Alegría para una tarea exigente

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Alegría para una tarea exigente

Las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están presentes en la provincia de Picota desde 2013

Madre Lilian Concepción Sosa Paniagua, cariñosamente “Conce”, es la superiora parte de la comunidad del Señor de los Milagros en Shamboyacu (Perú) desde hace casi diez años. Desde 2013, las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están presentes en la provincia de Picota, donde la misión diocesana cordobesa cumple 10 años de servicio. Llegaron, siguiendo su carisma fundado en Villanueva de Córdoba tres hermanas, Ana, Ilda y María Isabel a las que después sucedieron otras religiosas. En aquel momento fueron acogidas por los sacerdotes misioneros en Picota Francisco José Delgado y Leopoldo Rivero, enviados por el Obispo a la provincia peruana de la prelatura de Moyobamba. Las primeras religiosas se alojan en una sencilla vivienda junto a la parroquia de Santa María del Soterraño de Shamboyacu donde el sacerdote cordobés Juan Ropero había construido la capilla del Señor de los Milagros, nombre que adoptaría la comunidad de hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús.  Junto a la hermana ”Conce”, en la actualidad, la comunidad de hermanas Obreras del Corazón de Jesús está compuesta por otras dos religiosas: la hermana Saturnina Amarilla Gavilan y la hermana Carmen Flor Jaime Huaman. Ahora en Shamboyacu dirigen la Casa –Hogar “Nuestra Señora de Araceli” donde viven más de 40 niñas. Madre “Conce” y sus hermanas están dispuestas a ofrecerles un futuro y, sobre todo, entregarles la riqueza impagable de darles a conocer a Jesús.

Qué significado tiene para ustedes vivir la misión como personas consagradas.

Bueno personalmente, es una misión   muy significativa, gozosa en todas las dimensiones que un ser humano puede vivir y más aún como personas consagradas, es una riqueza en todos los sentidos, espiritualmente, culturalmente, humanamente hablando, experimentar esa “empatía – evangélica” dar  y recibir, incluso hay momento que uno se siente evangelizado por ellos, por la sencillez, la humildad de las gentes, es algo impresionante, algo lindo, es un sembrar con Él, por Él, con  amor y confiar que lo sembrado  el Dueño de la mies se encarga en fructificar.

Háblenos de ustedes, del lugar de procedencia de cada de ustedes y del carisma de su congregación

Nuestra Congregación es de fundación española de Villa Nueva de Córdoba, fundada el 15 de noviembre de 1940.  Las hermanas que estamos aquí, dos somos paraguayas y la otra hermana es peruana juniora recién profesa y ya es el fruto de la misión, es la primera vocación peruana. El carisma de nuestra congregación es la tarea evangelizadora siendo nuestro centro la parroquia, celos por la salvación de las almas, buscar la mayor gloria de Dios, amando y sirviendo, anunciando la “Buena Noticia” haciendo que le conozcan y le amen, siendo presencia, semilleros de fe y de esperanza más en este tiempo difíciles que nos toca vivir y al mundo entero.

¿Qué impresión tuvieron al pisar tierra peruana? ¿Cuál es su trabajo allí?

La impresión muy buena, verdaderamente es una tierra de misión, donde hay mucho que hacer y ser dando testimonio. Particularmente yo me sentí muy bien, me dio la sensación como que ya estuve en otro tiempo por esta tierra.  Mi trabajo concretamente responsable de la comunidad, estar abierta a las necesidades de las gentes que llegan a nuestras casas ayudarlas en lo que se pueda y atendiendo la iglesia, estar al cuidado de las niñas, acompañándolas de forma personal, procuramos inculcarles los valores cristianos, promoción de la mujer, para que el día de mañana, cuando salgan de la casa hogar sean mejores personas y por sobre todo puedan ser útiles a sí mismos   y a la sociedad.

¿Cómo puede definir a las personas que conocen y su vida de fe?

Son personas muy buenas, voluntariosa, son sencillas, generosas, creyentes, los animadores son muy comprometidos con la comunidad cristiana.

¿Se sienten ustedes acompañadas por la Iglesia Diocesana de Córdoba?

Si nos sentimos muy acompañadas, muy agradecidas a Dios, pedimos siempre por la Iglesia Diocesana de Córdoba, para que el Espíritu de Dios les ilumine siempre para que siga acompañando y enviando misioneros que den testimonio de  la Buena Nueva.

¿Qué es lo que más les impresiona de las personas con las viven??

Son muy buenas personas, su entrega generosa, la sencillez y la manera de anunciar la fe-vida. Es increíble.

¿Que han aprendidos de ellos?

Muchas cosas, son testimonios vivos del evangelio, la manera sencilla de acercarse a las gentes.

Un hogar en Picota con acento cordobés

La Casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” fue inaugurada por el Obispo de la Prelatura de Moyobamba, monseñor Rafael Escudero, en el año 2015. Años antes, la decisión del misionero diocesano Francisco José Delgado había promovido la adquisición de unos terrenos gracias a la aportación de la Hermandad de Nuestra Señora de Araceli que dedicó la obra social del cincuentenario de la coronación de la venerada imagen lucentina a este proyecto. El Cabildo Catedral de Córdoba posibilitó su construcción en Shamboyacu durante el tiempo en que Francisco José Delgado y Leopoldo Rivero coincidieron como sacerdotes diocesanos enviados a la misión de Picota. Ambos consiguieron administrar recursos y esfuerzos hasta trazar un edificio inédito en la zona, destinado a chicas jóvenes vulnerables. Las hermanas Obreras pronto vieron en este edificio la continuidad natural de su carisma basado en la colaboración directa con la parroquia y en la ocupación tradicional de sus comunidades, siempre cercanas a la educación y cuidado de niños.

Una labor comprometida

Las hermanas Obreras del Sagrado Corazón de Jesús están al frente de la casa-Hogar “Nuestra Señora de Araceli” donde acogen a más de 40 niñas que asisten en el colegio y reciben la atención básica. En el mismo edificio disponen de un comedor social en el que recibe chicas que estudian en poblaciones apartadas de Shambuyaco, donde se ubica el centro de estudios secundarios más importante de este distrito de Picota.

Este edificio es el resultado de la decisión misión diocesana de Córdoba en Picota que puso en juego la voluntad y la caridad de varias instituciones hasta convertirse el proyecto en una casa llena de posibilidades para chicas que estaban en riesgo de ser atrapadas por redes de tráfico de personas o abandonadas en aldeas de las alturas. Para la comunidad de Obreras del Sagrado Corazón esta casa representa un servicio imprescindible para la protección de las chicas pero también un lugar donde culminar la pastoral rural que desarrollan. Allí despliegan su vida comunitaria y participan de la eucaristía cuando los sacerdotes de la misión se trasladan hasta allí, momentos de comunión que cristalizan en una Iglesia viva.

Sacerdotes y religiosas siguen trabajando “mano a mano”. El sacerdote cordobés Leopoldo Rivero fue el encargado de recibir a las tres primeras hermanas Obreras que darían vida a esta comunidad en medio de la selva amazónica. La llegada de Francisco José Delgado, el sacerdote que en aquel momento compartía misión con él, configuró un equipo de trabajo decidido a levantar los muros de una casa como testigo de caridad y creatividad de la Iglesia Diocesana de Córdoba. Ambos recuerdan a las primeras religiosas en llegar como mujeres laboriosas y entregadas a la oración, al servicio parroquial y a la ayuda a quienes sufren. Una acción que cristalizó en la Casa-Hogar de donde han surgido ya vocaciones a la vida consagrada, siguiendo el carisma de las hermanas Obreras. Todas juntas están dispuestas a servir a la comunidad cristiana en Picota, a través de las capillas dispersas entre una población de 46.000 habitantes que vive en pequeños núcleos urbanos.

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