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Beata María Madre de San José

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Beata María Madre de San José

El 2 de abril es la memoria de la fundadora de las Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón, María Madre de San José. Es la primera venezolana declarada beata.

Nació en Choroní con el nombre de Laura Evangelista, en un pueblo de Venezuela, el 25 de Abril de 1875. Desde su infancia llevó una vida cristiana educada en familia. A los trece se consagró al Señor cuando en durante la celebración de la Primera Comunión, el día de la Inmaculada Concepción.

Con 17 años le impusieron el santo escapulario de la Virgen del Carmen. Luego en 1893, el sacerdote Justo Vicente López Avecedo fundó la Sociedad de las Hijas de María y Laura pasa a formar parte de ella, renovando así sus primeros votos de virginidad perpetua, también un día de la Inmaculada.

Empezó entregándose a Jesucristo en los más pobres, primero en el Hospital de San José de Maracay, fundado por su director espiritual López Acevedo. Con 24 años se le confió la dirección del centro. A su vez, Acevedo funda la congregación religiosa de las Agustinas Recoletas en Venezuela, en la que entra a formar parte Laura Evangelista en 1903 como Superiora de la comunidad, desde entonces se le llamó Madre María de San José.

Muchas fueron las obras hechas por esta congregación en el país: orfelinatos, asilos de mendigos, casas maternas, hospitales, escuelas, albergues… Después de una fructífera vida de sacrificio, caridad y ferviente amor por Jesús Eucaristía, murió santamente la en Maracay un 2 de abril, cuando tenía 92 años.

El proceso de su Beatificación comenzó en 1978. En 1982, ocurre la curación de la hermana Teresa Silva inválida por penosa enfermedad a quien la Madre le había profetizado su curación años antes. Este milagro, obtenido de la misma Madre, fue aprobado por decreto papal de Juan Pablo II en 1993.

 

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“Dijo: Está cumplido, e inclinando la cabeza expiró”

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“Dijo: Está cumplido, e inclinando la cabeza expiró”

Evangelio de hoy, Viernes Santo, 2 de abril de 2021.

– Is 52, 13 – 53, 12
– Sal 30
– Heb 4, 14-16; 5, 7-9

– Jn 18, 1 – 19, 42

Después de decir esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús, el Nazareno». Les dijo Jesús: «Yo soy». Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: «¿A quién buscáis?». Ellos dijeron: «A Jesús, el Nazareno». Jesús contestó: «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos». Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Maleo.

Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». El dijo: «No lo soy». Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho». Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?». Jesús respondió: «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?». Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?». Él lo negó, diciendo: «No lo soy». Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: «¿No te he visto yo en el huerto con él?». Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?». Le contestaron: «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos». Pilato les dijo: «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley». Los judíos le dijeron: «No estamos autorizados para dar muerte a nadie». Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato le dijo: «Y ¿qué es la verdad?».

Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?». Volvieron a gritar: «A ese no, a Barrabás». El tal Barrabás era un bandido.

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían: «¡Salve, rey de los judíos!». Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo: «Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa». Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: «He aquí al hombre». Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Pilato les dijo: «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él». Los judíos le contestaron: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios». Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más.

Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?». Jesús le contestó: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor». Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».

Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: «He aquí a vuestro rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?». Contestaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que al César». Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está».

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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En la Misa Crismal

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Homilía de D. Adolfo González Montes, obispo de Almería, en la Misa Crismal

Viernes Santo, a los pies de la Cruz y con la mirada puesta en la resurrección

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Viernes Santo, a los pies de la Cruz y con la mirada puesta en la resurrección

El Viernes Santo es día de silencio y oración, día de contención. Celebramos la Muerte del Señor, en la Cuz, por nosotros, por nuestra salvación. Eso sí, con la mirada puesta en el Domingo de Resurrección, en el Cristo que vence a la muerte y que nos hace a nosotros, también, victoriosos.

Una de las celebraciones de este día es, sin duda, el Viacrucis, que se va a rezar en muchos pueblos, aunque este año, por el coronavirus, no se pueda salir a la calle en procesión. Se harán en los templos, con las medidas de seguridad establecidas, pero con las mismas catorce estaciones de siempre. En el Viacrucis recorreremos la Pasión y Muerte del Señor con nuestras oraciones, rezando por los otros Cristos que hoy sufren “otras pasiones y muertes”, pero que son las del mismo Cristo que murió por nosotros. Pediremos por ellos, con la esperanza puesta en el Señor. Porque un Viacrucis solo puede ser rezado desde la esperanza, sabiéndonos en las manos de Dios, que envió a su Hijo para salvarnos, y que nos salva con su Muerte y Resurrección.
Otro gran momento del Viernes Santo, el más importante, es la celebración de la Muerte del Señor, o los “Santos Oficios”, como más se le conoce. Es el momento de escuchar la Pasión según San Juan y de adorar la Cruz, desde la que se obró nuestra redención. También pediremos por todas las necesidades del mundo y participaremos, cómo no, de la vida que nos da Cristo en el Pan de la Eucaristía, reservado desde la tarde del Jueves Santo.
Sin duda, el Viernes Santo es un día de silencio y de fe. La Iglesia se sitúa a los pies de la Cruz, junto a María y al discípulo amado, para contemplar el misterio salvador que se obró aquel otro viernes de pasión en el Gólgota. Pero contempla la Cruz con la mirada puesta en la resurrección, que nos da la vida y mantiene nuestra esperanza. En el Viernes Santo, la Iglesia, sobrecogida, espera.
Antonio Gómez

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San Francisco de Paula

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San Francisco de PaulaNació en un pueblecito llamado Paula, en Italia, en 1416. Cuando tenía unos pocos años se enfermó gravemente de los ojos. Se encomendó junto con sus padres a San Francisco de Asís y este santo le obtuvo de Dios la curación. En acción de gracias se fue a los 14 años en peregrinación a Asís, y allá recibió la inspiración de convertirse en ermitaño, dedicado a rezar y a hacer penitencia.

Se retiró a la montaña, y ahí permaneció durante cinco años, rezando, meditando y alimentándose solamente de agua y de yerbas silvestres y durmiendo sobre el duro suelo, teniendo por almohada una piedra. Pronto, varios hombres siguieron su ejemplo. Francisco tuvo que fundar varias casas para sus religiosos y, en todos sus conventos puso una consigna o ley que había que cumplir siempre. Decía así: «Cuaresma perpetua». Esto quiere decir que en la alimentación se debían hacer las mortificaciones que antiguamente se hacían en cuaresma con el fin de fortificar la voluntad.

Miles de hombres decidieron abandonar la vida pecaminosa del mundo e irse a la Comunidad religiosa fundada por San Francisco de Paula. Así como San Francisco de Asís les había puesto a sus religiosos el nombre de «hermanos menores», San Francisco de Paula les puso a los que pertenecían a su comunidad el nombre de «hermanos Mínimos». El Divino Espíritu le concedió a San Francisco de Paula el don de hacer milagros, de hacer curaciones, y el don de profecía.

El Papa Pablo VI dijo en 1977 que San Francisco de Paula es un verdadero modelo para los que tienen que llamarles la atención a los gobernantes que abusan de su poder y que malgastan en gastos innecesarios el dinero que deberían emplear en favor de los pobres. Por muchos años nuestro santo recorrió ciudades y pueblos llevando los mensajes de Dios a las gentes. Y en aquellos tiempos (como ahora) había alcaldes, gobernadores, ministros y hasta jefes de Estado que abusaban de su poder y gastaban los dineros públicos para enriquecerse o para hacer gastos inútiles y conseguir lujos, en vez de socorrer a los necesitados. A ellos les iba recordando San Francisco que a cada uno le dirá Cristo en el día del juicio aquellas palabras que dijo en el Evangelio: «Dame cuenta de tu administración» .

También les recordaba esta frase del Apocalipsis: «He aquí que tengo y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras». Todo esto hacía pensar muy seriamente a muchos gobernantes y los llevaba a corregir los modos equivocados de proceder que habían tenido en el pasado. El santo logró convertir a Luis XI antes de su muerte. Este quedó tan agradecido que nombró a Francisco de Paula como director espiritual de su hijo, el futuro Carlos VIII, rey de Francia.

Murió el Santo, 2 de abril de 1507. El pueblo empezó inmediatamente a proclamarlo como santo y los milagros empezaron a sucederse. Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X , en 1519.

Fuente: http://ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/san-francisco-de-paula

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Reencuentro con el Viernes Santo

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Programa de la Agrupación de Semana Santa de Málaga y el Centenario para el Viernes Santo, con testimonios, reflexiones y la participación del delegado de Hermandades y Cofradías, Salvador Guerrero. Ver este artículo en la web de la diócesis

Jueves Santo: «Jesucristo hoy nos hace tres regalos»

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La Catedral de La Laguna acogió otro inicio del Triduo Pascual lejos de lo que estamos acostumbrados en Semana Santa. Si bien la Misa “en la Cena del Señor” no fue a puerta cerrada y sin fieles, como ocurriera el año pasado, en esta ocasión el principal templo de la diócesis solo pudo acoger al 33% de su capacidad. Asimismo, se suprimió el lavatorio de los pies y el traslado del Santísimo Sacramento al Monumento se llevó a cabo con un grupo reducido de personas.

Con todo, el prelado nivariense invitó a los presentes y a todos los que pudieron seguir la celebración por el canal de Youtube “obispadodetenerife”, a “lavar”, no nuestros pies, sino nuestro corazón, de todo lo que no procede del amor de Dios.

El obispo comenzó su homilía saludando al comité ejecutivo de las Hermandades y Cofradías, a los representantes de la Hermandad del Santísimo Sacramento, al alcalde de la ciudad de Aguere y a los miembros de la corporación municipal.

A los pies del altar se colocó una jofaina y una toalla para recordar el gesto del lavatorio. Monseñor Álvarez indicó que este año estamos llamados a vivir la pasión, muerte y resurrección de Cristo desde nuestro interior.

Refiriéndose concretamente al Jueves Santo, el prelado nivariense expresó que en este día, Jesucristo nos hace tres regalos: La institución de la Santa Eucaristía, la institución del sacerdocio ministerial y el mandamiento del amor fraterno.

Por otro lado, en relación al Evangelio proclamado, monseñor Álvarez destacó que en reiteradas ocasiones la Palabra hace referencia a que “Jesús sabe”. “Sabe que ha llegado su hora, sabe que viene de Dios y que el Padre ha puesto todo en sus manos y, por último, sabe quién lo va a entregar”. En este sentido, el obispo añadió que Jesús, en vez de huir o revelarse, lo convierte todo en una entrega. “No hay amor más grande que dar la vida por los demás. Esto no es fácil. Lo hizo Jesús y lo han hechos otras personas siguiendo su ejemplo de amor”. En este momento, el prelado recordó el testimonio de San Maximiliano Kolbe, que murió voluntariamente en el campo de concentración de Auschwitz durante la II Guerra Mundial evitando que asesinaran a un padre de familia.

Álvarez también puso como ejemplo de dar la vida a los miembros de las fuerzas armadas, a los bomberos y a los médicos y sanitarios que se exponen a los contagios. “También nosotros, cada vez que nos sacrificamos por los demás, estamos dando la vida. Los padres por los hijos, los que trabajan ayudando a las personas más vulnerables… todo lo que implica amor y servicio, lleva consigo morir un poco a sí mismo”.

En este sentido, el obispo recordó que para un cristiano amor sin servicio, no es amor, sino una entelequia. Al igual que servicio sin amor, es una esclavitud.

La última parte de la homilía estuvo dedicada a la importancia de la Eucaristía. “Es el gran regalo que ha querido hacer Jesucristo. El don de su presencia permanente. Celebrar la Eucaristía es actualizar la entrega de Cristo en la cruz por nosotros. Dios se nos da sin medida. Esto es la Eucaristía, el amor sin medida de Dios puesto a la altura del hombre para que lo podamos gustar”.

Para finalizar, monseñor Álvarez recordó unas palabras del Papa Benedicto XVI recogidas en su encíclica “Dios es amor”: “Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma”. Al hilo de esta idea, el obispo expresó que entrar en contacto con la Eucaristía nos afecta. “Si pones la mano en el agua, te mojas. Si tocas un cable de corriente eléctrica te da un calambre… Si comulgas de verdad el cuerpo de Cristo, tu vida queda afectada. Te conviertes en aquello que recibes. Es decir, en una persona que da la vida por los demás».

En la celebración se pidió especialmente por las personas que están en primera línea luchando para que acabe la pandemia y también por los migrantes que ponen su vida en juego. “Este año, las procesiones las vemos en el rostro de tantos inmigrantes que están en las calles pidiendo limosna”, indicó el obispo.

Las retransmisiones en directo a través de Youtube regresarán este Viernes Santo. La primera será a las 7:30 horas, con el Sermón de las Siete Palabras, desde el Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna. La segunda será a las 12 del mediodía, desde la Catedral, con la Acción Litúrgica de la Pasión del Señor.

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El Obispo de Jaén anima a tener un gesto especial con los más necesitados en el día del Amor Fraterno

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A las 7 de la tarde de este Jueves Santo se cerraban las puertas de la Catedral de Jaén con el aforo completo, 300 personas, que son las que se permiten actualmente. Pocos minutos antes llegaba el Obispo de la Diócesis, Don Amadeo Rodríguez Magro, para celebrar la Cena del Señor. Una celebración, marcada por las medidas frente a la pandemia del Coronavirus, con la que se inauguraba el Solemne Triduo Pascual, en el que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Junto al Obispo concelebraron, en este día del Amor Fraterno, diversos miembros del Cabildo Catedral, el Vicerrector del Seminario y otros sacerdotes de la ciudad.

Uno de los símbolos de esta celebración del Jueves Santo es el lavatorio de los pies, el mismo que hizo Jesús a sus apóstoles antes de la Última Cena, y que cada año rememora el Obispo. Por segundo año consecutivo se ha suspendido a causa de la pandemia.

Las lecturas fueron participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por uno de los seminaristas. El Evangelio fue proclamado por el diácono, Antonio Blanca.

El acompañamiento musical corrió a cargo del canónigo emérito D. Alfonso Medina, al órgano, y el antiguo coro de la Catedral.

Homilía
Durante su homilía, el Prelado del Santo Reino quiso recordar que con la Cena del Señor los cristianos celebramos la Cena con sus Apóstoles, pero trasladándolo al hoy y al presente, se celebra la Cena del Señor con su Iglesia. “Hoy en la Catedral de Jaén estamos celebrando la Cena Pascual de Cristo con su Iglesia. Él nos dijo: «Tomad y comed, este es mi cuerpo», aquí tenéis un alimento de vida permanente para vosotros, de vida eterna. «Tomad y bebed, este es el cáliz de mi sangre», bebed de esta entrega, de esta sangre derramada por el mundo y acoged en vosotros la salvación. Sed felices y disfrutad de la salvación que Dios os va a dar en mi cruz y mi resurrección. Dejaos empapad por este misterio que a nosotros nos llega del pan y el vino convertido en el cuerpo y la sangre del Señor. Y que es un misterio de amor”.

Asimismo, Don Amadeo quiso explicar el que el Jueves Santo, día en que Jesús instituyó el Sacramento del Orden sacerdotal, se celebra el día del sacerdote. “Hoy celebramos el día del sacerdote, que es también un servicio de amor. El Señor nos ha dicho que el sacerdocio es un servicio de amor para todos los hombres, porque la Eucaristía hay que celebrarla siempre con el pueblo santo de Dios.  El pan y el vino es un ofrecimiento para todos nosotros, que pasa por esa consagración especial que el Señor hace de algunos hombres a los que llama a este servicio eclesial”.

Además, recordó que hoy es el día del Amor Fraterno. “Acojamos lo que el Señor hace por nosotros y vivamos todo lo que el Señor nos pide de cada uno de nosotros. Su paso por nuestra vida tiene que ser una transformación permanente interior de nosotros, una transformación de amor. Hoy es el día del Amor Fraterno, de la actitud de servicio de unos frente a los otros, y el Señor nos pide que hagamos lo mismo que él hizo”.

El Pastor diocesano  ha querido finalizar su predicación animando a los fieles a tener algún gesto especial con los que más nos necesitan. “Hoy no se ha podido celebrar el lavatorio de pies, debido a las medidas frente a la pandemia.  Pero quizás hoy sea más eficaz para nosotros tener algún gesto especial con aquel que está a nuestro lado y que nos necesita. Servicio, caridad, amor fraterno… es lo que surge de la Eucaristía. Pues que ese amor fraterno se convierta para nosotros en algún hecho. Y que el Señor nos ayude a comprender lo que hace con nosotros y lo que significa de verdad este misterio de la Eucaristía”.

Reserva del Santísimo
Tras la comunión se realizó la reserva del Santísimo. Los seminaristas encabezaban la procesión con la cruz y los ciriales. A continuación, los concelebrantes y los ministros, con dos candeleros, abrían paso al Obispo, que portaba el Copón que contenía la reserva eucarística. Cerraban la comitiva el diácono y representantes de la Cofradía de la Buena Muerte. Así, se desplazaron sobriamente, y manteniendo la distancia oportuna para evitar contagios, desde el Altar Mayor hasta la Iglesia del Sagrario, donde el diácono procedió a la reserva. El Obispo se arrodilló para incensar el Santísimo, mientras comenzaba a cantarse el Tantum Ergo. Posteriormente, y aún de rodillas, se hicieron unos minutos de silencio y adoración eucarística. Prolongando el silencio, la procesión se reanudó hasta la Sacristía.

Finalmente, se procedió a desnudar el altar, culminando, así, la Cena del Señor de este atípico Jueves Santo.

Mañana la Catedral acogerá la celebración de la Pasión y Muerte del Señor a las 17 horas. A su término se bendecirá, desde los balcones de la Catedral, a los jiennenses con el Santo Rostro.

Galería fotográfica: «Cena del Señor 2021»

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Nuncio apostólico, en los Oficios del Jueves Santo en Granada: “La comunión eucarística nos hace más ciudadanos del Cielo”

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Momentos antes de la consagración, en los Oficios del Jueves Santo en la Catedral de Granada.

Mons. Bernardito Auza, que se encuentra estos días en Granada, preside en el Jueves Santo las celebraciones de la Misa Crismal y los Oficios, desde la Catedral, donde ha trasladado de nuevo el saludo del Papa Francisco a todos los fieles y diocesanos granadinos.

Con un saludo en nombre del Santo Padre dirigido a todos los fieles, especialmente a los enfermos y de entre ellos a quienes sufren la enfermedad del coronavirus, el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza, se dirigía a los fieles en la celebración de la Cena del Señor.

El Nuncio, representante del Papa Francisco en la Iglesia en España, presidía los Oficios en el Jueves Santo, invitado por nuestro arzobispo D. Javier Martínez para compartir junto con la Diócesis estas importantes celebraciones de la liturgia de la Iglesia, como es la Misa Crismal y los Oficios. Junto a él, concelebraba nuestro arzobispo D. Javier, que de nuevo, como hiciera en la celebración de la Misa Crismal el Jueves Santo por la mañana, daba las gracias al Nuncio por estar con nosotros en la Diócesis presidiendo algunas de las principales celebraciones de Semana Santa.

La celebración ha prescindido este año del lavatorio de los pies a causa de la pandemia. No obstante, el eco de este gesto de Cristo con los discípulos ha estado presente en la proclamación del Evangelio de San Juan. Un pasaje del Evangelio que nos narra el momento en que Cristo lava los pies a sus discípulos como signo de su ser “servidor” de los hombres, momentos antes de morir en la cruz en obediencia a Dios Padre.

EUCARISTÍA Y COMUNIÓN EUCARÍSTICA
En los Oficios de hoy jueves, la Iglesia nos recuerda con su liturgia la institución de la Eucaristía, que es la “vida de Jesús divulgada” –en palabras de Mons. Auza- y el día sacerdotal. “El don más precioso que Cristo nos da es Su Cuerpo y es Su Sangre”, afirmó. Asimismo, habló de la Alianza nueva que Dios establece con nosotros, con la Pasión, muerte y Resurrección del Señor; una Alianza, por tanto, “sellada por Jesucristo”. “La comunión eucarística nos hace más ciudadanos del Cielo. Es la comunión la que nos introduce en la vida de Dios”, señalaba en su homilía el Nuncio apostólico. “La vocación hacia la santidad es la vocación hacia la vida eterna”, subrayaba.

Mons. Auza presidió en este Jueves Santo por la mañana la Misa Crismal en la Catedral, en la que consagró y bendijo el crisma y los óleos, que después se utilizan en la administración de los Sacramentos, y en la que el clero diocesano renovó sus promesas del Orden Sacerdotal. También, en los Oficios, recordando al sacerdote, señalaba que el presbítero “es para la Iglesia, para el servicio del Pueblo de Dios”.

Antes de terminar, el representante del Papa en la Iglesia en España invitaba a los fieles a “vivir esta Presencia perpetua del Señor”, acercándonos a Jesús “cada día más, con el propósito de vivir en nuestra vida siendo instrumentos de la Presencia de Dios en el mundo, en nuestra sociedad”.

DÍA DEL AMOR FRATERNO
La colecta en esta Eucaristía en la Catedral, y la realizada en todas las parroquias, iglesias y templos en la celebración de la Cena del Señor, va destinada a Cáritas, en el Día del amor fraterno, coincidiendo en el día del Jueves Santo. Una colecta que servirá para ayudar a muchas personas, entre ellas muchas familias, de la Diócesis que se encuentran en dificultades económicas y que la pandemia ha agravado, como consecuencia en muchos casos de la pérdida de un trabajo.

RESERVA
Los Oficios del Jueves Santo concluyeron con la reserva del Santísimo Sacramento en una capilla ubicada en una de las naves laterales del templo catedralicio. Y es que la consagración de hoy Jueves Santo será la que los fieles comulguen en el Viernes Santo, ya que ese día, Pasión del Señor, no hay Eucaristía, es decir, consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo, a la espera de la vigilia pascual el sábado, que anuncia ya la Resurrección del Señor.

HORARIOS
Las celebraciones litúrgicas en esta Semana Santa están siendo retransmitidas por la televisión diocesana por internet Virgen de las Angustias Televisión, en www.vatelevisiom.com.

En este canal por internet podrá verse también los Oficios desde la Catedral del Viernes Santo, que está previsto presida el Nuncio en España Mons. Auza, a las 17 horas. También se retransmitirán la vigilia pascual, el Sábado Santo, a las 19 horas, y el Domingo de Resurrección, a las 12:30 horas, ambas presididas por nuestro arzobispo D. Javier.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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