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El Nuncio en España reza con los granadinos al Cristo de los Favores

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Ante María Santísima de la Misericordia Coronada, tras el rezo de las Cinco Llagas.

La pandemia no ha impedido hacer el tradicional acto de oración de las Cinco Llagas al Cristo de los Favores este Viernes Santo, porque, en lugar de ser en el exterior, ante la imagen en piedra de Cristo crucificado, en el Campo del Príncipe, se ha llevado a cabo con aforo reducido en el interior de la iglesia de San Cecilio. Mons. Martínez ha asistido al rezo, junto al Nuncio, que ha dirigido la oración de las Cinco Llagas a Cristo.

Granada no ha faltado a su cita en la oración de las Cinco Llagas al Cristo de los Favores, aunque el rezo se ha trasladado, por motivo de la pandemia, del Campo del Príncipe al interior de la iglesia de San Cecilio, con aforo reducido. Allí estaba también nuestro arzobispo como cada Viernes Santo y, en esta ocasión, el Nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza, que, con ocasión de su estancia estos días en Granada, ha dirigido la oración de las Cinco Llagas al Cristo de los Favores.

ORACIÓN POR LOS ABANDONADOS, LOS POBRES, LOS ENFERMOS….
Tras el rezo del Via Crucis y momentos después de las 3 de la tarde, Mons. Auza ha recorrido las cinco llagas del Señor en la cruz, para pedir la Gracia de Dios “para ir por el sendero de Tu Amor”.

En su recorrido por cada una de las cinco llagas, el representante del Papa Francisco en la Iglesia en España ha orado por la paz en el mundo, por los perseguidos a causa del cristianismo, por los abandonados y todos los pueblos de la tierra, por los que pasan hambre y los moribundos. También ha orado por los misioneros, por la justicia en el mundo y por todos los movimientos apostólicos de la Iglesia, así como por las hermandades y cofradías, especialmente por la Cofradía de los Favores a cuya advocación de Cristo dirigía sus peticiones.

El Nuncio en España también ha recordado a todos los enfermos, especialmente a quienes padecen en su cuerpo y alma la pandemia en todo el mundo, y concretamente en España. También por las familias y por las intenciones que cada uno en ese instante llevaba en su corazón.

Momentos antes, el reloj marcaba las tres de la tarde, haciéndose el silencio en el interior del templo y en los alrededores, que congregó espontáneamente en torno al Cristo de piedra en el Campo del Príncipe a algunas personas.

MONS. AUZA EN LA HERMANDAD DE LOS FAVORES
Previamente a la oración de las Cinco Llagas, nuestro arzobispo D. Javier hablaba de la cruz del Señor como “el abrazo de Dios a todos”; un “abrazo que es la posibilidad del comienzo de una humanidad nueva”. “Un comienzo que necesitamos (…), necesitamos, sobre todo, Señor, Tu Presencia, Tu Misericordia, Tu Gracia”, señaló D. Javier Martínez.

La oración de las Cinco Llagas concluía con la bendición y afectuoso saludo del Papa Francisco al pueblo de Granada, especialmente quienes han participado en este acto del Viernes Santo. Con esta bendición final, también se rezó por las intenciones del Santo Padre por la Iglesia Universal y por todo el mundo.

Una vez concluido el acto del rezo, el Nuncio en España firmó en el Libro de honor de la Cofradía de los Favores y recibió la Medalla de la Hermandad. Después, a los pies de la Virgen María Santísima de la Misericordia Coronada, se oró una Salve, por todos y por las intenciones que cada uno lleva en su corazón.

En este acto del Viernes Santo al Cristo de los Favores, nuestro arzobispo y Mons. Auza estuvieron acompañados por el Hermano Mayor de la Hermandad de los Favores, el Presidente de la Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Granada, así como su consiliario, el párroco de la iglesia de San Cecilio, donde se celebró el acto, y distintas autoridades del ayuntamiento, entre ellos el alcalde de la ciudad.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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Adoración a la cruz y silencio ante el sepulcro, en el Viernes Santo

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Mons. Martínez, en la adoración ante la cruz.

Celebración de los Oficios de la Pasión y muerte del Señor en la S.I Catedral, presididos por el Nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza, y concelebrada por nuestro arzobispo D. Javier, que, entre otras cosas, recordaba hoy el abrazo a toda la humanidad de Cristo en la cruz.

Con la habitual sobriedad y sencillez litúrgica en el Viernes Santo, en el que hacemos memoria de la Pasión y muerte del Señor, la Catedral ha celebrado los Oficios de este día, presididos por el Nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza, que se encuentra estos días en Granada, por invitación personal de nuestro arzobispo D. Javier.

Sin cantos, sin altar “vestido” y con la Reserva del Santísimo Sacramento del día anterior en la comunión, la celebración ha tenido como eje central la adoración a la cruz, que este año se ha llevado a cabo desde el lugar en el que se encuentra cada feligrés, debido a la pandemia. Sólo los ministros que han oficiado la celebración se han postrado de rodillas ante la cruz, que ha presidido el altar. Los fieles arrodillados desde su lugar, han orado en silencio a Cristo crucificado en el día en el que la Iglesia hace memoria de Su Pasión.

Junto a la cruz, ha presidido esta adoración un trozo del lignum crucis, que, regalada a Isabel La Católica en el siglo XV, en aquel momento se atribuía al madero original de la cruz de Cristo. Es una reliquia de la Reina Isabel La Católica, que forma parte de los objetos personales de la Sierva de Dios que custodia la Capilla Real.

EL ABRAZO A TODA LA HUMANIDAD DE CRISTO EN LA CRUZ
“Es el centro de la historia de la humanidad y de la Creación”, señaló nuestro arzobispo D. Javier Martínez en la homilía. “Dios ha querido unirse a la criatura humana, con un amor que no somos nosotros capaces de representar o imaginarnos”. “Se ha cumplido –continúa D. Javier Martínez- el Designio de Dios al crear el mundo, al crear a nuestros padres, y al crearnos a cada uno de nosotros”, explicó.

D. Javier también ha hablado sobre la Alianza nueva que Dios establece con nosotros por medio de Su Hijo Jesucristo, “portador de la vida eterna, que nos ama tanto hasta el punto de entregarse a una muerte, y una muerte dolorosa y cruel”, como es la crucifixión. Con esta muerte, ninguna persona “puede decir que Dios no puede entender mi dolor, ansiedad o angustia”. Nuestro arzobispo también explicaba que Cristo en la cruz es el “abrazo en el que estamos cada uno de nosotros”, al mismo tiempo que subrayaba que esta Pasión “no es un hecho del pasado” que recordamos una vez al año, sino que “abraza la humanidad entera y la Creación entera” cada día y a cada uno de nosotros.

En sus palabras, D. Javier ha recordado la situación de dificultad en la que nos encontramos debido especialmente a la pandemia, tanto en las familias a causa de la enfermedad, la muerte o las tensiones que en el seno de ellas está ocasionando, como en la pérdida de trabajo. En este contexto, nuestro arzobispo recordaba que ese poder del mal que parece triunfar “no es nada al lado del poder del amor con el que Dios nos ama a todos y a cada uno”. “Ese mal lo ha vencido Cristo y lo ha vencido en la cruz”, señaló.

También ha hablado a los fieles de la vida nueva que comienza con Cristo: “Dios se revela como Amor. Y ese Amor es el comienzo de nuestra vida y la única esperanza nuestra y del mundo”. De esa vida nueva, nace una alegría profunda, “que sacia nuestra sed de plenitud y sacia hasta la vida eterna”.

Con la Reserva del Santísimo Sacramento en un lugar apartado, que se utilizará hoy y mañana para la comunión de enfermos, la Iglesia queda en silencio ante el sepulcro, hasta la vigilia pascual, con la esperanza en la Resurrección del Señor, junto a María, Madre de Dios.

RETRANSMISIONES
Las retransmisiones en el canal de televisión diocesano por internet Virgen de las Angustias TV continuarán en la vigilia pascual, el sábado a las 19 horas, y en la Eucaristía de la Resurrección del Señor, el domingo, presidida por nuestro arzobispo, a las 12:30 horas, ambas desde la S.I Catedral. Podrán seguirse conectándose en internet a www.vatelevision.com

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

Escuchar homilía

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Viernes Santo. «Lo más importante no es ser espectador, sino partícipe de la Pasión”

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La Catedral de La Laguna se convirtió en un mensaje en sí misma este Viernes Santo para hablarnos de la Pasión de Cristo. El altar austero, la leve iluminación, el enorme silencio ampliado este año por la reducción al 33% del aforo del templo…Todo ayudaba a vivir un día de recogimiento y oración al pie de la cruz.

El obispo Bernardo Álvarez presidió los cultos propios de esta jornada en la que no se celebra la Eucaristía, sino la acción liturgia de la Pasión del Señor. Dicha celebración comenzó con la postración del obispo frente al altar, gesto que simboliza la humildad, la penitencia y la súplica ante Dios.

Álvarez comenzó su homilía saludando de forma especial a los enfermos y a las personas mayores que siguieron esta celebración a través de la vía telemática.

Seguidamente, destacó que el Viernes Santo es un día para reconocer, celebrar y proclamar que Cristo entregó su vida en la cruz por nosotros y por nuestra salvación.

El prelado añadió que, aunque este año no hayamos podido sacar los pasos procesionales a las calles para estimular la fe de muchos cristianos, lo más importante no es visibilizar la pasión de Cristo mediante las imágenes. “En muchos lugares del mundo no hay pasos procesionales y, sin embargo, eso no impide que se celebre el Viernes Santo con gran hondura espiritual. Hoy, lo más importante es participar en el significado profundo que la pasión y muerte de Cristo tiene para nosotros y para el mundo entero”.

Al hilo de esta idea, monseñor Álvarez hizo hincapié en que no basta con recordar que Jesús padeció, murió y fue sepultado, sino que “es necesario reconocer y proclamar con fe viva, que Cristo entregó su cuerpo y derramó su sangre por nosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”.

En otro momento de su homilía, el obispo recordó un aspecto en el que suele hacer mucho hincapié. “Ante la pasión y muerte del Señor estamos llamados a sentirnos cómplices-culpables, partícipes y beneficiados”, indicó.

“Culpables”, ya que murió por nuestros pecados. “Partícipes”, porque también nosotros sufrimos como padeció Cristo y “beneficiados”, porque “sus heridas nos han curado”.

El momento de la veneración de la cruz se realizó este año de un modo distinto. Cada uno desde su lugar realizando el gesto más oportuno para ese instante, dentro del actual contexto sanitario.

Estos cultos de Viernes Santo en la Catedral finalizaron con el silencio que será roto en la Noche Santa del Sábado al Domingo de Resurrección. Una Vigila Pascual que también será transmitida en directo a partir de las 20:00 horas, a través del canal de Youtube: obispadodetenerife.

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Sermón de las Siete Palabras

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EL Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna acogió en la mañana de este Viernes Santo, 2 de abril, el Sermón de las Siete Palabras, en sustitución de la procesión de madrugada.

Siete personas de diferentes ámbitos eclesiales de nuestra diócesis fueron desgranando, con sus reflexiones, cada una de las últimas frases que pronunció Cristo antes de su muerte en cruz.

De esta forma, la predicación de la “Primera Palabra: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, corrió a cargo del rector del Real Santuario y vicario general, Víctor Álvarez.

La reflexión de la “Segunda Palabra: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso” fue realizada por Beby Martín, psicóloga y catequista de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios.

La “Tercera Palabra: Mujer, he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre”, corrió a cargo de la Hermana María de los Ángeles.

Por su parte, Federico Armas, párroco de San Andrés Apóstol reflexionó sobre la “Cuarta Palabra: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”.

La “Quinta Palabra: Tengo Sed”, fue comentada por la Madre María Inés Gil, religiosa misionera de la Sagrada Familia de Nazaret.

El ex fiscal general del Estado y magistrado, Eligio Hernández fue el encargado de guiar la reflexión de la “Sexta Palabra: “Todo está cumplido”.

Y, por último, el obispo nivariense, Bernardo Álvarez concluyó con la reflexión de la “Séptima Palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

 

Esta iniciativa pastoral de Semana Santa fue transmitida en directo por el canal de Youtube: obispadodetenerife. Se puede volver a ver en el siguiente enlace:

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Sermón de las Siete Palabras 2021 por el Rvdo. D. Agustín Sánchez Pérez – Vídeo – Viernes Santo, 2 de abril de 2021

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SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS 2021

POR EL RVDO. D. AGUSTÍN SÁNCHEZ PÉREZ

VIERNES SANTO, 2 DE ABRIL DE 2021

Vea también:

– AUDIOS de los Sermones de las Siete Palabras

– Sermón de las Siete Palabras

 

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Artículos relacionados:

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«La crisis de fe en el misterio de la Eucaristía es coincidente con una sociedad que ha perdido la fe en la Iglesia y se mantiene alejada de la práctica religiosa»

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Lecturas bíblicas: Ex 12,1-8.11-14 Sal 115,12-13.15-16bc.17-18 R/. «El cáliz que bendecimos es la comunión en la sangre de Cristo»). 1Cor 11,23-26. Versículo: Jn 13,34. («Os doy un mandamiento nuevo»). Jn 13,1-15. Queridos hermanos y hermanas: Con la misa en la «Cena del Señor» comienza la celebración del Triduo pascual de la muerte y resurrección del …

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El Obispo visita a Nuestro Padre Jesús y pide por las vocaciones

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En este Viernes Santo en que Jesús de los descalzos, el Abuelo de Jaén, no ha podido encontrarse con su pueblo, el Obispo de Jaén ha visitado el Camarín acompañado de los seminaristas.

Don Amadeo Rodríguez Magro ha saludado a capellán y a los miembros de la Junta de Gobierno de esta Cofradía de la “madrugá jaenera”, para después arrodillarse ante la imagen de Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores que presidían el presbiterio, y recogerse en profunda oración.

A continuación,  ha dirigido unas palabras a los que se encontraban en el Camarín, en las que ha querido tener presentes a los seminaristas, y en la que ha pedido a Jesús de los descalzos por más vocaciones en nuestra Diócesis. “En este Viernes Santo quiero poner ante la presencia de Jesús, de El Abuelo, a la que tanta devoción se tiene en Jaén, a nuestro seminario”.  A la vez que ha rogado al Señor que siga bendiciendo y protegiendo a la ciudad de Jaén y envíe más vocaciones al Seminario.

Antes de concluir, con un “Viva el Abuelo”, el Obispo de Jaén ha querido tener un guiño hacia el Cirineo, que acompaña con el peso de la cruz a Jesús. “Ese Cirineo que ayuda a Jesús, también merece un Viva. Cada uno de nosotros debemos ser, en nuestro día a día como él, colaboradores del Señor para hacer de nuestro mundo el Reino de Dios”.

Con el rezo de un Padrenuestro y un Salve a María ha concluido esta visita.

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Homilía de la conmemoración de la muerte del Señor

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Homilía del obispo de Almería, Mons. Adolfo González

“Que el Señor haga renacer en nosotros la vida nueva de la Pascua”

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Homilía en la celebración de la Pasión del Señor (Oficios) del Viernes Santo, el 2 de abril de 2021.

Viernes Santo. Celebración de la Pasión del Señor

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Primera lectura 

Él fue traspasado por nuestras rebeliones
Lectura del libro de Isaías 52, 13—53, 12
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?;  ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba  y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Salmo responsorial

Sal 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25 (R/.: Lc 23, 46)
R/.   Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
  • A ti , Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo.  A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
  • Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos: me ven por la calle, y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.
  • Pero yo confío en ti, Señor; te digo: «Tú eres mi Dios». En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen.
    Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9

Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación 

Hermanos: Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.
Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1—19, 42.

 ¿A quién buscáis? A Jesús, el Nazareno

Cronista:
En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?».
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno».
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

 

Llevaron a Jesús primero ante Anás

C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C. Él dijo:
S. «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
Jesús le contestó:
+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?».
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

 

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?».
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo en el huerto con él?».
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.


¡Salve, rey de los judíos!
Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».
C. Le contestaron:
S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. «Entonces, ¿tú eres rey?».
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?».
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Volvieron a gritar:
S. «A ese no, a Barrabás».
C. El tal Barrabás era un bandido.

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «Salve, rey de los judíos!».
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «He aquí al hombre».
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?».
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

 

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo “Gábbata”). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. «He aquí a vuestro rey».
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

 

Lo crucificaron; y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está».

 

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

 

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

 

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
+ «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ «Está cumplido».
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura:
«No le quebrarán un hueso»;
y en otro lugar la Escritura dice:
«Mirarán al que traspasaron».

 

Envolvieron el cuerpo de Jesús en los lienzos con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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