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«Hasta que no te encuentras con la persona migrante, no cambia tu mirada»

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Pilar Gallardo Quero es la nueva delegada de Migraciones de la Diócesis de Málaga. Es abogada, especialistra en extranjería, además de feligresa de la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria, asociada laica de la Sagrada Familia de Burdeos, casada y madre de tres hijos entre 8 y 13 años. La integración también ha llamado a su puerta, y desde febrero, la suya es familia de acogida de dos niñas. En estos momentos está estudiando Bachiller en Teología en el Centro Superior «San Pablo».

¿Cómo fue tu llegada al mundo de la migración?

Yo empecé en la mesa de movilidad por medio de Cáritas, donde participo colaborando en el equipo jurídico, y de ahí ya me enganché a la delegación diocesana de migraciones. También me vino a través de un cura, Paco González, a quien conocía de Pastoral Universitaria, que fue quien me abrió a este mundo por medio de la asociación de paraguayos, cuando estaba terminando la carrera. Aunque siempre he sentido una especial llamada a este mundo y he sido voluntaria de muchas cosas en este ámbito. Ahora me confían el ser delegada, algo que asumo con respeto y responsabilidad. La tranquilidad es que no estoy sola, somos un equipo, y esperamos crecer pronto. Ramón Muñoz es para mí un ejemplo, y confío en que siga con nosotros.

¿Cuál es la principal tarea que desarrolla la Delegación Diocesana de Migraciones?

Entre nuestras prioridades están las parroquias. Queremos trabajar con ellas, conocer qué se está haciendo con los migrantes, fomentar el trabajo en red hacia dentro y también hacia fuera con asociaciones civiles, conocernos, saber que es la misma Iglesia la que trabaja en todos los lugares. También estamos ofreciendo acciones de sensibilización en los colegios e institutos, públicos y concertados, y se están presentando proyectos con migrantes a nivel de comunidades de religiosos y religiosas. Sobre todo nos movemos en cuestiones de sensibilización y formación en arciprestazgos, a acompañantes…

Dentro de la propia Iglesia siguen existiendo prejuicios que se levantan como muros entre los migrantes y nosotros.

Es una de nuestras prioridades desde hace mucho tiempo. Se trabaja, y se van consiguiendo cosas, pero es una lucha continua. Se nos ha olvidado la imagen que teníamos de la migración, y adoptamos enseguida el discurso del odio que nos cuenta cualquiera. Hasta que no te encuentras con la persona migrante, no cambia tu perspectiva. Entonces ya no hay prejuicios.

Como estudiante de Teología, ¿qué aplicación tiene eso en tu vida?

Tiene toda. Mi vocación por el tema de lo social, el exceso de trabajo y mi deseo de estudiar me llevaron a querer hacer un parón en mi profesión. La Teología me enganchó desde el principio, así que tuve que optar y ahora estoy centrada en mis estudios y mi familia. Muchos me preguntan cómo puedo hacer estas cosas, pero yo les digo que es que va todo junto. Mientras estoy estudiando, estoy cocinando, amando, rezando… está muy vinculado, es como circular. Conforme estás viviendo intensamente tu relación con tus niños te viene a la mente lo que has dado en clase, y ya en lugar del cuento, les digo lo que he hecho en clase. Que yo estudie a ellos les hace mucha ilusión, me ven estudiando por las noches, hablamos con ellos de teología y ven cosas muy complejas con gran naturalidad. No es que sean capaces de vislumbrar un misterio como la Trinidad, pero sí te ayudan a ver las implicaciones vitales que este tiene gracias a ellos y cómo viven las relaciones. Y mi marido, que es un ejemplo de amor y apoyo incondicional. Él fue el primero en animarme.

¿Qué tal lleváis ser familia de acogida?

Es una experiencia muy bonita. Era otra de las cosas que llevábamos tiempo planteándonos, pero hasta ahora no había llegado el momento ya con los niños más mayores para poder hacerlos partícipes también.

Te encuentras sobre la mesa temas como la reforma del Reglamento de Extranjería, las devoluciones sumarias…

La crisis ha agudizado los problemas que plantea la actual ley de extranjería, porque no se adapta la letra a la realidad. Si antes estaban excluídos, ahora mucho más. No puede haber integración real si no hay expectativas de que puedan normalizar su vida. Uno de los temas en que más se insiste es la imposibilidad de los menores ex-tutelados que se encuentran con 18 años y la misma exigencia que a cualquier ciudadano no europeo para obtener el permiso de residencia: ingresos de 2.000 euros, y sin permiso de trabajo para ganarlos, ni siquiera posibilidad de hacer algunas prácticas formativas que les dotan de una titulación completa. Estamos invirtiendo en esos menores y luego no les damos la oportunidad de que puedan aportar a la sociedad. Estamos angustiados con el «efecto-llamada» pero no trabajamos en el «efecto-salida», el porqué salen de sus países. Hay mucho miedo en determinadas instancias respecto a esto. Y luego está la Ley que nos saltamos, y que la gente debe saber. Porque no podemos devolver a un menor o a un adulto vulnerable sin atender a todos los derechos que la ley les reconoce. Hay un procedimiento administrativo para hacer devoluciones y expulsiones que está justificado y que asegura la seguridad de la persona, que regresa a un entorno adecuado.

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Estatua sepulcral de Luis de Torres I, arzobispo de Salerno

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En 1553 fallecía en Roma el malagueño Luis de Torres I, arzobispo de Salerno, Secretario de Su Santidad y hombre de confianza de cuatro papas: León X, Clemente VII, Paulo III y Julio III.

Su privilegiada ascendencia en la Curia Vaticana se perpetuó a través de su sobrino Luis de Torres II, consagrado en 1574 como Arzobispo de Monreale. Junto a su hermano Alonso de Torres, deán de la Catedral de Málaga, este último personaje configura un binomio de singular importancia para la basílica malagueña, por cuanto trazan un simbólico puente desde ella a las más altas instancias eclesiásticas en tierras italianas.

Por deseo expreso de su tío fallecido, los hermanos Torres trasladaron sus restos a “Málaga, su patria”, depositándolos interinamente en la capilla de Santa María de los Ángeles de la Catedral vieja. En 1574 la familia obtuvo del Cabildo la concesión de una capilla en la Catedral nueva, la primera de la girola por el lado de la Epístola, conocida como de San Francisco. En su intención de ennoblecerla de inmediato, Luis de Torres II adquiría en Roma a Guglielmo della Porta una hermosisíma estatua de bronce representando a un obispo mitrado reclinado sobre el lecho mortuorio, originalmente alzada sobre un basamento, que el escultor había realizado años atrás para el monumento funerario del salmantino Francisco de Solís, obispo de Bagnoregio. A pesar de haberlo terminado por completo, los albaceas de Solís no cumplieron su voluntad con respecto a este asunto y el conjunto quedó a disposición del mejor postor en el taller del artista. En 1549, Paulo III se hizo con el basamento para su propio sepulcro en la Basílica de San Pedro. La desahuciada estatua tuvo que esperar hasta 1575 para encontrar su lugar en un destino tan lejano como la Catedral de Málaga, donde pasó a representar a Luis de Torres I por disposición de sus sobrinos.

A diferencia de la inmensa mayoría de las estatuas funerarias medievales y renacentistas, la identidad del individuo no está aquí ligada a la reproducción fidedigna de su fisonomía, sino a la heráldica y las inscripciones que lo identifican y pregonan la fama del difunto al proclamar sus méritos y cualidades personales. De ahí que no importe que la estatua refleje el aspecto físico real de Luis de Torres I, sino la intención de sus familiares a la hora de utilizarla como representación del espíritu de su tío, “reencarnándolo” en un hombre joven, cuya notable belleza refleja un estado de beatitud y perfección atemporales. La soberbia ejecución técnica, preciosismo en los acabados y delicadeza expresivo-gestual convierten esta obra en uno de los más importantes testimonios de la escultura italiana en España.

Juan A. Sánchez López

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Ellos conjugan el verbo ACOGER

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«Hemos pasado de ser célibes solterones a abuelos perplejos», afirman estos dos religiosos de Málaga que acogen en su casa a un joven de Sierra Leona, siguiendo la invitación del Papa de afrontar la integración desde cuatro actitudes: acoger, proteger, promover e integrar. Ellos se han animado a conjugar esos verbos en primera persona del plural.

Desde hace más de un año, Josemari y Paco, Hermanitos de Jesús, acogen en su casa a Scofie, un joven de Sierra Leona que llegó a Málaga tras abandonar su hogar buscando las oportunidades que allí se le negaban. Tras pasar 9 meses en el desierto y ser rescatado en el mar, Scofie pasó a ser un mena para la sociedad española. «Sierra Leona quedó destrozada por el ébola en 2016. Mi única opción era, como hijo mayor, salir a buscarme un futuro. Fue un trayecto muy largo, pasé mucho miedo, pero cuando llegué al centro de menores y me pusieron un bolígrafo en las manos, pude empezar a estudiar de verdad». Sin embargo, la ley marca que al cumplir los 18, Scofie, como tantos niños, deje de estar al amparo de estos centros. «Cuando se te acaba esa protección es difícil, te sientes muy nervioso porque no sabes lo que te espera ahí fuera ni si vas a ser capaz de salir adelante», confiesa.

Lo que le esperaba, en su caso, era encontrar una familia, su familia malagueña. Scofie quiere ser informático y para ello empezó a estudiar un grado medio en la Universidad Laboral, que le permitía hospedarse allí salvo los fines de semana o en vacaciones. Entonces, se encontraba en la calle, solo.

Esta realidad llamó a la puerta de la comunidad de Hermanitos de Foucauld de Nuevo San Andrés. El verbo “acoger” estaba pidiendo ser puesto en primera persona.

«Vimos la oportunidad de hacer realidad la invitación del Papa de salir y acoger a quien viene de fuera, unas palabras que nos motivaron muchísimo. Coincidió en un momento en el que la Iglesia hizo más fuerte la llamada a acoger, a no encerrarnos en nuestras instituciones… Y pensamos que en nuestra casa, que somos solo dos, había un espacio disponible para acoger a algún muchacho que pudiera necesitarlo. Nos pusimos en contacto con Málaga Acoge y justo estaban buscando una alternativa para Scofie», explica Josemari. «Era algo provisional, solo para los días en que no podía quedarse donde estudiaba, pero luego vino la pandemia, el centro cerró y cambió todos los planes». Scofie empezó a convivir permanentemente con Josemari y Paco. «Hemos pasado con él el final de sus estudios, la búsqueda de trabajo y el comienzo de su vida laboral. Actualmente, tiene un contrato fijo en hostelería, pero para lo que vale y se ha preparado es como informático», cuenta Josemari. Como explica este religioso, el fundador de su orden, Carlos de Foucauld, insistía en la evangelización de la amistad, del encuentro, de la relación. De hecho, el carisma de esta comunidad les lleva a vivir al modo de Jesús en Nazaret, compartiendo la vida con la gente del barrio. Se consideran unos vecinos más, atentos, eso sí, a la situación de los más necesitados: los mayores solos, los jóvenes sin trabajo… «Cuando me asomo a la ventana de mi casa y veo la plazoleta llena de vida -cuenta Josemari- me gustaría ser capaz de mirar, con los ojos del Evangelio, cómo Jesús mismo se mueve en medio de esa gente, de sus historias, de sus gozos y sus sufrimientos. Queremos mirar eso con los ojos de Jesús, llevarlo a nuestro oratorio y poder dejar que el corazón se nos haga un poco al estilo de Jesús».

Esa actitud, sin duda, exige abrir los ojos. «Nuestra primera inquietud con Scofie era no tanto la acogida, sino el poder estar medianamente presentes, ponernos a su vera, detectar con un poco de ternura su estado, si el muchacho está mal, si está triste». Estos “abuelos por sorpresa” (ellos con más de 60 años, el chico con 19) asistían perplejos a una convivencia hasta entonces desconocida: «Al no tener hijos, desconocíamos las costumbres y estilos de vida de los jóvenes, pero salir de nuestros círculos de confort ha sido una maravilla. La vida religiosa, como toda vida, tiende a hacerse rutinaria, cada uno se instala en su pequeña parcela y vive todo desde allí, sobre todo cuando somos una comunidad tan pequeña y que lleva tanto tiempo junta. Cuando ahí irrumpe alguien, que es otro, que te confronta y te exige abrir los ojos y los oídos para entender, que te pide empatía, es siempre un revulsivo. Para nosotros ha sido una experiencia muy gozosa. Hay un afecto fortísimo, y cuando se vaya nos va a costar», reconoce.

Scofie corresponde a ese afecto: «Me siento muy querido. Josemari y Paco siempre me han ayudado y motivado. En los momentos en que siento que no puedo seguir adelante, me dicen: «Oye, ¿qué te pasa?» y me apoyan en todo. Son como mis padres. Me siguen ayudando a día de hoy. Cuando venimos aquí, buscamos un hogar, y echamos mucho de menos a la familia, algo que es muy duro y que no se puede entender si no lo has vivido. Ahora soy feliz».

Josemari y Paco viven en medio del mundo y se encuentran a menudo con los prejuicios de una sociedad que ve a los migrantes como amenaza. «Lo de los menas es que me tiene “matao» -confiesa Josemari-. Yo soy fraile, pero muy peleón. En el trabajo discuto mucho con los compañeros y me pone negro escuchar las tonterías que se dicen de que les dan 2.000 euros cuando llegan y esas cosas. Y yo les pregunto: «¿Pero se los dan en mano o en una cuenta corriente? ¿Dónde hay que ir? Porque conozco unos cuantos y así los puedo mandar…» Son tantas idioteces las que se están contando… Criminalizar a chavales que han hecho ese proyecto migratorio, abandonando sus casas, cruzando kilómetros y kilómetros de desierto, me parece profundamente injusto. Y cuando te dicen «vale, pues ¡acógelos tú!», yo les respondo: «no, si yo ya lo he hecho. Es verdad que solo con uno… ¿Te animas a acoger tú a otro? Porque a lo mejor cambias de opinión”. Porque a menudo pienso que si yo estuviera en su lugar o tuviera un hijo en esa situación, daría gracias a Dios si pudiera encontrar a alguien que me echara una mano. Cuando salgo de trabajar, paso por las inmediaciones del albergue, y me encuentro a gente que está pasando el día por ahí en la calle o aparcando coches, y si tienes suerte de ir entrando en relación, se te abre la perspectiva a un encuentro de corazón a corazón que es una maravilla».

Scofie también responde a las etiquetas que les cuelga la sociedad: «Quiero decir a todos aquellos que piensan que los menas somos delincuentes, gente rara, que somos personas normales y corrientes, como cualquier otra. No es por gusto por lo que hemos dejado nuestras casas, nuestros familiares, los barrios en que crecimos; es por obligación. Desde que llegué he trabajado duro para poder ser lo que quería, he contado con la ayuda de personas maravillosas y espero conseguirlo».

¿Es posible que otras personas se animen a conjugar el verbo acoger? «No sé cómo sería una acogida así en una familia con hijos de edad próxima a ellos. Supongo que sería una situación más normalizadora y educadora, seguramente, de lo que es nuestro caso. Sería algo excelente. Si alguien se anima, le aconsejo encuadrarla en el trabajo de una institución de confianza, como Cáritas o Málaga Acoge. Creo que no es algo que pueda hacerse por iniciativa particular. Es necesario hacerlo desde un acompañamiento».

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Película de contenido católico: “CLARET” – Estreno el viernes 24 de septiembre de 2021

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Claret padre

 

CLARET

En 1930, el escritor e intelectual Azorín descubrió un engaño que se había propagado a lo largo de casi 60 años, la vida y las obras del arzobispo español Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos, habían sido adulteradas. Esta historia descubre al que fue el verdadero Claret.

Claret pelicula

El Padre Claret es compatrono de nuestra diócesis.

Se proyectará en:
CINE YELMO LAS ARENAS LAS PALMAS
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
ESTRENO 24 DE SEPTIEMBRE DE 2021

Horario cine Yelmo Las Arenas. Película Claret.

Estreno: viernes 24 de septiembre a las 17.15 h
De sábado a martes: a las 17:00 h

Vea toda la información sobre la película:
– Película Claret

 

Vea también:

– ¿Quién es el Padre Claret?

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Decreto de la convocatoria para la elección de arciprestes – 22 de septiembre de 2021

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elecciones

 

DECRETO DE LA CONVOCATORIA PARA LA ELECCIÓN DE NUEVOS ARCIPRESTES

22 de septiembre de 2021

eleccion arciprestes

 

Descargue el decreto en PDF:

Eleccion de arcipreste 2021

 

ANEXO: PAUTAS PARA LAS ELECCIONES SEGÚN LA NORMATIVA CANÓNICA DE REFERENCIA

En las elecciones se procederá por votación secreta y siguiendo lo establecido en los cc. 119 y 164-179 del Código de Derecho Canónico, con las precisiones siguientes:

Antes de proceder a la elección:
• se verificará que están presentes la mayoría de los que deben ser convocados. De otro modo la elección no sería legítima.
• se designarán dos escrutadores, que suelen ser el más joven y el de más edad de entre los presentes.

Los legítimamente ausentes pueden votar en las elecciones por carta. En este caso, cada elector hará llegar al Presidente de la Mesa su voto en doble sobre antes del comienzo de la elección. El voto por carta únicamente es válido para el primer escrutinio de cada una de las elecciones.

En la elección de dos o tres miembros de un grupo se harán consecutivamente dos o tres elecciones, una para cada uno de los mismos. No es válido elegir a los dos o tres que en la elección efectuada hubieran obtenido el mayor número de votos.

El Presidente cuidará de que se levante acta de la elección realizada.

Votaciones posibles:
Primera votación: se requiere mayoría absoluta = más de la mitad de los presentes.

Segunda votación: se requiere mayoría absoluta = más de la mitad de los presentes.

Tercera votación, si es necesaria: sólo son elegibles los dos que hayan obtenido mayor número de votos en la segunda. Si empatan en la segunda más de dos, son elegibles los dos de más edad de los empatados. Si hay uno que, en la segunda tiene mayoría relativa (insuficiente), y más de uno empatados en el segundo puesto, los elegibles en la tercera son solamente el primero y el de más edad de los empatados en el segundo puesto.

En la tercera votación caben estas posibilidades:
a) se da mayoría absoluta de un votado: sale elegido.
b) hay empate: es elegido el de más edad.
c) se da mayoría relativa (sólo se dará esta tercera eventualidad en caso de que haya en la votación abstenciones, o votos en blanco o votos dados a un no elegible), que es suficiente para resultar elegido (Pont. Comisión para la interpretación de los textos legislativos, 28 de junio de 1990).

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Sí es verdad. No es verdad.

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Nuevo libro de Pablo Domínguez Prieto ya disponible en la Librería Diocesana

Pablo Domínguez Prieto, autor de “Hasta la cumbre”, dirigió en enero de 2008 estos Ejercicios espirituales, inéditos hasta ahora, a presbíteros y diáconos transitorios y permanentes de la diócesis de Armenia (Colombia). Sus ocho meditaciones animan al cuidado y perfeccionamiento de la vida interior y la recta formación de la conciencia, y pueden ayudar a laicos, sacerdotes y consagrados a discernir y promover la Verdad para hacer crecer a todos en el amor a Cristo.

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Bienquerencias que salvan vidas

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No podemos ni imaginar el bien que podemos hacer a una persona simplemente con un gesto afable, comprensivo, que no dicta normas, no impone y escucha. Hace varias décadas tuve la fortuna de conocer al doctor Terrasa, un gran ginecólogo, entrañable amigo fallecido en 2013, que había traído al mundo miles de niños y niñas. Humanista, creyente, además de gran profesional, dejó una profunda huella en quienes le trataron en su consulta de Palma de Mallorca y en la labor que realizó en Nigeria.

Este hombre sensible al que conocí cuando ya había publicado Memorias desde el seno materno, al que poco después siguió La muerte plenitud de la vida me narró uno de los episodios vividos de los tantos que marcaron su trayectoria. Una de sus pacientes, inglesa, que se hallaba en estado de gestación esperando un hijo fruto de un amor no correspondido, se acercó a su consulta para expresarle su deseo de impedir que viese la luz del día. Y este médico en un momento de la conversación, fue consciente de la limitación que le imponía su desconocimiento de la lengua inglesa, para poder expresarle a aquella mujer, que se debatía entre la angustia y el temor, cuánto era el amor que le infundía su presencia. De ahí que transportado por un impulso interior abandonase el sillón y la besase respetuosamente en la mejilla. Al cabo de quince días la mujer compareció de nuevo en su consulta para hacerle saber que había tomado la determinación de dejar nacer a su hijo. Cuando el médico preguntó, con gran delicadeza, a qué se debía esta decisión, la mujer respondió de inmediato que al afecto que había recibido de él. Creo que esto lo dice todo.

En estos tiempos que corren alguien malintencionado podría extraer conclusiones precipitadas y juicios malsanos de este breve relato. Pero no hay que buscar nada porque la realidad, clara y llana, es sencilla y empírica: si en medio de la oscuridad, cuando hemos de tomar decisiones de alta gravedad, alguien nos acoge y simplemente con la mirada, con un gesto amable, muestra su comprensión, la luz se abre paso en nuestro interior. Sopesar qué se ha de hacer con la vida que viene en camino no es tomarse una cerveza en la primera esquina. Terrasa, que se había formado en Alemania y que pasó cinco años en África junto a su esposa dirigiendo un hospital de misión ya había mostrado como una especie de sexto sentido para entender el mundo femenino. Su fe como creyente y practicante junto a su experiencia médica dieron la respuesta cabal a esta mujer que se debatía entre dejar vivir a su hijo o abocarlo a la muerte.

Todo esto lo traigo a colación por la propuesta de ley que en España quiere llevarse adelante para penalizar a los provida, a quienes se plantan ante clínicas abortivas, «hostigando» y «coartando la libertad», dice tal proyecto, de mujeres y profesionales que acuden o trabajan en ellas. Seamos serios. Conozco a algunos y les he visto actuar en distintas capitales españolas, y lo único que pretenden es ayudar a tomar conciencia de lo que las madres van a hacer. Que se tomen un pequeño respiro antes de dar paso a lo irremediable no es hostigamiento; ofrecer salidas, soluciones para una vida, no es coartar libertades. Todo este tema es grave y complejo; ya lo sabemos. Pero salvar una vida no tiene precio. Y en el no nacido ya está presente. «La muerte, como ha dicho el papa Francisco, no es un problema religioso, ojo: es un problema humano, prerreligioso, es un problema de ética humana». El doctor Terrasa era un provida nato. No ejerció presión alguna. Simplemente amó. Y ese gesto de ternura se aprecia también en los incluidos en esta propuesta de ley mencionada.

En suma. Si cada uno de nosotros pensase que lo que hacemos, lo que soñamos, lo que hemos logrado, lo que reímos y lloramos, las personas a las que hemos conocido, las vidas que se han traído a este mundo no hubieran sido si nuestras madres hubiesen decidido privarnos de este don, a lo mejor otra cosa sería… De modo que sumemos y nunca restemos en lo que concierne al no nacido.

Isabel Orellana Vilches

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Cáritas Diocesana lanza una campaña de emergencia para canalizar la solidaridad ciudadana con los damnificados por el fenómeno vulcanológico de La Palma

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caritastenerife.org.- Cáritas Diocesana de Tenerife ha lanzado una campaña para canalizar el apoyo y la solidaridad ciudadanas con la población de la isla de La Palma, damnificada por los efectos del severo fenómeno vulcanológico que se desencadenó el pasado domingo.

Con ese fin, la entidad ha habilitado la cuenta corriente ES02 2100 6722 6122 0073 3169 para canalizar la ayuda de emergencia a las personas afectadas por esta catástrofe natural a la que se enfrentan nuestros hermanos y hermanas de la Isla Bonita.

De igual modo, también se pueden realizar aportaciones a través del código 03762 del sistema BIZUM, la aplicación bancaria que podemos descargar en nuestros teléfonos móviles.

Cabe señalar que entre los afectados que han tenido que ser evacuados y que han perdido sus viviendas se encuentran distintos agentes de Cáritas de las comunidades parroquiales de los municipios de El Paso y Los Llanos de Aridane. Además, varios templos religiosos, entre ellos la parroquia de San Pío X en Todoque, han sido destruidos por las coladas de lava.

Cáritas Diocesana de Tenerife articula su trabajo en dos arciprestazgos en la isla de La Palma, en Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane. Además de la acogida y el acompañamiento a las familias más vulnerables, se desarrolla el proyecto Mila, de empleabilidad de personas en situación de exclusión social o en riesgo de padecerla; y el proyecto de Unidades Móviles de Atención en Calle para personas sin hogar. En total, el año pasado se atendieron en la isla a 1.300 personas a través de las parroquias y de los distintos proyectos y programas que desarrolla la entidad diocesana.

Con objeto de realizar un seguimiento estrecho de la evolución de esta emergencia, Cáritas Diocesana de Tenerife ha constituido un gabinete de crisis con objeto de identificar las necesidades más urgentes de la población afectada e ir definiendo en el corto y medio plazo las respuestas más adecuadas a la evolución de la misma.

Así mismo, Cáritas Diocesana de Tenerife valora positivamente la rapidez de las Administraciones públicas a la hora de velar por la seguridad de todas las personas afectadas y garantizar el cuidado quienes están en situación de mayor vulnerabilidad, aquellos que son el centro de nuestra acción. De igual modo, queremos ofrecer nuestra colaboración y total disposición ante los efectos sociales causados por esta emergencia. Sumamos nuestros esfuerzos y recursos a los de los agentes sociales e instituciones presentes en las zonas afectadas y de toda la Isla, compartiendo con ellos el compromiso y la solidaridad que nos mueve como Iglesia.

Expresamos toda nuestra cercanía a los damnificados y lanzamos un mensaje de ánimo a la población palmera en general y, muy especialmente, a las personas y familias que se están viendo afectadas por esta histórica situación de riesgo volcánico.  “CADA GESTO CUENTA”.

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“Que el Espíritu Santo nos permita verdaderamente confesar a Jesucristo”

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Homilía en la Eucaristía del inicio del curso de la Facultad de Teología de Granada, el 22 de septiembre de 2021.

Muy querida Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo (reunidos aquí en una pequeña comunidad, hoy, para inaugurar el curo en la Facultad de Teología);

muy querido padre Gonzalo;

sacerdotes concelebrantes;

autoridades académicas de la Facultad y de la Universidad Loyola;

queridos hermanos y amigos:

Celebrar un comienzo de curso es siempre una ocasión de gozo. Y celebrarlo en este año, en estas circunstancias, después del año y medio o casi dos años que llevamos de una dificultad no pequeña y, además, que ha afectado al mundo entero, pues también es una singular ocasión de gozo y de acción de gracias. La verdad es que los cristianos, siempre que nos reunimos, al menos en lo que es el centro de nuestra vida cristiana, que es la Eucaristía, nos reunimos para dar gracias y lo decimos expresamente justo en el comienzo de la oración más importante de la Iglesia, que es la Plegaria eucarística: “Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darTe gracias, siempre y en todo lugar”.

Y el motivo de esa acción de gracias al final es siempre Jesucristo. Jesucristo, que viene a nosotros, en cada Eucaristía; que acontece de nuevo en todo Su Misterio: Encarnación, Pasión, triunfo sobre la muerte. No tendría la Eucaristía ningún sentido si no se hubiera dado ese triunfo y donde el Espíritu Santo, todo ello misteriosamente unido en un solo don, que se hace uno con nosotros y que, por el Espíritu Santo, vivifica nuestras vidas y las hace fecundas, y llamadas a florecer y a fructificar, para gloria de Dios y para esperanza de esta humanidad (…).

De la pandemia, muchas veces me ha venido a mí un texto de san Efrén y me ha venido especialmente en esta semana, pensando en esta Eucaristía, y no quiero dejar de hacer referencia a él. Es un himno del tiempo pascual, quizás de los más bellos. No me atrevería yo a ser juez de un Doctor de la Iglesia, pero es uno de los más bellos, al menos de los que a mí más me dicen. Celebra la Creación y la nueva Creación en Cristo. La celebra con la llegada de la luz del mes de nisán, donde la luz prevalece sobre las tinieblas. Lo celebra recordando las flores. Las flores parece que en el siglo IV en Mesopotamia eran el símbolo fundamental de la Pascua, y particularmente las coronas de flores, que era algo tomado de la liturgia nupcial pero que se había convertido también en signo fundamental del pueblo cristiano en la Pascua, puesto que era la consumación de la unión esponsal de Cristo con su Iglesia. Uno lo va leyendo y va diciendo “Dios mío, qué explosión de alegría, qué explosión de gozo”, hasta que llega a la última estrofa y, en la última estrofa, san Efrén dice: “Concédenos, Señor, que al año que viene podamos celebrar la Pascua, no como este año, con nuestras iglesias quemadas, con los hijos e hijas de la Alianza asesinados (los hijos e hijas de la Alianza son el equivalente a lo que después ha sido la vida religiosa), y que podamos cantarte con todo corazón, con todas nuestras fuerzas, himnos al hombre y a Tu gloria, y que podamos tejerte una corona de flores cada día más grande”.

Dios mío, esto no era una pandemia. Era una Iglesia verdaderamente arrasada. Y si no es por esas cinco últimas líneas, no te enteras. Por la sencilla razón de que el gozo, la certeza, la esperanza que nace de Jesucristo inunda la vida y aquel Pueblo cristiano. Y yo decía: qué frágiles somos nosotros comparados con ellos. No hemos tenido iglesias quemadas… lo cual no significa que no sintamos con un dolor muy grande de las personas que se nos han ido, el dolor de las familias, todas las heridas, corporales y espirituales que se han dado en este tiempo, que se dan, que las vemos, todo el miedo de la gente, la depresión social generada no sólo por la falta de trabajo, por la falta de medios, sino también por una especie de acoso mediático al ser humano y de la conciencia de que uno es una realidad muy pequeña en una desgracia o en una realidad que afecta a todo el mundo.

Encima, en estos últimos días, el ejemplo y la realidad de la erupción del volcán nos hace también conscientes de muchas cosas. Puede parecer que empezar un curso en una Facultad de Teología, en un contexto así, es un lujo. Un verdadero lujo, y en cierto sentido lo es. Pero, como si fuera un lujo que no da respuesta inmediata a la realidad de la pandemia, a la preocupación de un mundo tan socialmente inestable como el que vivimos. Yo, la palabra lujo, que viene muy espontáneamente a la mente o a la boca, no me parecería justa. Es un don inmenso que tiene algo de elección, que eso sí es una categoría de la historia de la Salvación.

El Señor nos da ser testigos de su historia de Salvación y nos da la posibilidad, en el estudio de la teología, de profundizar en esa historia, de apropiarnos personalmente y comunitariamente cada uno, más y más, esa historia de Salvación, para poder seguir siendo una bandera discutida en las naciones. Discutida por algunos, pero portadora al mismo tiempo de esperanza, de la única esperanza sólida para el mundo, porque la esperanza verdadera no está en las vacunas, no está en la salud. A mí, cada vez que alguien me dice “que tengamos salud, que es lo más importante”, siempre corrijo con todo el cariño del que soy capaz: “Bueno, después de la Gracia de Dios. Que tengamos Gracia de Dios y salud”. Y mucha gente se da cuenta y lo reconoce. Nosotros tenemos el privilegio de sumergirnos en este tiempo en la historia de la Salvación, de apropiarnos de esa historia, de hacerla nuestra y no para nosotros, no como un beneficio para nosotros, porque eso sería una mentalidad por una parte muy de la cultura de apropiarse y de ser uno el centro de todo, de adueñarse. La cultura de la acumulación. No. Nosotros nos apropiamos de algo que compartimos, para dar; para dar a todas horas y de la manera que podamos en todas las circunstancias, para que se multiplique el número de los que dan gracias, de los que, en medio de una desgracia inmensa, pueden seguir coronándose de flores y cantando la alegría del triunfo de Jesucristo, del triunfo del amor de Jesucristo sobre todos los males y las miserias del mundo, sobre todos los pecados del mundo, empezando por los de cada uno de nosotros.

Yo eso es lo que Le pido al Señor al comienzo de este curso: que el Espíritu Santo nos permita verdaderamente confesar a Jesucristo. Ni siquiera el hecho de decir “Jesús es Señor”, que era como el primer símbolo de la Iglesia cristiana, el primer Credo de la Iglesia cristiana, es posible decirlo sin que el Espíritu Santo trabaje en nuestro corazón. Pues que trabaje en este año intensamente en nuestro corazón y que nos permita a cada uno florecer en nuestra vocación particular, en nuestra comunidad particular, en nuestra vocación especial dentro de la vocación única de la Iglesia que es mostrar el rostro y el amor de Jesucristo de Dios a los hombres.

La Lectura Primera que hemos hecho nos recuerda yo creo que una palabra que en estos momentos también el Santo Padre nos llama. Nos ha llamado a una conversión misionera y a ella me refería cuando decía cuál es el trabajo profundo de un curso de Teología. Nos llama en estos momentos a toda la Iglesia a algo que ha tenido un nombre -“Eclesiología de comunión”-, pero que el Papa le da siempre un poco más de cuerpo, o que podemos entender siempre de una manera un tanto espiritualista, al hablar de sinodalidad: “Hacer el camino juntos”. Tantas veces no sabemos. También hace falta el Espíritu Santo para que podamos hacer camino juntos. Hasta en la misma comunidad, hasta en la misma familia, para que un hombre y una mujer que se han prometido amor y fidelidad para siempre puedan hacer el camino juntos y no sean dos cápsulas físicamente juntas una a la otra, o para que no sea una soledad compartida o un infierno compartido, hace falta la Gracia de Dios, nos hace falta el Espíritu Santo de Dios, para que aprendamos. Nos da el Santo Padre dos años para que podamos aprender pobremente a trabajar en esa dirección.

Yo puedo decir, como experiencia en mi vida, que siempre que he tenido una experiencia de comunión, el Señor la bendice. Y siempre que me he alejado yo mismo o yo he visto cómo se quiebra o se rompe la comunión, el Señor nos empobrece. Hoy no sólo las Lecturas, sino también la Iglesia, nos orienta en esta dirección.

Que el Señor nos dé sabiduría; que nos dé la prudencia necesaria; que nos dé la fortaleza necesaria, la honestidad necesaria también para caminar en esta dirección lo más posible. ¿Para qué? ¿Para que crezcan nuestras instituciones, para que sean más poderosas, para que tengan más influencia? No, para que se multiplique el número de los que dan gracias a Dios; que crezca más la esperanza en Jesucristo, para que la Iglesia sea menos un escándalo y menos un obstáculo a ese amor y a esa acción de gracias; para que podamos, al año que viene, tener una corona mucho más grande y cantemos unos himnos mucho más bellos, llenos de alegría, a Cristo, centro de la Creación y de la Historia, y única esperanza del mundo.

Así sea, lo pido para cada uno de vosotros, para mí y para todos los que trabajan conmigo. Quiera el Señor concedérnoslo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

22 de septiembre de 2021
Iglesia del monasterio de La Cartuja

Palabras finales:

Con la conciencia de venir a inaugurar el curso de la Facultad de Teología, y esa preocupación inmediata, no era consciente de que no estábamos inaugurando sólo un curso en la Facultad, sino hablando de la Universidad Loyola, y al mismo tiempo, a la sombra de un centenario de una de la figuras más grandes de la Iglesia y de la Iglesia moderna, en particular, del Centenario que estamos, en el contexto de su celebración del V centenario de San Ignacio de Loyola. Ojalá la modernidad hubiera seguido a san Ignacio, y no a Suárez, con perdón. Y tal vez, la tarea de los hijos de san Ignacio, en estos momentos, es salir del peso rutinario de la herencia de Suárez y recuperar la frescura y la pasión de un san Ignacio. Pero eso me mete en unos terrenos pantanosos, al menos para mí, pero lo digo como lo siento. Y con amor a la herencia de san Ignacio, no me duelen prendas de decirlo, pero, efectivamente, nos da también la oportunidad en estas circunstancias de retomar cosas (…). ¡Ojalá! Probablemente, estábamos mucho más en consonancia con el sentir de la Iglesia o con lo que el mundo necesita hoy que si eso lo olvidamos…. Pero somos un desastre y lo digo ahora porque es cuando me he dado cuenta que he tenido que decirlo.

El presidente del Colegio de Médicos de Madrid protagonista en la tercera jornada de la XXXII Semana de Teología

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El cardiólogo, D. Manuel Martínez-Sélles D´Oliveira-Soares, ponente en el tercer día de la Semana de Teología tras las ponencias de Monseñor Rico Pavés y el sacerdote Juan José Pérez-Soba.

La Casa de la Iglesia de Asidonia-Jerez afronta ya su tercer día dedicado a la formación con la XXXII Semana de Teología. Dedicada a la vida y el amor, esta semana comenzó el pasado lunes con el sacerdote Juan José Pérez-Soba quien le tocaba inaugurar las ponencias con “El amor todo lo espera: Hacer vida la enseñanza de la Iglesia”. Tras D. Juan José Pérez-Soba, era el Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés cuyo tema central giro en torno al Sacramento de la Eucaristía como fuente y culmen de la vida cristiana donde Cristo derrama su amor en todos nosotros.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, tanto en el turno de mañana en el Obispado como el turno de tarde en la Santa Iglesia Catedral, los distintos asistentes han podido profundizar en los temas tratados por los diferentes ponentes, asimismo tras la terminación de estas conferencias se publicaban en el Canal de Youtube de la Diócesis. En este caso llegando ya al penúltimo día de esta Semana de Teología, le toca el turno al cardiólogo y presidente del Colegio de Médicos de la capital de España, D. Manuel Martínez-Sélles D´Oliveira-Soares, que con la conferencia “Elige la vida: Acogerla, cuidarla, defenderla siempre” desde la luz de la fe ha podido dar respuestas a distintos temas de actualidad sobre la vida.

Por último, recordar que mañana tendrá lugar a las 10:30hrs en el Obispado de Asidonia-Jerez y a las 20hrs en la Santa Iglesia Catedral cerraremos la XXXII Semana de Teología con la ponencia “Seréis como Dios: De la ideología de género al transhumanismo” del sacerdote de la Archidiócesis de Sevilla, D. José Manuel Martínez Guisasola, Profesor de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, Dr. en Teología Moral.

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