Inicio Blog Página 4557

Comentario al evangelio del domingo 24 de octubre, por Elena López Abelaira

0

La profesora de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, Elena López Abelaira, ayuda a profundizar en el evangelio de este domingo, XXX del Tiempo Ordinario (Marcos 10, 46-52).

Hoy se nos presenta al ciego de Jericó, que reclama la atención de Jesucristo, cuando pasa por su lado, pidiéndole que le cure. Es un evangelio en el que se resalta la importancia de la oración.

Sin embargo, para que podamos rezar y tener la misma fe que este ciego, necesitamos que se
den en nosotros dos aspectos importantes. En primer lugar, debemos reconocer que estamos ciegos, es decir, reconocernos pecadores, algo que no es nada fácil. Todos somos ese ciego, sentado al borde del camino. Puede que estemos en un momento de nuestro camino de fe en el que estamos como sentados, parados en las mismas cosas, en los mismos pecados, habiendo caído en la rutina. Esta posición del ciego nos muestra esa quietud, el ciego que no se mueve hacia nada y que pide limosna, como nosotros que podemos estar pidiendo el afecto de los demás, la ternura, el amor, la comprensión, el dinero.

En segundo lugar, para poder gritar como lo hace Bartimeo necesitamos la fe. Ya hemos reconocido que estamos ciegos, ahora nos hace falta la fe que tiene Bartimeo para reconocer que Jesucristo es el único que puede curarnos la ceguera.

El evangelio nos invita a ser como Bartimeo, que está esperando ese momento oportuno (kairós lo llaman los griegos) en el que Jesucristo pasa, y no puede desaprovecharlo. Se desprende de su manto (esto lo es todo para un ciego) y corre hacia el Mesías sabiendo que lo va a curar.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Rogativa ante el volcán de La Palma. “Cuenta conmigo, le decimos a Dios cuando rezamos”.

0

El Santuario Insular de la Virgen de Las Nieves, así como los de El Pino y Las Angustias, acogieron la tarde de este martes una Misa rogativa por el cese de la erupción volcánica en La Palma, la fortaleza de todos los damnificados y la solidaridad con ellos.

La Eucaristía celebrada en el Santuario de Las Nieves fue presidida por el obispo Bernardo Álvarez. Entre los fieles presentes en el templo se encontraba, entre otros, el presidente del Cabido, Mariano Hernández y el alcalde de la capital, Juan José Cabrera.

El obispo a raíz del Evangelio de las Bodas de Caná proclamado en la Misa, subrayó que hoy también María “está atenta a las carencias de sus hijos de La Palma que sufren las consecuencias de esta erupción volcánica”. “Nos unimos también nosotros al dolor y sufrimiento de tantos hermanos”- dijo. Y como y con la Virgen,  presentamos al Señor las necesidades de los damnificados. “Le pedimos que interceda ante su Hijo, puesto que es bueno esperar en el Señor, y confiamos en que ella despierte en los afectados fortaleza y esperanza”.

Por otro lado, Álvarez subrayó que igual que Jesús se valió de algunas personas para poder hacer el milagro acaecido en Caná, también hoy dice: “Llenen las tinajas de agua. Contribuyamos a las necesidades de los demás, siendo hospitalarios, asiduos en la oración, firmes en la tribulación, generosos y solidarios con las personas”. “Ofrezcamos al Señor lo que somos y tenemos para que Él se valga de nosotros para hacer el bien a los demás”- aseveró.

“Pedimos al Señor que aplaque este volcán para que no haga más daño, dé fortaleza y nos impulse a cada uno al compromiso para minimizar sus efectos”, puesto que no solo hay que dar, sino “darnos”.

En otro momento de su intervención, el obispo recordó que los cristianos han de tener siempre ojos atentos a las necesidades ajenas, un corazón sensible para conmoverse y comprometerse y unas manos disponibles para estar al servicio de los demás.

Por último, el prelado nivariense recordó que los cristianos también contribuyen al bien de las personas con la oración constante. “Cuenta conmigo, le decimos a Dios cuando rezamos”. “La oración por esta situación también es un acto de solidaridad y cariño”- recordó.

Significativo fue el momento en el que el obispo, junto al Pan y Vino para la Misa, presentó una bandeja con el nombre de algunas personas que habían realizado un donativo a la parroquia de Todoque, como un signo de tantas personas que están siendo solidarias con los damnificados.

Al final de la misa se hizo una oración a María de las Nieves por todas las personas afectadas y por cuantos trabajan por minimizar sus daños, y fue sacada, en breve procesión, la imagen de la patrona palmera. Los fieles, que portaban velas, fueron rezando el Rosario.

Una celebración similar se realizó tanto en el Santuario de la Virgen de las Angustias como en el del Pino.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Encuentro del obispo con el voluntariado y los profesionales de Cáritas que trabajan en la crisis volcánica de La Palma

0

La tarde de este martes, al cumplirse un mes del comienzo de la erupción volcánica en La Palma, el obispo Bernardo Álvarez ha tenido, en los salones de la parroquia de S. Pedro y los Santos Mártires de Agual, un  encuentro con el voluntariado y los profesionales de Cáritas que trabajan en esta emergencia. Algunos de los presentes también son personas damnificadas por esta crisis.

En la reunión se recapitularon las actuaciones que se están llevando a cabo en la isla por parte de la Cáritas de ambos arciprestazgos, apoyadas y coordinadas tanto por Cáritas diocesana como Cáritas española. Posteriormente se tuvo un diálogo abierto con técnicos y voluntarios de la institución eclesial  sobre las experiencias vividas, las dudas, las incertidumbres y caminos a emprender para seguir prestando apoyo desde la iglesia a esta dolorosa situación por la que atraviesan muchas personas.

Álvarez Afonso les animó y agradeció el esforzado servicio que vienen prestando en medio de una situación complicada, el cual ha de ser sostenido en el tiempo siguiendo los criterios propios de Cáritas que no son otros que los de la acción social de la Iglesia, poniendo en todo en el centro a las personas.

Además, también a las 18.30 h., los fieles están invitados a una rogativa ante la Virgen, en distintos templos, para pedir su intercesión en favor del cese de la acción devastadora de este volcán. Concretamente será en los de las Nieves, las Angustias y el Pino.

El prelado presidirá la Eucaristía en el Santuario Insular de la Virgen de Las Nieves. Además, en las referidas iglesias habrá misas seguidas de una procesión alrededor de los templos con las imágenes marianas respectivas y el rezo del Rosario.

Monseñor Álvarez ante esta rogativa ha querido hacer hincapié en que la voluntad de la Iglesia es acompañar y ayudar a los palmeros en este momento muy difícil. “Queremos que no desfallezca su fe, su esperanza y su confianza en Dios. La Virgen de las Nieves acompaña, con amor materno, a sus hijos en momentos de dolor y sufrimiento. Ojalá sientan ese consuelo y esa cercanía de la Virgen María y que no pierdan el ánimo, que no tiren la toalla”.

El Obispo añadió que confía en que los habitantes de la Isla Bonita saldrán adelante, tal y como lo han hecho en otras épocas difíciles. “Los palmeros son personas muy trabajadoras y muy fuertes en medio de las adversidades. Que sepan que cuentan con el apoyo de todos. Estoy convencido de que van a experimentar la ayuda de Dios, pero también la solidaridad de muchas personas y de tantas instituciones que se han comprometido a ayudarles a rehacer y reconstruir sus vidas”.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Se celebró en Guadix la primera convivencia vocacional

0

Se celebró en Guadix la primera convivencia vocacional

El pasado sábado 16 de octubre, en el Centro Diocesano de Espiritualidad Beato Medina Olmos de Guadix, tuvo lugar el primer encuentro vocacional del presente curso, en el que participaron más de 35 jóvenes y monaguillos provenientes de diversas parroquias de los arciprestazgos de Guadix y del Marquesado.

Durante esta jornada, los niños y jóvenes tuvieron la oportunidad de compartir sus vivencias y profundizar en su fe a través de algunas meditaciones y reflexiones, colocando todos sus ideales y proyectos en manos de Dios a través de la oración. De igual manera todos los participantes tuvieron la oportunidad de divertirse a través de diversos juegos y dinámicas que hicieron más ameno el encuentro.

Estas convivencias, organizadas y coordinadas por la Delegación de Pastoral Vocacional y el equipo que para tal fin se ha creado y que está conformado por los seminaristas de nuestro Seminario Diocesano San Torcuato, religiosas de las comunidades de la Sagrada Familia y de las Obreras del Corazón de Jesús y algunas catequistas de diferentes parroquias, se realizarán mensualmente, alternando entre Guadix, Baza y Huéscar para facilitar así la participación de todos los niños y jóvenes de nuestras Diócesis.

Así que os invitamos a compartir con nosotros esta bella experiencia de fe y de encuentro con el amor de Dios en las siguientes fechas y lugares:

  • 13 de noviembre – Baza
  • 11 de diciembre – Huéscar
  • 29 de enero – Guadix
  • 19 de febrero – Baza
  • 5 de marzo – Huéscar
  • 12 de marzo – Baza
  • 19 de marzo – Guadix
  • 7 de mayo – Huéscar
  • 4 de junio – Guadix

Equipo de Pastoral Vocacional

Diócesis de Guadix

Ver este artículo en la web de la diócesis

Juan XXIII. Ser santo por uno mismo y por los demás

0

Ya en el Génesis, cuando Yahvé pregunta a Caín por su hermano Abel, se aprecia el alcance que la responsabilidad personal tiene en la vida de los demás. Ninguna justificación nos exime de ella al punto que de hecho influimos en la conducta ajena cuando no mantenemos a raya nuestras pasiones. En la vida santa hay infinidad de testimonios que ponen de manifiesto el cuidado extremo que tantos elegidos de Dios pusieron en evitar la caída de sus hermanos. Juan XXIII, el «Papa bueno» es uno de ellos.

Todos los santos han tenido sus debilidades y flaquezas. En el itinerario de este Pontífice él mismo refleja una tendencia contra la que hubo de luchar, tal como se pone de manifiesto en su Diario del alma. Era la locuacidad, enredarse en discusiones sobre temas intrascendentes, queriendo llevar la razón, y por tanto imponiendo de alguna forma sus criterios y juicios. Se percataba del inmenso peligro que entrañaba porque entre otras cosas dejaba abierta la vía al amor propio, con independencia de que sus apreciaciones fuesen ciertas. Le afligía sobremanera caer una y otra vez en ese vicio que se prolongó en el tiempo. Si el 26 de octubre 1898 se proponía «poner, sobre todo, gran atención en mis palabras, cualesquiera que sean», tres días más tarde hacía notar: «es preciso que abandone tantas palabras inútiles, charlas en que me enredo por la tarde con mis hermanos y hermanas». En marzo de 1899 se decía: «Cuidado en las conversaciones para no hablar mal de otros inútilmente». Y en esta constante lo hallamos en agosto de 1900: «Ojo a la lengua, amigo mío, pues por ella el amor propio hace de las suyas, especialmente cuando me encuentro con los seminaristas. Serán cosas de nada, será todo verdad, pero el amor propio se cuela allí siempre, y después de la conversación quedo descontento y mi dulce maestro Jesús, con su voz interior, me dice que aquello no le agrada».

En enero 1904 se hallaba en esta lucha: «he sido poco reservado en la conversación, en las expansiones e incluso un poquillo en las críticas». Y nuevamente, confiado en la gracia de Cristo, expresaba su anhelo: «En la conversación, gran cuidado con lo que se dice, y como se dice; guárdame de hablar mal de nadie, incluso indirectamente; observar siempre cierta dignidad no afectada; máxima delicadeza al referirme a los superiores; gran cosa también no hablar demasiado de cosas referentes a mí; no volcar todo –ni a todos- lo que siento dentro de mí».  A mediados de este año decía: «Me debo guardar, especialmente cuando las cosas no van a mi gusto, de desahogarme con cualquiera, a menos que sea con quien dirige mi espíritu o con quien de algún modo pueda ayudarme. Comentando con otros pierdo todo el mérito que podría conseguir».  Dando un gran salto en el tiempo, en 1927 sin desanimarse seguía insistiendo en el mismo propósito: «Prestaré cada vez mayor atención al dominio de mi lengua. Debo ser más reservado, incluso con las personas más íntimas, en expresar mis juicios… No debe salir nada de mi boca que no sea alabanza o suavidad de juicio, o bien una invitación para todos a la caridad, al apostolado, a la vida virtuosa. Por mi índole natural, tengo una labia sobreabundante. También esto es un don de Dios, pero hay que manejarlo con atención y cuidado, es decir, con mesura, de modo que me quede con ganas más bien que harto».

Finalmente, tras estos pocos ejemplos, se aprecia cómo se fue sosegando su espíritu, y en 1952 con la suma de grandes responsabilidades y la experiencia de una madurez acrisolada en la oración, afirmaba aludiendo a una circunstancia relacionada con su labor diplomática: «Soy libre para juzgar, pero debo guardarme de la crítica, incluso leve y benévola, que pueda herir su susceptibilidad. El no hacer y decir a los demás lo que no querríamos que se nos hiciera o dijera a nosotros. En este punto todos somos algo débiles. Atención, pues, a las mínimas expresiones que restarían eficacia a la dignidad de nuestra actuación». Es decir, había ido progresando en la virtud que se propuso y por la que tanto suplicó sin descuidarse ni un segundo y, por tanto, con la humildad y conciencia de pequeñez que procede y de la que dio buena prueba con su vida.

A manera de síntesis: 1) Lo que brota de nuestro interior repercute en nuestra vida y en la de los demás. 2) Constancia en la súplica. No hay que desanimarse cuando apreciamos la persistencia de los defectos. No este espacio para abundar en ello, pero el Papa Roncalli no cesó de luchar y de poner su voluntad en acto confiándose a la misericordia divina. 3) En la medida en que se reconocen las propias miserias se crece en el amor. En él reside la verdadera sabiduría. 4) Poniéndose a merced de Cristo, en el momento que lo juzgue cesará lo que nos hace sufrir porque con ello además herimos a nuestros hermanos. Y 5) En el camino de la santidad lo que experimentaba Juan XIII, como todos los integrantes de vida santa, pone de relieve que el único camino es el que Cristo señaló: negarse a uno mismo, tomar la cruz, y con ella seguirle.

Isabel Orellana Vilches, misionera idente

Ver este artículo en la web de la diócesis

Las Chías dona fruta fresca para los desayunos de los alumnos de la zona norte

0

Los miembros de la Hermandad de la Soledad junto a la directora del centro.

La Hermandad de la Soledad y Descendimiento vuelve a colaborar con el colegio Arrayanes. Lo hará donando fruta fresca para que los chicos puedan desayunar todos los días a lo largo de este curso 2021-22. Gracias a ello previenen el absentismo escolar y ayudan a las familias necesitadas de este barrio de la zona norte de Granada.

La Hermandad de la Soledad y el Descendimiento, más popularmente conocida como “las Chías”, lleva años en contacto con asociaciones de vecinos de la zona norte de Granada, especialmente en el barrio Parque Nueva Granada. Gracias a este contacto la hermandad supo de la necesidad de este centro público que atiende a chicos de infantil y primaria.

“A los niños les cuesta mucho trabajo levantarse por la mañana en casa”, explica la directora del centro, María Dolores Pruaño. “El que los niños puedan contar con un desayuno caliente y saludable con sus compañeros, hace que se levanten con ganas. Niños que antes llegaban tarde, ahora llegan puntuales”.

La semana pasada acudieron al centro para donar 40 kg de fruta fresca. Una fruta que los hermanos de la cofradía obtienen a un precio favorable de una frutería cercana a la plaza de la Romanilla, no lejos del monasterio de San Jerónimo donde está la sede de la hermandad, y cuya donación irán llevando a cabo durante todo el curso escolar.

Este desembolso semanal, que costea la Obra Social de la hermandad, supone una ayuda fundamental para las familias de la zona norte. “Hay familias que por sus circunstancias necesitan dejar a los niños en un horario diferente. Como no tenemos aula matinal, esto facilita la conciliación laboral de las familias”, dice la directora de Arrayanes.

El Hermano Mayor de la cofradía, Enrique Crespo, asegura que se han movilizado muy rápidamente al conocer las necesidades del centro a principios de octubre. “Cuando antes tenían este servicio cubierto, nosotros nos ocupábamos de otras cosas, pero ahora que ha surgido esta necesidad importante, nos hemos movido enseguida para cubrirla”.

A esta donación de fruta hay que sumar las campañas de ropa por Navidad, de material escolar o de donación de juguetes para el recreo que la Hermandad de la Soledad y el Descendimiento ha llevado a cabo en los últimos, exceptuando el tiempo más crítico de la pandemia.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

Ver este artículo en la web de la diócesis

El Comedor Social San Juan de Dios reabre sus instalaciones tras un año y medio ofreciendo sus servicios adaptados

0

Durante toda la pandemia el centro ha seguido ofreciendo sus servicios de manera ininterrumpida a través de la entrega en exterior de menús completos envasados para los usuarios

El Comedor Social San Juan de Dios reabre sus puertas tras un año y medio ofreciendo sus servicios adaptados a la pandemia a través del reparto de menús compuestos de primer plato, segundo plato, bebida, pan y postre en envases para garantizar la seguridad de los usuarios.

Desde que comenzara la pandemia en marzo de 2020 hasta finales de septiembre de 2021, el centro de San Juan de Dios ha atendido a 5.562 personas y ha servido 63.664 menús para usuarios y familiares. “A pesar de todas las restricciones, desde la Orden Hospitalaria en ningún momento hemos dejado de ofrecer el almuerzo a las personas que lo necesitan. Para ello ha sido fundamental el apoyo del voluntariado, que no ha dudado en seguir ofreciendo su incondicional dedicación y ayuda”, explica la responsable del Área de Desarrollo Solidario, Inés Riera. “La reapertura de las instalaciones de nuestro comedor social es, sin duda, una noticia de esperanza para todos y supone un gran paso hacia la normalidad, sobre todo para algunos de nuestros usuarios, que viven a diario situaciones tan duras que hacen que la COVID haya sido, y sea, un mal menor”.

La situación de estas personas se ha visto agravada por la pandemia y ha hecho que el aislamiento que ya sufrían socialmente se haya recrudecido por las medidas de seguridad sanitaria. De ahí la importancia, de volver a un lugar en el que se sientes respaldados y ayudados de persona a persona. “Para casi la mitad de las personas que a diario acuden es el momento en el que se sientan en una silla y en una mesa, bajo techo, sin calor ni frío y encuentran un refugio en el que comer, conversar, descansar y sentir que forman parte de un grupo que los conoce y se interesa por ellos”, nos cuenta la trabajadora de San Juan de Dios.

Durante este último año, la Orden también ha puesto en marcha un Programa de Ayuda a la Vivienda a través del cual la institución ayuda al pago del alquiler a personas en riesgo de exclusión social. Esta ayuda comprende el pago de mensualidades de alquiler a personas que, por distintas circunstancias, no pueden hacer frente a su pago. Además, están llevando a cabo un Programa de Adquisición de Productos Básicos de Alimentación, Higiene y Limpieza, consistente en la distribución de “tarjetas monedero”, con el fin de que estas personas en situación de necesidad puedan adquirir en diferentes supermercados estos productos de primera necesidad para garantizar una adecuada alimentación, favoreciendo la ingesta de productos frescos y el necesario aporte nutricional. “Nuestro objetivo no es solo ayudar, queremos ayudar desde la dignificación de estas personas que se encuentran en una situación de necesidad. Todos podemos vernos en una situación así en algún momento de nuestra vida”, explica Riera. “Sentirse apoyado, respetado y respaldado puede marcar la diferencia en las fuerzas de alguien para afrontar las dificultades”.

Estos programas se unen así al de atención a la pobreza energética a través del cual la Orden contribuye al pago a las empresas suministradoras de energía, de las facturas pendientes de los usuarios, al programa de atención bucodental y al de apoyo para la adquisición de medicación consistentes en un servicio de pago de tratamientos odontológicos urgentes o el pago de medicamentos que han sido prescritos por el Servicio Andaluz de Salud.

‘Tu solidaridad abraza’

Tan solo en 2020, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios atendió a más de 9.500 personas a través de su Obra Social, con un aumento significativo en la demanda de ayudas en programas como el de ‘Atención Social a la Infancia’, cuyo objetivo es colaborar con la cobertura de material para el pleno desarrollo de la infancia promoviendo el bienestar de los menores en situación de exclusión social o en riesgo de padecerla, con un aumento del 66 por ciento en el número de personas atendidas

También ha sido significativo el aumento de ayudas a través de su programa de ‘Urgencia Social’ desde el que se trabaja para favorecer la reintegración social de personas con escasos recursos económicos y la reconstrucción del proyecto vital. En este sentido, las ayudas para paliar la pobreza energética se vieron aumentadas un 31 por ciento en el número total de ayudas y un incremento del 14 por ciento en la cuantía de las mismas, con respecto al año anterior.

En este sentido, la Obra Social de San Juan de Dios en Granada mantiene activa la campaña ‘Tu solidaridad abraza’ con el objetivo de recaudar fondos para aliviar la situación de desamparo, necesidad y exclusión social derivadas de la crisis de la COVID-19.

A través de la web www.sjdgranada.es/obrasocial/ los interesados en colaborar pueden dejar su aportación, sea el importe que sea, a través de un simple clic. Además, el sistema permite crear campañas solidarias para iniciar retos conjuntos con nuestro círculo de contactos más cercano y recaudar fondos aunando esfuerzos para estos fines solidarios. “En San Juan de Dios vamos a seguir respondiendo de manera activa ante las necesidades de cualquier persona como lo venimos haciendo desde hace cinco siglos”, comenta el Superior de los centros de la Orden en Granada, José Luis Muñoz O.H. “Nuestra vocación no se entiende si no estamos al pie del cañón cuando más falta hace. La Hospitalidad, el valor principal de la Orden, nace justo ahí y este es un momento crucial dar lo mejor de nosotros y estar donde nos necesitan”.

Un sí definitivo al Señor

0

Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez son los nuevos sacerdotes con los que la diócesis de Córdoba contará a partir del viernes 22 de octubre, cuando reciban el grado del Orden Sacerdotal, en la Santa Iglesia Catedral, de manos del Obispo

Ganas e ilusión invaden el corazón de dos jóvenes que tras un largo periodo de formación, el próximo viernes, 22 de octubre, cumplirán su sueño y dirán sí al Señor, un sí definitivo que cambiará por completo sus vidas.

Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez recibirán el sacramento del Orden de manos del Obispo, monseñor Demetrio Fernández, en la Santa Iglesia Catedral, en compañía de sus rectores, formadores, compañeros y familiares.

Ambos pertenecen al Seminario Conciliar “San Pelagio”, donde durante todos estos años han podido vencer el miedo y la duda de dejar todo para seguir la llamada del Señor. “Con la  ayuda de Dios y los formadores, uno va quitándose el miedo e intentando hacerlo lo mejor que puede. Hay que tener precaución porque es una responsabilidad muy grande, pero con la ayuda de los demás vamos quitando los miedos”, asegura Francisco Javier Muñoz. Miguel Ramírez añade que “no es cuestión de vencerlo o no, es el Señor el que nos va llevando por el miedo para hacernos ver que esto no es “mío” sino que es solamente suyo y que solo de su mano podemos seguir caminando hacia Él”.

Son muchos los sentimientos que afloran en el interior de estos dos chicos que llegaron cuando apenas eran niños al Seminario y que ahora ven su sueño hecho realidad, ser sacerdotes de Cristo para servir al mundo. “Espero ser un instrumento del Señor y dar de mí todo lo que pueda y todo lo que Él me permita por su gracia, ser medio entre mis hermanos sacerdotes y entre la Iglesia y Jesucristo, para que puedan conocer y amar más al Señor”, explica Miguel Ramírez quien desea con toda su alma poder trabajar en la viña del Señor, siendo lo más parecido a Él, como refleja en sus palabras también Francisco Javier Muñoz: “Quiero ser un sacerdote lo más parecido al Señor, pues el modelo es Jesús y aunque sea difícil, hay que intentar acercarse cada vez más al Señor”. Para Javier, seguir el ejemplo de modelos sacerdotales como San Juan de Ávila o San Francisco Javier, podrán ayudarle mucho en esta nueva etapa que va a comenzar en su vida.

A pocos días de recibir el Orden Sacerdotal, Francisco Javier y Miguel se encuentran con muchas ganas e ilusión de vivir el momento. “Después de un tiempo prolongado de diaconado uno tiene ganas de entregarse plenamente al Señor también en el sacerdocio, que es donde Él me ha llamado. Se va acercando la fecha y estoy un poco nervioso y aunque veo que no estoy a la altura de este don tan grande, se que el Señor si está a la altura de este pobre pecador”, asegura Miguel.

Ambos conocían su destino pastoral desde el pasado mes de junio, lo cual les ha permitido adentrarse en la vida de una comunidad parroquial y vivir de una manera diferente su ordenación, como explica Francisco Javier: “Tengo muchas ganas e ilusión ante el día de mi ordenación, pero es verdad que como ya estoy en la parroquia de San Miguel las actividades y el ajetreo hacen que no me preocupe tanto en ese día. Lo estoy viviendo con menos agobio del que podría haber tenido de no estar en la parroquia, que además me ha ayudado de ver la necesidad de sacerdotes que hay”.

Serán ordenados el día en que la Iglesia celebra la memoria litúrgica de san juan Pablo II, a las 19:00 horas, pasando a formar parte de una Iglesia viva, de la que esperan que “todos tengan su sitio, sacerdotes, laicos o matrimonios, que sigan creciendo como Iglesia y viviendo como Dios quiere que lo hagamos”, expresa Francisco Javier. Por su parte, Miguel imagina “una Iglesia pequeña, que no es una Iglesia de masas pero si muy viva y que pueda ser bálsamo entre los más pobres y necesitados, no solo a nivel material sino también necesitados del amor de Jesucristo”.

Primeras misas

Miguel Ramírez González celebrará su primera misa el próximo 23 de octubre, en la parroquia de San Miguel Arcángel de Palenciana, a las 12:30 horas, y Francisco Javier Muñoz García lo hará en la parroquia de la Santísima Trinidad y María Inmaculada de Priego de Córdoba, el próximo 24 de octubre, a las 12:00 horas.

La entrada Un sí definitivo al Señor apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

«Cuenta lo que has visto y oído». Carta del Obispo con ocasión del DOMUND 2021

0

Queridos hermanos y hermanas:

“Cuenta lo que has visto y oído” (Hch. 4,20) es la invitación que este año nos hace la campaña del Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND, en la sugerencia de renovar la responsabilidad que como cristianos tenemos de compartir la experiencia de nuestro encuentro con Jesucristo Resucitado, fundamento de nuestra fe.

Todos somos partícipes del mandato apostólico de anunciar el Evangelio a toda la humanidad (Mc. 16,15), envío que fundamenta la naturaleza y la esencia de la Iglesia y, por tanto, de cada bautizado.

Dice el Papa Francisco en su mensaje para esta Jornada que «nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio».

Esa entrega y sacrificio está presente en los agentes de la pastoral misionera y, por supuesto, en los misioneros y misioneras (sacerdotes, religiosos y laicos) que testimonian a Jesús, llevando el Evangelio con palabras y obras. Ese impulso misionero no se hace sin haber visto y oído al Señor, sin haber experimentado su amor y su gracia.

Especialmente conmovedor es ser consciente de que la misión forma parte de nuestro ser cristiano, a pesar de nuestras pobrezas. El encuentro con el Señor está orientado a ver y a oír a Jesús. Esa visión está muy presente en la experiencia pascual de los apóstoles, como Juan, que “vió y creyó” (Jn 20, 8). Cada uno de nosotros está llamado a tener ese encuentro en la fe con el Señor, un encuentro transformador, que supera nuestras carencias. Como ha dicho el Santo Padre:  «aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Christus vivit, 239).

Sabemos que nuestra responsabilidad evangelizadora no se reduce a llevar el Evangelio a nuestra diócesis onubense, sino que también somos responsables de la transmisión del Evangelio en todos aquellos territorios donde aún no ha sido anunciada la Buena Noticia de Jesucristo. Nos toca ir por delante donde el Maestro irá después a tocar aquellos corazones que siguen necesitando la salvación de Dios.

Este año el slogan del Domund hace referencia a esas tres actitudes humanas que construyen familia y crean vínculos fraternales: hablar, ver, oír:

Hablar y contar nuestra experiencia salvífica de Dios, no meros dichos y recordatorios, sino experiencia vivida de filiación y fraternidad que nos hace “Hijos y Hermanos”.

Ver con los ojos de Dios que nos hace descubrir las gracias  y la cercanía del Padre, ver desde dentro aquello que nos acerca y nos hace ser dependientes de los otros.

Oír las necesidades y los dones de aquellos con los que construimos una realidad nueva, la realidad del Reino, la realidad de la familia de los Hijos de Dios.

Que María, Estrella de la Evangelización, nos acompañe en el seguimiento de su Hijo, para que seamos testigos misioneros y crezca nuestra conciencia misionera, con la oración y con la contribución económica para sostener el anuncio de Cristo, a quien hemos visto y oído.

Con afecto os saludo y bendigo.

+Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva

Huelva, 1 de octubre de 2021, memoria litúrgica de Santa Teresa del Niño Jesús.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Hermanos sacerdotes: “Con vosotros hermano, para vosotros padre”

0

Carta a los sacerdotes del presbiterio de la Diócesis de Asidonia-Jerez.

Queridos hermanos sacerdotes:

Después de haberme reunido por primera vez con el presbiterio, quiero poner por escrito, en forma de carta, lo que os he querido transmitir. Ante todo, con palabras de san Pablo, os digo de corazón: no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones (Ef 1, 16). Gracias por vuestras oraciones, antes incluso de que se hiciera público mi nombramiento como obispo de Asidonia-Jerez. Gracias por vuestra presencia numerosa en la celebración solemne del pasado 31 de julio, al entrar en la diócesis. Gracias por vuestra acogida cordial y amable en los ya numerosos momentos en que he tenido la oportunidad de encontrarme con algunos de vosotros, bien al visitar los conventos de clausura, bien al presidir alguna fiesta patronal, bien al celebrar las confirmaciones, bien al sentarnos a hablar en el obispado. Gracias, en fin, por haber respondido a esta primera convocatoria del presbiterio, por vuestra buena disposición y escucha.

Agradezco también de corazón la asistencia a nuestra primera reunión del presbiterio de los diáconos permanentes. Aunque ahora no he dirigido mi palabra a ellos, agradezco que nos hayan acompañado, a la espera de reunirme próximamente con ellos y sus esposas.

Considero providencial que el primer encuentro del presbiterio con su nuevo obispo tenga lugar en la semana en que la Iglesia nos invita a través de la Liturgia a volver a meditar el Sermón sobre los pastores (Serm. 46) de san Agustín. Al comienzo del mismo, el obispo de Hipona recuerda su doble condición de cristiano y obispo. Lo primero, consciente de que debe rendir cuentas a Dios de su propia vida; lo segundo, consciente de que, además, debe rendir cuentas a Dios del servicio que le ha sido encomendado. Teniendo en cuenta esta distinción, quiero recuperar las primeras palabras que os dirigí el día en que se hizo público mi nombramiento: «Dirijo mi saludo -dije el pasado 9 de junio- lleno de afecto a mis hermanos sacerdotes, colaboradores inmediatos del ministerio episcopal. Con ellos, saludo también a diáconos y seminaristas. Nada puede el obispo sin su presbiterio. Os pido que me recibáis con paciencia, que me ayudéis a ser vuestro obispo, de modo que, juntos, en la familia del presbiterio, seamos amor del Corazón de Cristo para nuestro pueblo».

Os saludé entonces como “hermanos sacerdotes” y “colaboradores inmediatos del ministerio episcopal” recordando las palabras del Decreto conciliar Christus Dominus (n.28): «todos los presbíteros, sean diocesanos, sean religiosos, participan y ejercen con el Obispo el único sacerdocio de Cristo; por consiguiente, quedan constituidos en asiduos cooperadores (providi cooperatores) del orden episcopal». Recuerda el Concilio a continuación que, en la cura de las almas, los sacerdotes diocesanos en virtud de la incardinación «constituyen un presbiterio y una familia, cuyo padre es el Obispo» (Ibidem). En la familia del presbiterio, con vosotros soy hermano, para vosotros estoy llamado a ser padre. Por eso, vuelvo a las primeras palabras que os dirigí: os pido que me recibáis con paciencia, como habéis hecho hasta ahora, y que me ayudéis a ser para vosotros un padre en la sombra, al estilo de san José.

Posteriormente, en la Misa de entrada en la Diócesis, volví a dirigirme a vosotros con estas palabras: «Cuento con los sacerdotes, para llevar el amor del Corazón de Cristo a todos, a los de dentro y a los de fuera de la Iglesia, al estilo del Buen Pastor, contemplando por dentro los misterios divinos, sosteniendo por fuera las cargas de nuestro pueblo fiel». De nuevo, el Decreto Christus Dominus explica con palabras certeras cómo podremos llevar a cabo la tarea insuperable de llevar a todos el amor del Corazón de Cristo: «Las relaciones entre el Obispo y los sacerdotes diocesanos deben fundamentarse en la caridad, de manera que la unión de la voluntad de los sacerdotes con la del Obispo haga más provechosa la acción pastoral de todos. Por lo cual, para promover más y más el servicio de las almas, sírvase el Obispo entablar diálogo con los sacerdotes, aun en común, no sólo cuando se presente la ocasión, sino también en tiempos establecidos, en cuanto sea posible. Estén, por lo demás, unidos entre sí todos los sacerdotes diocesanos y estimúlense por el celo del bien espiritual de toda la diócesis» (n.28).

Cuando la Iglesia nos está llamando por la voz del Sucesor de Pedro a fortalecer los vínculos de comunión para caminar juntos -en eso consiste la sinodalidad- permitidme compartir con vosotros una reflexión sencilla sobre lo que debemos cuidar en nuestro presbiterio para que seamos una verdadera familia que camina junta. Desarrollo esta reflexión tomando como referencia una carta de San Juan de Ávila dirigida al recién elegido arzobispo de Granada, don Pedro Guerrero (cf. Carta 177: BAC maior 74, 587-590). En ella le da tres consejos, válidos para todo pastor (obispo o sacerdote), sobre tres puntos determinantes de la vida sacerdotal: conversión, predicación y amistades.

El presbiterio será verdadera familia si cada sacerdote vela por su propia conversión y por la conversión de sus hermanos sacerdotes. Así lo afirma el santo doctor de la Iglesia: «Lo primero, que vuestra señoría se convierta de todo su corazón al Señor, frecuentando el ejercicio de la oración, encomendando a la misericordia divina el buen suceso del bien de sus ovejas y pidiendo sustento del cielo, para que tenga qué darles». Debemos recordarnos continuamente la necesidad de cuidarnos fraternalmente en el presbiterio dando prioridad a la vida interior de cada sacerdote, lo cual pasa necesariamente por pedir al Señor todos los días la gracia de la conversión, para cada uno y para todos los miembros del presbiterio. ¡Cuánto cambia un presbiterio si en el centro de sus preocupaciones está siempre el celo por la santidad de sus miembros! Pero ¡atención!, este “vivir vueltos hacia el Señor” del sacerdote no es un ejercicio individualista que nos aparta del pueblo fiel, sino un compromiso por el bien de quienes nos han sido confiados. Nuestra alegría más profunda nace al ver el crecimiento en santidad de nuestros fieles. En nuestra oración, en nuestra penitencia, en nuestras renuncias y cruces, llevamos siempre a nuestro pueblo. Otro santo, gigante de la santidad sacerdotal, san Gregorio Magno, resume con palabras certeras la identidad singular del sacerdote, cuando afirma en su Regla pastoral: «por dentro contempla los misterios escondidos de Dios, por fuera soporta las pesadas cargas de los carnales» (intus Dei arcana considerat, foris onera carnalium portat: Reg. Past. II, 5 [SCh 381, 198; BPa 22, 84]). Volviendo a san Juan de Ávila, descubrimos todavía algo de gran importancia para el cuidado de la vida interior del sacerdote: su oración debe ser como la de quien se sabe mendigo que pide bienes para sus fieles y como la de la viuda de Naín que llora para alcanzar misericordia en favor de su hijo muerto: «Aprenda vuestra señoría a ser mendigo delante del Señor y a importunarle mucho, presentándole su peligro y de sus ovejas; y, si verdaderamente se supiere llorar a sí y a ellas, el Señor, que es piadoso –No llores (Lc 7, 13)-, le resucitará su hijo muerto, porque como a Cristo costaron sangre las almas, han de costar al prelado lágrimas. Y será bien que cada día vuestra señoría diga misa, si muy legítimo impedimento no hubiere». Mi primera encomienda para el presbiterio es esta: que pongamos en el centro de nuestra vida la conversión propia y de nuestros fieles, que no olvidemos cuidarnos fraternalmente dando prioridad al bien espiritual y a la santificación de nuestros hermanos sacerdotes. La conversión pastoral a la que nos está llamando el Papa Francisco pasa necesariamente por la conversión de los pastores, personalmente y como presbiterio.

El segundo consejo de san Juan de Ávila toca otra dimensión fundamental de la vida sacerdotal: lo que hoy llamamos “formación permanente” y cuidado del oficio de enseñar (munus docendi). Así lo explica el Doctor de la Iglesia: «Lo segundo sea el ejercicio de predicar, el cual ha de ser muy continuo, como san Pablo dice: con ocasión y sin ella (2 Tim 4, 2), que pues los lobos no dejan de morder y matar, no debe el prelado ni dormir ni callar». Tan importante en el sacerdote es la oración como el estudio. Este forma parte imprescindible de la conversión y del amor auténtico a nuestros fieles. No estudiamos para colmar aspiraciones mundanas de reconocimiento, sino para servir mejor a nuestro pueblo. Desde la Delegación del Clero, debemos seguir impulsando iniciativas y encuentros que nos ayuden a mantener encendida la llama de la formación. Tenemos que seguir potenciando los centros académicos de nuestra diócesis en sus diferentes modalidades y niveles, desde el Instituto teológico y el de Ciencias Religiosas a las escuelas de catequistas o de formación cofrade. Pido al Señor que podamos seguir favoreciendo la formación académica más especializada de muchos miembros de nuestro presbiterio, de modo que podamos contar también con sacerdotes que puedan dedicarse con preferencia a la misión pastoral del estudio y docencia. Gracias a Dios, en nuestra Diócesis existen iniciativas de formación sacerdotal surgidas desde diferentes realidades eclesiales. Es mi deseo que estas iniciativas sean conocidas por todos los sacerdotes y, en la medida de sus posibilidades, puedan participar en ellas. También debemos dar gracias a Dios por el enriquecimiento que supone para nuestra Diócesis la presencia de comunidades de religiosos, de diferentes carismas, que pueden aportar mucho a la formación permanente de nuestro presbiterio. La segunda encomienda que traslado al presbiterio para este curso es que hagamos llegar al Delegado del Clero iniciativas y sugerencias que permitan consolidar la propuesta formativa para los sacerdotes, cuidando de forma especial a los sacerdotes del quinquenio y del decenio.

El tercer consejo que propone san Juan de Ávila pienso que se puede formular hoy así: que no olvide nunca el sacerdote a Quién pertenece su corazón. La vocación sacerdotal es vocación de amor, que requiere respuesta de amor dada con el corazón íntegro. Hasta tal punto el Señor nos llama a vivir en intimidad con Él, que a los sacerdotes nos pide la voz y las manos para seguir haciéndose sacramentalmente presente en nuestro mundo. Produce profundo dolor y tristeza escuchar noticias sobre el abandono del ministerio por parte de hermanos nuestros sacerdotes que justifican su abandono -según dicen- “por amor”, como si los seminaristas o los sacerdotes ya ordenados que viven en silenciosa fidelidad no respondieran a la llamada del Señor por amor. Cuando el Señor llama, colma los anhelos del corazón y capacita para responderle con amor pleno y verdadero. Por eso, el sacerdote no debe olvidar a Quien pertenece su corazón. Se entiende así que san Juan de Ávila considere muy importante para el pastor cuidar sus amistades: «Particulares amistades de caballeros ni de otras personas excuse vuestra señoría, porque son dañosas, y quieren hoy los amigos de los prelados que lo que piden se les conceda, por injusto que sea. Mejor es estar sin ellos». En un presbiterio cuyos miembros se cuidan como familia surgirá como un bien precioso la verdadera amistad sacerdotal, aquella que, teniendo su fundamento en la común configuración a Cristo Sacerdote, es estímulo continuo para fortalecer cada día más la propia vocación. La amistad, como los bienes más preciosos de la vida humana, nace del ejercicio sano de la libertad fundada en la verdad, por eso, no se impone ni se manda, se recibe en la gratuidad de un encuentro imprevisto y no calculado. Sería absurdo mandar por decreto que en el presbiterio seamos todos amigos. Pero sí es responsabilidad de todos crear el clima de cordialidad y concordia que permita el cultivo de amistades sacerdotales auténticas. Reconoceremos la autenticidad de nuestra amistad sacerdotal si somos capaces de ayudarnos a vencer tres peligros que dañan el corazón del sacerdote: el aislamiento, la murmuración y el desánimo. Mi tercera encomienda al presbiterio tiene que ver precisamente con esto: desterremos de nuestro presbiterio todo lo que puede dañar nuestra amistad.

Por último, reitero mi deseo de encontrarme con cada uno de vosotros. Si Dios quiere, espero dedicar una parte importante del tiempo en este curso a visitaros uno a uno. Considero que esto es fundamental para conoceros y para que me conozcáis. Mi propuesta es sencilla: visitaros en vuestro lugar de destino, compartir la Eucaristía y, antes o después, encontrarnos de manera distendida. Muchos de vosotros ya habéis venido a verme al Obispado. Permitidme ahora que os visite yo. Entiendo que, de esa forma, me ayudaréis a ser hermano con vosotros y padre para vosotros.

Que María Santísima, Madre de los Sacerdotes, y su Esposo San José nos alcancen de su Hijo la dicha inmensa de ser para nuestro pueblo amor del Corazón de Cristo. Nada sin María, todo con Ella.

Con mi bendición y afecto,

En Jerez de la Frontera, a 16 de septiembre de 2021
(Memoria litúrgica de los Santos Cornelio y Cipriano, mártires)

+ José Rico Pavés
Obispo de Asidonia-Jerez

Enlaces de interés