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Casi medio millón de euros para dos proyectos de internacionales de la FDSM

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Nace en la Parroquia de San José el proyecto «Noé»

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La celebración del Año Jubilar Josefino que la Santa Sede concedió a la Parroquia de San José (Cádiz), ha sido un año marcado por la pandemia que ha asolado al mundo en donde la mortalidad y, en general, la penosidad asociada a esta pandemia se ha hecho significativamente más grave en las personas de mayor edad. Más vulnerables que nunca, a la soledad de la vejez no sólo han superpuesto el aislamiento físico del estado de alarma, con sus confinamientos y cuarentenas, sino también, además, el insólito aislamiento emocional de medidas restrictivas del contacto con familiares, amigos y vecinos de menor edad.

Nuestra sociedad tiene una cuenta pendiente con los mayores. Este tiempo ha agudizado y hecho visible un déficit ético en el actual concepto de vejez, que no parece que se vea ya como una etapa más de nuestra vida con pérdidas y ganancias, con fecundidad y sentido, sino como un declive en el que la persona pierde su valor humano y es vista como carga improductiva, como prescindible. Sin embargo, negar valor social a la ancianidad conduce a considerar que las personas “valen” o “interesan” más unas que otras según el calendario.

En la medida de nuestras posibilidades, creemos que como parroquia debemos hacer nuestro este desafío del tiempo difícil que vivimos, arropando la debilidad encarnada en los mayores de nuestra propia feligresía y enfrentando la frialdad impuesta por la distancia social a base de calor humano de la comunidad parroquial, respetando las medidas sanitarias pero acercándonos con el corazón, haciéndonos protectores, como San José. Este es el Proyecto Noé, una iniciativa parroquial que comenzó el pasado mes de octubre para concretar de manera sencilla la fe, la esperanza y la caridad. Noé: descanso, consolación.

El proyecto Noé se dirige directamente a las personas mayores (65 o más años, como referencia flexible) de la feligresía de la Parroquia de San José que estén viviendo, con un sufrimiento evitable, la soledad de este tiempo de aislamiento forzado.

Desde un punto de vista complementario, al pretender que esta iniciativa sea una respuesta de la comunidad parroquial con algunos de sus feligreses, el proyecto tiene también por destinataria a la propia comunidad de San José, que es la que debe activarse ante la necesidad detectada.

El objetivo general del proyecto es aliviar la penosidad emocional y espiritual del aislamiento de las personas mayores de la feligresía de la Parroquia de San José (Cádiz), agravado por la situación de pandemia del Covid-19.

Específicamente, proponen:

  1. a) Conocer mejor la realidad personal de los mayores de nuestra feligresía que sufren a causa de la soledad.
  2. b) Mantener viva la comunicación y mejorar el vínculo entre la comunidad parroquial y las personas mayores de la feligresía que necesiten más atención.
  3. c) Favorecer el manejo de las nuevas tecnologías de comunicación.
  4. d) Facilitar la gestión de la soledad y el desarrollo vital en la vejez como etapa dotada de sentido, con posibilidades de crecimiento.
  5. e) Sensibilizar al conjunto de la feligresía sobre el valor de la ancianidad y el riesgo de que cierto edadismo y gerontofobia calen en la sociedad, por efecto del Covid-19 y el debilitamiento de las raíces espirituales de la cultura.
OBJETIVO ESPECÍFICO ACTIVIDAD
 

1. Conocer mejor la realidad personal de los mayores de nuestra feligresía que sufren a causa de la soledad.

–  Recabar información de las personas interesadas en reforzar el vínculo con la parroquia, debido a su soledad o a la precariedad de medios para realizar actividades básicas (compra  de alimentos o medicinas, citas médicas, etc..).

–   Diseño de un sistema de Base de Datos respetuoso con la normativa de protección de datos de carácter personal.

–   Elaboración del procedimiento para entrar en contacto con los mayores, documentar consentimiento, detectar necesidades, estudiar posibilidades de atención y proponer el tipo de servicio

adecuado/asumible. Incluirá previsión para evaluar el proyecto.

2. Mantener viva la comunicación y mejorar el vínculo entre la comunidad parroquial y las personas mayores de la feligresía que

necesiten más atención.

–   Apertura de una línea de acompañamiento telefónico, cuya frecuencia y características ha de ser objeto de estudio previo en una guía de conversación y pautas.

–    Compromiso por parte de los voluntarios que asuman personalmente el acompañamiento.

–  Anotación del acompañamiento en la Base de datos

3. Favorecer el manejo de las nuevas tecnologías de comunicación.  

– Taller “Conectado a la vida”

 

4. Facilitar la gestión de la soledad y el desarrollo vital en la vejez como etapa dotada de sentido, con posibilidades de crecimiento.

–   Análisis de las necesidades del alma detectadas a través del acompañamiento telefónico o en encuestas/entrevistas

–  Diseño y constitución de un espacio grupal para la estimulación de la memoria, la formación y el debate de temas de interés que tengan un hilo temático conductor y permitan testimoniar su capital social, a propuesta del Equipo motor (incidencia del Covid en sus vidas, experiencia de la transición, vivencia de la soledad..)

–  Edición de un informe anual sobre la experiencia compartida y

un audio o libro recopilador de la perspectiva de los participantes

5. Sensibilizar al conjunto de la feligresía sobre el valor de la ancianidad y el riesgo de que cierto               edadismo                y gerontofobia calen en la sociedad, por efecto del Covid- 19 y el debilitamiento de las raíces espirituales de la cultura.  

– Comunicación trimestral a la comunidad parroquial de la marcha del proyecto

– Apertura a toda la feligresía del espacio grupal creado, cuando los temas de formación y debate contribuyan a la sensibilización

– Organización de Jornadas de defensa del valor social del mayor, con presentación del libro de experiencias y perspectivas de la transición

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Cuatro ideas para avanzar como Pueblo de Dios

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Somos el Pueblo de Dios, un pueblo constituido, un pueblo que quiere caminar unido: obispos, sacerdotes, consagrados, laicos, mayores, jóvenes, niños, célibes, casados, solteros… Vivimos tiempos para unir, para sumar, para construir, para soñar, para cuidar, para perdonar; vivimos tiempos para mirar al futuro con esperanza, siendo realistas, positivos y empáticos. Por eso, hemos de vivir esta crisis que soportamos, como un tiempo de gracia para acercarnos más plenamente a la verdad, que desprecia ocupar espacios de poder y se complace con impulsar, generar nuevos procesos que transformen realidades y estructuras.

Tenemos una gran misión, una gran vocación, anunciar a Jesús, que ha muerto y resucitado por nosotros. Nuestra misión es anunciar su mensaje y actuar en consecuencia, haciendo frente a los actuales retos sociales. En ello, nos jugamos la credibilidad de una Iglesia en salida, por eso necesitamos hacernos oír de una forma más convincente y trabajar, sin descanso, unidos por un mundo mejor.

Me gustaría en estos días de Cuaresma y después del sanador viaje del papa Francisco a Irak, compartir cuatro ideas para avanzar, que nos pueden ayudar a mirar a lo alto, a ver más allá del horizonte gris en el que estamos instalados, a abrir nuevos espacios de esperanza y a huir de esta soledad no buscada que nos cerca y angustia:

1. Sería un error, cuando pase la pandemia, cuando llegue ese momento, que llegará, volver sobre los mismos modelos pastorales establecidos, sobre las mismas estructuras pastorales. Como nos recuerda el papa Francisco, la Iglesia no puede ser una Iglesia que actúa siguiendo el modelo “de siempre se ha hecho así”, donde el clericalismo campee a su gusto. Un clericalismo que no tiene por qué ser encarnado solo por sacerdotes o por la vida consagrada, sino desgraciadamente también por laicos. Vivimos en tiempos de renovación, de regeneración.  Francisco nos anima a ir adelante, “no hay que tener miedo a las reformas, incluso si exigen sacrificios y no pocas veces un cambio de mentalidad. Todo cuerpo vivo necesita reformarse continuamente” (8.02.2021).

Durante este tiempo que hemos vivido ha quedado, en un buen número de situaciones, a la intemperie la falta de formación religiosa y la falta de espiritualidad que sufrimos. Hemos insistido mucho en la libertad de culto, de aforos, de apertura de templos…y tenemos razón, se tienen que respetar nuestros derechos, con las debidas medidas de seguridad sanitarias. Pero parece que hemos profundizado poco en nuestra realidad plena en Cristo, en nuestra vida cristiana, individualmente, en familia y comunidad.

La Eucaristía tiene que ser para nosotros la puerta para llegar a los demás, fuente y cumbre de nuestra vida cristiana. Por eso, no cosifiquemos la Eucaristía, los sacramentos, que no sean una aduana, como nos recuerda Francisco, una frontera de buenos y malos. Esta realidad señala carencias graves en nuestra práctica pastoral actual que habrá que corregir. Por otro lado, sabemos bien que la libertad de culto no es solo un derecho relacionado con la libertad de reunión, es mucho más, deriva del derecho a la libertad religiosa, que es el primer y fundamental derecho humano, como reiteradamente nos recuerda Francisco. Por ello, la libertad de culto tiene que ser respetada, incluso protegida y defendida por las autoridades públicas, es además un derecho fundamental recogido en nuestra Constitución.

2. Sin duda vivimos en un tiempo de gracia y de un gran desafío: Descubrir la dimensión social del Evangelio, que debe ser para nosotros una nueva oportunidad para estar al servicio de la sociedad, para hacer presente a Cristo en medio de la ciudad, en medio de nuestros contemporáneos. Para ello, hay que devolver el Evangelio al centro de nuestra vida.

El servicio a los demás en nuestro trabajo diario, tiene que ser para los cristianos una forma eficaz de expresar nuestra fe, de reflejar una Iglesia que está presente en el mundo de hoy. No somos edificios y estructuras más o menos bellas y organizadas, tenemos que ser una Iglesia en salida, una Iglesia en la calle, en medio de la gente. Todos hemos experimentado que hay muchas personas que vienen junto a nosotros, a la Iglesia, porque han vivido una experiencia profunda de servicio. Como en muchas de nuestras casas ha florecido una verdadera Iglesia doméstica en medio de tantas limitaciones, de tantas soledades, donde la gracia del Señor se hace presente para redescubrir el sentido cristiano de nuestras familias. Ello nos da pistas hacia donde avanzar en el futuro, abriendo nuevos horizontes a una Iglesia que es familia de familias. Descubrimos así a la familia como fuente de la acción pastoral y no solo como destinataria de esta. La familia debe de acompañar también a sus miembros, como parte de su vocación cristiana, al asumir sus responsabilidades sociales y políticas.

3. Necesitamos redescubrir la fraternidad y dejar atrás la confrontación, el conflicto. Apostando por el diálogo, que como nos dice el papa Francisco, nos “abre a lo nuevo, a cambiar de opinión gracias a lo que ha escuchado de los demás”. El Evangelio nos inspira en la vida política, en la vida pública, y nos dice que no es posible establecer las normas de juego y más tarde olvidarlas. Necesitamos un marco ético de orden superior que busque el bien común de todos. Pero también todos, ciudadanos y gobernantes hemos de respetar las reglas de juego democráticas y buscar lo más adecuado para desarrollarlas en cada momento. No obstante, necesitamos una creatividad permanente, la realidad supera lo previsto en las normas jurídicas que tienen que estar siempre en plena renovación y equilibrio. Sin duda, hay que reconocer que la vida social es diversa, siempre cambiante y muy compleja.

Hemos de ser conscientes que vivimos en medio de un gran pluralismo que no puede ser un impedimento para exigir un marco ético bien articulado. No todo vale y más cuando vivimos en medio de procesos políticos tecnológicamente muy avanzados, donde el marketing digital, las redes sociales e incluso la fake news no garantizan el desarrollo normalizado de la vida política. No es posible separar la política de la ética, cuando esto ocurre debemos estar preparados, ya que se generan graves consecuencias de carácter totalitario, de cualquier signo, que siempre termina en horror y caos.

Estamos viviendo en los últimos meses, en plena pandemia, un proceso acelerado de gestación y aprobación de diversas normas que pueden nacer sin el consenso social y político que necesitarían. Sin duda, es una gran equivocación que solo contribuirá abrir nuevos abismos sociales. Vivimos una auténtica catástrofe educativa y vital, ante la que no podemos quedarnos de brazos cruzados, por el bien de las próximas generaciones y de la misma sociedad.

4. La pandemia nos ha colocado ante un gran precipicio sanitario, social y económico de hondas consecuencias futuras. Pero también ha funcionado como un espejo donde hemos podido contemplar el egoísmo de nuestra sociedad y de lo que el papa llama “cultura del descarte” donde muchos quedan en las cunetas de la vida. Tenemos que reaccionar no podemos seguir igual que siempre, tenemos que iniciar un nuevo camino, sufriremos, pero no tenemos otra opción como cristianos, como seguidores de Jesús. Solo la cruz salva.

Estamos viviendo un año lleno de desánimo, de desesperación y luto para muchos. Crece el desapego social, en un mundo hiperconectado, pero al mismo tiempo muy dividido y fragmentado.  Esto ha puesto a las personas en una espiral de desapego y sospecha mutua, e impulsado a los Estados a construir barreras. Nuestro estilo de vida, al menos el del primer mundo, ha sufrido un gran varapalo, donde certezas, comodidades y nuevas experiencias han desaparecido. Vivimos contrariados por las noticias que nos llegan de un mundo varado y gripado. Hemos de reaccionar, individual y colectivamente, como sociedad. Esto nos lleva a la necesidad de replantear, como manifestó el papa Francisco al Cuerpo Diplomático hace unos días, “la relación entre la persona y la economía”, que debe humanizar y cuidar, no lo contrario. Vivimos pues ante una gran crisis de las relaciones humanas, en una crisis antropológica global, que compromete gravemente el mismo ser profundo de la dignidad de la persona humana. El historiador israelí Yuval Noah Harari asegura que las decisiones que se tomen ahora tendrán un impacto durante años y décadas. Él insiste que es una gran incógnita “ver si logramos lidiar con esto unidos como humanidad”.

En esta crisis que estamos viviendo, sabemos bien, que como Iglesia no podemos ofrecer soluciones definitivas, pero si pedir una mayor cooperación de todos los actores implicados.  Nosotros como creyentes tenemos que ser servidores de la comunidad, para abrir nuevos horizontes de esperanza para todos. Muchos esperan de la Iglesia que alumbre nuevos caminos, ya estamos en camino, ensanchando el camino de la fraternidad. Nuestra tarea es cuidar a todos, como el Buen Samaritano, acompañar a los más débiles y sostener el planeta que nos cobija. “Nadie se salva solo”, nos repite una y otra vez el papa Francisco, por eso, con mucha confianza y perseverancia hemos de preparar el futuro. Aquí y ahora.

Enrique Belloso Pérez

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Lo que puede una sonrisa en “Al Trasluz”

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Lo que puede una sonrisa en “Al Trasluz”

El sacerdote Antonio Gil nos recuerda que son los testimonios de gente sencilla los que nos evangelizan

Antonio Gil

Sacerdote

Contaba monseñor Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, que cuando estaba como obispo en la diócesis de Guadix-Baza, visitó a una mujer anciana que, desde hacía años, estaba postrada en una cama. No podía hablar. Escuchaba con interés, lo decía su rostro, y sobre todo, miraba con una mirada penetrante. Al entrar en la habitación, la hija le dijo a su madre: “Mamá, mira, el señor obispo ha venido a verte”.

Y en un precioso artículo, publicado después en la revista Vida Nueva, comentaba el prelado: “Ella me miró y sólo me ofreció una hermosa sonrisa. Aquella mujer me evangelizó con una sonrisa; me hizo sentir el amor de Dios desde su pobreza, desde su postración. Con esa sonrisa me transmitió que la cruz por la que pasaba era el verdadero camino de la salvación. Me agradeció que, aunque fuera por un instante, la hiciera sentirse importante, que fuera ella el rostro de Dios para mí. Ciertamente que los pobres nos evangelizan. Son muchas las palabras, los gestos y testimonios de gente sencilla que nos hablan con claridad contundente de Dios. Evangelizar es anunciar la buena noticia del amor de Dios, es transmitir la verdad que abarca la vida del hombre y del mundo, desde la mirada y la voluntad de Dios. Por eso, todos tenemos que preguntarnos por qué confundimos verdad con dureza. Pensamos que la verdad se defiende con dureza. No, la verdad no necesita de nuestra dureza. Si algo necesita es una sonrisa. A mí, la sonrisa de aquella mujer que Dios había puesto a mi cuidado, me evangelizó”.

En esta Cuaresma de pesadumbres y sufrimientos, ofrezcamos, al menos, una sonrisa de esperanza y consuelo. Puede convertirse en “la sonrisa de Dios”.

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Presentado el libro “Una casa de cristal”

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La Facultad de Teología de Sevilla vuelve a las clases presenciales

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La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla retoma las clases presenciales a partir de mañana, jueves 11 de marzo. La decisión se ha tomado tras el anuncio de las nuevas medidas adoptadas por la Junta de Andalucía.

De este modo, se mantienen los días y horarios establecidos al inicio del Curso académico, siendo ésta la única modalidad para impartir las clases, “no habiendo por tanto clases online“, resaltan en su página web.

Por otra parte, también han informado que aquellos alumnos que tengan su residencia en alguno de los municipios cerrados perimetralmente, podrán solicitar a la Secretaría académica del centro un certificado que les permita asistir a las clases presenciales.

Más información en el teléfono 954 23 13 13 y en el correo info@sanisidoro.net

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Cáritas Diocesana de Cádiz ha acompañado a causa de la pandemia a más de 4.000 familias nuevas en el año 2020

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Cuando se cumple el aniversario de la declaración del estado de alarma a causa del impacto de la Covid-19 en nuestro país, Cáritas rinde cuentas de cuál ha sido su respuesta en los últimos doce meses a los graves efectos sociales de la pandemia.

Cáritas, además, quiere hacer un reconocimiento al profundo dolor por las pérdidas humanas que sigue causando el coronavirus en el conjunto de la sociedad y, como parte de ella, en la familia Cáritas y en su amplia base social.

La respuesta de Cáritas en la Diócesis de Cádiz

Desde el comienzo de la crisis sanitaria y las restricciones a la movilidad, el empeoramiento en las condiciones de vida de la población se sintió muy  rápidamente en nuestra red de recursos de acogida y asistencia. Las demandas de ayuda se intensificaron desde el mismo mes de marzo y numerosas familias que, antes no habían tenido que acudir a pedir ayuda a Cáritas comenzaron a llamar a nuestras puertas.

En términos absolutos, esta crisis ha provocado que en torno a unas 4.000 familias nuevas hayan acudido por primera vez a Cáritas o hayan acudido después de mucho tiempo sin necesitarlo.

Cáritas Diocesana de Cádiz ha centrado la respuesta a la Covid en los últimos doce meses en tres aspectos concretos:

-Mantener el apoyo a las familias con las que ya se estaba trabajando, y cuya situación se ha agravado con esta crisis.

-Acompañar a las familias que acuden por primera vez a causa de la precariedad sobrevenida ante esta realidad.

-Adaptar la acción de voluntarios y contratados a la nueva situación impuesta por el distanciamiento social para garantizar el acompañamiento a las personas que demandan el apoyo de Cáritas.

Al igual que el resto de las Cáritas Diocesanas del territorio nacional, nuestra Cáritas Diocesana de Cádiz ha tenido que reinventar su método de atención y acompañamiento a causa de la pandemia. Muchas actividades, al menos en la primera fase, fueron necesariamente suspendidas o aplazadas, como las acciones presenciales de formación, las visitas domiciliarias a mayores o los trabajos y dinámicas con grupos vulnerables. En algunos proyectos, donde la presencia física era estrictamente necesaria, las mayores dificultades vinieron por la ausencia de equipos de protección y por la falta de personal.

La pandemia nos ha llevado a incorporar un acompañamiento telemático basado en la multiplicación de la escucha telefónica y el uso de aplicaciones digitales de conexión, el recurso a transferencias económicas para sustituir las ayudas en especie o la recepción online de documentación.

Para afrontar la vulnerabilidad de las familias, agravada o sobrevenida por la crisis, Cáritas ha tratado de asegurar un seguimiento en el acompañamiento personalizado, incorporando medidas de prevención y seguridad, y, durante las semanas de confinamiento, garantizar este acompañamiento a través de teléfono y canales digitales; acompañar a personas solas, avanzar en la dignificación del derecho a la alimentación, fomentando el uso de tarjetas solidarias; y el apoyo en el propio domicilio.

Explosión de solidaridad

Más allá del compromiso de las personas voluntarias y contratadas durante la pandemia, la respuesta de Cáritas a las necesidades de esta emergencia está siendo posible gracias a la movilización social y a la explosión de solidaridad que la sociedad gaditana y española, a través de Cáritas Española, mostró desde el inicio, y que se ha manifestado de manera muy intensa desde el lanzamiento, el 14 de marzo de 2020, de la campaña “Cáritas ante el Coronavirus”.

Esta corriente de solidaridad se ha traducido en la generosa donación de personas particulares y entidades privadas que ha permitido apoyar los proyectos sociales que han dado respuesta a la crisis de la pandemia. El total de las donaciones recibidas para la campaña ha ascendido a 188.312,26 euros.

De estos fondos, el 53% provienen de 128 donantes particulares y el 47% de 32 empresas e instituciones privadas.

Por todo ello, Cáritas Diocesana de Cádiz no puede hacer otra cosa que agradecer este apoyo a nuestra labor y la gran confianza demostrada hacia nuestra dedicación y capacidad de atender la dura realidad de la pobreza material de las familias más vulnerables. La solidaridad, tanto de donantes como de colaboradores nos ha permitido seguir estando cerca de las personas afectadas.

Recursos invertidos

En términos de inversión económica a las necesidades de la pandemia, Cáritas en la Diócesis de Cádiz ha movilizado en el último año estas partidas:

– 181.000 euros a ayudas directas, que han permitido a las familias que acompañamos cubrir en parte necesidades tan básicas como la alimentación, la higiene, los gastos de vivienda o de suministros.

– 5.000 euros para la contratación de personal de refuerzo en el Comedor Social de Algeciras.

El Impacto de la pandemia en las personas excluidas

Los datos que reflejaba la memoria de actividades 2019 de Cáritas Diocesana indicaban que, en los meses previos a la COVID-19, habíamos notado un descenso en la atención prestada provocada por la mejora de la situación económica. En total, en el año 2019 Cáritas atendía 5.855 familias. Sin embargo, una vez que comienza la crisis económica derivada de la pandemia, muchas familias que habían logrado una recuperación pero precaria “sociedad insegura” vuelven a caer en la zona de exclusión, a las que se unen familias que no habían, antes, necesitado ayuda.

En datos absolutos, unas 4.000 familias se han sumado a la atención de Cáritas en el año 2020. Esto ha supuesto la necesidad de reforzar los planes de atención primaria para poder atender dichas necesidades. Estas familias responden al perfil de personas que viven en hogares que no pueden hacer frente a los gastos de suministros de su vivienda, es decir, no pueden calentarse adecuadamente o no pueden encender la luz siempre que lo necesitan. Otras familias, se han visto obligadas a cambiar de residencia para disminuir los gastos. Para casi  el 45% de los hogares atendidos por Cáritas afrontar los gastos derivados de la vivienda suponen una grave dificultad.

Un impacto especial en las familias con menores, en los mayores solos y las personas sin hogar

Cáritas constata cómo el confinamiento potenció la desigualdad tecnológica y agudizó la brecha digital, que se convierte en un factor exclusógeno, es decir, es consecuencia y a la vez causa de la exclusión social. Muchas familias acompañadas por Cáritas están en una situación de cierto apagón tecnológico al no contar con conexión ilimitada, dispositivo o competencias suficientes para manejarse en internet.

La soledad ha sido otra de los dramas impuestos por la pandemia. Aunque esta no es una realidad nueva, la situación de aislamiento físico a la que se han visto sometidas muchas personas mayores, claramente la endurece. La vulnerabilidad social evidenciada en esta crisis también pone de manifiesto los escasos recursos que existen para favorecer los cuidados en los domicilios, lo que propicia mayor desprotección en las personas mayores y en quienes las cuidan, ya sean empleadas o familiares.

El impacto de la Covid ha sido, también, tremendamente costoso para las personas sin hogar donde poder refugiarse, cuidarse o pasar el confinamiento inicial, una carencia que, si ya aumenta su vulnerabilidad de forma general, se ha visto agravada durante la pandemia al dificultarse –o imposibilitarse— el acceso a espacios de higiene y/o aislamiento. Dormir en la calle o permanecer en alojamientos temporales o de emergencia ha expuesto, además, a un alto riesgo de transmisión del virus a las personas sin hogar, una población ya de por sí de alto riesgo médico, que en muchas ocasiones se ven desproporcionalmente afectados por problemas añadidos de salud y/o discapacidad.

Impacto en el voluntariado

Los recursos humanos de Cáritas no han sido ajenos a esta crisis, muy especialmente en las personas voluntarias, sobre todo si se tiene en cuenta que una parte  importante tiene más de 65 años y, por tanto, parte de uno de los grupos de riesgo ante el virus. Esto ha supuesto una reducción significativa del voluntariado activo, que, a causa del aislamiento y autoprotección, se vio reducido en un 35% durante el confinamiento y en un 25% en estos momentos.

Una vez que se tuvo claro cómo poder recibir a las personas en las parroquias respetando las medidas de higiene y distanciamiento social, se han adaptado los lugares de acogida para poder atender con seguridad a quienes han seguido acudiendo a Cáritas. Esto ha permitido recuperar a un 75% del voluntariado que, por su propia seguridad, tuvo que permanecer inactivo durante el confinamiento.

Al mismo tiempo, en este período han sido muchas las personas que se han ofrecido a Cáritas para colaborar como voluntarios. A lo largo del año, 105 nuevas personas se han incorporado al voluntariado de Cáritas, un refuerzo esencial que, junto con la coordinación con otras entidades sociales y, cuando ha sido posible, con los servicios de las Administraciones públicas, ha sido clave para sumar fuerzas y organizar la ayuda.

Agradecimiento de Cáritas

Desde Cáritas Diocesana de Cádiz se da las gracias al voluntariado que ha estado al pie del cañón en las parroquias y proyectos o en la atención telefónica, a aquellos que tuvieron que retirarse, como medida de prudencia, y desde sus hogares nos han mantenido con su oración; un agradecimiento que se hace extensivo a nuestros trabajadores incondicionales y entregados en jornadas interminables.

Gracias al obispo diocesano, Monseñor Rafael Zornoza por su apoyo y aliento, a los párrocos que han puesto sus parroquias a disposición de Cáritas, a las hermandades y cofradías por su colaboración desinteresada y a las congregaciones religiosas.

Igualmente, gracias a los medios de comunicación que han dado a conocer el trabajo de Cáritas y por último, gracias al conjunto de la sociedad que, en momentos de tanta zozobra, de tensión e incertidumbre han acudido a paliar el dolor de los que más sufrían confiando en el trabajo de Cáritas.

Finalmente, Cáritas afirma que aún necesitamos de la colaboración de todos. Se puede seguir siendo parte de Cáritas en este momento crucial para todos, especialmente, para los más desfavorecidos.



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Vía Crucis. VI Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

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Enmarcado en la propuesta para este tiempo de Cuaresma facilitada por la delegación de liturgia, se ha elaborado un viacrucis con la colaboración de la delegación de pastoral juvenil-vocacional, donde han participado distintos grupos o realidades pastorales de nuestra diócesis.

En esta sexta estación, «La Verónica limpia el rostro de Jesús», se ha contado con la colaboración de la Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús.

A lo largo de este tiempo que comenzamos el miércoles de ceniza, se irán publicando las estaciones del viacrucis en formato video con la grabación de los textos y las reflexiones. Distintas voces nos ayudarán a reflexionar y a prepararnos en este camino hacia la Pascua.

Al concluir este recorrido, se facilitará todo el viacrucis en formato escrito para su posible utilización durante la Semana Santa.

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El obispo realizará una visita pastoral a El Hierro entre el 8 y el 18 de mayo

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Entre el 8 y el 18 de mayo, el obispo realizará una visita pastoral a El Hierro. Las distintas comunidades están preparando el informe previo. En el proceso, en la tarde de este pasado martes 9 de marzo, en el templo de La Concepción, se reunió el Consejo Arciprestal al que asistió el vicario general. Los párrocos con servicio pastoral en la isla presentaron el proyecto de la visita a las distintas parroquias, a fin de que los consejeros hicieran sus aportaciones y enmiendas. La última visita pastoral a la isla del meridiano la realizó el obispo Álvarez en 2013.

La visita pastoral constituye una oportunidad para reanimar y, si es necesario, revitalizar las energías de los cristianos y cristianas que colaboran en la obra evangelizadora de la Iglesia en sus distintos campos de acción. Es una oportunidad para agradecerles el trabajo, y también para animarlos y consolarlos ante las dificultades y obstáculos. Asimismo, es una oportunidad para examinar el funcionamiento y la eficiencia de las iniciativas destinadas al servicio pastoral.

En suma, la visita pastoral es una acción apostólica que el obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral, que lo presenta como principio y fundamento visible de la unidad y la comunión en la Iglesia particular. Para las comunidades e instituciones que la reciben, la visita ha de ser un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el Supremo Pastor (1 Pe 5,4) y el “guardián de nuestras almas” (1 Pe 2,25), Jesucristo, sigue visitando y redimiendo a su pueblo (cf. Lc 1,68).

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“Que el Señor nos conceda el Espíritu que nos permita vivir como hijos de Dios”

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Homilía en la Misa del miércoles de la III semana de Cuaresma, el 10 de marzo de 2021.

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