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La Diócesis de Asidonia-Jerez celebra el Día del Seminario

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La Capilla del Seminario Mayor Diocesano de San Juan de Ávila acogió la celebración del Día del Seminario siendo instituidos lectores los seminaristas Julián Benítez, Rafael Leal y Alejandro González.

El Seminario Mayor Diocesano de San Juan de Ávila acogió la celebración del Día del Seminario, con una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. En este día los fieles de la Diócesis y familia de los seminaristas se unieron ante el Sacramento del Altar para dar gracias por la vocación sacerdotal y orar para mantener la fuerza y fe en los que serán los futuros sacerdotes diocesanos que estarán acompañando a las distintas realidades eclesiales de nuestra Diócesis.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el prelado recordó en la homilía primeramente que si acogemos la palabra de Dios en nuestro corazón lo encendemos con su amor. Asimismo, nos recuerda que debemos custodiar la palabra de Dios como nos enseña San José, sobre todo los que recibieron en este día el ministerio del lectorado, recordándoles que en ellos cada ministerio tiene gran importancia porque lo van configurando hasta llegar al camino del sacerdocio donde tienen que ser amor del corazón de Cristo.

Por otro lado, Monseñor Rico Pavés nos enseña varias consignas a través de la figura de San José, la primera de ellas es que Dios es fiel y sus promesas las cumple cada día en nuestra cotidianidad. A pesar de las distintas dificultades que atravesamos debemos ser fiel a la palabra de Dios como fue San José. La segunda consigna es, ser valientes para seguir los caminos que nos va marcando el Padre y así cumplir su voluntad.

Tras la predicación, Monseñor José Rico Pavés instituyó en el lectorado a tres seminaristas de 5º curso, Rafael Leal, Julián Benítez y Alejandro González, quienes delante de sus familias y fieles de la Diócesis daban este paso hacia el sacerdocio.

Po último, contar que durante la tarde del 19 de marzo Monseñor José Rico Pavés estuvo presente en la Parroquia de San José de Jerez de la Frontera situada en el barrio de Vallesequillo donde tomaba posesión como párroco el sacerdote Laurent.

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“La llamada a la conversión es la respuesta a un amor previo, gratuito e incondicional”

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Homilía en la Eucaristía del III Domingo de Cuaresma, el 20 de marzo de 2022, en la S.I Catedral.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios;
queridos sacerdotes concelebrantes, formadores de los dos seminarios;
queridos hermanos que hoy dais un paso hacia el Sacramento del Orden;
queridos hermanos y amigos todos:

La liturgia de este tercer Domingo de Cuaresma, de un modo u otro, también en las lecturas del ciclo III que no hemos leído hoy porque, de acuerdo con una tradición cristiana muy antigua, se leían estas Lecturas ya por el siglo IV, y la Iglesia permite que sea el ciclo que sea, se hagan las del ciclo A, y a lectura de la samaritana es tan absolutamente adecuada a lo que estamos viviendo, a la preparación para la Pascua, con su referencia al agua viva que salta hasta la vida eterna, al espíritu que el Señor nos va a dar junto con esa agua bautismal y a los métodos de Dios para la conversión, que a mí me parece que merece la pena leerla todos los años, aunque no sea el ciclo que corresponda.

Las lecturas de hoy son siempre una llamada poderosa a la conversión. Pero sólo quiero subrayar una cosa. Y es que para que el hombre pueda convertirse, tiene que haber antes una manifestación de amor que toque su corazón. “Yo no he venido a curar a los sanos, sino a los enfermos”. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. La misericordia del Señor precede siempre a la experiencia de conversión. El encuentro con el Señor es el encuentro con un amor gratuito; un amor que no pone condiciones; un amor que, en el caso de la samaritana, se expresa con toda claridad. Ya los Padres de la Iglesia nos recordaban, una y otra vez, que la samaritana es una figura de la Iglesia; que la samaritana somos cada uno de nosotros. Era una mujer pecadora, una mujer medio pagana, una mujer que hizo todo lo posible por escapar de la gracia de Dios cuando se la encontró allí delante. “¿Tenemos que adorar aquí o…?”. Preguntas tontas que no tenían que ver con lo que el Señor quería darle, que era la revelación de Sí mismo y de cómo Él era el Salvador del mundo. El Señor espera y acepta esas preguntas bobas que ella le hace. “Pero si no tienes cubo, ¿cómo vas a venir a coger agua?”. Todas las cosas con las que los hombres buscamos excusas para escapar de la gracia de Dios. Pero el Señor es fiel y paciente.

La paciencia de Dios es nuestra salvación y se mantiene allí. Y aunque los discípulos no entendían -“¿Pero, cómo? ¿Qué hace este hablando con una mujer en un descampado? ¿Y qué hace este, además, hablando con una mujer? ¡Además samaritana, una pecadora!”-, la conversión viene precedida por el amor de Dios. Por un amor que está especialmente orientado y dirigido hacia los pecadores. Sólo ese amor, que no tiene condiciones, que no tiene límites, que se da sencillamente porque es lo propio de Dios: darse; sólo ese amor es capaz verdaderamente de cambiar el corazón. Luego, al final, la gente del pueblo de la samaritana dirán: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, creemos por lo que nosotros mismos hemos visto y oído”. Pero es el Señor quien toma la iniciativa. Es el amor de Dios quien nos precede. Es la Gracia y la primacía de la Gracia. Lo dijo San Juan Pablo II en su despedida, en su testamento, casi de despedida para el Tercer Milenio, que si queremos evangelizar tenemos que recuperar la conciencia de la primacía de la Gracia.

El cristianismo no es una ley. La ley expulsa a los que no la cumplen. La Gracia acoge a los pecadores. Cristo no se habría encarnado jamás si hubiera tenido que esperar a que nosotros cumpliéramos la ley para poder salvarnos. Nunca. La dinámica de Dios en la Encarnación. Y no sólo en la Encarnación. Leed al profeta Oseas donde le pide el Señor al profeta que se case con una prostituta y que le dé hijos de prostitución. Y el sentimiento de Dios es el deseo de expulsar a esos hijos y decir: “No sois mi pueblo”, pero sus entrañas de misericordia, el hecho de que Dios es Dios y no es como nosotros, le impide hacerlo y los vuelve a atraer hacia Sí. “La llevaré al desierto, le hablaré al corazón y ya no me dirá nunca más ‘Baal mío’, sino que me dirá ‘Señor mío’”. Repito, la primacía de la Gracia es un motivo central en la enseñanza de Juan Pablo II, de Benedicto XVI y del Papa Francisco, que se inventó incluso esa palabra
-“el amor de Dios nos ‘primerea’”. Y si no amamos a los pecadores, no somos de Dios.

Mis queridos hermanos, la samaritana era una pagana, prácticamente una pagana. El pueblo samaritano creía, aceptaba la Ley de Moisés, pero no aceptaban a los profetas y, por supuesto, no se trataban con los judíos ni los judíos con ellos. Pero eso de no tratarse con alguien es más propio del Antiguo Testamento y de un Dios que no se ha revelado todavía plenamente que de un cristiano. Los cristianos nos tratamos con todos y, como decía algún Padre de la Iglesia, no tememos la suciedad de las heridas porque el médico -y Cristo es quien actúa en nosotros- no temen la suciedad del hombre, sino que se acerca, la cura, la atiende, se lava. Ese separar entre pecadores y justos, y expulsar a los pecadores, es del Enemigo. No es de Dios. Quiero decirlo con toda mi fuerza y sé en qué contexto lo estoy diciendo.

PedidLe al Señor, en vuestro acercamiento en la Eucaristía, que ensanche vuestro corazón, que abra vuestro corazón a la medida del Corazón de Cristo. Cristo no pone barreras. Quita las barreras que hay. Unió con Su sangre a los dos pueblos que estaban separados -el pueblo judío y los pueblos gentiles- y quitó la persecución con las deudas que teníamos para hacer de los dos un solo pueblo. Constantemente, la actitud de Dios es esa, de acercarse a la miseria del hombre, de romper las barreras que nos separan de la miseria del hombre. “Los separados” es lo que significa la palabra fariseos. Los fariseos se llamaban a sí mismos “los separados”, pero las palabras más duras que tienen el Señor en el Evangelio son para los fariseos. Nunca tuvo una mala palabra para un pecador o para una pecadora. Nunca. Merece la pena fijarse en esos detalles para comprender quién es Cristo, qué es ser cristiano y cómo los que van a ser asimilados a Cristo de una manera especial, por el Sacramento del Orden, tienen que tener un corazón de Padre que sepa acoger a todos, a todos, y especialmente a los pecadores. Y buscarlos. Luego si, como el joven rico, dice que no puede, no sabe o no quiere, y se marcha, pues se le deja marchar, pero ni siquiera entonces el Señor le expulsa de Su corazón.

Mis queridos hermanos, en este mundo tan destruido, tan herido, no podemos nadie ahora olvidarnos de la situación de Ucrania. Pero a mí me parecía hoy más importante insistir en que la llamada a la conversión que la Iglesia nos hace en esta Cuaresma es sólo la respuesta a un amor previo y un amor que es gratuito, que es incondicional. Que no pone condiciones de “primero, te conviertes, y luego entonces te amo”. No. Primero te amo, luego, si Dios quiere, te conviertes y si Dios no lo permite o no es tu momento o lo que sea, pues “Yo Te sigo amando, Te sigo amando lo mismo”. En la plegaria de la segunda plegaria eucarística pedimos “por todos los que han muerto en la esperanza de la Resurrección y por todos los que han muerto en Tu misericordia”. Decidme alguna persona que haya muerto fuera de la Misericordia de Dios. No hay ninguna, en toda la historia humana. Por lo tanto, podemos pedir por todos, siempre, y sólo se puede pedir cuando se ama. Se pide por el bien de las personas y ese amor hay que manifestarlo, hay que expresarlo. No evangelizaremos el mundo contemporáneo si no somos ante el mundo un testimonio de amor como el de Cristo. ¿Que nos puede llevar a la cruz? ¡Claro! ¿Que los hombres podemos ser tan retorcidos, que hacemos mal uso de ese amor…? Yo siempre he pensado la cruz es un negocio pésimo que hicieron, pero el Señor no se resistió ni a los que le golpeaban, ni a los que le insultaban. “Nadie me quita la vida, Yo la doy porque quiero”. Ese es el amor más fuerte que la muerte y le estaban crucificando pecadores, sin duda. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Señor, danos algo de ese Espíritu. Como Eliseo pidió un trocito, un fragmento del manto de Elías, pues danos a nosotros algo de ese Espíritu tuyo y vosotros, si vais a ser sacerdotes, tenéis que participar plenamente, al menos en deseo de ese Espíritu del Señor. Repito, no ha venido a sanar, a curar a los sanos, sino a los enfermos. No ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Que el Señor nos bendiga a todos y nos dé parte en ese Espíritu de Dios que no crea divisiones entre los hombres, sino que, al revés, derriba y abre los muros de las divisiones que los hombres creamos.

Que así sea para vosotros. Que así sea para todos los seminaristas que nos acompañan. Que así sea para todo el Pueblo santo de Dios que tiene que dar en este mundo testimonio del amor sin límites de Cristo, no de lo buenos que somos nosotros, sino del amor sin límites de Cristo.

Que el Señor escuche nuestra oración. Yo en este tiempo Le pido: “Señor, conviérteme para que me convierta”. Se lo pedimos todos y luego que nos dé un corazón grande para vivir como nuestro el mal de Ucrania, porque no es de Ucrania, es nuestro. Ya me lo habéis oído decir más veces, y estamos en una situación de un mundo que se tambalea y la guerra que vemos lejos puede ser mañana nuestra. Entonces, más que nunca, en esas situaciones de emergencia y de peligro se hace necesario un testimonio de amor que es más fuerte que la muerte; que es más fuerte que el pecado.

Que es el amor de Jesucristo, que es el amor de Dios, que hace salir el sol sobre justos e injustos, que hace llover sobre justos y pecadores.

Que así sea para todos nosotros. Que nos dé el Señor el verdadero espíritu de conversión.

Palabras finales

Perdonadme esta segunda homilía diferente. Pero yo creo que todos sabéis que en esta semana el Santo Padre ha promulgado el Decreto sobre la reforma de la Curia Romana y en el gobierno general de la Iglesia ha incluido a laicos y mujeres. Antes, en el Dicasterio de Laicos, Familia y Vida, dos de las secretarias de ese Dicasterio, que se ocupa de la familia y de la vida, eran mujeres. Todavía un poco antes, ha aprobado los ministerios instituidos de Lector y Acólito en el que ha incluido la posibilidad de que haya lectores y acólitos que son mujeres.

Esto no es una concesión al feminismo. Me importa mucho subrayarlo. Es una recuperación de la Tradición primitiva de la Iglesia en muchos sentidos. Tampoco es una apertura para que un día las mujeres puedan ser sacerdotes. En absoluto. Si uno entiende bien la Eucaristía… En la Eucaristía, el sacerdote, si la celebra bien, hace como Cristo: ofrece Su cuerpo, para que sea descuartizado por su Esposa, que es la Iglesia. Y eso puede ser difícil, duro o requerir muchísima generosidad, pero es absolutamente inadecuado para una mujer. Si yo veo que van a descuartizar a una mujer en la mesa del altar y me queda una célula de varón, digo “que me descuarticen a mí y que la salven a ella”, pero no por ser antifeminista ni nada, sino por ser hombre.

El que está en el altar no es el que manda. Es el que está dispuesto a que su vida se rompa, que es lo que hace un esposo. Es lo que ha hecho Cristo y es en la Eucaristía, donde, durante siglos, los esposos han aprendido que es lo que tienen que hacer por sus mujeres, pero también indica que la vocación de la mujer es la maternidad, pero incluye muchas más cosas que la maternidad. Necesitamos mujeres abogadas, necesitamos mujeres expertas en medicina, en psicología… Necesitamos mujeres. Las necesita el pueblo de Dios. Necesita mujeres expertas en las ciencias humanas, en derecho, en derecho canónico, capaces de sostener y de ayudar a las familias en los mil enredos y trampas que los derechos del mundo ponen a la vida de la Iglesia.

Hay que ser conscientes de que, en nuestras comunidades cristianas y en nuestros ambientes cristianos, las mujeres tienen que prepararse y eso no está contrapuesto a la maternidad. Primero, porque yo conozco y he conocido a lo largo de mi historia, mujeres que han sido catedráticos de universidad con seis o siete hijos y perfectamente abiertas a la vida. La apertura a la vida, según la entiende la Iglesia, no es incompatible con una profesión, con una preparación y con una dedicación muy grande a ciertos trabajos profesionales, que son más propios de la mujer que de los hombres. Y son muchos. La Iglesia necesita esas mujeres, o estamos dejando el mundo en manos del mal y luego nos quejaremos de cómo está el mundo.

Simplemente eso, si en quienes ayudan al Papa, en el gobierno de la Iglesia, tiene que haber mujeres… Os aseguro que son mujeres las que yo conozco, magníficamente preparadas y profundamente cristianas. Por lo tanto, no hay ahí ninguna incompatibilidad y quien piense de otra manera no piensa como la Iglesia, ni enseña lo que enseña la Iglesia.

Entonces, hay que dar pasos. Yo voy a promover el que pueda haber lectoras y acólitos. Ya las hay en todas nuestras iglesias. Vosotras habéis leído muchas veces las Lecturas. Ahora la Iglesia pone un poquito de orden en eso que ya se venía haciendo y vamos a seguir lo que la Iglesia nos proponga en su momento, pero que quede eso muy claro: que necesitamos hombres preparados y mujeres preparadas. Abiertas a la vida, ¡sin duda! Que la maternidad es probablemente la tarea más grande de una mujer, sin duda, pero que no es incompatible con una vida profesional también. Y que la maternidad, por sí misma, no es un signo de santidad, también quiero decíroslo, porque la apertura a la vida, ya lo dijo el Papa, no voy a usar la misma imagen que hizo el Papa, que ofendió a muchas mujeres, pero la apertura a la vida no es tener hijos de cualquier manera: eso no lo ha enseñado nunca la Iglesia. Dicho queda, desde este lugar, que es el lugar donde yo enseño al pueblo cristiano.

En la Tradición de la Iglesia estuvo. Había una tradición benedictina en la que había siempre monasterios de hombres y de mujeres, y, en la Regla de esa tradición benedictina, el superior de los dos monasterios, el de los hombres y el de las mujeres, tenía que ser siempre una mujer. Que sabios eran. Yo estoy hablando del siglo X. Y de esa tradición salió una Doctora de la Iglesia: Santa Hildegarda de Bingen, que, además de hacer recetas de cocina, escribió sobre astronomía y sobre medicina, y sobre otras muchas cosas, porque eran las mujeres las que eran portadoras de la cultura; los hombres se dedicaban a la agricultura y la ganadería, que es su papel para sostener a sus familias. La cultura era cosa de mujeres.

Me perdonáis, pero como estamos en el mundo en el que estamos, me parece que es necesario decirlo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

20 de marzo de 2022
S.I Catedral de Granada

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Novena al Señor de la Salud y Costaleros Contra el Cáncer, en Iglesia Noticia

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Novena al Señor de la Salud y Costaleros Contra el Cáncer, en Iglesia Noticia

Este mes de marzo la localidad de Santa Fe celebra la Novena al Señor de la Salud. La Ermita del Cristo de la Salud acogerá esta oración a su titular entre los próximo 19 y 25 de marzo, tan devota a los fieles santaferinos. Al mismo tiempo damos a conocer la iniciativa de venta de almohadillas cervicales para los niños con cáncer que ha llevado a cabo la asociación Costaleros Contra el Cáncer.

También hablamos sobre el homenaje que la ciudad de Motril rendirá al sacerdote avemariano D. José Montero, a quien dedicarán una plaza con su nombre cerca del colegio qué él mismo fundo, el Ave María Varadero, para atender a las familias pobres de la barriada costera motrileña en la década de los 50.

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Terminó la visita pastoral a la parroquia de Santa Ana, de Guadix

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Terminó la visita pastoral a la parroquia de Santa Ana, de Guadix

Durante los días 17 y 18 de marzo, el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha realizado la visita pastoral a la parroquia de Santa Ana, de Guadix. Ha sido una visita intensa, durante la cual el obispo se ha encontrado con distintos sectores de la parroquia, desde los niños a los mayores. Los más pequeños estuvieron acompañados de sus padres, con quienes D. Francisco Jesús departió largo rato sobre su papel imprescindible en la transmisión de la fe, a pesar de las dificultades que presenta la situación actual.

Cabe destacar en esta visita el encuentro del obispo con los menos favorecidos, a través del servicio que les está prestando Cáritas. Por la mañana, del día 18, se tuvo un encuentro con ellos en las instalaciones de la parroquia, presentando cada cual su situación familiar y sus necesidades, así como el servicio que están recibiendo. Fue un momento muy emotivo que terminó con un café compartido.
Pero, antes, el obispo los había visitado el día anterior en sus casas, en donde pudo comprobar el estado indigno de algunas viviendas, en el entorno del Padre Llanos y Dolores Ibarruri.
En la mañana del día 18 también visitó a algunos enfermos, que le acogieron con alegría y muy sorprendidos por una visita que no esperaban. En esa mañana recorrió las calles de Santa Ana, deteniéndose en algunos comercios y negocios, bendiciendo a sus propietarios y rezando con ellos.
Una preocupación compartida en esta visita pastoral ha sido la situación de nuestros mayores, su soledad y el estado de dependencia en que viven muchos de ellos. Una representación de trabajadoras de Acci Asistencia departieron con Don Francisco Jesús sobre esta situación y la labor que realizan. Son más de ochenta las empleadas de esta empresa en Guadix.
También se ha encontrado el obispo con las Hermandades de la parroquia, la de Santa Ana, y la de La Flagelación y Refugio, que presentaron su estado actual con las dificultades por las que pasan y, también, sus expectativas, con la incorporación de jóvenes a esta última asociación. D. Francisco Jesús insistió durante la visita en la importancia de la Asociación del Corazón de Jesús y la centralidad de la oración en torno al Sagrario en la vida de la parroquia.
Terminó la vista pastoral a la parroquia de Santa Ana, en Guadix, con la Misa Estacional, en la que estaban todos, desde los más pequeños a los mayores.

Juan Sáez
Párroco de Santa Ana

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Domingo III de Cuaresma. Ciclo C. 20 de marzo de 2022

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Domingo III de Cuaresma. Ciclo C. 20 de marzo de 2022

Jesús va anunciando el reino de Dios con sus discursos públicos y con actuaciones que no dejan ajeno a nadie, porque provocan todo tipo de reacciones (admiración, rechazo, división y tensión). Llegado a este punto, aparecen unos mensajeros para informarle a Jesús del sacrilegio cometido por Pilato al mezclar la sangre de unos galileos a los que había mandado matar con la sangre de los sacrificios rituales que estos estaban haciendo. Jesús ha sabido descubrir que esta información tiene también la intención de lanzarle una advertencia a él, que también es galileo, de cual puede ser su final y el de los suyos, también galileos, si no cambia de conducta.

Jesús contrataca advirtiendo que esas muertes no son obra de Dios como tampoco lo fue la caída de la torre de Siloé, en Jerusalén, en la que murieron judíos y no galileos. Jesús viene a corregir el pensamiento judío que interpretaba las catástrofes, las desgracias personales, las enfermedades… como castigo de Dios. Esto hacía sentirse bendecidos por Dios a quienes gozaban de bienestar, especialmente las clases sociales pudientes. Jesús aprovecha estas dos tragedias acontecidas recientemente para hacer entender a sus contemporáneos que las desgracias no tienen que ver con la voluntad de Dios ni conque uno sea pecador. Pero Jesús concluye esta parte de la escena enseñando que todo lo que sucede como desgracias fatídicas no son un castigo de Dios sino una invitación a la conversión. Y todo ello es otra manera que tiene Jesús de decirnos, como lo ha hecho en otras ocasiones, que hay que saber discernir los signos de los tiempos, porque Dios nos habla a través de los acontecimientos históricos. Pero las interpretaciones que se puedan hacer pueden estar contaminadas de ideologías, intereses, etc. Por ellos hay que saber interpretar lo que sucede a la luz del Evangelio.

Jesús culmina este discurso con la parábola de una higuera que lleva tres años sin dar fruto, por lo que el dueño, agotada su paciencia, decide cortarla. Finalmente retrasa su decisión un año más cuando el viñador pide al dueño una nueva oportunidad para la higuera estéril que no da higos.

La higuera en la Biblia simboliza al pueblo de Israel, es decir, aquellos que escuchaban esta parábola. Pero su mensaje es de total actualidad y se la puede aplicar así mismo la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, y cada uno de los que nos consideramos cristianos. Por tanto, una comunidad de creyentes que no dé fruto no tiene razón de ser, por mucha hojarasca que tenga a través del aparentar lo que no se es. Y, en definitiva, todos podemos ser ese árbol cansado, desilusionado, acomodado, que vive de hábitos y costumbres aparentemente religiosas pero inútiles.

Dios, que es defensor de la vida, prefiere cortar la higuera, aunque todavía queda un resquicio de esperanza. Es entonces cuando el viñador (Jesucristo), le pide al dueño de la viña (el Padre) una nueva oportunidad, porque confía en que la higuera, con un poco de cuidado y de tiempo, dé fruto. Jesús aparece como el que suplica e interviene por cada comunidad cristiana y se compromete a cuidarla con su Palabra y los Sacramentos para que se convierta y, alcanzando la santidad, dé buenos frutos agradables al Padre. Aquí tenemos visible la paciencia y la misericordia divina.

Lucas nos muestra que para Dios la conversión no es un deseo o propósito humano que nos lo podemos tomar como hobby o entretenimiento, sino que es una cuestión de vida o muerte, pues ante el reino de Dios hay que decidirse, optar y posicionarse. No se puede vivir en la ambigüedad y hay que darse prisa porque el tiempo pasa y la vida terrena es corta.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/

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Ucrania es tierra de santidad: san José Bilczews

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El 20 de marzo, la Iglesia celebra la fiesta del santo obispo de la diócesis ucraniana de Lviv (Leópolis), san José Bilcewski.

Nacido en 1860 en Wilamowice (entonces archidiócesis de la polaca Cracovia) y ordenado sacerdote en 1884, fue enviado por sus dotes intelectuales a perfeccionar sus estudios a Viena, Roma y París. A su vuelta, lo nombraron profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Lviv, de la que llegaría a ser rector.

Cuando fue nombrado arzobispo de aquella diócesis, resumió su programa pastoral con el lema: “Darse en holocausto por la causa de la santa Iglesia”. El difícil gobierno pastoral de aquella Iglesia necesitó de un gran hombre como él, pues la situación social era muy complicada. Ejerció con gran celo su magisterio para ayudar a todos: fieles y sacerdotes, publicando numerosas cartas en las que trataba temas de fe y moral. Siempre de parte del pueblo y de los pobres, era respetado y querido por toda la población, un crisol de culturas, confesiones y ritos diferentes.

Gran enamorado de la Eucaristía, impulsó mucho la adoración al Santísimo, la comunión frecuente y la preparación de los niños para participar en la Santa Misa.

Antes de morir en 1923, construyó numerosos templos, centros educativos y asistenciales, ayudando en las obras más significativas que surgieron en su diócesis.

Lviv, en guerra ayer y hoy

La ciudad de Lviv, de cuya diócesis fue obispo José Bilczewski, ha sido actualidad estos días, pues su estación es la principal vía de escape de los ya más de dos millones de desplazados de la guerra hacia la UE. Su condición de ciudad fronteriza (a 70 kilómetros de Polonia) ha marcado su historia, pasando de corona en corona, de imperio a imperio, de república a república. De los 24 santos y beatos ucranianos que recoge el martirologio romano, gran parte de ellos pertenecieron a esta diócesis donde la paz es tan frágil, sobre todo en el siglo XX.

A san José Bilcewski le tocó gobernar su diócesis y ayudar a paliar tantos sufrimientos durante la Primera Guerra Mundial, la guerra polaco-ucraniana de 1918-1919 y el posterior periodo de invasión soviética, que supuso una época de gran persecución religiosa. La guerra ha vuelto a aquellas tierras de santidad y, en unos años, hablaremos de los testimonios de fe y esperanza que, seguro, hoy, están dando nuestros hermanos. San José Bilcewski, intercede por tu pueblo.

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“San José, modelo de la vocación a la que Dios os llama”

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Mons. Demetrio Fernández ha celebrado hoy en la Catedral la solemnidad de San José, junto a los seminaristas del Seminario conciliar San Pelagio y del Seminario Redemptoris Mater San Juan de Ávila

El obispo de Córdoba ha presidido hoy la eucaristía celebrada en la Catedral con motivo de la solemnidad de San José, jornada en la que la Iglesia conmemora el Día del Seminario. Por este motivo, a esta celebración han asistido todos los integrantes de los seminarios de la Diócesis.

Durante la homilía el Obispo ha ofrecido a los seminaristas la figura de San José como modelo de seguimiento a la vocación a la que Dios los llama. Para ello, Mons. Demetrio Fernández comenzó recordando el pasado año jubilar dedicado a la figura de este santo y continuó comentando, al hilo del evangelio de este día, como fue la vocación de San José. Tras lo cual exhortó a todos los fieles a «vivir en la fe los principales acontecimientos de nuestra vida», como hizo el patrono de la Iglesia, quien entendió que «ningún otro proyecto de su vida era tan bonito como María» y ninguna tarea más importante que cuidar del hijo de la Virgen.

Al referirse a la vocación, el Obispo ha indicado que «vale la pena entregar la vida como hizo San José para que otros crezcan», ya sea como sacerdote o en el matrimonio. Sin embargo, este amor no te libra de los sufrimientos, las inquietudes y las dificultades, ha advertido Mons. Demetrio Fernández. Porque «la vida está para darla, para gastarla», ha continuado el Obispo, explicando cual es la vocación del cristiano.

El prelado ha concluido la homilía pidiendo nuevas vocaciones con la intercesión de San José.




















La entrada “San José, modelo de la vocación a la que Dios os llama” apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

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