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Las delegaciones diocesanas de Misiones de Granada, Almería, Guadix, Jaén y Málaga se reunieron en Guadix

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Las delegaciones diocesanas de Misiones de Granada, Almería, Guadix, Jaén y Málaga se reunieron en Guadix

La delegación diocesana de Misiones, de Guadix, acogió en la Casa Diocesana de Espiritualidad, el encuentro anual de las Obras Misionales Pontificias a nivel de la Provincia Eclesiástica de Granada, que está formada por las diócesis de Almería, Granada, Cartagena, Málaga, Jaén y Guadix.

Al encuentro, que tuvo lugar el sábado 5 de marzo,  asistieron todas las delegaciones, excepto la de Cartagena.  Se contó con la presencia del obispo, D. Francisco Jesús Orozco, que dirigió unas palabras de ánimo y también de agradecimiento al grupo.

Los voluntarios de las delegaciones diocesanas de Misiones agradecieron enormemente su acogida y se sintieron confortados por las palabras que D. Francisco Jesús dirigió a las Obras Misionales Pontificias. En sus palabras recordó que todos somos evangelizadores y también misioneros, por el encargo que Jesús dio a sus discípulos de “ir al mundo entero a anunciar el Evangelio”. 

Entre las delegaciones que asistieron, la más numerosa fue la de Jaén, que tuvo que fletar un autobús. Al frente de la misma estaban los sacerdotes jiennenses Carlos y Sebastián

La charla y el posterior coloquio estuvo dirigido por el Padre Elías Alcalde, delegado de Misiones de la Archidiócesis de Granada, que habló sobre el documento de la Conferencia Episcopal Española “Fieles al envío Misionero”,  que es el plan pastoral para los años  2021- 2025.

Terminó el encuentro con una comida en fraternidad, en la que se compartieron los sentimientos de todos los voluntarios de las respectivas Obras Misionales Pontificias de la Provincia Eclesiástica de Granada. Fue una jornada de vivencia fraternal.

Sebastián Robles

Delegado diocesano de Misiones. OMP Guadix

 

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Retiro de Cuaresma de Confer: “Recreadas y recreados por Él”

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El 5 de marzo tuvo lugar el retiro de Cuaresma, organizado desde CONFER Almería, en la Compañía de María con la participación de un gran número de religiosas y religiosos de nuestra diócesis.

Acompañó en la meditación el jesuita Javier Castillo, con el lema “Recreadas y recreados por El”. Con sus palabras llenas de vida y compromiso por el Reino, ayudó a los presentes a entrar en este tiempo de Cuaresma, situando la vida religiosa en el contexto actual de dolor, muerte y sufrimiento causado por las guerras y la vida entregada de quienes trabajan por la paz y la justicia, en nuestro mundo.

Tuvieron un tiempo de escucha y silencio, de orar y compartir lo vivido en la Eucaristía.

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Reflexión del Arzobispo de Sevilla en el Viacrucis de las Hermandades y Cofradías 2022

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Sevilla, lunes 7 de marzo de 2022 (Primer lunes de Cuaresma)

Queridos hermanos:

Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su Pasión y Muerte. Los comentarios nos han ayudado a adentrarnos en el misterio de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. También nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas imágenes y el marco de nuestra Catedral. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia, la belleza es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón. Así lo, encontramos también en las vidas de los santos, como  Santa Teresa de Jesús, al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. Libro de la vida, 9,1).

Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos hemos de preguntar qué hemos hecho hasta ahora por Cristo y qué haremos nosotros por él a partir de ahora. Hemos de dar la vida por Cristo y por los hermanos. La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del ser humano y sus problemas. Al contrario, se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza» (Spe salvi, 39).

Queridos hermanos, que el amor de Cristo por nosotros aumente nuestra alegría y nos aliente a estar cerca de los menos favorecidos. No pasemos de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios espera que entreguemos lo mejor de nosotros. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (ibid.).

Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el árbol de la Cruz, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, vida y salvación nuestra. La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos la expresión del amor más grande y aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace.

Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz.

Si hubiéramos estado allí, en las calles de Jerusalén, quizás hubiéramos huido, quizá hubiéramos defendido a Jesús, quizá le hubiéramos ayudado a llevar la cruz como Simón de Cirene. Que este ejercicio piadoso del Viacrucis nos impulse a vivir más unidos al Señor, buscando su voluntad, recibiendo su gracia, como amigos suyos, como sarmientos unidos a la vida. Que este viacrucis nos impulse a ayudar a Jesús siendo sus cireneos en el momento presente. Como en la parábola del Juicio Final, podemos preguntar al Señor: ¿Cuándo te dimos de comer y de beber, cuándo te hospedamos, te vestimos y te fuimos a ver preso o enfermo? Y él nos responde: Cada vez que lo hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, lo hicisteis conmigo. Él está presente en los pobres, en los enfermos, en los presos, en las personas sin hogar; ahora,  está presente especialmente en nuestros hermanos de Ucrania. Ya que están pasando un viacrucis tan doloroso, que no les falte nuestra ayuda de nuevos cireneos. Así sea.

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“Fortalecer en la fe”, tema del retiro cuaresmal de los sacerdotes de Almería

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El P. Jesuita José Miguel Esteban dirigió el retiro de los sacerdotes y diáconos permanentes al comienzo de la cuaresma. Como es habitual, la casa diocesana de espiritualidad “Reina y Señora” de Aguadulce acogió este tiempo de escucha y oración que sirvió para fortalecer la espiritualidad sacerdotal al comienzo de este tiempo litúrgico.

El predicador animó a los sacerdotes a “fortalecer a nuestros hermanos a través de la humanidad que es el cariño, la atención y el cuidado de las personas, la cercanía, la escucha, la ayuda en sus problemas y necesidades. Para fortalecer en la fe como pastores debemos acompañarles en la experiencia creciente de que sus vidas tienen sentido”.

Después de la meditación, los sacerdotes tuvieron un tiempo de oración prolongada en la que respondieron personalmente a cómo se concreta en su vida ese “fortalecer” la fe personal y comunitaria.

Una sencilla comida puso el broche final a este tiempo de fraternidad sacerdotal.

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Los residentes de la Residencia Ballesol en “modo” Sínodo

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Desde la Parroquia Santa María de los Ángeles se viene atendiendo pastoralmente la Residencia Ballesol, con la celebración semanal de la eucaristía. Respondiendo a la llamada sinodal, y a iniciativa del párroco Alejandro Moreno Pérez, los residentes se han animado a formar un grupo de reflexión y trabajo del Sínodo.

Unos veinte residentes responden a la iniciativa, con una asistencia variable. Se encuentran los sábados por la tarde, animados por D. José Ramos Sánchez Sierra, activo y atento agente de pastoral que coordina y dinamiza esta y otras iniciativas. Él constata la alegría de los participantes, con un vivo interés en los temas, buena colaboración, y apertura para compartir vivencias religiosas personales, lo que va cohesionando a los componentes del grupo.

Dios quiera que esta pequeña comunidad siga su marcha más allá del Sínodo.

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La Sevilla cofrade se prepara para una Semana Santa con procesiones tras dos años de restricciones

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La Sevilla cofrade se prepara para una Semana Santa con procesiones tras dos años de restricciones

El pasado 10 de enero, la Hermandad del Amor anunció el comienzo del reparto de papeletas de sitio para una estación de penitencia que se llevará a cabo, Dios mediante, justo tres meses después. A finales de enero, la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía difundió unas recomendaciones a tener en cuenta por las cuadrillas de costaleros en unos ensayos que comenzaban a tomar las calles de una ciudad ávida de cualquier signo que revelara la inminencia de la Semana Santa. Y en este contexto, la sustitución de los besamanos y besapiés por actos de veneración, con la debida distancia de seguridad en cumplimiento de un estricto protocolo sanitario, dejó de ser noticia desde que los primeros estados de alarma establecieran un marco desconocido en nuestra esfera devocional. Y es que de estas saldríamos mejores, decían.

Está por ver que el nuevo orden post-covid suponga una mejora, si acaso aparente, en nuestros usos cívicos. En cualquier caso, los prolegómenos de la Cuaresma nos han adelantado evidencias de una nueva rutina cofrade, no tan distinta de lo que marcaba la tradición, pero sin duda más aséptica a la fuerza.

“Este año hay que procesionar”

Hace pocas fechas, el Arzobispo de Sevilla se hizo presente en uno de los primeros ensayos de costaleros de la Hermandad de La Paz, y sus palabras delataron un anhelo que comparte el resto de la ciudad tras dos años sin procesiones: “Después de la pandemia, María Santísima y Nuestro Señor se merecen la procesión… Y nosotros también nos la merecemos, porque –añadió- otro año no podemos aguantar, este año hay que procesionar”. En efecto, el deseo del arzobispo, ya abiertamente y sin reservas, es el de toda la Sevilla cofrade.

El caso es que los pronósticos sanitarios apuntan a una mejoría largamente esperada en los indicadores de la pandemia, y parece que, efectivamente, sólo cabe esperar que la meteorología nos devuelva unos cielos que nunca perdimos para que se cumplan los deseos que monseñor Saiz Meneses compartió ante la parihuela de la Virgen de La Paz.

Uno de los hábitos que nos dejaron los confinamientos fue el recurso a las modalidades online. Ya sea para la participación en la Misa dominical o para el seguimiento de ciclos formativos y reuniones de trabajo, las aplicaciones virtuales se han revelado como un recurso más que útil para agilizar tareas que tradicionalmente urgían una presencialidad que, en la situación actual, resulta poco recomendable. Es el caso de las reservas de papeletas de sitio, un trámite que, en teoría, este año no debe colapsar las sedes de nuestras corporaciones. Máxime si, como es el caso de la corporación de la Colegial del Divino Salvador, se adelantan hasta tres meses los plazos para realizar la conveniente reserva.

Al cierre de esta edición, aún no se han ofrecido detalles sobre los cortejos procesionales. Según se ha adelantado desde algunas hermandades, a priori, las juntas de gobierno extremarán las cautelas para que los templos acojan únicamente a quienes vayan a participar en los mismos. Hasta ahí nada que no se haya observado ya con anterioridad al año 2020 en numerosas cofradías. Está por ver en qué medida afectarán las normas sanitarias a la organización de los tramos de nazarenos y el transcurrir de estos por las calles. Pero el proceder de las hermandades, como de toda la Iglesia, durante estos años hace que pensemos en un retorno normalizado de las procesiones.

Comportamiento “ejemplar” de las hermandades

Marcelino Manzano, delegado diocesano de Hermandades, subraya esta circunstancia y califica de “ejemplar” el comportamiento de las hermandades. En su opinión, la Semana Santa “habrá de ser como siempre ha sido”, ya que “no caben muchos cambios porque tiene ya una tradición muy marcada, una estructura de organización de las procesiones que conforma su identidad”.

Sin duda, se observarán precauciones sanitarias que antes no teníamos, pero que, en opinión del delegado de hermandades y de numerosos hermanos mayores que ya se han manifestado en este sentido, “no habrán de afectar al desarrollo de la Semana Santa como la entendemos”. Así, habrá que dar cumplimiento a medidas que tenemos ya interiorizadas, y la experiencia de estos dos años avala una predicción razonablemente optimista.

Precedentes optimistas

Las hermandades en particular, y la ciudad en general, ya han comprobado que se puede hacer estación de penitencia observando las cautelas derivadas de las recomendaciones que nos vienen haciendo las autoridades sanitarias. El ejemplo de la salida de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder con motivo de la Santa Misión a Tres Barrios demuestra la capacidad de cofrades y público en general de adaptarse a una coyuntura desconocida hasta ahora. Lo mismo se puede decir de la salida extraordinaria de la Hermandad de la Candelaria o de la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes. La multitud que se congregó en todos esos casos en torno a los pasos no se tradujo en una incidencia llamativa del Covid en la capital andaluza.

No obstante, todas las llamadas a la prudencia son pocas. Tanto el Arzobispo, como el delegado diocesano de Hermandades y los responsables de las corporaciones cofrades, reiteran cada vez que hay ocasión esta apelación a una actitud consecuente con lo que ha supuesto el paso de la pandemia por nuestras vidas. La universalización de las vacunaciones y la actitud mayoritariamente responsable de la ciudadanía hacen que encaremos las procesiones de Semana Santa, después de dos años en blanco, con ciertas garantías.

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Meditaciones cuaresmales en la parroquia de San Miguel, de Guadix

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Meditaciones cuaresmales en la parroquia de San Miguel, de Guadix

Han comenzado en la parroquia de San Miguel, de Guadix, unas meditaciones cuaresmales, abiertas a todos los feligreses que quieran escucharlas y vivirlas. Se trata, así, de preparar este tiempo tan fuerte y especial que es la Cuaresma, que comenzó el miércoles pasado, Miércoles de Ceniza, y nos prepara para la Semana Santa.

Las meditaciones cuaresmales de la parroquia de San Miguel tienen como novedad que se ofrecen en dos momentos cada día: a las 9´30 de la mañana y a las 7 de la tarde. Están dirigidas por el párroco, Antonio Fajardo.
Estas meditaciones comenzaron el lunes día 7 y se van a prolongar hasta el viernes 11 de marzo, en el templo parroquial, donde, además, permanece en exposición permanente el santísimo Sacramento.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Este sábado 12 de marzo, Ultreya de Cursillos de Cristiandad en Guadix, en la iglesia de la Virgen de las Angustias

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Este sábado 12 de marzo, Ultreya de Cursillos de Cristiandad en Guadix, en la iglesia de la Virgen de las Angustias

El próximo sábado 12 de marzo, tendrá lugar una Ultreya de Cursillos de Cristiandad. En concreto es la Ultreya del último cursillo celebrado, el nº 158, a la que están invitados todos los que hicieron ese cursillo, que fueron en torno a la treintena. Pero como en todas las ultreyas, todos los que han hecho cursillos alguna vez están invitados a participar y volver a revivir aquella experiencia, para refrescarla o para impulsarla.

Tendrá lugar en la iglesia de la Virgen de las Angustias. Comenzará a las 4´30 de la tarde, con una charla sobre cómo vivir la cuaresma de colores, a cargo de Manuel Hinojosa, que es consiliario de honor del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, y una celebración de la Eucaristía. También habrá tiempo, lógicamente, para la convivencia.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

Ultreya Cursillos 2

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El antídoto para la clericalización del laicado: escuchar a todos

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Ahora que comenzamos la Cuaresma he recordado esta frase de san Pablo VI “la Iglesia existe para evangelizar”, sin duda, ese es su fin último, y toda nuestra vida como cristianos, como bautizados, debería estar orientada a ello. Vivimos en nuestro momento, nuestra vida es para vivirla, para que sea un don para los demás, aunque esta discurra ante un cambio de época; en una sociedad líquida (Bauman); en un enjambre digital (Byung-Chul Han); en un mundo interconectado, donde la soledad, las adicciones y mil problemas diversos campan a sus anchas, incluidos los execrables tambores de guerra que estamos oyendo nuevamente en nuestra vieja Europa. Como siempre, como en cada tiempo y circunstancia, los contrastes marcan nuestra vida, pero Dios nunca nos deja a la orilla del camino, aunque el día se vuelva oscuro, Dios siempre está cerca, por eso no solo debemos detectar el cambio, sino acogerlo. Dios nos da una gran esperanza a todos y a cada uno de nosotros. Dios nunca nos abandona, camina a nuestro lado, aunque no lo sintamos, no lo percibamos. Él es brisa, silencio, grito, huracán que nos mueve, nos sostienen y nos impulsa a llevarlo a los demás.

Pues bien, esta realidad descrita que nos trasciende, para nosotros como comunidad de creyentes se concreta en 2021, según los datos del Anuario Estadístico de la Iglesia, en que somos más de 1.344.403.000 millones de católicos en el mundo. Pero si contáramos a otros que también creen en Cristo, serían otros mil millones más, si a estos le sumamos otros creyentes: musulmanes (1.7 mm), hindúes (1.5 mm), budistas (440 m), y otras religiones (1 mm), en total de los casi 8.000 millones de personas que vivimos en el mundo, más de 6.000 millones son personas religiosas, de una u otro forma. En España más de un 60 por ciento de sus habitantes se consideran católicos. Según esto somos multitud y, sin embargo, a pesar de la presencia territorial en 69 diócesis, y de todo el trabajo pastoral, educativo, caritativo y social, la presencia del Evangelio está muy desdibujada en la vida diaria de una gran parte de nuestra sociedad. Quizá porque hemos dejado un poco de lado la dimensión social del Evangelio, porque nos falta valentía y audacia, y más unidad, o simplemente, porque, aunque somos creyentes, nos dejamos llevar por una vida cómoda y poco comprometida con los demás, con el anuncio de la Buena Noticia.

Jesús tiene que llegar a todos por atracción

La Iglesia en España mantiene una presencia creativa, pero con escaso eco social en una gran parte del país, hemos perdido algunas batallas, y desde hace años se suceden diversos mantras mediáticos, azuzados por intereses diversos, que emergen en los momentos más complejos; los acuerdos Iglesia-Estado, el triste y grave asunto de los abusos a menores -comportamientos que han generado mucho dolor en las victimas, en la Iglesia y en la sociedad, que hay que reparar y curar-, las inmatriculaciones, impuestos…; además de la agenda trazada respecto al aborto, la eutanasia y la cuestión de género. Si miramos hacia las cuestiones de la inmigración, el cambio climático o de la transformación digital, se producen también posturas muy polarizadas. Parece que cada vez somos menos y muy limitados en iniciativas de transformación social, pero queda mucha tarea y hay que seguir trabajando con ilusión y esperanza. Recordemos las palabras de Jesús: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16.15-18). Su mensaje es para todos, no podemos contentarnos con un grupito, Jesús tiene que llegar a todos, no con proselitismo, sino por atracción.

No obstante, del 60 por ciento de católicos en España, no todos son practicantes, de ellos un 20 por ciento suele cumplir con el precepto dominical, de este número, solo un pequeño grupo más comprometido en parroquias, movimientos, asociaciones, hermandades, colegios, son los que denominados laicos comprometidos; sobre estos, el clero y la vida consagrada se sustentan las estructuras pastorales, sociales, educativas y culturales de la Iglesia en nuestro entorno. En muchas de las obras educativas de titularidad eclesial, en residencias, y otras muchas iniciativas caritativas y sociales trabajan un buen número de estos laicos comprometidos. Se genera, así una especie de círculos de relación, de redes que se interrelacionan y grupos estables con responsabilidades en diversos campos pastorales. Además de este entorno eclesial laical, en los últimos años se ha incrementado, gracias a Dios, la presencia de personas jubiladas que desempeñan importantes tareas al servicio de los demás en nuestro entorno eclesial. Todo esto genera grandes sinergias, pero también diversos desajustes, pequeños conflictos y algunos desencuentros que muchas veces se resuelven con cercanía y buena voluntad.  En nuestra realidad más cercana, en el mundo de la piedad popular, por su importancia y singularidad, se generan además otros retos y oportunidades, propios de la realidad viva que estas organizaciones representan, y que tanto bien hacen en medio de nosotros. Sin duda, con más oración, más procesos de formación en todos estos ámbitos que hemos descrito, más vida de comunidad, más diálogo, lo negativo se diluirá y lo positivo se consolidará y crecerá.

 La lacra del clericalismo

Los laicos más comprometidos tienen, tenemos, ante nosotros, un gran problema moral, lo que el Papa Francisco ha definido en muchas ocasiones, como la lacra del clericalismo que aplica al clero, pero también de una forma muy precisa, al laicado. Sí, le preocupa y mucho la clericalización del laicado. Esto no es un relato que nos interpela desde el exterior. Es un gran reto que tenemos en el interior de nuestras estructuras y de nuestras iniciativas. Este clericalismo, ya sea de sacerdotes, religiosos o laicos, está siempre muy unido a la cuestión del abuso de poder, de ejercer el poder, de aprovecharse de la autoridad que se tiene para presionar, para imponer a una persona o entidad los propios intereses. El abuso es, sin duda, un acto de violación de confianza, este poder está asociado a la influencia negativa que se ejerce sobre el otro y no una autoritas que se recibe por la confianza y lealtad de todos.

El poder que da fruto es el que ayuda a la comunidad, de acuerdo al Evangelio, que implica reconocer nuestra propia historia y la dignidad humana.  El beato Marcelo Spínola planteaba que “servir es reinar”, es decir solo desde el servicio se convalida el poder. Por tanto, poder y servicio, deben ser una sola realidad, desde una doble visión que se complementa. Sabemos bien que el poder desgasta y en algunas ocasiones hasta deshumaniza a quien lo ejerce. Se puede ejercer ese poder en la Iglesia y por desgracia no tener verdaderos sentimientos y actitudes cristianas. Sin duda, el ejercicio de la autoridad en la Iglesia debe de estar enraizado en el Evangelio, que lleva siempre a estar más cerca de las necesidades e inquietudes del Pueblo de Dios, de los no creyentes y de toda la sociedad.

En los últimos años en la Iglesia en España se han dado algunos pasos, quizá el más significativo fue el Congreso Nacional de Laicos, celebrado en 2020 en Madrid, para abrir horizontes. Los que tuvimos la oportunidad de participar de forma activa fuimos conscientes que vivimos un renovado Pentecostés, a pesar de la indiferencia que en algunos suscitó. El discernimiento y la sinodalidad fueron sus claves de bóveda. Trazándose cuatro líneas de acción para los próximos años en la Iglesia: crecer en el primer anuncio, en los procesos de formación, en el acompañamiento y en la presencia en la vida pública. Llegó la pandemia y más recientemente el Sínodo. La pandemia ha ralentizado, cuando no anulado muchas de nuestras acciones pastorales, pero el Sínodo está abriendo un nuevo estilo, un proceso, un camino que recorreremos en los próximos años, a pesar de que se intuyen muchas resistencias internas, o quizás cierto desinterés, cuando no la misma indiferencia ya apuntada. El Sínodo, lo sinodal, caminar juntos, no es una nueva moda, ni un invento, está plenamente en conexión con las conclusiones del Congreso Nacional de Laicos, del Evangelio. Este estilo de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia ha llegado para quedarse e interpelarnos a todos.

El camino sinodal no es un parlamento. El proceso sinodal es más que una democracia, porque las minorías son importantes, porque todos somos protagonistas.  La comunión y la escucha en la Iglesia se equilibran y complementan, para superar el déficit de corresponsabilidad y participación que vivimos. Confiamos en la acción del Espíritu Santo para que se superen sospechas y reticencias, y todos podamos avanzar por este camino juntos, un camino de escucha abierto a los demás.

Muchas veces me pregunto ¿Cuál es la tarea fundamental que tenemos que impulsar como Iglesia? Y siempre me viene la misma idea, la parábola del Buen Samaritano. A nosotros que nos sentimos Iglesia, que somos Iglesia nos toca realizar muchas tareas, pero creo que hay una esencial, reconocer las heridas de nuestro pueblo y curarlas.

Sobre el tema de la clericalización del laicado ha hablado recientemente, en un Simposium celebrado en Roma dedicado a la vocación sacerdotal, el Papa Francisco. En el mismo, pide el Papa que los sacerdotes mantengan cuatro cercanías: cercanía con Dios, con el obispo, con los hermanos presbíteros y con el pueblo que le fue confiado. Un texto para hacer oración pues muchas ideas planteadas son puro Evangelio, que todos, sacerdotes, vida consagrada y laicos, deberíamos saber aprovechar. Coincido con el Papa Francisco cuando habla que la clericalización del laicado, esos pequeños grupos, que aparentemente se puede interpretar como una élite en cada entorno pastoral donde se encuentren, pueden desnaturalizar su misión y convertirse en espacios endogámicos, y autorefenciales, sin ninguna o escaza capacidad de evangelizar. Todos hemos de reflexionar sobre esto porque no podemos reducir nuestra vida espiritual a una mera práctica religiosa, a ritos y rutinas. Por ello, sin cultivar la humildad, la escucha, la autocrítica, el acompañamiento, la paciencia será muy difícil seguir adelante. A los laicos el clericalismo también nos hace indiferentes, creando un cordón sanitario, cuando no un muro con nuestro entorno para no involucrarnos en sus vidas, generando incluso envidias, que es un pecado y sobre todo “una fatiga de la pedagogía del amor”, que generan calumnias y murmuración, como subraya el Papa a menudo. Nunca me han gustado los profetas de calamidades, pero si ver la verdad en cada situación, sin contemplar la realidad será muy complejo sanar heridas y construir nuevos procesos de comunión y evangelización. La sinodalidad nos ayuda a aislar el clericalismo, no desaprovechemos este camino por recorrer.

Me sorprendió la intervención del Cardenal Quellet en el Simposium al subrayar que “los abusos sexuales sólo son la punta del iceberg del clericalismo”, que tiene un gravísimo punto de referencia, que es el abuso de autoridad, de la confianza, que he apuntado más arriba. De ahí, que no sea bueno que nos refugiemos en modelos del pasado, mirándolo con añoranza, hemos de asumir nuestro momento presente y sus complejidades, mirando al futuro con esperanza. El Señor nos llevará de su mano y nos ayudará a discernir el horizonte a transitar. Hemos de plantear con sinceridad que no tenemos respuestas rápidas y para todo, quien diga que las tiene miente, por interés, por ideología o simplemente por capacidad para comprender en toda su anchura y profundidad los problemas que hoy transitan por el corazón de la humanidad.

Lo dicho sobre la clericalización del laicado me ha hecho recordar una carta enviada a Quellet por Francisco en 2016, donde de frente y por derecho recuerda aquella expresión: “es la hora de los laicos”, contestando con algo de preocupación, cuando no de sorna, que parece que hacía tiempo que el reloj estaba parado. Sabemos bien, que el clericalismo utiliza al laicado, le limita iniciativas y lo coloca en muchos casos en una situación de infancia eclesial, apagando proyectos y no animándolo lo suficiente a remover nuestra sociedad y generar una vocación de servicio, una vocación política en toda la grandeza de su dimensión para anunciar el Evangelio. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios, y no solo a unos pocos. Con cierta preocupación hemos de conferir que se ha generado una élite de laicos, ya apuntada, que trabajan, que están comprometidos en las obras de la Iglesia, en la parroquia, la diócesis…, muchas veces preocupados más en dominar espacios, qué en iniciar procesos, o al menos eso es lo que parece. Los laicos comprometidos son necesarios, pero si se clericalizan en su modo y estilo de actuar, no estarán siendo fieles a la vocación recibida y distorsionarán su misión dentro de la comunidad cristiana y en la misma sociedad.

Los laicos más comprometidos, desde su vocación bautismal, asumen su responsabilidad en lo posible en diversas tareas pastorales, sociales, caritativas, educativas… de la Iglesia, pero no pueden, ni deben sentirse dueños de su tarea. Sin embargo, como indique al principio, la Iglesia existe para evangelizar, junto al creyente que quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe en un mundo que está cambiando a toda velocidad. Por eso tendremos que ser más imaginativos y audaces. Ya que los ritmos de vida actuales son muy distintos a los de hace unos años, incluso de antes de la pandemia. Ahora que iniciamos la Cuaresma, camino hacia la Pascua, no nos cansemos de hacer el bien, y pidamos de nuevo la gracia para transformar nuestra vida y ponerla al servicio del Evangelio. Necesitamos nuevos espacios de oración y comunión, nuevos modelos para evangelizar más atractivos y significativos, desde el agradecimiento por lo recibido. Por eso, es importante animar a nuestros contemporáneos a vivir su fe donde viven y con quienes están, en la vida pública, esto es posible, no es una utopía, caminando juntos, escuchando a todos, podremos lograrlo. Pidámoslo al Señor con humildad y Él nos lo concederá si es lo que necesitamos y nos hace bien.

Enrique Belloso 

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