La Parroquia Mayor de San Pedro ha organizado para el próximo jueves, 9 de diciembre, a las 20.30 horas, un concierto de villancicos con la actuación del Coro de Campanilleros Hogueras y Candiles de Minas de Riotinto y una gran recogida de productos infantiles. Será a beneficio de la Casa Oasis, un recurso de la Delegación Diocesana para la Familia y Defensa de la Vida que acoge y protege a madres en situación de dificultad.
Los cazadores de datos biográficos pueden quedar muy contentos con Sofonías: a pesar de la brevedad de su libro, nos deja algunas señas que nos permiten hacernos una composición bastante amplia de su vida. Conocemos su ascendencia genealógica hasta la cuarta generación. Se ha supuesto que este Ezequías fuera el rey de Judá en los primeros años del siglo VIII, en época del primer Isaías, pero no hay nada que indique que Sofonías tenga que pertenecer a la familia real. Lo que sí es cierto es que conoce la vida y costumbres de la corte, que le indignan (1,8-9).
Vive en tiempo del rey Josías, nos aclara, esto es, entre el 640 y el 605, pero dado que aun parece haber mucha presencia de idolatría en el pueblo, es posible que su ministerio se ejerciera antes de la conocida “reforma de Josías”, que se dio en el marco del movimiento deuteronomista, cuyo resultado fue un resurgir de la fe yahvista que Sofonías no parece haber llegado a ver, por tanto esta predicación deberá ser anterior al 621. Entonces puede considerarse contemporáneo de la predicación de Jeremías que prepara la reforma deuteronomista o ligeramente anterior.
Los temas de su predicación los vemos aparecer también en otros profetas, forman la base del profetismo bíblico: el “Día de Yahvé”, la “Ira de Yahvé”, y el “Resto de Israel”. Pero así como los vemos aparecer en otros libros, en cada uno forman combinaciones propias. En Sofonías el “Día de Yahvé” es sin duda un “día de ira”: “Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y densa niebla, día de trompeta y de clamor” (1,15-16, de donde proviene el verso inicial de la secuencia de difuntos, “dies irae, dies illa”), pero no tiene todavía el matiz apocalíptico que adquirirá en los profetas de un siglo y medio más tarde. El “día de ira” del que habla Sofonías es el del castigo al pueblo de Judá, por el que Yahvé lo llama a la conversión; fácilmente unos pocos años más tarde los creyentes lo identificaron con la invasión de Asiria y la destrucción del primer templo. No tiene las dimensiones cósmicas del “Día de ira” de los profetas apocalípticos.
Por otra parte, aunque la “Ira de Yahvé” está tan presente en la proclamación de Sofonías, hay lugar para la esperanza en tanto retoma el tema -que ya aparecía en Isaías- del “resto santo”: una pequeña porción de Judá se mantiene fiel, esos son los verdaderos creyentes, que soportan con paciencia la degradación de Judá, y serán recompensados por Yahvé en su Día, son los “anawim Yahvé”, expresión propia del profetismo bíblico y que traducimos normalmente como “pobres de Yahvé” o “humildes de Yahvé” (es la expresión que está en el trasfondo arameo de las bienaventuranzas: los “pobres en el espíritu” de Mateo 5,3). Esos anawim Yahvé no forman un grupo organizado (aunque en época de Jesús sí que había varias sectas judías, cada una de las cuales se autoconsideraba los auténticos “Anawim Yahvé”), sino que son los creyentes que resisten la vorágine idolátrica que tanto atrae en cada época a los miembros del pueblo de Dios.
No es un libro abierto ya a una perspectiva universalista, eso aparecerá recién en el exilio, un siglo más tarde, cuando el contacto con la rica tradición religiosa babilónica permita a los profetas (en especial al Segundo Isaías) escudriñar el deseo de Yahvé de salvar a todos los hombres, pero hay en Sofonías un destello de voluntad universal de salvación: “Yo entonces volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo” (3,9); aunque precisamente por ser una “rara avis” dentro del contexto de un libro centrado exclusivamente en la salvación de Judá, la crítica suele señalar ese versículo y algunos más del final, como desarrollos posteriores a la predicación de Sofonías, es decir, no pertenecientes al plan original del libro. De todos modos, los versículos allí están, indisolublemente unidos al resto, y si la tradición posterior los colocó allí, es precisamente porque se percibía que en la predicación de Sofonías estaba contenida (aun de manera casi invisible) la voluntad salvífica universal de Yahvé.








El pasado domingo, 28 de noviembre, en la iglesia de las Angustias, de la parroquia de Sto. Domingo de Silos de Alcalá la Real, se celebró el primer y segundo encuentro sinodal. Tras la invocación al Espíritu Santo, la lectura de la Palabra y Preces, se organizaron tres grupos. Procedieron, por separado, a la lectura de los cuestionarios, al diálogo, a la puesta de ideas en común que fueron transcritas.

El pasado sábado 27 de noviembre, en una tarde fría de lluvia y nieve, 44 fieles respondieron a la llamada del segundo encuentro sinodal en la parroquia de Santa María la Mayor de Torreperogil, superando así a los 30 participantes del primer encuentro.
Se trata de una pintura de principios del siglo XVIII atribuida a José de Risueño (1665-1732), destacado alumno de la Escuela granadina. La restauración ha podido hacerse gracias a la financiación de la Fundación Caja Rural (2/3) y a una donación particular. Ha sido llevada a cabo por Antonio C. López García, quien ha resaltado la importancia de esta obra y su proceso de recuperación.

