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400 aniversario de la Archicofradía Sacramental de la Santa Cruz de Jerusalén, Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro Coronada (Colegiata de Santa María-Antequera)

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Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la Colegiata de Santa María de Antequera con motivo del 400 aniversario de la Archicofradía del Socorro

400 ANIVERSARIO DE LA ARCHICOFRADÍA SACRAMENTAL DE LA SANTA CRUZ DE JERUSALÉN, JESÚS NAZARENO Y MARÍA SANTÍSIMA DEL SOCORRO CORONADA

(Colegiata de Santa María – Antequera, 16 octubre 2021)

Lecturas: Is 53, 2-3.10-11; Sal 32, 4-5.18-20.22; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45. (Domingo Ordinario XXIX – B)

1.- Como trasfondo y figura clave de las lecturas de este domingo está el llamado “Cántico del Siervo de Yahveh” del profeta Isaías (cf. Is 53, 2-11).

Este personaje, descrito por el profeta seiscientos años antes de su nacimiento, se refiere a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que se encarnó de la Virgen María.

Los pecados de toda la humanidad y los nuestros han desfigurado el rostro más bello que ha existido en la historia. El Siervo de Yahveh ha soportado el peso de nuestras culpas; ha asumido nuestras flaquezas y ha redimido nuestros pecados. Esto es lo que toda cofradía de pasión celebra en Semana Santa.

Por eso el profeta lo presenta como: «Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta» (Is 53, 3).

Pero este Jesús Nazareno es el Salvador del mundo y con la entrega de su vida en la cruz redime a la humanidad: «Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará» (Is 53, 11). Estamos ya redimidos y salvados; Él ha pagado por nosotros. A veces pensamos que la salvación la ganamos nosotros haciendo cosas. Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, ha nos ha redimido y nos ha ofrecido su perdón y su misericordia. Ya hemos sido liberados.

2.- Hoy celebramos el cuatrocientos Aniversario de la “Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén, Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro Coronada”.

La historia de vuestra Cofradía hunde sus raíces en el siglo XVI, cuando los frailes Terceros fundaron en el barrio del Portichuelo una cofradía con el título de Jesús Nazareno.

Posteriormente los Padre Dominicos, en 1586, agregaron a sus iglesias las cofradías del nombre de Jesús; pero la Santa Sede facultó la existencia de otra cofradía con los mismos cofrades y frailes Terceros, que tomó por nombre de la “Santa Cruz en Jerusalén, Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Socorro”, cuyos Estatutos fueron aprobados por el entonces Obispo de Málaga, Mons. Luis Fernández de Córdoba, en 1620.

La nota de cofradía sacramental le viene por su unión a la cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia del Salvador, cuya fusión plena se llevó a cabo en la última década del siglo XX. Ello os anima, queridos cofrades y devotos, a celebrar la Eucaristía dominical, como pascua semanal, y a promover la adoración eucarística. Las cofradías sacramentales tienen como objetivo promover la devoción eucarística.

3.- La cofradía gozó del patrocinio de la Santa Sede bajo el pontificado de Paulo V y Gregorio XIV mediante Bulas Apostólicas. Parece ser que Antequera suele estar mimada por la Iglesia.

Durante los siglos XVII y XVIII la Cofradía vivió momentos de gran esplendor. Mientras que en el siglo XIX sufrió, como el resto de instituciones eclesiales, la mal denominada “Desamortización de Mendizábal”, aunque no perdió todos sus bienes.

El papa Pío IX, en 1876, asoció la cofradía la iglesia de Santa María de Jesús de Antequera, a la Basílica del Salvador y a San Juan de Letrán en Roma, y al año siguiente le concedió el título de Archicofradía.

En el siglo XX la Archicofradía sufrió altibajos, como consecuencia de los acontecimientos históricos, languideciendo hasta casi su extinción. Pero después del Concilio Vaticano II (1965) se renueva y vuelve a gozar de un período de esplendor hasta nuestros días.

Hoy damos gracias a Dios por el IV Centenario desde su creación, reconociendo los inmensos bienes recibidos del Señor en este largo tiempo. Agradecemos también la labor de tantos cofrades y fieles cristianos que aportaron su testimonio de fe, su tiempo y su dedicación generosa para que la Cofradía se mantuviera activa y presente hasta hoy.

Y ahora felicitamos a los actuales cofrades, que lleváis la antorcha encendida de la fe y del amor a vuestros Sagrados Titulares. ¡Transmitidla bien a las generaciones que vienen detrás! Estas son diversas a las vuestras y viven en una sociedad más hostil a la fe que antes. Por eso hay que animarles para que ellos recojan vuestra antorcha y no se apague la devoción a la Virgen del Socorro ni la fe en Jesús Nazareno.

4.- En el evangelio hemos visto que los apóstoles Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, le piden a Jesús: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mc 10, 37). 

Jesús les pregunta: «¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» (Mc 10, 38). Y ellos le dijeron: «Sí, podemos» (Mc 10, 39).

El seguimiento de Jesús implica ser capaces de dar la vida por él, al igual que Él la dio por nosotros; participar en su mesa implica estar dispuestos a hacer lo que Él ha hecho por mí: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado» (Mc 10, 39). No resulta fácil ser cristiano, porque hay que ir contra corriente, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 159; Amoris laetitia, 118). Las ideologías del mundo van contra los valores evangélicos; tienen mucho poder y gran alcance mediático y por ello penetran por los poros casi sin darnos cuenta.

El Siervo de Yahveh, Jesús Nazareno, tuvo que soportar los tormentos y la cruz por proclamar la verdad. A vosotros, queridos cofrades y devotos, el Señor os pide coherencia entre la fe y la vida, testimonio valeroso en nuestra sociedad increyente, profesión de la fe en los propios ambientes, transmisión de la luz de Cristo que apague las tinieblas del error y de la ceguera que vive nuestra sociedad. Tenéis una misión preciosa, aunque nuestra sociedad no nos quiera y nos vitupere; el cristiano, por tanto, es más necesario en esta sociedad.

5.- No importa dónde nos toque sentarnos después en la otra vida, como les respondió Jesús a los zebedeos: «Sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado» (Mc 10, 40). Lo importante es acoger la salvación que el Nazareno nos ha traído y dar testimonio de ella.

Ya estamos viviendo en eternidad, porque Cristo, el Eterno que ha entrado en el tiempo, nos ha permitido a los que vivimos en el tiempo entrar en la eternidad. La eternidad está de manera plena después del tiempo presente; pero de manera incoada e incipiente, ya está aquí. El papa Benedicto XVI ha explicado esta verdad tan hermosa. Vivimos ya en eternidad y podemos transcender el tiempo y el espacio. ¿Cómo? Desde la fe, la esperanza y el amor cristianos; unidos a Jesús Nazareno y a la Virgen del Socorro. (Por los rostros que ponéis no parece que os lo creáis mucho).

6.- Cuando los otros discípulos escucharon la pretensión de los dos hermanos Santiago y Juan se indignaron contra ellos (cf. Mc 10, 41). Ciertamente las envidias funcionan siempre; también entre cofrades. Jesús salió al paso de la discusión amonestándoles de no querer dominar y ser señores, sino de servir: «No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor» (Mc 10, 43).

¿Dónde está la grandeza del cristiano? ¿Dónde está la grandeza del cofrade? ¿Dónde está la grandeza de las autoridades? En el servicio. De lo contrario, en vez de grandeza, es “bajeza”.

En el reino de los cielos el más grande es el servidor de todos; así lo hizo Jesús: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45).

Él debe ser nuestro maestro en el servicio; por eso: «el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos» (Mc 10, 44).

7.- Dando gracias a Dios por el cuatrocientos aniversario de la Cofradía, pedimos la protección de María Santísima del Socorro, cuya imagen fue coronada en agosto de 1988 por Mons. Ramón Buxarrais Ventura, entonces Obispo de Málaga, siendo Hermano Mayor de la Archicofradía, D. Gonzalo Ruiz Rojas.

La Virgen Santísima es nuestro Socorro, tanto en las dificultades como en tiempos de bonanza; porque su poderosa intercesión tiene como finalidad que alcancemos la gracia de la bienaventuranza final; es decir, la vida eterna en plenitud.

Que Ella bendiga a los hermanos de la Archicofradía, a todos los devotos, a todos los antequeranos y a todos los fieles, para ser buenos discípulos de su Hijo y dar testimonio valiente de la fe en esta sociedad un tanto pagana. Amén.

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Antonio Benítez Arias, nuevo beato malagueño

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Desde este sábado, 16 de octubre, el martirologio romano recoge el nombre de un nuevo malagueño. Se trata del sacerdote de la diócesis de Córdoba Antonio Benítez Arias, natural de la localidad de Cuevas de San Marcos, que ha formado parte del grupo de 127 mártires de la persecución religiosa en España que han sido beatificados en una ceremonia celebrada en la Catedral de Córdoba y presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.

Unos 3.000 fieles, casi 200 sacerdotes y una veintena de obispos han participado en la ceremonia de Beatificación de los mártires cuya causa se ha agrupado bajo el nombre de «Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires», entre los que se encuentran sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la diócesis vecina. 

En las palabras de agradecimiento finales que ha dirigido el obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, ha recordado que «el amor de Cristo ha revolucionado profundamente la historia, transformando el suplicio de la cruz en cauce de redención. La tortura de los mártires ha producido entre nosotros un amor más grande y hoy constatamos una vez más que la vida cristiana es cauce de humanización, reconciliación y de paz para los pueblos».

La ceremonia íntegra puede seguirse en el vídeo al pie de esta noticia.

BIOGRAFÍA DE ANTONIO BENÍTEZ

Como señala la biografía publicada por Miguel Varona Villar, director del Secretariado Diocesano para las Causas de los Santos de Córdoba, los padres del nuevo beato malagueño fueron Antonio Benítez Hinojosa y Adela Arias Carrillo. Era una familia numerosa: 4 hermanos y 4 hermanas; don Antonio era el menor de todos. Sus padres vivían de la venta ambulante y eran muy religiosos, educando a sus hijos en la fe católica.

Comenzó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Málaga en 1919, pasando al de Córdoba en 1925 por motivos de salud y el traslado de su familia a esta ciudad.

Recibió la ordenación sacerdotal en mayo de 1932. El primero de julio de ese año, tomó posesión de la coadjutoría de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Castro del Río, para colaborar estrechamente con el párroco don José Ayala Garrido (también mártir). Éste informa sobre su coadjutor en tres ocasiones (entre 1933 y 1936), y siempre favorablemente, señalando el recto cumplimiento de las obligaciones a su cargo: uso del traje talar, cumplimiento fiel de lo que le ordenaba, digno comportamiento sacerdotal, recto cumplimiento de las obligaciones de su cargo, asistencia a las Conferencias Eclesiásticas (para la formación del clero de entonces), etc.

«El ambiente de Castro del Río en estas fechas era complicado –continúa Varona– por los comportamientos de las gentes de izquierda, hostiles a la Iglesia y a todo lo relacionado con la Religión.

El 20 de julio de 1936, a las 12 de la noche, al ir a detenerlo en su misma casa lo hirieron con arma de fuego, por lo que perdió el conocimiento y tuvo que ser asistido por un médico. Por eso no lo sacaron de su casa hasta el día siguiente. A las 6 de la mañana lo ataron en un corral próximo y a las 10 fue fusilado, recibiendo sepultura en el cementerio de la ciudad. 

«El único motivo de su muerte –concluye el biógrafo– fue por ser sacerdote, pues fue una persona buena y cariñosa con sus feligreses y la gente del pueblo, especialmente con los necesitados, a quienes atendía con frecuencia y esmero».


Vídeo de la Beatificación de 127 mártires de la persecución religiosa en España:

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“El testimonio de estos mártires pasa a la historia como el de los mejores hijos de la Iglesia”

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La Santa Iglesia Catedral ha acogido esta noche santa de Vigilia en honor y memoria viva a los mártires de la persecución religiosa

Cientos de fieles se han congregado esta noche en el templo principal de la Diócesis para participar en la Vigilia de oración celebrada en memoria “viva y agradecida” de los Siervos de Dios Juan Elías Medina y 126 Compañeros, mártires, sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la diócesis de Córdoba, que mañana sábado, a las once de la mañana, serán Beatificados en la Santa Iglesia Catedral.

La celebración ha comenzado en el Patio de los Naranjos desde donde ha procesionado la urna de los Beatos mártires de la persecución religiosa de Córdoba (los siete Beatos OFM de Fuente Obejuna, los cuatro Beatos OCarm de Montoro, la Beata Victoria Díez, IT, el Beato Bartolomé Blanco y la Beata Teresa de Cejudo, cooperadores SdB) con el rezo del Santo Rosario hasta el altar mayor, donde ha estado expuesto el Santísimo Sacramento.

La Vigilia ha continuado con la lectura de la biografía a cargo de sus familiares de tres de los mártires que mañana serán beatificados: Juan Elías Medina, Rafael Cubero Martín y Andrés Rueda Rojas, recordando así a estos “Testigos de Cristo” en la diócesis de Córdoba como ha manifestado en Obispo en su homilía.

Monseñor Demetrio Fernández ha expresado en su alocución el “amor que se desborda de estos mártires en perdón hacia sus asesinos”. “Realmente es una revolución, la revolución del amor que Cristo ha inventado en la historia de la humanidad, que brota del corazón de Cristo y fluye a lo largo de la historia por las venas de la Iglesia Santa, una Iglesia en la que todos somos pecadores y vamos siendo santificados, algo que se percibe de una manera muy palpable y evidente en los mártires”, ha afirmado.

El pastor de la Diócesis ha recordado la importancia de leer y escuchar sus testimonios, unos testimonios que “nos producen conmoción, pues en ellos está la cruz de Cristo vivida con amo”. “Ese misterio de la cruz de Cristo se ha cumplido en la vida de cada uno de estos mártires y esta es la gran enseñanza de un acontecimiento como este, la cruz de Cristo llevaba y vivida con amor en nuestra vida”, ha indicado a la vez que ha animado a los fieles a contemplar las vidas de estos hombres y mujeres, una vida en la vemos “qué grande es la fuerza de Jesucristo”.

“La cruz de Cristo se ha convertido en la máxima expresión de amor a lo largo de la historia y estos 127 mártires lo han cumplido a la perfección, convirtiendo la cruz en cauce y expresión del amor más grande”, ha asegurado.

Para concluir, ha expresado que “el testimonio de estos mártires pasa a la historia como el de los mejores hijos de la Iglesia”.

Tras esta Vigilia, la Santa Iglesia Catedral ya está preparada para acoger mañana la Beatificación de los 127 mártires que será presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.




















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La torre de la catedral celebra su quinto centenario

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El martes comienza un programa de actividades culturales que durará hasta el mes de diciembre.

El Museo Catedralicio ha organizado un programa de actividades culturales con motivo de la celebración del V Centenario de la torre de la catedral de Murcia, que comenzará el martes 19 de octubre, día en que se conmemora la colocación de la primera piedra. Como apertura, la Plaza de la Cruz acogerá, a las 19:00 horas, el concierto Música de la torre de la catedral: 1521-1790, que será interpretado por Los Clarines del Concejo y el Ensemble Renacentista de la Universidad de Murcia. Una hora después, los músicos volverán a repetir el repertorio desde la ventana del primer cuerpo del campanario.

Durante los días 20 de octubre, 24 de noviembre y 15 de diciembre, el Museo Catedralicio será sede de distintas conferencias que girarán en torno a la historia de la construcción de la torre. Serán impartidas por los catedráticos de la Universidad de Murcia, José Javier Ruiz Ibáñez y Cristina Gutiérrez-Cortines Corral, así como por el arquitecto y académico de número de la Real Academia Alfonso X, Alfredo Vera Botí.

El viernes 17 de diciembre hay previsto un concierto en la capilla de Los Vélez. Además, se están preparando otras actividades culturales y de divulgación.

Para la organización de este programa de actividades el Cabildo ha contado con el apoyo y colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, el Ministerio de Cultura y la Universidad de Murcia.

El 19 de octubre de 1521 se colocaba la primera piedra de la torre de la catedral de Murcia, aunque ya un año antes comenzaron a construirse los cimientos a cargo del maestro Francisco Florentino. Seguidamente, continuó las obras su hermano Jacobo, ambos naturales de Florencia. Ellos fueron importadores del arte renacentista italiano incorporándolo así a la catedral. Los cuerpos superiores son obra barroca del siglo XVIII, en los que se puede ver la mano de José López y Juan de Gea. Destaca el balcón de los conjuratorios donde se sitúa el que fue relicario del Lignum Crucis. En torno a 1790 se culminaron las obras de este edificio, con diseño de Ventura Rodríguez.

La torre de la catedral de Murcia llegó a ser la segunda más alta de España. «De todos los monumentos de la Diócesis de Cartagena la torre es el más emblemático y el que mejor cumple con la definición de monumento por su grandeza, porque es visible desde muchísimos lugares, no solo de la ciudad sino desde los pueblos colindantes, y porque es una de las mayores y mejores torres de catedral que hay en España», explica el director del Museo de la Catedral, Francisco Alegría.

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«Comunión, participación, misión»

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La Iglesia se prepara para el “Sínodo de la sinodalidad”. Un amplio proceso de consulta que implicará a todas las iglesias locales del mundo. En este Fiesta 1392 indicamos algunas indicadiones que marcarán la convocatoria sinodal.

En nuestras páginas de A Fondo les ofrecemos un extracto del documento preparatorio del Sínodo, que incluyen varias de las indicaciones del Santo Padre, así como un documento orientativo para la preparación del sínodo en cada diócesis.

Incluimos además las palabras dirigidas por el Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, sobre esta convocatoria que nos pone a todos en camino. Además de ello, seguimos hablando de temas culturales interesantes como ese artículos acerca de la transformación del papel de la mujer en la Edad Media.

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El nuncio del Papa en España visitará la Diócesis la próxima semana

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Invitado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, el nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza, estará la Diócesis de Cartagena, del 22 al 24 de octubre.

Acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. Auza se reunirá con todas las realidades eclesiales de la Diócesis. El viernes por la mañana, el nuncio de Su Santidad presidirá la Eucaristía de las 11:00 horas, en la catedral, donde se encontrará con los sacerdotes, religiosos y religiosas. Aprovechará esa mañana para realizar una visita al templo catedralicio y a su museo. Por la tarde, Mons. Auza se desplazará a la ciudad de Cartagena. A las 19:30 horas, rezará ante la patrona de los cartageneros, la Virgen de la Caridad, en su basílica, donde se cantará la Salve y se realizará una oración; y a las 20:00 horas, presidirá las Vísperas en la parroquia de Santa María de Gracia.

El sábado por la mañana tendrá un encuentro con los laicos en el santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta en Algezares, a las 10:00 horas, y después celebrará con ellos la Eucaristía. Finalizado este encuentro, visitará la Iglesia de Jesús y el Museo Salzillo.

Por la tarde, se desplazará a Lorca. En primer lugar, acudirá a la parroquia de Nuestra Señora la Real de las Huertas, patrona de la ciudad, a las 17:15 horas; después visitará los templos del centro de la ciudad; y a las 20:00 horas, presidirá el rezo de Vísperas en la parroquia de San Mateo.

El domingo, iniciará el día con el rezo de Laudes en el Seminario Mayor San Fulgencio, donde se reunirá con todos los seminaristas (San Fulgencio, Redemptoris Mater y San José). Desde allí se desplazará a Alcantarilla para participar en la XVIII Jornada Diocesana de Hermandades y Cofradías, presidiendo la celebración de la Eucaristía, a las 12:00 horas. Antes de finalizar su estancia en la Diócesis de Cartagena, Mons. Auza visitará el Santuario de la Vera Cruz de Caravaca.

Durante su estancia en la Región de Murcia, el nuncio de Su Santidad en España se entrevistará con el presidente de la Comunidad Autónoma, el presidente de la Asamblea Regional y los alcaldes de las ciudades que visite.

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Apertura del Sínodo en la fase diocesana y congreso sobre vida y dignidad humana

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Apertura del Sínodo en la fase diocesana y congreso sobre vida y dignidad humana

En el programa “El Espejo”, emitido el viernes 15 de octubre de 2021, en COPE Granada y COPE Motril.

En el programa “El Espejo” del 15 de octubre, en COPE Granada y COPE Motril, escuchamos el Mensaje de nuestro arzobispo D. Javier Martínez, con motivo de la apertura este domingo día 17 del Sínodo de los obispos en su fase diocesana. Asimismo, conversamos con uno de los miembros organizadores del Congreso de los agustinos recoletos de Granada dedicado a la vida y dignidad humana. Y dedicamos un espacio a la música, en una entrevista al cantautor católico Jesús Cabello, que estará en Granada el día 23 en un concierto a beneficio de la construcción de la Casa diocesana de la familia.

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Uniremos nuestros sueños, en de la Iglesia diocesana y el de la Iglesia universal. Carta Pastoral al comienzo de la fase diocesana del Sínodo 2021-2023

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Queridos diocesanos:

  1. SIN DESPERTARNOS DEL SUEÑO MISIONERO

Un año pastoral apasionante

Estoy convencido de que se nos presenta un año pastoral apasionante. Con pasión por Cristo y con pasión por la comunión y la misión de la Iglesia. Habrá un día a día de nuestra pastoral ordinaria, que tendremos que atender y cuidar con mucho esmero, y sin que dejemos nada esencial por hacer. Para eso hemos caminado juntos por nuestro Plan de acción pastoral, que en estos cinco años nos ha marcado un rumbo eclesial renovado y misionero. Recordemos que juntos hemos ido «caminando en el sueño misionero de llegar a todos». Este año, además, se nos invita a participar con gratitud, entusiasmo y sentido de responsabilidad en el sínodo universal, que enseguida va a comenzar y en el que todos nosotros tendremos un papel importante y activo. Por eso, nuestra pastoral ordinaria habrá de ir renovándose con el aire nuevo que le vayamos dando con nuestra participación en esta iniciativa sinodal.

Participando en un sínodo con toda la Iglesia

Como sabéis, nosotros ya teníamos un plan para este año pastoral con una ruta que era ambiciosa e ilusionante. Pero en vistas de que se nos ha dado la oportunidad de participar en el Sínodo nos hemos unido a él, pero sin renunciar a la búsqueda de un nuevo horizonte, para una renovación más detallada y audaz de nuestra Iglesia diocesana. Seguro que lo que nosotros pretendíamos saldrá a la luz en la renovación, en sinodalidad, buscada con la Iglesia universal. «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», será nuestro lema desde ahora. Desde Jaén hemos de proclamarlo, sentirlo y vivirlo con la Iglesia del Señor que camina por todos los rincones del universo. El contenido y lema sinodal nos hace caer en la cuenta de que todos somos Iglesia viva y responsable en misión y de que hemos de estar abiertos a una profunda renovación pastoral, bajo la acción del Espíritu y en la escucha de la Palabra.

Para impregnar nuestra conciencia cristiana de sentido sinodal y misionero

Aunque haya sido mucho lo que hayamos ido haciendo en la renovación de la vida de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, es evidente que siempre necesitamos una puesta al día. Ahora nos toca impregnar nuestra experiencia cristiana de sentido sinodal y misionero. Guiados por Evangelii gaudium y en sintonía con Fieles al envío misionero, líneas pastorales de la CEE, haremos juntos un camino de encuentro con nuestra experiencia eclesial.

Empezaremos por descubrir las claves del actual contexto social, cultural y eclesial, así como los criterios, prioridades y líneas de trabajo desde donde pretendemos responder a una pregunta esencial: ¿cómo puede ayudar el discernimiento en sinodalidad a impulsar la conversión pastoral, personal e institucional, que el Papa nos pide y que el desafío evangelizador reclama?

Un acontecimiento de doble rostro

Os escribo esta carta para animaros a participar en el Sínodo, que para nosotros será un acontecimiento de doble rostro. Se nos propone contribuir a poner en movimiento las ideas, las energías, la creatividad de todos los que participemos, con la sencillez de corazón de quien ama a Cristo y a su Iglesia. Como ya se nos ha ido informando, se trata de la fase diocesana y nacional del Sínodo de los Obispos, que será un acontecimiento en todas las diócesis del mundo y al que estamos todos —obispo, sacerdotes, consagrados y laicos— invitados a participar activamente.

Pero, como os acabo de recordar, esta invitación a participar en el Sínodo ha llegado a nuestra Diócesis de Jaén cuando ya teníamos pensado, diseñado y organizado nuestro Plan de acción para el próximo año pastoral: por esto, será para nosotros un acontecimiento diocesano y universal a la vez. Consideramos enriquecedor poder unir los dos propósitos en uno: el que pretendíamos hacer y el que haremos agradecidos porque nos lo ofrece el Santo Padre como un precioso regalo.

Quería enriquecer nuestro sueño

La acción que habíamos diseñado para el final del desarrollo de nuestro Plan de Pastoral, nos iba a pedir que este curso de 2021-2022 nos situáramos aún más en el sueño misionero y renovador de nuestra Iglesia diocesana en cada una de nuestras comunidades. A cada uno se nos invitaba a decir: sueño con una Iglesia sencilla, que se desprenda de cosas que probablemente nunca debió de adquirir y a las que aún le estamos dando demasiado valor, pero que, sin embargo, ya no nos ayudan a ofrecer la fe y a anunciar el Evangelio en este contexto social, cultural y religioso en el que vivimos. Queríamos pensar y concretar, en diálogo y oración, si algunas de las cosas que hacemos son un lastre para una Iglesia en salida y en misión.

Sobre todo, queríamos soñar con modelos y modos nuevos de ser cristiano, de ser discípulo del Señor y de hacer de la vida de la Iglesia una corriente misionera. Mirando a nuestro mundo, en el que evangelizamos y a nuestra Iglesia en su misión, se nos iba a invitar a descubrir, con sana insatisfacción, lo que no está bien, lo que nos sobra, lo que redujera nuestra credibilidad, lo que separara a unos de otros…

Nuestro sueño era descubrir, a la luz de la Palabra de Dios, cómo se han de hacer las cosas si seguimos la inspiración divina. Ese, en realidad, ha sido durante estos últimos años nuestro verdadero sueño.

Para una profunda renovación pastoral

Queríamos encontrar la luz en todo lo que somos y hacemos: buscaríamos juntos el «porqué»; la razón de ser de nuestra Iglesia, de nuestra parroquia y la razón última de cada una de sus acciones, con discernimiento en profundidad. Nos íbamos a ayudar con la guía de documentos que marcan en la actualidad el modo de vida de la Iglesia: Evangelii Gaudium, La conversión pastoral de la comunidad parroquial y Fieles al anuncio misionero, el Plan de acción de la Conferencia Episcopal Española.

No se trataba de rectificar nada de lo realizado en estos últimos años desde 2017. Al contrario, buscábamos reforzar el camino sinodal que muchos, la inmensa mayoría, en especial los laicos, habéis seguido en una Iglesia que camina, con estilo sinodal, en comunión, evangelización, celebración y caridad. Pero como siempre quedan cosas por pulir, ahora nos tocaba, sobre todo, hacer un camino sinodal que sanara, limpiara y embelleciera a nuestra Iglesia.

Con libertad, queríamos encontrar todo lo que pudiera ser un obstáculo para el desarrollo de la vida de la Iglesia, especialmente lo que no nos atrevemos a tocar por ese qué dirán que tanto se repite y que nos lleva al inmovilismo: nada cambia porque siempre se ha hecho así. Se trataba de descubrir sombras y luces para que el sueño misionero pudiera recuperar una completa e ilusionada evangelización. En definitiva, lo que correspondía hacer era apuntalar todo lo que mejor pueda promover la conversión pastoral.

Con confianza en el Espíritu

Lo queríamos hacer con conciencia clara de que, para «caminar juntos», es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión, sin el cual no será posible la «perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR 6; cf. EG 26).

Apuntábamos, en definitiva, a todo lo que nos impidiera caminar y potenciar lo que mejor nos lleve a la meta a la que dirigirnos, aunque sea nuevo o novísimo, aunque nos obligue a romper con el freno que nos dice ante cada posible cambio, que lo mejor es no tocar nada. Todo eso lo hemos de discernir en el Espíritu; conscientes de que para Él nada es intocable. El Espíritu continúa actuando en la historia y mostrando su potencia vivificante.

Con ese intento de renovación queríamos desechar todo lo que no es del gusto evangélico y no tiene la luz y la belleza del Espíritu. Lo que realmente buscábamos eran líneas de acción que nos llevaran a una clara y limpia evangelización. Por eso, dábamos el paso adelante para buscar criterios que nos indicaran cómo descubrir, cómo hacer lo nuevo. Quizá, lo más decisivo de cuanto buscábamos fuera nuestro compromiso personal de no mirar para atrás o para otro lado, sino mirar hacia adelante, aunque con eso pudiéramos asumir riesgos y dificultades. Pero siempre caminando en la caridad. En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad o amor.

Ya anticipadamente tomábamos conciencia de lo que dice el Documento sinodal, que se nos ha enviado: «Precisamente en los surcos excavados por los sufrimientos de todo tipo padecidos por la familia humana y por el Pueblo de Dios están floreciendo nuevos lenguajes de fe y nuevos caminos capaces, no solo de interpretar los eventos desde un punto de vista teologal, sino también de encontrar en medio de las pruebas las razones para refundar el camino de la vida cristiana y eclesial». «En este contexto, la sinodalidad representa el camino principal para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra. La capacidad de imaginar un futuro diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir» (Documento preparatorio 7; 9).

  1. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN

Con toda la Iglesia

Esta propuesta para el año pastoral que nos habíamos marcado, ahora necesariamente hemos de unirla a otra iniciativa, guiada por el Santo Padre, que invita a todas las Iglesias particulares a una participación, con el estilo y modo habitual que nosotros hemos adoptado en los pasados años. Estoy convencido de que, si seguimos fielmente el Documento Sinodal y el Vademécum, vamos a entrar todos en este nuevo modelo de ser Iglesia y de compartir fe y vida.

En lo que se nos invita a hacer en el Sínodo, muchos enseguida reconoceréis que este ha sido el estilo de trabajo de nuestra Iglesia de Jaén. ¿Os acordáis de lo que os escribí en una carta pastoral en nuestros comienzos? Entonces os decía: «Para la conversión pastoral que pretendemos es absolutamente necesario que adoptemos la “sinodalidad”, como método de vida y acción, que por otra parte es lo que caracteriza a la Iglesia. La sinodalidad ha de ser, por tanto, el factor estructurante que la Iglesia de Jaén está llamada a asumir en las tareas que hemos de realizar unidos todos los bautizados. Es indispensable la sinodalidad para la cooperación de los fieles laicos; por supuesto es indispensable para los sacerdotes diocesanos, servidores del pueblo de Dios. Y la sinodalidad ha de ser el estilo que marque la presencia de numerosas comunidades de vida consagrada».

Nos afianzamos en los pasos dados

Pues bien, se puede comprobar que los pasos que ahora se nos propone dar en este camino sinodal no hay nada que sea diferente a lo que hemos hecho en estos cinco años. Por eso se dice en el documento sinodal, refiriéndose también a nosotros: «Es un motivo de gran esperanza que no pocas Iglesias hayan ya comenzado a organizar encuentros y procesos de consulta al Pueblo de Dios, más o menos estructurados. Allí donde tales procesos han sido organizados según un estilo sinodal, el sentido de Iglesia ha florecido y la participación de todos ha dado un nuevo impulso a la vida eclesial» (Documento preparatorio 7).

Se desea que el Sínodo de los Obispos empiece a celebrarse solemne y activamente en todas y cada una de las diócesis del mundo. Según se nos indica, tendrá una fase diocesana, una fase continental y una fase final que abarque a la Iglesia universal.

Con una gran fiesta eucarística diocesana

Este itinerario sinodal tendrá una apertura solemne tanto en Roma (9-10 de octubre) como en cada Iglesia particular, que se ha fijado para el domingo 17 de octubre, a las 6 de la tarde. La celebremos en la que fue nuestra primera catedral, la de Baeza. Refleja, a mi entender, una época en la que la vida de la Iglesia caminaba claramente con un estilo sinodal. Ese día será una gran fiesta para toda la Iglesia y también para nosotros lo será. Yo espero que tenga la misma participación y el mismo espíritu que tuvo la apertura del año de la misión. ¿¡¡¡Recordáis!!!?

Os animo, por tanto, a una participación entusiasta y agradecida. Por primera vez en los tiempos modernos, un acontecimiento de carácter universal se hace con una llamada tan explícita a todo el pueblo de Dios que vive su fe en cualquier lugar del mundo con sus circunstancias, cultura, peculiaridades. No obstante, esta advertencia importa mucho: no se trata de hacer un evento, sino un proceso que implica en sinergia al

Pueblo de Dios, al Colegio Episcopal y al Obispo de Roma, cada uno según su función.

Con esta invitación, el Santo Padre nos hace una llamada a colaborar en una reflexión comunitaria universal. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN. El sínodo se hará para que todos unidos nos afiancemos, en nuestra conciencia eclesial. Acoged estas afirmaciones tan emblemáticas y certeras, si aún necesitáis convenceros de lo que os digo: «La sinodalidad nos remite a la esencia misma de la Iglesia, a su realidad constitutiva, y se orienta a la evangelización». «Nuestro caminar juntos es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero». «Practicar la sinodalidad es hoy para la Iglesia el modo más evidente de ser «sacramento universal de salvación» (LG 48), «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).

Mirando el doble mandato de Cristo

En este caminar al que se nos invita, haremos juntos un gran discernimiento eclesial sobre cómo hemos de hacer el doble mandato que los apóstoles acogieron en la primera hora: «Id y anunciad» y «haced esto…». Así lo hacían en los comienzos, los cristianos caminaban unidos y con participación corresponsable de todos; por eso eran conocidos, una vez que su vida comenzó a ser socialmente significativa, como los del camino. Los cristianos somos los que caminamos juntos. Ese es ya no sólo nuestro nombre sino nuestro modo de ser.

San Juan Crisóstomo, por ejemplo, escribe que Iglesia es el «nombre que indica caminar juntos (óýíïäïò)» La Iglesia tiene nombre de sínodo. Y si tiene nombre es porque vive y camina en sínodo. Eso significa que la Iglesia es la asamblea convocada para dar gracias y cantar alabanzas a Dios como un coro, una realidad armónica, donde todo se mantiene unido, porque quienes la componen, mediante su relación recíproca y ordenada, coinciden en el mismo sentir.

La Iglesia siempre es sinodal

Este modo de ser y de vivir en comunión, participación y misión de los primeros cristianos, hoy lo hemos de asumir para la responsabilidad de llevar adelante la misión de la Iglesia. Por eso, no hace falta que diga que nadie puede sentirse excluido del camino eclesial. Lo que nos jugamos es muy esencial: «Caminar juntos, invocar al Espíritu, escuchar y acompañar van haciendo del discernimiento sinodal la clave de fondo que sugiere las acciones que realizar, en la doble escucha del Señor y de los deseos y gemidos de nuestros contemporáneos, con los que nos encontramos en la salida misionera» (Fieles el envío misionero, 4.1.)

Para ir haciendo esta Iglesia en esta doble fidelidad a Dios y a los hombres, se nos invita a participar activamente, desde la próxima apertura (17 de octubre) hasta abril de 2022, en una amplia consulta al pueblo de Dios; porque el proceso sinodal se realiza en la escucha a la totalidad de los bautizados, sujeto del sensus fidei infalible in credendo (LG 119).

Sin perder de vista una pregunta fundamental

El punto de partida será una pregunta fundamental, que nos ha de impulsar como guía: ¿Cómo realizar hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese «caminar juntos» que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; qué pasos del Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? (Documento preparatorio 2).

Lo haremos unidos, —laicos, pastores y Obispo de Roma— y lo haremos siguiendo a Jesucristo, que nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Se trata de poner en práctica lo que nos ha dicho el Papa Francisco: «El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia dicens, ya que también la grey tiene su olfato para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia» (Discurso del Santo Padre en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos).

Para que se mueva sin reserva nuestra voluntad de participar, metamos en el corazón esta afirmación convincente: «La sinodalidad en esta perspectiva es mucho más que la celebración de encuentros eclesiales y asambleas de obispos, o una cuestión de simple administración interna de la Iglesia; la sinodalidad indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asambleas y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora» (Documento preparatorio 10).

Una amplia y generosa consulta

Una vez que celebremos la apertura, nos tocará, por tanto, situarnos activamente en actitud de oración, encuentro, reflexión en diálogo y celebración eucarística. La consulta se hará con una amplia participación en parroquias, comunidades, movimientos y grupos eclesiales. De un modo especial se hará por los cauces de comunión y participación comúnmente establecidos en la Iglesia, que son como las manos de la sinodalidad. Pero es voluntad del sínodo que la consulta sea lo más completa y más enriquecedora posible y que se haga con la participación de muchos, tanto «de dentro de la Iglesia» como de los «márgenes».

Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe. Es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en sus contextos locales, incluidas personas que han abandonado la práctica de la fe, personas de otras tradiciones religiosas, personas sin creencias religiosas. Todos pueden ayudar a la Iglesia en su camino sinodal de búsqueda del bien y de la verdad. Esto es especialmente cierto en el caso de los más vulnerables y marginados (cf. Vademecum 2).

Lo que importa es que todos colaboremos en el objetivo sinodal: el sentido del camino al cual todos estamos llamados consiste, principalmente, en descubrir el rostro y la forma de una Iglesia sinodal, en la que «cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn14,17), para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7)» (Documento preparatorio 15).

Para crecer en amor a la Iglesia

No niego, en efecto, que todo esto que os estoy exponiendo, supondrá un esfuerzo especial para todos; pero de lo que sí estoy convencido es de que lo que se nos invita a hacer tiene tantos valores que no sólo no perjudica en nada a nuestra vida pastoral ordinaria, sino que la enriquecerá y nos enriquecerá a todos cuantos consciente y activamente participemos: hará crecer nuestro amor a la Iglesia, reforzará nuestro sentido de pertenencia, abrirá en horizonte de nuestra eclesialidad más allá de nuestros límites, no sólo geográficos sino humanos y religiosos. En nuestro caso, lo que con toda seguridad hará será ensanchar nuestra mirada, ya que el primer paso, el de reunirse y reflexionar juntos, ya estaba logrado, por las convocatorias hechas cada año.

Lo que sí tendremos que hacer, y en esto hemos de ser muy cuidadosos, es esmerarnos en nuestra mirada espiritual y pastoral, para que no se desorienten nuestras propuestas y sueños. Por una parte, nos centraremos en nuestra Iglesia particular, en nuestra Diócesis del Santo Reino de Jaén, mirando a nuestra acción pastoral cotidiana, en sus carencias y posibilidades, teniendo en cuenta quiénes somos y con quienes contamos pero siempre con una actitud de conversión espiritual y pastoral.

Por otro lado, ensancharemos la visión y nos sentiremos Iglesia en la Iglesia universal y colaboraremos con el Santo Padre en su ministerio petrino. Tendremos muy en cuenta lo que nos dice al pedirnos que colaboremos corresponsablemente con Él: «El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» (Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos).

Para generar dinamismos nuevos en la Iglesia

Si alguno de vosotros a estas alturas, después de cinco años compartiendo juntos en estilo sinodal, aún se está preguntando: ¿Esto servirá para algo?, ya sabéis que esta pegunta, más habitual en la Iglesia de lo que debiera, es, sobre todo, una tentación que siempre nos persigue, la de conformarnos con los que somos y tenemos. Siempre nos persigue la tentación de querer «cristalizar los procesos y pretender detenerlos» (EG 223). Pero hemos de intentarlo. Por eso, yo os digo: no tengáis miedo, participemos en esta experiencia sinodal, en la que «se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos» (EG 223).

Para convencernos de esto, qué bien nos vendrá tener en cuenta esta reflexión de Romano Guardini, recogida en Evangelii Gaudium: «El único patrón para valorar con acierto una época es preguntar hasta qué punto se desarrolla en ella y alcanza una auténtica razón de ser la plenitud de la existencia humana, de acuerdo con el carácter peculiar y las posibilidades de dicha época» (EG 224). Con nuestros límites, incluso con las pequeñeces que nos impiden crecer, nosotros estamos unidos en ese intento de ir hacia una Iglesia de comunión, participación y misión.

Pero hemos de hacerlo todo con la convicción de que es el Espíritu quien nos lleva a vivir como misión en el mundo, a llevar el tejido de la evangelización grabado en el corazón. Por eso, haremos lo que nos pide el documento con el que se nos invita a caminar en este tiempo de Sínodo: «hacer que germinen sueños, susciten profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros. Y crear un imaginario positivo, que ilumine las mentes, enardezca corazones, dé fuerza a las manos» (Documento preparatorio 32).

En la inventiva infinita del Espíritu

No olvidemos nunca que «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de una mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables» (EG 178). Por eso, nuestra confianza la pondremos siempre en el Espíritu, Él es quien le da un sentido eclesial a lo que hacemos y nos sitúa unos junto a otros como Pueblo de Dios. Eso significa que esta consulta sinodal «no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, porque en la base de la participación en cada proceso sinodal está la pasión compartida por la común misión evangelizadora y no la representación de intereses en conflicto» (Documento preparatorio, 14). Pero eso sí, seamos conscientes de que la Iglesia nunca ha estado cerrada a aprender desarrollos y estrategias que pudieran conectar con la cultura del hombre actual.

Por si aún no os habéis dado cuenta, os lo digo: se está haciendo un esfuerzo inmenso y un extraordinario alarde de creatividad, por eso, termino pidiendo a todos, y con esto concluyo mi carta, que entréis en esta dinámica de la Iglesia de nuestro tiempo. Es impensable la conversión pastoral de nuestra Iglesia diocesana sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios que camina en Jaén. Pidamos la gracia del Señor de sentirnos interpelados en el camino sinodal de la Iglesia de nuestro tiempo. La sinodalidad no es una moda, no es un capricho, es, como ya os decía en el año de la comunión, la esencia misma de la Iglesia, por eso, ninguno de nosotros podemos sentirnos excluidos en este modo de ser y de caminar.

Todo lo haremos con estas claves

Os llamo, por eso, encarecidamente a que entréis en el proceso sinodal que se nos propone a todos con tanto esmero y afecto. Os invito a que conozcáis tanto el precioso Documento preparatorio que se nos ha enviado como el Vademécum. Son dos piezas preciosas para entender todo lo que se nos pide que hagamos. Si lo hacemos así entraremos en un camino de discernimiento y decisión, en el que pasaremos por la consulta compartida y la escucha recíproca, respetuosa y compasiva. Si lo hacemos, encontraremos las claves para:

* vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno —en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales— la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios;

* reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana;

* experimentar modos participados de ejercitar la responsabilidad en el anuncio del Evangelio y en el compromiso por construir un mundo más hermoso y más habitable;

*examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están radicadas en el Evangelio;

*sostener la comunidad cristiana come sujeto creíble y socio fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad y de la amistad social;

* regenerar las relaciones entre los miembros de las comunidades cristianas, así como también entre las comunidades y los otros grupos sociales, por ejemplo, comunidades de creyentes de otras confesiones y religiones, organizaciones de la sociedad civil, movimientos populares, etc.;

* favorecer la valoración y la apropiación de los frutos de las recientes experiencias sinodales a nivel universal, regional, nacional y local.

Gracias por vuestra paciencia, si habéis llegado hasta el final. Y mucho ánimo en el trabajo que vuestro Obispo os encomienda en comunión con el Santo Padre.

Finalizo esta carta en la tarde del día 2 de octubre, en la memoria de los Santos Ángeles Custodios, a los que encomiendo su cercanía permanente a todos cuantos vivimos en nuestra provincia y diócesis de Jaén.

Con mi afecto y bendición.

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Otra lección de Nuestro Señor

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Después de leer el Evangelio este domingo, podríamos decir: pues, ¡comenzamos bien! Las preocupaciones de Santiago y Juan dan a entender que no se habían enterado de nada, claro que es comprensible porque aún no les ha dado tiempo a integrar todas las enseñanzas de Jesús. Los discípulos que acompañaron al Señor están aún en los primeros pasos y los pobres llevaban clavada la mentalidad de su tiempo, las aspiraciones de la gloria, del poder, los honores, la grandeza… Por esta razón, el Señor les contestó inmediatamente: «No sabéis lo que pedís». Juan y Santiago estaban pensando en un tipo de reino del que Cristo nunca les habló, nunca se refirió a un reino terreno y visible; en la predicación de Jesús tampoco entraron los honores, los asientos de postín, los privilegios… Afortunadamente, han tenido un gran Maestro, ¡el mismo Hijo de Dios!, que muy a tiempo les ha ido abriendo el entendimiento para que aprendieran esta maravillosa lección: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por todos». Hablaba, más bien, de combates, de luchas, de esfuerzos y sudores, de amar y servir. El cambio de mentalidad tuvo que ser brutal para esta pareja y para todos los discípulos, porque nos imaginamos lo difícil que tendría que ser entender eso de cargar con la cruz, servir desinteresadamente, ayudar al más débil, incluso pensar en la pasión y en la cruz, cuando ellos estaban en otras cosas, pero tuvieron un buen Maestro, que les enseñó con el ejemplo.

El modelo de grandeza que les dio Jesús en esta lección a los suyos fue sencillo: el humilde servicio, ayudar sin medida, entregarse generosamente a tender la mano a todo el que lo necesite y buscar siempre el bien para todos, pero en especial para los más pobres y necesitados. A esto se le llama cambio de estilo, de mentalidad, vamos, una verdadera y radical conversión. Las palabras del Señor a estos discípulos fueron determinantes, les ayudó a cambiar el rumbo de sus criterios y estos hombres, que eran tan frágiles como tú y como yo, fueron capaces de ponerse en la dirección que les marcó el Señor. Todos sabemos que nuestra carne es débil, pero este caso nos demuestra que uno puede llegar a ser fuerte, si escucha a Dios y acoge su Palabra poniéndola en práctica, puede llegar a ser más fuerte que el acero, puesto que en la vida no hay cosa más grande y más fuerte que el amor, «que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca» (1Cor 13, 7-8).

En esta semana nos pide el Señor abrir el corazón para que la misericordia sea la que organice nuestras relaciones y así lograr construir un mundo de hermanos, más fraterno. El Papa Francisco no deja de advertirnos que cuando la vida interior se pliega solo a los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ni para los pobres, ni siquiera tiempo para escuchar la Palabra de Dios, por eso es urgente la conversión. La solución está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo, que nos introduce en el misterio de Dios, nos da la fortaleza y nos impulsa a abrir las puertas para salir de nosotros mismos a anunciar y testimoniar valientemente la resurrección de Cristo al mundo de hoy. Así mismo, el Espíritu Santo también nos mostrará los caminos y lugares donde se precisa de esa agua viva que es Cristo, que salta a la vida eterna (cf. Jn 4,10).

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

Cáritas, con los damnificados por el volcán de La Palma

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Desde que comenzase la erupción del volcán de La Palma, Cáritas Diocesana de Tenerife ha estado al lado de las personas afectadas por esta catástrofe natural, en especial de las más vulnerables.

caritas.es.- Desde que el 19 de septiembre se iniciase el proceso eruptivo de Cumbre Vieja, en La Palma, Cáritas Diocesana de Tenerife ha estado al lado de todas las personas afectadas por esta catástrofe natural, y en especial de los más vulnerables.

Campaña de emergencia

En un primer momento la entidad lanzó una campaña de emergencia para canalizar el apoyo y la solidaridad ciudadanas con la población de la isla, y con ese fin se habilitó la cuenta corriente ES02 2100 6722 6122 0073 3169, para orientar la ayuda de emergencia a los damnificados. De igual modo, se puso en marcha el código 03762 del sistema Bizum, la aplicación bancaria que podemos descargar en nuestros móviles, que nos permite hacer aportaciones solidarias de forma segura.

Miles de personas afectadas

Cabe señalar que entre los afectados que han tenido que ser evacuados y que han perdido sus viviendas se encuentran distintos agentes de Cáritas de las comunidades parroquiales de los municipios de El Paso, Tazacorte y Los Llanos de Aridane. En total, actualmente hay cerca de 7.000 personas desalojadas y más de 1.300 edificaciones han sido arrasadas por las coladas de lava. Además, la erupción ha afectado a más de 600 hectáreas y 45 kilómetros de carreteras.

La actuación de Cáritas Tenerife

Entre las principales acciones que está llevando a cabo Cáritas Diocesana de Tenerife, está la creación de una línea de atención telefónica para damnificados, así como un correo electrónico al que se pueden dirigir los afectados. De igual modo, el equipo técnico de la institución está dando respuesta a necesidades concretas de familias que fueron desalojadas de sus viviendas y actualmente están realojadas, tales como colchones, mantas, almohadas, productos de higiene personal, así como apoyopuntual con necesidades básicas de alimentación y vestuario. También en materia de vivienda, con las aportaciones y donaciones recibidas, se han habilitado y acondicionado viviendas que han sido cedidas para los desalojados -tanto por particulares como por la Diócesis Nivariense-, en lo que se refiere a albañilería, pintura, mobiliario, etc.

Cáritas Diocesana de Tenerife está planificando ya sus acciones a medio y largo plazo, en coordinación con las administraciones locales y el Cabildo insular. En esta línea, la entidad reforzará los programas que llevaba a cabo en la Isla en materia de Vivienda y Empleo, y potenciará su equipo técnico psicosocial y jurídico para tratar de dar respuesta a las necesidades que vayan planteando las personas afectadas por esta catástrofe natural.

Desde siempre, con La Palma

Cáritas Diocesana de Tenerife articula su trabajo en dos arciprestazgos en la isla de La Palma, en Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane. Además de la acogida y el acompañamiento a las familias más vulnerables, se desarrolla el proyecto Mila, de empleabilidad de personas en situación de exclusión social; y el proyecto de Unidades Móviles de Atención en Calle para personas sin hogar. En total, el año pasado se atendieron en la isla a 1.300 personas a través de las parroquias y de los distintos proyectos y programas que desarrolla la entidad diocesana.

Fotografía: Cáritas Diocesana de Tenerife

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