Mil cuatrocientas personas, pertenecientes al ámbito de la educación católica, se han dado cita esta tarde en la Catedral de Sevilla, donde se ha celebrado la Eucaristía de inicio de curso de la pastoral educativa de Sevilla, que ha presidido el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses. Profesores, directivos de centros, representantes de asociaciones de madres y padres de alumnos, y personal de administración de colegios, escuelas y universidades de inspiración cristiana se han congregado en la seo hispalense para “realizar el envío de quienes habéis recibido la hermosa vocación de educar”, como ha apuntado el arzobispo al inicio de su homilía. “No comenzamos simplemente una nueva etapa académica, comenzamos una misión”, ha añadido.
Monseñor Saiz ha destacado que la escuela y la universidad no son únicamente lugares donde se transmiten conocimientos. “Son lugares en los que se encuentran personas, se despiertan preguntas, se forman conciencias”, ha señalado. En este contexto, se ha dirigido a los educadores, a quienes ha recordado que “vuestra profesión es una verdadera vocación”. Ha reforzado esta idea afirmando que, cada mañana, cuando entran en el aula, “entráis en un lugar sagrado”, ya que “delante de vosotros hay personas creadas a imagen y semejanza de Dios”. Para el arzobispo, “cada alumno tiene una historia, unas heridas, unos sueños, unas posibilidades que quizá todavía nadie ha descubierto. El buen educador -ha subrayado- sabe mirar más allá de las apariencias”.
Ha dedicado gran parte de su alocución a la figura del educador, y ha destacado que el alumno “difícilmente olvidará al profesor que confió en él cuando nadie confiaba; al profesor que supo escucharle; al profesor que le enseñó que su vida tenía valor”. Y es que la educación cristiana parte siempre de una convicción profunda: “ningún ser humano está perdido”.
“Vivir vuestra profesión desde el Evangelio”
Seguidamente, y tras agradecer la labor que realizan, monseñor Saiz ha procedido al “envío” de los educadores, porque “el profesor cristiano está llamado a ser evangelizador”. Y ha aclarado: “No se trata de convertir cada clase en una catequesis, ni de imponer la fe. Se trata de vivir vuestra profesión desde el Evangelio”.
Tras citar el magisterio del papa León XIV, el arzobispo de Sevilla ha subrayado que los jóvenes perciben rápidamente la incoherencia, pero “también reconocen la autenticidad”. De ahí que necesiten testigos, además de maestros. En este punto ha subrayado la importancia de la “coherencia entre las palabras y la vida”. Más adelante ha hecho un llamamiento a la unidad entre los diferentes agentes educativos –“una verdadera alianza educativa”-, desde la familia hasta la escuela, pasando por los profesores, parroquia y la sociedad en general.
En la parte final de su homilía, el arzobispo ha animado a los presentes en una “tarea no siempre fácil”. Les ha recordado que no están solos, porque “el Espíritu Santo sigue actuando”.
El envío de los educadores ha sido un gesto sencillo y simbólico. Monseñor Saiz Meneses les ha recordado que “Cristo os envía. Os envía a enseñar, pero también a escuchar. Os envía a transmitir conocimientos, pero también a despertar preguntas. Os envía a preparar profesionales, pero, sobre todo -ha concluido- a ayudar a formar personas. Os envía a anunciar”.
Previamente a la Eucaristía, se ha dado lectura a un resumen del magisterio del papa León XIV en materia educativa, así como a un decálogo que se plantea en este inicio de curso al profesorado católico bajo el lema ‘Educando en la esperanza’.
GALERÍA fotográfica del acto
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