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Contagia solidaridad para cambiar el mundo

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Con motivo de la campaña de Manos Unidas contra el hambre, el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha escrito una carta pastoral, que se puede consultar completa aquí. Lleva por nombre el lema de la campaña de Manos Unidas de este año: “Contagia solidaridad para cambiar el mundo”. D. Francisco Jesús dice, entre otras muchas cosas que el hecho de que todos seamos hermanos, porque somos hijos de un mismo Padre Dios, “nos lanza a la verdadera solidaridad para acabar con el hambre”. El lema de este año, dice el obispo “nos invita a interrogarnos sobre nuestra comunión de bienes, a fomentar las actitudes de colaboración que sirvan para frenar el hambre y la pobreza de ciento de millones de personas en el mundo.”

Y termina invitándonos a todos “a una respuesta personal y económica generosa, a dedicar tiempo como voluntarios, vocales y responsables en la Delegación, como donantes y bienhechores, es decir, a ser discípulos del Señor que hoy nos dice “dadles vosotros de comer” contagiando solidaridad para acabar con el hambre de tus hermanos. Que esta pandemia nos haga más generosos que nunca, una Iglesia Hospital de Campaña, que sabe arriesgar, mirar de frente y abrir las manos y el corazón”.
Antonio Gómez

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Manos Unidas nos invita hoy a luchar contra el hambre en el mundo

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Este domingo celebramos una jornada muy especial: la campaña de Manos Unidas contra el hambre. Se trata de un domingo para ser solidarios, para compartir con los que tienen menos que nosotros y, por qué no, para cambiar el mundo con nuestro gesto solidario.
El lema con el que Manos Unidas quiere motivarnos este año, nos invita a la reflexión: “Contagia solidaridad para cambiar el mundo”, un lema que hace referencia a este tiempo de pandemia que nos llena de dolor a todos y que ahonda el sufrimiento de los que menos tienen en el tercer mundo. Por eso, es importante nuestra solidaridad siempre, y en este tiempo de pandemia más.

Manos Unidas de la diócesis de Guadix nos invita cada año a hacer posibles algunos proyectos de desarrollo en el tercer mundo. Se trata de proyectos de desarrollo para combatir la pobreza, para ayudar a que familias enteras y pueblos puedan encontrar las condiciones que les permitan salir de la miseria y encarar el futuro con esperanza. Y para ello se realizan colectas y actividades para recaudar los fondos necesarios. El de este año va a ser un proyecto en el país africano de Uganda, que requiere de nuestra colaboración porque se necesitan 30.000 €. Se ayudará a varios pueblos de una zona muy pobre a crear condiciones dignas que van a alcanzar a más de 4.000 personas.
Con un poquito que demos, entre todos juntos, haremos, sin duda, mucho bien. Y podemos colaborar desde hoy, domingo 14 de febrero, porque las colectas en las parroquias van a ser destinadas a Manos Unidas en su licha contra el hambre. También podemos hacer donativos directamente en la cuenta de Manos Unidas y en la web de esta ONG. Estos donativos se pueden recoger durante todo el año.
Antonio Gómez

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San Valentín

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San Valentín

valentinePatrono de los enamoreados

San Valentín, se refiere a un número de santos mártires que vivieron en la antigua Roma. La festividad de san Valentín fue celebrada por la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969 en el calendario liturgico tradicional, bien que el calendario postconciliar la haya desplazado.

La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I. Decir que la creación de esta festividad puede haber sido un intento de eliminar la celebración de las Lupercales, festividad pagana celebrada el 15 de febrero, como dicen algunos, no tiene ningún sentido, pues al tener cada dia del año católico un santo es evidente que este corresponde a alguna de las innumerables fiestas del calendario romano, a veces cuatro al mes. Según la Enciclopedia Católica, el santo cuya festividad cayó en la fecha conocida hoy como Día de San Valentín fue posiblemente uno de los tres mártires que ejecutados en el año 270 d.c durante el reinado del Emperador Claudio II:

·         un sacerdote romano (italiano), muerto en el 270. Muy venerado en Francia, sobre todo en la diócesis de Jumièges

·         Un obispo de la ciudad de Interamna (hoy Terni, Italia), donde se encuentran los restos del cuerpo conservados en la homónima basílica, y donde el 14 de febrero es la fiesta patronal

·         un mártir de la provincia romana de África, durante la conquista romana de Africa.

Del siglo V hay un obispo también llamado Valentín de Recia, enterrado en Mais, cerca de Merano, en el Tirol italiano. En el siglo VIII su cuerpo fue trasladado a Passua en Baviera. En Alemania los católicos le tienen mucha devoción y es invocado para curar la epilepsia. A partir del siglo XV se le representa con un niño tendido a sus pies.

Se cree que el sacerdote y el obispo Valentín están enterrados en la Via Flaminia en las afueras de Roma. En el siglo XII, la puerta de la ciudad romana conocida en tiempos antiguos como la Puerta Flaminia (ahora conocida como Porta del Popolo) era conocida como la Puerta de San Valentín. También se dice que en el siglo XIX su cuerpo fue trasladado a Madrid, donde permanecería hasta la actualidad.

Sin embargo, poco se sabe sobre las vidas de estos tres hombres. Muchas de las leyendas que los rodean actualmente fueron probablemente inventadas durante la Edad Media en Francia e Inglaterra cuando el día festivo de 14 de febrero empezó a ser asociado con el amor, a raíz de la historia de San Valentín, que sería ejecutado un 14 de febrero al no querer renunciar al cristianismo, y haber casado a parejas en secreto después de que el matrimonio fuese prohibido por el emperador Claudio II. Otra leyenda dice que es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con el momento del año en que los pájaros empiezan a emparejarse.

La festividad fue borrada del calendario eclesiástico en el año 1969 como parte de un intento para eliminar santos de origen posiblemente legendario, aunque sigue siendo celebrada localmente por algunas parroquias.

(wikipedia)

Sobre San Valentín, que casaba a las parejas:

Hay que remontarse al año 270. Con tu corazón de enamorado, te es fácil entusiasmarte con la vida de tu patrono. Si para las diversas realidades de la vida existe un patrono, no podía faltar uno para lo más bello de la creación: el amor humano entre hombre y mujer.

Claudio II «el Gótico» y su policía vigilaban sus andanzas.

Tan bruto era este mal emperador que llegó hasta prohibir lo más natural que existe en el mundo: el amor entre los humanos. No quería bodas sino soldados para defender los espacios amplios de su imperio. Nada de casados. Quería solteros y sólo solteros.

Ante estas circunstancias inhumanas, Valentín, obispo de Interamna Nahartium (hoy Terni en Umbria el estado en donde està la ciudad de Asìs – Italia) , no tuvo miedo en confesarse creyente, y es más, se entregó por entero a las parejas. Las visitaba en secreto para casarlos lejos de la mirada de los crueles súbditos del emperador.

La voz de Valentín corría como el viento por las orillas del Tiber y de las colinas romanas. Los jóvenes, valientes y decididos a formar una familia, acudían a él para recibir el sacramento. Les hablaba, les escribía cartas de amor y con su simpatía y su bella juventud, se traía de calle a todos los enamorados.

ALGO ORIGINAL EN LA CÁRCEL

Valentìn fue encarcelado por segunda vez bajo Aureliano, que sucediò a Claudio II «el Gótico».

Mientras estuvo en la cárcel esperando su muerte, el carcelero se dio cuenta de sus buenas cualidades. Le presentó a su hija Julia ciega de nacimiento. Valentín le enseñó las primeras letras, los rudimentos del saber y, por supuesto, le habló de Dios. Veía el mundo bello que le presenta el apuesto joven. Le dijo a la niña que orase a Dios para que le diese la vista. En un momento determinado, le cogió la mano a Valentín y le dijo: ¡”Yo creo, yo creo!” La luz de la prisión le entró por sus inocentes y maravillosos ojos. El, viéndola feliz, le dijo que mantuviera su fe por encima de todo. A continuación, tal día como hoy, muriò decollado por mano del soldado romano Furius Placidus, a los ordenes del emperador Aureliano y enterrado en la que es iglesia de santa Práxedes, cerca del Coliseo, aunque hoy están en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni, en donde allì tal dia como hoy la iglesia se llena de parejas, todas aquellas que se casarán el año siguiente.

Por esta razón es patrono de los enamorados, un patronazgo popular en todo el mundo cristiano. Desde entonces, los romeros que entran en Roma, se dirigen a la Basílica de san Valentín para orar ante su tumba y que les conceda una buena “Valentina” o Valentín”. Este día pasó con la expansión del cristianismo a otros lugares cuyas fiestas de primavera – paganas- pasaron a tener el sello cristiano.

DETALLE La joven Julia, agradecida y enamorada del santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. Hoy – ya se sabe- el árbol de almendras es símbolo de amor y amistad duraderos.

DE AYER A HOY

Hoy, en los albores de las primeras flores de la estación primaveral, todos los enamorados se mandan misivas, se hacen multitud de regalos comprados – muchas veces en los templos del consumo- y no en el supermercado del corazón.

Aunque sean los enamorados los que principalmente celebran este día, sin embargo hoy en día se festeja también a todos aquellos que comparten la amistad, ya sea maestros, parientes, compañeros de trabajo y todo el que siente, tenga la edad que tenga, el olor del amor que, como flor de primavera, nunca debe perder su agradable perfume. ¡Feliz día de los enamorados y de la amistad!

(Fuente: catholic.net | Autor: P. Felipe Santos)

http://www.santopedia.com/santos/san-valentin

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LA VOZ de Álvaro López, seminarista

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Podcast de la sección LA VOZ DEL SEMINARIO emitida en el programa IGLESIA NOTICIA en COPE MÁLAGA el domingo 14 de febrero de 2021. El seminarista Álvaro López nos cuenta cómo llegó al Seminario de Málaga
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COPE. «Esta Cuaresma en pandemia es una nueva oportunidad»

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IGLESIA NOTICIA. COPE

«Estamos en pandemia. Esta Cuaresma es una nueva oportunidad que hemos de aprovechar, quizás con una actitud mayor que otras veces de sacrificio y de penitencia, ofrecida por este mundo herido; y con la actitud de la esperanza cristiana», afirmó el delegado de Liturgia en COPE Málaga.

Aquí puede escuchar el programa Iglesia Noticia del domingo 14 de febrero de 2021

Alejandro Pérez Verdugo, delegado de Liturgia, acudió a la llamada de los micrófonos de COPE Málaga el domingo previo al Miércoles de Ceniza para compartir con los oyentes algunos consejos para vivir con esperanza este tiempo de gracia, la Cuaresma. 

La campaña de Manos Unidas, ONG católica para el desarrollo, bajo el lema «Contagia solidaridad para acabar con el hambre» fue el broche final del programa con el testimonio de Rosa Marta, voluntaria en Manos Unidas Málaga. El sacerdote Emilio López Navas explicó el sentido de la fiesta de san Valentín al hilo del evangelio del día. Los jóvenes explicaron una nueva iniciativa que ponen en marcha a través de la red social TikTok. José Antonio Aguilar protagonizó la sección MI CURA; y el seminarista Álvaro López Cardosa fue LA VOZ DEL SEMINARIO. 

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QUIERO, por Encarni Llamas. Comentario al evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario

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La periodista Encarni Llamas, Bachiller en Ciencias Religiosas, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario (Mc 1, 40-45).

Este domingo, la palabra quiero cobra un especial sentido. Es Jesús quien la pronuncia: «Quiero: queda limpio». La compasión y la mano extendida que acompañaron dicha palabra resonarían una y otra vez en el corazón del leproso durante toda su vida. La petición humilde de quien era rechazado por la sociedad de los limpios, no quedó sin respuesta ante Jesús.

Tampoco queda sin respuesta la humildad con la que miles de voluntarios de Manos Unidas, ONG católica para el desarrollo, nos presentan hoy la Campaña contra el Hambre, y un año más nos dicen: “Si quieres… Contagia solidaridad para acabar con el hambre”.

Y es que, un corazón humilde no es un corazón cobarde, sino un corazón enamorado hasta entrar de lleno en el Evangelio y exclamar un quiero como el de Jesús.

Aún me queda un último quiero que hoy resuena con fuerza: el te quiero con motivo de la fiesta de san Valentín, patrono de los esposos y de los enamorados. Ante la cercanía de la inauguración del Año especial dedicado a la familia (19 de marzo), con motivo del quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, a dicho documento nos acercamos, de la mano del papa Francisco, quien introdujo en él este precioso poema de Mario Benedetti:

«Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos».

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La encíclica Fratelli Tutti, eje principal del XIII Encuentro Diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro

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La encíclica Fratelli Tutti, eje principal del XIII Encuentro Diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro

La Acción Conjunta contra el Paro (ACCP) celebró este 13 de febrero, su XIII Encuentro Diocesano sobre la “Fratelli tutti, una lectura desde los empobrecidos”.

En esta ocasión, la sesión fue en formato online y contó con la ponencia de Rafael Díaz-Salazar desde la Facultad de Ciencia Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. El encuentro inició con una oración, seguido de la presentación de la jornada y la participación del ponente. La jornada fue retransmitida por el canal de youtube de la Acción Conjunta contra el Paro, integrada por las Delegaciones diocesanas de Pastoral Obrera y de Migraciones, además de Cáritas, Religiosas en Barrios, Focolares, algunas parroquias de la Archidiócesis de Sevilla, la Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad Obrera de Acción Católica.

Al respecto, Diego Márquez, delegado diocesano de Pastoral Obrera de la Archidiócesis de Sevilla, presentó y dio paso al ponente Rafael Díaz-Salazar, quien centró su intervención en las claves de la última encíclica del papa Francisco, profundizando especialmente en aquellos aspectos relacionados con el mundo del trabajo y sus posibles aplicaciones en nuestra realidad más cercana.

El XIII Encuentro Diocesano finalizó con la lectura del manifiesto, en el que la Acción Conjunta contra el Paro expresó la especial preocupación de esta plataforma de la Iglesia de Sevilla por el descarte social que sufren “cuatro millones de desempleados, más de 700.000 personas en ERTES y 6,3 millones de personas con trabajo, pero con salarios por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, una situación derivada no solo de la crisis actual que atravesamos, sino también de las consecuencias que arrastramos de la crisis anterior”, reflexionó.

En esta línea, la Acción conjunta contra el Paro hace un llamamiento a la comunidad cristiana y a la sociedad en general a practicar la solidaridad prestando atención a las personas más empobrecidas, especialmente en el mundo del trabajo, a fin de construir una sociedad más fraterna.

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Presentado el cartel de la Semana Santa 2021 de Córdoba

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2021: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad

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MENSAJE DEL SANTO PADRE
para la Cuaresma de 2021

Vea también:

 

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:
Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).
La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino
La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo,enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de
Tours.

Francisco

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Superemos el miedo volviendo a la oración

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Superemos el miedo volviendo a la oración

Vea también:

– Oración

Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Human Life International

El Señor es mi luz y mi salvación; ¿A quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida; ¿quién me hará temblar? (Salmo 27:1.)

“¡No tengas miedo!”

Varias veces en la Biblia estas palabras son dichas por Cristo a sus discípulos o por ángeles a los elegidos para alguna tarea. “¡No tengas miedo!” dijo el ángel Gabriel saludando a María (Lucas 1:30). “Soy yo”, gritó Cristo a sus aterrorizados discípulos, mientras caminaba sobre las aguas. “¡No tengan miedo!” (Juan 6:19-20).

El Papa San Juan Pablo II adoptó estas palabras como su lema no oficial. Aún en este momento, puedo escuchar su voz resonante y acentuada, sobre las cabezas de enormes multitudes: “¡No temas!”. Y cuando él lo decía, de alguna manera, ya no tenías miedo. De repente, supiste que permitir que el miedo dominara tu corazón era una traición al don del Evangelio y se derivaba de la falta de confianza y fe. “El amor perfecto echa fuera todo temor” (Juan 4:18), escribió San Juan, el amado apóstol, el que se reclinó en el pecho de Cristo en la Última Cena, que escuchó el latido del corazón de la Verdad misma.

Un enfoque mundano aviva el miedo

Sin embargo, vivimos en un mundo consumido por el miedo. Tenemos miedo de este virus. Tememos el costo económico y social que ha tenido. Tememos el creciente malestar social. Tenemos miedo de lo que suceda si ganan nuestros enemigos políticos. Nos tenemos miedo unos a otros. Tenemos miedo de lo que sucederá si decimos la verdad con valentía.

Sin embargo, lo peor es que a menudo parece que hay personas e instituciones poderosas que quieren que tengamos miedo y que, intencionalmente o no, están avivando activamente nuestro miedo.

Los medios de comunicación, para empezar. Las personas que tienen miedo verán por horas a las grandes cadenas de televisión, se desplazarán sin cesar a través de las redes sociales y optarán por recibir todas las alertas de “noticias de última hora” en sus teléfonos inteligentes, para que no se pierdan ninguna información crucial. Los medios de comunicación lo saben e informan de cada novedad inquietante en los términos más espantosos. Dado que nunca hay escasez de eventos aterradores en este mundo nuestro, el efecto paradójico es que cuanto más una persona se mantiene al día con las noticias, más temerosa se vuelve y más noticias se siente obligada a consumir.

Los políticos también aprendieron hace mucho tiempo que el miedo es su arma más poderosa. En lugar de decirles a sus partidarios las cosas positivas que harán si son elegidos (lo que implica el arduo trabajo de desarrollar un plan), a menudo es mucho más efectivo para los políticos simplemente pintar una imagen tan aterradora como sea posible de lo que sucederá si sus oponentes ganan. Haga que la gente tema lo suficiente a la otra parte, y apenas habrá algo que ese otro político haga (o deje de hacer) para perder el apoyo de sus seguidores.

Las industrias de consumo y del entretenimiento también se benefician del miedo. Una población temerosa es una población que anhela la distracción y el placer. Alguien que tiene miedo verá Netflix durante horas, solo para escapar de la incomodidad de estar solo con sus propios pensamientos angustiantes. O se desplazará por Amazon, comprando cosas que espera que calmen temporalmente su ansiedad. La industria del porno también está siempre a un clic de distancia, ofreciendo a las personas aburridas, ansiosas y temerosas una de las distracciones más potentes y malévolas jamás inventadas.

Vivir con miedo es vivir en un estado perpetuo de lucha o huida; es vivir no solo en, sino para, el momento. Una persona que tiene miedo carece del espacio mental y espiritual para pensar o preocuparse por cualquier cosa que no sea la amenaza inmediata. Nada más parece interesante o de importancia.

Y esta es la razón por la que las personas que tienen miedo son tan vulnerables a las manipulaciones de políticos sin escrúpulos, teóricos de la conspiración y vendedores ambulantes espirituales: cualquiera que afirme tener un acceso privilegiado a la “verdad” o estar en posesión de alguna solución fácil al problema, o algún atajo para hacerles olvidar su miedo.

El miedo es la gran mentira

Como cristianos, debemos resistir esta cultura del miedo.

El miedo no hace más que nublar nuestras mentes y perturbar nuestras almas. Y solo por esta razón, debe evitarse. Pero lo que es más importante, debemos evitar el miedo porque no es cierto. “La paz os dejo; mi paz les doy”, dijo Cristo. “Yo no se la doy como la dan  los que son del mundo. No se angustien, ni tengan miedo” (Juan 14:27-28).

San Pablo da una razón notable de la intrepidez del cristiano, cuando escribió: “Porque estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni gobernantes, ni lo presente ni lo por venir, ni poderes, ni altura ni profundidad, ni ninguna otra cosa en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39).

Si San Pablo tiene razón en que nada puede separarnos de Dios, entonces nuestro miedo es siempre infundado. De hecho, es la Gran Mentira contada por el Gran Engañador: la mentira de que el mal es más poderoso que el bien, el diablo más poderoso que Dios.

En esta columna, a menudo escribo sobre muchas cosas preocupantes: el aborto, la eutanasia, el asalto al matrimonio y la vida familiar, fallas en la Iglesia y el liderazgo civil, lobos merodeando vestidos con piel de oveja, las maquinaciones de agentes ricos y poderosos de la “cultura” de muerte y las crecientes amenazas a las libertades de los cristianos. Por un lado, creo que es importante que sepamos sobre estas cosas para poder combatirlas.

Por otro lado, creo que en el momento en que perdemos nuestro sentido de la perspectiva y comenzamos a creer que estas cosas son más poderosas que Cristo, en el momento en que comenzamos a tenerles miedo, ese es el momento en que debemos retirarnos de la lucha para reagruparnos para estar con Dios en la oración. Porque en ese momento, corremos un grave riesgo de hacer más daño que bien.

Imitemos a María: Oremos

La vida de un cristiano es paradójica: por un lado, el cristiano ve con mucha más claridad que nadie la depravación y la realidad del mal. Por otro, también está convencido de la impotencia del mal ante el infinito poder de Dios. Un cristiano que se ha puesto la armadura de Dios, es decir, que está imbuido del espíritu de oración, puede encontrarse cara a cara con el diablo y reír, no solo una risa de desafío, sino también una de piedad, como de uno que está lidiando con un niño mimado que se cree tirano.

He oído decir de la Santísima Virgen que ella nunca reaccionó, sino que siempre respondió. María, la mujer contemplativa más grande de la historia, junto al mismo Cristo, nunca se sintió abrumada ni angustiada por el ruido de los acontecimientos que se desarrollaban. Nunca sintió la necesidad de actuar por actuar. Había labrado un espacio de silencio espiritual en medio del ruido del mundo, en el que esperaba pacientemente la voz de Dios. De esta manera, María trascendió la historia, viendo los acontecimientos, por inquietantes que fueran, desde la perspectiva de lo eterno, plegada dentro de la verdad de la victoria cósmica de Cristo, y con la mirada puesta únicamente en lo que Dios quería que hiciera. Lo mismo puede decirse de cualquier verdadero contemplativo.

Sin embargo, a menudo estamos en un estado de reacción constante. Consumidos por la preocupación, solo vemos lo que está frente a nuestros ojos y pasamos nuestros días luchando contra incendios forestales tras incendios forestales. Rara vez nos detenemos a preguntarle a Dios qué desea que hagamos, y aún más raramente nos detenemos para escuchar Su respuesta. Al reaccionar de esta manera, nos convencemos de que estamos ayudando a la causa del bien. A menudo, sin embargo, solo estamos aumentando el ruido y el caos.

En una serie de tres libros notables, el cardenal Robert Sarah ha llamado repetidamente a los cristianos a volver al deber esencial de la oración y nos advirtió contra el atractivo de un activismo espiritualmente desarraigado. El cardenal titula el último de estos libros, “El día ya ha pasado”, advirtiéndonos contra el pecado de Judas, quien desesperadamente quería apresurar la venida del Reino de Dios en este mundo, pero un “reino de Dios” mal entendido.

Y la consecuencia fue que “se distanció. Ya no escuchó a Cristo. Ya no lo acompañaba durante esas largas noches de silencio y oración. Judas se refugió en los asuntos mundanos. Él se ocupó de la bolsa, el dinero y el comercio”.

Como Judas, concluye el cardenal, “¡hemos traicionado! Hemos abandonado la oración. El mal del activismo eficiente se ha infiltrado en todas partes. Buscamos imitar la organización de las grandes empresas. Olvidamos que la oración sola es la sangre que puede correr por el corazón de la Iglesia. Decimos que no tenemos tiempo que perder. Queremos utilizar este tiempo para obras sociales útiles”.

Sin embargo, “Alguien que ya no reza ya ha traicionado. Ya está dispuesto a hacer todo tipo de compromisos con el mundo. Camina por la senda de Judas”.

Palabras duras. Palabras aleccionadoras

La Virgen María es el perfecto contraejemplo. Más recientemente, sin embargo, tenemos el gran ejemplo de la Madre Teresa. Aunque completamente dedicada a su misión de aliviar el sufrimiento de los más pobres de los pobres en los barrios marginales de la India, la Madre Teresa y sus hermanas siempre pasaban muchas horas al día en oración frente al Santísimo Sacramento. Qué excusa tenemos entonces, que desperdiciamos tantas horas en las redes sociales, o leyendo las noticias, o viendo Netflix. ¡Y cuál es el resultado de todo esto, excepto que nos volvemos más agitados y más una piedra de tropiezo espiritual para nuestros hermanos y hermanas!

¿Encuentras que estás consumido por el miedo en estos días? Si es así, debo preguntarte: ¿estás rezando?

Si la respuesta es “no”, entonces ya sabes lo que debes hacer.

Fuente:

http://vidahumana.org/

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