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«Patas arriba», comentario al Evangelio del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario − B

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Foto: Cristo, Varón de Dolores. Luis de Morales (1566). Museo del Prado, Madrid.

El evangelio de Marcos de este domingo (Mc 10,35-45) propone una de esas frases de Jesús que descolocan: «el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». En este sentido, no solo Jesús lo dice para los demás, sino anticipa a sus discípulos y recuerda a los lectores actuales cómo vivió su servicio: «el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos». Por eso, este domingo comenzaremos el comentario por el final, no podía ser de otra manera si se titula “Patas arriba”.

Algunos textos bíblicos, como el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) o el Magnificat de María (Lc 1,46-55) comparten lo que se puede denominar “mundo al revés” (mundus inversus). Este concepto representa una inversión del mundo ordinario y ofrece alternativas que escapan de lo lógico en el ámbito natural, cultural o religioso. En este sentido deben entenderse no pocas frases de las Escrituras: «Hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20,35); «El que cree en mí, aunque muera, vivirá» (Jn 11,25); «los últimos serán primeros y los primeros serán los últimos» (Mt 19,30); «porque la locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que los hombres» (1Cor 1,25). Todo esto indica que el Evangelio ‒el proyecto de amor de Dios‒ pone el mundo “patas arriba”.

No es lógico que después de la propuesta de los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, Jesús concluya poniendo como primer puesto el lugar del servidor. Tampoco tiene sentido, desde un cierto punto de vista, las palabras de María: «a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,53). Ciertamente, el Magnificat solo se recoge en boca de María, dentro del evangelio de Lucas, pero contiene la misma idea sobre el servicio, cuando a modo de acción de gracias se indica que «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lc 1,52).

La pregunta inicial de Jesús en el evangelio de este domingo, «¿Qué queréis que haga por vosotros?», requiere de una respuesta personal y eclesial. A nivel personal, cada uno sabe qué realidades deben invertirse, cambiarse, transformarse en su propia vida. De esta manera lo posible se convierte en imposible y lo imposible se hace realidad; los cercanos se encuentran lejos y los lejanos son acercados; los ricos se convierten en pobres y los pobres llegan a ser ricos. O lo que es lo mismo, que quien quiera ser grande sea el servidor.

A nivel eclesial, la respuesta que pudiéramos dar, especialmente en estos momentos que vivimos, es tomarnos en serio la “sinodalidad”. Una palabra que en la definición de la RAE incluye solo a obispos, eclesiásticos, ministros y clero. Sin embargo, es necesario que todos nos sintamos parte. Una palabra que deriva de sínodo, que etimológicamente significa el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. Caminar juntos –enseña el Papa Francisco– es el camino constitutivo de la Iglesia. O caminamos juntos o quizás no nos estamos moviendo de nuestro sitio.

La sinodalidad no es contraria a los carismas o los ministerios de la Iglesia, pero sí recuerda la necesidad de servicio de todos, cada uno desde la vocación que ha recibido. Sería atrevido decir que la sinodalidad ‒el caminar juntos‒ es poner patas arriba la Iglesia. Sin embargo, es necesario que vivamos todos y siempre desde el servicio: una Iglesia que no sirve, no sirve como Iglesia.

Isaac Moreno Sanz,
Dr. en Teología Bíblica y rector del Seminario Diocesano de Huelva.

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El Obispo inicia la Visita Pastoral a la Vicaría Territorial del Condado

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Tras un primer año de toma de contacto con la realidad general de la diócesis, nuestro Obispo comienza la Visita Pastoral a las comunidades parroquiales la próxima semana recorriendo, primeramente, algunas parroquias de la vicaría territorial del Condado.

D. Santiago Gómez inicia este próximo lunes, 18 de octubre, la Visita Pastoral por la que conocerá de cerca la realidad de las comunidades parroquiales de los diferentes municipios, presidiendo la celebraciones, dialogando con los fieles y grupos parroquiales, visitando a los enfermos, los centros educativos, las instituciones y agentes sociales locales,  etc. La Visita Pastoral es el medio por el que el Obispo fortalece la comunión dentro de la Iglesia diocesana y tiene, de alguna manera, su continuidad en la Visita que el Obispo hace al sucesor de Pedro en la sede romana: la llamada Visita “ad limina”, donde se afianza la comunión de la diócesis con las demás iglesias particulares del orbe cristiano, y que realizará el Obispo, junto al resto de obispos españoles, el próximo enero.

Breve mirada a la historia1

La Visita Pastoral del Obispo se trata de una de las instituciones más antiguas en la vida de la Iglesia. Sus precedentes datan de la época apostólica; tiene plena vigencia en la época patrística; se potencia de forma extraordinaria en los Concilios de Toledo de la época visigótica, el venero más fecundo de legislación sobre esta institución eclesiástica; y se desarrolla y consolida en la Edad Media, época en la que se compila dicha legislación en el Decreto de Graciano y en las Decretales de la Gregorio IX. El Concilio de Trento, por su parte, considera la Visita como un instrumento clave en sus planes de reforma. La recoge el CIC de 1917, repitiendo sustancialmente la normativa de Trento. El CIC de 1983 reitera con pequeñas variantes lo preceptuado en el CIC de 1917. La exhortación apostólica postsinodal Pastores gregis, publicada en el año 2003, le dedica un párrafo en el capítulo V (no 46); y el nuevo Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, Apostolorum succesores, publicado en marzo de 2004, le dedica una sección dentro del capítulo VIII (no 220-224).

Naturaleza de la Visita Pastoral

La Visita Pastoral es un «auténtico tiempo de gracia y momento especial, más aún, único, para el encuentro y diálogo del Obispo con los fieles«. Es «como el alma del ministerio episcopal«, según el Beato Bartolomé de los Mártires (PG 46), y debe ser siempre un acontecimiento de gracia y salvación, una verdadera Pascua, un verdadero paso del Señor junto a cada comunidad parroquial.

Es preciso destacar la dimensión sobrenatural y salvífica de la Visita Pastoral. En el párrafo que los Lineamenta de la X Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos del año 2001, dedicada precisamente al ministerio episcopal, se decía que «mediante la visita pastoral el Obispo se presenta concretamente como principio visible y fundamento de la unidad de la Iglesia particular y ella ‘refleja de alguna manera la imagen de aquella singularísima y totalmente maravillosa visita, por medio de la cual el sumo Pastor (1 Ped 5,4), el Obispo de nuestras almas (cf 1 Ped 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo (cfr. Lc 1,68)» (no 70).

Los fines fundamentales de la Visita son, pues, la revitalización de las comunidades cristianas, el impulso a la pastoral de la santidad, el incremento de la comunión eclesial y la reanimación de las energías de los agentes de la pastoral parroquial, agradeciéndoles, felicitándoles, animándoles y estimulándoles, en orden a una acción apostólica más intensa (Cfr. Directorio, 220). El Directorio dice además en el mismo número que la Visita permite al Obispo «examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica«. Otros fines, son el mayor conocimiento de la Diócesis por parte del Obispo, la cohesión pastoral y la coordinación pastoral.

Después del paso del Obispo, la comunidad parroquial debe quedar confirmada en la fe, alentada en su esperanza, unida en la caridad, edificada y robustecida en las raíces sobrenaturales de la vida cristiana y estimulada en su compromiso apostólico y evangelizador. Esto es lo decisivo. La frase del Señor en el Evangelio de San Juan, “Para que tengan vida” (Jn 10,10), es la mejor síntesis de los objetivos y fines más genuinos de la Visita Pastoral.

Preparando la Visita Pastoral

La preparación de la Visita Pastoral en cada parroquia debe suponer un cierto examen de conciencia desde una perspectiva pastoral para el párroco, los diversos consejos y las instituciones parroquiales. Para hacer esta reflexión sobre la realidad pastoral del arciprestazgo y de la parroquia se proporciona un cuestionario a modo de guión.

Con esta información, fruto de la reflexión de la parroquia, el Obispo puede prepararse también adecuadamente para efectuar la Visita, estando informado con anticipación sobre la situación socio religiosa de la parro- quia para poder alentar, estimular o corregir con fruto (Directorio, 222).

Además, en cada parroquia se debe buscar la forma de conseguir que la noticia y la Visita Pastoral del Obispo llegue a todas las categorías sociales y a todas las personas, incluso a las alejadas de la práctica religiosa con el fin de poder anunciar el Evangelio a todos y que la Visita sea también un acontecimiento popular que cale en la opinión pública.

Visita Pastoral a la Vicaría del Condado

  • 18 al 24 de octubre: parroquia San Bartolomé, Villalba del Alcor, y parroquia Ntra. Sra. de la Purificación, Manzanilla.
  • 25 al 31 de octubre: parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Bonares, y parroquia San Vicente Mártir, Lucena del Puerto.
  • 1 al 7 de noviembre: parroquia San Francisco de Asís, Matalascañas.
  • 8 al 14 de noviembre: parroquias Santiago Apóstol y María Auxiliadora, Bollullos Par del Condado.
  • 22 al 28 de noviembre: parroquias San Juan Bautista y Santiago Apóstol, Gibraleón.

1 El contenido de este apartado, como el de los siguientes, son un extracto de: Mons. Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva. Directorio para la Visita Pastoral (septiembre, 2021).

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La Diócesis de Cartagena comienza su camino hacia el Sínodo

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El obispo abrirá el domingo la fase de consulta diocesana del Sínodo, un tiempo de participación abierto a todos.

En octubre de 2023 el Papa Francisco ha convocado en Roma la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, bajo el lema Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Un Sínodo para toda la Iglesia universal a través del cual el Papa quiere que esta se interrogue sobre su vida y misión.

Francisco invita a toda la Iglesia a que se implique en este sínodo, por este motivo, se va a vertebrar en tres fases: la de consulta diocesana, que se inició el 9 de octubre en Roma y se abrirá el 17 de octubre en todas las diócesis del mundo, hasta febrero de 2022; la segunda fase, desde septiembre de 2022 a marzo de 2023, que se desarrollará en asambleas regionales y continentales; y, finalmente, la celebración del Sínodo en Roma, en octubre de 2023. El trabajo realizado de estas consultas a toda la Iglesia universal se dispondrá en dos Instrumentum laboris, con los que trabajarán los obispos que participen en el Sínodo en octubre de 2023.

El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha presentado esta mañana en rueda de prensa este tiempo de consulta sinodal diocesana, acompañado por Juan José González, coordinador del Equipo Sinodal Diocesano; y Vicente José Berruezo, miembro de este equipo.

Mons. Lorca Planes presidirá este domingo, 17 de octubre, a las 12:00 horas, en la catedral, la celebración de la Eucaristía con la que dará comienzo esta fase de consulta diocesana del Sínodo. «Una oportunidad», según ha asegurado el prelado, para mostrar la propia experiencia de Iglesia. «El Papa Francisco nos invita a un sueño, porque ha puesto a la Iglesia en revolución; nos pide a todos colaborar de una forma activa en este sínodo, quiere escucharnos», subraya Lorca Planes.

Esta consulta se basará en dos grandes interrogantes: ¿Cómo se realiza hoy en la Iglesia nuestro «caminar juntos» en la sinodalidad? Y ¿qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro «caminar juntos»? Según señaló el Papa Francisco, la finalidad del Sínodo, y por lo tanto de esta consulta, no es producir documentos, sino «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos».

En la página web de la Diócesis (diocesisdecartagena.org) se ha habilitado un espacio para este tiempo de trabajo sinodal diocesano, en el que se ofrecen materiales generales para trabajar en las parroquias y otras realidades eclesiales. Unos materiales que servirán como guía, según explica el coordinador del Equipo Sinodal Diocesano, Juan José González, aunque lo verdaderamente importante sea realizar un verdadero camino sinodal: «Lo importante es disponer el corazón, hacerlo en un entorno de espiritualidad, de oración y comunión, en un deseo de caminar juntos. Los materiales serán un apoyo, pero lo importante es generar espacios de encuentro, de comunicación, de escucha, de participación, sin excluir a nadie, incluso invitar a personas alejadas de la Iglesia para que esa participación vaya calando en nuestra realidad particular, en nuestra parroquia y en nuestro corazón de manera personal». Un tiempo sinodal en el que la Iglesia quiere «escuchar con respeto».

La consulta diocesana se realizará a partir de un documento de trabajo «que pretende ser muy abierto para facilitar la participación de todas las personas a nivel parroquial y también de grupos y asociaciones», ha explicado Vicente Berruezo, quien también ha señalado que esta consulta ayudará a la Iglesia a «vendar heridas», sobre todo de aquellas personas que se sientan alejadas.

Además de los materiales que ya están disponibles en la web, el obispo ha manifestado la intención de realizar una encuesta a través de internet, que posibilite la participación de aquellas personas que están alejadas de la Iglesia o, incluso, que son contrarias a ella. «Esas opiniones, aunque sean cosas que no nos gustaría oír, porque pueden ser duras, difíciles o muestren experiencias que han hecho sufrir a la gente, queremos escucharlas para que así la Iglesia pueda también rectificar y eso nos ayudará en un proceso de conversión».

Comunión, participación y misión

El Santo Padre espera que este camino sinodal genere un tiempo de renovación en la Iglesia, de aggiornamento, tal y como se propuso en el Concilio Vaticano II.

Un tiempo de comunión, participación y misión al que está invitado todo el Pueblo de Dios, toda la Iglesia, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. «El Sínodo no es un parlamento, que el Sínodo no es una investigación de opiniones; el Sínodo es un momento eclesial, y el protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo. Si no hay Espíritu, no habrá Sínodo» (Discurso del Papa Francisco con motivo del Momento de Reflexión para el inicio del Camino Sinodal, 9 de octubre de 2021). Según el Papa, este sínodo permitirá a la Iglesia convertirse en «un lugar abierto donde todos se sientan como en casa y puedan participar», también ofrecerá la oportunidad de «convertirnos en una Iglesia de la escucha» y «en una Iglesia de proximidad», regresando al estilo de Dios que es «cercanía, compasión y ternura».

Equipo Sinodal Diocesano

Para la preparación de este tiempo sinodal y para su puesta en marcha, el obispo ha creado el Equipo Sinodal Diocesano, compuesto por siete laicos, una religiosa y un sacerdote. Entre las funciones de este equipo está la de servir de enlace entre la diócesis y la Conferencia Episcopal Española (CEE), así como ser referente para las parroquias y otros grupos de la diócesis en todo lo relativo a esta consulta sinodal. Una vez haya finalizado esta etapa de consulta diocesana, el Equipo Sinodal Diocesano se encargará de redactar el documento final que se enviará a la CEE, concretizando todo lo trabajado en la Diócesis.

Coordinan este equipo Juan José González y Mercedes Herrera, que trabajan junto a otros cinco laicos: Vicente Berruezo, Francisco Cánovas, María Eugenia García, Carmelo Gómiz y María Salcedo; además de sor Ana Galeote, salesiana del Sagrado Corazón de Jesús, y el vicario para la Evangelización, José León.

Cuatro meses de trabajo sinodal diocesano

De octubre de 2021 a febrero de 2022 se desarrollará esa fase diocesana de consulta sinodal. Un tiempo para que la Iglesia diocesana se interrogue sobre su vida y misión desde las diferentes realidades y carismas. Sacerdotes, religiosos y laicos están convocados a participar en este tiempo de encuentro que comenzará este próximo domingo, 17 de octubre, con la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo de Cartagena, a las 12:00 horas en la catedral. Una celebración que será retransmitida por Popular TV.

La próxima semana, del 22 al 24 de octubre, se realizará el lanzamiento del trabajo sinodal aprovechando la presencia en la Diócesis del nuncio de su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza.

El 4 de febrero de 2022 se cumplirá el plazo para entregar el resumen de las aportaciones a los laicos representantes de las ocho zonas pastorales; y el 11 de febrero se entregará el resumen de las aportaciones de cada zona pastoral al Equipo Sinodal Diocesano, para que este redacte el resumen que se enviará a CEE.

Por último, dentro de esta fase diocesana del Sínodo, el 27 de febrero, se realizará un Encuentro Diocesano Presinodal, una jornada festiva en la que se presentarán las conclusiones a toda la Diócesis.

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La Parroquia de la Asunción de Villacarrillo celebra la Eucaristía de inicio de curso de Catequesis

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La Parroquia de la Asunción de Villacarrillo, el pasado día 6 de octubre, vísperas de la festividad de nuestra patrona Nuestra Señora del Rosario, como ya es habitual en nuestra comunidad, celebró la Eucaristía de inicio de curso de Catequesis.

En este día, segundo de triduo a la Virgen del Rosario, niños y catequistas se dieron cita en el templo de la Asunción para comenzar un nuevo año de Catequesis. Otro año más en el que acometemos la tarea de ayudarles a conocer cada vez más a Jesucristo. La celebración estuvo presidida por D. Andrés Nájera, nuestro párroco, y asistieron, también, los padres y madres de los catecúmenos, que los quisieron acompañar en el inicio de un nuevo curso en la catequesis, viviendo, así, todos juntos la experiencia de ser familia de los Hijos de Dios en la Iglesia.

La palabra de Dios de este día nos animaba a la oración. Y en este sentido, Don Andrés, en las palabras que dedicó a los niños y niñas allí presentes, insistió en la oración a la Virgen: “que no acabe ningún día sin rezarle a la Virgen, nuestra Madre”. También, tuvo palabras para las familias, a las que instó que fueran las primeras transmisoras del Evangelio entre sus hijos.

Al término de la celebración cantamos el himno a la Patrona y los niños y demás asistentes entregaron a la Virgen las flores que traían como ofrenda, que posteriormente fueron colocadas por miembros de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Veracruz y Ntra. Sra. del Rosario   en las andas preparadas para la procesión tan esperada, que tendría lugar al día siguiente por las calles de nuestra ciudad.

Con esta celebración damos inicio a un nuevo curso catequético acogiendo con alegría y cariño a todos los que participan en él, dando gracias al Señor Jesús que nos ha invitado y camina con nosotros. El grupo de catequistas de la Asunción le pedimos que encienda en nuestro corazón la luz de la ilusión, que brille todo el curso y nos guíe para transmitir el amor de Dios a estos niños y niñas que nos ha encomendado.

Catequistas de la Asunción de Villacarrillo

Galería fotográfica: «Misa inicio del curso de Catequesis en la Asunción de Villacarrillo»

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Juan Antonio Guedes, nuevo párroco de Nuestra Señora del Rosario en Valle Jiménez

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El obispo ha nombrado al sacerdote Juan Antonio Guedes, nuevo párroco de Nuestra Señora del Rosario, en Valle Jiménez, en La Laguna, arciprestazgo de La Cuesta.

Guedes Suárez es natural de Agüimes, en Gran Canaria. Fue ordenado en julio de 1999. Realizó la licenciatura en teología dogmática en la Facultad de Burgos y ha prestado distintos servicios en la Diócesis. En este momento, es secretario de coordinación pastoral, vicario episcopal de La Laguna, delegado para el clero, director de la residencia sacerdotal ‘S. Juan de Ávila’ y profesor del ISTIC.

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27 jiennenses participan en una nueva tanda de Cursillos de Cristiandad en la Yedra

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Del 8 al 11 de octubre se ha celebrado en la Casa de Espiritualidad San Juan de Ávila de la Yedra el Cursillo de Cristiandad N.º 326 de Jaén, el cuarto en esta nueva etapa que estamos viviendo.

En este Cursillo, al que hemos bautizado como “Cursillo del Amor de Dios y la alegría”, hemos participado un total de 27 personas, jóvenes la mayoría de ellos.

“Cuando dos o más personas se reúnen en mi nombre, allí estoy yo…” (Mt. 18,20). Y verdaderamente así es…

Decir que este cursillo ha sido un regalo del Señor es decir poco. Intentar describir lo que ha sido y hemos vivido en estos tres días es casi imposible, porque cuando se está lleno de gozo, confiado en los brazos de Dios y amados por Él, parece que solo se puede sentir… sentir un consuelo tal que sobran palabras.

En este Cursillo hemos sentido la presencia y cercanía de un Dios Padre misericordioso que nos quiere con locura y nos espera a todos, a los que lo tienen presente cada día, a los que se acuerdan de vez en cuando y también a los que no recordaban cuánto tiempo hacía que no recibían su abrazo de misericordia.

En estos días hemos descubierto en Cristo el camino de la vida, en el que todos somos iguales, pero distintos en nuestras necesidades y que necesitamos experimentar el amor de Dios cada día. Decía el Papa Benedicto XVI: “Abrid vuestros corazones a Dios, dejaros sorprender por Cristo <<Dadle el derecho a hablaros>>… Presentad vuestras alegrías y penas a Cristo” y continuaba diciéndoles: “porque la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro, el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía”. Hemos sentido la alegría de descubrir como Cristo nos ama, como somos y lo que somos.

En los testimonios de la ceremonia de clausura las palabras más repetidas fueron: “Alegría” y “Me siento amado”. En sus caras veíamos el rostro alegre y feliz de una iglesia que se sustenta en el Amor.

En la misma  estuvimos acompañados por un numeroso grupo de cursillistas de nuestra Diócesis y de la Diócesis de Córdoba, presididos por  el Vicario de Evangelización, D. Juan Ignacio Damas López, que en nombre de nuestro Obispo , nos alentó a vivir un “cuarto día” lleno de esperanza y confiados en que nunca vamos a volver a estar solos. Queremos agradecer a D. Amadeo el cariño que tiene hacia nosotros y que haya hecho posible que el MCC sea una realidad hoy en nuestra Diócesis.

A nosotros solo nos queda decir como Santa Ángela de la Cruz: “Que Dios se lo pague a Dios”.

Movimiento Cursillos de Cristiandad Jaén

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Lecturas del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (B)

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Primera Lectura

Isaías 53, 10-11

Al entregar su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.

Salmo responsorial

Salmo 32
R/: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/:

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/:

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/:

Segunda Lectura

Hebreos 4, 14-16

Comparezcamos confiadamente ante el trono de la gracia

Hermanos:
Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Evangelio

Evangelio según san Marcos 10, 35-45

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado.

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud».

Comentario de Antonio J. Guerra

Se lee hoy un trozo del cuarto cántico del siervo sufriente de Isaías. En él se presenta al Siervo de Dios que lleva su obediencia hasta la entrega de la propia vida en muerte cruenta. Nos narra el profeta el resultado de esta entrega: su dolor ha salvado a los hombres del castigo que merecían por sus pecados. El Salmo 32 nos recuerda algunas de las maravillas que Dios ha obrado en favor de su pueblo para que aumente su fe y esperanza. Dios, a pesar de la muerte del Justo, tiene sus ojos puestos en sus fieles para librarlos de la muerte.

La carta a los Hebreos nos ayuda a identificar al Siervo de Dios con Jesús. Interpreta la muerte de Jesús en clave sacrificial. Con su actitud obediente al plan divino, Jesús es presentado como el sumo sacerdote que entrega su propio cuerpo para la remisión de los pecados. Él es el sumo sacerdote que compadecido de nuestras debilidades se entrega por amor a nosotros y nos abre las puertas del cielo.

La Palabra nos sale al encuentro para “convertirnos” que según su etimología griega significa “hacernos cambiar de mentalidad”. Hoy Dios nos ofrece una nueva orientación a nuestra instintiva sed de grandeza, al deseo más o menos inconsciente de ser importantes. Jesús nos advierte: “no ha de ser así entre vosotros” (Mc 10,43), y nos enseña a aspirar a un tipo de grandeza poco ambicionado: el del amor incondicionado que se hace humilde servicio al prójimo, hasta entregar la propia vida. Este servicio humilde de Jesús es el modelo que debemos reproducir en nosotros: “para los hombres es imposible, pero no para Dios” (Mc 10,27). El pecado es lo que nos separa de Dios y desfigura en nosotros los rasgos de Cristo grabados en nuestro bautismo, pero el mismo Dios socorre nuestras flaquezas y expía todo el pecado humano, pidiendo a su Hijo inocente que cargue sobre sí las consecuencias, que nos rescate de la muerte. El Dios tres veces Santo nos perdona por la sangre de su Hijo. El camino del servicio y la entrega tiene un precio alto, y Jesús está dispuesto a asumirlo; de su mano, iremos comprendiendo que el grano de trigo dará fruto si de verdad muere.

Para profundizar:

  1. “Concédenos sentarnos a la vera tuya en tu gloria” (cf. Mc 10,37). Santiago y Juan piden algo grande y Jesús atiende a su petición; sólo les pone como condición el de compartir con él todo el camino que lleva a la gloria. ¿Estás dispuesto a caminar con Jesús todo su camino? ¿O me limitaré sólo a aquellos tramos que a mi agradan?
  2. “El que pierda la propia vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35). Contempla el amor de Jesús que por ti bebió la copa del sufrimiento para arrancarte de la muerte eterna destinada a los pecadores, ¿qué harás tú por Jesús?
  3. “Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15). El servicio humilde de Jesús es el modelo que debemos reproducir en nosotros. ¿Tiene algo que mejorar mi actuar como cristiano?

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Evangelio del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario en LSE (Ciclo B)

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Evangelio del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario en LSE (Ciclo B)

Evangelio del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, en Lengua de Signos Española (Mc 10, 2-16).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

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La diócesis celebra la festividad de los Patronos San Servando y San Germán

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Más de cuatro siglos hace desde que fueron declarados Patronos de Cádiz, en el año 1619, habiendo derramado su sangre en defensa de su inquebrantable fe católica durante la persecución de Diocleciano, quien ordenó torturarlos hasta que adjuraran de las firmes creencias, como previamente lo había hecho Diocleciano. Ambos fracasaron en su intento. Fue en el Cerro Ursoniano (actual Cerro de los Mártires), en la vecina localidad de San Fernando donde fueron finalmente degollados el 23 de octubre del año 304, por orden del representante del Emperador, de nombre Viator. Son innumerables las iglesias y templos de Cádiz en los que se conservan y veneran figuras representativas de estos Santos Mártires, algunas de altísimo mérito artístico, como las talladas por la Roldana de la Catedral de Cádiz o las procedentes de Filipinas y conocidas como “los chinos”, en el Museo Catedralicio. También en la propia ciudad nos recuerdan su patronazgo las imágenes existentes en las fachadas de las casas consistoriales o de la propia Seo gaditana y las muy meritorias que se alzan en sendos Triunfos en las Puertas de Tierra, como guardianes y protectores del pueblo de Cádiz que los declaró sus Santos Patronos.

Con motivo de la próxima festividad de los Santos Servando y Germán, patronos de la Ciudad de Cádiz, de su diócesis, y copatronos de San Fernando, el sábado 23 de octubre, a las 20.00 horas, en la Catedral de Cádiz, el obispo diocesano Mons. Rafael Zornoza, presidirá la Solemne Función Principal, que se desarrollará por el rito hispano-mozárabe, y estará concelebrada junto al Cabildo Catedral.

Antes, los días 21 y 22 de octubre, se celebrará un Solemne Tríduo en honor de los Santos Patronos, a las 20.00 horas, en sus capillas de la seo gaditana, presidido por el canónigo doctoral, P. Guillermo Domínguez Leonsegui, y el P. Antonio Sabido Salguero. Además, el sábado 23, a las 12.00 horas, tendrá lugar la ofrenda floral ante los Triunfos de las Puertas de Tierra, mediante la colocación de sendas coronas de laurel en dichos monumentos.

Como símbolos de la ciudad y de la Diócesis de Cádiz, especialmente en estos tiempos difíciles en que rogamos su intercesión por ser nuestros protectores, para que termine prontamente esta pandemia que asola nuestra nación y nuestra ciudad, la Hermandad de los Santos Patronos se propone incrementar su devoción entre el pueblo que los erigió como Patronos, por encarnar virtudes heroicas en tiempos también muy duros de sangrientas persecuciones, dando ejemplo con su conducta de entrega y sacrificio hasta con su propia vida.

Por ello, se invita a todo el pueblo de Cádiz a participar en dichos actos e implorar ante nuestros Santos Mártires y Patronos especialmente por los más afectados de la actual pandemia.

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Carta Pastoral inicio del Sínodo: «Uniremos nuestros sueños, el de la Iglesia diocesana y el de la Iglesia universal»

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Queridos diocesanos:

  1. SIN DESPERTARNOS DEL SUEÑO MISIONERO

Un año pastoral apasionante

Estoy convencido de que se nos presenta un año pastoral apasionante. Con pasión por Cristo y con pasión por la comunión y la misión de la Iglesia. Habrá un día a día de nuestra pastoral ordinaria, que tendremos que atender y cuidar con mucho esmero, y sin que dejemos nada esencial por hacer. Para eso hemos caminado juntos por nuestro Plan de acción pastoral, que en estos cinco años nos ha marcado un rumbo eclesial renovado y misionero. Recordemos que juntos hemos ido «caminando en el sueño misionero de llegar a todos». Este año, además, se nos invita a participar con gratitud, entusiasmo y sentido de responsabilidad en el sínodo universal, que enseguida va a comenzar y en el que todos nosotros tendremos un papel importante y activo. Por eso, nuestra pastoral ordinaria habrá de ir renovándose con el aire nuevo que le vayamos dando con nuestra participación en esta iniciativa sinodal.

Participando en un sínodo con toda la Iglesia

Como sabéis, nosotros ya teníamos un plan para este año pastoral con una ruta que era ambiciosa e ilusionante. Pero en vistas de que se nos ha dado la oportunidad de participar en el Sínodo nos hemos unido a él, pero sin renunciar a la búsqueda de un nuevo horizonte, para una renovación más detallada y audaz de nuestra Iglesia diocesana. Seguro que lo que nosotros pretendíamos saldrá a la luz en la renovación, en sinodalidad, buscada con la Iglesia universal. «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», será nuestro lema desde ahora. Desde Jaén hemos de proclamarlo, sentirlo y vivirlo con la Iglesia del Señor que camina por todos los rincones del universo. El contenido y lema sinodal nos hace caer en la cuenta de que todos somos Iglesia viva y responsable en misión y de que hemos de estar abiertos a una profunda renovación pastoral, bajo la acción del Espíritu y en la escucha de la Palabra.

Para impregnar nuestra conciencia cristiana de sentido sinodal y misionero

Aunque haya sido mucho lo que hayamos ido haciendo en la renovación de la vida de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, es evidente que siempre necesitamos una puesta al día. Ahora nos toca impregnar nuestra experiencia cristiana de sentido sinodal y misionero. Guiados por Evangelii gaudium y en sintonía con Fieles al envío misionero, líneas pastorales de la CEE, haremos juntos un camino de encuentro con nuestra experiencia eclesial.

Empezaremos por descubrir las claves del actual contexto social, cultural y eclesial, así como los criterios, prioridades y líneas de trabajo desde donde pretendemos responder a una pregunta esencial: ¿cómo puede ayudar el discernimiento en sinodalidad a impulsar la conversión pastoral, personal e institucional, que el Papa nos pide y que el desafío evangelizador reclama?

Un acontecimiento de doble rostro

Os escribo esta carta para animaros a participar en el Sínodo, que para nosotros será un acontecimiento de doble rostro. Se nos propone contribuir a poner en movimiento las ideas, las energías, la creatividad de todos los que participemos, con la sencillez de corazón de quien ama a Cristo y a su Iglesia. Como ya se nos ha ido informando, se trata de la fase diocesana y nacional del Sínodo de los Obispos, que será un acontecimiento en todas las diócesis del mundo y al que estamos todos —obispo, sacerdotes, consagrados y laicos— invitados a participar activamente.

Pero, como os acabo de recordar, esta invitación a participar en el Sínodo ha llegado a nuestra Diócesis de Jaén cuando ya teníamos pensado, diseñado y organizado nuestro Plan de acción para eQuitar la imagen destacadal próximo año pastoral: por esto, será para nosotros un acontecimiento diocesano y universal a la vez. Consideramos enriquecedor poder unir los dos propósitos en uno: el que pretendíamos hacer y el que haremos agradecidos porque nos lo ofrece el Santo Padre como un precioso regalo.

Queríamos enriquecer nuestro sueño

La acción que habíamos diseñado para el final del desarrollo de nuestro Plan de Pastoral, nos iba a pedir que este curso de 2021-2022 nos situáramos aún más en el sueño misionero y renovador de nuestra Iglesia diocesana en cada una de nuestras comunidades. A cada uno se nos invitaba a decir: sueño con una Iglesia sencilla, que se desprenda de cosas que probablemente nunca debió de adquirir y a las que aún le estamos dando demasiado valor, pero que, sin embargo, ya no nos ayudan a ofrecer la fe y a anunciar el Evangelio en este contexto social, cultural y religioso en el que vivimos. Queríamos pensar y concretar, en diálogo y oración, si algunas de las cosas que hacemos son un lastre para una Iglesia en salida y en misión.

Sobre todo, queríamos soñar con modelos y modos nuevos de ser cristiano, de ser discípulo del Señor y de hacer de la vida de la Iglesia una corriente misionera. Mirando a nuestro mundo, en el que evangelizamos y a nuestra Iglesia en su misión, se nos iba a invitar a descubrir, con sana insatisfacción, lo que no está bien, lo que nos sobra, lo que redujera nuestra credibilidad, lo que separara a unos de otros…

Nuestro sueño era descubrir, a la luz de la Palabra de Dios, cómo se han de hacer las cosas si seguimos la inspiración divina. Ese, en realidad, ha sido durante estos últimos años nuestro verdadero sueño.

Para una profunda renovación pastoral

Queríamos encontrar la luz en todo lo que somos y hacemos: buscaríamos juntos el «porqué»; la razón de ser de nuestra Iglesia, de nuestra parroquia y la razón última de cada una de sus acciones, con discernimiento en profundidad. Nos íbamos a ayudar con la guía de documentos que marcan en la actualidad el modo de vida de la Iglesia: Evangelii Gaudium, La conversión pastoral de la comunidad parroquial y Fieles al anuncio misionero, el Plan de acción de la Conferencia Episcopal Española.

No se trataba de rectificar nada de lo realizado en estos últimos años desde 2017. Al contrario, buscábamos reforzar el camino sinodal que muchos, la inmensa mayoría, en especial los laicos, habéis seguido en una Iglesia que camina, con estilo sinodal, en comunión, evangelización, celebración y caridad. Pero como siempre quedan cosas por pulir, ahora nos tocaba, sobre todo, hacer un camino sinodal que sanara, limpiara y embelleciera a nuestra Iglesia.

Con libertad, queríamos encontrar todo lo que pudiera ser un obstáculo para el desarrollo de la vida de la Iglesia, especialmente lo que no nos atrevemos a tocar por ese qué dirán que tanto se repite y que nos lleva al inmovilismo: nada cambia porque siempre se ha hecho así. Se trataba de descubrir sombras y luces para que el sueño misionero pudiera recuperar una completa e ilusionada evangelización. En definitiva, lo que correspondía hacer era apuntalar todo lo que mejor pueda promover la conversión pastoral.

Con confianza en el Espíritu

Lo queríamos hacer con conciencia clara de que, para «caminar juntos», es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión, sin el cual no será posible la «perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR 6; cf. EG 26).

Apuntábamos, en definitiva, a todo lo que nos impidiera caminar y potenciar lo que mejor nos lleve a la meta a la que dirigirnos, aunque sea nuevo o novísimo, aunque nos obligue a romper con el freno que nos dice ante cada posible cambio, que lo mejor es no tocar nada. Todo eso lo hemos de discernir en el Espíritu; conscientes de que para Él nada es intocable. El Espíritu continúa actuando en la historia y mostrando su potencia vivificante.

Con ese intento de renovación queríamos desechar todo lo que no es del gusto evangélico y no tiene la luz y la belleza del Espíritu. Lo que realmente buscábamos eran líneas de acción que nos llevaran a una clara y limpia evangelización. Por eso, dábamos el paso adelante para buscar criterios que nos indicaran cómo descubrir, cómo hacer lo nuevo. Quizá, lo más decisivo de cuanto buscábamos fuera nuestro compromiso personal de no mirar para atrás o para otro lado, sino mirar hacia adelante, aunque con eso pudiéramos asumir riesgos y dificultades. Pero siempre caminando en la caridad. En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad o amor.

Ya anticipadamente tomábamos conciencia de lo que dice el Documento sinodal, que se nos ha enviado: «Precisamente en los surcos excavados por los sufrimientos de todo tipo padecidos por la familia humana y por el Pueblo de Dios están floreciendo nuevos lenguajes de fe y nuevos caminos capaces, no solo de interpretar los eventos desde un punto de vista teologal, sino también de encontrar en medio de las pruebas las razones para refundar el camino de la vida cristiana y eclesial».  «En este contexto, la sinodalidad representa el camino principal para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra. La capacidad de imaginar un futuro diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir» (Documento preparatorio 7; 9).

  1. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN

Con toda la Iglesia

Esta propuesta para el año pastoral que nos habíamos marcado, ahora necesariamente hemos de unirla a otra iniciativa, guiada por el Santo Padre, que invita a todas las Iglesias particulares a una participación, con el estilo y modo habitual que nosotros hemos adoptado en los pasados años. Estoy convencido de que, si seguimos fielmente el Documento Sinodal y el Vademécum, vamos a entrar todos en este nuevo modelo de ser Iglesia y de compartir fe y vida.

En lo que se nos invita a hacer en el Sínodo, muchos enseguida reconoceréis que este ha sido el estilo de trabajo de nuestra Iglesia de Jaén. ¿Os acordáis de lo que os escribí en una carta pastoral en nuestros comienzos? Entonces os decía: «Para la conversión pastoral que pretendemos es absolutamente necesario que adoptemos la “sinodalidad”, como método de vida y acción, que por otra parte es lo que caracteriza a la Iglesia. La sinodalidad ha de ser, por tanto, el factor estructurante que la Iglesia de Jaén está llamada a asumir en las tareas que hemos de realizar unidos todos los bautizados. Es indispensable la sinodalidad para la cooperación de los fieles laicos; por supuesto es indispensable para los sacerdotes diocesanos, servidores del pueblo de Dios. Y la sinodalidad ha de ser el estilo que marque la presencia de numerosas comunidades de vida consagrada».

Nos afianzamos en los pasos dados

Pues bien, se puede comprobar que los pasos que ahora se nos propone dar en este camino sinodal no hay nada que sea diferente a lo que hemos hecho en estos cinco años. Por eso se dice en el documento sinodal, refiriéndose también a nosotros: «Es un motivo de gran esperanza que no pocas Iglesias hayan ya comenzado a organizar encuentros y procesos de consulta al Pueblo de Dios, más o menos estructurados. Allí donde tales procesos han sido organizados según un estilo sinodal, el sentido de Iglesia ha florecido y la participación de todos ha dado un nuevo impulso a la vida eclesial» (Documento preparatorio 7).

Se desea que el Sínodo de los Obispos empiece a celebrarse solemne y activamente en todas y cada una de las diócesis del mundo. Según se nos indica, tendrá una fase diocesana, una fase continental y una fase final que abarque a la Iglesia universal.

Con una gran fiesta eucarística diocesana

Este itinerario sinodal tendrá una apertura solemne tanto en Roma (9-10 de octubre) como en cada Iglesia particular, que se ha fijado para el domingo 17 de octubre, a las 6 de la tarde. La celebremos en la que fue nuestra primera catedral, la de Baeza. Refleja, a mi entender, una época en la que la vida de la Iglesia caminaba claramente con un estilo sinodal. Ese día será una gran fiesta para toda la Iglesia y también para nosotros lo será. Yo espero que tenga la misma participación y el mismo espíritu que tuvo la apertura del año de la misión. ¿¡¡¡Recordáis!!!?

Os animo, por tanto, a una participación entusiasta y agradecida. Por primera vez en los tiempos modernos, un acontecimiento de carácter universal se hace con una llamada tan explícita a todo el pueblo de Dios que vive su fe en cualquier lugar del mundo con sus circunstancias, cultura, peculiaridades. No obstante, esta advertencia importa mucho: no se trata de hacer un evento, sino un proceso que implica en sinergia al

Pueblo de Dios, al Colegio Episcopal y al Obispo de Roma, cada uno según su función.

Con esta invitación, el Santo Padre nos hace una llamada a colaborar en una reflexión comunitaria universal. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN. El sínodo se hará para que todos unidos nos afiancemos, en nuestra conciencia eclesial. Acoged estas afirmaciones tan emblemáticas y certeras, si aún necesitáis convenceros de lo que os digo: «La sinodalidad nos remite a la esencia misma de la Iglesia, a su realidad constitutiva, y se orienta a la evangelización». «Nuestro caminar juntos es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero». «Practicar la sinodalidad es hoy para la Iglesia el modo más evidente de ser «sacramento universal de salvación» (LG 48), «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).

Mirando al doble mandato de Cristo

En este caminar al que se nos invita, haremos juntos un gran discernimiento eclesial sobre cómo hemos de hacer el doble mandato que los apóstoles acogieron en la primera hora: «Id y anunciad» y «haced esto…». Así lo hacían en los comienzos, los cristianos caminaban unidos y con participación corresponsable de todos; por eso eran conocidos, una vez que su vida comenzó a ser socialmente significativa, como los del camino. Los cristianos somos los que caminamos juntos. Ese es ya no sólo nuestro nombre sino nuestro modo de ser.

San Juan Crisóstomo, por ejemplo, escribe que Iglesia es el «nombre que indica caminar juntos (óýíïäïò)» La Iglesia tiene nombre de sínodo. Y si tiene nombre es porque vive y camina en sínodo. Eso significa que la Iglesia es la asamblea convocada para dar gracias y cantar alabanzas a Dios como un coro, una realidad armónica, donde todo se mantiene unido, porque quienes la componen, mediante su relación recíproca y ordenada, coinciden en el mismo sentir.

 

La Iglesia siempre es sinodal

Este modo de ser y de vivir en comunión, participación y misión de los primeros cristianos, hoy lo hemos de asumir para la responsabilidad de llevar adelante la misión de la Iglesia. Por eso, no hace falta que diga que nadie puede sentirse excluido del camino eclesial. Lo que nos jugamos es muy esencial: «Caminar juntos, invocar al Espíritu, escuchar y acompañar van haciendo del discernimiento sinodal la clave de fondo que sugiere las acciones que realizar, en la doble escucha del Señor y de los deseos y gemidos de nuestros contemporáneos, con los que nos encontramos en la salida misionera» (Fieles el envío misionero, 4.1.)

Para ir haciendo esta Iglesia en esta doble fidelidad a Dios y a los hombres, se nos invita a participar activamente, desde la próxima apertura (17 de octubre) hasta abril de 2022, en una amplia consulta al pueblo de Dios; porque  el proceso sinodal se realiza en la escucha a la totalidad de los bautizados, sujeto del sensus fidei infalible in credendo (LG 119).

Sin perder de vista una pregunta fundamental

El punto de partida será una pregunta fundamental, que nos ha de impulsar como guía: ¿Cómo realizar hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese «caminar juntos» que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; qué pasos del Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? (Documento preparatorio 2).

Lo haremos unidos, —laicos, pastores y Obispo de Roma— y lo haremos siguiendo a Jesucristo, que nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Se trata de poner en práctica lo que nos ha dicho el Papa Francisco: «El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia dicens, ya que también la grey tiene su olfato para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia» (Discurso del Santo Padre en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos).

Para que se mueva sin reserva nuestra voluntad de participar, metamos en el corazón esta afirmación convincente: «La sinodalidad en esta perspectiva es mucho más que la celebración de encuentros eclesiales y asambleas de obispos, o una cuestión de simple administración interna de la Iglesia; la sinodalidad indica la específica forma de vivir  y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asambleas y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora» (Documento preparatorio 10).

Una amplia y generosa consulta

Una vez que celebremos la apertura, nos tocará, por tanto, situarnos activamente en actitud de oración, encuentro, reflexión en diálogo y celebración eucarística. La consulta se hará con una amplia participación en parroquias, comunidades, movimientos y grupos eclesiales. De un modo especial se hará por los cauces de comunión y participación comúnmente establecidos en la Iglesia, que son como las manos de la sinodalidad. Pero es voluntad del sínodo que la consulta sea lo más completa y más enriquecedora posible y que se haga con la participación de muchos, tanto «de dentro de la Iglesia» como de los «márgenes».

Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe. Es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en sus contextos locales, incluidas personas que han abandonado la práctica de la fe, personas de otras tradiciones religiosas, personas sin creencias religiosas. Todos pueden ayudar a la Iglesia en su camino sinodal de búsqueda del bien y de la verdad. Esto es especialmente cierto en el caso de los más vulnerables y marginados (cf. Vademecum 2).

Lo que importa es que todos colaboremos en el objetivo sinodal: el sentido del camino al cual todos estamos llamados consiste, principalmente, en descubrir el rostro y la forma de una Iglesia sinodal, en la que «cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn14,17), para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7)» (Documento preparatorio 15).

Para crecer en amor a la Iglesia

No niego, en efecto, que todo esto que os estoy exponiendo, supondrá un esfuerzo  especial para todos; pero de lo que sí estoy convencido es de que lo que se nos invita a hacer tiene tantos valores que no sólo no perjudica en nada a nuestra vida pastoral ordinaria, sino que la enriquecerá y nos enriquecerá a todos cuantos consciente y activamente participemos: hará crecer nuestro amor a la Iglesia, reforzará nuestro sentido de pertenencia, abrirá en horizonte de nuestra eclesialidad más allá de nuestros límites, no sólo geográficos sino humanos y religiosos. En nuestro caso, lo que con toda seguridad hará será ensanchar nuestra mirada, ya que el primer paso, el de reunirse y reflexionar juntos, ya estaba logrado, por las convocatorias hechas cada año.

Lo que sí tendremos que hacer, y en esto hemos de ser muy cuidadosos, es esmerarnos en nuestra mirada espiritual y pastoral, para que no se desorienten nuestras propuestas y sueños.  Por una parte, nos centraremos en nuestra Iglesia particular, en nuestra Diócesis del Santo Reino de Jaén, mirando a nuestra acción pastoral cotidiana, en sus carencias y posibilidades, teniendo en cuenta quienes somos y con quienes contamos pero siempre con una actitud de conversión espiritual y pastoral.

Por otro lado, ensancharemos la visión y nos sentiremos Iglesia en la Iglesia universal y colaboraremos con el Santo Padre en su ministerio petrino. Tendremos muy en cuenta lo que nos dice al pedirnos que colaboremos corresponsablemente con Él: «El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» (Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos).

Para generar dinamismos nuevos en la Iglesia

Si alguno de vosotros a estas alturas, después de cinco años compartiendo juntos en estilo sinodal, aún se está preguntando: ¿Esto servirá para algo?, ya sabéis que esta pegunta, más habitual en la Iglesia de lo que debiera, es, sobre todo, una tentación que siempre nos persigue, la de conformarnos con los que somos y tenemos. Siempre nos persigue la tentación de querer «cristalizar los procesos y pretender detenerlos» (EG 223). Pero hemos de intentarlo. Por eso, yo os digo: no tengáis miedo, participemos en esta experiencia sinodal, en la que «se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos» (EG 223).

Para convencernos de esto, qué bien nos vendrá tener en cuenta esta reflexión de Romano Guardini, recogida en Evangelii Gaudium: «El único patrón para valorar con acierto una época es preguntar hasta qué punto se desarrolla en ella y alcanza una auténtica razón de ser la plenitud de la existencia humana, de acuerdo con el carácter peculiar y las posibilidades de dicha época» (EG 224). Con nuestros límites, incluso con las pequeñeces que nos impiden crecer, nosotros estamos unidos en ese intento de ir hacia una Iglesia de comunión, participación y misión.

Pero hemos de hacerlo todo con la convicción de que es el Espíritu quien nos lleva a vivir como misión en el mundo, a llevar el tejido de la evangelización grabado en el corazón. Por eso, haremos lo que nos pide el documento con el que se nos invita a caminar en este tiempo de Sínodo: «hacer que germinen sueños, susciten profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros. Y crear un imaginario positivo, que ilumine las mentes, enardezca corazones, dé fuerza a las manos» (Documento preparatorio 32).

En la inventiva infinita del Espíritu

No olvidemos nunca que «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de una mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables» (EG 178). Por eso, nuestra confianza la pondremos siempre en el Espíritu, Él es quien le da un sentido eclesial a lo que hacemos y nos sitúa unos junto a otros como Pueblo de Dios. Eso significa que esta consulta sinodal «no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, porque en la base de la participación en cada proceso sinodal está la pasión compartida por la común misión evangelizadora y no la representación de intereses en conflicto» (Documento preparatorio, 14). Pero eso sí, seamos conscientes de que la Iglesia nunca ha estado cerrada a aprender desarrollos y estrategias que pudieran conectar con la cultura del hombre actual.

Por si aún no os habéis dado cuenta, os lo digo: se está haciendo un esfuerzo inmenso y un extraordinario alarde de creatividad, por eso, termino pidiendo a todos, y con esto concluyo mi carta, que entréis en esta dinámica de la Iglesia de nuestro tiempo. Es impensable la conversión pastoral de nuestra Iglesia diocesana sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios que camina en Jaén. Pidamos la gracia del Señor de sentirnos interpelados en el camino sinodal de la Iglesia de nuestro tiempo. La sinodalidad no es una moda, no es un capricho, es, como ya os decía en el año de la comunión, la esencia misma de la Iglesia, por eso, ninguno de nosotros podemos sentirnos excluidos en este modo de ser y de caminar.

Todo lo haremos con estas claves

Os llamo, por eso, encarecidamente a que entréis en el proceso sinodal que se nos propone a todos con tanto esmero y afecto. Os invito a que conozcáis tanto el precioso Documento preparatorio que se nos ha enviado como el Vademécum. Son dos piezas preciosas para entender todo lo que se nos pide que hagamos. Si lo hacemos así entraremos en un camino de discernimiento y decisión, en el que pasaremos por la consulta compartida y la escucha recíproca, respetuosa y compasiva. Si lo hacemos, encontraremos las claves para:

! vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno —en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales— la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios;

! reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana;

! experimentar modos participados de ejercitar la responsabilidad en el anuncio del Evangelio y en el compromiso por construir un mundo más hermoso y más habitable;

! examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están radicadas en el Evangelio;

! sostener la comunidad cristiana come sujeto creíble y socio fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad y de la amistad social;

! regenerar las relaciones entre los miembros de las comunidades cristianas, así como también entre las comunidades y los otros grupos sociales, por ejemplo, comunidades de creyentes de otras confesiones y religiones, organizaciones de la sociedad civil, movimientos populares, etc.;

! favorecer la valoración y la apropiación de los frutos de las recientes experiencias sinodales a nivel universal, regional, nacional y local.

Gracias por vuestra paciencia, si habéis llegado hasta el final. Y mucho ánimo en el trabajo que vuestro Obispo os encomienda en comunión con el Santo Padre.

Finalizo esta carta en la tarde del día 2 de octubre, en la memoria de los Santos Ángeles Custodios, a los que encomiendo su cercanía permanente a todos cuantos vivimos en nuestra provincia y diócesis de Jaén.

Con mi afecto y bendición.

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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