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10 OCTUBRE 2021. La Hermana Glenda en concierto, en Cristo del Calvario (Marbella)

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El domingo 10 de octubre, a las 17.00 horas, tendrá lugar en la parroquia del Santo Cristo del Calvario (Marbella) un concierto de la hermana Glenda que quedó pospuesto por la pandemia, pues estaba previsto celebrarse el 29 de marzo de 2020.

La cantautora de música católica contemporánea guiará un espacio de música y adoración a Jesús, cuya entrada es gratuita y al que se podrá asistir hasta completar aforo, siguiendo las medidas de seguridad vigentes. 

La Hermana Glenda

Glenda Valeska Hernández Aguayo nació en Parral el 5 de enero de 1971. Sus padres, Erasmo Hernández Troncoso y Graciela Aguayo Sobarzo, eran profesores. Fue la segunda de cuatro hermanos. Su madre la bautizó a los dos años, a escondidas del padre porque él no creía en Dios ni en la Iglesia. Estudió primaria en el Colegio de la Providencia, el colegio público escuela Nº7 y en el Colegio María Auxiliadora en la ciudad de Linares, Chile, ambos colegios católicos dirigidos por Religiosas. La secundaria la cursó en el Liceo B 27 de la ciudad de Linares, Chile. En 1985, Glenda, tuvo sus primeros acercamientos a Dios y a la Iglesia Católica al cantar en la misa de la Catedral de su ciudad. Poco tiempo después de ganar una Biblia en un festival diocesano de música tuvo su primer encuentro con la persona de Jesucristo. De inmediato se fue a evangelizar a una cárcel de mujeres y barrios marginales de su ciudad, teniendo solamente quince años.

Después de su experiencia en la cárcel de mujeres y en los barrios marginales comienza en Glenda la inquietud por la vocación misionera. Un domingo, Glenda recibe una hoja dominical donde pudo observar varias direcciones de comunidades religiosas, a las cuales les escribió y recibió varias respuestas. Sin embargo, conoce a las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, quienes la llevaron a participar en varias actividades misioneras que ellas realizaban en las zonas rurales de la diócesis de Linares, Chile. Es en 1988 cuando decide convertirse entrar a las Hnas de la Consolación, dejó a su novio, su inicios universitarios y a su familia.

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Dani Cuesta sj, jesuita y cofrade en el Congreso Internacional

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Daniel Cuesta SJ es sacerdote jesuita, segoviano, licenciado en Historia del Arte y cofrade. Autor de numerosos libros sobre religiosidad popular, ha sido uno de los 300 participantes del IV Congreso de Hermandades y Cofradías que se clausuró el pasado domingo en Málaga, donde aportó su visión de la representación de la Semana Santa en España en una de las mesas redondas.

Jesuita, segoviano y ¿cofrade? ¿De dónde le viene?

-Mi experiencia cofrade va muy ligada a mi vida de fe, porque desde muy pequeñito sentí una gran pasión por la Semana Santa, que me fue acercando poco a poco al Señor, y esto unido a mi vivencia de la parroquia, de la educación en el colegio, fue haciendo madurar mi fe y mi experiencia de Dios y me ha llevado hasta la vocación de jesuita que es lo que soy hoy.

¿Cómo es la mirada de la Iglesia institucional hacia las cofradías, y la de las cofradías hacia la Iglesia?

Ha ido cambiando en los últimos años. Hasta hace poco era una mirada de sospecha mutua, pero desde hace un tiempo, es una mirada que está descubriendo, como dice un sacerdote de Salamanca, que estamos en un camino sinodal, que estamos caminando juntos en un mundo cada vez más secularizado, que los dos queremos anunciar a Jesucristo, que nos necesitamos y complementamos y que las cofradías somos Iglesia y la Iglesia necesita a las cofradías.

¿Qué vivencias tienes de fe honda en el seno de las cofradías?

Una experiencia reciente ha sido la de mi primera misa, el pasado 29 de junio, que celebré en mi parroquia y fue muy cofrade. Participó la banda, toda la feligresía, muy impregnada de ese ambiente de la religiosidad popular. Fue algo muy importante, no solo por ser mi primera misa, sino porque mucha gente vio que se podía vivir la fe de una manera profunda desde la religiosidad popular.

¿Cuál es el deseo con el que escribes tus libros sobre religiosidad popular?

En mis libros he abordado este fenómeno desde dos perspectivas: una, más histórica, en la que defiendo que tenemos que ahondar en el pasado de nuestras cofradías y nuestra Semana Santa para poder entenderla y así encarar el presente y el futuro; y otra más pastoral, que es la de explicar qué se vive dentro de una cofradía, cuáles son sus luces, cuáles son sus sombras, para aquellos que están dentro del mundo cofrade y para aquellos que no lo conocen.

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Personas de la política, la economía, lo social y la cultura debaten sobre la vida pública

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Málaga acoge estos días las reuniones del grupo de reflexión que conforma el trabajo de las Semanas Sociales, un instrumento de la Conferencia Episcopal Española con más de un siglo de antigüedad para promover la Doctrina Social de la Iglesia, y que centra su mirada, hoy, en la regeneración de la vida pública. Su primer encuentro ha contado con la presencia de Sebastián Mora, miembro de la Junta Nacional de las Semanas Sociales.

Entre este mes y el que viene se están celebrando en distintas diócesis españolas una serie de encuentros de reflexión en el marco de las Semanas Sociales. Su objetivo: conocer, difundir y aplicar la Doctrina Social de la Iglesia a los retos que plantean los signos de los tiempos. En algunos lugares ya han comenzado los grupos de reflexión, y aquí en Málaga el primer encuentro tuvo lugar en la mañana del sábado 25 de septiembre en el Centro Superior de Estudios Teológicos «San Pablo». El tema central era la vida pública y su regeneración, en el marco del documento elaborado por la Junta Nacional.

José Miguel Santos, coordinador de esta Jornada a nivel diocesano, explica que «las personas que forman el equipo de deliberación en la Diócesis de Málaga están vinculadas al ambito económico, al social, al político y al cultural: Su celebración es importante por la necesidad de revitalizar un espacio público que a veces es débil, frágil, sesgado y, en muchas ocasiones, hasta fragmentado. y creemos que también lo religioso, que a veces se cierra a la conciencia de lo privado, puede aportar luz y creatividad a todo aquello que acontece en la vida pública».

Lo recogido en el trabajo de este equipo se compartirá junto al resto de experiencias de otras diócesis, en el Congreso final previsto en Sevilla, del 25 al 27 de noviembre.

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El Papa muestra su cercanía y solidaridad con los afectados por la erupción del volcán en La Palma

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El papa Francisco ha expresado este domingo su cercanía y solidaridad con los afectados por la erupción del volcán de la isla de La Palma. El Santo Padre envió este mensaje a todos los palmeros con motivo de habitual rezo de la oración mariana del Ángelus y lo compartió con todos los fieles presentes en la Plaza de San Pedro desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano:

“Envío mi cercanía y solidaridad a todos aquellos que han sido golpeados por la erupción del volcán en la isla de La Palma, en Canarias, España. Me uno a todos aquellos que han sido forzados a abandonar sus hogares, y por todos ellos rezamos a la Virgen de estas tierras, venerada como la Virgen de las Nieves”.

El presidente del Cabildo de La Palma agradeció en su cuenta de Facebook las palabras del obispo de Roma. «Gracias al Santo Padre Francisco por acordarse de nuestra isla. En estos momentos de tanta incertidumbre se agradece que el Papa tenga en su oración a los palmeros».

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“En el corazón de Dios todos tenemos un lugar”

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Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la eucaristía de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en la Santa Iglesia Catedral

 

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha celebrado la Jornada Mundial del Migrante con la Delegación de Misiones con una eucaristía en la Santa Iglesia Catedral. En su homilía el prelado ha destacado que “en el corazón de Dios todos tenemos un lugar seamos del color que seamos, de la edad o de las ideas que cada uno tenga”. “El corazón de Dios es inclusivo, no es excluyente de nada ni de nadie” ha señalado el Obispo y ha apuntado que “la inclusión no es una moda de nuestra época sino que responde a una cualidad del corazón de Dios”.

Ha continuado su alocución incidiendo que “en nuestro corazón humano somos excluyentes y hay incluso exclusiones muy generalizadas en nuestra sociedad”. “Jesús, sin embargo, nos invita a ser de corazón ancho y acoger a todos” ha destacado monseñor Demetrio Fernández.

El Pastor de la Diócesis ha terminado su homilía pidiendo “que toda persona que salga a mi encuentro sea un tú, que todos los migrantes sean para todos una llamada fuerte”. “La actitud del cristiano es no excluir a nadie y aceptarlos como bienvenidos porque los necesitamos” ha añadido.

Tras la eucaristía los asistentes han salido al Patio de los Naranjos acompañados del Delegado Diocesano de migraciones, Manuel Vida, y se ha leído un manifiesto con parte del mensaje que el Papa Francisco ha publicado este año para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. El Obispo ha terminado el acto con una oración y ha dado por clausurada la exposición “Punto y seguimos. La vida puede más”, promovida por el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones a través de la Sección de Trata de Personas, que ha estado instalada en el Patio de los Naranjos durante el mes de septiembre.

El lema de este año para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado ha sido “Hacia un nosotros cada vez más grande” y el objetivo es tomar conciencia de la situación del mundo actual ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que se ofrecen de cara al futuro.















































 

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“Nuestra diócesis está acostumbrada a acoger a los migrantes, pero tenemos que abrir aún más nuestro corazón”

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En la mañana del domingo, 26 de septiembre, el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, presidió, en la Catedral de Cádiz, la ceremonia de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021. 

Bajo el lema Hacia un nosotros cada vez más grande, el objetivo de esta edición es tomar conciencia de la situación del mundo en el que vivimos ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro.

La ceremonia, a la que asistieron migrantes que residen en la diócesis, algunos de ellos ataviados con la vestimenta típica de su país, y agentes y voluntarios de la pastoral diocesana de migraciones, estuvo amenizada con cantos y bailes típicos africanos.

El obispo diocesano comenzó su homilía teniendo un especial y cariñoso recuerdo con el director del Secretariado Diocesano de Migraciones, Gabriel Delgado, quien no pudo asistir por encontrarse enfermo. “Echamos de menos al Padre Gabriel que está enfermo y al que encomendamos muy especialmente en esta Santa Misa”.

Haciendo referencia al lema de la jornada, Mons. Zornoza aseguró que “tenemos que caminar juntos para hacer un nosotros más grande. En lugar de centrarnos en nosotros mismos, como es típico de las sociedades egoístas e individualistas, tenemos que abrir los ojos y el corazón. Los ojos a la luz de Dios, para mirar con mirada sobrenatural las cosas que suceden en el mundo; y el corazón para acoger y amar”.

El prelado hizo también hincapié en la importancia de la caridad como cristianos. “Con nuestra caridad debemos intentar llegar lo más lejos posible. Nuestra caridad influye en el compartir los bienes, en el trabajo por los demás y en hacer entre todos un mundo mejor, intentando cambiar las estructuras”.

Asimismo, Mons. Rafael Zornoza afirmó que “la Iglesia nos llama a hacer un nosotros cada vez más grande, a superar nuestras debilidades, nuestras pasiones, pedir perdón por nuestros pecados y ver al otro como Dios le ve, intentando siempre hacer el bien. Pidamos al Señor que seamos capaces de ensanchar nuestro corazón y vivir este ‘nosotros’ grande. Y demos gracias a Dios por todos los que trabajan por los migrantes. Ojalá nuestra sociedad, en especial nuestros gobernantes, despierten y sean capaces de buscar las medidas oportunas para que el fenómeno migratorio sea bien dirigido, atendiendo al bien de las personas y al servicio de los pueblos, consiguiendo una sociedad más humana, más justa y más fraterna”.

Por último, durante las peticiones, los agentes y voluntarios de la Pastoral de Migraciones pidieron por todas las personas migrantes, por aquellos que perdieron la vida durante su camino, por los enfermos, entre ellos el P. Gabriel, y por los llegados a Ceuta durante la crisis político-migratoria del pasado mes de mayo.

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“Potenciaremos los grupos de vida a modo de pequeñas comunidades cristianas en medio de la sociedad actual”

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Luis Sánchez ha sido elegido nuevo presidente de Acción Católica General en Córdoba

Después de muchos años trabajando por ACG, ahora se sitúa en primea línea como presidente, ¿Cómo afronta esta etapa?

Son más de catorce años trabajando desde la Comisión Diocesana con distintos cargos dentro de la misma. Ahora, ha llegado el momento de dar un paso al frente por todos los que me han traído hasta aquí y por todos los que aún no conocen la ACG y sus frutos. Por lo tanto, afronto esta etapa con mucha ilusión y compromiso.

Esta nueva etapa es una oportunidad de devolver a ACG todo lo que me ha dado a lo largo de estos años. Nunca será suficiente para agradecer lo que he vivido junto a mi familia en ACG. Doy gracias a Dios por darme esta oportunidad.

En todos estos años de vínculo con ACG, ¿ha crecido su sentido de pertenencia a la Acción Católica General?

Por supuesto, el mío y el de todos los que se han acercado en alguna ocasión a la ACG y que se sienten parte de ella. La ACG es algo tan simple y complicado a la vez, que todo aquel que la “vive” una vez, queda marcado.

Tras las siglas ACG podemos descubrir un estilo de vida, el de los laicos que trabajan alrededor de una Parroquia, sea cual sea su carisma, asociación o movimiento al que pertenezca. La ACG se puede definir como la asociación que articula a todos estos laicos.

En este estilo de vida tiene cabida toda la familia toda la vida, es decir niños, jóvenes y adultos con un itinerario de acompañamiento específico para cada edad y que dura toda la vida…

¿Cómo fueron sus inicios? ¿Cuáles son los principales cambios que ha observado en todo este tiempo?

Mi andadura en ACG comenzó a través de una invitación que nos hace (a toda la familia) el sacerdote de nuestra Parroquia a participar en unos campamentos tras la Primera Comunión de nuestra hija mayor, Teresa. Aquel “SI” fue definitivo y nos llevó a multitud de vivencias de Fe dentro de la Iglesia y la Parroquia al amparo de las siglas ACG, de manera que hoy continúa su efecto…

Los cambios han sido notables, entre los que puedo destacar: la apertura de ACG a todas las Parroquias de la Diócesis, renovación generacional y una estrecha comunión con la Iglesia Diocesana.

¿Por dónde camina ahora ACG? ¿Cuál es la disposición de los más jóvenes?

Desde mi punto de vista, muy prometedora. Existen diversos grupos de jóvenes que cuentan, a pesar de su juventud, con una gran andadura en ACG, van creciendo y nos muestran sus inquietudes e ideas. Pretendemos darle protagonismo y responsabilidades para que sus deseos y solicitudes se conviertan en realidades.

¿Cómo describiría la vida de ACG para quien no la conozca?

ACG no es una asociación más, tiene vocación diocesana, de pertenencia a la Iglesia, articulando el funcionamiento de los laicos de Parroquia que trabajan alrededor de misma, independientemente del carisma, movimiento o asociación a que pertenecen.

La tarea principal es ayudar a todos los bautizados a llevar una vida cuyo modelo es el evangelio, en todas sus realidades, familia, trabajo, amigos, con un marcado sentimiento pertenencia a la parroquia. En definitiva, coherencia Fe – Vida.

Desde ACG se ofrece una propuesta de forma de vida, para que todos los bautizados se puedan asociar y lograr ser testigos que anuncian el evangelio en nuestra sociedad. El lugar natural del encuentro y acompañamiento es la Parroquia.

En los grupos de vida de parroquia se comparte la fe y se revisa la vida, mediante un itinerario de formación que guía, por medio de un proceso, toda nuestra vida

La única condición necesaria para pertenecer a un grupo de vida es querer profundizar en la fe, querer encontrarse con Cristo.

¿Cuál es la meta para los próximos años al frente de ACG-Córdoba?

Son muchas las tareas a desarrollar. En los últimos años hemos trabajado mucho en la difusión y conocimiento de la ACG en toda la Diócesis. Aunque continuaremos trabajando con esta expansión a todas aquellas Parroquias que lo deseen, también queremos consolidar y potenciar los grupos de vida existentes en muchas Parroquias, para que vivan a modo de pequeñas comunidades cristianas en medio de la sociedad actual

Existe la necesidad de una estructura estable, una organización mínima aprovechando la estructura propia de la Iglesia Diocesana para dar estabilidad y continuidad a este proyecto que tantos frutos ha dado a lo largo de su historia y que deseamos que los siga dando. Todo ello gestionado por los laicos que participen bajo las directrices de los planes pastorales de la Diócesis.

Seguiremos trabajando en la formación de los laicos a través de la Escuela de Acompañantes, para ello contamos con un material de acompañamiento, por fin completado, para acompañantes y acompañados. Comprende un itinerario de formación para infancia, jóvenes y adultos. Para toda la vida, para toda la familia…

También queremos iniciar el trabajo por coordinadoras, en los tres sectores, para ello invitaremos a todos los laicos de totas las parroquias que deseen formar parte de éstas. Una vez constituidas estas coordinadoras tendremos una presencia más real de las líneas de actuación para un futuro a medio y largo plazo. Fruto de estas coordinadoras y consecuencia de ello, pretendemos realizar un censo real de laicos pertenecientes a ACG que nos conduzca a una autosuficiencia económica

Son muchos los objetivos y pocos los medios, humanos y materiales, por ello necesitamos el impulso de los laicos de nuestra Diócesis.  ACG no es un capricho, es una necesidad.

 

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Luis Sánchez nuevo presidente de Acción Católica General en Córdoba

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Ha sido elegido en la Asamblea Diocesana que se ha celebrado este domingo, 26 de septiembre, en el Obispado

Luis Sánchez Montero ha sido elegido presidente de la Acción Católica General en Córdoba en la Asamblea Diocesana que se ha celebrado en el Palacio Episcopal. Luis sustituye en el cargo a Salvador Ruiz que ha ocupado el puesto los últimos ocho años. Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la Asamblea y en su intervención ha resaltado que los laicos y los seglares en la vida de las parroquias son “abundantísimos”. La Acción Católica está “dirigida, presidida y articulada por los laicos” ha apuntado el prelado. Ha animado a los laicos de la ACG a “despertar y ponernos en marcha para este curso que comenzamos” y les ha recordado que “hay mucha tarea por delante que realizar”. Monseñor Demetrio Fernández ha terminado su intervención agradeciendo al presidente saliente, Salvador Ruiz, su servicio durante los últimos ocho años, que “ha cumplido con creces”, y al nuevo, Luis Sánchez, le ha dado la bienvenida y le ha agradecido la “generosidad” de aceptar el cargo, además le ha pedido que “no tema porque entre todos esto irá adelante”.

Jesús Poyato, consiliario diocesano de la Acción Católica General, ha recordado que la Acción Católica es el laicado de la parroquia organizado en torno a su párroco y al Obispo en el itinerario de “maduración cristiana” que comprende desde los niños hasta los adultos. La implantación de la Acción Católica en la Diócesis se ha debido a la buena acogida del laicado en las parroquias, al impulso de los sacerdotes, pero sobre todo se ha podido llevar a cabo por “el inmenso impulso de nuestro Obispo, que ha apostado muy firmemente por la ACG en nuestra Diócesis”.

Durante la Asamblea Salvador Ruiz ha presentado el material de formación diocesano que se ha elaborado este año y la programación del nuevo curso pastoral a los seglares de los grupos parroquiales, así como a los distintos representantes de los arciprestazgos que se han dado cita en el Palacio Episcopal. Tras la reunión los asistentes han participado en la eucaristía presidida por el Obispo en la Santa Iglesia Catedral.




















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“Mujer que acompañas al nuevo Adán y eres comienzo de la nueva humanidad expresas”

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Homilía en la Eucaristía con el Cuerpo de hermanos palieros de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, el 26 de septiembre de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios, elegido desde los orígenes del mundo y a través de los siglos (y que en esta mañana nos reunimos aquí como un pequeño “cogollito” de esa realidad que abarca de Oriente y Occidente, que es el santo pueblo de Dios -sacerdotes y fieles laicos-, al que todos pertenecemos gozosamente):

Sí, gozosamente de pertenecer a este pueblo, que es lo más bello que existe en la tierra y lo más bello que existe en la historia humana. El espejo de este pueblo, su realización más plena, la más acabada, la más perfecta, la que nos ha abierto el camino es esta “hija de Adán” y, al mismo tiempo, Madre de Nuestro Señor Jesucristo: la Virgen María. A ella referimos los elogios que hace el libro de Judith que había salvado de adversarios muy potentes al pueblo de Israel: “Tú, dichosa entre las mujeres. La más bendecida porque has librado al pueblo de sus enemigos”.

Nosotros sabemos que nuestro Salvador y Redentor es Jesucristo, tu Hijo, que, aquí, en esta imagen preciosa y venerada por todos los granadinos y por muchas otras personas en el mundo (y en el Nuevo Mundo también), Virgen de las Angustias tienes muerto en tu regazo. Muerto de amor. Y no muerto de amor como se muere de amor en las novelas románticas, porque “obras son amores y no buenas razones”. El Señor dijo claramente antes de morir “nadie me quita la vida, Yo la doy porque quiero”. Y mucho antes todavía: “El Hijo del hombre ha venido a morir y a dar Su vida en rescate por muchos”. No hay mayor amor que éste de dar la vida por aquellos a los que uno ama. Eso dice el Evangelio de San Juan en el comienzo de la Última Cena, y de la Pasión del Señor: “No hay mayor amor”.

Y Tú, el Hijo de Dios, en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad, has querido revelarnos que Dios es Amor yendo hasta el final. Yendo hasta el fondo más oscuro de nuestro sufrimientos, de nuestras penas, de nuestras angustias, de nuestras dificultades y conflictos. Esos son nuestros enemigos. De los que sólo Tu amor nos libra, porque sólo tu amor es más poderoso en nuestro corazón y en la tierra entera, y en el cosmos, en el universo entero; sólo el amor de Dios es el secreto de toda la Creación y el secreto de toda la historia de salvación, y el secreto de nuestras vidas. Por eso, Tú eres la esperanza de los hombres. Tú eres la esperanza del mundo. Incluso de aquellos que no Te conocen, y que por eso no sienten la necesidad, ni siquiera el deseo de amarTe. Pero ellos mismos son frutos de Tu amor y Tú sí que los amas a ellos como a nosotros, a todos los hombres. Tú que te has unido por Tu Encarnación, de algún modo, a todos los seres humanos.

Has venido a nosotros. Y has venido hasta estar muerto en los brazos de Tu Madre, para revelarnos que el Amor de Dios no se dejaba detener por nada; que no se echa atrás ante ningún obstáculo. Que el Dios infinito, que el Dios que es Amor infinito no se acobarda ante el Misterio del mal que a nosotros a veces nos parece tan poderoso que ni siquiera nos atrevemos a mirarlo de frente, lo escondemos o tratamos de esquivarlo en nuestra vida. Cuando está presente también en todos y nadie vence ese misterio más que el Misterio del amor más grande, más grande que todo, más poderoso que todo, el amor que no se deja vencer por nada y que es la revelación suprema, definitiva, última, del amor que Dios es. Del amor infinito de Dios.

Tu Hijo ha venido a revelarnos ese amor. No un amor genérico a la humanidad, a la utopía de un mundo en paz o cosas así. Un amor por ti y por mi, absolutamente concreto, hasta las fibras más pequeñas de nuestra alma, cuerpo y corazón. Para arrancarnos del poder del pecado, Tú has querido revelarnos que Tu amor es más fuerte que el pecado. Y no sólo nuestros pobres pecados, que son siempre mezquinos, pequeños, miserables, sino los pecados y males de la humanidad entera han sido abrazados en ese abrazo de tu cruz. Pero esa cruz que nos revela el amor de Dios, ese amor hasta la muerte que nos revela que el amor de Dios no tiene límites ni se deja vencer por nada, revela también el significado de nuestra vida, nos pone ante un horizonte nuevo, el horizonte del Cielo. Pero el Cielo no es un sitio con “angelitos”  y nubes. El Cielo eres Tú, Señor. El Cielo es Dios. Hemos sido creados por Dios y nuestro corazón inquieto, lleno de anhelos de felicidad, que habitan en todo ser humano, aun en la persona más “avinagrada”, más amargada por las desgracias, o las dificultades de la vida, su corazón no está hecho para la amargura ni para la desgracia; su corazón está hecho para el amor, para la verdad y la belleza del amor, que es el Misterio de Dios y el Misterio del que nosotros somos imagen y semejanza.

El amor de Dios cambia, por lo tanto, el significado de vivir, de todo, de crecer, estudiar, trabajar, enamorarse, de crear una familia: todo es diferente cuando uno ha conocido el amor de Jesucristo. Se abre ante nuestra vida como un horizonte completamente nuevo, inagotable de paz y de bondad, de bien, de gozo, en consecuencia de esa paz y de ese bien. Eso es lo que tú, Madre, mujer que acompañas al nuevo Adán y eres comienzo de la nueva humanidad expresas. Una mujer con Su hijo muerto en sus brazos, una mujer pobre, de clase humilde, que lo era. Probablemente, con vestidos no muy de fiesta, ni muy brillantes, está ante nuestros ojos vestida de reina. Más que de reina, yo diría que de emperatriz, llena de flores. ¿Cómo es eso posible? Sólo es posible porque tu humanidad representa ya, hecho carne en Ti, esa novedad que es la Redención de Cristo. Esa posibilidad de vivir la muerte de un hijo, y la muerte de un hijo condenado como malhechor, condenado fuera del campamento, fuera de la ciudad; condenado en una de las muertes más ignominiosas que los hombres han podido imaginar o inventar jamás.

Una madre que tiene en sus brazos a un hijo muerto de esa manera no aceptaría ni siquiera ese vestido de fiesta sino fuera porque significa la posibilidad para todos nosotros de vivir nuestra vida y la muerte de un modo diferente. Y cuando digo vida y muerte, digo todo lo que hay de bello, hermoso, que refleja justamente el amor de Dios y el que somos imagen de Dios. Pero que refleja la Redención de Jesucristo, la transformación de ese amor en algo que no es simplemente un sentimiento pasajero, un gozo sentimental, emotivo…, sino que hace que nuestro amor y todo lo que hay de bueno y de bello en la vida de los hombres (lo sabemos nosotros porque conocemos a Jesucristo) sabemos que desemboca en la eternidad de Dios; que desemboca en la vida eterna, que está destinado al cielo, no a la muerte.

Y eso es lo que Tú reflejas iluminando nuestra vida. Pero también iluminas nuestra muerte y no sólo el momento final de la muerte, sino todas las cosas que, de un modo u otro, anticipan la muerte mientras vivimos. Las heridas que nos hacemos. Las heridas que sufrimos porque nos las han hecho. Las incapacidades y limitaciones que nuestra forma de ser tienen. Las pequeñeces que nos consentimos y que hacen daño, o que nos hacemos daños unos a otros. La violencia, las grandes separaciones que crecen y se alimentan hasta públicamente y descaradamente en un mundo que no piensa en más que en acumular riqueza. Y cuando sólo se piensa en eso, se generan muchas pobrezas, muchos sufrimientos; cuando lo que rige la vida social es la avaricia, la envidia, que van siempre juntas. Cuando alguien tiene avaricia y triunfa, está generando a su alrededor mucha envidia por esa misma avaricia. Sólo que no se cumple. En un mundo así, Señor, la medicina de abrir nuestro corazón al Amor de Cristo, de acogernos -como dice el himno a la Virgen de las Angustias- “bajo Tu manto”; de acogernos en ese manto protector del amor de Cristo, que es capaz de cambiar el hielo o la dureza de nuestro corazón en un corazón de carne, que late, y que en su latido es imagen misma de Dios.

Señora, yo veía ayer algunas calles del centro de Granada y me daba cuenta de que estábamos… Yo no recuerdo haber visto Granada nunca con tanta gente y todos tenían conciencia de que venían a una fiesta, pero no todos tenían conciencia del significado de esa fiesta. Yo veía algunas pandas de jóvenes que te das cuenta solo con verlos, les ha vestido el Enemigo; sólo con verlos te das cuenta de lo perdidos que están, de lo confusos que están, de la poca claridad que tienen en el camino de su vida. Aunque, sin duda, sus corazones están lleno de ideales grandes. Muy pronto se acostumbran los jóvenes hoy a pensar que sus ideales son utopías, cosas que no pueden suceder. Que uno no puede ser feliz; que la felicidad no existe.

Por primera vez, hace ya unos pocos años, en nuestro país y en nuestra tierra, tal vez en nuestra Europa, el número de suicidios es superior al número de accidentes de tráfico. Y eso que no se cuenta que los accidentes de tráfico son algunos de ellos formas, también, de suicidio. Y que en un entorno mucho más cercano, en los últimos días, yo he tenido noticias de suicidios de personas jóvenes, en nuestro entorno. Dios mío, eso es el fruto de esa sociedad sin Dios, que nos parece que va a ser tan feliz y no somos felices.

Justo en ese sentido pedimos, Señor, que nos proteja el manto de Tu Madre. Que nos proteja verdaderamente el amor de Dios, que abra nuestros corazones a esa vida nueva que nace de Jesucristo, de la cruz de Jesucristo, cruz gloriosa. Y que se refleja en Tu madre, y que refleja, y nos pone de manifiesto nuestra vocación. Nuestra vocación a dejarnos querer, a coger ese amor, porque es ese amor el que nos cambia, no nuestra fuerza de voluntad, ni nuestro empeño, ni nuestras cualidades. Nada de eso nos salva. Porque si no nos deja caer en pecados más “burdos”, a veces, nos hace caer en la soberbia, o en la vanidad, que son más peligrosos que esos pecados que llamados “burdos”.

Mis queridos hermanos, mi querida Iglesia. Me refiero en primer lugar a la Iglesia de Granada, pero soy consciente que hoy nos acompañan mucha gente de fuera que aman y veneran a la Virgen de las Angustias; que podamos acoger el amor de Cristo, y el amor de Cristo iluminará nuestras vidas, hasta con las mascarillas.

El único privilegio mío es el poder serviros, para que conozcáis a Cristo. El poder servir de instrumento de que descubramos el amor y la vida nueva que Cristo nos da. Nos acogemos a tu cruz y Te pedimos que nos ayudes a estar junto a Tu Madre. Y que podamos ver en cada sufrimiento humano una parte de Tu pasión. Y que podamos vivir nuestros propios sufrimientos como una parte de ese amor redentor que se ha revelado en tu cruz. Y la Iglesia, que ha tenido siempre como lo más valioso de su riqueza, ese amor que permanece en el Sagrario. Pero, en el Sagrario no vemos el sufrimiento como lo vemos en la Virgen de las Angustias o en la liturgia del Viernes Santo: ese amor que se revela en nuestras Imágenes dolorosas que tienen el poder de transformar nuestra vida. También lo tiene la Eucaristía presente en el Sagrario. Pero sólo si comprendemos que esa Eucaristía es la presencia, la permanencia de una gracia que nos sostiene, que nos cambia, y que nos abre a la esperanza de la vida eterna.

Que así sea para quienes estáis aquí, para quienes nos seguís a través de los medios de comunicación. Que así sea especialmente para el cuerpo de Palieros que se beneficia de una forma especial de esta Eucaristía, y que así sea para todos nuestros amigos, todos nuestros hermanos, los hombres.

A la Pasión de Jesucristo no le falta nada más que nuestros dolores, que no habíamos nacido, que no estaban allí. Hoy nuestros dolores, y los de todos los seres humanos (algunos son terribles, pensad en el tráfico de personas o de órganos, refugiados, guerras, los odios y las avaricias humanas), todo eso forma parte hoy de la Pasión de Jesucristo y nosotros nos unimos a la Virgen en la vinculación a esa Pasión.

Otra cosa quiero deciros. Yo sé que la mayoría de vosotros sabéis por qué no hemos podido celebrar una procesión como es la de la Virgen de las Angustias en este día de hoy. Yo quiero deciros a los que lo sabéis y a los que no lo han entendido que tan pronto como podamos celebraremos la Virgen de las Angustias por la calle, con su procesión, y todo aquello que no hemos podido celebrar en este tiempo, por todo lo alto, y con la misma alegría con que David acompañaba al arca cuando entraba en Jerusalén, el Arca de la Alianza. Así acompañaremos nosotros a la Imagen de la Virgen de las Angustias y a las que sea preciso.

Os doy la bendición.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

26 de septiembre de 2021
Basílica de Nuestra Señora de las Angustias

Escuchar homilía

Comunicado de D. Antonio Gómez Cantero, Obispo Coadjutor de Almería: “Caminamos a su lado”

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En estos días hemos conocido la triste noticia del hallazgo en nuestras costas almerienses de nueve hermanos migrantes fallecidos en las aguas del Mediterráneo. En este día en el que celebramos el Día del Migrante y Refugiado, nuestra Iglesia Diocesana de Almería quiere estar cerca de todos ellos con la ayuda solícita y la oración. Y anima a todos los hombres y mujeres de nuestras tierras a sentirse al lado de quienes, a causa de catástrofes naturales como las que estamos viviendo en la isla canaria de La Palma o con la situación vivida en nuestra península con la DANA, o conflictos que parecen irresolubles, tienen que marchar de sus amadas tierras para adentrarse en la odisea de un terrible viaje, guiados por la esperanza de un futuro mejor.

Descansen en paz sus almas; toque Dios nuestros corazones para que sepamos estar cerca de los que sufren con un corazón abierto y generoso, para que nunca permanezcamos en silencio o impasibles ante el sufrimiento y la necesidad de un ser humano. Que San José, migrante y refugiado, ampare y proteja a todos los que están viviendo en estos días momentos de incertidumbre, inseguridad, peligro o desesperanza.

+ Antonio Gómez Cantero, Obispo Coadjutor de Almería

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