empresa. Este cambio y esta vocación no han sucedido por tus méritos ni por tu empeño, sino por la misericordia de Dios. Todo ha sucedido porque, Jesús, pasando por la orilla de tu vida y de tu mundo, te ha visitado, se ha parado y se ha fijado en ti: como sacerdote, consagrado, catequista, voluntario de la caridad, cofrade, visitador o cuidador de mayores y de enfermos…

Ahora bien, o tú sigues faenando en tu barca y con tus redes o te subes en la barca de la Iglesia, para desde ella, con redes nuevas (la fe, el amor, la paz, la fraternidad…) convertirte en un pescador de hombres. La respuesta siempre queda en ti a diario.

 Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/

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