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Claustro de profesores en el Seminario San Pelagio

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«La Cuaresma es una llamada a volver a Dios»

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa del Miércoles de Ceniza de 2021, en la Catedral de Málaga.

Crece un 48% el servicio de comidas de la Fundación Prolibertas

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En torno a la festividad de San Juan Bautista de la Concepción, el conocido “Comedor social de los Trinitarios” hace balance de un año “récord” en asistencia a social.

Una Cuaresma “nueva” en Al Trasluz

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El sacerdote Antonio Gil nos recuerda que el Miércoles de ceniza se alza el telón de la Cuaresma.

Dedicación de un nuevo altar en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Mengíbar

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En la tarde del pasado domingo, 14 de febrero, el Obispo de la Diócesis, Don Amadeo Rodríguez Magro, dedicó el nuevo altar de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de la villa de Mengíbar, en presencia del Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas; del párroco de San Pedro Apóstol, D. Antonio Lara Polaina; del Arcipreste y párroco de la Inmaculada de esta misma villa, D. Miguel Ángel Solas León; y de otros dos presbíteros concelebrantes, D. Antonio Garrido Colomina y D. Luis Juan Gallardo Anguita. Asimismo, estuvieron presentes diversas autoridades locales, cantero y constructores, y el pueblo fiel, hasta completar el aforo permitido en este tiempo de pandemia.

El nuevo mobiliario litúrgico está inspirado en muchos elementos renacentistas de la misma iglesia, estando plenamente integrado en el edificio, aunque no estemos acostumbrados a contemplar una realización de este tipo. De los tres elementos, el altares el más importante, seguido del ambón y la sede. Cada uno tiene su espacio y su simbolismo en la liturgia.

La sede es el lugar donde somos presididos por Cristo Buen Pastor, en aquellos que son los sucesores de los apóstoles, los obispos, y sus colaboradores más inmediatos, los presbíteros, los párrocos, los pastores propios de una comunidad concreta, que guían al pueblo santo de Dios en su nombre.

El ambón (ἄμβων: lugar elevado) es donde Cristo, verdadero Profeta y Maestro, continúa anunciándonos su Palabra. Pues cada vez que se leen las Escrituras en el iglesia es el mismo Cristo quien nos habla. Nosotros somos su voz, pero Él es la Palabra. Y Cristo Resucitado, por eso, junto al ambón, se ha colocado el candelabro pascual, como anuncio permanente de la Resurrección, que ilumina y actualiza cada página de la Escritura. El nuevo ambón, o mesa de la Palabra, no es un simple atril portátil o mueble, sino que está fijo y tiene su importancia, destacando por su amplitud, sobriedad y belleza, y contando con el espacio necesario para desarrollar la celebración de la Palabra, estando situado en un primer plano y a la vista de todos, en las mismas escaleras, y hacia fuera, entre el espacio de la asamblea y el presbiterio, porque la Palabra de Dios es la que nos introduce y nos lleva a la Eucaristía. Construir un ambón de esta forma y proporciones es darle una mayor importancia a la Palabra de Dios, al mismo tiempo que todo un reclamo ecuménico, por lo que ha supuesto el descubrimiento de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia.

Y el altar, que es la razón primera y última de todo el edificio, la celebración de la Eucaristía, donde Cristo, Sacerdote Víctima y Altar, continúa ofreciéndose y alimentándonos con su Cuerpo y con su Sangre. El altar es, al mismo tiempo, mesa y ara, que actualiza el único sacrificio redentor del Señor. Y esas dos dimensiones han quedado plasmadas en este altar. Por un lado es ‘mesa’ porque, en su diseño, cuenta con cuatro pilares, y es ‘ara’ porque todo su perímetro, de forma rectangular, está cerrado, como un ‘sepulcro’. La tradición de la Iglesia primitiva era celebrar la Eucaristía sobre las tumbas de los mártires, costumbre que continuó, y de ahí el colocar debajo o dentro o encima de los altares las reliquias de aquellos que habían sido los primeros en confesar su fe, uniéndose al sacrificio de Cristo con el derramamiento de su sangre. Por esta razón, en este altar se ha incluido una reliquia ‘ex ossibus’ (fragmento óseo) de San Eufrasio, obispo de Iliturgi (cerca de Mengíbar), tan vinculado a este zona, donde tuvo su sede episcopal. Se da la peculiaridad, que el frontal de este altar recoge un fragmento pétreo de una tumba funeraria de la ciudad de Iliturgi, y que, desde la construcción de la iglesia de San Pedro (s. XVI), se encontraba, como material reutilizado, formando parte del muro de la misma, concretamente como dintel de la ventana de la pared del antiguo coro, y que, al ampliarla, con motivo de las obras de 1970, apareció, como tantas otras piedras del mismo edificio, que imaginamos que pudieron ser trasladadas desde la ciudad romana, o desde la fortaleza del castillo, y reutilizadas en su construcción. La decoración de este hermoso frontal, una guirnalda de frutos y flores, sostenida por dos pequeños ángeles, esto da una alusión al paraíso, a la eternidad, haciendo de este altar el puente entre el cielo y la tierra, el lugar donde ya se vive esa realidad eterna, porque la Eucaristía, que se celebra sobre el altar, es ya “anticipo de la gloria futura”, como decía Santo Tomás de Aquino. Y, al ser de piedra, también hace alusión simbólica a Cristo, “piedra angular” de todo el edificio, que somos la Iglesia que Él fundó y que permanece viva en peregrinación hacia la casa del Padre. El altar recibe, cada mañana, esa luz natural del sol, que atraviesa por sus vidrieras, reflejándose sobre él, sobre todo el domingo, la Pascua semanal, el día de la Resurrección, cuando la Iglesia se reúne en torno al altar, toda una alusión simbólica al misterio que se celebra.

Tanto el altar, como la sede y el ambón son los lugares de la gracia. Por eso no debemos contemplar las iglesias sólo como museos, sino como los lugares donde se reúnen los cristianos. Así deben explicarlo los guías turísticos. Porque lo más importante de un templo cristiano no es el edificio en sí, el continente, sino el contenido y, sobretodo, lo que se realiza dentro de él. El protagonista de todo lo que ocurre en su interior es Cristo Resucitado, que sigue vivo y continúa invitándonos a sentarnos en torno a su mesa.

El Obispo, en su homilía, subrayó que la Liturgia de la Dedicación es una hermosa catequesis sobre el misterio cristiano, presentando con todo detalle cada uno de los espacios celebrativos y su importancia para la vida cristiana.

“Este nuevo mobiliario litúrgico, como todo lo que se ha hecho a lo largo de los años, ha sido gracias a la ayuda recibida de tanta gente buena del pueblo de Mengíbar, fundamentalmente de la colaboración generosa de su Ayuntamiento, y también de otras entidades locales, pero sobre todo de los donativos de los cristianos de a pie, de esos pequeños granos de arena, que continúan construyendo este edificio, que llamamos iglesia. Nuestro agradecimiento por la gran ayuda prestada, sin nombrar a nadie, en la preparación y realización de este nuevo mobiliario litúrgico. Dios lo sabe y eso es lo más importante. Aquí hay mucho amor, amor a Dios y amor a nuestro pueblo y, sobre todo, a nuestra parroquia de San Pedro, en la que nos iniciamos en la fe y en la que hemos vivido los momentos más importantes de nuestra vida. Que todo lo que hemos hecho sea para la gloria de Dios”. Estas fueron las palabras que el párroco dirigió al señor Obispo, agradeciéndole su presencia y cercanía, así como al Vicario General de la Diócesis, a los compañeros y a todo el pueblo de Dios, que pudo participar en la solemne celebración. El Obispo manifestó, de una forma especial, su afecto al párroco y a todos los asistentes.

Parroquia de San Pedro Apóstol de Mengíbar

Galería fotográfica: «Dedicación de un nuevo altar en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Mengíbar»

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La Catedral completa con un niño Jesús la imagen de San José de Fernando Ortiz

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Por el Año de San José promulgado por el papa Francisco, la Catedral de Málaga estrena una imagen del niño Jesús para acompañar al San José de Fernando Ortiz, que se encontraba incompleta.

La Parroquia Santa Cruz de Sevilla acoge una nueva Vigilia de Oración organizada por los Cursillos de Cristiandad

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La Parroquia Santa Cruz de Sevilla acoge una nueva Vigilia de Oración organizada por los Cursillos de Cristiandad

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad organiza una Vigilia de Oración ante la presencia de Jesús Sacramentado este jueves 18 de febrero en la Parroquia Santa Cruz de Sevilla de seis a siete de la tarde.

La jornada de oración tendrá como intención el fin de la pandemia e intervendrán distintos movimientos y asociaciones de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar. La adoración eucarística podrá visualizarse a través del canal de youtube: MCC Cursillos Cristiandad Sevilla.

En esta ocasión la Vigilia de Oración contará con la presencia de los Equipos de Nuestra Señora. “Comenzamos la Cuaresma. Dentro de unos 40 días celebraremos el Triduo Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el día más importante del año para un cristiano, un tiempo perfecto para hacer presente y renovar en nuestro interior ese encuentro que un día tuvimos con Él y que nos cambió la vida.  En este tiempo tan complicado que estamos viviendo comencemos la Cuaresma orando juntos por nuestra conversión”, ha reflexionado el vicepresidente del Movimiento Cursillos de Cristiandad, José Ignacio del Rey Guanter

Desde el Movimiento de Cursillo de Cristiandad se convocará un jueves al mes a participar de la Vigilia de Oración.

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La soledad de la cruz

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Nuestra generación está viviendo su propio Getsemaní, estamos doblegados, nuestros planes anulados, nuestros proyectos pospuestos y nuestra vida parece congelada. De un plumazo destronados, en nuestro orgullo triturados y nuestras esperanzas puestas en una vacuna… Si contemplamos nuestro entorno pastoral, muchos piensan que la vida de la Iglesia se ha interrumpido. Pero esto no es así, la celebración de los sacramentos se ha visto afectada, pero también vivimos nuestra fe en Cristo de diversas maneras, y así la llevamos a los demás con los medios que disponemos, con creatividad e ilusión. La pandemia nos debe ayudar a comprender mejor a nuestra sociedad y a discernir una nueva visión de la Iglesia, hacia adentro y también en su relación con el mundo.

Mientras tanto, muchos viven como ovejas sin pastor, en una soledad física o interior que espanta, la pandemia de la soledad no buscada, es también una gran pandemia que se ha visto agravada por las actuales circunstancias socio-sanitarias y económicas. Ante esta situación no podemos quedarnos igual, hay que reaccionar. Recientemente, el surcoreano Byung-Chul Han ha escrito en La sociedad del cansancio, que es necesario “el cortocircuito que suponen el pensamiento propio y la soledad”, algo que ya planteó Santa Teresa de Ávila con su “estar en soledad”. El filósofo sevillano Emilio Lledó, nos da otra perspectiva: “El pensamiento siempre es fruto de la soledad“. Por otro lado, filósofos de distinto signo han preferido la soledad a la vida social, Nietzsche, Kafka, Thoreau, entre otros, han escogido vidas esencialmente solitarias. El filósofo griego Platón creía que la soledad es deseable porque nos permite pensar sin distracciones. Y como símbolo de la soledad buscada, mientras vivía solo en su cabaña en el bosque, Henry David Thoreau escribió: “Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.”

Para nosotros la soledad de Jesús en la Cruz es nuestro modelo, no es una soledad estéril, vacía, ni una soledad egoísta, es una soledad que rompe en vida, que nos abre a todos a una nueva vida y que está preñada de esperanza. Jesús comparte su soledad en la cruz con su madre, que se abre a una maternidad que abarca a toda la humanidad, por eso, no podemos sentirnos nunca solos, ni desamparados. La soledad así entendida se transforma en luminosa vida, una vida que se parte y reparte para todos. Sin embargo, los datos de las personas que se sienten solas, nos interpelan, no nos pueden dejar indiferentes. Por ello, una sociedad que no cuida, que no protege, que no acompaña, que abandona, es una sociedad enferma. Una Iglesia que no sostiene, que no abraza, que no se hace cercana es una estructura vacía, hueca. Pero Jesús si responde, suple en tantos cirineos que nos llevan de su mano, nos dan su calor, su confianza y su amistad.  En Jesucristo, Dios ha compartido la soledad del mundo y del hombre, a quien ha creado justamente para ser su compañero. De este modo, ha unido su destino al nuestro.

El teólogo Olegario Gonzalez de Cardedal, nos recuerda en su obra, Jesucristo, soledad y compañía, qué en Jesucristo, Dios ha compartido la soledad de los pobres y de los marginados, de los descartados…. Pero al mismo tiempo en el mismo Jesucristo muchos se sienten cada día acompañados. Quienes seguimos a Jesús, entramos en relación, en comunión con muchos, en este espacio la soledad no tiene lugar, y si existe de alguna forma se puede reconocer y sanar. También Maurizio Chiodi, miembro de la Academia Pontificia para la Vida, nos dice que como enfermo con el Covid, ha experimentado “como Jesús en la Cruz, los que están enfermos están instruidos por el mal sufrido y el bien recibido“. Sin duda, es un misterio profundo que se nos escapa y nos plantea, al mismo tiempo, grandes preguntas.  Busquemos la amistad con Jesús, ésta si es verdadera se transforma en una amistad social que nunca nos hará sentirnos solos.

Antonio Machado recogió en un famoso poema una copla popular “¿Quién me presta una escalera?” e hizo una bella y subjetiva reflexión sobre el modo que los andaluces tenemos de vivir la religión. Machado parece que critica que nos fijamos en la Cruz con mayúsculas que refleja todos nuestros sufrimientos, que nos identificamos más con la soledad de Jesús en la Cruz, que con él Jesús de los milagros “que andaba en la mar”. Pero es él mismo Jesús, Él que caminaba por los caminos polvorientos, Él que daba de comer a multitudes, Él que guardaba silencio cuando le acusaban, Él que sudo sangre, Él que entregó su vida al Padre, Él que resucitó y nos da una vida nueva cada día. No podemos decir que estamos solos, Jesús nos acompaña siempre. Somos nosotros los que dejamos a muchos abandonados en los caminos de su existencia, en ocasiones a nosotros mismos. Jesús, el Eterno Acompañado, nos atrae de nuevo, en la soledad sonora de la Cruz, ahora que estamos iniciando la Cuaresma para decirnos mirándonos a los ojos que no estamos solos.

Enrique Belloso Perez

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“Que el Señor nos conceda vivir este tiempo con un corazón abierto”

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Homilía en la Misa de ceniza, el 17 de febrero de 2021, con la que iniciamos la Cuaresma.

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