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«Pedimos por todos los que han dedicado su vida, su tiempo y su esfuerzo en estos 75 años de Cáritas»

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Mons. Jesús Catalá presidió el domingo 20 de febrero la Misa de clausura de las XVIII Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad que se han venido celebrando en Málaga, y en la que se inauguraban, asimismo, los actos con motivo del 75 aniversario de Cáritas Española.

En su alocución en el primer templo malagueño, el prelado reflexionó sobre el evangelio dominica: «Dios nos ha amado y nos exhorta a amar; en Él reside nuestra fuerza y la razón de nuestro amor al prójimo. Podemos amar porque Dios nos ha amado primero. La vida del ser humano comienza con experimenta de ser amado; la experiencia de ser amados y de la misericordia de Dios llena de amor nuestro corazón y nos capacita para amar al prójimo, incluso hasta las últimas consecuencias y en los casos más extremos».

Vídeo promocional del 75 aniversario de Cáritas Española:

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D. Jesús Catalá señaló asimismo: «Queremos ofrecer a nuestros hermanos más vulnerables de la sociedad los cuidados necesarios, para que tengan calidad de vida humana, se sientan miembros de la gran familia de la Iglesia y gocen, como hijos de Dios, del calor y del afecto de la fraternidad. En esta misma celebración concurren otras dos efemérides. Una es la apertura o inicio de la celebración de los 75 años de Cáritas Española. Pedimos en esta eucaristía por todos los que han dedicado su vida, su tiempo y su esfuerzo en Caritas Española durante estos largos años y han hecho posible tantos proyectos de promoción humana, de ayuda humanitaria y de verdadera fraternidad y caridad. Ahora le pedimos al Señor que bendiga el camino, que queda por recorrer. Mis mejores deseos para esta nueva etapa».

Texto completo y audio de la homilía en el siguiente enlace.

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Monseñor Saiz insta a los matrimonios a ser “sal y fermento que renueva el mundo”

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Monseñor Saiz insta a los matrimonios a ser “sal y fermento que renueva el mundo”

El Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha presidido hoy la Eucaristía de clausura de la Semana del Matrimonio. Ésta se ha hecho coincidir con la celebración de las bodas de oro y plata matrimoniales que cada año organiza la Pastoral Familiar junto a la Asociación Ntra. Sra. de los Reyes y San Fernando. Como el año pasado no se pudo realizar a causa de la pandemia, este año se convoca a todos los matrimonios sevillanos que en los años 2021 y 2022 celebrasen ese aniversario.

En esta ceremonia han participado alrededor de 80 matrimonios, que han recibido de manos del propio Arzobispo un recuerdo de este día. Entre ellos, destacan María Dolores Sánchez-Campa y Manuel Granado, delegados diocesanos de la Pastoral Familiar, que cumplían cincuenta años de casados.

Por su parte, monseñor Saiz ha comenzado su homilía hablando de “la revolución del amor que propone el Evangelio”. No en vano, nos anima a “amar hasta los enemigos”, una cuestión “sublime” –ha destacado-, pero “humanamente imposible”. “Solo podremos lograrlo si le pedimos la gracia a Dios”, ha dicho, porque “este amor misericordioso que abraza al enemigo hace creíble el Evangelio”.

Además, el prelado hispalense ha aprovechado para felicitar a los matrimonios que celebraban hoy sus bodas de plata y oro: “El amor matrimonial es vivir el amor de Dios de forma compartida”, ha asegurado. Por eso, “vuestro testimonio da ejemplo de un amor vivido, mantenido y fiel a lo largo del tiempo. Esto es lo que necesita la sociedad”. Al respecto, ha apuntado que el amor “no es algo estático” y ha invitado a los esposos a vivirlo con dinamismo y creatividad.

Finalmente, ha insistido en que “la Iglesia necesita de vuestro testimonio de amor, necesita que seáis sal y fermento que renueva el mundo y la vida”, por este motivo, “os pido que cada día renovéis y estrenéis vuestro amor conyugal y familiar”.

Durante la ceremonia los esposos presenten han podido renovar sus promesas matrimoniales y recibir la bendición de monseñor José Ángel Saiz.

Semana del Matrimonio

La Archidiócesis de Sevilla ha celebrado desde el 14 la Semana del Matrimonio, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española enmarcada en el Año de la Familia ‘Amor Laetitia’, que comenzó el pasado 19 de marzo, como hito en el quinto aniversario de la firma de esta Exhortación Apostólica Postsinodal.

Con esta Semana del Matrimonio, la Iglesia diocesana pretende “mostrar a nuestra sociedad la belleza del matrimonio fundado en Cristo”, explican los delegados diocesanos de Familia y Vida, María Dolores Sánchez-Campa y Juan Manuel Granado. Para ello, desde la Pastoral Familiar se ha organizado una serie de actividades que están han recorrido toda la Archidiócesis hispalense.

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Los seminaristas juegan un partido de fútbol en beneficio de Manos Unidas

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Los seminaristas juegan un partido de fútbol en beneficio de Manos Unidas

La ciudad deportiva del Sevilla F.C. ha acogido esta mañana el partido solidario en el que se han enfretado por primera vez guardias civiles y seminaristas para colaborar con la campaña de Manos Unidas. La  victoria de los de la benemérita ha evidenciado su superioridad física y amplia experiencia como equipo, aunque el ambiente ha sido de solidaridad, amistad y diversión.

El embajador de la Fundación Sevilla Fútbol Club, Antonio Álvarez, inauguraba el acto en presencia de Luis Ortega, coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Sevilla, así como de Antero Pascual, rector del Seminario, y  María Albedea, delegada Manos Unidas Sevilla. Tras un breve discurso y agradecimiento a los participantes daba comienzo el partido.

Otro de los momentos estelares de la mañana fue la visita de Jesús Navas, jugador titular del Sevilla F.C. que quiso hacerse presente para animar a ambos equipos y colaborar en la difusión de las campañas de Manos Unidas. En el receso del partido fue el encargado de sortear una camiseta firmada por todos los jugadores así como un balón, donados por la Fundación del Sevilla F.C.

Manos Unidas presenta este año su campaña número 63 cuyo lema es “Nuestra Indiferencia los condena al olvido’ con el claro objetivo de concienciar de las desigualdades y ayudar en la difusión de los proyectos que tiene en marcha para favorecer el desarrollo y sostenimiento de las personas empobrecidas.

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Del 21 al 23 de febrero, jornadas de relaciones interconfesionales en Madrid

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Del 21 al 23 de febrero, jornadas de relaciones interconfesionales en Madrid

Con la participación de nuestro arzobispo D. Javier Martínez, presidente de la Subcomisión episcopal de relaciones interconfesionales y diálogo interreligioso.

Del 21 al 23 de febrero de 2022 tendrán lugar en Madrid las Jornadas de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso. «El ser y la misión de la Iglesia en los diálogos ecuménicos» es el tema central de este encuentro, que organiza la Subcomisión Episcopal para las relaciones interconfesionales y el diálogo interreligioso.

Primera ponencia, sobre la situación actual, a cargo de Mons. Brian Farrell
Las jornadas darán comienzo el lunes 21 de febrero, a las 16:45 h., con el saludo del arzobispo de Granada y presidente de esta Subcomisión, Mons. Francisco Javier Martínez Fernández. Seguidamente tendrá lugar la primera ponencia, en la que el secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Mons. Brian Farrell, hablará sobre la «Situación actual de los diálogos de la Iglesia católica con otras confesiones cristianas». En la segunda ponencia, el director del secretariado de la Subcomisión, Rafael Vázquez Jiménez, se centrará en los documentos, «La iglesia: hacia una visión común» y «La respuesta de la Iglesia católica«.

Para el martes 22 se han programado tres ponencias en las que se plantea la cuestión de la Iglesia en el diálogo Católico-Ortodoxo, Católico-Anglicano y Católico-Luterano. Intervendrán, respectivamente, Mons. Dimitrios Salachas, Exarca Apostólico Emérito para los Católicos de Rito Bizantino en Grecia; el profesor Carlos Martínez Oliveras, CMF, director del Instituto de Vida Religiosa de Madrid; y el profesor Dirk G. Lange, asistente para las Relaciones Ecuménicas de la Federación Luterana Mundial.

El último día, el viernes 23, estará dedicado al intercambio de experiencias ecuménicas en las diócesis y al diálogo entre la Subcomisión y los delegados diocesanos.

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La Diócesis consagrada al Sagrado Corazón de Jesús

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Esta mañana la Diócesis ha vivido un momento histórico en su historia, la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Eucaristía y consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Todo comenzaba como hace cien años, en la casa sacerdotal ante el monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Fieles de todas las partes de la Diócesis se unían en oración junto a su pastor diocesano junto al Sagrado Corazón de Jesús. Tras este momento, todos los allí presentes iban en peregrinación junto a la cruz de los jóvenes hasta el primer templo de la Diócesis donde se celebraría la Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, a las 11hrs daba comienzo la Eucaristía y consagración de la Diócesis de Asidonia-Jerez al Sagrado Corazón de Jesús. En esta celebración esta eran las palabras de D. José Rico Pavés que puedes leer aquí – https://wp.diocesisdejerez.org/2022/02/19/homilia-de-monsenor-rico-paves-en-la-eucaristia-y-consagracion-de-la-diocesis-al-sagrado-corazon-de-jesus/.

Antes de finalizar la celebración toda la Santa Iglesia Catedral rezaba al unísono la oración preparada para la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, asimismo, los fieles tenían a la vista también la oración de la consagración de 1922.

Por último, Monseñor Rico Pavés, como se anunció durante esta semana, menciono el Año Jubilar que comienza hoy mismo y que la Santa Sede ha concedido a la Iglesia Asidonense hasta el 19 de febrero de 2023. Asimismo, hizo hincapié en que en poco tiempo se dará conocer los distintos actos de este Año Jubilar que ya ha comenzado.

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Homilía en la consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús

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Querida familia de la Diócesis:

Permitidme que comience mis palabras con la jaculatoria que suelo emplear para terminar mis homilías: Nada sin María, todo con Ella. En la pasada Vigilia de la Inmaculada fue consagrada nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez al Inmaculado Corazón de María y a san José. Muchos de vosotros, jóvenes y adultos, familias y personas consagradas, de forma individual y comunitaria, os unisteis a esta consagración como expresión pública de amor a María Santísima y a San José dando cumplimiento al mandato de Cristo que en la cruz nos pidió recibir a María como Madre.

Así es. Antes de que el costado de Jesucristo fuera traspasado por la lanza del soldado y se nos abrieran los tesoros de su Corazón, María nos fue regalada como Madre. Para entrar con provecho en el costado traspasado del Redentor y experimentar más a fondo la grandeza insondable del Amor divino, debemos recibir a María Inmaculada como Madre de Cristo y Madre Nuestra. María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y perdona nuestros pecados. Al consagrarnos al Inmaculado Corazón de María encontramos el camino seguro que conduce al amor divino-humano de su Hijo Jesucristo, cuyo símbolo excelente es su Sagrado Corazón.

Por eso, cuando se cumplen cien años de la consagración de Jerez al Sagrado Corazón de Jesús, llevada a cabo en el lugar conocido como Monte Calvario, punto más elevado de la ciudad, renovamos nuestro compromiso de ser del todo y para siempre de la Virgen María, para que nos alcance de su Hijo la gracia de un corazón renovado que se deje inflamar por el fuego de su amor: ¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!

Así, desde el regazo materno de María Santísima, terminaremos la Santa Misa renovando la consagración de la ciudad de Jerez y extendiendo esta consagración a toda nuestra diócesis. Con este motivo, la Santa Sede, a través de la Penitenciaría Apostólica, nos ha regalado un Año jubilar que se prolongará hasta el Domingo 19 de febrero de 2023. Damos gracias a Dios, que, en su Providencia amorosa, nos ha otorgado este año en el que tendremos la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales. Un año de gracia para renovar la vida cristiana en la diócesis proclamando con nuevo ardor la llamada la conversión y el anuncio del evangelio.

No renovamos la consagración con la pretensión nostálgica de recuperar una época pasada ni con el simple propósito de extender una devoción entre otras posibles. Cuando ponemos la mirada de fe en el misterio del amor divino y humano de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo símbolo es el Sagrado Corazón, no hacemos otra cosa que confesar la verdad de la encarnación y proclamar el triunfo de la resurrección. Consagramos la diócesis al Corazón de Jesús -dicho con palabras vibrantes de san Juan de Ávila- para que «sepan todos que nuestro Dios es Amor y que sus deseos son amar y ser amado, sin buscar propio interés» (Serm. 50,3). Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús confiamos la realidad total de nuestra iglesia particular -sus miembros, familias, pueblos e instituciones- al poder insuperable del amor de Dios, pues a todos queremos hacer partícipes de este amor. La transformación de la sociedad, de la educación, de la cultura y de las instituciones comienza siempre por el corazón. Para que el amor de Dios reine en el mundo se requieren corazones generosos que, dejándose amar por Él, le ofrezcan libremente una respuesta de amor.

Desde la fe, en efecto, todo acto de consagración es siempre una respuesta de amor al Amor primero de Dios. Quien consagra su vida al Corazón de Jesús, responde agradecido al amor extremo de Dios entregándole lo que reconoce haber recibido de Él: entendimiento, voluntad, afectos, todo cuanto es y tiene. La consagración tiene su origen en la vida nueva recibida en el bautismo e implica siempre un reconocimiento, un ejercicio de reparación y un compromiso misionero. Un reconocimiento porque confesamos que Jesús es Salvador de todos y de todo, “Redentor del mundo, Rey de reyes y Señor de los que dominan”. Un ejercicio de reparación porque, amándonos, Cristo mismo cura las heridas de nuestros pecados y nos capacita para amar por los que no le aman, poniendo amor donde otros ponen ofensas. Un compromiso misionero porque el amor de Cristo nos urge a compartir con todos la alegría de creer y el consuelo de su misericordia.

Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús expresamos nuestro agradecimiento al Señor por la herencia de santidad recibida de nuestros mayores, pedimos un profundo rejuvenecimiento de la fe en nuestro pueblo y nos comprometemos a afrontar con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro. Confiando al amor de Dios el destino de nuestra Iglesia particular, renovaremos esta petición centenaria al Sagrado Corazón de Jesús: “Reina en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

Realizamos la consagración de la diócesis cuando nos estamos preparando con toda la Iglesia a la celebración de un Sínodo que nos ayudará a comprender la necesidad de caminar juntos en la comunión de la Iglesia. Lo hacemos, además, cuando seguimos celebrando un año dedicado a la alegría del amor (“amoris laetitia”) que necesita ser percibido en la proclamación de la verdad del matrimonio y de la familia. No ignoramos, en fin, el sufrimiento que sigue provocando la pandemia y las dramáticas consecuencias sociales que está provocando. En este contexto, ¿qué sentido tiene la consagración que estamos celebrando?

Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (Hb 12, 2), queremos responder a la llamada vigorosa del Papa a poner la Iglesia entera en estado permanente de misión. La respuesta a los problemas de todo tiempo se llama evangelización. Para esto existe la Iglesia: para evangelizar, es decir, para llevar a todos al encuentro con Jesucristo. Cuando ponemos la mirada de fe en el Corazón de Jesús, descubrimos que, en el momento presente, requiere recuperar tres criterios evangélicos: el estilo de la evangelización se asume cuando aprendemos de Cristo, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11, 29), cuando comprobamos que el Corazón herido de Cristo es el que nos cura, cuando percibimos que su Corazón nos espera en los más necesitados con los que se identifica. La consagración al Corazón de Jesús desea así dar a la tarea misionera una triple orientación: evangelizar desde el Corazón, dejarse curar por el amor de Dios y hacer de las obras de misericordia nuestra hoja de ruta.

A la celebración de 1922 siguieron numerosísimos frutos de santidad, siendo el más excelente la entrega de la vida como testimonio del Amor más grande por parte de muchos mártires. De un Año jubilar destinado a renovar aquella consagración de 1922 esperamos el fruto visible de una renovación de la vida cristiana en nuestra diócesis. Para que se produzca ese fruto, será suficiente la fiel entrega de unos pocos que pongan su confianza en el Corazón de Cristo para llevar a todos la grandeza infinita de su amor.

Que el Señor recoja, como hizo hace cien años, nuestra súplica confiada: “Sé siempre el Rey de esta diócesis, haciendo que, a su vez, sea ella ahora y siempre Jerez de tu Sagrado Corazón”. ¡Sagrado Corazón de Jesús: en Ti confío!

Homilía de Monseñor Rico Pavés en la Eucaristía y consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús

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Querida familia de la Diócesis:

Permitidme que comience mis palabras con la jaculatoria que suelo emplear para terminar mis homilías: Nada sin María, todo con Ella. En la pasada Vigilia de la Inmaculada fue consagrada nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez al Inmaculado Corazón de María y a san José. Muchos de vosotros, jóvenes y adultos, familias y personas consagradas, de forma individual y comunitaria, os unisteis a esta consagración como expresión pública de amor a María Santísima y a San José dando cumplimiento al mandato de Cristo que en la cruz nos pidió recibir a María como Madre.

Así es. Antes de que el costado de Jesucristo fuera traspasado por la lanza del soldado y se nos abrieran los tesoros de su Corazón, María nos fue regalada como Madre. Para entrar con provecho en el costado traspasado del Redentor y experimentar más a fondo la grandeza insondable del Amor divino, debemos recibir a María Inmaculada como Madre de Cristo y Madre Nuestra. María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y perdona nuestros pecados. Al consagrarnos al Inmaculado Corazón de María encontramos el camino seguro que conduce al amor divino-humano de su Hijo Jesucristo, cuyo símbolo excelente es su Sagrado Corazón.

Por eso, cuando se cumplen cien años de la consagración de Jerez al Sagrado Corazón de Jesús, llevada a cabo en el lugar conocido como Monte Calvario, punto más elevado de la ciudad, renovamos nuestro compromiso de ser del todo y para siempre de la Virgen María, para que nos alcance de su Hijo la gracia de un corazón renovado que se deje inflamar por el fuego de su amor: ¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!

Así, desde el regazo materno de María Santísima, terminaremos la Santa Misa renovando la consagración de la ciudad de Jerez y extendiendo esta consagración a toda nuestra diócesis. Con este motivo, la Santa Sede, a través de la Penitenciaría Apostólica, nos ha regalado un Año jubilar que se prolongará hasta el Domingo 19 de febrero de 2023. Damos gracias a Dios, que, en su Providencia amorosa, nos ha otorgado este año en el que tendremos la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales. Un año de gracia para renovar la vida cristiana en la diócesis proclamando con nuevo ardor la llamada la conversión y el anuncio del evangelio.

No renovamos la consagración con la pretensión nostálgica de recuperar una época pasada ni con el simple propósito de extender una devoción entre otras posibles. Cuando ponemos la mirada de fe en el misterio del amor divino y humano de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo símbolo es el Sagrado Corazón, no hacemos otra cosa que confesar la verdad de la encarnación y proclamar el triunfo de la resurrección. Consagramos la diócesis al Corazón de Jesús -dicho con palabras vibrantes de san Juan de Ávila- para que «sepan todos que nuestro Dios es Amor y que sus deseos son amar y ser amado, sin buscar propio interés» (Serm. 50,3). Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús confiamos la realidad total de nuestra iglesia particular -sus miembros, familias, pueblos e instituciones- al poder insuperable del amor de Dios, pues a todos queremos hacer partícipes de este amor. La transformación de la sociedad, de la educación, de la cultura y de las instituciones comienza siempre por el corazón. Para que el amor de Dios reine en el mundo se requieren corazones generosos que, dejándose amar por Él, le ofrezcan libremente una respuesta de amor.

Desde la fe, en efecto, todo acto de consagración es siempre una respuesta de amor al Amor primero de Dios. Quien consagra su vida al Corazón de Jesús, responde agradecido al amor extremo de Dios entregándole lo que reconoce haber recibido de Él: entendimiento, voluntad, afectos, todo cuanto es y tiene. La consagración tiene su origen en la vida nueva recibida en el bautismo e implica siempre un reconocimiento, un ejercicio de reparación y un compromiso misionero. Un reconocimiento porque confesamos que Jesús es Salvador de todos y de todo, “Redentor del mundo, Rey de reyes y Señor de los que dominan”. Un ejercicio de reparación porque, amándonos, Cristo mismo cura las heridas de nuestros pecados y nos capacita para amar por los que no le aman, poniendo amor donde otros ponen ofensas. Un compromiso misionero porque el amor de Cristo nos urge a compartir con todos la alegría de creer y el consuelo de su misericordia.

Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús expresamos nuestro agradecimiento al Señor por la herencia de santidad recibida de nuestros mayores, pedimos un profundo rejuvenecimiento de la fe en nuestro pueblo y nos comprometemos a afrontar con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro. Confiando al amor de Dios el destino de nuestra Iglesia particular, renovaremos esta petición centenaria al Sagrado Corazón de Jesús: “Reina en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

Realizamos la consagración de la diócesis cuando nos estamos preparando con toda la Iglesia a la celebración de un Sínodo que nos ayudará a comprender la necesidad de caminar juntos en la comunión de la Iglesia. Lo hacemos, además, cuando seguimos celebrando un año dedicado a la alegría del amor (“amoris laetitia”) que necesita ser percibido en la proclamación de la verdad del matrimonio y de la familia. No ignoramos, en fin, el sufrimiento que sigue provocando la pandemia y las dramáticas consecuencias sociales que está provocando. En este contexto, ¿qué sentido tiene la consagración que estamos celebrando?

Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (Hb 12, 2), queremos responder a la llamada vigorosa del Papa a poner la Iglesia entera en estado permanente de misión. La respuesta a los problemas de todo tiempo se llama evangelización. Para esto existe la Iglesia: para evangelizar, es decir, para llevar a todos al encuentro con Jesucristo. Cuando ponemos la mirada de fe en el Corazón de Jesús, descubrimos que, en el momento presente, requiere recuperar tres criterios evangélicos: el estilo de la evangelización se asume cuando aprendemos de Cristo, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11, 29), cuando comprobamos que el Corazón herido de Cristo es el que nos cura, cuando percibimos que su Corazón nos espera en los más necesitados con los que se identifica. La consagración al Corazón de Jesús desea así dar a la tarea misionera una triple orientación: evangelizar desde el Corazón, dejarse curar por el amor de Dios y hacer de las obras de misericordia nuestra hoja de ruta.

A la celebración de 1922 siguieron numerosísimos frutos de santidad, siendo el más excelente la entrega de la vida como testimonio del Amor más grande por parte de muchos mártires. De un Año jubilar destinado a renovar aquella consagración de 1922 esperamos el fruto visible de una renovación de la vida cristiana en nuestra diócesis. Para que se produzca ese fruto, será suficiente la fiel entrega de unos pocos que pongan su confianza en el Corazón de Cristo para llevar a todos la grandeza infinita de su amor.

Que el Señor recoja, como hizo hace cien años, nuestra súplica confiada: “Sé siempre el Rey de esta diócesis, haciendo que, a su vez, sea ella ahora y siempre Jerez de tu Sagrado Corazón”. ¡Sagrado Corazón de Jesús: en Ti confío!

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Comienzan las Asambleas Arciprestales del Sínodo previas a la Diocesana que será el 30 de abril.

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Con el arciprestazgo de Isora han comenzado las Asambleas Arciprestales del camino Sinodal. Este sábado 19 de febrero se realiza también en Alajeró (La Gomera).

Concretamente la parroquia La Virgen Milagrosa (Tijoco-La Hoya) acogió esta primera Asamblea Arciprestal sobre la sinodalidad en la Iglesia, en este proceso que, como señaló el Papa pretende: «Hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos.»

En cuanto a la Asamblea Diocesana, la misma ha sido trasladada del mes de marzo al sábado 30 de abril al coincidir la fecha prevista con la ordenación episcopal de Cristóbal Déniz como obispo auxiliar de la diócesis canariense y, de este modo, también facilitar la mayor y mejor participación si la situación sanitaria mejora.

La primera fase, llamada diocesana comenzó el 17 de octubre de 2021 y el 11 de junio de 2022 será la Asamblea Sinodal Española. Todo tiene como objetivo la participación del Pueblo De Dios, “cuantos más mejor”, con la finalidad de que el proceso sinodal se realice en la “escucha de la totalidad de los bautizados”.

La fase sinodal en la diócesis  está diseñada para que toda aquella persona que lo desee pueda participar. Con ese objetivo, difundimos este cuestionario como un cauce más de participación.

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Santa Lucía Yi Zhenmei

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La persecución del cristianismo en China fue especialmente cruenta durante el siglo XIX. La vida de esta religiosa, Lucía Yi Zhenmei, que fue decapitada por confesarse católica, nos lo recuerda en este 19 de febrero.

Esta ejemplar catequista china, que sufrió el martirio a los 47 años, había manifestado desde muy joven sus virtudes. Santa Lucia Yi Zhenmei (1815-1862), última de cinco hijos, nació en Mianyang de una familia que hacía poco que se había convertido al cristianismo tras la conversión, en primer lugar, del padre, anteriormente budista. Atraída por el ejemplo de las religiosas misioneras, a los 12 años ofreció su virginidad a Dios. Prometida en un matrimonio concertado, no sabiendo cómo librarse de este compromiso, puesto que deseaba mantenerse fiel a su voto, fingió estar loca y su prometido anuló el compromiso.

En los años que transcurrió en Mianyang fue catequista de los niños, porque el párroco se dio cuenta de su gran fe y de su conocimiento de las verdades cristianas. Tras la muerte de su padre, se mudó con su madre y un hermano médico a Chongqing. Aquí el sacerdote le pidió ayuda para las catequesis a las mujeres, obra a la que Lucía se dedicó con alegría, rechazando la compensación económica que le habían ofrecido. Al cabo de un tiempo se mudó a la provincia de Guizhou, donde se ganó la admiración del obispo y conoció al misionero francés Juan Pedro Néel (1832-1862), sacerdote de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, que partió para China en agosto de 1858. El padre Néel le confió a Lucía un grupo de mujeres deseosas de conocer las enseñanzas de Cristo. Y la santa reveló, una vez más, ser muy útil, tanto por su conocimiento del chino, su lengua materna, como por el claro testimonio de su vida, fiel a los mandamientos de Dios, que impulsaba a los demás a querer conocer la fuente de su felicidad.

En ese periodo empezaron de nuevo con fuerza las persecuciones, ordenadas por Tian Xingshu, un alto oficial de Guizhou, por odio a la religión cristiana y a la presencia extranjera en general. El padre Néel fue arrestado el 18 de febrero junto a los catequistas Martín Wu Xuesheng, Juan Chen Xianheng y Juan Zhang Tianshen, que había recibido el Bautismo dos días antes, pero que durante el catecumenado ya instruía a sus familiares y amigos sobre la doctrina cristiana. Los cuatro se negaron a renegar de Dios, incluido el recién bautizado, que el verdugo hizo ajusticiar el último, esperando que así cediera a sus intentos de hacerle abjurar: «No deseo nada que no sea la herencia eterna del Cielo», le respondió san Juan Zhang.

Ese mismo día 18 de febrero, a lo largo del camino de los cuatro mártires hacia el lugar de la ejecución, también habían capturado a Lucía. También a ella le ofrecieron la posibilidad de rechazar la fe católica a través de halagos, pero la mujer se mantuvo firme; al día siguiente la llevaron al patíbulo y la decapitaron. Algunos fieles valientes consiguieron recuperar los cuerpos de los cinco mártires y les dieron sepultura. Los familiares de Lucía cogieron su gorro como reliquia y lo pusieron sobre una sobrina gravemente enferma, Paula, que se curó inmediatamente. Los cinco mártires de Guizhou forman parte del grupo de los 120 santos, martirizados en China entre 1648 y 1930 y canonizados por Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000.

Tras la muerte de sus padres, fue cuidada por monjas dominicas de un convento cercano dirigido por sor Stanisława Lenart. Tras terminar la escuela, Stanisława Maria (o Estanislava María) se educó en el Centro de Formación de Docentes de Nowy Sącz, Polonia.

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Día del Seminario 2022

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«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino» es el lema que centrará este año el Día del Seminario. La Iglesia celebra esta jornada el 19 de marzo, solemnidad de San José. En las comunidades autónomas en las que no es festivo, se celebra el domingo más cercano. En este caso, el 20 de marzo. 

La Subcomisión Episcopal para los Seminarios ha elaborado los materiales para apoyar la celebración de esta Jornada, que cada año se presenta como una ocasión para pedir, dar gracias y mostrar nuestra cercanía con los seminaristas, sus formadores y las vocaciones sacerdotales.

«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino», lema de este año

El lema del Día del Seminario 2022 se inspira en el proceso sinodal en el que está inmersa la Iglesia. Así se explica en la reflexión teológica que se incluye entre los materiales. Y matiza, «el Sínodo universal en el que nos encontramos nos hace a todos ponernos en camino juntos».

Junto al Sínodo, dos palabras: sacerdotes y servicio. Sacerdotes, en plural, «recordándonos el sentido del seminario y llamándonos a acrecentar nuestra fraternidad. Los sacerdotes no hemos sido  llamados para estar solos. El seminario nos enseña la importancia de la comunidad y la necesidad de vivir una sana fraternidad».

Además se presenta la vocación sacerdotal como servicio. En el seminario, «los seminaristas aprenden a vivir el servicio y a servir a los hermanos, como parte integrante y fundamental de la vocación. Los intereses egoístas y el provecho propio han de desterrarse y deben dejar lugar al desarrollo de una vocación recibida para ser entregada. Solo desde la entrega la vocación recibe todo su sentido».

Y resume, «si decíamos que el ejemplo de la fraternidad sacerdotal constituye un impulso para los jóvenes que se plantean la vocación sacerdotal, también podemos afirmar que el testimonio de una vida entregada en el servicio infunde ánimos en el corazón de los jóvenes, deseosos de entregarse por completo a una tarea apasionante».  

Fuente: CEE

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