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Dos seminaristas reciben el rito de admisión

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Dos seminaristas reciben el rito de admisión

El Obispo presidirá la celebración en el Seminario Misionero Redemptoris Mater

La capilla del Seminario Misionero Redemptoris Mater “San Juan de Ávila” acoge este viernes, 29 de enero, una Solemne Eucaristía presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

En el transcurso de la misa recibirán el rito de admisión a las Sagradas Órdenes del diaconado y el presbiterado dos seminaristas. Se trata de Angelo Bruno, de origen italiano, y de Blas Sánchez, natural de Pozoblanco.

El rito de admisión tiene como objetivo que quienes aspiran al diaconado o al presbiterado manifiesten públicamente su voluntad de entregarse a Dios y a la Iglesia para el ejercicio del orden sagrado. La Iglesia por su parte, al aceptar esta entrega, elige a cada candidato y lo llama para que se prepare a recibir el orden sagrado y así es admitido formalmente entre los candidatos al diaconado o al presbiterado.

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Parábola de fraternidad en un mundo dividido

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Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández para la XXV Jornada Mundial de la Vida Consagrada

“La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”

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Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Mengíbar

Revisión técnica en las parroquias de Santa Fe y Atarfe

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Los técnicos del Arzobispado de Granada han revisado el estado actual en las parroquias de Santa Fe y Atarfe, ante posibles daños causados por los movimientos sísmicos. En ninguna de las dos parroquias hay daños estructurales.

El Proyecto Fraternitas recibe una donación de 1.500 kilos de aceites y salsas para las familias del Polígono Sur

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El Proyecto Fraternitas recibe una donación de 1.500 kilos de aceites y salsas para las familias del Polígono Sur

El grupo Acesur, compañía aceitera con sede en Dos Hermanas (Sevilla), ha donado recientemente 1.500 kilos de aceite de oliva y salsas al Proyecto Fraternitas, la iniciativa social desarrollada por el Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla en el Polígono Sur, con el objetivo de cubrir la creciente demanda de alimentos y mejorar las condiciones de vida de más de 200 familias del barrio (es decir, alrededor de 800 personas beneficiadas de manera directa).

En total, desde que comenzara la pandemia en la primavera de 2020, Acesur, con la colaboración de la Fundación Juan Ramón Guillén, ha donado tres toneladas de alimentos al Consejo de Hermandades para paliar la situación de emergencia provocada por la COVID-19.

El presidente del Consejo de Hermandades, Francisco Vélez, se ha referido a esta donación “que se debe a que lo patrocina una de las empresas más importante en el ámbito del sector de la alimentación de Andalucía: Acesur, firma que de la mano de sus fundadores, la familia Guillén, no solo busca el beneficio económico como negocio, sino proporcionar un eficaz servicio a la sociedad”. Del mismo modo, Vélez ha destacado la incansable labor social que el Consejo de Hermandades viene desarrollando desde el Proyecto Fraternitas. “Estad seguros que esos 3.000 kilos de alimentos son 3.000 latidos de corazones agradecidos que verán aliviada su situación de precariedad en estos momentos tan difíciles para todos con una renovada confianza en las personas y en una sociedad más justa y solidaria”, ha añadido.

Por su parte, el consejero de Acesur, Álvaro Guillén, ha subrayado la necesidad de “aunar esfuerzos para paliar la situación de extrema urgencia que atraviesan las personas en situación más vulnerable”.

Por ello, además de la donación de productos de primera necesidad, durante el encuentro mantenido entre la empresa y el Consejo se han valorado otras vías de colaboración en el marco del Proyecto Fraternitas. En concreto, se plantea la puesta en marcha de talleres online de divulgación de cultura aceitera a través de la Fundación Juan Ramón Guillén con el objetivo “de informar sobre los diferentes tipos de aceite de oliva y sus diferentes usos, al tiempo que se promueven hábitos de alimentación saludable”.

El Proyecto Fraternitas

Gracias a la acción social conjunta de las Hermandades y Cofradías de Sevilla, el Proyecto Fraternitas, con más de una década a sus espaldas y dirigido por el Consejo de Hermandades, proporciona 60 lotes semanalmente a más de 200 familias del Polígono Sur y las Tres Mil Viviendas en riesgo de exclusión social y acuciadas especialmente por la actual crisis sanitaria.

Se ofrecen alimentos, tanto perecederos como no perecederos y productos de limpieza e higiene. Productos que también se hacen llegar, en la medida de las posibilidades, a conventos, comedores sociales, diferentes parroquias de la periferia de Sevilla y a las familias del asentamiento del Vacie, gracias a la generosidad de las hermandades, asociaciones, entidades, instituciones, empresas y particulares que colaboran con el proyecto.

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Alegría para una tarea exigente

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Alegría para una tarea exigente

Las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están presentes en la provincia de Picota desde 2013

Madre Lilian Concepción Sosa Paniagua, cariñosamente “Conce”, es la superiora parte de la comunidad del Señor de los Milagros en Shamboyacu (Perú) desde hace casi diez años. Desde 2013, las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están presentes en la provincia de Picota, donde la misión diocesana cordobesa cumple 10 años de servicio. Llegaron, siguiendo su carisma fundado en Villanueva de Córdoba tres hermanas, Ana, Ilda y María Isabel a las que después sucedieron otras religiosas. En aquel momento fueron acogidas por los sacerdotes misioneros en Picota Francisco José Delgado y Leopoldo Rivero, enviados por el Obispo a la provincia peruana de la prelatura de Moyobamba. Las primeras religiosas se alojan en una sencilla vivienda junto a la parroquia de Santa María del Soterraño de Shamboyacu donde el sacerdote cordobés Juan Ropero había construido la capilla del Señor de los Milagros, nombre que adoptaría la comunidad de hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús.  Junto a la hermana ”Conce”, en la actualidad, la comunidad de hermanas Obreras del Corazón de Jesús está compuesta por otras dos religiosas: la hermana Saturnina Amarilla Gavilan y la hermana Carmen Flor Jaime Huaman. Ahora en Shamboyacu dirigen la Casa –Hogar “Nuestra Señora de Araceli” donde viven más de 40 niñas. Madre “Conce” y sus hermanas están dispuestas a ofrecerles un futuro y, sobre todo, entregarles la riqueza impagable de darles a conocer a Jesús.

Qué significado tiene para ustedes vivir la misión como personas consagradas.

Bueno personalmente, es una misión   muy significativa, gozosa en todas las dimensiones que un ser humano puede vivir y más aún como personas consagradas, es una riqueza en todos los sentidos, espiritualmente, culturalmente, humanamente hablando, experimentar esa “empatía – evangélica” dar  y recibir, incluso hay momento que uno se siente evangelizado por ellos, por la sencillez, la humildad de las gentes, es algo impresionante, algo lindo, es un sembrar con Él, por Él, con  amor y confiar que lo sembrado  el Dueño de la mies se encarga en fructificar.

Háblenos de ustedes, del lugar de procedencia de cada de ustedes y del carisma de su congregación

Nuestra Congregación es de fundación española de Villa Nueva de Córdoba, fundada el 15 de noviembre de 1940.  Las hermanas que estamos aquí, dos somos paraguayas y la otra hermana es peruana juniora recién profesa y ya es el fruto de la misión, es la primera vocación peruana. El carisma de nuestra congregación es la tarea evangelizadora siendo nuestro centro la parroquia, celos por la salvación de las almas, buscar la mayor gloria de Dios, amando y sirviendo, anunciando la “Buena Noticia” haciendo que le conozcan y le amen, siendo presencia, semilleros de fe y de esperanza más en este tiempo difíciles que nos toca vivir y al mundo entero.

¿Qué impresión tuvieron al pisar tierra peruana? ¿Cuál es su trabajo allí?

La impresión muy buena, verdaderamente es una tierra de misión, donde hay mucho que hacer y ser dando testimonio. Particularmente yo me sentí muy bien, me dio la sensación como que ya estuve en otro tiempo por esta tierra.  Mi trabajo concretamente responsable de la comunidad, estar abierta a las necesidades de las gentes que llegan a nuestras casas ayudarlas en lo que se pueda y atendiendo la iglesia, estar al cuidado de las niñas, acompañándolas de forma personal, procuramos inculcarles los valores cristianos, promoción de la mujer, para que el día de mañana, cuando salgan de la casa hogar sean mejores personas y por sobre todo puedan ser útiles a sí mismos   y a la sociedad.

¿Cómo puede definir a las personas que conocen y su vida de fe?

Son personas muy buenas, voluntariosa, son sencillas, generosas, creyentes, los animadores son muy comprometidos con la comunidad cristiana.

¿Se sienten ustedes acompañadas por la Iglesia Diocesana de Córdoba?

Si nos sentimos muy acompañadas, muy agradecidas a Dios, pedimos siempre por la Iglesia Diocesana de Córdoba, para que el Espíritu de Dios les ilumine siempre para que siga acompañando y enviando misioneros que den testimonio de  la Buena Nueva.

¿Qué es lo que más les impresiona de las personas con las viven??

Son muy buenas personas, su entrega generosa, la sencillez y la manera de anunciar la fe-vida. Es increíble.

¿Que han aprendidos de ellos?

Muchas cosas, son testimonios vivos del evangelio, la manera sencilla de acercarse a las gentes.

Un hogar en Picota con acento cordobés

La Casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” fue inaugurada por el Obispo de la Prelatura de Moyobamba, monseñor Rafael Escudero, en el año 2015. Años antes, la decisión del misionero diocesano Francisco José Delgado había promovido la adquisición de unos terrenos gracias a la aportación de la Hermandad de Nuestra Señora de Araceli que dedicó la obra social del cincuentenario de la coronación de la venerada imagen lucentina a este proyecto. El Cabildo Catedral de Córdoba posibilitó su construcción en Shamboyacu durante el tiempo en que Francisco José Delgado y Leopoldo Rivero coincidieron como sacerdotes diocesanos enviados a la misión de Picota. Ambos consiguieron administrar recursos y esfuerzos hasta trazar un edificio inédito en la zona, destinado a chicas jóvenes vulnerables. Las hermanas Obreras pronto vieron en este edificio la continuidad natural de su carisma basado en la colaboración directa con la parroquia y en la ocupación tradicional de sus comunidades, siempre cercanas a la educación y cuidado de niños.

Una labor comprometida

Las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están al frente de la casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” donde acogen a más de 40 niñas que asisten en el colegio y reciben la atención básica. En el mismo edificio disponen de un comedor social en el que recibe chicas que estudian en poblaciones apartadas de Shambuyaco, donde se ubica el centro de estudios secundarios más importante de este distrito de Picota.

Este edificio es el resultado de la decisión misión diocesana de Córdoba en Picota que puso en juego la voluntad y la caridad de varias instituciones hasta convertirse el proyecto en una casa llena de posibilidades para chicas que estaban en riesgo de ser atrapadas por redes de tráfico de personas o abandonadas en aldeas de las alturas. Para la comunidad de Obreras del Sagrado Corazón esta casa representa un servicio imprescindible para la protección de las chicas pero también un lugar donde culminar la pastoral rural que desarrollan. Allí despliegan su vida comunitaria y participan de la eucaristía cuando los sacerdotes de la misión se trasladan hasta allí, momentos de comunión que cristalizan en una Iglesia viva.

Sacerdotes y religiosas siguen trabajando “mano a mano”. El sacerdote cordobés Leopoldo Rivero fue el encargado de recibir a las tres primeras hermanas Obreras que darían vida a esta comunidad en medio de la selva amazónica. La llegada de Francisco José Delgado, el sacerdote que en aquel momento compartía misión con él, configuró un equipo de trabajo decidido a levantar los muros de una casa como testigo de caridad y creatividad de la Iglesia Diocesana de Córdoba. Ambos recuerdan a las primeras religiosas en llegar como mujeres laboriosas y entregadas a la oración, al servicio parroquial y a la ayuda a quienes sufren. Una acción que cristalizó en la Casa-Hogar de donde han surgido ya vocaciones a la vida consagrada, siguiendo el carisma de las hermanas Obreras. Todas juntas están dispuestas a servir a la comunidad cristiana en Picota, a través de las capillas dispersas entre una población de 46.000 habitantes que vive en pequeños núcleos urbanos.

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La Parroquia Santa María La Mayor recibe un lienzo del beato Marcelo Spínola

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El 19 de enero es la fecha señalada en el calendario para celebrar la memoria del beato Marcelo Spínola, quien  fuera párroco de San Lorenzo y arzobispo de Sevilla, cuya causa de canonización se estudia actualmente en Roma, tras un presunto milagro que podría sumar su nombre a los santos de la Iglesia.

Con motivo del 115 aniversario del fallecimiento del cardenal Spínola, la Parroquia de Santa María La Mayor de Sanlúcar La Mayor recibió un lienzo del beato, sufragado por un devoto, obra del artista sevillano Manuel Mena.

“El lienzo lo encargué porque me pareció oportuno colocarlo en la parroquia por un doble motivo: ser un beato de nuestra Iglesia diocesana y, gracias a la presencia de las Esclavas del Divino Corazón en Sanlúcar, seguir extendiendo la devoción del beato en el pueblo. Todo ello contando con el permiso de la Delegación de  Patrimonio Cultural y la Vicaría General de la Archidiócesis de Sevilla”, ha referido el párroco de Santa María La Mayor, Ignacio Guillén.

“Marcelo Spínola respondió a los problemas de su tiempo, no tuvo miedo a dar respuestas a las cuestiones más acuciantes: la educación, la pobreza… muchos de estos temas siguen siendo actuales. Sus respuestas a los problemas de su época nacían de su cercanía con el Corazón de Jesús, centro de su vida. No de cálculos humanos sino de una profunda vida de oración y humildad innegable”, destacó.

Guillén informó que además de preparar los cultos anuales por la festividad del beato Marcelo Spínola el 19 de enero. “También queremos tener conmemoración mensual para seguir extendiendo la devoción”.

Sobre el autor del cuatro

Manuel Mena Bravo (Sevilla, 1987) desde pequeño mostró interés por la pintura, encontrando antecedentes en su familia, tanto de abuelos como de bisabuelos y conservando dibujos incluso desde cuando tenía cinco años.

Expresa que la idea de pintar al beato Marcelo Spínola fue un encargo del párroco de Santa María La Mayor, fiel devoto del cardenal y con una estrecha relación con la congregación de las Esclavas del Divino Corazón, presentes en Sanlúcar La Mayor.

Devoción personal por el beato Spínola

“Una vez que recibí el encargo, tuve la suerte de poder visitar el pequeño museo que tienen las Esclavas en el colegio de Sevilla, donde conservan gran parte de las pertenencias del beato Marcelo, para poder tomar fotografías y ver en persona algunos de los enseres que aparecerían después en la obra”.

Aunque conocía a Spínola con anterioridad – continúa- incluso ya mis abuelos eran devotos y hasta estuvieron en su beatificación, pero leer su biografía me ha acercado de una manera mucho más profunda a su vida, destacando el amor a Dios que sentía él y que lo reflejaba en la entrega de su vida por y para los pobres, todo un ejemplo de sencillez y de servicio al prójimo.

 “Un retrato que transmite”

Manuel Mena reconoce que ha sido “un retrato muy complicado, porque solo se conservan fotografías en blanco y negro de finales del siglo XIX y principios del XX, por lo que he tenido que traducirlo al color sin tener ninguna referencia real, a lo que había que sumarle también la calidad de las mismas, lo que dificultaba mucho representar el volumen de algunas partes ya que quedaban perdidas por completo”.

De igual manera admite que está muy contento de cómo ha quedado, “sobre todo después de  la respuesta de la gente al verlo, que han llegado a decirme que es un retrato que transmite, con unción. Me quedo con eso. Para mí es todo un orgullo poder tener una obra colgada en mi parroquia, la de mis padres, la de mis abuelos, la de mis bisabuelos…

Mena cursó estudios en la Facultad de Bellas Artes donde se licenciaría en la especialidad de Pintura en el año 2011. Durante esa etapa también recibió clases en el estudio de Ricardo Suarez al que considera uno de sus maestros. Posteriormente continuó su formación realizando el Máster de “Arte: Idea y producción” y el Máster Universitario en Profesorado (MAES) para finalmente realizar estudios de doctorado en la actualidad.

Entre sus referentes artísticos resalta principalmente pintores españoles como Velázquez, García Ramos, Antonio López, Hernán Cortés, por nombrar algunos de ellos. También algunos extranjeros como Bronzino, Bryan Organ o Justin Mortimer, entre otros.

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La labor de las Obreras en Picota esta semana en “Iglesia en Córdoba”

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La labor de las Obreras en Picota esta semana en “Iglesia en Córdoba”

La edición digital de la revista diocesana relata cómo estas religiosas misioneras se vuelcan con los más necesitados. Además, en las páginas de este semanario se encuentra toda la actualidad de la diócesis cordobesa

“Iglesia en Córdoba” publica esta semana como tema central el trabajo que están desarrollando las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús al frente de la Casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” en Picota,  donde acogen a más de 40 niñas que asisten en el colegio y reciben la atención básica.

La Casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” fue inaugurada por el Obispo de la Prelatura de Moyobamba, monseñor Rafael Escudero, en el año 2015. Años antes, la decisión del misionero diocesano Francisco José Delgado había promovido la adquisición de unos terrenos gracias a la aportación de la Hermandad de Nuestra Señora de Araceli que dedicó la obra social del cincuentenario de la coronación de la venerada imagen lucentina a este proyecto. El Cabildo Catedral de Córdoba posibilitó su construcción en Shamboyacu durante el tiempo en que Francisco José Delgado y Leopoldo Rivero coincidieron como sacerdotes diocesanos enviados a la misión de Picota.

Asimismo, se recogen otras noticias marcadas por la actualidad de la Diócesis como la IV Jornada del Educador, la fiesta de Santo Tomás de Aquino en el Seminario, la reunión del Consejo de Arciprestes o la celebración de los Siete Domingos de san José con san Juan de Ávila, entre otras.

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“La bondad de aquellas personas me ahondó mucho”

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“La bondad de aquellas personas me ahondó mucho”

María Teresa Álvarez Merlo ha participado en la misión diocesana de Picota en cuatro ocasiones

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Soy voluntaria en la Delegación de Misiones y allí tuve conocimiento de la expedición que se formó para el 2013 y me animé a ir.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

He tenido cuatro experiencias misioneras. En el viaje por tierras peruanas lo  que más me llamó la atención fue la exuberante naturaleza, ampliada después a los viajes por el interior de la selva. Es impresionante.

También el recibimiento por parte de la comunidad parroquial que fue espectacular, en la misa de la tarde nos encontramos en el altar mayor una decoración alusiva a temas de la Iglesia, como la barca, con todos nuestros nombres. Después de la misa, palabras de agradecimiento por nuestra acogida, cantos, aplausos, etc. Daba la sensación de estar en casa. Me impresionó mucho la labor de los misioneros y misioneras que trabajan en Picota y los poblados que pertenecen a ella.

Por supuesto las grandes vivencias que tuvimos entre aquellas buenas gentes en la asistencia a la administración Bautismo, Confirmación, Matrimonio y Santa Unción de enfermos a moribundos. Igualmente en nuestro viajes de fin de semana a las alturas, poblados como Sagrado Corazón, Pampa del Inca, etc. y a los poblados ribereños como Buenos Aires, Tres Unidos o Misquicayu. También, como catequista, tuve una gran experiencia con la asistencia a la Nucleaciones, acompañando al misionero. Las Nucleaciones son reuniones en un  pueblo en concreto  de Catequistas, que allí llaman Animadores, de los pueblos cercanos, para recibir formación por parte del misionero.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

En primer lugar la fe tan grande que tienen. Son capaces de de andar kilómetros por la selva de noche, porque allí a las seis anochece, para asistir a la Eucaristía, quizás la única en un año, ya que los misioneros no dan abasto. También su bondad y su acogimiento, son muy hospitalarios.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Aprendí a valorar lo que tengo, sin haber aportado ningún mérito. La bondad de aquellas personas me ahondó mucho. Qué Horas Santa vividas con tanto fervor por su parte.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

Si, aquí en Córdoba con algún misionero con  el que coincidí allí y con otros por medios de redes sociales. A todos les guardo afecto y respeto. En la medida de mis posibilidades ayudo a la Misión de Picota.

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Viernes, 29 de enero

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