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Domund 2021: Para ensanchar el corazón. Carta pastoral de Mons. Rico Pavés

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​En la tarea de caminar juntos lo primero es ensanchar el corazón. Después de haber celebrado en todas las diócesis del mundo la apertura de la fase de preparación al Sínodo que se ocupará de la sinodalidad, es decir, del arte de caminar juntos, la Iglesia nos llama a celebrar la Jornada Mundial de las Misiones. El Domund nos ofrece la oportunidad anual de rezar de forma más intensa por los misioneros, siendo conscientes de que la misión que ellos desempeñan en lugares de primera evangelización nos concierne a todos. Es día para tocar la realidad de las misiones aportando mucho más que un donativo. El lema propuesto este año (“cuenta lo que has visto y oído”) nos recuerda que la evangelización es siempre testimonio: contar a otros lo vivido en primera persona, compartir el encuentro con Jesucristo, contagiar la alegría de creer. Frente a la pretensión obstinada de quienes se empeñan en encerrar la vivencia de la fe en el espacio cerrado de la propia conciencia, la Iglesia no se cansa de recordarnos, con las palabras de Cristo, que somos luz del mundo y sal de la tierra. No hay dimensión humana más pública y social que la religiosa, por eso no es verdadera la vida cristiana que no se hace testimonio.

El Domund es jornada para ensanchar el corazón. Quien vive la comunión de la Iglesia, se descubre con el corazón dilatado: cuando uno sufre, todos sufren con él; cuando uno se alegra, todos se alegran con él. Las necesidades de los misioneros son las de todos en la Iglesia. Nuestra generosidad les ayuda, como su entrega nos enriquece. Cuando caminamos juntos, aprendemos a ver y a oír lo que nuestros misioneros ven y oyen. En sus manos están las nuestras; en sus pasos a todos nos llevan. Su compromiso por anunciar a todos el evangelio revelaque hay más alegría en dar que en recibir y que de poco sirve dar si uno no se da. El Domund no conoce fronteras: acorta distancias, une a los que rezan, amplía horizontes, vence soledades, a todos acerca. En la misión evangelizadora, la participación es cosa de todos, pues todos están llamados a entrar en la comunión de la Iglesia. Por eso, en la tarea de caminar juntos lo primero es ensanchar el corazón.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Domund 2021: No debemos cansarnos nunca de contar lo que hemos visto y oído

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El Domund es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones. La JORNADA MUNDIAL POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS –el Domund— de este año 2021 –que celebramos este fin de semana— es una propuesta de volver a la raíz de nuestro ser misionero: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído». Esta expresión tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles habla del evangelizador, del cristiano, que es la persona que se ha dejado tocar por el dedo amoroso de Dios, capaz de reconstruir lo que en su vida estaba destruido. Ha vivido un encuentro personal. Ha reconocido a su Señor al partir el Pan en la Eucaristía y no puede ni quiere vivir ya sin gustarlo. El apóstol de Cristo es quien ha descubierto que Jesús es ese tesoro escondido, esa perla preciosa, ese amigo, compañero de viaje, por el que vale la pena dejarlo todo y entregarse. Sí, ellos entienden que no pueden dejar de hablar de lo que el Señor ha sido capaz de hacer en sus vidas.

Esta es “una invitación a cada uno de nosotros a «hacernos cargo» y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón“, nos dice el Papa Francisco en su Mensaje del Domund. Esta es, en definitiva, la misión de la Iglesia. La Buena Noticia que hemos experimentado y vivimos como cristianos no es para ser guardada: la vida de Cristo provoca un agradecimiento y una alegría que no se pueden contener. Tu testimonio de cómo el Señor ha tocado tu corazón es importante también para otros. ¡Compártelo! Es lo que hacen, y nos enseñan a hacer, nuestros misioneros y misioneras. Tu también puedes contar lo que el Señor te ayuda para vivir, trabajar, tener esperanza. Además, puedes transmitir a los demás la vida que conoces de la Iglesia, a tantos como buscan sentido a sus vidas. No podemos refugiarnos en nuestra experiencia confortable sin dar testimonio público del valor de Dios, porque somos misioneros y, “el anuncio tiene la prioridad permanente en la misión” (Redemptoris missio, 44). Como recordaba a este propósito otro Papa santo, Pablo VI: “La evangelización debe contener siempre una clara proclamación de que en Jesucristo se ofrece la salvación a todos los hombres” (Evangelii nuntiandi, 27). También él decía que hoy hacen falta más testigos. No olvidemos que a quienes entregan la vida por Cristo, hasta derramar su sangre, les llamamos “mártires”, es decir, “testigos”.

El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). Con esa predilección amorosa del Señor y el asombro que siempre nos sorprende puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en «estado de misión» es un efecto del agradecimiento. Escuchemos los testimonios formidables de los misioneros –tenemos más de sesenta de nuestra diócesis repartidos por todo el mundo— su entrega sencilla pero valiosa y valiente, su alegría en el compartir, dando amor y testimonio de Cristo, que ha dado su vida por amor, por nosotros. Nos ayudará a renovar nuestro compromiso bautismal, a vivir mejor la fe y transmitirla a los demás. No olvidemos compartir nuestros bienes con generosidad con las misiones y los misioneros que están en la vanguardia de la evangelización. Nuestro mundo necesita conocer a Dios, y Dios ha querido necesitar de nosotros para que nuestro mundo le conozca. Por eso, no debemos cansarnos nunca de contar lo que hemos visto y oído.

“La Cruz es Jesucristo que pasa por nuestras vidas”

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Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la eucaristía en la Santa Iglesia Catedral con los símbolos de la JMJ

 

La Jornada Mundial de la Juventud tiene dos símbolos que la representan, la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen, Nuestra Señora Salus Populi Romani. Tradicionalmente ambos peregrinan por las diócesis del país en el que tendrá lugar la JMJ, pero en esta ocasión la organización de Lisboa 2023 ha decidido ampliar el recorrido y han estado dos meses en España.

En la solemnidad de San Rafael ambos símbolos han pasado por Córdoba y el Obispo ha presidido la eucaristía en la Santa Iglesia Catedral. Durante su homilía el prelado ha recordado que esta cruz fue entregada a los jóvenes al término de una JMJ por San Juan Pablo II. Este madreo que ha recorrido el mundo entero ha llevado “la paz y el fruto de la redención”. El paso de la cruz por Córdoba “generará un aumento de fe en los jóvenes” ha apuntado monseñor Demetrio Fernández, quien ha destacado que “la cruz es Jesucristo que pasa por nuestras vidas y que Él ha cambiado este signo de muerte en signo de amor porque no hay más amor en el mundo que el que ha brotado de la cruz”.

El Pastor de la Diócesis ha terminado su alocución aludiendo al icono de la Virgen que “no ha dejado la cruz nunca sola, Jesús y María van juntos siempre”. El Obispo ha recordado a los jóvenes “sois los principales misioneros de los jóvenes” y el afán misionero de la Iglesia es “mostrar el testimonio de mi vida con humildad, una vida en la que Jesucristo ha actuado y me ha cambiado”.

Francisco Daniel, voluntario de la Delegación de Juventud, está viviendo esta visita como “un momento de inmensa alegría”. Se trata de un referente de la Jornada Mundial de la Juventud que “nos prepara para Lisboa 2023”.

Tras su paso por Córdoba los iconos de la JMJ visitarán Granada, Almería, Jerez, Cádiz y Huelva, que será la última Diócesis en la que estarán antes de partir hacia Lisboa. La peregrinación por España empezó el 5 de septiembre y desde entonces han recorrido la Península de norte a sur, de este a oeste, así como las islas.

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Abrir los ojos, para encontrar a Dios en las cosas y en las personas

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Homilía en la Eucaristía del XXX Domingo del Tiempo Ordinario y Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), el 24 de octubre de 2021, en la S.I Catedral.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo -muy amada-, Pueblo santo de Dios, al que pertenecemos todos, también yo y también los sacerdotes;

queridos sacerdotes concelebrantes;

queridos hermanos y amigos:

Casi todos nosotros, cuando fuimos bautizados -éramos muy pequeños entonces-, hay un rito complementario al Bautismo en que el sacerdote toca los ojos del niño, del bebé, y le dice: “Ábrete”, retomando la frase en arameo “Effetá”, que uno de los evangelistas menciona en una de las curaciones de Jesús: del ciego de nacimiento. Por lo tanto, nuestros ojos están abiertos. Y abiertos no en el sentido de que haya sido necesario que Jesús nos los abra para ver las realidades de este mundo, sino abiertos para conocer a Dios, para encontrarLe en las cosas, en las personas, en los acontecimientos, en las circunstancias de la vida; abiertos, para reconocer que Jesucristo es nuestro Redentor y nuestro Salvador, que Él nos conduce a través de nuestra historia con una misericordia y amor infinitos.

Naturalmente que han pasado muchos años desde nuestro Bautismo y, una y otra vez, cuando oímos un Evangelio como éste, le tenemos que decir al Señor: “Ábrenos los ojos de nuevo”, porque hay tantas luces que solicitan nuestra atención, nuestro corazón, nuestro afecto; hay tantas realidades que nos invitan a poner en ellas nuestra esperanza en lugar de ponerla en Ti… En realidad, vivimos como si fuéramos ciegos. Ciegos para conocerTe, ciegos para comprender y acoger Tu amor en nuestro corazón, ciegos para ver como Tú nos abres los ojos y nos permites seguirTe dando saltos de alegría como el ciego del Evangelio de hoy.

Se lo pedimos. Le pedimos que nos abra los ojos. En esta semana pasada, se inauguraba en cada diócesis de la Iglesia Católica el camino sinodal al que el Santo Padre nos ha invitado, que significa, sencillamente –aunque la palabra “sinodal” suena muy solemne”-, que nos acerquemos unos a otros para caminar juntos. No es el designio de Dios que hagamos solos el camino de la vida. Ni siquiera un matrimonio, familia, parroquia, movimiento, comunidad puede caminar sola. Tenemos que caminar juntos. No porque “la unión hace la fuerza”, como dice la gente (también, a veces, hace también la debilidad), sino porque, unidos, respondemos mejor al designio de Dios, que es nuestro Padre, el padre de todos, que nos hace a todos hijos suyos, que nos hace hermanos unos de los otros por encima de las fronteras de las naciones, razas, lenguas divididas por el pecado de los hombres, por encima de cualquier división de clase social. Somos todos miembros de una familia, miembros de un solo cuerpo: el Cuerpo de Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, al que Cristo se une con tal fuerza, intensidad, profundidad, que ya se convierte de Esposa en su mismo Cuerpo, de tal manera que nuestra comunión es el Cuerpo de Cristo en el mundo. Es la posibilidad de que los hombres se encuentren con Cristo en este mundo nuestro.

Yo os invito a que podamos cada domingo, pero también los días que os acordéis y cuando podáis, si pertenecéis a un grupo o a una comunidad, realidad eclesial, que promováis esta espiritualidad, esta actitud fundamental que el Santo Padre ha querido llamar “sinodalidad”. Viene del griego “sin” y “odos”: camino juntos. Esta actitud de querer caminar juntos con los que son distintos, los que no son como nosotros. Vale también para los no creyentes, porque ellos están también en el camino de la vida y a veces al lado nuestro, en la oficina, en el mostrador de la tienda, en el despacho, y poder mostrarles ese afecto en la medida en que lo acepten, por la situación de su vida. No vivir cada uno como en una cápsula, como encerrados en nosotros mismos. Eso nos hace mucho daño. Nos hace un daño radical como cristianos. Deteriora, no os podéis hacer idea hasta qué punto, nuestra experiencia cristiana… Deteriora, al mismo tiempo, nuestra humanidad, porque las dos cosas van unidas. Lo que Cristo ha hecho precisamente es que nuestra humanidad pueda florecer y ser vivida en su plenitud. Por lo tanto, son tres años lo que el Santo Padre ha señalado para que la Iglesia vaya haciendo este camino. Acortar distancias entre sacerdotes y fieles; entre fieles de una realidad eclesial y de otra; fieles de una espiritualidad y fieles de otra; entre sacerdotes, fieles, religiosos; entre mayores y jóvenes, acortar distancias, trabajar juntos, caminar juntos. Sentir al otro como un bien, como un regalo en la vida y no como un obstáculo para realizar mis proyectos. Eso es el camino sinodal en el que todos estamos embarcados. “Es lo que el espíritu dice a las Iglesias”, decía el comienzo del Apocalipsis. El Espíritu nos llama a través de nuestro Santo Padre a ese caminar juntos.

No quería privarme de leeros también… Es hoy el día del DOMUND. Antiguamente, hace muchos años, los niños de las parroquias y colegios llevaban unas huchas y se pedía para el DOMUND. Sigue habiendo en el mundo -desde la Amazonia hasta las islas del Pacífico, desde Australia pasando por el Sudeste asiático y por Vietnam, por el centro de China hasta los círculos polares- millones de personas que no han oído nunca hablar de Jesucristo y que viven descontentos con su propia vida. Se entregan a lo que la publicidad y el mercado les ofrece. Se dan cuenta de que no son más felices. Pero como nunca han oído hablar de Jesucristo no saben de dónde nace esa infelicidad y cómo podrían dar un paso y encontrarla. No porque a partir de ese momento no tuvieran desgracias o enfermedades, envejecieran, todo les fuera bien en la vida. Efectivamente, todo iría muy bien en la vida, porque el corazón encuentra su sitio, porque el corazón encuentra el amor infinito de Dios y sólo eso permite, en cualquier circunstancia de la vida o de la muerte, vivir con humanidad, vivir de una manera noble, grande, digna. Esa es la muerte digna, la muerte de quien se sabe hijo de Dios.

Bueno, pues hoy es el día del DOMUND, día en que las iglesias del mundo entero pedimos ayuda económica, pero, sobre todo, sentido de comunión y ayuda para los lugares donde no ha llegado todavía el anuncio de Jesucristo, que son muchos en el mundo.

Me lo han leído esta mañana y a lo mejor algunos de vosotros ya lo conocéis, pero me ha parecido el mejor pregón del DOMUND un pregón que ha hecho Pepe Rodríguez, un cocinero famoso de MasterChef y que ha hecho en la Catedral de Toledo este año el pregón del DOMUND. Es muy cortito y os lo voy a leer. Está lleno de buen humor, de gracia y de verdad: “Hace algún tiempo, en una entrevista, me preguntaron quién es Dios para mí. Me gustaría recordar ese evangelio que nos cuenta cómo, en cierta ocasión, la gente seguía a Jesús y le escuchaba con tanto interés que ya iba a caer la tarde y estaban en un lugar apartado. Y mientras los discípulos sugieren que cada cual se busque la vida, Jesús va y dice: ‘Dadles vosotros de comer’. Y así, con cinco panes y dos peces, Jesús da de comer a una multitud. Es más, sobraron doce cestos de pan. ¡Eso es cocina de aprovechamiento! Creo que los misioneros podrían ser los discípulos que siguen oyendo ese ‘dadles vosotros de comer’ y, en lugar de escaquearse, dicen: ‘¡Oído, cocina!’. Personas normales y corrientes como yo, como cualquiera que no escurre el bulto, sino que se fían del Jefe de cocina que les llama a la tarea de dar de comer y repartir el pan. Un pan que tiene mucho que ver con el amor, manifestado en múltiples formas: en escucha, en comprensión, en compartir el dolor, en ánimo, en aliento; y también en acciones como construir una escuela, un dispensario, un comedor; pero, sobre todo, del modo más desbordante, en el ofrecimiento a los demás de un Dios que no sólo da de comer, sino que se ha hecho alimento para quien quiera recibirle.

En esa entrevista a la que me refería antes pude decir que comulgar es lo que más me alimenta. En el mundo en el que yo trabajo, los valores son fundamentales. Pero, de un modo especial, en los misioneros vemos la importancia de la entrega a lo que apasiona. Y los misioneros, sienten una pasión por Jesús y una pasión por su pueblo. Por eso, lo dan todo, se dan ellos mismos. En el caso de los misioneros, ese compañerismo tiene un nombre específico: ellos no van por libre, sino siempre integrados en un equipo de cocinas, que es la Iglesia”.

Un nombre precioso para la Iglesia: “equipo de cocina”, una “multinacional de la comunión”, sí.

“Los misioneros suelen ser la mejor prensa de la Iglesia. A mí me admira tanto un misionero como un chaval joven vestido de sacerdote. Cuando le veo, digo ‘qué ejemplo me da, ha dejado todas sus pasiones, su bienestar, su familia, sus aspiraciones terrenales, para entregar su vida. Hoy ponemos el foco en las vocaciones de los misioneros y hay que alabarlo. Pero no miremos de reojo a lo que tenemos aquí, hay muchos misioneros que no salen de España.

Hay que decir que los misioneros tienen como Jefe de Cocina al mejor Chef del mundo. Un Chef que se da a conocer en Caná, en un banquete de bodas, pero, además, como sumiller. Un Chef que no pierde de vista el punto de sal, hasta tal extremo que pide a sus discípulos que seamos la sal de la tierra. Un Chef que organiza banquetes de bodas, bautizos y comuniones, hasta para celebrar que vuelva a casa un hijo calavera, como, por ejemplo, cualquiera de nosotros. A este Chef, que hace de piedras pan, le han salido unos pinches aventajados en los misioneros, que, con unos medios irrisorios, consiguen resultados que ni logran, ni pueden explicarse los Gobiernos ni las instancias internacionales. Justo a este Jefe de Cocina es al que los misioneros dijeron en su momento y cada día: ¡Sí, Chef!

Hay dos rasgos más de los misioneros. El primero es el valor del ejemplo. En lugar de leer una receta en voz alta, los misioneros, simplemente, cocinan en medio de todos; y quienes los ven, se fijan, captan un modo de ser. El segundo rasgo es el contacto con la realidad. Estamos saturados de escuchar ideas. Sin embargo, los misioneros no hablan de oídas ni elaboran teorías. Si en el mundo hay fango, ese fango que muchas veces no queremos ver y que se llama falta de sentido, pobreza, incultura, hambre, ellos se manchan hasta las cejas; y si hay motivos de alegría, lo celebran con todos.

Permitidme que mis últimas palabras os las dirija directamente a los misioneros y misioneras. Vosotros fuisteis a países lejanos a contar lo que habéis visto y oído en vuestro corazón. Os diría que merecéis no una, sino varias estrellas, pero, como sé que no buscáis reconocimientos, os voy a decir algo que os gustará más: ¡os queremos en nuestro equipo! Así que, misioneros, ¡a cocinar! Y todos nosotros, para ayudaros, ¡al DOMUND!”.

Es precioso. Sencillamente. Vamos a seguir la Eucaristía. Aquí normalmente las colectas las enviamos a las Iglesias de Jordania y de Irak, para ayudar a los refugiados cristianos. Hoy, en todas las iglesias, en todo el mundo, es para ayudar a los misioneros. ¡Vamos a comer!

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

24 de octubre de 2020
S.I Catedral de Granada

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“Acudir a san Rafael es una necesidad para el progreso”

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El obispo de Córdoba ha oficiado la misa en honor al Custodio de la ciudad el día de su festividad, en la Iglesia del Juramento

 

La ciudad de Córdoba ha rendido culto a san Rafael en el día de su festividad con la celebración de la santa misa que, como ya es tradicional, ha presidido el Obispo, monseñor Demetrio Fernández, y han concelebrado miembros del Cabildo Catedralicio.

En su homilía, el pastor de la Diócesis ha recordado cómo la ciudad de Córdoba “vibra con san Rafael” en el día de su fiesta y es un día para “darle gracias por haber estado pendiente de todos para protegernos”, especialmente en este tiempo de pandemia en el que “hemos sufrido mucho”. “San Rafael se muestra como el Custodio de Córdoba, el que protege la ciudad y los cordobeses saben que san Rafael ha estado como protector durante todo este tiempo”, ha asegurado.

Haciendo alusión al Libro de Tobías y la presencia de san Rafael en su vida, el  Obispo ha instado a los fieles a recurrir al Custodio para que siga protegiendo en la ciudad a las familias, a los enfermos, a los niños y a los jóvenes en su caminar. “San Rafael es medicina de Dios”, ha aclamado.

Asimismo, monseñor Demetrio Fernández ha felicitado a la Policía en el día de su fiesta y ha pedido especialmente por ellos y su servicio a la sociedad, así como por el Club de Fútbol de la ciudad y por todos los cordobeses para que “san Rafael nos libre de esta pandemia y con la protección de él salgamos de esta prueba que ha sido muy dura”. “Hoy queremos darle gracias al Custodio y pedirle por la prosperidad de la pandemia y que saliendo de la pandemia mire al futuro con esperanza y con tantos bonitos proyectos, que haga que la ciudad pueda crecer no solo en el aspecto material y social, sino que crezca nuestra ciudad en el conocimiento de Dios, en el acercamiento a Dios y en la vivencia de esta relación con san Rafael, que viene especialmente a hablarnos de Dios y a decirnos que Dios no es un estorbo, es una necesidad para el progreso”, ha expresado.

Durante el día, el templo ha acogido la visita devota de los cordobeses que durante todo este tiempo de pandemia han invocado su protección.


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El nuncio traslada la cercanía del Papa a los seminaristas

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El nuncio de Su Santidad el Papa en España, Mons. Berdardito Auza, ha iniciado la última jornada de su visita a la Diócesis de Cartagena reuniéndose con los seminaristas. A las 8:30 horas comenzaba el rezo de Laudes en la capilla del Seminario San Fulgencio, presidido por el nuncio, acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; así como por el rector y formadores de los seminarios San Fulgencio y San José, y el rector y los formadores del Seminario Redemptoris Mater.

El nuncio a alentado a los jóvenes que se forman en los tres seminarios diocesanos y les ha trasladado la cercanía especial del Papa, así como su preocupación por la formación de los seminaristas. «Seréis los sacerdotes del mañana», les ha dicho el nuncio, asegurando que tendrán que vivir su ministerio, a imagen del Buen Pastor, en medio de una «sociedad líquida, en cambio constante»

Mons. Auza ha asegurado que no podía abandonar la Región sin reunirse con los seminaristas, porque el seminario «es el corazón de la Diócesis, de la Iglesia local».

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Mons. Asenjo presidió la Misa de Hermandad del Gran Poder en la Parroquia de la Blanca Paloma

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Mons. Asenjo presidió la Misa de Hermandad del Gran Poder en la Parroquia de la Blanca Paloma

Con motivo del Año Jubilar de la Hermandad del Gran Poder, el arzobispo emérito de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, presidió la tarde de este viernes la Misa de Hermandad en la Parroquia de la Blanca Paloma.

La Eucaristía, con la presencia de la imagen de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, el hermano mayor honorario, monseñor Asenjo,  recordado en primer lugar a San Juan Pablo II, a quien definió como “uno de los Papas más grandes de la historia. Un hombre seducido por Cristo, un enamorado del Señor”.

En su homilía destacó la gran repercusión que ha tenido el Jubileo en el resto del mundo y ha animado a todos los asistentes a seguir el ejemplo de Jesús, el de un hombre que “iba por la vida mirando, percatándose del dolor de sus hermanos (…) Nosotros, los cristianos, tenemos que saber ser también ‘el Hombre de los ojos grandes’ como lo era Cristo”.

Mons. Asenjo pidió por este “gran acontecimiento de gracia y conversión para que toque nuestros corazones y  nos encontremos con el Señor”.

Agradecimiento

El arzobispo emérito agradeció tanto a la hermandad del Gran Poder como a la Parroquia de Blanca Paloma por la organización e implicación, en concreto por “la gran acogida que se está dando a todos los peregrinos que vienen a postrarse delante del Señor” y animó tanto a las demás hermandades como al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, presente en la celebración, a “no abandonar las zonas más apartadas de la ciudad”

Este domingo, el cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Amigo Vallejo, presidirá una solemne Eucaristía, en la parroquia de Ntra. Sra. de la Candelaria  a las doce y media.

Galería fotográfica de la ceremonia.

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El nuncio se muestra cercano a los lorquinos

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Mons. Bernardito Auza recorrió el sábado por la tarde la ciudad de Lorca para conocer de primera mano la reconstrucción de la ciudad tras los terremotos de 2011.

La parroquia de la patrona de Lorca, Nuestra Señora la Real de la Huertas, fue la primera parada que hizo, en la tarde del sábado, el nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza. Allí realizó una oración ante la imagen de la Virgen, a quien conoció de cerca, desde su mismo camarín, y firmó en el libro de honor del templo.

La siguiente parada fue en el ayuntamiento de la Ciudad del Sol, donde el alcalde, Diego José Mateos, le enseñó el edificio, parándose unos minutos ante una capilla oculta, con una imagen de la Virgen, que se encuentra en la sala de cabildos. Tras esto, dejó su rúbrica en el libro de honor y fue obsequiado con un libro de la Semana Santa lorquina.

Su visita continuó en la Colegiata de San Patricio, donde se interesó por las distintas advocaciones y devociones presentes allí; así como por los daños causados por los terremotos del 2011 y la reconstrucción realizada después.

El nuncio estuvo acompañado en todo momento por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el vicario de zona, Francisco Fructuoso; y el primer consejero de la Nunciatura, Mons. Daniele Liessi, que viaja con él. A mitad de tarde se unieron el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico, y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil.

Una de las iglesias más afectadas por los seísmos de hace una década fue el templo de Santiago Apóstol, que también conoció Mons. Bernardito Auza el sábado por la tarde. El párroco, Eduardo Sánchez, le explicó la situación previa y posterior a la catástrofe, con fotografías y un recorrido por el edificio.

«Hemos querido que viera cómo ha quedado la reconstrucción de los templos y de toda la ciudad, lo que no sabemos es cómo quedó el terremoto en cada uno de los que vivís aquí; el daño interior, el sufrimiento…». Con estas palabras el obispo de la Diócesis de Cartagena se dirigió a los fieles que allí se reunieron para acoger al nuncio.

La visita finalizó con el rezo de Vísperas en la iglesia de San Mateo. El nuncio apostólico se mostró cercano a los lorquinos y a su sufrimiento: «La solidaridad que desde el amor habéis experimentado en Lorca es expresión de esta sinodalidad, de este estar juntos caminando en la vida. Por eso, en estas vísperas solemnes en las que recordamos el dolor y vemos los frutos obtenidos hasta aquí por la esperanza, pedimos al Señor por los que perecieron. Le damos también gracias por cuantos nos han ayudado y aprendemos también la necesidad de estar más juntos, sobre todo cuando la cruz es más pesada, pero que los cristianos sabemos que es siempre fecunda».

Galería de imágenes

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“Cuenta lo que has visto y oído”, Carta Pastoral de Mons Francisco Jesús Orozco para el Día del Domund

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“Cuenta lo que has visto y oído”, Carta Pastoral de Mons Francisco Jesús Orozco para el Día del Domund

 

«Cuenta lo que has visto y oído» (Hch 4,20)

DOMUND 2021

El mes de octubre es el mes misionero por excelencia y el 24 de octubre el domingo mundial de las misiones, el DOMUND. Este año con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”, recordamos que nuestra misión bautismal es anunciar el Evangelio y trabajar por el Reino de Dios. Es vivir lo que nos dice el apóstol San Pablo: “Evangelizar no es gloria para mí, sino necesidad”. “¡Ay de mí si no evangelizara!” (1ª Cor 9,16).

En este tiempo duro de pandemia hemos experimentado la necesidad de Dios inscrita en la vida y en el corazón de las personas, que necesitamos encontrar palabras de Vida eterna. El ser humano descubre en sus heridas el anhelo de Dios. Esta necesidad de la presencia de Dios puede ser reconocida en el interior del hombre, porque, como decía Agustín con una expresión muy conocida: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Somos “homo viator” (persona en camino), conocedores de la gracia recibida por nuestro bautismo, experimentada en ese encuentro con Cristo Resucitado, que nos impulsa a salir de nuestra zona de confort para anunciar de una manera explícita a Jesucristo y este crucificado, como hicieran los apóstoles (Cfr. 1Cor 1,23). La vacuna que más necesita hoy nuestro mundo se llama Jesucristo y la Iglesia misionera está llamada a ser el “hospital de campaña” donde todos la encuentren.

Como dijera Pablo VI y nos repite constantemente el magisterio eclesial, el fin último de la Iglesia es la evangelización, es la misión: «Ella existe para evangelizar» (Evangelii Nuntiandi, 14). Y nosotros, cada uno desde el lugar que tiene en la Iglesia y con los dones y carismas que ha recibido, ha de ser misionero, es decir, está llamado a hacer visible el amor que Dios le regala en su vida, a contar lo que ha visto y oído. Nos lo recuerda el Papa Emérito Benedicto XVI, en su encíclica Deus Cáritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Esa Persona no ha de quedar escondida para nuestro bien, eso es egoísmo. Como nos dice el papa Francisco, de igual manera que Dios se proyecta en la donación de su Hijo para salir a redimir al mundo, se nos pide que colaboremos en la creación de «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Fratelli Tutti, 36). El Amor con mayúsculas es quien nos impulsa en esta tarea «Quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Evangelii Gaudium, 279).

En esta tarea de una manera visible y clara, están nuestros queridos misioneros. Ellos han dejado su tierra para anunciar a Cristo, han dejado casa y familia para anunciar el Reino de Dios en tierra lejanas. Aquello que han visto y oído en la Iglesia, en sus familias, en sus pueblos, en su corazón, lo comparten con las personas que encuentran en las comunidades que atienden. Llevan en su interior el deseo de contar lo que han visto y oído (Cfr. Hch 4, 20).

El DOMUND se nos presenta como una manera de visibilizar y hacer presente la labor evangelizadora que la Iglesia realiza en los territorios de misión. Las Obras Misionales Pontificias son el instrumento del Papa para la misión, por eso, esta campaña imperada por la Iglesia, tiene unos fines muy concretos: 1. Iniciar a los fieles en la “contemplación” del rostro de Dios, en el que se reflejan los rostros de los más pobres y necesitados. 2.Promover entre los fieles una sensibilidad y predilección hacia los que, aun sin saberlo, buscan conocer y ver a Jesús. 3. Participar en las actividades organizadas por las comunidades eclesiales con motivo de la celebración del DOMUND. 4. Colaborar con una generosa aportación económica para atender las necesidades materiales de los misioneros y de las misiones. 5. Intensificar la oración y el sacrificio por las vocaciones misioneras de sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos.

Nuestros sacrificios, oración y generosa colaboración económica son una excelente forma de unirnos a nuestros misioneros y compartir sus misiones, de participar en su servicio a la fe, lleno de dificultades, de vivir nuestra identidad bautismal misionera. Esta diócesis os tiene en cuenta, queridos misioneros. Siempre en comunión afectiva y efectiva con vosotros. También agradecemos los trabajos de nuestro delegado de misiones. Fomentemos las vocaciones misioneras. Que nuestra plegaria sea constante al Señor “para que envíe trabajadores para su cosecha» (Lucas 10,2).

En la fase diocesana del sínodo, hemos de reflexionar sobre nuestra manera de evangelizar y atender las tareas pastorales que estamos realizando en nuestra Diócesis. Trabajemos para que siempre estén abiertas a las necesidades de la Iglesia universal. Nuestra tarea como presbíteros, consagrados y laicos es el evangelio con pies de discípulos misioneros. Cada uno en el lugar al que Dios le ha llevado y teniendo en el corazón siempre a toda la Iglesia.

Pidamos la intercesión de la Santísima Virgen y, en este año Josefino, del glorioso patriarca San José, para que custodie nuestros proyectos y nos haga testigos misioneros en cada rincón de nuestra casa común.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

 

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Santa Misión 2021- Programación del domingo 24 de octubre

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11:00 h: Jubileo Catequesis Despertar Religioso y Primer año de Síntesis de Fe (1ª Comunión).

12:30 h: Eucaristía Solemne. Preside el cardenal Amigo Vallejo, arzobispo emérito.

18:00 h: Peregrinación Asociación Fieles San Francisco Javier.

19:00 h: Peregrinación Hermandad de  Santa Genoveva.

20:00 h: Jubileo de la Evangelización y Catequesis.

 

Mas información en https://www.gran-poder.es/

 

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