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«Contigo por la vida, siempre»

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Mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida para la Jornada por la Vida, el sábado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida “invitan a acompañar la vida humana, la vida de cada persona, en todas las fases de su existencia, desde su concepción hasta su muerte natural, aumentando los cuidados cuando la vida es más vulnerable”. Y enumeran las vidas “que deben ser acompañadas”.

En primer lugar, señalan “al inicio de la vida”. Los obispos afirman que “plantear que eliminar una vida humana pueda ser solución para algún problema es una grave equivocación, como ocurre en el caso de un embrión o un feto en el seno de su madre”. Por eso, “las leyes que promueven y amplían el supuesto «derecho al aborto» son absolutamente injustas porque “legalizan la muerte de personas inocentes e indefensas”.

Los prelados reclaman “una serena reflexión” que “vaya a las raíces del problema y busque alternativas reales para que las madres que afrontan, muchas veces en soledad, un embarazo no deseado no tengan que recurrir al aborto”.

También piden acompañamiento para los refugiados e inmigrantes “que llegan a nuestras fronteras, la mayoría de las veces en condiciones tan trágicas”. Recuerdan las palabras del papa Francisco en Fratelli tutti: “Nunca se dirá que no son humanos, pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos. Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer, a veces, ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno”.

En la enfermedad mental pues ante el “alarmante” aumento de suicidios, especialmente entre los más jóvenes, es “un tema que merece ser considerado con hondura”. Los obispos ofrecen la colaboración de la Iglesia para afrontar el tema y manifiestan su deseo de “estar cerca de los familiares y amigos de las personas que se han suicidado, acogiendo y acompañando con respeto su dolor”.

En la ancianidad porque “en una sociedad del descarte y la desvinculación, los mayores siempre tienen mucho que perder” y es necesario “un planteamiento en el que las personas mayores sean protagonistas” y “crear cauces para escuchar su voz y para darles espacio en la vida de la Iglesia y de la sociedad”.

Y al final de la vida, cuando la vida humana “en muchas ocasiones vuelve a ser frágil” y “la gran tentación consiste en buscar falsas vías, que pretenden eliminar el sufrimiento, cuando lo que están haciendo es acabar con la vida de la persona”. Por eso, una vez más, “manifestamos nuestro rechazo a la ley que regula la eutanasia y pedimos la aprobación de una ley integral de cuidados paliativos, dotada de los recursos necesarios, para acompañar de manera verdaderamente humana a las personas en la fase final de su vida”.

Los obispos continúan su mensaje aportando algunas propuestas de acción porque “el análisis realista de la situación” en lugar de “llevarnos al pesimismo” debe “comprometernos en la transformación de este mundo al cual Dios ama tanto”.

En primer lugar, “conscientes de la magnitud del desafío, debemos promover la oración por la defensa de la vida humana”. En segundo lugar, proponen el testimonio personal. Cada fiel cristiano está llamado a dar “testimonio del amor verdadero con palabras y con obras”. En tercer lugar, exhortan a los laicos a comprometerse y acompañar a las personas que deben ser, especialmente, acompañadas.

Los prelados terminan su mensaje pidiendo a “María Santísima, Madre de la Vida, que infunda en nosotros un amor concreto y creativo para instaurar la cultura de la vida, acompañando y acogiendo a cada persona”.

Mensaje íntegro aquí

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«El 11 de agosto de 2011 se paró su corazón y aún hoy se sigue encogiendo el mío»

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El 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor, se celebra la Jornada por la Vida. Con este motivo, bajo el lema «Minuto 1», publicamos diversos testimonios de madres que han vivido diferentes situaciones vitales. Raquel Cueto explica lo que sintió ante la pérdida de un bebé en camino.

Por más que intentemos imaginarlo, hasta que una mujer no está embarazada no descubre el sentimiento de la maternidad, ¿cómo recuerdas esos primeros momentos?

Recuerdo esos primeros momentos con una gran felicidad. Es verdad que cada embarazo es un mundo y con cada uno de ellos te encuentras en un momento vital diferente, tú misma eres diferente. No viví igual el primer embarazo que el quinto. Pero sí hay algo que unificaría a todos ellos y es la palabra FELIZ. Una felicidad que no se puede describir porque no se parece a nada y, además, lleva añadida muchas connotaciones, entre ellas los miedos y preocupaciones; sin embargo no restan ni un ápice a la felicidad. Es una maravillosa sensación que no puedo igualar a nada. Sentir que algo tan pequeño crece dentro de ti, que te acompaña todo el día, que es parte de ti… es increíble. No puedo decir que el camino sea del todo fácil porque estaría mintiendo. Los temores a que no vaya bien, el sentido de responsabilidad, y mil y un otros sentimientos también están contigo. ¡Cuántas veces habré levantado a mi marido en mitad de la noche para decirle que el bebé se movía menos o que no lo notaba! En fin, menos mal que las hormonas vuelven a su ser. Pero, pese a todo, me siento una verdadera privilegiada por ese regalo, el regalo preciado de la vida. 

¿Te sentiste madre desde el primer momento que supiste que estabas embarazada?

Creo que la palabra o el sentimiento de madre va mucho más allá del saber que estás embarazada. De hecho, creo que al principio ni se me pasó por la mente. Lo que sí puedo decir es que he amado a mis hijos desde el primer momento de saber que estaba embarazada, desde el instante en que vi esas dos rayitas y que ese enamoramiento primero no pasa, pase lo que pase. La felicidad de llevar a otra vida en mi interior, conmigo, acompañándome y dejándome acompañarla en el inicio de su vida es tan maravilloso que, al menos yo, em ese primer momento, no fui consciente de que iba a ser madre. Creo que la palabra madre engloba muchísimos aspectos que no son exclusivos del embarazo y, por otro lado, el hecho de estar embarazada no te convierte en madre y al revés, sin estar embarazada puedes ser madre. La maternidad es una carrera de fondo donde intervienen muchos factores. Yo he aprendido y sigo aprendiendo a ser madre todos y cada uno de los días. Mis hijos me enseñan a ser cada día mejor madre y persona, me hacen ponerme delante de mis debilidades y miserias para querer ser mejor y darles la mejor versión de mí misma y, sobre todo, me enseñan que su amor es incondicional e incluso en mis momentos de poca paciencia, de no atenderles como necesitan, yo soy su mejor madre. 

Pero no todos los embarazos llegan a término y son muchas las madres que han vivido la pérdida de un hijo antes de su alumbramiento. Ese fue también tu caso, ¿no es así?

Ese es otro sentimiento que no he podido olvidar. Recuerdo el momento exacto, recuerdo lo que estaba haciendo, y el tiempo que pasó desde el inicio del sangrado hasta el desenlace. Lo recuerdo de una manera muy vívida. Ese vacío tiene un huequito en mi corazón y ahí va a estar siempre. Fue como todos, un hijo muy deseado, y recuerdo que empecé a sangrar a la novena semana, cuando nos preparábamos para acompañar a casi 100 personas al campamento de la pastoral juvenil de nuestra parroquia. Las casi dos semanas siguientes fueron un encontrarme con el Señor todos los días y todos los minutos y ponerme en sus manos, sabiendo que era lo único que podía hacer. El 11 de agosto de 2011 se paró su corazón y aún hoy, cuando van a hacer 12 años, se me sigue encogiendo el corazón y se me saltan las lágrimas al revivirlo. Lo viví con mucho sufrimiento a pesar de estar muy acompañada, y con mucha lucha interior por no entender lo que estaba pasando y el por qué. 

Eres madre de cuatro hijos, médico de profesión, conoces el inicio de la vida por tu formación y por tu experiencia, ¿qué fue lo que más te ayudó a superar esa pérdida?

He de reconocer que me costó superarlo y volver a ser yo de manera plena. Me faltaba algo, tenía un vacío en mi corazón que no entendía y durante un tiempo me sentía culpable, a pesar de que mi mente científica y mi yo espiritual me decían que no. Pero frente a eso se cuelan en tu corazón los miedos y reproches que intentan convencerte de que todos los demás están equivocados. Sólo desde la oración, sólo desde el encuentro personal con el Padre en el que te sientes Hija querida y amada es como logré dejarme consolar, dejar entrar la esperanza del reencuentro, la paz de que no todo acaba con la muerte y poder continuar. Mi marido, mis hijos, amigos, comunidad, familia… todos estaban ahí, pero es un camino que tuve que recorrer sola, en esa soledad acompañada que tenemos cuando dejas entrar a Dios en tu historia. 

En esta Jornada por la Vida que nos ofrece la Iglesia, ante el debate y las nuevas leyes sobre aborto y vida en nuestra sociedad, y desde tu experiencia, ¿qué reflexión te surge?

Que la vida es un regalo maravilloso del que no somos dueños. Que todas las decisiones tienen trascendencia y que, en estos términos, te diría que puedo llegar a entender situaciones de sufrimiento que puedan llenarte el corazón de sentimientos que te convenzan de que no hay más opciones pero que, a pesar de que no lo hayas tocado aún, que no lo hayas olido, que no hayas sentido su fragilidad en tus brazos, la pérdida es brutal y te acompañará el resto de tu vida independientemente de tus creencias religiosas. Es algo interno, inexplicable que, en algún momento de la vida, antes o después, tocará a tu puerta y no se irá. Creo que las leyes deben protegernos a todos, a los no nacidos, pero también a nosotras. Creo que hay defender la dignidad de la vida de cada persona, desde su origen hasta el final de la vida. La historia nos enseña que cada vez que el ser humano se ha cuestionado la dignidad o el valor de ciertas vidas humanas, por distintos motivos, se ha equivocado. Y creo que este tipo de leyes no te cuentan lo que viene después: el sufrimiento por una pérdida, ni las consecuencias para tu vida. 

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Lo nuestro es vivir

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Dios nos ha elegido para vivir. Nos ha llamado a vivir. Nos ha puesto sobre la faz de la tierra para vivir. Desde el minuto uno. Cuando fuimos engendrados.

Vivir con la conciencia de que hemos sido engendrados para existir es un desafío grande. Máxime en una sociedad en la que se promueve y amplía una legislación que no protege la vida, sino que la descarta amparándose en un argumentario que justifica el ejercicio de la libertad, sin contemplar el respeto por ella desde el primer momento de su concepción hasta la muerte natural.

La dignidad de la vida humana, que estamos llamados a proteger, custodiar y salvar, es incuestionable, por tanto, debemos centrarnos en la vida y dejar vivir. ¿El motivo?  Desde el primer momento de la concepción hay un ser humano vivo, desde la fe hijo o hija de Dios; por tanto, nadie debería arrogarse el derecho a segar la vida humana.

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Rosario Aguilar: «En Cáritas Cómpeta tenemos claro nuestro compromiso social y político»

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NoticiaLa Caridad tiene Voz

Rosario Aguilar, Cáritas Cómpeta

Publicado: 20/03/2023: 39

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Tu Cáritas Más Cercana

Rosario Aguilar, miembro de la Cáritas parroquial de Cómpeta, explica cómo, desde hace más de 30 años, se implican con los más necesitados, teniendo claros su compromiso social y político. Aquí pueden escuchar el podcast.

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Premio Signis en el 26ª edición del Festival de Málaga

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El Festival de Málaga ha vuelto a tener, entre sus galardones, el Premio Signis, otorgado por la Organización Católica para los Medios de Comunicación del mismo nombre.

La Organización Católica para los Medios de Comunicación SIGNIS a través de su jurado integrado por Jesús de la Llave, Lourdes Porras, Wolfgang Martin Hamdorf y el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, delegado diocesano de Medios de Comunicación Social, ha decidido otorgar el Premio Signis en la 26ª edición del Festival de Málaga a la película «El Castigo” de Matías Bize.

El Jurado quiere destacar en su conjunto la interpretación, el guión y la dirección de esta obra por «tratarse de una propuesta artística muy arriesgada y de gran calidad técnica. Esta coproducción chileno-argentina afronta la cuestión de la maternidad y los complejos matices de la estructura familiar, sin proporcionar soluciones fáciles. A tiempo real y en un inusual microcosmos, el espectador es testigo de un proceso de catarsis familiar», afirman en el acta del premio.

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«Siempre en nosotros»

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Después de bendecir la mesa, Manuel mira la comida cabizbajo y con la mirada perdida.
En sus ojos llorosos y en su decaído rostro, se observa una tristeza reprimida.

Su padre le pregunta si todo iba bien.
Manuel, gimoteando le dice a su padre:
-Papá, me siento en un pozo sin fondo desde que nos dejó mamá.
Juan, su padre, de inmediato, se sentó al lado de su hijo y le cogió de sus frías manos.
-Hijo, mamá está siempre en nosotros. Ella es la luz de nuestra oscuridad, ella es nuestro camino, está en nuestro corazón, no se ha ido, permanece en nuestro amor. Cuando estemos mal, ella será la luz que debemos seguir para estar siempre mejor y ser felices.
Padre e hijo se unieron en un profundo abrazo.

José Luis Dago

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Comentario al evangelio del domingo V de Cuaresma, por Alejandro Pérez Verdugo

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El profesor de los Centros Teológicos Alejandro Pérez Verdugo ayuda a profundizar en el evangelio de este domingo, V de Cuaresma, 26 de marzo de 2023.

Tras presentarnos la Palabra de Dios a Jesús como fuente de “agua viva” que sacia nuestra sed y “luz del mundo” que alumbra nuestra oscuridad, este domingo lo presenta como “resurrección y vida”.

Dios liberó del sepulcro del exilio a Israel. Le devolvió la vida en medio de la desesperanza. Dios escucha el grito de Israel y Jesús se compadece de las hermanas de Lázaro. Comparte el dolor con ellas y llora por su amigo. Jesús humano y divino que vence a la muerte. Del sepulcro surge la vida y Él es vida para quien le acepta como el Hijo de Dios. Resurrección del último día sí y también vida verdadera ahora. Pero ¿no nos sorprende que a los vivos se nos ofrezca la vida? No. Si nos examinamos vemos que la necesitamos porque, en medio de la vida, hay muerte provocada por el pecado. Si no miramos en lo hondo de nuestra vida con sinceridad, será imposible seguir a Jesús hasta la Pascua; podremos acompañarlo por fuera, pero el interior irá por otro lado.

Dejemos que Cristo nos grite como a Lázaro: “sal fuera” de tus egoísmos, incoherencias, comodidades y placeres, insolidaridades e insultos, caprichos y aparentar… Cristo viene a sacarnos de la muerte de nuestros sepulcros; entonces Cuaresma será seguir a Jesús por dentro y fuera hasta la Pascua, anticipada en la Eucaristía, que es muerte y resurrección, agua viva para el camino, luz para nuestros nuevos ojos y vida para tener un corazón nuevo.

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Julio Salcedo: «Las imágenes de la Última Cena estuvieron en la Basílica de la Victoria»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

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Espejo Andalucía, 17 de marzo de 2023

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Las Jornadas de Vicarios organizadas por la Conferencia Episcopal y celebradas en Casa Diocesana Málaga, entre los temas de esta semana.

Las delegaciones de Medios de Comunicación de las diócesis andaluzas emiten cada semana un espacio regional en la cadena COPE: El Espejo Andalucía.

Desde el viernes 28 de febrero de 2020, Día de Andalucía, el programa El Espejo que se emite los viernes en la Cadena COPE a las 13.33 horas, comienza con una sección regional protagonizada por las 10 diócesis de la Comunidad Autónoma: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Guadix, Huelva, Jaen, Jerez, Málaga y Sevilla.

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«Las personas con síndrome de Down son un tesoro. Solo hay que pararse y saber mirar»

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Aurora Villalobos es médico internista. Está casada y es madre de dos niñas.

Por más que intentemos imaginarlo, hasta que una mujer no está embarazada no descubre el sentimiento de la maternidad, ¿cómo recuerdas aquellos primeros momentos?

Desde el primer momento que supe que estaba embarazada sentí muchísima alegría y muchísima ilusión. Sobre todo, me sentí muy agradecida por sentir el milagro de la vida y el regalo de la maternidad. Siempre sentí que estaba haciendo algo que era muy importante y tenía muchas ganas, desde el principio, de conocerle, verle su carita, y abrazar su cuerpo. Quería hacerlo muy bien desde el comienzo porque ya lo quería desde el minuto cero.

¿Te sentiste madre desde el primer momento que supiste que estabas embarazada?

Yo me he sentido madre desde pequeña, siempre he tenido esa vocación de ser madre y formar una familia. Pero en el momento en el que estás embarazada sabes que tu vida nunca va a ser igual, y lo asumes con mucha alegría, y a la vez con mucha responsabilidad, porque desde aquel primer momento sentí que tenía que cuidarme lo mejor posible para protegerle. Entiendes que se puede dar la vida por un hijo y eres consciente de cuánto te ha querido tu madre. Pensaba que mientras yo estuviera a su lado nada malo podría pasarle a mis hijas. Mi madre siempre me lo decía, pero no lo entiendes en profundidad hasta ese momento, y estás deseando entregarle ese amor a esa persona que todavía no has visto pero tienes tantas ganas de conocer.

¿Cuáles fueron los momentos más importantes de tu embarazo?

Hay muchos momentos, pero el primer día que te enteras de que estás embarazada es una alegría muy diferente, que no puedes comparar a ninguna otra que te pase en la vida. También dan alegría los pequeños momentos en los que vas notando cambios y te vas empezando a creer, de verdad, que estás embarazada.

¿Qué es lo que más recuerdas de aquella época?

Disfruté mucho los momentos con los que preparas con tanta ilusión los detalles para la llegada de tu hijo a casa y todo va cambiando. Y por supuesto, cuando ves su carita por primera vez y abrazas ese cuerpecito. Y ese momento en que lo abrazas por primera vez, es el momento en el que conoces el amor sin límites. En ese momento tan íntimo, descubres que Dios nos hace el mayor regalo de la vida.

Inés nació hace 12 años con síndrome de Down. ¿Qué significa para ti su vida? Y ¿cómo han cambiado las vuestras desde que ella llegó al mundo? 

La llegada de Inés inundó de amor nuestra vida. Siempre agradeceré, y todavía me emociono al recordarlo, cuando Carmen Linares, la directora del Centro de Atención Temprana Dulce Nombre de Maria en ese momento, vino a casa a conocer a Inés cuando nació y me dijo: «Cuánto te debe querer Dios para haberte regalado a esta hija».

Después llegó mi hija Eugenia, que completó la familia con su dulzura, su amabilidad, serenidad, prudencia, bondad, y alegría. Se quieren, se protegen, se respetan y se apoyan muchísimo. Adolfo, mi marido, desde el primer momento que nació Inés y supimos que tenía síndrome de Down ha sabido centrarse en lo positivo y siempre aportando alegría y optimismo. Me siento muy orgullosa de la familia que hemos formado.

¿Cómo es Inés?

Inés es ternura y bondad infinita, ella nos recuerda que las cosas sencillas son las que realmente importan. Su mirada es siempre limpia y transparente, y su sonrisa ilumina. Ella solo ve las cosas bonitas que pasan en la vida, aprecia cada minuto y agradece cada detalle. Le encanta disfrutar de la vida. Es pura inocencia y entrega absoluta, y sus abrazos, que son tan de verdad, te calientan y reconfortan hasta el alma. Mi madre siempre dice que ella es el pegamento de la familia, porque le encantan las reuniones familiares, estar con sus abuelo, tío y primos. Igual que mi hija Eugenia, que desde que es pequeña está feliz con su hermana. Ella siempre dice que su familia es la mejor del mundo y su hermana la mejor del mundo. Estamos muy agradecidos de tener a Inés con nosotros, nos da muchísima alegría y nos hace ver las cosas de otra manera.

¿Crees que la sociedad está preparada para cubrir las necesidades de los niños con síndrome de Down?

Hay muchísimas personas que nos ofrecen su apoyo y cariño incondicional, todo el personal del colegio, sus compañeros de clase, la Asociación síndrome de Down… y tantas personas que nos ayudan cada día a las que estamos inmensamente agradecidos. Yo creo que la sociedad hoy día en general tiene mucha prisa y poca paciencia. No es que las personas no estén preparadas, es que no tienen tiempo para darse cuenta. Si fueran capaces de parar, enseguida verían el tesoro que nos ofrecen las personas con síndrome de Down: amabilidad, sencillez, inocencia, ternura, agradecimiento, compresión y calma, porque ellos viven el momento y no esperan nada a cambio. No hacen cálculos, te entregan su sonrisa y su abrazo sincero, disfrutan de la vida, libres de presiones y prejuicios y no juzgan a nadie. Solo dan amor y cariño sin medida. Tenemos mucho que aprender de ellos. Solo hay que pararse y saber mirar.  

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