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Monseñor Saiz insta a los matrimonios a ser “sal y fermento que renueva el mundo”

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Monseñor Saiz insta a los matrimonios a ser “sal y fermento que renueva el mundo”

El Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha presidido hoy la Eucaristía de clausura de la Semana del Matrimonio. Ésta se ha hecho coincidir con la celebración de las bodas de oro y plata matrimoniales que cada año organiza la Pastoral Familiar junto a la Asociación Ntra. Sra. de los Reyes y San Fernando. Como el año pasado no se pudo realizar a causa de la pandemia, este año se convoca a todos los matrimonios sevillanos que en los años 2021 y 2022 celebrasen ese aniversario.

En esta ceremonia han participado alrededor de 80 matrimonios, que han recibido de manos del propio Arzobispo un recuerdo de este día. Entre ellos, destacan María Dolores Sánchez-Campa y Manuel Granado, delegados diocesanos de la Pastoral Familiar, que cumplían cincuenta años de casados.

Por su parte, monseñor Saiz ha comenzado su homilía hablando de “la revolución del amor que propone el Evangelio”. No en vano, nos anima a “amar hasta los enemigos”, una cuestión “sublime” –ha destacado-, pero “humanamente imposible”. “Solo podremos lograrlo si le pedimos la gracia a Dios”, ha dicho, porque “este amor misericordioso que abraza al enemigo hace creíble el Evangelio”.

Además, el prelado hispalense ha aprovechado para felicitar a los matrimonios que celebraban hoy sus bodas de plata y oro: “El amor matrimonial es vivir el amor de Dios de forma compartida”, ha asegurado. Por eso, “vuestro testimonio da ejemplo de un amor vivido, mantenido y fiel a lo largo del tiempo. Esto es lo que necesita la sociedad”. Al respecto, ha apuntado que el amor “no es algo estático” y ha invitado a los esposos a vivirlo con dinamismo y creatividad.

Finalmente, ha insistido en que “la Iglesia necesita de vuestro testimonio de amor, necesita que seáis sal y fermento que renueva el mundo y la vida”, por este motivo, “os pido que cada día renovéis y estrenéis vuestro amor conyugal y familiar”.

Durante la ceremonia los esposos presenten han podido renovar sus promesas matrimoniales y recibir la bendición de monseñor José Ángel Saiz.

Semana del Matrimonio

La Archidiócesis de Sevilla ha celebrado desde el 14 la Semana del Matrimonio, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española enmarcada en el Año de la Familia ‘Amor Laetitia’, que comenzó el pasado 19 de marzo, como hito en el quinto aniversario de la firma de esta Exhortación Apostólica Postsinodal.

Con esta Semana del Matrimonio, la Iglesia diocesana pretende “mostrar a nuestra sociedad la belleza del matrimonio fundado en Cristo”, explican los delegados diocesanos de Familia y Vida, María Dolores Sánchez-Campa y Juan Manuel Granado. Para ello, desde la Pastoral Familiar se ha organizado una serie de actividades que están han recorrido toda la Archidiócesis hispalense.

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Los seminaristas juegan un partido de fútbol en beneficio de Manos Unidas

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Los seminaristas juegan un partido de fútbol en beneficio de Manos Unidas

La ciudad deportiva del Sevilla F.C. ha acogido esta mañana el partido solidario en el que se han enfretado por primera vez guardias civiles y seminaristas para colaborar con la campaña de Manos Unidas. La  victoria de los de la benemérita ha evidenciado su superioridad física y amplia experiencia como equipo, aunque el ambiente ha sido de solidaridad, amistad y diversión.

El embajador de la Fundación Sevilla Fútbol Club, Antonio Álvarez, inauguraba el acto en presencia de Luis Ortega, coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Sevilla, así como de Antero Pascual, rector del Seminario, y  María Albedea, delegada Manos Unidas Sevilla. Tras un breve discurso y agradecimiento a los participantes daba comienzo el partido.

Otro de los momentos estelares de la mañana fue la visita de Jesús Navas, jugador titular del Sevilla F.C. que quiso hacerse presente para animar a ambos equipos y colaborar en la difusión de las campañas de Manos Unidas. En el receso del partido fue el encargado de sortear una camiseta firmada por todos los jugadores así como un balón, donados por la Fundación del Sevilla F.C.

Manos Unidas presenta este año su campaña número 63 cuyo lema es “Nuestra Indiferencia los condena al olvido’ con el claro objetivo de concienciar de las desigualdades y ayudar en la difusión de los proyectos que tiene en marcha para favorecer el desarrollo y sostenimiento de las personas empobrecidas.

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Del 21 al 23 de febrero, jornadas de relaciones interconfesionales en Madrid

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Del 21 al 23 de febrero, jornadas de relaciones interconfesionales en Madrid

Con la participación de nuestro arzobispo D. Javier Martínez, presidente de la Subcomisión episcopal de relaciones interconfesionales y diálogo interreligioso.

Del 21 al 23 de febrero de 2022 tendrán lugar en Madrid las Jornadas de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso. «El ser y la misión de la Iglesia en los diálogos ecuménicos» es el tema central de este encuentro, que organiza la Subcomisión Episcopal para las relaciones interconfesionales y el diálogo interreligioso.

Primera ponencia, sobre la situación actual, a cargo de Mons. Brian Farrell
Las jornadas darán comienzo el lunes 21 de febrero, a las 16:45 h., con el saludo del arzobispo de Granada y presidente de esta Subcomisión, Mons. Francisco Javier Martínez Fernández. Seguidamente tendrá lugar la primera ponencia, en la que el secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Mons. Brian Farrell, hablará sobre la «Situación actual de los diálogos de la Iglesia católica con otras confesiones cristianas». En la segunda ponencia, el director del secretariado de la Subcomisión, Rafael Vázquez Jiménez, se centrará en los documentos, «La iglesia: hacia una visión común» y «La respuesta de la Iglesia católica«.

Para el martes 22 se han programado tres ponencias en las que se plantea la cuestión de la Iglesia en el diálogo Católico-Ortodoxo, Católico-Anglicano y Católico-Luterano. Intervendrán, respectivamente, Mons. Dimitrios Salachas, Exarca Apostólico Emérito para los Católicos de Rito Bizantino en Grecia; el profesor Carlos Martínez Oliveras, CMF, director del Instituto de Vida Religiosa de Madrid; y el profesor Dirk G. Lange, asistente para las Relaciones Ecuménicas de la Federación Luterana Mundial.

El último día, el viernes 23, estará dedicado al intercambio de experiencias ecuménicas en las diócesis y al diálogo entre la Subcomisión y los delegados diocesanos.

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La Diócesis consagrada al Sagrado Corazón de Jesús

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Esta mañana la Diócesis ha vivido un momento histórico en su historia, la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Eucaristía y consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Todo comenzaba como hace cien años, en la casa sacerdotal ante el monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Fieles de todas las partes de la Diócesis se unían en oración junto a su pastor diocesano junto al Sagrado Corazón de Jesús. Tras este momento, todos los allí presentes iban en peregrinación junto a la cruz de los jóvenes hasta el primer templo de la Diócesis donde se celebraría la Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, a las 11hrs daba comienzo la Eucaristía y consagración de la Diócesis de Asidonia-Jerez al Sagrado Corazón de Jesús. En esta celebración esta eran las palabras de D. José Rico Pavés que puedes leer aquí – https://wp.diocesisdejerez.org/2022/02/19/homilia-de-monsenor-rico-paves-en-la-eucaristia-y-consagracion-de-la-diocesis-al-sagrado-corazon-de-jesus/.

Antes de finalizar la celebración toda la Santa Iglesia Catedral rezaba al unísono la oración preparada para la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, asimismo, los fieles tenían a la vista también la oración de la consagración de 1922.

Por último, Monseñor Rico Pavés, como se anunció durante esta semana, menciono el Año Jubilar que comienza hoy mismo y que la Santa Sede ha concedido a la Iglesia Asidonense hasta el 19 de febrero de 2023. Asimismo, hizo hincapié en que en poco tiempo se dará conocer los distintos actos de este Año Jubilar que ya ha comenzado.

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Homilía en la consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús

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Querida familia de la Diócesis:

Permitidme que comience mis palabras con la jaculatoria que suelo emplear para terminar mis homilías: Nada sin María, todo con Ella. En la pasada Vigilia de la Inmaculada fue consagrada nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez al Inmaculado Corazón de María y a san José. Muchos de vosotros, jóvenes y adultos, familias y personas consagradas, de forma individual y comunitaria, os unisteis a esta consagración como expresión pública de amor a María Santísima y a San José dando cumplimiento al mandato de Cristo que en la cruz nos pidió recibir a María como Madre.

Así es. Antes de que el costado de Jesucristo fuera traspasado por la lanza del soldado y se nos abrieran los tesoros de su Corazón, María nos fue regalada como Madre. Para entrar con provecho en el costado traspasado del Redentor y experimentar más a fondo la grandeza insondable del Amor divino, debemos recibir a María Inmaculada como Madre de Cristo y Madre Nuestra. María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y perdona nuestros pecados. Al consagrarnos al Inmaculado Corazón de María encontramos el camino seguro que conduce al amor divino-humano de su Hijo Jesucristo, cuyo símbolo excelente es su Sagrado Corazón.

Por eso, cuando se cumplen cien años de la consagración de Jerez al Sagrado Corazón de Jesús, llevada a cabo en el lugar conocido como Monte Calvario, punto más elevado de la ciudad, renovamos nuestro compromiso de ser del todo y para siempre de la Virgen María, para que nos alcance de su Hijo la gracia de un corazón renovado que se deje inflamar por el fuego de su amor: ¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!

Así, desde el regazo materno de María Santísima, terminaremos la Santa Misa renovando la consagración de la ciudad de Jerez y extendiendo esta consagración a toda nuestra diócesis. Con este motivo, la Santa Sede, a través de la Penitenciaría Apostólica, nos ha regalado un Año jubilar que se prolongará hasta el Domingo 19 de febrero de 2023. Damos gracias a Dios, que, en su Providencia amorosa, nos ha otorgado este año en el que tendremos la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales. Un año de gracia para renovar la vida cristiana en la diócesis proclamando con nuevo ardor la llamada la conversión y el anuncio del evangelio.

No renovamos la consagración con la pretensión nostálgica de recuperar una época pasada ni con el simple propósito de extender una devoción entre otras posibles. Cuando ponemos la mirada de fe en el misterio del amor divino y humano de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo símbolo es el Sagrado Corazón, no hacemos otra cosa que confesar la verdad de la encarnación y proclamar el triunfo de la resurrección. Consagramos la diócesis al Corazón de Jesús -dicho con palabras vibrantes de san Juan de Ávila- para que «sepan todos que nuestro Dios es Amor y que sus deseos son amar y ser amado, sin buscar propio interés» (Serm. 50,3). Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús confiamos la realidad total de nuestra iglesia particular -sus miembros, familias, pueblos e instituciones- al poder insuperable del amor de Dios, pues a todos queremos hacer partícipes de este amor. La transformación de la sociedad, de la educación, de la cultura y de las instituciones comienza siempre por el corazón. Para que el amor de Dios reine en el mundo se requieren corazones generosos que, dejándose amar por Él, le ofrezcan libremente una respuesta de amor.

Desde la fe, en efecto, todo acto de consagración es siempre una respuesta de amor al Amor primero de Dios. Quien consagra su vida al Corazón de Jesús, responde agradecido al amor extremo de Dios entregándole lo que reconoce haber recibido de Él: entendimiento, voluntad, afectos, todo cuanto es y tiene. La consagración tiene su origen en la vida nueva recibida en el bautismo e implica siempre un reconocimiento, un ejercicio de reparación y un compromiso misionero. Un reconocimiento porque confesamos que Jesús es Salvador de todos y de todo, “Redentor del mundo, Rey de reyes y Señor de los que dominan”. Un ejercicio de reparación porque, amándonos, Cristo mismo cura las heridas de nuestros pecados y nos capacita para amar por los que no le aman, poniendo amor donde otros ponen ofensas. Un compromiso misionero porque el amor de Cristo nos urge a compartir con todos la alegría de creer y el consuelo de su misericordia.

Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús expresamos nuestro agradecimiento al Señor por la herencia de santidad recibida de nuestros mayores, pedimos un profundo rejuvenecimiento de la fe en nuestro pueblo y nos comprometemos a afrontar con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro. Confiando al amor de Dios el destino de nuestra Iglesia particular, renovaremos esta petición centenaria al Sagrado Corazón de Jesús: “Reina en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

Realizamos la consagración de la diócesis cuando nos estamos preparando con toda la Iglesia a la celebración de un Sínodo que nos ayudará a comprender la necesidad de caminar juntos en la comunión de la Iglesia. Lo hacemos, además, cuando seguimos celebrando un año dedicado a la alegría del amor (“amoris laetitia”) que necesita ser percibido en la proclamación de la verdad del matrimonio y de la familia. No ignoramos, en fin, el sufrimiento que sigue provocando la pandemia y las dramáticas consecuencias sociales que está provocando. En este contexto, ¿qué sentido tiene la consagración que estamos celebrando?

Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (Hb 12, 2), queremos responder a la llamada vigorosa del Papa a poner la Iglesia entera en estado permanente de misión. La respuesta a los problemas de todo tiempo se llama evangelización. Para esto existe la Iglesia: para evangelizar, es decir, para llevar a todos al encuentro con Jesucristo. Cuando ponemos la mirada de fe en el Corazón de Jesús, descubrimos que, en el momento presente, requiere recuperar tres criterios evangélicos: el estilo de la evangelización se asume cuando aprendemos de Cristo, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11, 29), cuando comprobamos que el Corazón herido de Cristo es el que nos cura, cuando percibimos que su Corazón nos espera en los más necesitados con los que se identifica. La consagración al Corazón de Jesús desea así dar a la tarea misionera una triple orientación: evangelizar desde el Corazón, dejarse curar por el amor de Dios y hacer de las obras de misericordia nuestra hoja de ruta.

A la celebración de 1922 siguieron numerosísimos frutos de santidad, siendo el más excelente la entrega de la vida como testimonio del Amor más grande por parte de muchos mártires. De un Año jubilar destinado a renovar aquella consagración de 1922 esperamos el fruto visible de una renovación de la vida cristiana en nuestra diócesis. Para que se produzca ese fruto, será suficiente la fiel entrega de unos pocos que pongan su confianza en el Corazón de Cristo para llevar a todos la grandeza infinita de su amor.

Que el Señor recoja, como hizo hace cien años, nuestra súplica confiada: “Sé siempre el Rey de esta diócesis, haciendo que, a su vez, sea ella ahora y siempre Jerez de tu Sagrado Corazón”. ¡Sagrado Corazón de Jesús: en Ti confío!

Homilía de Monseñor Rico Pavés en la Eucaristía y consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús

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Querida familia de la Diócesis:

Permitidme que comience mis palabras con la jaculatoria que suelo emplear para terminar mis homilías: Nada sin María, todo con Ella. En la pasada Vigilia de la Inmaculada fue consagrada nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez al Inmaculado Corazón de María y a san José. Muchos de vosotros, jóvenes y adultos, familias y personas consagradas, de forma individual y comunitaria, os unisteis a esta consagración como expresión pública de amor a María Santísima y a San José dando cumplimiento al mandato de Cristo que en la cruz nos pidió recibir a María como Madre.

Así es. Antes de que el costado de Jesucristo fuera traspasado por la lanza del soldado y se nos abrieran los tesoros de su Corazón, María nos fue regalada como Madre. Para entrar con provecho en el costado traspasado del Redentor y experimentar más a fondo la grandeza insondable del Amor divino, debemos recibir a María Inmaculada como Madre de Cristo y Madre Nuestra. María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y perdona nuestros pecados. Al consagrarnos al Inmaculado Corazón de María encontramos el camino seguro que conduce al amor divino-humano de su Hijo Jesucristo, cuyo símbolo excelente es su Sagrado Corazón.

Por eso, cuando se cumplen cien años de la consagración de Jerez al Sagrado Corazón de Jesús, llevada a cabo en el lugar conocido como Monte Calvario, punto más elevado de la ciudad, renovamos nuestro compromiso de ser del todo y para siempre de la Virgen María, para que nos alcance de su Hijo la gracia de un corazón renovado que se deje inflamar por el fuego de su amor: ¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!

Así, desde el regazo materno de María Santísima, terminaremos la Santa Misa renovando la consagración de la ciudad de Jerez y extendiendo esta consagración a toda nuestra diócesis. Con este motivo, la Santa Sede, a través de la Penitenciaría Apostólica, nos ha regalado un Año jubilar que se prolongará hasta el Domingo 19 de febrero de 2023. Damos gracias a Dios, que, en su Providencia amorosa, nos ha otorgado este año en el que tendremos la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales. Un año de gracia para renovar la vida cristiana en la diócesis proclamando con nuevo ardor la llamada la conversión y el anuncio del evangelio.

No renovamos la consagración con la pretensión nostálgica de recuperar una época pasada ni con el simple propósito de extender una devoción entre otras posibles. Cuando ponemos la mirada de fe en el misterio del amor divino y humano de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo símbolo es el Sagrado Corazón, no hacemos otra cosa que confesar la verdad de la encarnación y proclamar el triunfo de la resurrección. Consagramos la diócesis al Corazón de Jesús -dicho con palabras vibrantes de san Juan de Ávila- para que «sepan todos que nuestro Dios es Amor y que sus deseos son amar y ser amado, sin buscar propio interés» (Serm. 50,3). Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús confiamos la realidad total de nuestra iglesia particular -sus miembros, familias, pueblos e instituciones- al poder insuperable del amor de Dios, pues a todos queremos hacer partícipes de este amor. La transformación de la sociedad, de la educación, de la cultura y de las instituciones comienza siempre por el corazón. Para que el amor de Dios reine en el mundo se requieren corazones generosos que, dejándose amar por Él, le ofrezcan libremente una respuesta de amor.

Desde la fe, en efecto, todo acto de consagración es siempre una respuesta de amor al Amor primero de Dios. Quien consagra su vida al Corazón de Jesús, responde agradecido al amor extremo de Dios entregándole lo que reconoce haber recibido de Él: entendimiento, voluntad, afectos, todo cuanto es y tiene. La consagración tiene su origen en la vida nueva recibida en el bautismo e implica siempre un reconocimiento, un ejercicio de reparación y un compromiso misionero. Un reconocimiento porque confesamos que Jesús es Salvador de todos y de todo, “Redentor del mundo, Rey de reyes y Señor de los que dominan”. Un ejercicio de reparación porque, amándonos, Cristo mismo cura las heridas de nuestros pecados y nos capacita para amar por los que no le aman, poniendo amor donde otros ponen ofensas. Un compromiso misionero porque el amor de Cristo nos urge a compartir con todos la alegría de creer y el consuelo de su misericordia.

Al consagrar la diócesis al Corazón de Jesús expresamos nuestro agradecimiento al Señor por la herencia de santidad recibida de nuestros mayores, pedimos un profundo rejuvenecimiento de la fe en nuestro pueblo y nos comprometemos a afrontar con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro. Confiando al amor de Dios el destino de nuestra Iglesia particular, renovaremos esta petición centenaria al Sagrado Corazón de Jesús: “Reina en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

Realizamos la consagración de la diócesis cuando nos estamos preparando con toda la Iglesia a la celebración de un Sínodo que nos ayudará a comprender la necesidad de caminar juntos en la comunión de la Iglesia. Lo hacemos, además, cuando seguimos celebrando un año dedicado a la alegría del amor (“amoris laetitia”) que necesita ser percibido en la proclamación de la verdad del matrimonio y de la familia. No ignoramos, en fin, el sufrimiento que sigue provocando la pandemia y las dramáticas consecuencias sociales que está provocando. En este contexto, ¿qué sentido tiene la consagración que estamos celebrando?

Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (Hb 12, 2), queremos responder a la llamada vigorosa del Papa a poner la Iglesia entera en estado permanente de misión. La respuesta a los problemas de todo tiempo se llama evangelización. Para esto existe la Iglesia: para evangelizar, es decir, para llevar a todos al encuentro con Jesucristo. Cuando ponemos la mirada de fe en el Corazón de Jesús, descubrimos que, en el momento presente, requiere recuperar tres criterios evangélicos: el estilo de la evangelización se asume cuando aprendemos de Cristo, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11, 29), cuando comprobamos que el Corazón herido de Cristo es el que nos cura, cuando percibimos que su Corazón nos espera en los más necesitados con los que se identifica. La consagración al Corazón de Jesús desea así dar a la tarea misionera una triple orientación: evangelizar desde el Corazón, dejarse curar por el amor de Dios y hacer de las obras de misericordia nuestra hoja de ruta.

A la celebración de 1922 siguieron numerosísimos frutos de santidad, siendo el más excelente la entrega de la vida como testimonio del Amor más grande por parte de muchos mártires. De un Año jubilar destinado a renovar aquella consagración de 1922 esperamos el fruto visible de una renovación de la vida cristiana en nuestra diócesis. Para que se produzca ese fruto, será suficiente la fiel entrega de unos pocos que pongan su confianza en el Corazón de Cristo para llevar a todos la grandeza infinita de su amor.

Que el Señor recoja, como hizo hace cien años, nuestra súplica confiada: “Sé siempre el Rey de esta diócesis, haciendo que, a su vez, sea ella ahora y siempre Jerez de tu Sagrado Corazón”. ¡Sagrado Corazón de Jesús: en Ti confío!

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Comienzan las Asambleas Arciprestales del Sínodo previas a la Diocesana que será el 30 de abril.

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Con el arciprestazgo de Isora han comenzado las Asambleas Arciprestales del camino Sinodal. Este sábado 19 de febrero se realiza también en Alajeró (La Gomera).

Concretamente la parroquia La Virgen Milagrosa (Tijoco-La Hoya) acogió esta primera Asamblea Arciprestal sobre la sinodalidad en la Iglesia, en este proceso que, como señaló el Papa pretende: «Hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos.»

En cuanto a la Asamblea Diocesana, la misma ha sido trasladada del mes de marzo al sábado 30 de abril al coincidir la fecha prevista con la ordenación episcopal de Cristóbal Déniz como obispo auxiliar de la diócesis canariense y, de este modo, también facilitar la mayor y mejor participación si la situación sanitaria mejora.

La primera fase, llamada diocesana comenzó el 17 de octubre de 2021 y el 11 de junio de 2022 será la Asamblea Sinodal Española. Todo tiene como objetivo la participación del Pueblo De Dios, “cuantos más mejor”, con la finalidad de que el proceso sinodal se realice en la “escucha de la totalidad de los bautizados”.

La fase sinodal en la diócesis  está diseñada para que toda aquella persona que lo desee pueda participar. Con ese objetivo, difundimos este cuestionario como un cauce más de participación.

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Santa Lucía Yi Zhenmei

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La persecución del cristianismo en China fue especialmente cruenta durante el siglo XIX. La vida de esta religiosa, Lucía Yi Zhenmei, que fue decapitada por confesarse católica, nos lo recuerda en este 19 de febrero.

Esta ejemplar catequista china, que sufrió el martirio a los 47 años, había manifestado desde muy joven sus virtudes. Santa Lucia Yi Zhenmei (1815-1862), última de cinco hijos, nació en Mianyang de una familia que hacía poco que se había convertido al cristianismo tras la conversión, en primer lugar, del padre, anteriormente budista. Atraída por el ejemplo de las religiosas misioneras, a los 12 años ofreció su virginidad a Dios. Prometida en un matrimonio concertado, no sabiendo cómo librarse de este compromiso, puesto que deseaba mantenerse fiel a su voto, fingió estar loca y su prometido anuló el compromiso.

En los años que transcurrió en Mianyang fue catequista de los niños, porque el párroco se dio cuenta de su gran fe y de su conocimiento de las verdades cristianas. Tras la muerte de su padre, se mudó con su madre y un hermano médico a Chongqing. Aquí el sacerdote le pidió ayuda para las catequesis a las mujeres, obra a la que Lucía se dedicó con alegría, rechazando la compensación económica que le habían ofrecido. Al cabo de un tiempo se mudó a la provincia de Guizhou, donde se ganó la admiración del obispo y conoció al misionero francés Juan Pedro Néel (1832-1862), sacerdote de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, que partió para China en agosto de 1858. El padre Néel le confió a Lucía un grupo de mujeres deseosas de conocer las enseñanzas de Cristo. Y la santa reveló, una vez más, ser muy útil, tanto por su conocimiento del chino, su lengua materna, como por el claro testimonio de su vida, fiel a los mandamientos de Dios, que impulsaba a los demás a querer conocer la fuente de su felicidad.

En ese periodo empezaron de nuevo con fuerza las persecuciones, ordenadas por Tian Xingshu, un alto oficial de Guizhou, por odio a la religión cristiana y a la presencia extranjera en general. El padre Néel fue arrestado el 18 de febrero junto a los catequistas Martín Wu Xuesheng, Juan Chen Xianheng y Juan Zhang Tianshen, que había recibido el Bautismo dos días antes, pero que durante el catecumenado ya instruía a sus familiares y amigos sobre la doctrina cristiana. Los cuatro se negaron a renegar de Dios, incluido el recién bautizado, que el verdugo hizo ajusticiar el último, esperando que así cediera a sus intentos de hacerle abjurar: «No deseo nada que no sea la herencia eterna del Cielo», le respondió san Juan Zhang.

Ese mismo día 18 de febrero, a lo largo del camino de los cuatro mártires hacia el lugar de la ejecución, también habían capturado a Lucía. También a ella le ofrecieron la posibilidad de rechazar la fe católica a través de halagos, pero la mujer se mantuvo firme; al día siguiente la llevaron al patíbulo y la decapitaron. Algunos fieles valientes consiguieron recuperar los cuerpos de los cinco mártires y les dieron sepultura. Los familiares de Lucía cogieron su gorro como reliquia y lo pusieron sobre una sobrina gravemente enferma, Paula, que se curó inmediatamente. Los cinco mártires de Guizhou forman parte del grupo de los 120 santos, martirizados en China entre 1648 y 1930 y canonizados por Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000.

Tras la muerte de sus padres, fue cuidada por monjas dominicas de un convento cercano dirigido por sor Stanisława Lenart. Tras terminar la escuela, Stanisława Maria (o Estanislava María) se educó en el Centro de Formación de Docentes de Nowy Sącz, Polonia.

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Día del Seminario 2022

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«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino» es el lema que centrará este año el Día del Seminario. La Iglesia celebra esta jornada el 19 de marzo, solemnidad de San José. En las comunidades autónomas en las que no es festivo, se celebra el domingo más cercano. En este caso, el 20 de marzo. 

La Subcomisión Episcopal para los Seminarios ha elaborado los materiales para apoyar la celebración de esta Jornada, que cada año se presenta como una ocasión para pedir, dar gracias y mostrar nuestra cercanía con los seminaristas, sus formadores y las vocaciones sacerdotales.

«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino», lema de este año

El lema del Día del Seminario 2022 se inspira en el proceso sinodal en el que está inmersa la Iglesia. Así se explica en la reflexión teológica que se incluye entre los materiales. Y matiza, «el Sínodo universal en el que nos encontramos nos hace a todos ponernos en camino juntos».

Junto al Sínodo, dos palabras: sacerdotes y servicio. Sacerdotes, en plural, «recordándonos el sentido del seminario y llamándonos a acrecentar nuestra fraternidad. Los sacerdotes no hemos sido  llamados para estar solos. El seminario nos enseña la importancia de la comunidad y la necesidad de vivir una sana fraternidad».

Además se presenta la vocación sacerdotal como servicio. En el seminario, «los seminaristas aprenden a vivir el servicio y a servir a los hermanos, como parte integrante y fundamental de la vocación. Los intereses egoístas y el provecho propio han de desterrarse y deben dejar lugar al desarrollo de una vocación recibida para ser entregada. Solo desde la entrega la vocación recibe todo su sentido».

Y resume, «si decíamos que el ejemplo de la fraternidad sacerdotal constituye un impulso para los jóvenes que se plantean la vocación sacerdotal, también podemos afirmar que el testimonio de una vida entregada en el servicio infunde ánimos en el corazón de los jóvenes, deseosos de entregarse por completo a una tarea apasionante».  

Fuente: CEE

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Asamblea Diocesana del Proceso Sinodal (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la Catedral de Málaga durante la celebración de la Asamblea Final de la fase diocesana del Proceso Sinodal

ASAMBLEA DIOCESANA DEL PROCESO SINODAL

(Catedral, 19 febrero 2022)

Lecturas: Ez 37, 1-14; Sal 23, 1-10; Mc 9, 2-13. 

1.- Estamos celebrando con gozo la Asamblea diocesana, prevista en el proceso sinodal, al que hemos sido convocados por el papa Francisco. El tema del próximo Sínodo es: “Hacia una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.

La Iglesia es sinodal desde que fue instituida. Jesús, tal como describen los evangelios, se rodeó de un grupo de amigos, de apóstoles y de discípulos con quienes caminaba, convivía y les enseñaba como gran Maestro. Compartía su vida con ellos, les resolvía sus dudas, les animaba e iba construyendo comunidad.

Dentro del grupo de los “Doce apóstoles” había miembros con mayor cercanía, pertenecientes al círculo más estrecho: los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, que le acompañaron en la transfiguración en el Monte Tabor (cf. Mt 17, 1-2) y también en la oración del Huerto de los Olivos (cf. Mt 26, 36-37). Después había un grupo más amplio de discípulos.

         Jesús crea una Iglesia sinodal. Por tanto, la sinodalidad no es un invento de hace unos años. Fue el papa Pablo VI quien creó la institución del Sínodo de los Obispos, en 1965, al terminar el Concilio Vaticano. Desde entonces se han celebrado más de veinte asambleas (generales, particulares, continentales, especiales), en muchas de las cuales tuve el gran regalo de participar cuando trabajaba la Secretaría general del Sínodo de los obispos en Roma. 

Somos, pues, “Iglesia sinodal” y hemos de vivirlo y asumirlo, que es lo más nos cuesta. 

2.- Hay tres verbos que en los que desearía incidir hoy para desarrollar la sinodalidad: escuchar, discernir y compartir.

En primer lugar, la escucha es algo que todos hacemos en casa, en las parroquias, en los grupos. Es bueno escuchar a otros, aunque nos digan lo que no nos gusta escuchar. Solemos reaccionar mal cuando escuchamos una crítica o un comentario negativo sobre nosotros; la persona criticada suele defenderse e intenta justificar su comportamiento. 

Al escuchar hoy un comentario sobre mi persona, hubiera deseado poder dar una explicación, pero esta celebración es de escucha y de compartir; y hay que tener la humildad de escucharnos mutuamente.

En la escucha debemos, sobre todo, escuchar al Espíritu Santo, para que nos ayude a discernir. Quien lleva la Iglesia no somos nosotros, ni nuestras estructuras. La Iglesia la lleva y la dirige el Espíritu Santo. Él sopla su aliento sobre las velas de la barca y la va dirigiendo por donde quiere. 

3.- No tengáis miedo, porque la barca de la Iglesia no se va a hundir, por muchos ataques que reciba. La Iglesia lleva dos mil años recibiendo ataques por todas partes. En estas dos últimas semanas la Iglesia española está recibiendo palos por parte de los medios de comunicación y de los políticos; pero no pasa nada. Ciertamente somos pecadores; y por ello tenemos que pedir perdón al Señor y a los demás; pero la Iglesia no se hunde; no es preocupéis.

Es necesaria la escucha mutua entre fieles y la escucha de la Palabra de Dios. El Verbo divino ya nos lo ha dicho todo; nos ha revelado el amor de la Trinidad y todo lo necesario para nuestra salvación. Ya no hacen falta más revelaciones privadas ni particulares, porque no añaden nada. 

Aunque haya apariciones, que ayuden a entender mejor la revelación manifestada en Cristo Jesús, no añaden nada. Y, a veces, apreciamos esas manifestaciones como lo más importante de nuestra vida.

4.- La tentación consiste en pensar que la Iglesia la construimos y la dirigimos nosotros. Una cosa es trabajar por el Reino, participando, ofreciendo nuestro tiempo y nuestra propia vida; y otra cosa muy distinta es pensar que los resultados y los frutos vienen por nuestro trabajo. 

Los frutos los trae el Espíritu con sus dones y sus carismas, que, a veces, no reconocemos en los otros. Incluso pensamos que nuestro carisma o el de nuestro grupo, nuestro movimiento, nuestra asociación, o nuestra congregación religiosa es lo único que vale. 

En realidad, todo don del Espíritu enriquece a la Iglesia y a cada comunidad concreta. Hemos de saber apreciar todos los dones y carismas del Espíritu.

5.- Hemos de saber discernir qué nos pide el Espíritu hoy. La doble pregunta del Sínodo es: ¿Cómo se realiza hoy este caminar juntos en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro caminar juntos? (cf. Documento Preparatorio, 26).

Después de haber escuchado a los representantes de los arciprestazgos en la Asamblea diocesana, vemos que hay mucho bien realizado, aunque quede mucho camino por andar.

Cuando nos reunimos para hablar tenemos la tentación de decir lo mal que hacemos las cosas, remarcando lo negativo. Solemos decir sintéticamente algo de lo bueno que hacemos; pero después nos extendemos y nos centramos en lo negativo.

Os animo a que seamos más positivos. Nuestras comunidades son lugares de encuentro, lugares de alabanza a Dios, lugares donde la fe se promueve, donde se predica, donde nacen nuevos hijos de la Iglesia y nuevos hijos de Dios. En todas las comunidades parroquiales nacen cada año nuevos cristianos; son bautizados nuevos cristianos a los que hay que cuidar, formar, acompañar, iniciar en la fe y en los sacramentos de la Iglesia. Tenemos mucha tarea por delante.

6.- Y la tercera palabra es compartir. Eso es lo que estamos haciendo, al realizar este acto sinodal. Hemos compartido en los diversos niveles: parroquial, arciprestal, grupal de asociación o movimiento y diocesano. 

Os felicito por este encuentro y por este proceso sinodal, al que nos hemos enganchado todos. Pero no debe ser como la traca valenciana o el castillo de fuegos artificiales, que dura pocos minutos, donde el cielo se llena de imágenes de colores; pero después todo queda en humo. 

Esto debe ser una sinfonía, que no acabe nunca. Una sinfonía continua, perenne, permanente, de escuchar las distintas voces que nos ayuden a mejorarnos y a convertirnos. Esto es como las piedras del río, que el agua las va arrastrando, rozándose unas con otras hasta que todas se van haciendo suaves, redondas y sin aristas que hieran.

El objetivo en nuestras comunidades es mantener la comunión, sin que hieran voces malsonantes, ni ataques, ni comentarios negativos. Hemos de ir suavizando la convivencia fraterna, la comunión auténtica, el verdadero respeto entre hermanos.

7.- La primera lectura de hoy nos presenta la visión de Ezequiel de los huesos calcinados y secos, referidos a la casa de Israel (cf. Ez 37, 11). Analógicamente podemos decir que esos huesos somos nosotros, que estamos calcinados si no tenemos el Espíritu de Dios. Necesitamos el Espíritu que dé vida a nuestras comunidades, a nuestras estructuras, a nuestros instrumentos pastorales.

Vamos a pedirle al Espíritu que sople sobre cada uno de nosotros, sobre cada una de nuestras comunidades, sobre la Iglesia local y sobre todas las Iglesias locales esparcidas en el mundo.

En el Evangelio se nos ha relatado el pasaje de la transfiguración. Esta celebración litúrgica es como un “Tabor”, donde nos encontramos con Jesús transfigurado y resucitado; y su presencia nos anima para bajar después a Jerusalén y afrontar la misión.

Jesús, después de la transfiguración en el Tabor, baja a Jerusalén a sufrir la Pasión; y sus discípulos y nosotros también. Los momentos de Tabor, de oración, de transfiguración, de iluminación con el Señor, de fogueo de su Espíritu a nuestro corazón son necesarios; pero nos deben llevar al testimonio, a la evangelización, a los alejados –como bien habéis dicho–.

8.- Gracias por la reflexión que habéis hecho y por compartir vuestras ilusiones y preocupaciones; aunque, ciertamente, se podrían matizar muchas cosas dichas. 

Ya sabéis que el Papa ha prolongado el tiempo de reflexión hasta mediados de agosto; pero las características de nuestra diócesis malacitana no aconsejaban aplazar esta Asamblea hasta el verano, marcado por las vacaciones y el turismo. 

De todos modos, el proceso sinodal continua en las parroquias, movimientos y asociaciones, cofradías, congregaciones religiosas, monasterios; es decir, en todas las comunidades cristianas. Por ello debemos seguir viviendo esta experiencia sinodal. La sinodalidad eclesial tampoco terminará en octubre de 2023 con la Asamblea sinodal de los Obispos en Roma.

         Este proceso ha servido para que tomemos más conciencia de que caminamos juntos como comunidad de discípulos de Jesús. Os animo a seguir el camino, procurando evitar los obstáculos y resolviendo los problemas que aparezcan. 

9.- Jesucristo instituyó su Iglesia como él quiso, poniendo a Pedro y a los apóstoles como cabeza visible. Después de ellos asumieron la misión apostólica los obispos, como sucesores de los apóstoles, los presbíteros y los diáconos. Pero todos los fieles cristianos tenemos la misión que el Señor nos ha encomendado desde el bautismo y hemos de ser fieles al mandato del Señor.

         A veces prestamos demasiada atención a las estructuras: unas la favorecemos en demasía y otras las criticamos. Pero las estructuras son aprovechables si sirven a la misión; de lo contrario, se cambian, como las piezas de un motor. En las Visitas pastorales me habéis escuchado esta imagen: la revisión y el discernimiento eclesial es como una “Inspección Técnica del Vehículo” (ITV), donde lo que no funciona se repara, se cambia o se tira.

Podemos cambiar las estructuras que hemos inventado nosotros a lo largo de la historia. Las hemos adquirido en herencia y si sirven se utilizan y si no sirven se cambian o se tiran, y no pasa nada.

10.- Hoy es día de dar gracias a Dios, de alabarlo, de estar gozosos por haber hecho este trecho del camino en este proceso sinodal.

Damos gracias a Dios por la Iglesia y por la fe, ya que por ella somos introducidos en la comunidad eclesial en el bautismo.

Damos gracias a Dios por las distintas comunidades cristianas vivas con sus ilusiones, experiencias y retos; pero también con sus problemas. Y hemos de convertir los problemas en posibilidades positivas.

         Os invito a seguir reflexionando, compartiendo, dialogando y rezando todo lo que hemos experimentado en este tiempo de proceso sinodal. Hay que continuar el camino, porque no podemos recorrerlo en un día, ni en un curso pastoral. Hemos de seguir remozando, promoviendo, enriqueciendo aquellos elementos de nuestra comunidad que deben ser renovados entre todos.

Recordad que, aunque parezca que seamos nosotros los protagonistas, en realidad, la Iglesia la lleva el Espíritu. Él dio vida a los huesos calcinados (cf. Ez 37), no lo hizo el profeta; y tampoco lo hacemos nosotros.

¡Ánimo y adelante! Seguimos siendo una Iglesia sinodal, desde siempre y hasta siempre. Lo importante es que lo vivamos cada día mejor.

Todo esto se lo pedimos a Dios por intercesión de Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, para que Ella nos acompañe caminando juntos cogidos de su mano. Amén.

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