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TESTIGOS DEL RESUCITADO, por Alejandro Pérez. Comentario al evangelio del Domingo III de Pascua

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El sacerdote Alejando Pérez, profesor de los Centros Teológicos y canónigo de la Catedral de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo III de Pascua (Lc 24, 35-48).
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“La Resurrección de Jesucristo lo ilumina todo en la vida”

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Homilía en la Eucaristía del II Domingo de Pascua, el 11 de abril de 2021, en la S.I Catedral.

Segundo Domingo de Pascua. Ciclo B. 11 de abril de 2021

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Segundo Domingo de Pascua. Ciclo B. 11 de abril de 2021

Después de una Semana Santa intensa, nos situamos en el Segundo Domingo de Pascua, un tiempo, el pascual, que se inicia en la Vigilia de la noche del Sábado Santo y en el que los cristianos, a través de la liturgia de la Iglesia, durante cincuenta días vamos a festejar el misterio más grande de nuestra fe: la resurrección del Señor.
El domingo anterior se nos narraba en el Evangelio cómo fue el momento del descubrimiento de la tumba vacía y la reacción de los primeros en descubrir que el cuerpo de Jesús ya no se encontraba allí, en el amanecer del tercer día. Las primeras en tener esta experiencia, en conocer e informar de esta buena y gran noticia son las mujeres, lo cual es significativo en una sociedad dominada por los hombres. Después vemos a Pedro, el principal de los discípulos y el que negó a Jesús la noche de su prendimiento, y a Juan, el discípulo fiel y amado, como los primeros varones en confirmar lo anunciado por las mujeres. Vemos en Pedro la misericordia y en Juan la fidelidad del Resucitado.

Y ahora pasamos del sepulcro vacío, que se pude interpretar de muchas maneras, a los hechos de las apariciones del Resucitado, una experiencia de fe inolvidable para quienes la tuvieron y que les transformó interiormente con una fuerza indescriptible, hasta el punto de que los que huyeron cuando la muerte de Jesús, llegarán a dar su vida por él a través del martirio. He ahí lo que supuso la resurrección y el encuentro del Resucitado para los primeros cristianos, y para tantos a lo largo de los siglos posteriores. He ahí el tema central del relato de hoy: la fe recibida como testimonio y la fe vivida como experiencia personal.

El acontecimiento tiene lugar al anochecer, tiempo que nos recuerda a una comunidad cristiana envuelta en la crisis de fe provocada por la crucifixión del Maestro y Señor; y con las puertas cerradas, actitud de quienes están llenos de miedo y viven de manera oculta y clandestina, temerosos porque se mantienen en el pasado del dolor y del sufrimiento, sin ningún tipo de esperanza. Así se encontraba la primera comunidad cristiana cuando sucede el encuentro con el Resucitado. Cristo supera toda barrera e impedimento humano y se coloca en su lugar, en el centro y en medio de la comunidad creyente, en el centro de la fe que ilumina la ceguera de la falta de fe.

Jesús les dona su paz y la misión de ser sus testigos y continuadores de la obra por él iniciada: el anuncio del Reino de Dios y de su Buena Noticia. Donde está el Señor hay paz y no hay divisiones ni violencia. Donde están sus testigos, está el Señor.

Jesús dona a la comunidad el don del Espíritu Santo, que posibilita el poder realizar y celebrar los sacramentos, subrayando el de la misericordia y perdón de los pecados, dando poder a la Iglesia para llevar esta acción sacramental en nombre de Jesús y que sólo le corresponde a Dios.

En la segunda parte de este relato nos encontramos con la historia de Tomás, uno de los Doce, que se encontraba ausente cuando la aparición de Jesús a la comunidad. Tomás ha sido informado por la comunidad, la cual le ha transmitido este suceso, que él no cree porque no le basta el testimonio de sus hermanos y hermanas en la fe. Por tanto, aquí se matiza cómo la fe requiere de la confianza en lo que la Iglesia ha transmitido de generación en generación. Esa fe en el magisterio de la Iglesia nos hace estar unidos a la comunidad eclesial. La fe es la aceptación del misterio que no siempre tiene explicaciones racionales ni demostraciones científicas. La fe es el amor a Cristo, el que la Iglesia nos muestra.

Pero la fe también es una experiencia personal de encuentro con el Señor, que viene a complementar el anuncio y las enseñanzas que hemos recibido. Tú en tu vida y en algún momento puedes tener esa experiencia de encuentro con un Dios que acontece y se te muestra, sin ser visto de manera sensitiva pero que lo puedes notar a través de su acción en tu vida y de su presencia como compañero de tu caminar. Esa es una fe fortalecida por un encuentro que tal vez no se pueda explicar con palabras humanas pero que nadie te puede rebatir ni derrumbar, porque tú te quedas convencido plenamente. El encuentro se transforma en paz para tu vida, es decir, en amor dentro de ti. Un amor que nadie podrá apagar, un amor que será un torrente de fuerza para superar lo que humanamente nos supera y se hace un imposible. La fuerza del amor al Resucitado nace de la fe y de un encuentro personal, que día a día se incrementa en la oración personal, en la escucha de la Palabra de Dios, en la celebración sacramental y en la caridad fraterna, aunque no siempre el Amor (Jesucristo) se hace presente en ti de la misma manera, pero es el que te hace luchar contra la adversidad, el que te anima a llevar a cabo tu misión como testigo y cristiano, el que te motiva a perdonar, a ayudar a los que más te necesitan y a afrontar el sufrimiento con esperanza. Sólo desde la fe hecha experiencia podrás gritar convencido y en toda circunstancia la oración de Tomás: «Señor mío y Dios mío».

Emilio José Fernández, sacerdote

 http://elpozodedios.blogspot.com/

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Nando: «El testimonio es lo mejor que podemos ofrecer»

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El religioso pasionista Nando Bar ofrece su testimonio este domingo en el programa Iglesia Noticia de COPE Málaga y afirma que para interpelar a los jóvenes sobre la vocación «lo mejor que podemos ofrecerles es el testimonio de una vida entregada e ilusionante». Ver este artículo en la web de la diócesis

Así fue el Pregón de las Glorias de Málaga

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El pregón de las Glorias se ha celebrado este sábado, 10 de abril, en Casa Diocesana Málaga, y el encargado de pronunciarlo ha sido el vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago, anterior delegado de hermandades y cofradías. Ver este artículo en la web de la diócesis

Así fue el Pregón de las Glorias

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El pregón de las Glorias se ha celebrado este sábado, 10 de abril, en Casa Diocesana Málaga, y el encargado de pronunciarlo ha sido el vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago, anterior delegado de hermandades y cofradías. Ver este artículo en la web de la diócesis

NO TEMAS, por Emilio López Navas. Comentario al evangelio del Domingo II de Pascua

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El sacerdote Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo II de Pascua (Jn 20, 19-31).
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Profeta Ezequiel

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Profeta EzequielEzequiel, hijo de Buzí, de linaje sacerdotal, fue llevado cautivo a Babilonia junto con el rey Jeconías de Judá (597 a. C.) e internado en Tel-Abib a orillas del río Cobar. Cinco años después, a los treinta de su edad (cf. 1, 1), Dios lo llamó al cargo de profeta, que ejerció entre los desterrados durante 22 años, es decir, hasta el año 570 a. C.

A pesar de las calamidades del destierro, los cautivos no dejaban de abrigar falsas esperanzas, creyendo que el cautiverio terminaría pronto y que Dios no permitiría la destrucción de su Templo y de la Ciudad Santa (véase Jer. 7, 4 y nota). Había, además, falsos profetas que engañaban al pueblo prometiéndole en un futuro cercano el retorno al país de sus padres. Tanto mayor fue el desengaño de los infelices cuando llegó la noticia de la caída de Jerusalén. No pocos perdieron la fe y se entregaron a la desesperación.

La misión del Profeta Ezequiel consistió principalmente en combatir la idolatría, la corrupción por las malas costumbres, y las ideas erróneas acerca del pronto regreso a Jerusalén. Para consolarlos pinta el Profeta, con los más vivos y bellos colores, las esperanzas de la salud mesiánica.

Divídese el libro en un Prólogo, que relata el llamamiento del profeta (caps. 1-3), y tres partes principales. La primera (caps. 4-24) comprende las profecías acerca de la ruina de Jerusalén; la segunda (caps. 25-32), el castigo de los pueblos enemigos de Judá; la tercera (caps. 33-48), la restauración.

«Es notable la última sección del profeta (40-48) en que nos describe en forma verdaderamente geométrica la restauración de Israel después del cautiverio: el Templo, la ciudad, sus arrabales y la tierra toda de Palestina repartida por igual entre las doce tribus» (Nácar-Colunga).

Las profecías de Ezequiel descuellan por la riqueza de alegorías, imágenes y acciones simbólicas de tal manera, que S. Jerónimo las llama «mar de la palabra divina» y «laberinto de los secretos de Dios».

Ezequiel, según tradición judía, murió mártir.

http://www.santopedia.com/santos/san-ezequiel-profeta

La entrada Profeta Ezequiel apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

San Ezequiel

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Ezequiel, hijo de Buzí, de linaje sacerdotal, fue llevado cautivo a Babilonia junto con el rey Jeconías de Judá (597 a. C.) e internado en Tel-Abib a orillas del río Cobar. Cinco años después, a los treinta de su edad (cf. 1, 1), Dios lo llamó al cargo de profeta, que ejerció entre los desterrados durante 22 años, es decir, hasta el año 570 a. C.

A pesar de las calamidades del destierro, los cautivos no dejaban de abrigar falsas esperanzas, creyendo que el cautiverio terminaría pronto y que Dios no permitiría la destrucción de su Templo y de la Ciudad Santa (véase Jer. 7, 4 y nota). Había, además, falsos profetas que engañaban al pueblo prometiéndole en un futuro cercano el retorno al país de sus padres. Tanto mayor fue el desengaño de los infelices cuando llegó la noticia de la caída de Jerusalén. No pocos perdieron la fe y se entregaron a la desesperación.

La misión del Profeta Ezequiel consistió principalmente en combatir la idolatría, la corrupción por las malas costumbres, y las ideas erróneas acerca del pronto regreso a Jerusalén. Para consolarlos pinta el Profeta, con los más vivos y bellos colores, las esperanzas de la salud mesiánica.

Divídese el libro en un Prólogo, que relata el llamamiento del profeta (caps. 1-3), y tres partes principales. La primera (caps. 4-24) comprende las profecías acerca de la ruina de Jerusalén; la segunda (caps. 25-32), el castigo de los pueblos enemigos de Judá; la tercera (caps. 33-48), la restauración.

«Es notable la última sección del profeta (40-48) en que nos describe en forma verdaderamente geométrica la restauración de Israel después del cautiverio: el Templo, la ciudad, sus arrabales y la tierra toda de Palestina repartida por igual entre las doce tribus» (Nácar-Colunga).

Las profecías de Ezequiel descuellan por la riqueza de alegorías, imágenes y acciones simbólicas de tal manera, que S. Jerónimo las llama «mar de la palabra divina» y «laberinto de los secretos de Dios».

Ezequiel, según tradición judía, murió mártir.

https://www.santopedia.com/santos/san-ezequiel-profeta

 

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