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24 DE FEBRERO: Cómo desarrollar un pensamiento crítico

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La Pastoral Universitaria de Málaga organiza una conferencia de Mª Ángeles López de Uralde Selva sobre el desarrollo del pensamiento crítico.

La conferencia tiene lugar el 24 de febrero, a las 18.30 horas, en el Aula 13 de la facultad de Derecho de la UMA. 

Mª Ángeles López de Uralde Selva es profesora de Psicología del Pensamiento en la UMA.

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23 a 30 DE MAYO: Peregrinación a Polonia

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Las parroquias de San Miguel en Nerja y San Antonio de Padua en Frigiliana peregrinan a Polonia del 23 al 30 de mayo. Van acompañadas de su párroco, el sacerdote José Miguel Porras. Las inscripciones están abiertas.

La pererginación, que cuenta con la organización técnica de Savitur, llevará a los participantes a Varsovia, Wroclaw, al campo de concentración de Auschwitz, a Lagiewniki (uno de los santuarios más famosos de Polonia, dedicado a la “Divina Misericordia” y donde se encuentra la tumba de Santa Faustina Kowalska y sus reliquias en el convento donde vivió), a Cracovia, a Wadowice, a Kalwaria Zebrzydowska (donde se encuentra la iglesia de los Padres Bernardinos con el convento y parque de peregrinaciones que fueron declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad), a Wieliczka y a Czestochowa. El precio ronda los 1.732 euros por persona e incluye los trayectos en tren Málaga-Madrid y Madrid-Málaga, y en avión Madrid-Varsovia y regreso.

Para completar la inscripción es necesario contactar con la parroquia para confirmar la disponibilidad de plazas y facilitar sus datos de contacto. El contacto es el siguiente:

Parroquia San Miguel de Nerja. Teléfono: 952 521 995 Correo: nerja.sanmiguel@diocesismalaga.es Dirección: Calle Barranquilla de Colombia 1 29780 Nerja.

Parroquia San Antonio de Padua de Frigiliana. Teléfono:952 533 080 Correo: frigiliana@diocesismalaga.es Dirección: Calle Real 100 29788 Frigiliana

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El Seminario “San Pelagio” acoge un claustro académico

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En el mismo se anunció la erección del nuevo Instituto de Estudios Teológicos “San Pelagio”

El Seminario Mayor “San Pelagio” acogió el sábado, 12 de febrero, un nuevo claustro académico presidido por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en el que se anunció la erección del Centro de Estudios con el nuevo título de Instituto de Estudios Teológicos de San Pelagio, nombramiento que viene como consecuencia de la renovación de los Estatutos en comunión con la congregación de Escuelas Católicas. Esta reforma nace tras la publicación de la constitución apostólica “Veritatis Gaudium”. Asimismo, se renovó además por un periodo de cinco años la afiliación del Centro a la Universidad eclesiástica de San Dámaso en Madrid.

El Obispo, por su parte, tuvo unas palabras de agradecimiento a cada uno de los profesores por su dedicación y entrega en la formación intelectual, espiritual y pastoral de los futuros sacerdotes. Alentó al claustro a seguir formándose para que la formación sea cada vez más sólida y de mayor calidad.

Junto al pastor de la Diócesis, en la reunión estuvieron presentes las autoridades académicas y el claustro de profesores, quienes intervinieron para anunciar las calificaciones de este primer cuatrimestre.





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“Ser cristiano consiste en una experiencia de amor”

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Homilía en la Eucaristía del VI Domingo del T.O, en la S. I Catedral el 13 de febrero de 2022, día de la Campaña de Manos Unidas contra el hambre en el mundo.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo;

queridos sacerdotes concelebrantes, Pueblo Santo de Dios;
hermanos y amigos:

En una escena que todos recordamos del Evangelio de la infancia, cuando la Virgen va a visitar a su prima Isabel, acerca de la cual le había dicho el ángel que estaba ya embarazada de seis meses; cuando llega la Virgen, Isabel le saluda y le dice: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Hay casi ahí un resumen del Evangelio, que luego se desarrolla en este Evangelio de hoy, que contiene también el corazón del Evangelio: “Dichosa Tú que has creído”. Hay una dicha en creer. Pero, para nosotros, acostumbrados al uso del vocabulario cristiano de tanto tiempo, y de tanto usarlo, “creer” significa a veces tener unas creencias. No significa más que eso y en eso no hay ninguna dicha particular. Y cuando la fe para nosotros es eso, pues, efectivamente, no experimentamos esa dicha.

La fe es confiar la vida a Cristo y, en ese confiar la vida a Cristo, que ha vencido al mal y a la muerte en su Misterio Pascual, con su Resurrección, como primicia nuestra; como aquel que abre un camino, como aquel que abre una brecha en un muro para poder entrar en la ciudad; como aquel que, en este caso, nos ha abierto el Cielo, que nos ha abierto la vida de Dios para nosotros. Y es engancharse a Él, colgarse de Él. Poner nuestra vida en Sus manos. Saber que si Él está con nosotros –“que merezcamos tenerte siempre con nosotros”, como pedíamos en la oración-; si Él está con nosotros, no hay nada que temer, nada. “¿Quién nos va apartar del amor de Cristo? ¿La espada, la muerte, la enfermedad, la peste, la persecución?”. Nada. Nada puede apartarnos, no de nuestro amor por Cristo, sino del amor de Cristo por nosotros.

“Todo lo poseo en aquel que me ha amado”. Y ese confiar la vida en Cristo que es en lo que consiste el cristianismo, sí que tiene una dicha, una dicha incomparable con ninguna de las luchas de este mundo. En las Lecturas de hoy se comparaba al árbol plantado al borde de la acequia que da fruto en su sazón (aunque haya sequía, no se agosta, tiene siempre una veta de agua de la que se alimenta, florece y da fruto). Esa es la vida humana cuando se apoya en Cristo y uno no puede sino dar gracias por ello. Un día, otro día, todos los días de nuestra vida. Entonces, sí se experimenta esa dicha. Sí se experimenta también la verdad de “¡maldito del hombre que confía en otro hombre!”, como decía la Primera Lectura. Que ponemos nuestra esperanza en lo que los hombres podemos hacer. Luego, hablaba de confiar en la carne, pero la carne ahí se refiere a las obras humanas, a las posibilidades humanas, el que nosotros podemos construir nuestra felicidad, darnos a nosotros mismos la dicha. A poquito que usemos nuestra inteligencia nos damos cuenta de que nosotros no nos podemos dar a nosotros mismos más que una dicha falsa. Una dicha enferma de cáncer, de un cáncer incurable. Una dicha en la que tenemos que disimularnos cosas a nosotros mismos, o tenemos que disimulárselas a los demás, o tenemos que tratar de disimulárselas a Dios. No. La dicha verdadera, la dicha profunda que nace, nace de la Presencia del Señor, no nace de nuestras fuerzas. El hombre que confía en otro hombre, el hombre que confía en la carne, que confía en sus fuerzas, en sus posibilidades, no es maldito porque Dios le maldiga, es maldito porque está condenado a vivir en la desesperación, en el cinismo, en esa falta de alegría profunda, verdadera, que sólo nace de Dios.

Mis queridos hermanos, otra consecuencia de esa expresión de la fe se ve en las bienaventuranzas que comienzan diciendo “dichosos”, dichosos los hombres. Ese es el Evangelio. El Evangelio es una proclamación de una noticia nueva, de una alegría, de un motivo de alegría. ¿Por qué? Porque el Reino de Dios está en medio de nosotros, porque Cristo ha venido.

Eso tiene una consecuencia inmediata de la que muy pocas veces nos damos cuenta. El Evangelio no se comunica con discursos. Se comunica con el testimonio y el testimonio, no de una vida moral muy difícil, muy ascética, muy sacrificada, sino con un testimonio de alegría, de una alegría que no se puede falsificar. Si fuéramos conscientes de esto, pediríamos al Señor la experiencia de tenerle con nosotros de tal manera que nuestra alegría sea desbordante.

Que nuestra alegría hable de verdad de que conocer a Jesucristo es una buena noticia. Que seamos difusores de esa alegría que nace de la experiencia de ser amado y de cómo uno comprende, a la luz de ese amor, el bien que hay en amar a los demás, amigos y enemigos. Personas más fáciles, personas más difíciles. Personas con las que me es más fácil entenderme. Personas con las que me es menos fácil entenderme o que chocan más los temperamentos.

Que nuestro amor, cuando recibimos el amor de Cristo, como ese amor es infinito y sin límites, en el corazón brota un deseo de amar. Y de ese deseo de amar y de esa capacidad de amar brota en primer lugar la alegría. Yo recuerdo, y lo he citado muchas veces aquí mismo, en la Catedral, haber oído a un sacerdote que está iniciando su proceso de beatificación, decir que “el primer fruto de haber encontrado a Jesucristo es el gusto por la vida”. La vida se hace bella, uno puede gozarla, disfrutarla, porque vive en la acción de gracias, porque en Jesucristo lo tiene todo.

Si Jesucristo fuese solo una creencia; si Jesucristo fuese solo una raíz de unos valores morales o una ocasión para pedirLe que me ayude a sacar bien los exámenes a pesar de que no he estudiado demasiado, o cosas de ese tipo, pues no. Pero cuando uno encuentra el amor de Jesucristo, cuando uno encuentra a Jesucristo como un amor invencible, clave del sentido de mi vida, no porque yo sea bueno, no porque yo haya hecho cosas que merezcan ese amor, sino que me lo encuentro gratuitamente, entonces brota una alegría pura en el fondo del corazón. Decía el Papa Francisco en una ocasión que una persona que hubiera vivido siempre contenta no había que hacerle proceso de beatificación, se la podría beatificar inmediatamente. ¡Por lo mismo! Porque cuando confiamos en nosotros mismos, en nuestras fuerzas, en nuestros proyectos, en nuestros planes, pues somos como la caña en el desierto, somos paja, como la hierba del campo. Cuando confiamos en el Señor somos el árbol plantado al borde de la acequia. Ser cristiano consiste en una experiencia de amor, una experiencia de que somos amados con un amor inimaginable, inconcebible. Me faltan las palabras y me falta también la pasión por comunicároslo, pero quisiera comunicaros ese amor, porque es la única manera de evangelizar y es la única manera de que nuestro corazón cambie y se haga capaz de amar a los demás.

Hoy la Iglesia celebra el día de Manos Unidas, la campaña Contra el Hambre, y el Evangelio de hoy decía “dichosos los pobres. Dichosos los que lloran”. Eso no son elogios de Jesús. “Dichosos los que lloran” no significa “hala, seguid llorando”. Anuncia a un mundo que llora, a un mundo que es pobre, a un mundo que vive lleno de miserias, que hay la posibilidad de una dicha, que hay la posibilidad de una alegría. Esa posibilidad de la alegría y de la dicha está vinculada a Su persona y a la experiencia de acoger Su persona en nuestra vida. Esa acogida nos hace capaz de amar a los hombres, de desear que también ellos puedan sentirse acogidos. De nada sirve dar una limosna si nuestro corazón está frío, seco y árido. Lo que el Señor quiere es que nuestro corazón esté verdaderamente abierto a las necesidades de todo tipo que los hombres tienen, a los llantos de todo tipo que los hombres lloran. Vivimos en un hospital de campaña. ¡Cuánto dolor hay a nuestro lado! ¡Cuánta pobreza hay a nuestro lado! ¡Una pobreza tan grande! A veces se cree que consiste sólo en la falta de dinero. ¡Dios mío! El Evangelio cambia las categorías del mundo. Nos pone el mundo al revés. Nosotros pensamos que la felicidad consiste en tener dinero. Pensamos que la felicidad consiste en el estatus social. Pensamos que la felicidad consiste en disponer de toda clase de medios a nuestro hogar, a nuestra disposición en el mundo de hoy y, si es posible, el último modelo mejor que el penúltimo. El Evangelio le da la vuelta: “Dichosos vosotros los pobres, pero ay de vosotros, ricos. Ay de vosotros los que ahora reís, porque lloraréis!”, cuando reímos simplemente por la satisfacción o el placer que nos dan los bienes de este mundo. Nos reímos de verdad al acoger a Cristo.

Acoger el amor de Cristo hace que la vida tenga sentido, hace que la muerte tenga sentido, hace que la risa tenga sentido. Hace que el cantar y el bailar puedan tener sentido y ser algo bello que acogemos en nuestra vida, y que deseamos comunicar a los demás. La mayor parte de los bailes tradicionales europeos han nacido en las plazas que había delante de las parroquias y es normal: la experiencia del encuentro con Cristo produce un pueblo, un pueblo alegre, un pueblo.

La evangelización en este mundo es algo tan difícil, porque no caemos en la cuenta que lo único que tenemos que comunicar al mundo es la alegría de haber encontrado a Jesucristo, y sólo se puede hacer mediante el testimonio. Yo lo estoy haciendo ahora en forma de discurso, pero porque pienso que vosotros lo habéis encontrado y deseo que sean vuestras vidas como la mía, que lleve por el mundo esta alegría que se refleja en la mirada. Se refleja en una mirada clara, transparente, que no tiene miedo ni siquiera al mal del otro, ni siquiera a la torpeza, a la miseria, o a la incapacidad del otro. No tiene miedo a nada, porque lo tiene todo en Cristo.

Si el Señor nos concediera este don, veríais lo fácil que era evangelizar, lo fácil que era comunicar… ¡Si es que la alegría se difunde sola! No hace falta organizarla. No hace falta pensar unos ratitos para mostrar que estamos contentos. Se vive contento y se comunica hasta casi sin querer.

Sed generosos en la colecta de hoy. Pero no lo seáis por obligación, no lo seáis por mis palabras. Sed generosos como una forma de súplica. Señor, que podamos encontrar tu amor, de tal manera que nos demos cuenta de que todo en la vida, que todo lo que somos y todo lo que tenemos, también nuestras cualidades, también nuestros bienes, son todo regalo y gracia tuya.

Que así vayamos aprendiendo a hacer de nuestra vida un regalo que comunique nuestra felicidad; que pueda hacer felices a los que tenemos cerca o a los que tenemos lejos.

Concédenos Señor ese don. Tú, que Te vuelves a dar a nosotros, haz de nuestras vidas un don para nuestros hermanos. Que podamos decir “dichosos”, a la humanidad, y si nos persiguen por ello, pues “dichosos vosotros cuando os persigan, que también persiguieron a los profetas y a Él hasta la muerte”. Esa dicha no nos la puede arrebatar nadie

En pocas semanas vamos a beatificar aquí a unos mártires de la persecución religiosa en España en los primeros días, vinculada con el comienzo de la Guerra Civil, que dieron su vida por Jesucristo. Ellos son el testimonio más claro de que la gracia de Jesucristo, el conocimiento de Jesucristo, vale más que la vida. No sólo que las cosas de la vida, sino más que la vida. Nos recuerdan cuál es el bien del que ellos ya disfrutan y que nosotros Le pedimos al Señor poder compartir un día con ellos en el Reino de los Cielos. Pero empezad ya aquí, porque el amor de Jesús lo tenemos ya aquí.

Se lo pedimos al Señor juntos. Le damos gracias por ser hijos de un pueblo de santos, de un pueblo de mártires, de un pueblo que ha experimentado el amor de Dios y que no tiene miedo a vivir de ese amor, cueste lo que cueste, porque sin ese amor no habría alegría y, con ese amor, aunque uno pierda la vida, lo gana todo en esta vida y la otra.

Que así sea para cada uno de nosotros.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

13 de febrero de 2022
S.I Catedral de Granada

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“Bienvenida, señora, a esta casa que es la Iglesia”

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“Bienvenida, señora, a esta casa que es la Iglesia”

El obispo de Córdoba ha recibido a la Virgen de Araceli en el templo principal de la Diócesis tras procesionar por las calles de la ciudad

Entre vítores, flores y una inmensa multitud de fieles, María Santísima de Araceli ha recorrido en la mañana de este domingo, 13 de febrero, las calles de la ciudad hasta llegar al templo principal de la Diócesis, donde ha sido recibida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, dejando estampas para el recuerdo de los lucentinos y todos sus devotos en una jornada histórica, pues ha sido la primera vez en su historia que procesiona en Córdoba.

La Virgen de Araceli radiante con su bendito Niño tras la restauración a la que se han sometido durante más de cuatro meses en el taller Regespa, comenzó su desfile procesional desde la parroquia de San Francisco y San Eulogio rumbo al templo principal de la diócesis rodeada de multitud de fieles, llevada por su cuadrilla de santeros y acompañada por la Sociedad Didáctico Musical de Lucena.

Minutos antes de las once de la mañana, la Patrona del Campo Andaluz hacía su entrada al templo principal de la diócesis vitoreada por quienes la rodeaban hasta llegar a la Puerta de las Palmas, donde la esperaba el Obispo.

Monseñor Demetrio Fernández ha dado la bienvenida a la imagen y a todos los presentes aclamando: “Sed bienvenida, señora, a esta casa que es la Iglesia, la comunidad de los hijos de Jesucristo. Los lucentinos y los aracelitanos damos hoy gracias a Dios por tener Madre”.

En su alocución, el prelado ha instado a la Virgen a bendecir a todos los que la han acompañado en este día gozoso, “a todos los devotos de tu advocación, María Santísima de Araceli” y ha añadido: “Madre de la Iglesia protege a todos los que te invocamos y que tu paso por esta Santa Iglesia Catedral de Córdoba nos llene a todos de alegría y nos haga sentirnos hijos fieles de la Iglesia”.

Seguidamente, ha dado comienzo la celebración de la santa misa ante unas naves catedralicias repletas de fieles.

Mirar siempre a María

En su homilía, monseñor Demetrio Fernández ha comenzado saludando a la Virgen y elogiando su rostro, pues “nos hace conectar con nuestra Madre del cielo”. “La Virgen mueve los corazones y hoy a los lucentinos os ha traído a la Catedral de Córdoba para celebrar la misa del domingo y venerarla”, ha manifestado.

El pastor de la Diócesis ha recordado además la importancia de confiar en Dios, asegurando que “cuando Dios está ausente en el trabajo, en la vida social o en la vida pública, el hombre sale perdiendo”. Al hilo de esto, ha indicado además que si nuestro corazón no está puesto en Dios, tendremos una felicidad a corto plazo.

Ha concluido recordando que la vida cristiana es mirar a María, porque “al mirarla a Ella entendemos lo que Dios quiere de nosotros, Ella ha confiado siempre en Dios, produce la paz en los corazones, en Ella se cumplen las bienaventuranzas de su hijo Jesucristo y en Ella está el espejo donde podemos mirarnos”. “Ella te dará la paz y la alegría en el alma y en el corazón, como ha experimentado Lucena, donde la devoción a la Virgen de Araceli se ha convertido en un pueblo entero que ha experimentado que teniendo a María tiene todo”, ha aclamado.

Encuentro de novios

La celebración ha coincidido además con el Encuentro diocesano de Novios organizado por la delegación de Familia y Vida.

Una treintena de parejas han acudido al templo principal de la diócesis a celebrar la santa misa y recibir la bendición del Obispo, quien les ha animado a tener siempre presente en los hogares que van a construir una imagen de la Virgen para acudir a Ella.

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“Caricia de Dios” para los residentes de la Casa Sacerdotal

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El pasado viernes, 11 de febrero, a las 18:00 horas, nuestro obispo Antonio ha festejado a Nuestra Señora de Lourdes en la casa sacerdotal y ha celebrado, con todos los residentes, el Sacramento de la Unción de Enfermos.

En la homilía, citando al profeta Oseas, les dijo que este sacramento era una caricia de Dios. Que salíamos de las manos de Dios y a sus manos volvíamos. “En este momento el Señor nos alza a sus mejillas como un padre a su hijo pequeño para besarlo”, afirmó el prelado almeriense. En la postcomunión todos dieron al Señor gracias por su vida y D. Antonio dio gracias a los sacerdotes presentes por su vida entregada por Cristo y su Evangelio.

Después hubo una cena de fiesta y terminó la tarde con una tertulia donde los sacerdotes le preguntaron sobre la visita Ad Límina.

Todos han agradecido a nuestro obispo el gesto de celebrar la Jornada Mundial del Enfermo con ellos.

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Venciendo juntos la indiferencia. Jornada de Manos Unidas

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Hace más de sesenta años un grupo de mujeres de Acción Católica Española lanzó la primera Campaña contra el hambre, respondiendo a un llamamiento de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) a fin de luchar contra el hambre. Desde 1960 se han sucedido sin interrupción campañas anuales para dar a conocer y denunciar la existencia del hambre y de la pobreza, sus causas y sus posibles soluciones. Inspirándose en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, Manos Unidas trabaja para que cada persona, hombre y mujer, en virtud de su dignidad, sea por sí misma responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual, de modo que pueda gozar de una vida digna. Las campañas tienen un doble objetivo: denunciar ante la sociedad española la existencia del hambre y lograr medios económicos que permitan financiar los proyectos de desarrollo integral. Mostrando sin complejos su identidad católica, la primera campaña denunció “el hambre de paz, de cultura y de Dios que padece gran parte de la humanidad”.

La campaña de 2022 pone el dedo en la llaga de las causas del hambre en el mundo y declara con valentía: “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. A estas alturas del siglo XXI sabemos bien que el hambre en el mundo no es un problema de falta de recursos sino de mala distribución de los mismos. Para vencer la desigualdad que causa el hambre es necesario derrotar la indiferencia. Que la pobreza y el hambre no sean invisibles depende de nosotros. No nos engañemos: la luz de la fe se apaga si cerramos los ojos a la desigualdad. La indiferencia es hija del egoísmo y de la apatía. Para derrotarla debemos salir de nosotros mismos y sentir como propias las necesidades de los demás. Contra el hambre es necesario actuar.

La campaña de este año se lanza cuando la Iglesia Católica se prepara a la celebración de un Sínodo que se ocupará de una dimensión que le es inherente, la sinodalidad: si la Iglesia es misterio de comunión, quienes formamos parte de ella vivimos el gozo de “caminar juntos”. Generosidad y compasión (“padecer conjuntamente”) brotan cuando aprendemos a caminar juntos. Por eso, caminando juntos vencemos la indiferencia, hacemos visibles los rostros de la desigualdad y empezamos a derrotar el hambre.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Presentación de la “Campaña Mundial del Enfermo” y Semana del Matrimonio, en Iglesia Noticia

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Presentación de la “Campaña Mundial del Enfermo” y Semana del Matrimonio, en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 13 de febrero, a las 09:45 horas.

Anunciamos el inicio de la Campaña Mundial del enfermo, que durará hasta el próximo 22 de mayo. Hablamos para ello con el delegado de la Pastoral de la Salud y capellán del Hospital Ruiz de Alda, que nos da los detalles de esta campaña que es la más larga de las que propone la Iglesia.

A su vez hablamos de la Semana del Matrimonio. Una iniciativa que forma parte de la celebración de este “Año de la Familia Amoris Laetitia”. Informamos de las propuestas que habrá cada día de la próxima semana, incluida la Ruta Romántica por el Albaycín, pensada para fortalecer el vínculo de los matrimonios de la diócesis de Granada.

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La Emisora Diocesana cumple 26 años

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El obispo de Canarias, José Mazuelos, entrevistado en la Emisora diocesana 

Se cumplen 26 años del inicio de las emisiones y la radio de titularidad diocesana ha contado este miércoles, 9 de febrero, con la presencia del obispo de Canarias. José Mazuelos ha sido entrevistado en una edición especial del programa La casa de la iglesia. En la entrevista, el obispo habla de diversos asuntos de actualidad como la ruta migratoria, la acogida a los migrantes, la situación de pobreza y exclusión social que viven muchas familias, la reciente visita ad limina, los retos diocesanos, el sínodo de los obispos o la importancia de los medios de comunicación.

En su visita a la Emisora diocesana, el obispo ha bendecido los nuevos estudios situados en Tafira, junto al Centro de pastoral y el Istic. El obispo ha estado acompañado por los consiliarios de la Emisora diocesana, Jorge Martín de la Coba y Venerando Novelle.

Un proyecto nacido en Tamaraceite 

La Emisora diocesana es fruto del proyecto que nació en la parroquia de Tamaraceite, gracias a la iniciativa del sacerdote Jesús Vega, bajo la denominación de Radio Tamaraceite Onda Parroquial. En la actualidad, este medio se ha convertido en un referente de la comunicación en la diócesis. Una herramienta audiovisual para transmitir los valores del Evangelio.

Cada día son miles de personas las que sintonizan la Emisora diocesana para seguir una valiosa programación pastoral, social y cultural hecha por más de cuarenta voluntarios.

¡FELICIDADES! a todos los que forman parte de la historia de esta radio que tanto significa en la vida de los diocesanos.

 




















 

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