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La Juventud Idente organiza su tradicional campamento de verano en Constantina

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La Juventud Idente organiza su tradicional campamento de verano en Constantina

La fundación Juventud Idente de Sevilla organiza una convivencia campamental en el monasterio La victoria de san José en Constantina (Sierra Norte de Sevilla) del 2 al 9 de agosto.

Dirigido a niñas y niños de 8 a 13 años, en el campamento se realizarán principalmente tres tipos de actividades: formativas (visitas de interés cultural, dinámicas de conocimiento mutuo), humanístico-artísticas y físicas (juegos, piscina, excursiones…).

Tanto las actividades como la organización del campamento están atendidos y dirigidos por expertos profesionales en diversos campos educativos: profesores de enseñanzas Primaria y Secundaria, titulados deportivos, monitores y directores de tiempo libre.

La reserva de plaza (con un coste de 180 euros por niño, con descuento para hermanos) permanecerá abierta hasta el 21 de junio y puede formalizarse a través del teléfono 699680850 o el correo sevilla@juventudidente.es.

 

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El triunfo del Sacramento de la Eucaristía. Iglesia del Sagrario, de Sevilla

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Celebramos el pasado domingo la solemnidad del Corpus Christi que nos ha invitado un año más a poner en el centro de nuestras comunidades y de nuestras vidas a Jesús verdaderamente presente en el Pan y en el Vino de la Eucaristía para llenar así nuestro mundo del amor que se desprende de este Sacramento.

El pintor sevillano Francisco de Herrera el Mozo (1627-1685) ingresa como hermano en la Archicofradía Sacramental de la Iglesia del Sagrario en el año de 1655. Un año más tarde, se le encarga esta pintura para que presidiera su nueva estancia de reuniones donde, al parecer debía de colocarse entre dos puertas, lo que explicaría su forma. Actualmente se halla en la sacristía de la Parroquia del Sagrario.
Presenta una compleja iconografía con la que la Sacramental pretendía exaltar el misterio de la Eucaristía, presentándolo como el centro de la vida cristiana, como nos enseñan con su ejemplo y doctrina los teólogos y nos muestra la Virgen Inmaculada, primer sagrario que contuvo la presencia del Hijo de Dios en la tierra.
Así, en la zona inferior, aparecen en medio de efectos de contraluz una serie de santos y Padres de la Iglesia que han estudiado y cantado el misterio eucarístico. Distinguimos en primer término, de espaldas, a san Agustín que está atentamente escuchando la conversación que parecen tener santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, mientras se dispone a mojar la pluma en el tintero que le ofrece un querubín. Al fondo, se distinguen entre otros a san Jerónimo y el resto de Padres de la Iglesia.
El centro de la composición lo forma el Santísimo Sacramento en la custodia sostenida por ángeles, que está siendo adorada por la Virgen María representada con la iconografía de la Inmaculada Concepción, sobre la que vemos a Dios Padre y el Espíritu Santo en forma de paloma. Para equilibrar la composición, el autor ha colocado al otro lado de la custodia unos ángeles turiferarios que inciensan la Sagrada Forma, representándose así el escudo corporativo de la Archicofradía de manera dinámica dentro de la propia composición.
Como señala el historiador del Arte Antonio García Baeza, autor de una imprescindible tesis sobre este artista, Herrera en esta obra rompe el límite entre el cielo y la tierra, elevando el plano inferior, el de la tierra, convirtiéndolo así en un plano intermedio entre el misterio que la obra representa y la realidad, de modo que el marco de la pintura se convierte en una ventana tras la cual el muro se abre para mostrar al fiel el cielo.
Este investigador propone una lectura que enriquece el significado de esta obra al plantear que el diálogo que mantienen san Buenaventura y san Tomás representa en realidad el enfrentamiento que franciscanos y dominicos mantuvieron acerca de la Inmaculada Concepción de la Virgen, diatriba que, como apunta García Baeza, está a punto de ser solventada con la autorización de la festividad en 1661.

Antonio R. Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural

 

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Mons. Gil Tamayo agradece al Papa su referencia a Fray Hernando de Talavera

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Nuestro arzobispo habla de “gracia de Dios y alegría, encuentro y verdadera comunión eclesial” sobre el acto de León XIV en la CEE.  

“Una verdadera gracia de Dios y alegría. Un día de encuentro y verdadera comunión eclesial con el Sucesos del Apóstol Pedro”. Así describe nuestro arzobispo Mons. José María Gil Tamayo el encuentro celebrado ayer lunes con el Papa León XIV junto a sus hermanos en el episcopado en la sede de la Conferencia Episcopal Española, en el marco de la primera etapa, en Madrid, de su Viaje apostólico.

“Su enseñanza nos confirma en la Fe”, señala nuestro arzobispo en su red social de X. D. José María Gil Tamayo también agradece al Santo Padre “la referencia al ejemplo evangelizador del gran Fray Hernando de Talavera”, primer arzobispo de Granada tras la conquista de 1492 y confesor de la Sierva de Dios Reina Isabel La Católica.

GRANADA, EN EL DISCURSO DEL PAPA
En su discurso ante los obispos españoles, durante su encuentro con ellos en la CEE, León XIV aludió a Fray Hernando de Talavera como modelo evangelizador ante los desafíos de hoy.

Su figura y pastoral se caracterizó por la cercanía con la población musulmana. Para ello aprendió árabe, pidió a sus clérigos que se dirigieran a musulmanes y moriscos en su propia lengua e introdujo adaptaciones en la liturgia y el canto.

Esta cercanía le valió el apelativo por parte de la comunidad musulmana de “el santo alfaquí” y también la persecución durante la Inquisición, declarado después inocente en 1507 por el Papa Julio II. La Archidiócesis de Granada mantiene abierta, desde el año 2017, una comisión histórica con vistas a una posible causa de beatificación.

EN LA VISITA APOSTÓLICA
D. José María ha participado en distintos actos celebrados desde el pasado día 6 cuando llegó el Santo Padre a España. D. José María, como miembro de la Ejecutiva de la CEE, asistió a la recepción que los Reyes de España ofrecieron al Papa León XIV, en la que también estuvieron autoridades políticas y de la vida social y el Cuerpo Diplomático.

Nuestro arzobispo también compartió con el Santo Padre y con miles de jóvenes de toda España, entre ellos distintos grupos de jóvenes granadinos, como la Pastoral de Juventud, la vigilia de oración en la Plaza de Lima.

La Solemnidad del Corpus también fue concelebrada por nuestro arzobispo junto al Santo Padre y los arzobispos, obispos y sacerdotes asistentes, participando al mismo tiempo en la posterior procesión del Corpus Christi, por las calles aledañas a la Plaza de Cibeles y en la que el propio Santo Padre portaba la Custodia.

CONCLUYE LA PRIMERA ETAPA DEL VIAJE APOSTÓLICO
Con la visita a la Conferencia Episcopal del Papa en el encuentro con los obispos, el homenaje a la Patrona de Madrid, que ha recibido la Rosa de Oro que entrega el Vaticano en señal de “amor filial del Papa a la Virgen María” y el encuentro con la comunidad diocesana en el estadio Santiago Bernabéu concluye la tercera jornada del Papa en Madrid.

Un viaje que le llevará hoy martes a Barcelona, tras un encuentro con los voluntarios que han ayudado en los distintos ámbitos organizativos para esta Visita a nuestro país, en su primera etapa. Se trata de la primera Visita de un pontífice en los últimos 15 años, ya que la última tuvo lugar en 2011 con la presencia de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud, también en Madrid.  

FOTO: EFE

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Monseñor Orozco acompaña estos días al papa León XVI en su viaje a España

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Monseñor Orozco acompaña estos días al papa León XVI en su viaje a España

Del 6 al 12 de junio, están siendo días intensos para el papa León, que cursa visita institucional a nuestro país y a la Iglesia en España. Solo visitará cuatro diócesis, pero en ellas está representada toda la Iglesia española. De hecho, son miles, cientos de miles, los fieles que se han desplazado estos días a Madrid para participar en los encuentros con el papa: de todas las diócesis, de todo el país. También, de la diócesis de Guadix ha peregrinado un grupo de unas 200 personas, más los que han ido por libre.

Y junto al papa, también los obispos, que le acompañan en la mayor parte de los actos programados y que representan a todas las diócesis, que acogen con alegría la visita del papa.

Monseñor Francisco Jesús Orozco, el obispo de Guadix, también está acompañando a León XIV estos días en su viaje a nuestro país. Lo ha hecho en Madrid, lo hará en Barcelona y en las Islas Canarias, junto a los demás obispos, acompañando al pastor, celebrando a la fe, aprendiendo de él.

Estos días de la visita a Madrid, hemos podido ver a D. Francisco Jesús Orozco en la vigilia de los jóvenes y en la Misa de Cibeles. También ha estado en el encuentro con la cultura, en la Almudena y, por supuesto, en la Conferencia Episcopal, donde el papa ha hablado especialmente a los obispos y a toda la Iglesia española.

Hasta hora, el viaje apostólico ha proporcionado momentos históricos, tanto por las multitudes que los han protagonizado como por los contenidos que se han ofrecido. El discurso de León XIV en el Congreso de los Diputados seguro que pasará a la historia, como la masiva asistencia a la Misa del domingo en Cibeles, donde hubo más de 1.200.000 fieles, todo un récord.

Pero, también van a quedar en el memoria la visita del papa al CEDIE de Cáritas o la grata acogida que recibió por más de medio millón de jóvenes en la vigilia de Oración. Emocionante será la bendición de la torre de Jesús en la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona. Pero, más emocionante será ver al papa acercarse al destino de la ruta migratoria más peligrosa del mundo, cuando visite los puertos de Canarias y Tenerife. Solo su presencia allí ya será un grito contra todo este sufrimiento y removerá conciencias.

Sin duda, el viaje apostólico de León XIV a España está dejando muchos momentos que marcarán la vida de la Iglesia en España durante los próximos años. Un viaje que, por supuesto, invita a alzar la mirada y a seguir con esperanza.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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León XIV homenajea a la Patrona de Madrid y anima a los fieles a “edificar algo nuevo”

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El Papa entrega la Rosa de Oro, “símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María”, a la Virgen de la Almudena, en su tercera jornada de viaje apostólico a nuestro país. Animó a los fieles a “destruir muros” y ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión”.

Con la asistencia de la Reina emérita Dª Sofía, así como autoridades civiles como la presidenta de la comunidad de Madrid o el alcalde de la ciudad, el Papa León XIV entregó la Rosa de Oro, “un símbolo de filial amor del Papa a la Virgen María”, a la Virgen de la Almudena. La patrona de Madrid se suma así a las advocaciones marianas en España que cuentan con ella, siendo la de la Macarena en Sevilla, la Virgen de la Cabeza en Jaén y la Virgen de Montserrat en Barcelona.

Esta entrega, que expresa el amor del Papa a la Virgen, y la ofrenda floral constituyeron el momento central del acto, antes de dirigirse al encuentro con la comunidad diocesana en el estadio de deportes Santiago Bernabéu.

Tras este gesto, se interpretó el himno, seguido de la oración a la Virgen de la Almudena, en un ambiente de profundo recogimiento. Asimismo, durante la oración, León XIV encomendó a la patrona de Madrid las comunidades cristianas de España, las familias, los jóvenes, las vocaciones y los frutos de su visita pastoral.  

“EDIFICAR ALGO NUEVO”
“Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros”, les dijo el Santo Padre a los fieles congregados en la catedral madrileña, al mismo tiempo que les invitaba a superar las divisiones y les animaba a ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia”.  

“Siguen existiendo muchas murallas que no protegen, sino que dividen”, señaló el Papa, invitando a superarlas con valentía para abrir nuevos horizontes.

Recibido por el cardenal arzobispo de Madrid y el cabildo catedralicio, en el acto también participaron los obispos españoles que, previamente a mediodía, tuvieron un encuentro con el Santo Padre en la sede de la Conferencia Episcopal Española.

El acto estuvo marcado también por la dimensión vocacional con la asistencia de numerosos seminaristas, a quienes -y a toda la comunidad cristiana- animó a vivir la vocación desde la entrega y la esperanza.

La celebración concluyó con la bendición apostólica impartida por el Santo Padre, que invitó a los presentes a continuar viviendo estos días con espíritu de oración, esperanza y comunión.

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Escucha, reparación y compromiso: en la CEE, León XIV marca el camino para la Iglesia en España

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Escucha, reparación y compromiso: en la CEE, León XIV marca el camino para la Iglesia en España

Sesenta años después de la creación de la Conferencia Episcopal Española, otro sucesor de Pedro cruzaba las puertas de esta casa para compartir una jornada de encuentro con quienes tienen encomendada la misión de pastorear la Iglesia de Cristo en España.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) conmemora 60 años de vida “sabiéndose miembros del Colegio de los Doce” y contando en su cenáculo con la presencia de su cabeza, el sucesor de Pedro, León XIV.

En un ambiente protocolario, pero sumamente acogedor, el Santo Padre llegó a esta “casa de todas las Iglesias de España” con el ánimo de, en sus palabras, “reavivar la comunión tal y como Jesús aconsejaba a sus apóstoles”. En la puerta de su sede, el presidente de la CEE, monseñor Luis Javier Argüello García, esperaba a su Santidad León XIV junto al cardenal vicepresidente, José Cobo; y el secretario general, monseñor César García Magán. Tras ello se dirigió a la sala de la Asamblea donde le esperaban arzobispos, obispos y administradores diocesanos de las distintas diócesis españolas.

Sesenta años después de la creación de la Conferencia Episcopal Española, otro sucesor de Pedro cruzaba las puertas de esta casa para compartir una jornada de encuentro con quienes tienen encomendada la misión de pastorear la Iglesia de Cristo en España. Fue san Juan Pablo II quien inauguró esta sede durante el primero de los cinco viajes apostólicos que realizó al país. Hoy, también en su primer viaje apostólico a España, León XIV volvía a situarse en ese mismo punto de partida, cerrando un círculo que une generaciones de pastores, caminos recorridos y una misma misión compartida.

“Como un viaje” decidió marcar León XIV también su discurso a los obispos de España. No habló de estrategias ni programas, sino de un peregrinar cuyo destino no es otro que Dios. Como todo peregrino, la Iglesia también debe preguntarse qué lleva consigo y qué necesita dejar atrás. El Papa habló de equipajes que pesan demasiado, de estructuras que en ocasiones ya no ayudan a avanzar y de “la tentación de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos”.

Pero en esta misma línea habló también de los tesoros que debe llevar la Iglesia en este viaje: la riqueza espiritual acumulada durante siglos, la fe sencilla del pueblo cristiano y el único alimento imprescindible del camino, “el Pan de la Palabra y de la Eucaristía”.

¿Para quién soy?: acompañar en el discernimiento de los carismas del Espíritu en los laicos

La reflexión sobre los laicos llegó además en un momento especialmente significativo para la vida de la Iglesia. Apenas unos días después del nombramiento de María Montserrat Alvarado al frente del Dicasterio para la Comunicación, León XIV dirigió la mirada hacia uno de los grandes retos de los pastores: ayudar a cada bautizado a descubrir la llamada que Dios ha sembrado en su vida. Recordando el reciente congreso de la CEE “¿Para quién soy?”, invitó a los obispos a acompañar a los fieles en ese discernimiento que permite reconocer los dones y carismas recibidos del Espíritu Santo y ponerlos al servicio de la comunidad.

“De nosotros depende que estos laicos lleguen a percibir su participación en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace”, afirmó. No se trataba únicamente de encontrar colaboradores para las tareas pastorales, sino de ayudar a hombres y mujeres a descubrir que ellos también forman parte de la misión de la Iglesia y que el Espíritu sigue suscitando carismas para la construcción del Reino:

“Ese vínculo profundo exige a la Iglesia, en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras, un testimonio de unidad en la pluralidad: una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas, de las sensibilidades que el Espíritu Santo suscita en el Pueblo de Dios”.

Sanar heridas y acompañar al pueblo

Ningún viaje evita los lugares de dolor. Y León XIV quiso detenerse precisamente allí. “Nuestro viaje está hecho de encuentros”, dijo. Encuentros con personas que “viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos”.

Con especial firmeza, el Pontífice abordó la realidad de quienes han sido heridos por “quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero”. Sus palabras se acompañaron de una llamada clara: “ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.

No fue una referencia de paso. Fue una llamada directa a los pastores a situarse junto a quienes han sufrido, a escuchar su dolor y a abrir caminos reales de sanación. Porque, recordó el Santo Padre, cada persona herida “debe poder encontrar” en la Iglesia “escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”.

En medio de un mundo marcado por polarizaciones y fracturas cada vez más profundas, León XIV volvió una y otra vez sobre la misma convicción: la comunión es una tarea cotidiana. Por eso pidió a los obispos que sean constructores de unidad, hombres capaces de custodiar la fe recibida, sanar heridas y acompañar al pueblo que les ha sido confiado.

“Esos simples sacerdotes”

En el tramo final de su intervención, el Papa dirigió la mirada hacia quienes caminan más cerca de los obispos: los sacerdotes. Recordando la figura de san Juan de Ávila, en el año en que se conmemora el quinto centenario de su ordenación presbiteral, pidió que encuentren en sus obispos no solo una autoridad, sino un padre. Y que juntos recorran la misión como compañeros de peregrinación, compartiendo las fatigas y las alegrías del camino.

La oración de este gran santo español con la que León XIV concluyó su intervención fue también el broche de este particular periplo espiritual. Después de invitar a los obispos a caminar ligeros de equipaje, atentos a las heridas de los hermanos y abiertos a la acción del Espíritu, el encuentro continuó ya lejos de los micrófonos.

El Santo Padre firmó el libro de honor de la Conferencia Episcopal Española y saludó personalmente a los miembros del episcopado presentes en la Asamblea. Los mismos pastores a quienes acababa de recordar que están llamados a “custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo” se acercaron ahora, uno a uno, para intercambiar unas palabras con el sucesor de Pedro.

Mientras los obispos partían hacia la Nunciatura Apostólica para compartir el almuerzo con el Pontífice, monseñor Luis Javier Argüello, el cardenal José Cobo y monseñor César García Magán le acompañaron a descubrir la placa conmemorativa de la visita. Un gesto que enlazaba esta jornada con la historia de una institución que celebra seis décadas de vida.

Antes de abandonar la sede, León XIV quiso encontrarse también con los trabajadores de la Conferencia Episcopal Española. Fueron los últimos en saludar al Papa en esta Casa de la Iglesia que, durante unas horas, había vuelto a convertirse en cenáculo de encuentro, escucha y comunión.

Sesenta años después de que otro sucesor de Pedro inaugurara estas mismas instalaciones, León XIV regresaba a ellas para recordar que la Iglesia no está llamada a permanecer detenida, sino a ponerse en camino. Un camino que atraviesa encuentros, heridas, carismas, desafíos y esperanzas; un camino que exige avanzar unidos y dejarse guiar por el Espíritu. Un camino que, como recordó el Santo Padre a los obispos españoles, termina siempre en Dios.

www.conelpapa.es

Fotografía: J.J. Guillén/EFE

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