“La bondad de aquellas personas me ahondó mucho”

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“La bondad de aquellas personas me ahondó mucho”

María Teresa Álvarez Merlo ha participado en la misión diocesana de Picota en cuatro ocasiones

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Soy voluntaria en la Delegación de Misiones y allí tuve conocimiento de la expedición que se formó para el 2013 y me animé a ir.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

He tenido cuatro experiencias misioneras. En el viaje por tierras peruanas lo  que más me llamó la atención fue la exuberante naturaleza, ampliada después a los viajes por el interior de la selva. Es impresionante.

También el recibimiento por parte de la comunidad parroquial que fue espectacular, en la misa de la tarde nos encontramos en el altar mayor una decoración alusiva a temas de la Iglesia, como la barca, con todos nuestros nombres. Después de la misa, palabras de agradecimiento por nuestra acogida, cantos, aplausos, etc. Daba la sensación de estar en casa. Me impresionó mucho la labor de los misioneros y misioneras que trabajan en Picota y los poblados que pertenecen a ella.

Por supuesto las grandes vivencias que tuvimos entre aquellas buenas gentes en la asistencia a la administración Bautismo, Confirmación, Matrimonio y Santa Unción de enfermos a moribundos. Igualmente en nuestro viajes de fin de semana a las alturas, poblados como Sagrado Corazón, Pampa del Inca, etc. y a los poblados ribereños como Buenos Aires, Tres Unidos o Misquicayu. También, como catequista, tuve una gran experiencia con la asistencia a la Nucleaciones, acompañando al misionero. Las Nucleaciones son reuniones en un  pueblo en concreto  de Catequistas, que allí llaman Animadores, de los pueblos cercanos, para recibir formación por parte del misionero.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

En primer lugar la fe tan grande que tienen. Son capaces de de andar kilómetros por la selva de noche, porque allí a las seis anochece, para asistir a la Eucaristía, quizás la única en un año, ya que los misioneros no dan abasto. También su bondad y su acogimiento, son muy hospitalarios.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Aprendí a valorar lo que tengo, sin haber aportado ningún mérito. La bondad de aquellas personas me ahondó mucho. Qué Horas Santa vividas con tanto fervor por su parte.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

Si, aquí en Córdoba con algún misionero con  el que coincidí allí y con otros por medios de redes sociales. A todos les guardo afecto y respeto. En la medida de mis posibilidades ayudo a la Misión de Picota.

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