Inicio Blog Página 4690

Busco tu rostro: las falsas imágenes de Dios

0

 

BUSCO TU ROSTRO: LAS FALSAS IMÁGENES DE DIOS

Tener una imagen justa de Dios nos requiere vivir en la espiritualidad de la Transfiguración y discernir las imágenes falsas de Dios es poner al fuego del amor de Dios todo aquello que es de cartón-piedra,  lo que es lengua de madera, el metal violento que se funde con la muerte. Al fuego del fuego del amor de Dios, quedan sólo, como en el cuento de El soldadito de Plomo los dos corazones de oro entre las cenizas de los capitales, miserias e imperios: los sagrados corazones capaces de limpiar las dos lentes de sus gafas y pedir: “Que vea, Señor”. 
 
Hablar de la imagen de Dios es una cuestión que suele señalar a la idea de Dios que inspira y dirige 
nuestras actitudes y acciones personales o las de pueblos enteros. Pero en esta meditación os invito a 
un primer movimiento que nos lleva de las imágenes de Dios –falsas o no‐ al mismísimo retrato de Dios: 
el auténtico retrato de la cara de Jesús. 

 

Vea:

– Las falsas imágenes de Dios

 

Artículos relacionados:

La entrada Busco tu rostro: las falsas imágenes de Dios aparece primero en DIÓCESIS DE CANARIAS.

Ver este artículo en la web de la diócesis

El Credo explicado. Para entender lo que creemos los católicos

0

El Credo de los católicos

 

EL CREDO EXPLICADO

PARA ENTENDER LO QUE CREEMOS LOS CATÓLICOS

Vea también:

– ¿Qué es la Resurrección de Jesús? ¿Qué significa para nosotros los cristianos?

– La Biblia

– Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica – Vídeos – Mons. Munilla

En la oración de El Credo es donde los católicos decimos lo que creemos. Esta oración se reza en la Eucaristía (misas) del domingo y solemnidades.

En la misa del rito romano revisada en 1969, el Credo se recita al terminar la Liturgia de la Palabra, después de la homilía y antes de la Oración de los Fieles. “El Símbolo o profesión de fe tiende a que todo el pueblo congregado responda a la Palabra de Dios anunciada en las lecturas de la Sagrada Escritura y expuesta en la homilía, y a que, al proclamar la norma de su fe, con la fórmula aprobada para el uso litúrgico, recuerde y confiese los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.”

Se recita solo en domingos y solemnidades, mas puede también decirse en peculiares celebraciones más solemnes. En ocasiones, se omite después de la profesión de fe expresada en una renovación de promesas bautismales.

 

 

Descargue:

– El Credo explicado para entender mejor lo que creemos los católicos

Vea también:

– ¿Qué es la Iglesia católica?

– Iglesia católica

– ¿Por qué el cristianismo cambió a la humanidad?

– La cultura católica

Artículos relacionados:

La entrada El Credo explicado. Para entender lo que creemos los católicos aparece primero en DIÓCESIS DE CANARIAS.

Ver este artículo en la web de la diócesis

¿Por qué creo en Dios?

0

 

¿POR QUÉ CREO EN DIOS?

A menudo se afirma, y con razón, que las pruebas racionales de la existencia de Dios sólo convencen a los ya creyentes, y esto a medias. Ante ello, el autor se arriesga a proponer otras “pruebas” que se basan no en la razón sino en la propia existencia creyente. Lo hace de un modo tan personal y comprometido que resulta muy convincente.

La cuestión sobre la existencia de Dios no es una cuestión banal. Nos incumbe a todos, creyentes y no creyentes. Y nos incumbe con una realidad que va más allá de sí misma y atañe los confines de nuestro ser, allí donde se esbozan las cuestiones sobre el sentido y el destino.
Se ha escrito que las pruebas sobre la existencia de Dios tienen la singularidad de convencer a los que ya creen y de no convencer a los que no creen. Tal vez se deba a que no han atendido a sectores vitales a los que no llega la sola razón. Lo más honrado sería considerar que la creencia y la increencia nos atañen a todos, y lo mejor será dirigirse al incrédulo que está latente en nosotros y al creyente que late en el fondo del incrédulo. Todos los hombres son aquí parientes cercanos.

En este escrito tomaré una doble opción. En primer lugar, la de considerar que al comienzo la cuestión no debe ponerse tanto en querer demostrar la existencia de Dios cuanto en mostrar hasta qué punto Dios es creíble. La segunda opción será la de hablar en primera persona. Es cierto que voy a hablar como teólogo. Pero el teólogo es inseparable de la persona. Si soy teólogo, si continúo siéndolo, es porque yo creo. Si soy teólogo es porque creo que esta fe vale verdaderamente la pena. Este “yo” del que hablo es también, en parte, el de mis lectores. Casi todos nos podemos encontrar en este itinerario. Hemos nacido en la misma civilización; somos hijos de la fe cristiana y nos hallamos con no creyentes que nos hacen las mismas preguntas. Creo que el “yo” que aquí se empleará podrá ser el de cada uno de nosotros.

Una última observación. Los pasos que voy a dar no pretenden seguir un orden estrictamente lógico. Cada uno puede seguir su propio orden. No pretendo que cada razón tenga el mismo peso. En estas materias se trata, sobre todo, de una convergencia de razones. Es posible que, para alguno, tal o cual razón no sea válida.

 

Cargador Cargando…

Logotipo de EAD ¿Tarda demasiado?

Recargar Recargar el documento

| Abrir Abrir en una nueva pestaña

Descargar [28.55 KB]

 

Artículo completo:

– ¿Por qué creo en Dios?

Artículos relacionados:

La entrada ¿Por qué creo en Dios? aparece primero en DIÓCESIS DE CANARIAS.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Y sintió que Dios le amaba

0

La droga se presenta como una ocasión fácil y rápida de conseguir, al activar el sistema de recompensa cerebral, un estado de conciencia gratificante que ofrece una hipoteca transitoria a dificultades y problemas.

El primer consumo señala con frecuencia el inicio de una enfermedad que, como no es auto limitada, progresa de manera natural a su situación de estado. La droga determina una tolerancia y una dependencia que la hace dueña de las motivaciones de la persona a la que esclaviza a sus intereses que es el consumo y, si se rebela, el síndrome de abstinencia la vuelve a someter. En poco tiempo, las alteraciones funcionales cerebrales consiguen que esa persona, ausente del presente, con un pasado repleto de miedos y sombras, sin alternativas de futuro y con sus dimensiones profundas reprimidas y contaminadas, pierda el significado y sentido de la vida; la droga sólo es útil para hacerle olvidar que está viva. El horror vacui decide que la autolisis es la única salida.

En esta situación límite, Rafael, pidiendo auxilio a la esperanza que aún le restaba, solicitó ayuda profesional.

Las primeras consultas se centran en conocer el por qué y para qué quiere abandonar la droga y se impone con una introspección dirigida, para localizar los periodos de su vida, en que la alegría y las ganas de vivir fueron los protagonistas de su vida para que, recuperados, puedan ser utilizados terapéuticamente como referencias existenciales: al ocupar un lugar en el cerebro y en el contenido de la conciencia, pueden iluminar sombras, desplazar temores y miedos y crear un escenario propicio para iniciar el proceso de normalidad funcional cerebral.

Rafael localizó, con significativa añoranza, ese periodo de los 6 años que estuvo en el Seminario: no se puede añorar algo que no ha existido o no se ha experimentado, especialmente si conformó un tiempo que le ofreció, superando a la razón, noticias de trascendencias y realidades espirituales que marcan la experiencia humana.

Las consultas tenían el objetivo de rescatar esos años de felicidades y Rafael recordaba que todo se originó por una homilía en que el «ven y sígueme” era una llamada que Dios, sin exclusiones, hace a toda persona. Esta noticia le retumbó en su interior y le desconcertó con un interrogante que, de un suave murmullo, aumentando en intensidad y frecuencia, adquirió la fuerza de un deseo: sin cálculo humano y sin ajustarse al mundo, decidió ingresar en el Seminario.

Allí encontró su lugar, donde todo le hablaba de Dios.

Cautivado y seducido por la llamada, se encontraba como en un paraíso en el que todas las circunstancias, costumbres y usos estaban diseñados para consolidar y robustecer su vocación. Confiado y abandonado a la voluntad de Dios, la interpretación sublimada de todo lo que le sucedía, le acercaba más a Dios.

En este escenario, la austeridad era valorada como una liberación de dependencias y ambiciones, y garantizaba paz y tranquilidad. La obediencia aseguraba armonía y seguridad interior y recta intención en la conducta. Los ayunos y abstinencias disminuían las solicitudes del cuerpo, aumentaban las del alma y afianzaban la salud integral. La convivencia era la ocasión de convertir la fe creída en fe practicada, y esto era fácil en un ambiente de alegrías compartidas, bondades sin reservas, fáciles sonrisas y corazones limpios.

Cuando relataba la rutina diaria, matizaba cómo la meditación y la Eucaristía alegraban la mañana y animaban e iluminaban la jornada. Las clases y estudio se valoraban como devociones y no obligaciones. Secuestrar un tiempo de recreo para la visita al Sagrario era recibir siempre un regalo sorpresa. El Ángelus a media mañana dejaba caer la ternura de la Virgen, que siempre estaba ejerciendo su maternidad. En los días de retiro, el paseo meditativo hasta la “curva” a veces se prolongaba hasta el festivo torno de las capuchinas. Los turnos de adoración nocturna, en el silencio y complicidad de la noche, eran el escenario en que la Gracia, sin concurso de cerebro ni sentidos, “tocaba” directamente el alma. Los silencios mayores se convertían en silencios iluminativos. Con ganas, puntualizaba como en dos pasillos se encuentran escritos en el suelo con piedrecitas, en una delicada declaración de intenciones, avisos sobre la obediencia y la misión de los pastores : “No-sí-pero-yo-cuco-cras” y “no ganar panes sino ganar almas”.

Algunas consultas estaban gobernadas por palabras que se quebraban y silencios sonoros que enriquecían más que la lengua.

La jornada se finalizaba con el examen de conciencia, la petición de perdón y un propósito de enmienda que serenaba el alma y, “antes de cerrar los ojos, los labios y el corazón”, con las gracias al Padre Dios y recibir su bendición, siempre se completaba con el cántico mariano… “y todos quedábamos bajo el amparo de la Madre de Dios y Madre nuestra que es la omnipotencia suplicante”.

Rafael, en la actualización de estos recuerdos, de una manera natural, se identificaba con ellos y le hacían vivir similares emociones, devociones y movimientos espirituales. En esta dinámica, una selectiva nostalgia se adueñó de su conciencia y aceptó, como verdad inconcusa, que, después del infierno al que durante años la droga le había sometido:,“fuera de Dios todo es estrecho y cerca de Dios no existen carencias”.

El hambre de Dios se hizo presente y, dilatando su corazón, rescató las reprimidas dimensiones profundas y descubrió que Dios es presencia permanente en su alma… y sintió que Dios le amaba.

José Rosado Ruiz. Médico acreditado en adicciones

Ver este artículo en la web de la diócesis

“El Familión”, un encuentro de familia de familias

0

En 24 horas se agotaron las plazas para acudir a “Las Vacaciones para Familias” de “El Familión”, una experiencia organizada por la Acción Católica General de Getafe, con cerca de 600 participantes, más de 15 años de tradición y que por segunda vez se celebra en la Casa Diocesana de Málaga.

Cristina del Río Villegas, vocal de Acción Católica General de Getafe y una de los responsables de la puesta en marcha, junto a su marido Juan, del primer «Familión» explica que esta iniciativa fue un encargo del Obispo de entonces, D. Joaquín López de Andújar a la Acción Católica de la Diócesis. «La idea surgió para llevar a cabo una pastoral diocesana en la que tuvieran cabida todos los matrimonios y todas las familias en cualquier circunstancia y cualquier etapa de su vida, pero familias al completo, no solo matrimonios. La Iglesia como familia de familias, donde durante estos días tanto mayores como niños viven momentos de formación, oración y descanso. Desde el primer momento se invitó a todas las parroquias de la diócesis que quisieran participar».

En este encuentro de familias, que tiene lugar del 16 al 29 de agosto, se «palpa que la Pastoral Familiar es vertebradora de toda la pastoral, porque tocando la familia lo tocas todo en la Iglesia, por eso aquí somos una Iglesia en pequeñito, y siempre con la presencia del pastor de la diócesis. Ya que, el Obispo ha estado en todos los encuentros, primero D. Joaquín y ahora D. Ginés, que se enamoró de esta iniciativa desde el principio. Además, vienen muchos sacerdotes con familias de sus parroquias, seminaristas y consagrados, por lo que en una semana vivimos la realidad de la Iglesia, en la que están presentes todos sus miembros».

En un día, pueden llegar a celebrar 7 u 8 misas, porque como afirma Cristina, arquitecto de profesión y madre de 8 hijos, «hay una Eucaristía para los pequeños, otra para los jóvenes, para los adultos… y así cualquier actividad, ya que hay más de 200 niños de todas las edades y, con los mayores pasa lo mismo. Las actividades están pensadas según edades y realidades, pero tenemos dos momentos en común en los que estamos todos: el primero es por la mañana, cuando todos juntos ofrecemos el día a la Virgen, y cada día a las 20.00 horas también nos unimos para rezar el Rosario».

“El Familión”, un encuentro de familia de familias

El nombre de “El Familión” surgió de «un periódico que editamos para poder seguir las diferentes actividades que llevamos a cabo durante esta semana los diferentes grupos. A esta publicación le pusimos el nombre de «El familión» y se ha ido quedando, pero en realidad es un grupo totalmente abierto, diocesano y que no aspira a ser un movimiento, sino que es una realidad, que integra gente de parroquias, movimientos y familias». 

Y es que, como afirma D. Ginés García Beltrán, en estos encuentros «he podido experimentar una Iglesia que es familia, familia porque tenemos un Padre común y porque somos hermanos, y no solo lo sabemos, sino que lo experimentamos y lo gozamos. Sí, aquí venimos a gozar lo que somos, a alegrarnos por lo que Dios no ha dado y nos da cada día».

Este encuentro se celebró durante 13 años en Tortosa, pero en 2019 vinieron a Málaga por primera vez ya que, al ser un grupo de más de 450 personas, necesitaban un lugar que pudiera acogerlos. Como recuerda Cristina, «una noche estábamos reunidos los responsables del “Familión” sin saber muy bien a dónde acudir para albergar a tanta gente y, fue en ese momento cuando, por diferentes circunstancias, llamamos a la Casa Diocesana de Málaga para ver si podíamos venir. y Fue la misma noche que falleció Mons. Sebastián, por eso en esta Casa nos ven como un regalo de D. Fernando y siempre nos acogen con un cariño increíble. No es fácil alojar a tanta gente de edades y situaciones tan diferentes, pero consiguen que nos sintamos en Casa».

Ver este artículo en la web de la diócesis

Sobre la amistad sincera

0

Quien ama, deja en libertad. Quien de verdad es amigo de alguien, ofrece su vuelo libre y recio para acompañar en la travesía de la vida.

Ofrece certero consejo sin más trascendencia que la que deja una sentencia corta e iluminadora. La amistad entiende que el amigo estará cuando se le requiera. Si no está, se comprende; no siempre andamos a la altura de las demandas particulares.

Jesús de Nazaret afirmó que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos. Se trata de una vida que se comparte en alta fidelidad y lealtad. Y que, además, regala conversación a corazón descubierto, sin juicio, prejuicio o escrúpulo; un diálogo que es sorbo de vida y se vive como único. Paradójicamente, hay quien busca ser amigo sin girar el rostro. Sin trastocarse. Olvidó aprender que la mejor forma de conocer al amigo es tratarlo desde el respeto exquisito a su libertad. Sencilla y vulnerablemente. Quizá, por esta razón, para algunos, tiene poca importancia la verdadera amistad: la amistad que se abraza en uno de esos abrazos que salen del alma y parten el alma; la amistad que se desliza en forma de abrazo infinito, esos que solo identifican los amigos del alma.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Señor, ¿a quién vamos a acudir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna

0

Textos bíblicos: Jos 24,1-2.15-18; Sal 33,2-3.16-23 (R/. «Gustad y ved que bueno es el Señor»); Ef 5,21-32; Aleluya: Jn 6,63.68 («Tus palabras, Señor, son espíritu y vida»); Jn 6,61-70.

Queridos hermanos y hermanas:

Con el fragmento del evangelio que hemos escuchado termina Jesús su discurso del pan de vida, que hemos venido comentando los últimos domingos. El discurso causa una gran impresión sobre los muchos que siguen a Jesús, sus discípulos y sus apóstoles. La identificación de Jesús con el pan de vida y las expresiones “comer mi carne”, “beber mi sangre”, afirmando de sí mismo ser el verdadero “pan de vida”, escandaliza a sus oyentes porque interpretan de manera material las palabras de Jesús. El evangelista dice que los judíos discutían entre sí y se preguntaban: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» (Jn 6,52); y Jesús insistía: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (v. 6,53). Estas palabras de Jesús hieren la sensibilidad de los judíos, que no las entienden, su entendimiento no trasciende al nivel espiritual al que se orientas las expresiones literales. No tienen fe en Jesús, porque como el Resucitado dice a los discípulos de Emaús no han entendido las Escrituras (cf. Lc 24,25-27).

Jesús les habla de sí mismo porque les da a conocer de qué modo las Escrituras hablan de él como la Sabiduría del Padre.

Jesús les habla de sí mismo porque les da a conocer de qué modo las Escrituras hablan de él como la Sabiduría del Padre. Su enseñanza les abrirá los ojos porque esta enseñanza y sabiduría divina es el fruto del árbol de la vida, al que no tenían acceso nuestros padres en el paraíso (cf. Gn 2,9.16). La nueva situación ya no es como la del paraíso, el que come la carne del Hijo del hombre se alimenta de la palabra de Dios y de la sabiduría divina que Jesús ofrece con su enseñanza. Quien come este alimento de vida, quien viene a Jesús y se alimenta de él, ya no será echado fuera como sucedió con nuestros primeros padres, que comieron en el paraíso del árbol de la vida para vivir siempre y no morir, pero perecieron porque fueron echados fuera como consecuencia de la desobediencia y de la trasgresión cometida (Gn 3,22-23). Se entienden las palabras de Jesús, que dice: «Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré fuera» (Jn 6,37)

Jesús ha bajado del cielo para dar al mundo el pan de la vida que es él mismo, y aludiendo a su propia pasión les dice que él entrega su carne por la vida del mundo (Jn 6,51)[1]. Por eso, ante el rechazo de la gente que no puede aceptar su palabra, Jesús responde elevando el desafío e identificándose con el Hijo del hombre, el ser divino que el profeta Daniel vio venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13). Jesús ha bajado del cielo y subirá dónde estaba antes (cf. Jn 6,62) y al decírselo a sus oyentes provoca en ellos la división que genera la opción por él y contra él. En la narración de la pasión a la pregunta del sumo sacerdote demandándole que responda a la pregunta de si es o no el Mesías, el Hijo del Bendito, Jesús responde aludiendo al pasaje del profeta Daniel: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo» (Mc 14,62).  Jesús se convierte así, como lo profetizó el anciano Simeón, la “piedra de contradicción” con la que tropiezan los hombres (cf. Lc 2,34), porque provoca la determinación de seguirle o de abandonarle en sus seguidores y discípulos.

Con este discurso Jesús se ha colocado al nivel del Dios de Israel y ha desafiado a los que le siguen con su pretensión de ser igual a Dios exigiendo elegirle a él o rechazar su persona y mensaje.

Con este discurso Jesús se ha colocado al nivel del Dios de Israel y ha desafiado a los que le siguen con su pretensión de ser igual a Dios exigiendo elegirle a él o rechazar su persona y mensaje. Esta situación es iluminada por la primera lectura del libro de Josué, que coloca a los israelitas ante la elección del Dios de Israel o el retorno de las tribus a los dioses de sus antepasados. En la sagrada Escritura vemos cómo Dios renueva su alianza con Israel en varias ocasiones que representan un retorno al origen de su propia existencia como pueblo de la elección divina. La alianza de Dios con Noé después del diluvio es promesa de que Dios no quiere y no ejecutará nunca la destrucción de la humanidad (cf. Gn 9,12-17). Seguirá después la alianza con Abrahán, que abre la historia de la salvación a la constitución del pueblo elegido (cf. Gn 12,2-3). La liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto conducirá a través de la marcha por el desierto al pacto del Sinaí, verdadera constitución del pueblo de Dios. El Señor entrega la ley con los mandamientos por medio de Moisés a su pueblo y el pueblo ratifica su voluntad de cumplirlos, y Moisés ordenó a algunos jóvenes israelitas que ofreciesen algunos novillos en sacrifico de alianza y derramó parte de la sangre de los novillos sobre el altar. Leyó el libro de la alianza a los israelitas y el pueblo respondió: «Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho el Señor», y entonces Moisés roció con la sangre al pueblo y les dijo: «Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con vosotros» (Ex 24, 7-8).

La liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto conducirá a través de la marcha por el desierto al pacto del Sinaí, verdadera constitución del pueblo de Dios.

Estas palabras las encontramos en boca de Jesús que las refiere a su propia sangre entregada para la salvación de los hombres. Jesús las refiere a la definitiva constitución de la alianza de Dios con la humanidad en la sangre de Jesús que será entregado a la pasión como la mayor y suprema prueba de amor de Dios por los hombres (Jn 15,13). La alianza en la sangre de Jesús viene a colmar la promesa de los profetas que hablaron de una alianza definitiva de Dios con su pueblo para los tiempos escatológicos, tiempos últimos y de consumación de lo prometido, no como la alianza del Sinaí al salir de Egipto, sino una alianza nueva, de alcance espiritual, que llevará a Israel al conocimiento inmediato de Dios (Jr 31,31-34; Ez 16,62; 36,28).

La alianza en la sangre de Jesús viene a colmar la promesa de los profetas que hablaron de una alianza definitiva de Dios con su pueblo para los tiempos escatológicos, tiempos últimos y de consumación de lo prometido

Entre la alianza del Sinaí y la nueva alianza en la sangre de Jesús (1Cor 11,25; Mc 14,24 y par.), la sagrada Escritura nos ofrece diferentes narraciones en las que Dios renueva la alianza con su pueblo, entre las cuales se encuentra la narración del libro de Josué, tras el paso del Jordán y en la entrada en la tierra prometida. Reunidas las tribus de Israel, Josué les colocó ante la decisión de cumplir los mandamientos del Señor vinculando al Dios de Israel con el asentamiento de los israelitas en la nueva tierra, o bien abandonar el culto al Señor y que los congregados volvieran a los dioses de sus antepasados. La respuesta unánime del pueblo fue: «También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios» (Jos 24,18).

Sin duda que las tribus israelitas incorporaron en gran medida a las poblaciones que encontraron asentadas en la tierra prometida, pero aceptando en la integración la fe monoteísta de Israel y la confesión de la historia de salvación que había jalonado el pasado histórico de Israel. La renovación de la alianza en Siquén siguió al asentamiento de israelitas en las tierras conquistadas, lográndose en esta ciudad, siempre habitada y no destruida durante la conquista, la unidad de culto de las tribus, contra la tentación de contaminación de los cultos paganos[2]. Una vez conquistada la tierra tras la consolidación del reino por David, Dios le promete la consolidación del trono (cf. 2Re 7,8-13), promesa que mira a un futuro de plenitud de la presencia de Dios en su pueblo, como anunciaron los profetas, futuro que llegará con la alianza en la sangre de Jesús.

El reto que plantea Josué a las tribus de la liga hebrea y las poblaciones cananeas es figura de la alianza en Cristo Jesús, y coloca a los israelitas ante la determinación de ratificar la fe de los padres. La elección del Dios de Israel por las tribus israelitas se proyecta sobre el desafío que Jesús plantea a los que le siguen preguntando a los apóstoles qué van a hacer y si también ellos quieren marcharse como los muchos que le han seguido y ahora se van. La respuesta de Pedro, que habla en nombre de los apóstoles, no deja lugar a dudas: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68-69). Ante la dificultad que plantea el discurso del pan de vida a los seguidores de Jesús, éste les dice que su plena aceptación es obra de Dios: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si mi Padre no se lo concede» (Jn 6,65). La confesión de Pedro acerca este pasaje del evangelio de san Juan al pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, cuando también Pedro responde por todos a la pregunta de Jesús sobre lo que dicen los hombres acerca de quién es el Hijo del hombre. Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16). Jesús replicará a la confesión de Pedro diciendo que no es obra de la carne o de la sangre, sino que viene de Dios. Sólo la fe que Dios otorga abre el acceso al misterio de la persona de Jesús. Dios revela por medio del Espíritu Santo quién es en verdad Jesús y que sólo él tiene palabras de vida eterna.

El amor conyugal se fundamenta y enraíza en el amor de entrega de Cristo a la Iglesia. El matrimonio es asimismo un pacto de amor en el que se refleja la alianza nupcial de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5,25-27).

La carta a los Efesios, que continuamos escuchando en estas misas dominicales, nos coloca asimismo ante el misterio de amor que es el matrimonio, que ha de ser vivido como entrega sin límites de quienes ya no son dos, sino una sola carne (cf. Ef 5,31→Gn 2,24). El amor conyugal se fundamenta y enraíza en el amor de entrega de Cristo a la Iglesia. El matrimonio es asimismo un pacto de amor en el que se refleja la alianza nupcial de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5,25-27). Como hemos visto en la narración del libro de Josué, la respuesta de los israelitas fue la de servir al Señor. No otra cosa es el amor sino servicio, por eso excluye relaciones de dominio que no son compatibles con el amor de como entrega de la propia vida. Un amor que en su más honda verdad es en sí mismo irreversible, razón última de la indisolubilidad del matrimonio según la mente de Dios. La entrega de Jesús por nosotros adquiere presencia sacramental en la Eucaristía, que alimenta nuestro amor a Dios y al prójimo. La imagen del amor divino que encontramos en el amor conyugal invita al mutuo servicio en el amor a todos los cristianos, para que la Iglesia sea ante el mundo verdadero sacramento de la unidad de todos los seres humanos en Cristo.

S.A.I. Catedral de la Encarnación

Almería, 22 de agosto de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración. Duccio di Buonisegna, Jesús se aparece a los apóstoles. Retablo de la Maestà (1308-1311). Catedral de Siena

[1] Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a Jn 6,51.

[2] Cf. M. D. Coogan, Josué, en R. E. Brown, J. A. Fitzmyer y R.E. Murphy (eds.), Nuevo comentario bíblico San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 20025), n. 7: 88 (com. a Jos 24,1-28).

Ver este artículo en la web de la diócesis

Actos con motivo de la presencia de Madre Ven en la Diócesis

0
Mensaje de D. José Rico Pavés invitando a participar en los distintos actos de Madre Ven

Martes 24 de agosto:

09:45 Llegada a Sanlúcar de Barrameda desde Doñana

12:00 Traslado de Sanlúcar de Barrameda a Chipiona con la colaboración de la Armada Española

13:30 Desembarque en el muelle y traslado al Santuario de Regla

17:00 Recepción de los grupos de la localidad y veraneantes

19:30 Rosario Santuario de Regla

20:00 Santa Misa Santuario de Regla

22:30 Adoración Santuario de Regla

Miércoles 25 de agosto:

8:00 y 10:00 Santa Misa Santuario de Regla

11:00 Despedida y partida de la Virgen hacia el Puerto de Santa María

12:15 Rosario en el Convento de la Purísima Concepción del Puerto de Santa María

13:00 Santa Misa en el Convento de la Purísima Concepción del Puerto de Santa María

19:00 Traslado a la Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

19:30 Rosario Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

20:00 Santa Misa celebrada por el Sr. Obispo Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

21:00 Adoración Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

Jueves 26 de agosto:

09:00 Santa Misa Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María

10:00 Despedida y partida de la Virgen

Oración Madre Ven

Ver este artículo en la web de la diócesis

Mensaje para la Jornada de oración por el cuidado de la creación

0

«¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios» es el lema que se propone este año para la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación, que la Iglesia celebra el 1 de septiembre. El departamento de Ecología Integral, dentro de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, hace público su mensaje para esta jornada y ofrece un subsidio litúrgico para facilitar la celebración.

El Tiempo de la Creación

La Iglesia en España se une así a la llamada del papa Francisco para celebrar el Tiempo de la Creación, que comienza el 1 de septiembre, con esta Jornada, y se cierra el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, patrón de la ecología.

Un tiempo, recuerda el mensaje, en el que «las comunidades cristianas de todo el mundo se unen en la renovación de su fe en Dios Creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la Casa Común».

– DESCARGAR SUBSIDIO LITÚRGICO

¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios
(Texto íntegro)

Iniciamos con esta Jornada, día 1 de septiembre, un período especial en el que toda la familia cristiana conmemora el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís. En este tiempo, las comunidades cristianas de todo el mundo se unen en la renovación de su fe en Dios Creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la Casa Común. La Iglesia que peregrina en España quiere unirse a la llamada del Papa Francisco para celebrar esta Jornada, que este año tiene lugar bajo el lema “¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios”.

1. La ecología integral como horizonte

En el pensamiento cristiano, la relación cosmos, hombre y Dios viene transversalizada por la revelación divina como Dios creador, encarnado, crucificado y resucitado. Nuestro origen está fundamentado en el amor de Dios. Él se nos revela como Padre que todo lo crea por puro amor. Así lo confesaba el pueblo elegido y así lo confesamos nosotros.

El crucificado resucitado nos abre el horizonte del verdadero sentido de una ecología integral. Todo está llamado a la vida y a la plenitud, creemos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro. Por eso nos abrimos de corazón a la preocupación y al mensaje evangelizador de una ecología verdaderamente integral, en la que nada nos es ajeno, y en la que proclamamos desde lo terreno, lo humano y lo divino que todo está interrelacionado y debe estar interconectado. Con estos presupuestos necesitamos escuchar y acoger el grito de la tierra y el grito de lo humano como lugar de encuentro y de salvación.[1]

2. Por una economía del bien común

La humanidad tiene el encargo de cultivar y cuidar la creación. Dios Padre ha puesto en nuestras manos esta Casa Común con el encargo de organizarla y caminar junto a ella en una historia de salvación. El encargo amoroso tiene como horizonte la realización del bien común. Se trata de avanzar por el camino del Reino en medio de nuestra historia, en una relación de verdadera armonía y fraternidad, en comunión con la naturaleza y con los demás hombres, abiertos a la trascendencia del absoluto. Eso supone orientar nuestra casa teniendo en cuenta las implicaciones políticas de lo ecológico, lo humano, lo justo y lo digno. Se abre un horizonte de fraternidad que ha de caminar por la relación generosa y fecunda con la naturaleza, así como por políticas de lo humano que favorezcan la dignidad y la justicia para todos. “Hoy, pensando en el bien común, necesitamos impe­riosamente que la política y la economía, en diá­logo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana” (Laudato si´,189).

Nos hacemos eco del deseo universal de la Iglesia de responder compasivamente al grito de la tierra y de lo humano. Estamos llamados desde el evangelio y el Reino, desde la riqueza de nuestra doctrina social, a implicarnos como creyentes en la tarea de construir nuestra sociedad, nuestra polis, y para eso hemos de avanzar en la participación y compromiso en lo social y en lo público, tanto desde actitudes personales y familiares, como profesionales y comunitarias, sabiendo que en nuestro compromiso y quehacer ha de estar siempre el horizonte del bien común como signo de avance en el camino de la construcción del Reino de Dios y su justicia. Somos iglesia en misión, en salida, para la construcción del mundo según Dios.

3. Un ecumenismo expresión de la radicalidad del Amor

El cuidado de la Casa Común no arranca en nosotros de un voluntarismo heroico ni de una ideología; más bien hemos de cuidarnos de radicalismos y extremismos en el deseo de transformar. Nuestra motivación no puede tener otro fundamento que el que sustenta a la creación y a toda la historia de la salvación, que es el amor gratuito y consagrado de Dios. Nosotros no hablamos de naturaleza rasa ni de progreso puro tecnológico, sino que nos abrimos a la consideración del proyecto creador y salvador de un Dios que se dice y se entrega a la realidad creada y amada por pura gratuidad. No estamos encerrados en un ciclo de lo natural, ni abocados a la conformidad con la finitud de la muerte. Nos sentimos parte de lo natural y somos conscientes de nuestro ser mortales, pero lo somos en una esperanza de plenitud que marca un horizonte de comunidad y de felicidad universal, por eso no podemos actuar si no es desde el amor que nos impele a la construcción de esa comunidad y armonía de todo lo creado. Necesitamos la mística de la ecología integral, la fundamentación en el amor personal de Dios, en la relación teologal con Él y con los hermanos en la comunidad eclesial.

La ecología integral y su dimensión religiosa es un lugar de encuentro con todas las demás iglesias cristianas y de camino común con las demás religiones, especialmente las monoteístas. Compartimos con todos los hombres de buena voluntad la tarea de la construcción del bien común que tanto interesa al Reino, aunque no se confunda con él[2].

4. Casa de puertas abiertas y realidad rural

En la invitación para el camino de la ecología integral es fundamental la acogida y la apertura, la no exclusión: “La hospitalidad es un modo concreto de no privarse de este desafío y de este don que es el encuentro con la humanidad más allá del propio grupo” (Fratelli tutti, 90). 

La Iglesia nos invita también a mirar lo universal desde nuestra realidad más particular. A nosotros, como Iglesia que ha de ser encarnada y abierta, nos preocupa la realidad del mundo rural y lo que venimos llamando “la España vaciada”. En dicha realidad necesitamos concretar nuestro compromiso como creyentes y ciudadanos, pues forma parte de una verdadera ecología integral. Sentimos cómo nuestros pueblos están viviendo situaciones de crisis menguantes, sus habitantes envejecen y no hay apenas niños y jóvenes; se dan no pocas dificultades para la comunicación y servicios como educación o sanidad. Sin embargo, su “buen vivir” es fuente de valores fundamentales como el paisanaje y la valoración de las personas en el encuentro y la relación, la riqueza de un medioambiente que han cuidado hasta ahora, la producción de productos básicos naturales para servicio de la sociedad. Es el momento de actuar y de tener en cuenta las necesidades vitales de nuestra realidad rural para que, en lugar de vaciarse, pueda llenarse y ser fuente de riqueza para nuestra sociedad en general. La pandemia nos ha descubierto lo rural de un modo nuevo, pero hemos de verlo de un modo integral y reconocer el esfuerzo de todos aquellos que están organizándose para revalorizar este mundo lleno de posibilidades y de progreso en respeto a una verdadera ecología y un humanismo profundo. Es momento de actuar y caminar juntos en la implicación por una realidad rural de esperanza y vida. Somos conscientes de la importancia de la fe y la vivencia religiosa en el medio rural y apreciamos especialmente a todos los que se han comprometido en la evangelización en esas pequeñas comunidades[3].

5. Creatividad para la caridad política

El grito de la tierra y de lo humano, que es para nosotros eco de la necesidad de la ecología integral, pasa necesariamente por el compromiso personal, de tú a tú, en la vida diaria. La dimensión social de lo humano nos vincula con la organización de nuestra Casa Común, y la apertura a las mediaciones comunitarias y sociales es la senda fundamental para vivir la fraternidad. La ecología integral vendrá por el camino de lo asociativo, de lo comunitario, de lo político. Necesitamos concienciarnos y concienciar del grito y la realidad en la que vivimos. Hoy es momento de gracia, hoy es tiempo de creación, hoy se nos pide a los bautizados abrirnos al Espíritu de Dios, para que con su ciencia, fuerza, sabiduría y consejo sepamos abrir cauces de creatividad y de repuesta al Kairós que, gracias a Dios, nos ha tocado vivir. Oremos unidos y esperanzados en este tiempo de creación. Y no olvidemos nunca nuestro horizonte: habrá un cielo nuevo y una tierra nueva[4].

Departamento de Ecología Integral
Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social


[1] Cf. Laudato si´, 137

[2] Cf. Laudato si´, 76

[3] Obispos de las diócesis de Aragón. Carta Pastoral “La Iglesia en Aragón al servicio del mundo rural. Nazaret era un pueblo pequeño” (2019)

[4]Cf. Ap 21,1.

24/08/2021

Ver este artículo en la web de la diócesis

Libro: “Filosofía, ética y pensamiento psicosocial hispanoamericano en diálogo cultural hacia el humanismo con la educación” por Agustín Ortega Cabrera – Agosto 2021

0

Etica hispanoamerica

 

FILOSOFÍA, ÉTICA Y PENSAMIENTO PSICOSOCIAL HISPANOAMERICANO EN DIALOGO CULTURAL HACIA EL HUMANISMO CON LA EDUCACIÓN

Agustín Ortega Cabrera

Etica hispanoamerica

Este nuevo libro nace de mi actividad docente e investigadora, que he estado realizando en diversas universidades e instituciones académicas iberoamericanas. Tratado de exponer un humanismo ético, social y espiritual (integral) en el horizonte de la fe católica y su teología. Tal como, por ejemplo, nos muestra las corrientes de filosofía y del pensamiento del humanismo, del personalismo comunitario o el de ámbito hispanoamericano; con esos pioneros como son la escuela de Salamanca, autores tan significativos como E. Mounier y el mismo K. Wojtyla, antes de que llegara al ministerio petrino, o J. C. Scannone, que fuera formador e íntimo colaborador del Papa Francisco. Y, como veremos, este humanismo y personalismo tiene esa afinidad con el magisterio, ya como Papa, de San Juan Pablo II, Benedicto XVI II y de Francisco. Estos humanismos han aportado mucho y bueno a la filosofía, al pensamiento y a la teología, a la fe e iglesia con su magisterio. Así se muestra, de forma tan luminosa, en el Concilio Vaticano II.

Ninguna filosofía ni teología es perfecta. en este sentido, este pensamiento personalista e iberoamericano puede tener sus carencias o límites que habrá que ser precisados, con una actualización y profundización siempre constante en la historia de la cultura. Más, como ha sido estudiado hasta la saciedad por todo tipo de autores o estudios e investigaciones, es innegable la contribución, tan fecunda e importante, que el personalismo y el humanismo como el latinoamericano: han hecho en todos estos ámbitos del pensamiento y de la fe; como ha desarrollado el magisterio de la iglesia con los Papas y vamos a presentar, por ejemplo, en el campo de la ética, la moral y del pensamiento socia, de misma la doctrina social de la iglesia.

El humanismo personalista y latinoamericano supone toda una renovación antropológica, social y ética del pensamiento, de la cultura y del mundo. Siguiendo a lo más valioso del humanismo filosófico y cristiano-católico, pone a la persona como principio, centro y fin de toda la realidad humana, social e histórica. Es decir, toda ética, relación y estructura o sistema, (por ejemplo) en el campo del derecho o de la política y economía, debe estar al servicio de la vida y dignidad sagrada e inviolable del ser humano, con sus derechos y deberes. De esta forma, por su inspiración cristiana-católica, el personalismo junto al pensamiento iberoamericano está inspirado en lo más valioso del humanismo bíblico del Evangelio. Tal como se nos manifiesta en Jesús de Nazaret. Dios, revelado en Jesucristo, coloca siempre esta vida y dignidad de la persona, con sus necesidades vitales, por encima de cualquier ley o norma e institución, por más sagrada que se considere. “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27-28).

En el Don (Gracia) de su Reino del amor y justicia liberadora con los pobres, Jesús ha venido para que tengamos vida fecunda, humanizadora, digna, plena y eterna (Jn 10, 10). Como afirma San Ireneo y actualiza San Oscar Mons. Romero, la Gloria de Dios es que el ser humano y el pobre vivan; ya que, como nos muestra la ciencia social o la misma teología, los pobres y las víctimas son los que mueren antes de tiempo, a los que se les niega el amor fraterno y la solidaridad. A los pobres se les aplasta su vida, dignidad y derechos. San Juan Pablo II nos enseña de forma muy bella que, “en realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo” (RH 10). Como nos sigue transmitiendo el mismo Papa (SRS 40), a la luz de la fe, esta vida y dignidad del ser humano se entraña en el mismo Dios Trinitario. La persona es imagen e hija del Dios Creador y Padre, ha sido salvada por su Hijo, Jesucristo Liberador, y es vivificada como templo por el Espíritu Santo.

Y es que todo este humanismo, con el personalismo o latinoamericano, nace como un pensamiento teórico y práctico (praxis), unido a la acción en el compromiso militante por la defensa de esta vida y dignidad de la persona. En oposición a los sistemas e ideologías que niegan a la persona. Sacrificándola a los ídolos del capital y del mercado, como impone el liberalismo economicista con el capitalismo, del estado o partido como hace el comunismo colectivista (colectivismo); o las idolatrías de la nación y raza, como perpetran los fascismos o nacionalismos sectarios y excluyentes. Todo este humanismo nos muestra un verdadero cambio transformador, en el que las personas, con sus comunidades o pueblos, y los pobres de la tierra son los sujetos protagonistas de su promoción liberadora e integral. Frente a todos estos totalitarismo e ideologías burguesas y elitistas. Los seres humanos no son objetos o cosas y que, por lo tanto, puedan ser sacrificados a estos falsos dioses e idolatrías del capital-mercado y de la riqueza (ser rico), del estado y del poder. Esos ídolos del poseer y tener, que van en contra del ser (vida y existencia en dignidad) de la persona.

En palabras de San Juan Pablo II, “la Encíclica del Papa Pablo VI señalaba esta diferencia, hoy tan frecuentemente acentuada, entre el «tener» y el «ser», que el Concilio Vaticano II había expresado con palabras precisas. «Tener» objetos y bienes no perfecciona de por sí al sujeto, si no contribuye a la maduración y enriquecimiento de su «ser», es decir, a la realización de la vocación humana como tal. Ciertamente, la diferencia entre «ser» y «tener», y el peligro inherente a una mera multiplicación o sustitución de cosas poseídas respecto al valor del «ser», no debe transformarse necesariamente en una antinomia. Una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo consiste precisamente en esto: en que son relativamente pocos los que poseen mucho, y muchos los que no poseen casi nada. Es la injusticia de la mala distribución de los bienes y servicios destinados originariamente a todos. Este es pues el cuadro: están aquéllos —los pocos que poseen mucho— que no llegan verdaderamente a «ser», porque, por una inversión de la jerarquía de los valores, se encuentran impedidos por el culto del «tener»; y están los otros —los muchos que poseen poco o nada— los cuales no consiguen realizar su vocación humana fundamental al carecer de los bienes indispensables. El mal no consiste en el «tener» como tal, sino en el poseer que no respeta la calidad y la ordenada jerarquía de los bienes que se tienen. Calidad y jerarquía que derivan de la subordinación de los bienes y de su disponibilidad al «ser» del hombre y a su verdadera vocación” (SRS 28).

Como se observa, desde estos humanismos como el personalismo e iberoamericano, se nos transmite una auténtica antropología y ética para la vida social e histórica. De esta forma, la persona es fruto del Don (Gracia) del amor y solidaridad del Otro, de Dios mismo para la fe, y de los otros. “Soy amado, luego existo”. Y, como es de bien nacido ser agradecido, esta Gracia de la vida y del amor nos lleva como personas a la inter-relación y encuentro con los otros; con el servicio al bien común, con el compromiso y militancia por la justicia liberadora con los pobres. Por tanto, desde dicho humanismo, se nos comunica una real condición (naturaleza) humana, lo que la tradición filosófica y teológica-ética con la iglesia denomina ley natural y moral. Es decir, el don (gracia) del amor, Dios mismo para la fe, nos constituye como seres humanos, seres personales, corporales, comunitarios, sociales, políticos y espirituales cuya vida y dignidad es sagrada e inviolable. Somos personas enraizadas y religadas en este don y realidad, lo real del otro y los Otros. Es esa comunión solidaria con Dios, con los otros en la justicia con los pobres y con la naturaleza-creación, con todo el cosmos, que visibiliza una ecología integral junto a un auténtico buen vivir; con la apertura a los principios, valores e ideales, a la espiritualidad y trascendencia, a la vida humanizadora, moral, mística, plena y eterna que culmina en la tierra nueva y los cielos nuevos.

Ninguna realidad, incluida la fe o religión y la espiritualidad con la Gracia de Dios, puede ir en contra de esta naturaleza humana y ecológica integral, oponerse a la vida, a la dignidad, corporalidad, sociabilidad y trascendencia (espiritualidad) del ser humano. Sería ir en contra de la ética, de la fe y la creación de Dios u oponerla a su historia de la salvación. Como nos transmitía E. Merino, primer consiliario de la HOAC, con claro sabor personalista: “lo que no es honrado no puede ser cristiano, una vida honrada las 24 horas al día en Gracia de Dios”. La ética y fe con la gracia no pueden ser contrarias a la vida, la felicidad y alegría de la persona. Por la Encarnación del Verbo en Cristo, la Gracia asume toda la vida, dignidad y humanidad de la persona para, lejos de negarla, llevarla a su plenitud. Tal como nos enseña todo lo anterior Santo Tomás de Aquino que, como se ha estudiado, con su humanismo espiritual e integral es uno de los pilares de todo este personalismo filosófico y teológico.

El humanismo nos trae la civilización del trabajo y de la pobreza, frente a la del capital y la riqueza. El capital, el beneficio y la ganancia, no está antes que el trabajo vivo y humano. La vida digna del trabajador y la persona, con sus derechos como es un salario justo, está por encima del capital. Como afirma Juan Pablo II, “el mismo sistema económico y el proceso de producción redundan en provecho propio, cuando estos valores personales son plenamente respetados. Según el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, es primordialmente esta razón la que atestigua en favor de la propiedad privada de los mismos medios de producción. Si admitimos que algunos ponen fundados reparos al principio de la propiedad privada— y en nuestro tiempo somos incluso testigos de la introducción del sistema de la propiedad «socializada»— el argumento personalista sin embargo no pierde su fuerza, ni a nivel de principios ni a nivel práctico. Para ser racional y fructuosa, toda socialización de los medios de producción debe tomar en consideración este argumento. Hay que hacer todo lo posible para que el hombre, incluso dentro de este sistema, pueda conservar la conciencia de trabajar en «algo propio». En caso contrario, en todo el proceso económico surgen necesariamente daños incalculables; daños no sólo económicos, sino ante todo daños para el hombre” (Juan Pablo II, LE 15).

Como se observa, es una economía y trabajo que, con la propiedad, se pone al servicio de la vida y necesidades de las personas, promoviendo el destino universal de los bienes y, en forma solidaria, la socialización de esta propiedad. Fomentando así el desarrollo humano e integral, la mundialización de la fraternidad solidaria, de la paz y justicia socioambiental. Tal como nos transmite Benedicto XVI, “cuando se entiende la globalización de manera determinista, se pierden los criterios para valorarla y orientarla. Es una realidad humana y puede ser fruto de diversas corrientes culturales que han de ser sometidas a un discernimiento. La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria” (CV 42).

Y como raíz de esta civilización del trabajo frente a la del capital, la de la pobreza contra la de la riqueza. Esto es, la vida de santidad y militancia en el amor fraterno, que se hace pobreza solidaria con la comunión de vida, de bienes y luchas pacificas por la justicia liberadora con los empobrecidos. En oposición a los ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia, frente a todos estos totalitarismos e individualismos burgueses. Y es que el pecado del egoísmo con la “codicia (el amor al dinero) es la raíz de todos los males” (1 Tim, 6, 10). Lo más valioso e importante de todo este humanismo, con el personalismo y pensamiento hispanoamericano junto a sus autores, es que hicieron vida su filosofía y pensamiento. Como medio para la paz y la justicia liberadora, lo llevaron la práctica, siendo testimonios de una existencia entregada a Dios y a los otros; con esa pobreza fraterna y solidaridad para la promoción y liberación integral de las personas, de los pueblos y los pobres de la tierra.

(Agosto 2021)

Más información:

– Información sobre el libro

Artículos relacionados:

La entrada Libro: “Filosofía, ética y pensamiento psicosocial hispanoamericano en diálogo cultural hacia el humanismo con la educación” por Agustín Ortega Cabrera – Agosto 2021 aparece primero en DIÓCESIS DE CANARIAS.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés